Descargo cualquier tipo de responsabilidad respecto a los personajes. Ninguno me pertenece y el relato es totalmente ficticio.
35. My medicine.
Sábado 06 de Junio de 2015.
Rockville, Maryland
Atardecía y una leve brisa impactaba contra el rostro de Rachel. Ese momento del día era su favorito. El viento atrevido osaba tambalear las hojas de su libreta dificultándole la escritura, pero ya no importaba. Solo ella, con ella misma. Ver el sol esconderse en el horizonte mientras el cielo celeste se tornaba rojizo y anaranjado creaba una sensación de paz y armonía dentro suyo. Se sentía como en casa sin necesidad de estarlo.
Sin necesidad de saber cuál era el sitio adecuado, ese donde varias paredes cumplían con la descripción correcta pero ninguna era capaz de cobijarla, meditaba a solas sobre ese sitio existente en algún punto desconocido.
Del modo que Bristol lo hizo en su mente.
Sabía que bajo los golpes del destino, su cuerpo se encontraba maltrecho y sin fuerza para erguirse y continuar, pero agradecía la valentía que ciertas circunstancias le brindaban para seguir adelante.
Más allá de que ese sitio, donde la ira y las lágrimas prevalecen sin dar tregua, no se vislumbrara más que su propia tristeza interna. Esa oscuridad que la completaba y agobiaba en partes iguales. Esa soledad que le pesaba sin piedad dando paso a los años.
Años que pasaban. Cinco eternos años que la llevaban a lo que es hoy en día.
Años que la encontraban, agotada de tanto luchar, lastimada, frágil y débil a simple vista pero más fuerte por dentro.
Ya nada importaba, ahora era dueña de su destino y alma.
"Puedo darte un amor joven, de esos que ríen sin razón aparente y nunca jamás quieren envejecer. Puedo darte un amor hecho de días juntas, de sensaciones inexplicables de esas que llegan cuando menos te lo esperas. Puedo darte un amor de los que juegan con los pies bajo la mesa cuando cree que nadie los ve y sueltan carcajadas entre las sábanas."
Elevó la vista de la hoja donde plasmaba sus pesares y observó nuevamente hacia el horizonte.
Se encontraban en la novena parada de la gira. Rockville, Maryland. Detrás había quedado Baltimore y su fantasmagórico Rosewood. Sitio que hubiese preferido evitar. Lugar que sin razón aparente a simple vista, había arrojado ante ella las verdades más oscuras.
Su verdad. Esos cinco años.
"Un amor libre que te deja ser lo que sos y te ayuda a ser lo que siempre quisiste ser, si así querés."
Suspiró y masculló miles de sentimientos.
"Podría darte un amor lleno de domingos por la tarde acurrucadas en una manta mientras vemos películas y nos saturamos a palomitas de maíz, un amor que esté lleno de besos inesperados y caricias llenas de promesas."
¿Podía ser para Lucy la persona que en algún momento creyó ser para Quinn? ¿Podía Santana estar en lo cierto con los reproches y las palabras hirientes hacia su persona?
Hirientes pero reveladoras. Porque la verdad duele.
"Puedo ofrecerte un amor que sostenga tu mano y te ayude a alcanzar todo aquello que antes parecía imposible, un amor que esté ahí en los días soleados pero también en las noches más oscuras. Puedo darte un amor lleno de planes e ilusiones que podemos llegar a cumplir o no pero que nos da vida y fuerza. Un amor lleno de días de diversión acompañados de canciones y lecturas bajo la sombra de cualquier árbol de un parque perdido en algún rincón del mundo."
La azotea de ese hotel donde se encontraban a escasas horas de hacer la presentación correspondiente al festival rockero al cual asistían, era un buen escape a tanta farsa. Farsa generada por ella misma e impuesta en su vida. Farsa que solo provocaba que su cuerpo viviese dentro de una mentira.
"Puedo darte ese amor que te aleja de la realidad y te inspira a conseguir tus sueños, uno de esos que llena y desgarra; sí, pero que, ante todo, hace que te sientas libre."
Retiró una lágrima involuntaria e inoportuna que rodó por su mejilla. Inspiró profundo y se dispuso a finalizar el escrito.
"Y puede que no estés acostumbrada, y que no sepas amar así. Pero puedo darte también eso, un amor dónde aprender sea también divertido."
Podía darle todo eso a Lucy sin esperar nada a cambio. ¿Pero que podía darse a sí misma?
