SPOILERS DE DRAGON BALL SUPER
(leer con cuidado)
AL FINAL
—la esperanza prevalecerá—
~futuro~
"Why are you so driven to write?".
"I guess it's a way of keeping things alive. You know, saving things that will eventually die. If I write it down, then... it'll last forever".
(Nocturnal Animals)
I
Encerrados en la oscuridad, están solos pero juntos, los dos formando un conjunto protagonizado por la impotencia. Es que llevan noches y noches así, ojos sobre ojos a una distancia prudente del otro sobre el sofá del mono-ambiente destartalado en el que viven. Y qué solos se sienten pese a mirarse como lo hacen y estando juntos como lo están, sin más filtros de prudencia que cubran, cual velo, el amor que se tienen. ¡Qué poco importa esconderlo y cuánto duele tener que hacerlo! Cuánto, lector, el dolor de saber que no es, para dos personas que se aman, el momento.
Cuando la felicidad más trascendental, aquella que sólo el amor puede hacer brotar de las raíces mismas del alma, no tiene derecho a florecer.
—Perdóname —prorrumpe él repentinamente, con la voz tan quebrada como suele, al límite de toda angustia.
—No tengo nada que perdonarte —responde ella, conciliadora, sin dejar nunca de sonreír.
Ella intenta tomarle la mano; él la rechaza. Pero qué luz irradia pese a ello de los ojos de Mai, ¡pese al rechazo, a lo inoportuno! A que no es el momento indicado y probablemente éste jamás llegue, o bien lo haga demasiado tarde, o bien demasiado pronto considerando la guerra librada ahora mismo contra un dios vengativo.
Trunks, observándola en innata timidez, se pregunta por qué Mai no deja de lado ese brillo tan latente, por qué éste no perece aun cuando también yace, allí, el entendimiento de la adversidad que todo lo cohíbe.
—¿Por qué me quieres, Mai? —pregunta él, entonces.
Ella no titubea. Sonriendo, responde con calma:
—¿Por qué no habría de hacerlo?
¿De qué habla? Trunks siente cómo los nervios lo aprietan con brazos posesivos, vehementes. ¿Cómo que por qué? ¿Cómo así?
—No puedo derrotar a Black —farfulla Trunks desde los nervios y no desde la racionalidad.
—¿Y por eso no te voy a querer?
Mai continúa sonriendo, tranquila, segura; Trunks contiene un jadeo de dolor ante la fuerza que los nervios, con sus fuertes brazos, ejercen sobre él.
—Pero… —Trunks carraspea, chasquea la lengua, mueve los ojos por las penumbras del humilde cuarto; hace todo lo que Trunks haría, pienso, y termina profiriendo, con injusticia, una barbaridad—: ¡Mai, por culpa de mi debilidad mucha gente ha muerto!
—Y mucha gente morirá, Trunks, pero ni las muertes ocurridas o las que están por ocurrir son tu culpa. ¿O acaso eres tú quien las provoca?
—L-Las provoco con mi debilidad.
—No lo haces.
—¡Claro que lo hago! Y además…
Trunks retorna a la raíz del perdón proferido: no se trata de Black, de las muertes, del dolor de no poder salvar al mundo, pues esas culpas sólo a él le conciernen en el peso insoportable que ejercen sobre sus propios hombros; se trata del amor que lee en los ojos de Mai, el mismo que puede ver en sus propios ojos al pensarla ante el espejo cada día y cada noche. El amor que ella le refleja con pasmosa facilidad, ahora, siempre.
—Si fuera más fuerte, Mai, podría…
—¿Qué?
Los nervios le deslizan las manos hasta el cuello. Allí, con firmeza, aprietan. Trunks, torturándose en el auto-engaño, escupe:
—¡Si fuera más fuerte podría corresponderte!
Por el ahorque (quien siente amor y no cree merecerlo siempre echa culpas sobre un culpable falso), las mejillas se le sonrojan.
—Trunks, sobre eso…
—Me odio.
—¿P-Por qué?
Él se cubre el rostro con una mano, y lo refriega, y lo refriega, y siente que al refregarlo no aminora el dolor; lo maximiza, pues sí, se odia, porque cuando alguien que sufre se sabe atrapado, arrinconado contra la injusticia de una imposibilidad, el dolor no puede disminuir, no con sencillez, fácilmente.
Cuando el dolor proviene de las entrañas del alma, minimizarlo es humillar al corazón, el que siente, el que llena la sangre de sentimientos que, si son lacerantes como los de Trunks ahora, mientras se refriega con insistencia y desesperación, imposible serán siempre de dejar atrás. Porque son, los dolores, verdaderos, no «tonteras» que mañana se irán, no problemas efímeros que caen en el olvido más pronunciado. ¡Porque el dolor es un concepto al cual cada ser le da significado, no un signo de definición uniforme! ¡Son dolores insuperables aquellos que abren una herida que plasma una cicatriz en el alma! Y no se superan, nunca; se cuidan, se auxilian cambiando los vendajes imaginarios, pero quien los padece sabe que nunca los terminará de curar. Aunque se esfuerce, aunque nadie lo entienda, aunque para A sean tonteras y para B sean mentiras.
