Hold My Heart (Sara Bareilles)
I never meant to be the one to let you downIf anything, I thought I saw myself going firstI didn't know how to stick aroundHow to see anybody but me be getting hurt
I keep remembering the summer nightAnd the conversation breaking up the moodI didn't want to tell you you were rightLike the season changing, oh, I felt it too
Does anybody know how to hold my heartHow to hold my heart?I don't want to let go, let go, let go too soonI want to tell you so before the sun goes darkHow to hold my heartI don't want to let go, let go, let go of you
I'm not the kind to try to tell you liesBut the truth is you've been hiding from it tooI see it sneaking in behind your eyesSaying things no words could ever do
Does anybody know how to hold my heartHow to hold my heart?I don't want to let go, let go, let go too soonI want to tell you so before the sun goes darkHow to hold my heartI don't want to let go, let go, let go of you
Is anybody listening?'Cause I'm cryingIs anybody listening?
Does anybody know how to hold my heartHow to hold my heart?I don't want to let go, let go, let go too soonI want to tell you so before the sun goes darkHow to hold my heartI don't want to let go, let go, let go of you
París, Octubre de 1793
Rodeada de un absoluto silencio y oscuridad, Oscar sólo era capaz de percibir el latido fuerte y acompasado de su corazón. Tratando de controlar la impaciencia que amenazaba con minar su tranquilidad, se asomó una vez más por la ventana. Escrutó la avenida, no habían señales de él o Bernard entre el gentío que continuaba circulando pese a ser de madrugada y a la pesada bruma de otoño que había caído sobre la ciudad.
-Ya está todo preparado en la habitación.
La voz de Anne la sobresaltó, rápidamente apretó los puños tratando de recobrar la calma antes de contestar. –Gracias, ve a descansar por favor… yo me haré cargo de todo-. La fiel doncella hizo una reverencia y desapareció por el pasillo de la casa. Miró nuevamente por la ventana. Después de poco más de dos meses, André y Alain habían sido liberados hace sólo unas horas. Bernard los había esperado para conducirlos directamente a la casa de Víctor y Dianne, evitando de esa manera cualquier tipo de acecho contra ella.
Un sutil ruido le indicó que alguien había ingresado a la casa por la puerta trasera. Volteó rápidamente y vio a André de pie en medio de la oscuridad. Durante unos segundos lo miró indecisa, apenas podía reconocerlo. Su barba había crecido cubriéndole casi la mitad del rostro, el cabello siempre dócil y brillante se veía opaco, descuidado, su impecable ropa estaba sucia y gastada. Aguantó un poco la respiración al ver que la misma parecía un par medidas más grande, estaba muy delgado. Nuevamente miró su rostro y se detuvo en sus ojos, sus maravillosos ojos verdes que, pese a estar rodeados de oscuras ojeras, brillaban emocionados y contentos. -Te estaba esperando…- susurró acercándose a él. Se abrazaron con fuerza y en silencio durante largos minutos. Oscar apoyó con cuidado la cabeza sobre el pecho del padre de su hija, a pesar de lo delgado que estaba, lo encontró reconfortante y cálido. -¿Quieres comer algo?- preguntó despacio y separándose unos centímetros.
-No- André sonrió –No tengo hambre- sus ojos estaban húmedos –Sólo quiero darme un baño.
-Está todo listo en tu habitación- lo tomó de la mano –Vamos.
Subieron las escaleras en silencio. André agradeció el calor que había en la habitación en cuanto entró a la recamara. Mientras Oscar colocaba un nuevo leño en el hogar, él se cepilló meticulosamente los dientes, una vez terminada esa tarea se quitó la sucia ropa y la apiló con cuidado sobre una silla. Ella, tratando de darle un poco de intimidad, se esforzó en no mirarlo mientras encendía algunas palmatorias para iluminar un poco la alcoba. El ruido de él entrando al agua fue la señal para que ella se acercara y tomara la ropa sucia que estaba en la silla.