Situó ambos codos sobre la medianera que delimitaba esa azotea. Sitio que tan importante había sido en varias etapas de su vida. Real e irreal. Siempre presente para demostrarle que los recuerdos no eternamente son para mal.
Su rostro se hundió entre las palmas y una risa mezclada con llanto ahogado escapó de sus labios. Estaba sintiendo. Debía dejar que su ser se expresase.
Sentía desesperación absorbente, esa que llegaba en los primeros instantes donde experimentaba su primera decepción. El punto en el cual no podía determinar lo que era sufrir y tener que curarse por medios propios. Padecer de desesperanza y tener que recuperarla a como dé lugar.
Aguas agitadas que solo encontraban su cauce al ver sus ojos. El verde esperanza en ellos.
El chirrido de la puerta capturó su atención auditiva pero su rostro permanecía cubierto de cualquier mal que intentara hacerle frente.
Rach. – Irrumpió Lucy en un susurro, abriendo el acceso a esa azotea. - Te estábamos buscando por los camerinos, nos preguntábamos donde estarías… ¡Es más! Nos preocupamos, te buscamos por todo el campo del estadio y… - Notó la ausencia por parte de la morocha. - ¿Estás bien?
Afirmó moviendo el rostro sin voltear hacia ella. – Simplemente estaba pensando.
¿En qué? - Dejó que la puerta se cerrase tras ella y caminó unos pasos con cautela.
En que solo intento vivir mi vida, sin hacer mal a nadie. – Masculló casi de forma inaudible. - Solo eso… Sobrevivir a esta cacería, pero al parecer pido demasiado...
¿Qué? – Efectuó un par de pasos más que la situaron a un lado suyo. - ¿Estás llorando?
Negó con el rostro y lo retiró de las manos, dejando que solo su boca y nariz permanecieran tapadas.
¿Qué pasa Rach? – Arqueó las cejas y situó la palma sobre la espalda de la morocha. - Llevas algunos días rara y estás cambiada después de Rosewood.
Suspiró al sentir el contacto y parte de su piel se erizó sin premeditarlo. Dudó sobre qué responder pero de inmediato entendió que era la oportunidad que estaba esperando.
Entrecruzó los dedos, aún con los codos sobre la medianera, y dejó que el mentón se apoyara sobre ellos. – Creo que mi vida tomó el rumbo incorrecto, que en un punto crucial escogí el camino equivocado.
¿Hubieses preferido seguir ahí?
Dudó durante un instante - A veces pienso que nunca debería de haber salido de Rosewood… Ahora podría trabajar con mi papá en el negocio familiar y todo sería más fácil.
No te hacía así de cobarde. - Dio un pequeño salto, se situó sobre la medianera y evitó mirarla.
Rachel, por su parte, se focalizó en ella. – No es cobardía… ¿Quién lo dice? Dudo que tengas autoridad para decirlo, como también dudo que sepas por lo que tuve que pasar.
¡Nadie lo dice! Una don nadie sin autoridad. – Rió para sí misma. – Pero... ¿Acaso te crees que sos la única? Yo también tengo miedo, todos lo tenemos.
¿Entonces porque me juzgas?
No te juzgo. – La penetró con la mirada. – Solo considero que sos más fuerte de lo que podes llegar a ver.
Rachel guardó silencio durante varios segundos y luego giró el rostro hacia ella con los ojos colmados de lágrimas. - ¿Alguna vez te preguntaste cómo sería todo si vos no estuvieras más en este mundo?
El semblante de Lucy palideció. - ¿Por qué? ¿Pasó algo? – Presionó el entrecejo. - Rachel, me estás asustando… ¿Estás pensando en suicidarte?
No. – Volvió su vista al horizonte. - Ya te dije, que simplemente pensaba… Si de repente un día te vas, no sé... – Exhaló el aire en su totalidad. - ¿Cómo reaccionaría tu mundo?
Ese planteo no se piensa así como así, un día cualquiera. - La miró fijamente, pero Rachel siguió con la vista en el frente. - Entiendo... Es algo personal. No quiero meterme donde no me llaman. – Inspiró con lentitud. - ¿Por qué la azotea?
Hizo una pausa lo suficientemente extensa como para pensar la respuesta acertada. – Supongo que será mi manera de sentirme libre y ese lugar que logra llevarte a recuerdos indispensables en la vida de uno.
Buen punto… - Juntó los labios y generó una mueca. – Al parecer estamos destinadas a encontrarnos en ellas.
Rachel la observó y por un instante creyó que Lucy reencarnaba en Quinn y rememoraba todas esas veces en las que sus cuerpos habían compartido ese escenario hacia cinco años atrás. Rápidamente, la mirada de la rubia la llevó a entender que lejos estaba de referirse a aquello.
