Muchas gracias por todo el apoyo que siempre me dan y espero que éste nuevo capítulo les guste. Trato de llevar el fic de la mejor manera posible y espero no ir muy lento. De todas formas y si tienen dudas o quejas, comenten para saber lo que piensan. Les deseo lo mejor como todos los días que actualizo y les dejo también, muchos besos.

~ Capítulo 35: La fiesta de bienvenida

Miraba mi vestido frente al espejo, moviendo mi varita un par de veces para dar los últimos toques en la joyería y a mi cabello. Al momento de maquillarme, Severus tocaba a mi puerta y caminaba sin levantar la vista, mientras cerraba los botones de los puños de su camisa.

- Hermione ya es hora de... - comenzó pero se quedó sin habla al verme, sonrojándose furiosamente y de una forma que supuse, ahora tenía que acostumbrarme a ver. - te ves... preciosa con ese vestido.

Sus cumplidos tuvieron buen efecto en mí y ya estaba contenta, mientras me maquillaba. Había decidido llevar un cintillo con un lazo blanco y joyería nada ostentosa, además de un pequeño monedero negro. Al sonreír satisfecha frente al espejo, me di la vuelta para encarar al profesor Snape que continuaba mirándome como embobado.

- También te ves muy elegante con ese traje. - miré con sumo detalle y me percaté de que no era precisamente negro como siempre. - y veo que incluso es de otro color.

- Marrón oscuro. - me dijo con gran satisfacción. - creo que un cambio para variar, no hace daño.

Sonreí, mientras Severus empujaba mi silla por los pasillos del castillo. Hablábamos sobre trivialidades, mientras un par de parejas pasaban a nuestro lado y la profesora McGonagall se detenía en lo más alto de las escaleras del vestíbulo, esperando por Hagrid y los nuevos estudiantes que ya debían estar por llegar, además de los carruajes con el resto de los invitados.

- Buenas noches, Severus y Hermione. - la profesora también notó el ligero cambio en las túnicas del profesor Snape, sólo apreciable para aquellos que lo conocíamos bien. - ambos se ven realmente elegantes.

El ruido de múltiples pisadas acallaron nuestras voces, siguiendo a una gran cantidad de niños ansiosos por las novedades, que no demoró en traerme gratos recuerdos de mi primera vez de pie frente a la profesora McGonagall y emocionada por descubrir un nuevo mundo a la punta de mi varita.

Severus que llevaba un par de minutos contemplando mi rostro maravillado ante la vista que teníamos en frente, se hincó cuidadosamente hasta estar de mi tamaño y poder susurrar en mi oído.

- Sé que la vista es por demás de encantadora, pero creo que tenemos que marcharnos y ocupar nuestros respectivos asientos.

- ¿De verdad nos veíamos así de pequeños y sorprendidos? - pregunté, ladeando la cabeza en su dirección y mirando su sonrisa cargada de sarcasmo.

- Así y hasta peor. Con suerte y llegan a controlar sus esfínteres.

Golpeé su pecho de forma juguetona y dejé que me condujera hasta el gran comedor, pasando entre las típicas mesas de las casas y de camino a la mesa principal. Me mordí el labio inferior con ciertas dudas, mientras Severus detenía mi silla junto a su asiento, apartando las otras con un perezoso movimiento de su mano derecha y sólo un par de centímetros, nada realmente apreciable.

Si tenía suerte, los niños pasarían mi presencia por alto y creerían que era una nueva profesora o algo similar.

- Lo siento. - Severus no tardó en susurrarme a través de la comisura de sus labios. - pero normalmente me siento aquí y sería aún más extraño, si me sentara en la mesa junto a los estudiantes. Aún más extraño que encontrarte sentada aquí.

A pesar de que había dicho que no me importaba lo que dijeran los demás, comenzaba a sentir un poco de ansiedad, que fue incrementándose a la llegada de los invitados. Todos los niños se quedaban boquiabiertos al ver a Harry y a Ron, además de señalar en dirección de la mesa de profesores y mirarme fijamente, reconociéndome sin demora.

- ¿Cómo se siente ser famosa? - escuché que Severus me preguntaba en voz baja y yo me ruboricé sin saber qué decir.

- Presiento que será un gran dolor de cabeza para ambos. Piénsalo, ambos somos héroes de guerra y aunque hubiera sido en diferentes circunstancias.

Pero el profesor no pareció coincidir conmigo, tomando su copa con un poco de agua y dando un pequeño sorbo, para humedecer sus labios.

- No creo que mi acto de heroísmo, se pueda comparar con el tuyo. Lo mío simplemente fue... expiar culpas.