-Botaré todo… no quiero volver a ver nada de esto- dijo Oscar y lo miró de reojo antes de salir da la habitación. André asintió en silencio. Después de unos minutos regresó con vino, copas y un trozo de tarta de manzanas. En silencio dejó las cosas sobre una mesa y se acercó a la bañera. -Déjame ayudarte- tomó un recipiente y comenzó a enjuagar con cuidado su negro cabello, notó que André se movía incómodo, tratando de ocultar la espalda en el agua. Colocó con delicadeza una mano en su hombro y susurró –Déjame verte.
-No sé cómo luce- contestó él con voz ronca.
Oscar lo empujó hacia delante con cuidado y, usando un paño, comenzó a limpiarle la espalda. Sintió que su corazón se encogía al ver su perfecta piel surcada por recientes cicatrices de tono rojo violáceo. –No está mal- habló con tranquilidad –Las heridas ya están cicatrizadas… con el tiempo no serán más que líneas-. Había tomado la firme decisión de no desmoronarse frente a él, durante el tiempo transcurrido había llorado, oculta y en silencio, prácticamente a diario temiendo por su seguridad en la cárcel, ahora, simplemente sentía que debía permanecer firme y no demostrar la turbación que la había quebrantado durante los meses anteriores.
André asintió en silencio y relajó los hombros. -¿Cómo está Isabelle?- preguntó.
-Está durmiendo, Gabrielle la acompaña.
-¿Sigue asustada?
-Sí.
-Lo lamento tanto- André movió la cabeza con pesar –No pude evitar que presenciara todo lo que pasó…
-Estaremos bien- Oscar continuó lavando su espalda –Tengo la certeza de que estaremos bien- insistió.
André asintió con un leve movimiento de cabeza. –Necesito afeitarme- habló después de unos segundos. Oscar se puso de pie rápido y le entregó su navaja. Se sentó en el suelo y afirmó un pequeño espejó frente a su rostro. -No estoy invalido- sonrió él mientras la miraba –Puedo hacerlo solo.
-Sé que puedes, pero quiero ayudarte- contestó tranquila. Observó en silencio como el padre de su hija cortaba con cuidado el vello excesivamente largo y lo dejaba con pulcritud sobre un paño de lino. Después de esa tediosa tarea, se esparció jabón en el rostro y comenzó a rasurarse de forma rápida y precisa, una vez que terminó la miró.
-¿Me acerco a la imagen que recordabas?- preguntó sonriendo.
-Sí- Oscar acarició con el dorso de la mano la suave mejilla mientras sonreía –Eres el mismo de siempre- se levantó para dejar el espejo en una mesa mientras él salía de la bañera. Al mirarlo nuevamente lo vio sentado en una silla con la sábana de baño envuelta en la cintura mientras se secaba el cabello, pudo contar cada una de sus costillas, vio algunos moretones sobre su torso. Se acercó y le quitó la toalla que mantenía en las manos. –Deja que yo lo haga-. En silencio comenzó a secar con cuidado el negro cabello, una vez que quitó el exceso de agua, lo cepilló lentamente hasta que lo vio brillar como siempre.
-Me estás mimando demasiado- la miró divertido mientras pasaba metódicamente las manos por su cabeza tratando de ordenar su pelo.
Oscar no contestó y le entregó un camisón limpio que estaba calentándose cerca del fuego. Mientras André se lo colocaba sirvió dos copas de vino. -Debes comer algo.
-No tengo hambre… sólo necesito descansar, estoy agotado.
-Trata de comer- insistió –Tienes que comenzar a recuperar peso o enfermarás.
André se levantó de donde estaba y se acercó a la pequeña mesa. Probó un par de bocados de la tarta de manzanas y cerró los ojos extasiado.-Había olvidado este sabor- dijo abriendo los ojos y sonriendo.
Oscar sonrió y se sentó frente a él mientras bebía un sorbo de vino. -¿Quién te acompañó hasta aquí?
-Girodelle- André bebió un poco de vino.
-¿Cómo está Alain?