¿Elegirías otro sitio? – Finalmente indagó.
No lo sé… A lo mejor sí otro método. – Frotó las manos entre sí. – Buscaría alternativas.
¿Cómo cuales? – Consultó perdiéndose en el gesto pensativo de Lucy.
A lo mejor intentaría realizar algo que dejase una huella… Que marcara o implicara un cambio en alguien. – Recapacitó en base a sus vivencias. - ¿Quién te diría que una disléxica pudiese componer algo tan rítmico como lo son nuestras canciones?
¿Quién es disléxica? – Percibió la mirada fija y penetrante de la rubia. - ¿Vos? ¿Sos disléxica? – Abrió la boca ante la sorpresa. – Yo… No lo sa… - Fue interrumpida.
Ya… No lo sabías… Me imagino. ¿Cómo habrías de hacerlo? – Sonrió. – Sí, soy disléxica. ¿Sabes lo que es?
Un poco…
Es una dificultad en la lectura que entorpece su correcta comprensión. – Humedeció los labios. – En palabras más simples… A veces alterno palabras y esas cosas, nada grave.
¿Y qué te dijo el médico? – Presionó el ceño, regalándole toda su atención.
¿Medico? No lo sé. – Tragó saliva y situó las manos detrás suyo para reclinar el cuerpo.
¿Nunca fuiste a hacértelo ver?
Negó con el rostro. - ¿Para qué? ¿Para qué me diga algo que yo sola me doy cuenta?
¡Podría ser grave! – Se sujetó el pecho con exageración.
No me voy a morir Rach… Como mucho leería mal tu nombre. – Contuvo la carcajada. – Además es leve.
¿Y eso como se supone que lo sabes? – Elevó una ceja cruzándose de brazos.
Me lo autodiagnostiqué… Para algo estamos en la era donde en internet todo se encuentra. – Alzó los hombros, desinteresadamente.
La boca de Rachel permanecía completamente abierta, los ojos sobresaltados y el rostro perplejo. Paralizada.
¿Qué? – Generó una risilla. - ¡Tampoco me autodiagnostiqué una enfermedad terminal!
Esta conversación carece de sentido. – Contorneó los labios con la lengua. – Si te interesa mi opinión, creo que deberías ir a hacerte ver.
Ambas optaron por guardar silencio un instante. El preciso y necesario para que sus mentes acomodaran la llegada de nueva información.
Lucy permanecía de espaldas al atardecer, sentada sobre la medianera con su rostro hacia el cielo de un color cada vez más oscuro. Por su parte, Rachel observó ese horizonte por enésima vez y luego se perdió en la perfección de la persona que compartía su santuario.
Lucy… - Musitó.
¿Si?
¿Alguna vez sentiste una conexión especial con alguien? – Generó una pausa, pensando las palabras correctas. – Esa conexión capaz de superar fronteras, pasado, fantasmas… Todo.
No lo sé realmente… Tengo varios baches a lo largo de mi vida. – Suspiró y recapacitó. – Mi pasado es aliado de mis fantasmas y mis fronteras están lejos de ser superadas… Solo… Solo trato de encaminarme.
¿Qué te pasó? – Presionó el ceño.
Rió para sí misma. – La vida me pasó… Eso.
Al menos tenés a Elena con quien contar. – La miró de reojo, con timidez.
No siempre estará a mi lado. – Elevó las cejas. – A la larga todo el mundo termina yéndose.
Rachel movió el rostro por inercia y buscó otra forma de adentrarse en ese interrogante con cuerpo de mujer.
Lucy… - Volvió a susurrar y esta vez la rubia la observó. - ¿Nos conocemos?
La apreció en silencio. – No lo creo. – Frunció el ceño. - ¿Deberíamos?
Yo también estuve en ese recital de Coldplay… - Murmuró dubitativamente.
¿Qué recital? – Incrementó la presión. – Ah, sí… El de Rosewood, ¿Ese decís? – Sonrió al notar la afirmación con el rostro. - No sé realmente si asistí a él… No era mi etapa más clara. ¿Por qué? ¿Crees que nos pudimos haber visto ahí?
La miró por un instante e intentó determinar que de todo lo dicho era verdad. ¿Lucy mentía o simplemente no recordaba lo acontecido? A lo mejor solo se asemejaba a Quinn y en ese parecido moría su hermandad.
Ahora era Lucy y como tal debía ser tratada.