Sólo uno sabe por qué le duele lo que le duele y por qué determinada cicatriz será eterna.
—Me odio porque nada desearía más que decirte que «sí», y cuidarte, y ser feliz junto a ti. ¡Olvidarme de Black, de todo lo que está pasando, de lo imposible que es todo para mí ahora; olvidarlo todo y estar contigo…! Pero este «no» ganó: nada de lo que haga lo remediará.
»Ya no puedo volver atrás.
»Quizá muera mañana, o quizá mueras tú. Cuando pase si es que pasa, será definitivo: habré desperdiciado demasiado tiempo aquí, mirándote en silencio, con el «no» latiéndome por dentro y sin forma de convertirlo en un «sí».
»Te habré perdido, Mai, y contigo la oportunidad de hacerte feliz.
Porque alguien como Trunks sentiría las cosas así, ¿no? Trunks, el Trunks de la realidad injusta y no aquel travieso muchachito, el Trunks que sufre por determinadas cosas y no por otras. Vería en Mai lo que, desde la inocencia de su corazón puro, ha deseado desde siempre: un alma bondadosa y cálida como el sol en la cual enredarse; una mujer admirable e infinita en sus esfuerzos a la cual amar con su corazón y su cuerpo, completo todo él, completa ella en un camino trazado con besos, empatía y alegría. Nada desearía más que amarla más allá de los ojos, corresponderle el amor que ella le brama con orbes oscuros pero transparentes en lo elemental, lanzarse hacia lo inevitable, lo genuino, y que Black desaparezca al consumarse la máxima exaltación de sus sentimientos.
Pero claro: aunque no salve a todos, siempre que salve a uno se sentirá feliz. Triste, pero feliz. Es esa la única pasión que debe llenarlo, la de salvar inocentes, no la de explorar por vez primera los sentimientos que, sabe, yacen dentro de él como tallos que serán flores, como palpitaciones que ya son amor, y serán pasión, y serán plenitud física y emocional.
Eterna, invencible por lo real.
—No puedo, Mai… ¡Tal vez nunca pueda! Y te pido perdón por eso, por no poder, por ser débil e insuficiente.
»Te pido perdón por… por amarte tanto aun cuando no te vaya a merecer lo suficiente jamás.
Ella sujeta su mano, al fin, y no, nada le permite a él, tan hundido en su propia cicatriz, detenerla o esquivarla; se permite disfrutar la piel de ella sobre la suya, piel sin guante y tan sudada por los nervios como la de él lo está.
Aprender lo elemental en medio de tal infierno es la pesadilla que ni al peor enemigo se le debe desear.
—Trunks, yo no te pedí nada a cambio —exclama Mai, sonriente, y Trunks siente que ni escuchar su dulce voz merece—. No hice nada para sentir esto, sólo conocerte. Y no puedo ignorarlo, no tengo forma: lo siento y ya, y sentirlo me da ánimos pese a que no podamos correspondernos, me da un motivo más para no rendirme.
»Deja de decir que te odias y de pedirme disculpas que no me debes. ¡Sólo sigamos luchando y deseemos que el momento de pensar en los dos llegue!
—Pero…
Mai le aprieta con más fuerza la mano; Trunks experimenta impulsos que no entiende, que no tardan en sumirlo en un sentimiento abrumador. La mira, y nota transparencia en los ojos, y nota la sonrisa aún en la boca. Y nota la boca, femenina, uniforme, rosada apenas, de labios más pintados por un artista que posibles en un imperfecto mortal. Ella le acaricia la mejilla con la mano que no lo estrecha y él detiene el impulso de llorar.
—Nada deseo más que poder merecerte por lo menos un poco, Mai…
—Me mereces.
—No lo hago.
—¿Por qué?
—¡Porque no logro derrotar a Black! Y ese «no» es…
—El «no» es temporal, Trunks. Lo será siempre y cuando no te rindas ante él.
Como una madre a su hijo, tal vez en un impulso de ternura de parte de ella dada su historia de vida con dos juventudes a cuestas, Mai lo despeina. Trunks muere un poco por la magnitud de la felicidad que lo llena por la simpleza del tierno gesto.
—Siempre y cuando no nos rindamos, el «no» que hoy es correcto mañana será innecesario. Se trata de esforzarnos para convertir el «no» en «sí», no de torturarnos por no lograr convertirlo en lo que anhelamos por el momento.
»Mañana, tal vez…
Trunks siente cómo las palabras de Mai impactan contra él; la calidez lo limpia, lo purifica. ¡Con qué magia, con qué poco y con tanto! Toma las manos de Mai en vehemente ademán y llora dos lágrimas con una sonrisa en los labios.