-Está bien… aunque un poco más golpeado que yo… su carácter no fue de mucha ayuda en la celda- André sonrió -Ahora se quedó con Dianne- tomó otro bocado de tarta –Ella se negó rotundamente a que regresara solo a su casa.
-Tiene razón- sonrió con dulzura al ver como André cerraba nuevamente los ojos disfrutando la comida.
-No puedo comer más- alejó el plato –Es suficiente por hoy.
Ella asintió en silencio, estaba consciente de la hambruna que azotaba las prisiones y el aspecto de André indicaba que había comido solo lo necesario para no perecer durante todo el tiempo que había estado detenido. –Descansa, faltan pocas horas para que amanezca- dijo poniéndose de pie –Isabelle despierta temprano y querrá verte, te ha esperado ansiosa cada día.
André asintió sonriendo. Cuando Oscar se disponía a salir de la habitación, llevando consigo la ropa mojada, la tomó de un brazo para que se detuviera un momento. –Gracias…- susurró mirándola a los ojos. Ella sólo sonrió.
A pesar de su aparente calma, Oscar no pudo ir a dormir, pues los sentimientos se arremolinaban en su cabeza sin que pudiera evitarlo, la felicidad de tener a André en casa y la tranquilidad de verlo en relativas buenas condiciones, se mezclaban con la incertidumbre por el futuro que los esperaba y la rabia por las injusticias que continuaba presenciando. Tratando de tranquilizarse, se quedó sentada en la cocina bebiendo una copa de vino. Después de un par de horas, subió las escaleras nuevamente y abrió con cuidado la puerta de la habitación de André, procurando no despertarlo.
El sonido de su suave respiración la tranquilizó, acercó una silla a la cama y se sentó a observarlo en medio de la oscuridad. Poco a poco su corazón comenzó a serenarse, sólo en ese momento permitió que un par de lágrimas se deslizaran por sus mejillas, lamentando cada herida sobre la espalda del hombre que amaba, por su delgadez, por las marcas de golpes en su cuerpo y por todo el tiempo que había permanecido lejos de ella en el intento de protegerla una vez más. Perdió la noción del tiempo observándolo dormir, en algún momento de la madrugada lo vio revolverse intranquilo entre las sábanas, rápidamente se quitó las botas y chaqueta para acostarse a su lado antes de que él despertara por completo, en cuanto se acercó sintió como las grandes manos de André recorrieron su espalda acercándola a su cuerpo. Sus maravillosos ojos verdes se abrieron lentamente.
-Todo está bien… Ya estás en casa- susurró Oscar mirándolo a los ojos. No hizo falta hablar más. Ambos sabían todo lo que implicaba esa frase. Él asintió en silencio y hundiendo el rostro en el rubio cabello de ella, volvió a dormir aferrado a su cintura.
Al despertar estaba solo en la habitación, la luz del sol lo cegó por un momento. Se levantó rápido, comió frugalmente y salió al jardín guiado por la cristalina risa de Isabelle. Lo primero que vio fue a Oscar sosteniendo a su hija en sus brazos para ayudarla a llegar a la rama de un árbol, la niña trataba de sacar algunas hojas. Se acercó en silencio.
Cuando Isabelle lo vio, abrazó asustada a su madre, Oscar volteó y sonrió en su dirección dejando a su hija en el suelo. La niña se aferró a sus piernas mientras miraba atentamente a André. -Sólo necesita un poco de tiempo…- lo tranquilizó –Estuvo muy asustada…- se inclinó hasta quedar a la altura de su hija para tener toda su atención –André está bien- acarició los negros bucles, la niña asintió en silencio y soltándose de sus piernas se concentró en jugar con algunas piedras que recogió del suelo. La ex militar se acercó al padre de su hija –Tengo algo que decirte… acompáñame por favor- caminó hasta la pequeña mesa que había en la galería exterior. Una vez que él se sentó frente a ella habló nuevamente -Abandonemos París- lo miró fijo –Pensaba irme sola con Isabelle… pero ahora quisiera que nos acompañaras, las circunstancias son diferentes...