Nada, no me hagas caso… Siento haberme puesto un poco tonta. – Musitó, avergonzada por su actitud. – Suelo pensar más de lo que debería y a veces esos pensamientos me llevan a creer otras tantas un poco absurdas.
Todos llegamos a ese punto donde colapsamos. - Inspiró profundo. - Una vez, alguien muy sabio dijo: "Creo en todo hasta que algo lo desmienta. Creo en hadas, en mitos, dragones. Todo existe, aunque sea en tu mente. ¿Quién dice que los sueños y pesadillas no son tan reales como el aquí y el ahora? La realidad deja mucho para la imaginación." - Lucy rió para sí misma. – Nunca estuve tan de acuerdo con algo como con esto… Me lo tatuaría entero en la espalda. – Rodó los ojos. – Pero tampoco soy un papiro como para tatuarme tantas cosas.
Rachel dejó escapar una carcajada. – Eso es de John Lennon. – Notó la afirmación con el rostro por parte de Lucy. - ¿Te arrepentís de algún tatuaje?
Negó, meciendo la cabeza. – Lo veo como una forma de expresión, una manera de recordarme momentos, situaciones o historias que significaron algo para mí. – Giró hacia ella. – No me tatuaría algo por moda ya que eso estará para siempre en mi cuerpo… Por lo que no. No me arrepiento. – Hizo una pausa diminuta. – Son pequeños y no se encuentran en zonas extremadamente visibles como habrás notado… Si están ahí es por algo.
Todos nos arrepentimos de algo en algún momento de nuestras vidas. – Dejó reposar la mejilla en una de sus palmas.
No soy de arrepentirme de las cosas. – Sonrió de medio lado. – Si en el pasado hice algo o actué de cierta forma, es porque en ese momento así lo quería… Eso no quiere decir que en algunos momentos no piense que ciertas cosas no las hice de forma correcta, porque después de todo soy humana.
Estoy empezando a dudarlo. – Exclamó entremedio de una carcajada en ascenso.
Lucy se contagió de esa versión alegre de Rachel. La morocha comprendió que el sonido emanado por las cuerdas vocales de esa mujer, lentamente comenzaba a tapar el recuerdo de esa risa que tanto amaba por parte de Quinn. Al igual que un constructor, Lucy reconstruía sus sectores más dañados.
Que quede en claro que cometo muchos errores. – Enarcó las cejas. – Pero suelo aprender de ellos para no volver a cometerlos… ¿Qué hay de vos? – Amansó la mirada. - ¿Algo de qué arrepentirte?
Suelo ser muy meticulosa a la hora de decir o hacer algo… Así sea una tontería. – Jugó con los dedos. – Siempre hago un balance de las cosas que puedo perder y la gente a la que puedo lastimar. – Inspiró con profundidad. – No me gusta actuar por instinto… Aunque esto no afirma que siempre me rija por mí gustos.
Flashback: domingo 31 de mayo de 2015
¡MENTIROSA! – Gritó Rachel ingresando al camerino y revoleando un cepillo por la cabeza de Santana.
Objeto que se estrelló contra el espejo donde la latina se encontraba maquillándose.
¿Qué mierda te pasa? – Chilló, frunciendo el ceño luego de esquivar el ataque sorpresivo.
¡Hija de una gran puta! – Buscó sobre la mesa otra arma adecuada para arrojar.
Esta vez fue el turno de un rulero, quien Santana esquivó con la misma agilidad que tuvo milésimas de segundos atrás. Volteó sobre la silla y percibió como la ira que Rachel emanaba por cada poro de su diminuto cuerpo se abalanzaba sobre ella. Con rapidez se situó de pie y dispuso a detener un ataque inexplicable.
¡Rachel! – Espetó sujetándole los brazos. - ¿Qué te pasa? ¿Te volviste demente? ¡Rachel! – Volvió a arrojar, alejándola bruscamente de su persona.
¿Qué me pasa? ¡Que sos una mierda! Eso me pasa. – Respiró agitadamente. - ¡El ser más desagradable que conozco! – Intentó un nuevo ataque contra el cuerpo de la latina, esta vez, haciendo uso de un delineador. - ¡Perra! ¡Despreciable! ¡Inhumana! ¡HIJA DE PUTA!
¡Cortala! – Chilló, efectuando un nuevo empujón. - ¿Qué demonios pasa Rachel? ¡No soy Troian!
¡Claro que no lo sos! Empiezo a creer que inclusive ella es más humana que vos. – Sujetó otro objeto para arrojar. - ¡MENTIROSA!