—Nunca me voy a dejar de esforzar por merecerte —promete él, emocionado—. Nunca, Mai…
»Te juro que lucharé más que nunca, por todos, por la Tierra, pero especialmente por ese «sí». ¡E-El nuestro y el de todos!
—Lo haremos juntos, Trunks…
—Te juro que sí.
Besarse por primera vez sería, quizá, lo más atinado luego de tan potente promesa hecha de corazón a corazón; no es lo preciso, no con el «no» imperando. Se limitan, ambos, a mirarse fijamente, solos, juntos, llenos de miedo y dolor pero convencidos hasta lo inexpresable.
Se trata de no permitirse claudicar; de no dejar que la cicatriz, que a ambos les arde de manera distinta pero en igual potencia, los absorba hacia sus oscuros abismos. Se trata de que triunfe la esperanza del «sí» futuro y no la desolación del «no» presente.
Se trata de no morir, lector.
No morir hasta que el «sí» se pronuncie en tres latidos al unísono, con verdad.
II
Suspiros viajan a través del aire en la quietud del cuarto, a la par de dos corazones que laten con la potencia de millones. Es que, en ellos, viven todos los que han perdido; es que, aunque la victoria no llegara al final de la batalla, sí llegó la afirmación.
Trunks contiene el «sí» que precisa liberar mientras acaricia con sus labios la desnudez de Mai. Perdieron demasiado y la cicatriz arderá hasta el último día de sus vidas, partida en dos la única marca que complementan con el otro. No obstante, honrar lo perdido es preciso.
Hacerlo al afrontar la vida con convicción es lo mínimo que pueden hacer.
Mai sujeta su rostro con las dos manos. Lo hace subir, deslizar su boca desde el ombligo hasta el cuello, y lo insta a mirarla en las dulces penumbras de paz que los rodean por fin.
No hablan; los ojos son los que hacen posible la comunicación. Trunks pide perdón por no haber hecho lo suficiente, por el «no» mutado a «sí» tan tarde, tanto, tan después de cuando debió hacerlo, con la realidad muerta a manos de Zamasu y hecha la mudanza a otra prestada por Wiss; Mai busca su piel, y con sus labios la besa quedamente por cada rincón que, en la posición en la que están, logra alcanzar. Frente a frente y de lado sobre la cama, él recibiendo y ella dando el amor, se convencen como pueden y entre lágrimas que aún brotan, indetenibles.
Su felicidad será de todos y sus latidos serán millones, los de cada persona a la que no han podido salvar durante la batalla.
Trunks jadea finalmente cuando Mai, encorvándose sobre la superficie que comparten, alcanza con besos su vientre. Lo abruma el pudor y lo desencaja la necesidad de permitir hasta aquello que no entiende cómo ha de ser. Triunfa lo primero; pide, con las manos, que los ojos retornen a los ojos.
¿Merece ser feliz así, junto a ella? ¿Merece sonreír en total plenitud pese a las vidas que no lograron salvar?
Mai lo besa en los labios sin cerrar nunca los ojos; Trunks, por lo que yace plasmado en ella, logra entender.
Sí.
Es «sí» la respuesta a toda duda y reproche. Es «sí» pese a la cicatriz que en uno inicia y en el otro finaliza. Es «sí» porque la felicidad de la unión de sus almas será por siempre la de todos. Cada vida, sí, latirá junto a ellos en cada pura y genuina exaltación. Maki, Haru, los miembros de la resistencia, cada niño y anciano del refugio, cada ser vivo habitante de la Tierra. Mientras ellos dos sonrían, todos lo harán.
En el corazón nacido en la cicatriz, en la flor que logre brotar de la raíz, todos prevalecerán.
Queda, entonces, entre suspiros y sonrisas fusionadas con dulce inexperiencia, que él se tumbe sobre ella y ella lo encierre en el sentir. Queda comprender, juntos y solos como lo están, en el cielo y ya no más en el infierno, que valdrá la pena prevalecer.
Que hay que vivir, no dejarse morir en la desesperanza.
Que las cicatrices, únicas o compartidas, siempre podrán bramar un «no» pasado e insuperable, pero también podrán significar, para los seres, la inspiración en pos del «sí» al final, triunfando por sobre todo, alzándose con la victoria en potentes latidos al unísono.
Para uno, para todos. Para todos nosotros, lector.
El «sí» nacerá mañana siempre y cuando prevalezcamos en la intensa lucha por la felicidad. La de uno por otro, la de dos por lo mismo.
La de todos por todos, en paz.
.~.~.~.
Dedicado a mi Mai.
Marcos, te amo. Gracias por acompañarme en esta lucha incansable en pos de la justicia y la felicidad.
A quien lea, GRACIAS, y feliz 2018 para todos.
Dragon Ball © Akira Toriyama