-¿A qué te refieres?- André la miró sin entender.
-Tenemos una propiedad en Arras y otra en Normandía a nuestra disposición- Oscar sostuvo su mirada –Mi padre las ocultó del Gobierno poniéndolas a nombre de tu abuela.
-No quiero aceptar nada de tu padre.
-Lo hizo por Isabelle...
-No confió en él ni en sus razones- insistió él.
-André, por favor… Te entiendo y también siento lo mismo- miró a su hija, la niña seguía jugando lejos de ellos –Pero lo he pensado mucho y ya no podemos permanecer aquí.
Ambos se miraron en silencio por un momento, la mirada de André estaba cargada de desconfianza.
-Empecemos de nuevo… juntos y lejos de todo- Oscar habló –Isabelle se aterra cada vez que ve a alguien con uniforme militar, prácticamente no puedo salir de aquí sin temer ser aprehendida…- bajó la vista apesadumbrada -Y siento pánico de tan sólo pensar que vuelvan a irrumpir en la imprenta y te apresen nuevamente- se movió con rapidez para tomar la mano que él tenía apoyada sobre la superficie de la mesa –Por favor… - le apretó la mano -Podemos mudarnos a Arras, naciste ahí, te gusta el campo... es una localidad que siempre necesita trabajo, podemos ayudar de alguna forma, somos personas preparadas y…- respiró profundo -Estaremos por fin lejos de todo lo que nos ha lastimado- insistió con vehemencia.
André permaneció en silencio por unos momentos y mirando sus manos entrelazadas. Cuando sintió las pequeñas manos de Isabelle sobre sus rodillas, se sobresaltó sin poder evitarlo. La niña trataba de subir sobre su regazo. De forma rápida la levantó del suelo y la acomodó sobre sus piernas.
-¿Duele?- preguntó su hija mientras tocaba con uno de sus pequeños dedos su cabeza.
-No- sonrió –No me duele-. La niña asintió y se acomodó para jugar con los botones de su chaleco, André la abrazó con cuidado mientras acariciaba sus suaves rizos. Después de unos minutos habló nuevamente. –No lo sé… Déjame hablar con Alain… somos socios.
-Piénsalo por favor… aquí estamos en constante peligro… no descansarán hasta encontrarme y no puedo permitir que te arriesgues nuevamente por mí- insistió la mujer.
-Sabes que no puedo negarme a nada de lo que me pidas…- Isabelle apoyó suavemente la cabeza sobre su pecho buscando su calor. Él besó sus cabellos –Iré a la imprenta a hablar con Alain.
La niña se incorporó violentamente en sus brazos. -No no no- movió la cabeza agitando sus negros bucles –No vaya allá… es malo... "hombes" malos- lo miró asustada. André la miró con tristeza y asintió para tranquilizarla.
-Hay algo más que debo decirte…- Oscar esperó que André volteara a mirarla antes de continuar –Su majestad será ejecutada en una semana…- sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Lo lamento…- André la tomó de la mano sin dejar de abrazar a Isabelle –De verdad lo lamento… ¿Has tenido noticias de Fersen?
-¿Pappa?- la niña lo miró sonriendo.
-Sí… tu pappa…- André contestó a su hija.
-No… no he sabido nada de él- la mirada de Oscar se humedeció –Le escribí en cuanto supe de su condena… pero no he recibido respuesta de él ni de Sofía.
Durante la semana transcurrida, Oscar finalmente logró convencer a André de entregarle su parte del negocio a Alain y mudarse juntos a Arras. Pese a los resquemores de ambos, esa opción era la única viable en esos momentos. Era imperante alejarse de París y de todo el peligro que la ciudad significaba para ellos.
Ambos habían escogido la triste fecha de la ejecución de Maria Antonieta para salir de la ciudad. El caos provocado por la celebración posterior a la ejecución los ayudaría a viajar sin ser acosados por los militares, pues todos estarían pendientes de lo que ocurriese en el centro. Ese día, temprano en la mañana, André entró a la imprenta evitando a la multitud que corría, exaltada y llena de júbilo, hacia la Plaza de la Revolución(1).