¿En qué mentí? – Se abalanzó sobre ella y la inmovilizó.
Escasos centímetros las separaban y toda esa rabia se vio aplacada por un silencio absorbente. Las pupilas marrones de Rachel se infundieron en los ojos desorientados de Santana. El pecho de la morocha continuaba inflándose con rapidez y exaltación mientras su mente procesaba millones de sentimientos y deseos. No justamente buenos deseos.
Podía percibir la presión necesaria, efectuada por la latina, en el agarre de sus muñecas. Era inútil que forcejeara. Cualquier intento por deshacerse del agarre derivaría en un una nueva disputa por un poder que, al parecer, una de ellas desconocía.
¿Por qué sos así conmigo? – Musitó con un hilo de voz, rompiendo en llanto repentinamente.
El rostro de Santana se encontraba perplejo. Primero un tsunami, ahora el diluvio. Los lagrimales de Rachel dejaban rienda libre a que esa tormenta de ira y frustración se plasmase a través de lágrimas irrefrenables. La debilidad en ese cuerpo incomprendido se veía plasmada en cada músculo que cedía posesión para ser sometido por brazos que la comprendieran.
Brazos que la latina estaba dispuesta a brindar.
Sin titubear la abrazó y el llanto incremento. – Sh… - Susurró. – Estoy acá… ¿Qué pasó? ¿Qué te hizo la perra esa?
Nada… - Masculló y guardo silencio por un momento. – Es… Es Rosewood.
Lo sé. Tu pueblo.
Se apartó lo suficiente y retiró los lamentos de sus mejillas. - ¿Por qué me mentiste?
No sé en que se supone que te mentí… - Alternó su mirar en cada pupila de Rachel, intentando transmitirle sinceridad.
Sí me conocías… Sí me viste. ¡Me viste esa noche! – Golpeó el pecho de Santana pero rápidamente se dio por vencida. - ¡Me atendiste en ese bar! ¡Las conoces!
¿A quién conozco? – Presionó el entrecejo. – ¡Rachel! No me estoy enterando de nada.
¡A Quinn y Brittany! – Estalló en sollozos nuevamente. – A Lucy… A quien sea que es.
Rachel… Te juro por todo el dinero del mundo que yo no conozco a esas dos mujeres.
¿No? – Inspiró con dificultad. - ¿Trabajaste acá o no?
Claro que lo hice.
¿Estuviste en un recital de Coldplay hace cinco años? – Arqueó las cejas lastimeramente.
Supongo… No lo recuerdo. ¡Fueron cinco años! – Pensó un instante. – Debo de haber estado, pero no lo sé con certeza.
¿Y no te acordas de mi?
Rach… Soy mesera. ¿Sos consciente de la cantidad de gente que me pasa por delante cada minuto de la noche? – Elevó una ceja. – Mínimo son veinte personas… Y la noche cuenta con mucho más que un minuto.
Hablaste conmigo… Y después con ellas… ¿Cómo es que no te acordas? – Humedeció los labios. - ¡Estabas coqueteando con Brittany!
Rió nerviosamente. – Coqueteo con todas… Esto no es parámetro de nada. – Soltó el cuerpo de la morocha y se apartó. – Miles de rostros pasaron por mis ojos de hoy a cinco años atrás, miles de mujeres pasaron por mi haber… ¿Pretendes que me acuerde de vos?
Santana… Compartimos una historia juntas. Miles de momentos.
¿Qué historia? ¿Qué momentos? – Volteó hacia ella. - ¿La que vos creaste? ¿Los que vos reprodujiste? ¡Sí, nos viste! A las tres… ¿Y? ¿Qué hay con eso? Eso no quita que todo lo que resta haya sido producto de tu cabeza.
Me estas lastimando…
Te estoy abriendo los ojos y la verdad duele… Pero es hora que alguien haga el trabajo sucio y te diga cómo son las cosas. – Suspiró apesadumbrada. – Puede ser que nos hayas visto a todas pero eso no implica que seamos esas mujeres. A lo mejor, recordaste nuestros aspectos, algo de nuestras personalidades e inclusive nuestros nombres pero esto… esto que ves, es lo que somos.
No puede ser… - Fue interrumpida.
¡SI PUEDE SER! – Gritó, sobresaltándola. - ¡De hecho lo es! Lucy es Lucy y ya. – Presionó el entrecejo, mostrándose dura. – Deja de llorar como una pelotuda por una Quinn que existió dentro tuyo. ¿Querés vivir? ¡Bueno, demostralo!
Basta Santana.