Una ráfaga pelirroja nos interrumpió de pronto, arrojándose a nuestros brazos. Podía decir que Severus se sentía un poco incómodo de demostrar su aprecio por Rose, en público, pero eso no detuvo a mi decidida hija de abrazarlo y llenarle las mejillas de besos. Lo mismo para mí, mientras Ron nos saludaba con un respeto que lucía muy bien practicado, sosteniendo una de las manos de Lavander. Harry y Ginny también se acercaron para saludar, mientras Severus miraba a la última integrante del clan Potter, más de la cuenta.

La ceremonia no tardó en dar comienzo y jamás me había sentido tan emocionada de poder verlo desde otra perspectiva. Veía pequeños rostros sudorosos y tan nerviosos como si estuvieran en fila para la ejecución. Aunque tenía sentido, ya que aquel momento prácticamente definiría sus vidas de ahora en adelante.

Miré con gran atención y no pude evitar imaginarme a Rose, en algún momento, bajo aquel viejo y remendado sombrero parlante. Y sin embargo tenía miedo de morir y perderme una ocasión tan especial como esa. Desaparecer de su vida y sin haber podido escuchar un "te quiero, mamá." de sus labios.

Los breves aplausos de Severus, me distrajeron de mis pensamientos y me di cuenta de que la selección había terminado. La profesora McGonagall caminaba hasta su lugar en la mesa de profesores y dejaba el podio, extrañamente vacío, como si alguien más fuese a darnos las palabras de bienvenida como se acostumbraba desde siempre.

- Ahora quisiera que Harry Potter... tuviese el honor de dirigir un par de palabras para este nuevo año escolar.

El profesor Snape dejó escapar un débil gruñido y bajó la cabeza en mi dirección, para que sólo yo pudiera escucharlo.

- Observa cómo se le infla el ego a Potter. Como si ya no estuviera inflado a reventar...

Negué con la cabeza y me concentré en escuchar el discurso de Harry. Comenzó luego de un par de minutos de aplausos y no dejó de agradecer por toda la ayuda que había recibido durante la batalla, mencionándonos a Ronald y a mí. También a Severus, por supuesto, que para su sorpresa también se llevó una ronda de calurosos aplausos.

HGSS

El momento de socializar comenzó inmediatamente después del discurso y no demoré en encontrarme rodeada de niños, haciéndome un sin fin de preguntas. Al parecer, que Severus y yo tuviéramos heridas de guerra, nos volvía personas interesantes y todos querían un autógrafo o una fotografía nuestra. Aunque con el profesor Snape era un poco diferente, si no querían empezar el año en detención.

Pero yo les prometía conseguirles su autógrafo y en cuanto me preguntaban la manera, les sonreía y les explicaba que era su esposa y sin ningún tipo de tapujo. Si ya con firmar se notaba en mi nuevo apellido.

- ¡Hermione! - la alegre voz de Luna, me hizo sonreír de inmediato. No había cambiado en lo absoluto, al menos no lo suficiente en apariencia como para que lo considerara importante. - deberías tener cuidado con lo que firmas. Papá dijo que una vez firmó tantos pergaminos juntos, que su pluma brincó de su mano y le llenó todo el rostro con tinta, aparentemente cansada de sus abusos.

Reí suavemente, pero no pude hablar y al verme interrumpida por un joven que no podía recordar haber visto antes. Se acercó a nosotras y rodeó a Luna con uno de sus brazos, plantando un pequeño beso en una de sus mejillas.

- Rolf Scammander, su esposo. - se presentó, besando una de mis manos y mientras Luna asentía con una amplia sonrisa. - ella me lo contó todo, que estuviste en coma por mucho tiempo y gracias a un maleficio arrojado por el mismísimo Voldemort en persona. Que tuviste una hija con Ronald Weasley y que terminaron casándose. Gracias a Morgana y Circe, que estás viva.

Me mordí el labio inferior y comencé a pensar en diferentes excusas para refutar ese concepto, ligeramente errado de mi vida, y al final decidiendo que era mejor permanecer callada y no causar algún tipo de confusión. Quizá era mejor esperar que las cosas tomaran su propio curso y cayeran por su propio peso.

Recibí los calurosos abrazos de Neville y su esposa Hannah Abott, dándome cuenta de que mi accidente estaba en boca de todos. Severus bebía un poco de vino de elfo, a lo lejos y tras la mesa de Gryffindor, charlando con Rose. Situación que llamó poderosamente la atención de Neville.

- ¿Por qué el profesor Snape está hablando con tu hija? - me preguntó al oído, ya que la banda contratada por la profesora McGonagall, había comenzado a tocar una alegre canción.

- Bueno... - intenté explicarme, mirando a mí alrededor y tratando de encontrar una respuesta. - Rose es una niña muy curiosa y sociable...