-¿Dianne que haces aquí?- preguntó preocupado –Hoy más que nunca debieras estar lejos del centro de la ciudad.
-Quise venir temprano a ayudarte- la joven sonrió –Pero no te preocupes, Víctor llegará en cualquier momento… además no estoy sola, Alain está en la sala de la prensa revisando los últimos pedidos antes de cerrar.
-Te lo agradezco pero no era necesario... Sólo vine a buscar algunas cosas antes de marcharnos- André abrió la puerta de la oficina para sacar los escritos que quería llevar consigo a Arras. Se apresuró en reunir rápidamente las cosas que necesitaba.
-André…- Dianne abrió la puerta después de unos minutos –Acaban de dejar esto para ti- extendió un sobre pulcramente sellado.
-¿Para mí?- lo recibió extrañado. Sus manos temblaron al ver los documentos que estaban dentro del sobre -¿Quién te entregó esto?- salió rápido de la oficina, encontró a Alain en la recepción.
-Pensé que hoy viajabas- lo saludó extrañado ante su presencia.
-Vine por unas cosas- contestó distraído – Dianne… ¿Quién te entregó esto?- insistió André -¿Fue un mensajero?
La joven lo miró nerviosa –No... Fue un hombre pero no parecía un mensajero.
-¿De qué hablan?- interrumpió Alain al ver como André abría la puerta y miraba en todas direcciones. André le entregó los documentos, los revisó. –Es un acta de divorcio…- lo miró confundido.
-¿Cómo era el hombre que te los entregó?- insistió André.
-Alto, muy alto y apuesto, cabello castaño, ojos grises… elegante- retorció nerviosa sus manos –Lamento no haberte avisado… sólo me pidió que te los entregara y se marchó antes de que pudiera decirle algo.
-No te preocupes…- André arrebató de las manos de Alain los documentos –Fersen está aquí… debo avisarle a Oscar- tomó su chaqueta, se guardó el sobre en uno de los bolsillos y salió corriendo del lugar.
-o-
Oscar terminó de colocar sobre la carreta que transportaría las cosas que llevarían a Arras las últimas maletas. Habían decidido trasladar lo estrictamente necesario, una vez que llegaran a destino y vieran el estado de la propiedad, decidirían que más hacía falta. Lo importante era salir lo antes posible de París. Le dolía profundamente irse sin poder hacer algo por María Antonieta, pero Isabelle y André era su prioridad, y también se debía a ellos. Ajustó con fuerza las últimas sogas de seguridad. Se asustó cuando la mano de André la tomó sorpresivamente de un brazo guiándola rápido hacia el interior de la casa. -¿Qué pasa?- sintió miedo al ver su rostro preocupado.
-Fersen está aquí- André le extendió el sobre había que había recibido.
Oscar se sentó torpemente en uno de los sillones. –¿Estás seguro?- comenzó a leer los papeles, sus manos temblaron al leer el acta de divorcio ya firmada por él, revisó el segundo documento, era una renuncia a la paternidad de Isabelle, también firmada. En ambos documentos sólo faltaba su firma. Sus ojos se humedecieron al leer el último documento, era la copia legalizada de un testamento a nombre de Isabelle Grandier, dejó caer sobre sus piernas los pliegos y miró nerviosa a André –¿Lo viste?
-No, Dianne los recibió… salí a buscarlo pero no lo encontré.
Después de permanecer en silencio durante unos segundos se puso de pie. -Sé dónde encontrarlo.
-¿Dónde vas?- André la detuvo de un brazo.
-Debo evitar que cometa una locura.
-Oscar, no…- la tomó de las manos –Hoy menos que nunca puedes arriesgarte.
-Gracias a él Isabelle y yo estamos vivas…- lo miro a los ojos –Debes confiar en mi, puedo cuidarme sola y cuando lo encuentre, Axel no permitirá que nada me ocurra… jamás dejará que me apresen.