¿Basta? – Dejó escapar una carcajada. – Basta… Es más fácil esconderte en ese papel de nena que salió del coma y no encuentra su eje, su vida, su amor… Acá te doy una noticia morocha, esto que ves pasar delante de ti es tu vida y la estás desaprovechando. – Volvió hacia el sitio donde se encontraba retocando el maquillaje. – Lamento que hayas tenido que recordar esa situación del peor modo.
Rachel sabia que el tiempo lo toma todo, quieras o no. Se lo lleva y al final solo encontrás oscuridad. En ocasiones, personas comparten tus penas y desdichas. A veces, solo logras perderte dentro de vos misma.
Fin del flashback.
¿Por qué me buscabas? – Indagó Brittany, limpiando uno de los platillos de su batería.
Santana caminó hacia ella. – Quería retocar los últimos detalles del tema.
¿Y las demás? – Agregó indiferente, retomando su actividad.
No lo sé pero yo no cuento con todo el tiempo del mundo para ver estos puntos. - Percibió la mirada de la skater. – No estoy siendo egoísta, solo quiero estar correctamente preparada para mi tema.
¿Cantaras vos?
Afirmó con la cabeza. – Rachel me lo cedió.
Me parece un buen cambio.
La latina analizo cada movimiento efectuado por Brittany. Se encontraba ensimismada en su mundo y en sus pasiones, como si nada pudiese alcanzarla. Lentamente rodeo esa tarima donde se ubicaba la batería y se sentó a su lado.
Estoy algo nerviosa. – Acotó, dejando escapar un suspiro pesado.
¿Nerviosa? ¿Vos? – Notó como las pupilas de Santana le afirmaban la respuesta. - ¿Por qué?
No lo sé… Solo son muchas presiones. ¡Este sitio es inmenso y estará lleno de gente! – Suspiró, dejando escapar cientos de penas. - ¿Sabías que Troian recomendó que fuese Lucy la nueva segunda voz?
El movimiento efectuado por la mano de Brittany se detuvo en seco. - ¿Qué?
Así es… Eso vino a decirme Sugar. – Mordió el labio inferior y descendió la vista a sus pies. – Que Troian había efectuado una especie de estudio de mercado y que Lucy vendía más que yo… Que serviría más a nuestras ganancias que ella tuviese más protagónico. – Alzó la vista hacia ella. - ¿Recordas cuando fue la última vez que canté? Porque yo ya lo tengo olvidado…
Esa tipa es una imbécil… - Musitó.
¿Lucy? Ella no tiene la culpa.
No hablaba de L. – Probó el sonido del platillo con un golpe sutil. – Hablaba de esa tipa que la incompetente de Sugar decidió traer a cuestas… ¿Nadie ve que es un peso?
Santana la miró por un instante. – Al parecer, todas lo vemos… Todas menos Lucy.
Porque con ella es completamente falsa. – Giró sobre su eje y se sentó en la misma posición que Santana. – Mostrame esas partituras y decime en qué querés patearle el trasero a esa periodista.
Generó una media sonrisa y encontró su homónima en el rostro de Brittany.
Ese momento en el que ya nadie esperaba nada de Rachel era cuando al parecer ella conseguía crecer en demasía. Cuando todos pensaban que no podía hacerlo, era cuando más ansiaba lograrlo. Luchar, sobrevivir, esperar y vivir. Esas eran las medidas por las cuales se regía. Esa era su forma de vida.
Siempre hacia delante, sin prisa pero sin pausa, obviando aquellas voces que intentaban derrumbarla y decirle que no podía cuando sabía que era mentira.
Después de todo, había vuelto a nacer para esto.
¿Qué necesitabas? – Arrojó Rachel, tomándola por sorpresa.
¿Qué?
Dijiste que me buscabas… ¿Qué necesitabas? – Giró el rostro hacia ella.
Elevó el mentón, recordando. – ¡Cierto! Santana me dijo que quería realizar una pasada final para estar segura que el tema fuese adecuado… Yo le dije que no era necesario, que el tema era pesado y perfecto para el festival este pero insistió en que te buscáramos.
¿Por qué vos? – Agregó, volviendo su vista al frente.
Exhaló todo el aire. – Es Santana… ¿Alguna vez te explica los motivos de lo que hace?
Rachel meditó por un instante y optó por no responder. De todas formas, se trataba de una pregunta retórica. Sus pensamientos nuevamente le jugaban una mala pasada y la llevaban a ensimismarse, inclusive en presencia de Lucy.
No estoy demasiado animada para cantar hoy.
La miró por un instante. – Rach… ¿Me vas a decir que te pasa?
