hooolaa jeje spero les guste el capii

recuerden de ke nada me pertnece

Capítulo 37

El paquete llegó de la manera más sencilla: lo entregó un mensajero de Dartmouth Shippers, uno de los tentáculos menos rentables pero más útiles de la organización de Aro. Llevaba el remite de la tía de Rosalie en Inglaterra y el sello de «frágil».

El único inconveniente fue que Alice estaba presente cuando se lo entregaron a Rosalie.

— ¡Qué divertido! —exclamó Alice, revoloteando a su alrededor—. Es un regalo de Navidad, ¿no es cierto? ¿Por qué no lo abres?

—Aún no es Navidad —dijo Rosalie suave mente, colocando el paquete en un estante de su armario con la intención de dárselo a Edward a la primera ocasión.

— Pero Rose, ¿es qué no quieres saber lo que es? —Inquieta, Alice se paseaba por la habitación—. ¿No miras bajo las camas o en los armarios en busca de los regalos de Navidad?

— No —Rosalie sonrió y comenzó a arreglar las flores que Alice le había llevado — . No me gusta estropear la mañana de Navidad.

— Pero si no se trata de estropearla, sino de añadirle un poco más de emoción —Alice volvió a mirar hacia el armario—. ¿No podríamos echar un pequeño vistazo?

— Desde luego que no. Además, probablemente ese paquete contiene cinco docenas de galletas caseras... y duras como ladrillos. La tía Honoria no es precisamente una mujer impredecible.

—No tengo la sensación de que sea Navidad — Alice se acercó a la ventana. Apoyó una mano sobre su vientre levemente hinchado y con la otra empezó a juguetear con la cortina—. El salón de baile está casi listo para la fiesta. El árbol de Navidad, decorado. Si paso por las cocinas detecto los olores más deliciosos. Y, sin embargo, no tengo la sensación de estar en Navidad.

—¿Sientes nostalgia de tu país, Alice?

— ¿Nostalgia? —Alice se giró, un tanto desconcertada, y luego sonrió — . Oh, no. Jazz y Marissa están aquí. Espero que mi hermana consiga alejarse de su galería de arte una semana o dos, pero en realidad no echo de menos Estados Unidos. Es solo que todo el mundo intenta mimarme y protegerme ocultándome cosas — suspirando, se acercó a la cómoda de Rosalie y jugueteó con el joyero esmaltado que Emmett había admirado — . Sé que Jasper está tenso y preocupado, aunque intente fingir lo contrario. Hasta cuando hablo con Emmett tengo la sensación de que está pensando en otra cosa. Esto tiene que acabar, Rosalie. No soporto ver a la gente que quiero angustiada de esta manera.

Rosalie también le ocultaba cosas, pero era la única forma que tenía de protegerla.

— Se trata de Aro, ¿no?

Alice dejó el joyero.

— ¿Cómo puede un hombre albergar tanto odio? ¿Y causar tanto dolor? Estoy segura, aunque después de tantos años aún no lo entiendo del todo, que no se dará por satisfecho hasta que nos destruya.

—Para la mayoría de la gente resulta muy difícil comprender la verdadera maldad —dijo Rosalie, a pesar de que ella la entendía y la conocía—. Pero yo creo que, dejando que afecte profundamente a nuestras vidas, solo conseguimos darle pábulo.

—Tienes razón, por supuesto —Alice extendió ambas manos—. ¿Te he dicho ya cuánto te agradezco que estés aquí? Sin ti, creo que me pasaría el día refunfuñando de un lado para otro. Bella llegará esta tarde, con los niños. Aún tenemos que vérnoslas con los floristas y los músicos —apretó las manos de Rosalie y respiró hondo—. Odio sentirme inútil. Me encantaría enfrentarme a Aro y escupirle a la cara, pero lo único que puedo hacer es ocuparme de asuntos domésticos. Supongo que tendré que contentarme con eso.

Rosalie prometió para sus adentros escupirle a Aro a la cara en cuanto tuviera ocasión.

— ¿Por qué no vamos al salón de baile y me enseñas qué hay que hacer? Me gustaría echaros una mano.