-No puedo dejarte ir sola…- insistió André.
-Quédate con Isabelle…- soltó sus manos y tomó su rostro –Debes quedarte con ella… regresaré, te lo prometo- besó sus labios con suavidad –Debo ir…- insistió –Es algo que tengo que hacer… debo hablar con él, no puedo dejarlo solo en estos momentos.
André apoyó su frente contra la de ella y asintió con pesar. –¿Te cuidarás?- susurró contra su boca.
-Lo haré, te prometo que me cuidaré- se separó lentamente del padre de su hija y salió de la casa mientras se abrigaba con una capa y sombrero.
Stay (Sara Bareilles)
Saturday, empty room, filled with people
It don't mean a thing to
You and I, holding hands
Nobody knows, nobody understands
I don't care for sunlight
That only means it's over
And I'm in no mood for that
Stay tonight
Don't come morning, don't come light
They may be lies, say it, say that we'll be alright
If we stay tonight
My hands are shaking
This is a complicated love with me
Keep your eyes closed, I've seen it baby
I've seen where this goes
Stay tonight
Don't come morning, don't come light
They may be lies, but say that we'll be alright
If we stay tonight
Gonna feel it baby
Oh I don't wanna cry
I know we'll get to tomorrow and say goodbye
That's what I'm asking for
Tonight
Stay tonight
Don't come morning, don't come light
They may be lies but say that we'll be alright
Say that we're gonna be alright
Tonight
Oscar caminó de prisa entre la muchedumbre, el tumulto era cada vez mayor. Escuchó como la gente gritaba abucheos, ofensas y amenazas, a la reina caída en desgracia desde los balcones y tejados, se sentía absorbida por tanta gente. A empujones logró acercarse a la Plaza de la Revolución(1). Continuó empujando con todas sus fuerzas a quienes cerraban su paso mientras miraba a su alrededor desesperada. Un empellón casi la hizo caer al suelo. Sintió que una fuerte mano la afirmaba ayudándola a levantarse, alzó la vista para agradecer.
-Debes tener cuidado- Alain sonrió –Si caes, morirás aplastada por la turba- hizo un gesto con la cabeza apuntando un cuerpo que yacía inerte a unos pocos metros.
Ella asintió -¿Qué haces aquí?
-Te seguí- Alain encogió los hombros –Eres obstinada y cuando estas en ese estado también eres predecible.
-¿André te lo pidió?
-No fue necesario, sabía que no dejarías que él te acompañara… a mí, no me lo puedes prohibir- empujó a uno de los hombres que estaban delante de ella y que les obstruía el paso –Permaneceré a una distancia prudente- agregó mientras la ayudaba a avanzar.
Oscar asintió y continuó tratando de adelantar entre el tumulto. Cuando estuvo cerca del cadalso, ubicado al centro de la plaza, levantó la vista. Con dolor vio a Maria Antonieta de pie frente a la muchedumbre. Estaba muy delgada y se veía más pequeña de lo que recordaba, le impactó ver que ya no quedaba rastro de su magnífica cabellera rubia. La mujer, ahora lucía un cabello opaco y totalmente encanecido, cortado a la altura de la nuca. Sus manos estaban atadas a su espalda. Pese a que jamás la había visto tan frágil y desvalida, admiró su postura serena y digna. Miró su demacrado rostro, sus enormes y claros ojos azules estaban llenos de lágrimas y fijos en un punto. Reparó en que movía suavemente la cabeza en señal de negación. Buscó rápidamente hacia donde dirigía su mirada la monarca y reconoció de inmediato a Fersen, su espalda ancha era inconfundible y sobrepasaba en altura a la mayoría de las personas que lo rodeaban. Comenzó a avanzar empujando con fuerza a quienes la rodeaban, estaba a sólo a unos metros de él. Miró nuevamente hacia el patíbulo. Maria Antonieta era empujada con violencia en dirección a la guillotina mientras ella continuaba mirando hacia la multitud, cuando sus miradas se encontraron, la desesperación en sus ojos le hizo recordar su última petición "No permitas que vea cuando me maten", Oscar asintió con el corazón destrozado mientras la miraba por última vez. Con esfuerzo estiró su mano por encima de las personas que aún la separaban de Fersen y con fuerza lo tomó de un brazo, obligándolo a voltearse hacia ella. Cogió impulso y pudo acercarse a él.