Suspiró con pesadez. - Simplemente creo que no estoy preparada para volar sola, por mi cuenta.
Lucy volteó hacia ella. - ¿Alguien lo está? ¿Yo lo estoy?
Sos más segura de vos misma de lo que yo puedo serlo.
A lo mejor, aparento mejor de lo que vos podes hacerlo.
Al menos no trastabillas en cada aleteo. – Rió con ironía.
Nuevamente, ese preciado y odiado silencio. Esa pausa que parecía ser eterna se entrometía entre ellas, logrando que todos los músculos de Rachel se tensionaran. Su presencia, bendita presencia. Esos ojos tan puros y colmados de vida, más allá de misterios y penas.
Lucy descendió de la medianera y captó su atención. Pudo percibir como la rubia se movía detrás suyo.
¿Qué hac… - Interrumpió su pregunta al sentir como las suaves manos de esa mujer, retiraban su largo pelo de los hombros, dejando a simple vista el cuello.
La respiración de Rachel se pausó. No podía estar por llegar lo que mente perversa creía. ¿Iría a besarla?
Los dedos de la rubia contornearon la cadenita que pendía del cuello de la morocha y casi de forma imperceptible, la desbrochó. Una vez entre sus manos, caminó hacia un costado y se detuvo a un lado. La dejó reposar sobre la medianera.
¿Qué estás haciendo? – Susurró aún absorta.
Yo también perdí el rumbo una vez. - Las manos de Lucy fueron hacia su cuello mientras efectuaba la explicación. – Y Elena me regaló esto. – Dejó que descansara junto a la de Rachel.
Los ojos de la morocha se focalizaron en la cadena y pudo percibir que se trataba de dos alas.
No estoy entendiendo el punto.
El punto está en que al hacerme entrega de ellas me dijo que una siempre me pertenecería. – Hizo una pausa. – Y la otra debería entregársela a la persona que cuando estuviese a mi lado me complementara. – Observó el rostro de Rachel. – Complementara al igual que un sostén.
¿Con que fin?
Con el de poder volar sin miedo. – Sonrió de medio lado, retirando una de las alas de su cadena. – Nunca hice entrega de ella porque no encontré a esa persona que me ayudase a volar sin dificultad… Hasta hoy.
Lucy humedeció sus labios y volvió la atención a lo que estaba realizando. Lentamente situó el ala restante en la cadena que Rachel conservaba y efectuó, nuevamente, el movimiento contrario.
Caminó detrás suyo con la misma cautela y paz que hace unos escasos segundos y colocó el objeto de vuelta en su sitio.
Quiero que la conserves. – Susurró por detrás. – Para que cuando sientas que no tenés motivos, ni fuerza, ni sostén a la hora de ser vos misma y volar, pienses que en algún sitio está esa ala que te falta esperando porque lo hagas. – Sonrió haciendo una pausa. – Para que sepas que no estás sola y que juntas podemos encontrar ese rumbo.
Mas allá de la leve brisa la respiración en Rachel comenzaba a menguar. Hoy, ahora, comprendía cada palabra dicha por Santana luego de ese ataque de ira y podía ver en Lucy lo que tanto la enamoró de Quinn.
Estaba dejándose ir, estaba actuando del modo incorrecto desaprovechando las segundas oportunidades que la vida le daba. Estaba ciega y necia, ensimismada en sus tristezas como para comprender que en Lucy existe una mujer capaz de complementar.
Al igual que esas dos alas, estaban destinadas a estar juntas.
¡Muévanse, muévanse! Quiero verlas hacer un show increíble, perras. – Expresó Sugar retirándolas del camerino. - ¡Toquen y brillen!
Las cuatro caminaron hacia el escenario, esperando detrás de bambalina por la presentación de Elena. Finalmente, luego de hablarlo, decidieron que su presencia en esta gira podía ser de utilidad debido a su gran carisma.
Damas y caballeros, niños y niñas, perros y gatos. ¡Ebrios y ebrias! Tengo el placer de presentarles a la banda que volará sus cabezas… - Caminó de un lado a otro sobre el escenario. – En la batería ¡B-drum! La dura skater del Rock and Roll… En guitarra y coros… ¡Lucy! Una gatita sexy… ¿No quieren jugar con ella? – Varios gritos la secundaron. – En el bajo y segunda voz… ¡Santana! Directo desde Lima Heights, la mujer más ruda y sensual de los últimos tiempos. – Silbidos de aprobación se hicieron presentes esta vez. – Y por ultimo… El cerebro, la voz principal, la mujer con talento innato llena de truenos en su interior… ¡Rachel! – Voces desaforadas aclamaban por sangre. – Ellas son… ¡THE PRETTY RECKLESS!