Y también deseaba alejar a Alice del paquete guardado en su armario.

— De acuerdo, pero primero quiero que vengas a mi habitación. Tengo un regalo para ti.

— Los regalos son para Navidad —le recordó Rosalie mientras se acercaban a la puerta.

— Este no puede esperar. A las princesas embarazadas no hay que contrariarlas.

— Cómo usas tu embarazo cuando te conviene, ¿eh? —subieron un corto tramo de escaleras y entraron en el ala contigua—. Has dicho que Bella llega hoy. ¿Viene con toda su familia?

— Sí, claro. Llegarán esta tarde.

Rosalie se relajó un poco. Le sería fácil transferirle el paquete a Edward y continuar con el plan.

—¿Ha guardado Emmett su tesoro en la caja fuerte?

—¿Su tesoro? Ah, te refieres a su yoyó —Alice se echó a reír y entró en su dormitorio—. Emmett adora a ese niño, ¿sabes? La verdad es que nunca he conocido a nadie a quien se le den tan bien los niños como a Emmett. Dedica muchísimo tiempo a la Fundación de Ayuda a los Niños Discapacitados, aunque le quita tiempo libre para ocuparse de sus caballos —mientras hablaba, entró en el vestidor contiguo—. Otra de las razones por las que estoy inquieta es que Emmett, que justo ahora debería sentirse en la cima del mundo, parece no pegar ojo ni una sola noche.

—¿En la cima del mundo?

— Le ha costado seis meses y muchos que braderos de cabeza conseguir la aprobación para que se construya un ala infantil en el museo. En la reunión de la otra noche consiguió por fin que la junta directiva aprobara la propuesta, pero no sin mucho esfuerzo y muchas negociaciones. ¿No te lo dijo?

—No —dijo ella muy despacio—. No, no me lo dijo.

—Hace un par de años que sueña con ese proyecto. Tardó meses en encontrar al arquitecto adecuado que supiera compaginar el pragmatismo con la esencia de lo que Emmett pretendía hacer. Y después, como la junta directiva no estaba dispuesta a ceder ni un ápice, pagó de su bolsillo el diseño de los planos. Son maravillosos — Alice regresó a la habitación llevando una caja de gran tamaño—. Deberías pedirle que te los enseñe en alguna ocasión. Quería un edificio abierto, con montones de ventanas, para que los niños no se sintieran encerrados. La junta directiva no hacía más que refunfuñar cuando les hablaba de es culturas que los niños podrían tocar y de ilustraciones de cuentos en vez de obras de Rubens o de Rodin metidas bajo cristal.

— No sabía que estaba tan metido en ese proyecto.

— Emmett pone cuerpo y alma en todo lo que hace. Su idea era iniciar a los niños en el arte a través de medios que pudieran entender y disfrutar. Y, además, habrá una sección reservada a las pinturas y las esculturas que hagan los propios niños — Alice depositó la caja sobre la cama—. Me extraña que no te haya dicho nada. Normalmente le habla de ello a todo el mundo. Sacar adelante el proyecto le ha costado dos años de preparativos y seis meses de peleas con la junta directiva.

— Suena muy bien —sintió que el corazón se le encogía y se le expandía, llenándose de amor—. A menudo da la impresión de que solo le interesan los caballos y las fiestas.

— Él alienta esa imagen, pero lo cierto es que hay muchas más cosas en él. Pensaba que os habíais hecho muy amigos.

—Emmett es muy amable.

—Vamos, Rose, no me vengas con esas —un tanto cansada, Alice se sentó al borde de la cama—. Emmett te mira cada vez que sales de la habitación y, cuando no estás, no deja de mirar la puerta, a ver si apareces.

—¿De veras?

— Sí —Alice sonrió—. Así es. Por lo menos, a pesar de la tensión de las últimas semanas, me he dado el placer de ver a Emmett enamorarse. A ti también te gusta, ¿no?

— Sí —ya casi se había acabado todo. No había necesidad de mantener algunos engaños—. Nunca había conocido a nadie como él.