- ¿Y piensan tener más hijos? - preguntó Neville en voz alta, silenciando la alegre conversación que teníamos, de inmediato. El rostro de Lavander era todo un poema y ni Ginny, ni Harry, supieron qué decir.

- No podemos. - dijo Ronald con los dientes apretados y antes de que pudiera hablar, soltó la gran verdad. - No estamos casados.

De pronto me sentí avergonzada y no supe exactamente el por qué. Al principio estaba plenamente segura de que podría con la crítica y las miradas sobre mí, pero en ese momento comenzaba a dudar de mi confianza. Intenté aparentar calma y tranquilidad, repitiendo en mi mente, que no me arrepentía de estar junto a Severus.

- Hermione y el profesor Snape, ahora están casados. - dijo Lavander en voz baja y casi no pudo oírse con todo el estruendo de la música y las voces a nuestro alrededor. - hace ya un mes más o menos.

Mi mirada viajaba por todos los rostros de mis amigos, intentando descifrar sus expresiones. El silencio no tardó en hacerme sentir realmente incómoda y por unos segundos, me plantee el empujar mi silla en dirección de Severus y rogarle que me llevara de vuelta al despacho.

- Felicidades por tu boda, Hermione. - Luna fue la primera en hablar y con la gran efusividad que la caracterizaba, mientras su esposo se disculpaba por su indiscreción.

HGSS

Agradecí que la hora de la cena por fin llegara y pudiera volver con Severus. Al verme con el rostro tan pálido como una hoja de papel, tomó mis manos con premura y las apretó en señal de cariño y preocupación por mi repentino pánico. Todo mi cuerpo temblaba y aunque el profesor Snape insistía en saber la verdad, apenas y podía hablar.

- Todos creen que estoy casada con Ron, que Rose es nuestra hija y que pronto tendremos más. Rose es nuestra hija pero no significa que... - me detuve, incapaz de continuar y Severus sostuvo mi rostro mientras estábamos sentados a la mesa y repentinamente olvidando que había un sin fin de ojos observándonos.

- Detente ahora mismo, Hermione. - me ordenó con su mejor tono amenazante y ello, me hizo prestarle toda mi atención. - ¿no fuiste tú quien me dijo que hablaría de cuán orgullosa estaba de su esposo? Debes dejar de preocuparte por lo que piensen los demás y de la misma forma que yo intento ignorar el mundo que me rodea.

El profesor tenía razón y necesitaba recuperar mi antiguo yo, la valiente Hermione Granger. Necesitaba olvidar el coma y todo lo que había sufrido gracias a Voldemort. Dejar de desenterrar el pasado y vivir en el presente.

Contrario a lo que esperaba, Severus sostuvo mi rostro con ambas manos y me besó suavemente en los labios y por un par de segundos, atrayendo la atención de buena parte de la mesa, para elogiarnos. No entendía cómo lo hacía, pero el profesor sólo se concentraba en mis ojos e ignorando todo lo demás. Incluso la fija mirada de Ron sobre nosotros, ignorando a su propia esposa y perdiendo el apetito, al parecer. Lo que me resultaba increíble, que su amor por mí pudiera más que su pasión por la comida.

- ¡Severus! - la voz de Rose nos interrumpió, intentando subirse a mi silla e interponiéndose entre nuestros labios. Tomé una de sus manos y le ayudé a sentarse sobre mis piernas. Estaba especialmente contenta, con su rostro lleno de migajas de pastel y un pedazo en su otra mano. Severus sonrió sin poderlo evitar, quitándole las migajas con un par de dedos. - La señora esa, la directora del colegio...

- La profesora McGonagall. - le corregí y ella asintió con una sonrisa, terminándose su pastel y chupándose los dedos sin vergüenza alguna.

- ¡Sí, ella! Dijo que podía venir de visita, siempre y cuando papá o mamá no estuvieran estudiando mucho mucho. ¡Ahora voy a poder hacer pociones contigo!

- Y explotar todo el laboratorio también. - le dijo Severus con una sonrisa a medias y Rose comenzó a sacudir la cabeza, batiendo su largo y pelirrojo cabello.

- ¡No! ¡Ahora voy a prestar más atención!

HGSS

Después de cenar con Rose entre mis piernas y escuchar a Severus hablar sobre lo útil que podría resultar, el tener una ayudante como mi hija, Ron se acercó hasta donde estábamos y colocó una de sus manos sobre uno de mis hombros. Se veía realmente estresado, nervioso. Su mano en mi hombro temblaba y al igual que sus ojos, intentando mirar al profesor Snape con una expresión de desafío.