Recuérdenme matar a Elena. – Masculló Lucy.
Gr… Gatita sexy. – Ironizó la latina.
¿Escucharon eso? – Consultó Brittany al oír como la gente arengaba pidiendo por la aparición de la banda.
Santana sonrió y extendió su mano para el grito habitual. - Eso... Eso es el sonido de las hormonas fuera de control.
Todas se sumaron a ella y presionándolas con fuerza, se transmitían apoyo y sobre todo, compañerismo.
¡PRETTY RECKLESS! – Gritaron al unísono.
La guitarra de Lucy, abría el tema en un silencio absoluto. Varios alaridos se hicieron presentes luego de que la primera nota sonase.
Esta vez, el centro del escenario estaba ocupado por Santana, quien se encontraba de espaldas al público y frente a Brittany.
Rachel a un lado, Lucy al otro y un estadio repleto de gente sedienta por escucharlas. Era un festival, varias bandas habían pasado con anterioridad y las bebidas alcoholices abundaban. Toda una fiesta.
Rachel suspiró sobre el micrófono y observó a Lucy, quien le regaló una sonrisa. Un carraspeo secundó el acto.
Rachel
Somebody mixed my medicine
(Alguien mezcló mi medicina)
La voz de la morocha retumbaba en solitario, prácticamente. Era el turno de que la rubia se sumase y un nuevo suspiro salió de sus cuerdas vocales. La emoción del publico incrementó.
Rachel & Lucy
Somebody mixed my medicine
(Alguien mezcló mi medicina)
Un nuevo carraspeo, esta vez por parte de ambas, dio el pie a que Brittany hiciera su entrada con ímpetu a la vez que una sonrisa era regalada hacia Santana, quien con la violencia que el tema reclamaba unía su bajo a la armónica melodía y se acercaba al micrófono para comenzar con el show.
Santana
You hurt where you sleep
(Heris donde dormis)
And you sleep where you lie
(Y dormis donde mentis)
Now you're in deep
(Ahora estás en lo profundo)
And now you're gonna cry
(Y ahora querés llorar)
You got a woman to the left
(Tenes una mujer a la izquierda)
And a boy to the right
(Y a un chico a la derecha)
Start to sweat so hold me tight
(Empezas a sudar así que abrazame fuerte)
Rachel & Lucy
Somebody mixed my medicine
(Alguien mezcló mi medicina)
Observó el rostro de ambas de forma efímera y sonrió hacia el frente.
Santana
I don't know what I'm on
(No sé donde estoy)
Rachel & Lucy
Somebody mixed my medicine
(Alguien mezcló mi medicina)
Santana
But baby it's all gone
(Pero cariño todo está perdido)
Somebody mixed my medicine
(Alguien mezcló mi medicina)
Somebody's in my head again
(Alguien está en mi cabeza otra vez)
Rachel & Lucy
Somebody mixed my medicine again, again
(Alguien mezcló mi medicina otra vez, otra vez)
El bajo de la latina dejaba de tener protagónico por lo que con un movimiento certero, dejó que pendiese de su espalda. Sexualmente caminó una vez más hacia el micrófono.
Santana
I'll drink what you leak
(Voy a tomar todo lo que derrames)
And I'll smoke what you sigh
(Y fumar lo que suspires)
Straight across the room with a look in your eye
(Del otro lado de la habitación con la mirada en tu ojo)
Sujetó el soporte para genera intensidad en sus palabras.
Santana
I got a man…
(Tengo un hombre…)
De repente su voz dejó de hacerse oír y la vista de Lucy se focalizó en ella.
El barullo generado por el público, junto a la música en demasía, llevaban a que la falta de letra pasara inadvertida. Inadvertida hasta que observabas como el cuerpo de la latina vibraba sin control.
Una descarga eléctrica estaba siendo emanada a causa de ese soporte en mal estado. Descarga que todos desconocían. Todos menos Lucy.
Con rapidez corrió hacia ella y pateó micrófono provocando que tanto Brittany como Rachel se sobresaltaran. El cuerpo de Santana cayó hacia atrás sin ningún tipo de impedimento.
La morocha observó los ojos desencajados de la rubia y se arrojó de rodillas al cuerpo tieso de la latina.
¡NECESITO UN MEDICO! – Chilló con desesperación hacia sitios repletos de oscuridad. - ¡URGENTE!