—Es que no hay nadie como él.

—Pero, Alice, no quiero que pienses ni que esperes que va a pasar algo que no va a pasar.

—Tengo derecho a pensar y a esperar lo que se me antoje —puso una mano sobre la caja y dio una palmada sobre la tapa—. Y, ahora, abre tu regalo.

—¿Es una orden real o una invitación?

—Da igual, mientras lo abras. Por favor, me muero de ganas de saber si te gusta.

—En fin, va contra mis principios abrir un regalo antes de Navidad, pero, bueno... —Rosalie levantó la tapa, apartó los lienzos de papel de seda y se quedó mirando con asombro el interior de la caja.

El vestido centelleaba como una joya y refulgía como el fuego. Era del verde profundo y vivo de las esmeraldas y estaba compuesto por miles y miles de diminutas lentejuelas que atrapaban la luz de la tarde.

— Sácalo —insistió Alice y, al fin, viendo que Rosalie no se movía, sacó ella misma el vestido de la caja.

La seda osciló, susurrante, y luego quedó inmóvil. El vestido tenía un corte recto. El cuello era muy alto y estaba recamado con una banda de lentejuelas que se ajustaba a la garganta y brillaba y relucía. La espalda y los brazos quedaban desnudos y más abajo la tela caía pesadamente en una larga línea hasta el suelo. Era un vestido hecho para brillar bajo las lámparas de cristal y para refulgir bajo la luz de la luna.

— Dime que te gusta. Llevo un mes volviendo loca a la modista.

— Es precioso —vacilante, Rosalie extendió una mano. El vestido parecía cobrar vida al más leve toque—. Alice, es la cosa más bonita que he visto nunca. No sé qué decir.

—Di que te lo pondrás para el baile de Navidad —encantada consigo misma, Alice condujo a Rosalie frente al espejo y sujetó el vestido delante de ella—. ¡Mira qué bien va con tus ojos! Lo sabía —riendo, le entregó el vestido a Rosalie y, retrocediendo, volvió a mirarla—. Sí, estaba segura de ello. Con ese cutis que tienes... Sí, es perfecto — dijo, dándose golpecitos en los labios con un dedo—. Cuando te vea, Emmett empezará a balbucear como un tonto. Estoy deseando verlo.

— No sé si debo aceptarlo...

—Claro que sí. Además, no aceptaré un «no» por respuesta —dio un paso adelante, entornó los ojos y soltó un mechón de pelo de Rosalie — . Mi peluquera se va a poner las botas contigo.

—Eso no suena muy halagüeño —aunque deseaba ponerse aquel vestido, no podía permitírselo. La recatada y pudorosa lady Rosalie Hale no tendría el valor de ponerse un vestido semejante—. Alice, es precioso. Y tú eres un en canto. Pero no creo que yo esté hecha para un vestido como este.

—Yo nunca me equivoco —Alice hizo un gesto indiferente con la mano. Solo hacía dos años que era princesa, pero siempre había sido muy decidida—. Confía en mí. Y, si no puedes, hazme ese favor como amiga.

Se habían convertido en amigas, fueran cuales fueran las razones iniciales o el propósito ulterior de su relación. ¿Qué daño podía hacerle aceptar el regalo? Era muy posible que ni siquiera estuviera en Cordina el día del baile.

—Me siento como Cenicienta —murmuró, y deseó serlo.

—Bien. Pero deberías recordar que el reloj no siempre da las doce.

.

.

.

Sí, el reloj siempre daba las doce, pensaba Rosalie mientras Edward y ella caminaban en silencio por el interior del palacio. El juego casi había acabado y, con él, su sueño.

El paquete contenía los explosivos que había pedido y un mensaje cifrado. Debía cumplir su misión esa misma noche y encontrarse con el agente de Aro en los muelles a la una de la madrugada. El pago se efectuaría poco después.

—Tiene que salir bien —masculló mientras colocaba cuidadosamente la primera carga.

El equipo que estaba usando había sido aprobado por el SSI. El rastro del paquete había sido seguido hasta su origen. Aro pronto perdería Atenas y mucho más.