- ¿Podría hablar con Hermione, por unos minutos? - preguntó con un tono de voz plano, intentando no causar algún tipo de discusión.

- ¿Hablar? - dijo Severus, colocando los cubiertos sobre su plato y juntando sus manos sobre la mesa y como siempre que nos iba a dar uno de sus sermones. - ¿De qué?

- Ahora que comenzaremos a estudiar, es importante que establezcamos un régimen de custodia compartida.

- ¿En privado? - insistió el profesor, pero decidí cortar la discusión por lo sano.

Me las arreglé para sostener el rostro de Severus, aún con Rose entre mis piernas y obligarlo a mirarme. Le sonreí de inmediato y acaricié una de sus mejillas, susurrándole que no tenía de qué preocuparse y besando sus labios con gran énfasis. Al separarnos, el rostro de Ron me dio un mensaje que creí entender claramente.

Celos, rabia, tristeza.

A regañadientes, el profesor debió aceptar quedarse con Rose y mientras Ron empujaba la silla de ruedas hasta un pasillo poco concurrido. Rose y Severus intentaba conversar, pero apenas y podía prestar atención a las palabras de la niña, pensando que tenía que confiar en mi palabra.

- No debes preocuparte, Severus. - Minerva se inclinó junto al profesor, sin dejar de mirar la vía que habíamos tomado Ron y yo.

Nos detuvimos junto a uno de los balcones y puse mis ojos sobre la hermosa luna llena, recordando la cálida sonrisa de Remus Lupin y los chistes de Sirius Black. Ron se subió al saliente en la pared del balcón y para estar más o menos a mi nivel. No dejaba de observarme con una incómoda intensidad, así que intentaba poner mi vista en cualquier lugar, menos en él.

- Recuerdo cuando pintamos la habitación de Rose en la madriguera. Mamá estaba realmente contenta y puso a toda la familia a dibujar animales de zoológico, en la pared. Papá no paraba de hablar sobre que debíamos visitar un zoológico de verdad y obtener la inspiración, personalmente.

- No me acordaba. - dije en voz baja, mientras él me sonreía ampliamente, recordando aquellos momentos felices entre nosotros.

- Recuerdo cuando tuvo su primera gripa, entré en pánico y tú siempre tan centrada. No podía ni dormir y tú con hechos científicos y probabilidades. De alguna forma lograbas consolarme.

Sentí un extraño vacío en mi interior, mientras Ron continuaba trayendo aquellos recuerdos a colación. Me preguntaba si el motivo era hacerme recordarlo todo para el juicio de custodia en el Wizengamot, pero tantos recuerdos hacían que mi corazón se sintiera aún más pequeño de lo que ya se sentía tras el coma.

- ¡Pero Voldemort tiene la culpa, él nos arrebató nuestra felicidad!

Me sentí tentada de decirle la verdad sobre la maldición, pero no supe cómo comenzar. No tenía idea de cómo explicar lo que Severus pensaba hacer, la forma como nos besábamos.

- Ron... ya es muy tarde.

- ¡Lo sé! - exclamó, mesándose el cabello un par de veces y sosteniendo mis manos con violencia. - Pero no puedo olvidar...

Temblé incómoda y ante mi gesto, Ron sostuvo mis manos con más fuerza e intentando evitar que pudiera o quisiera escapar. Clavando su mirada sobre la mía.

- Ron, ahora tienes una esposa y Rose tiene a una mujer que considera como su madre. Ni siquiera ha podido aceptarme como su madre biológica. Por favor... comprende.

- ¿Acaso... estás enamorada de Snape? - preguntó violentamente y me mordí el labio inferior, preguntándome si debía sincerarme. Aunque Rose ya lo había hecho por mí, un par de veces.

- Debo marcharme, Severus espera por mí.

Ron no se resistió y comencé a empujarme en mi silla de ruedas, intentando ahogar mis lágrimas y aparentar que todo estaba bien. Severus intentaba esperar pacientemente y al verme volver, se apresuró a detenerse a mi lado e interrogarme. Al igual que Rose, al volver Ron.

- Nada sucedió entre nosotros y si no me crees, puedes utilizar veritaserum en mí.

Esperaba que ni se atreviera a considerarlo, mientras le observaba de manera desafiante y esperando a oír una sola queja, para saltar en improperios. Me sentía tan confundida, que simplemente quería marcharme y esconderme bajo las sábanas de mi cama.

Y así fue, tras despedirme de Rose y besar su frente con mucho amor. Me encontré acurrucada entre los brazos de Severus, recostados en el sofá y frente a la chimenea. Besaba mis lágrimas hasta secar mis mejillas, susurrándome palabras de consuelo y para un dolor que ni siquiera había tenido el valor de explicarle.