— Desde el exterior, parecerá que el fuego se extiende fuera de control —dijo Edward, manipulando los explosivos con la misma rapidez y habilidad que Rosalie —. Las detonaciones harán más ruido que otra cosa. Estallarán unas cuantas ventanas y se montará todo un espectáculo. Malori y sus hombres se quedarán aquí para proteger a la familia real, por si las moscas.

— ¿El príncipe Carlisle está con ellos?

— Sí. Está informando al resto de la familia. Malori se opone, pero yo estoy de acuerdo contigo. A estas alturas ya no importa que lo sepan, y así les ahorraremos un poco de angustia —pensó en Bella. Quizá sus pesadillas desaparecerían después de aquella noche.

— No podía soportar la idea de que la explosión despertara a Alice. ¿Y Emmett? ¿Estará en el ala de la familia?

— Sí, no te preocupes por él. Está a salvo — dijo Edward, sin querer insistir más—. Te doy diez minutos para que salgas de los jardines. El muelle está siendo vigilado, de modo que, si surgiera algún problema allí, estaríamos encima de ti en cuestión de segundos. Yo estaré en el barco que vigila el yate de Aro. Nos pondremos en marcha en cuanto recibamos tu señal. Rosalie, sé que es muy arriesgado llevar un transmisor. Si te registran...

—Si me registran, ya me las arreglaré.

El micrófono era una obra maestra del SSI que semejaba un intrincado medallón colocado a escasos centímetros de la garganta de Rosalie.

— Si Aro intuye algo, actuará muy depri sa.

—Sí, pero yo seré aún más rápida —lo agarró suavemente de la mano al ver que se disponía a hablar de nuevo—. Edward, a mí también me va algo en esto. No quiero morir.

Él la miró fijamente un momento.

—Tengo fama por conservar vivos a mis socios, ¿sabes?

Ella sonrió, agradecida.

— Cuento con ello. Pero, por si algo saliera mal, ¿podrías darle a Emmett un mensaje de mi parte?

—Claro.

—Dile... —vaciló un instante. El reloj dio la medianoche, y Rosalie rezó por que la magia se prolongara un poco más—. Dile que lo amo. Y que no me arrepiento de nada.

.

.

Rosalie salió por la puerta principal y se dirigió lentamente hacia las puertas exteriores del recinto. Unos minutos después, los guardias, que ya habían sido informados de la operación, reaccionarían como se esperaba de ellos en una situación de emergencia. Cualquiera que observara el palacio vería confusión y ajetreo. Pero, de momento, Rosalie atravesó las puertas sin apenas detenerse.

Mientras conducía, miraba de cuando en cuando su reloj y pensaba que Emmett estaba a salvo. Ocurriera lo que ocurriera esa noche, su familia y él estarían a buen recaudo. Si Aro le entregaba el dinero, sería arrestado por conspiración. Si la mataba, sería arrestado por el asesinato de una agente del SSI. El fin justificaba los medios.

Rosalie detuvo el coche, esperó y al cabo de un momento oyó la explosión. Una explosión extremadamente ruidosa, como había prometido Malori. Abrió la puerta y aguardó junto al coche un momento. El palacio era un borrón blanquecino contra el cielo nocturno, pero su ala este resplandecía como si fuera de día. El fuego resultaba impresionante desde aquella distancia y, sabiendo que ninguno de los hombres de Aro podría acercarse más al recinto del palacio, Rosalie se dio por satisfecha. Veinte minutos después, uno de los hombres de Malori difundiría la noticia de que toda la familia real, a excepción de Carlisle, había perecido en la explosión.

Los muelles estaban desiertos. La noticia de la explosión ya había llegado hasta allí. Rosalie aparcó el coche entre las sombras y se alejó de él, acercándose a la luz de las farolas. Era un blanco perfecto.


hooolaa jeje espero les haya gustado este intensoo capitulo jeje tengo ke kntarles ke esta historia esta por terminar :( pero espero ke la esten disfrutando jeje

espero sus reviews

byee