-No mires… por favor no mires- susurró junto a su boca mientras le tapaba con las manos los oídos y lo forzaba a bajar la cabeza hacia ella. Apoyó su frente contra la de él y le sostuvo la cabeza con fuerza para evitar que volteara a mirar hacia el cadalso. Fersen apenas reaccionaba, parecía perdido, sus hermosos ojos grises estaban vacíos y llenos de lágrimas –Axel, mírame a mí- insistió Oscar cubriéndole los oídos de forma desesperada, necesitaba que él mantuviera su atención en ella. Un escalofrío recorrió su espina dorsal cuando escuchó el sonido de la hoja metálica chocando contra la madera del degolladero, los vítores de la muchedumbre los estremecieron. Sintió como las rodillas de Fersen se doblaban mientras la gente que trataba de avanzar en dirección a donde la cabeza de Maria Antonieta era exhibida.
Respiró profundo para evitar las náuseas que la invadieron. Un codazo hizo trastabillar a Fersen haciendo que su sombrero cayera al suelo dejando su rostro y cabeza totalmente descubiertos. Él, trató de mirar nuevamente hacia la guillotina.
-¡Vamos!- gritó para que la oyera mientras lo tomaba de la mano y lo obligaba a avanzar. Preocupada, percibió que la gente comenzaba a observarlos, se quitó rápidamente su sombrero y se lo colocó a él mientras le hablaba en el oído –Si nos descubren moriremos… tú y yo- él la miró recobrando un poco la cordura perdida –No podemos hacerle eso a Isabelle- insistió mientras lo obligaba a avanzar entre la gente. No le gustaba manipularlo, pero era la única forma que tenía en esos momentos de hacerlo reaccionar.
Un fuerte empujón la hizo tropezar, Fersen reaccionó por un momento y la tomó rápidamente de la cintura para evitar que cayera al suelo. Comenzaron a avanzar en contra de la multitud, todos, a excepción de ellos, se dirigían hacia el centro de la plaza. Oscar levantó la vista y vio un callejón despejado. -¡Continúa caminando… no te detengas!- tiró de la mano del sueco en esa dirección. Una vez que estuvieron a resguardo, miró frenética hacia la multitud, a lo lejos vio que Alain levantaba la mano para comunicarle que estaba bien antes de dar media vuelta para alejarse.
-¿Dónde están tus cosas?- tomó de los brazos a Fersen. El hombre tenía la vista perdida nuevamente, al no recibir respuesta insistió zamarreándolo con fuerza para que reaccionara -¿Dónde te estás quedando?- el conde balbuceó la dirección de una posada. Sin soltarlo de la mano, avanzó por las calles llenas de gente mientras lo obligaba a moverse.
Llegaron al lugar de destino moviéndose entre callejuelas. Entraron a la posada y fueron directamente a la habitación. En cuanto abrió la puerta, Fersen cayó de rodillas al suelo y sus hombros comenzaron a estremecerse mientras derramaba en silencio todas las lágrimas contenidas. Oscar se arrodilló a su lado y lo abrazó con fuerza contra su pecho tratando de consolarlo.
-La mataron- sollozó el conde contra su pecho –No pude salvarla… lo intenté tanto y no pude.
-Shhhhh, lo sé...– Oscar susurró contra su cabello tratando de calmarlo –Hiciste todo lo que estaba en tus manos- apretó con fuerza sus hombros tratando de sostenerlo. Comenzó a mecerlo con suavidad.
-No fue suficiente- Fersen susurró después de unos minutos con apenas un hilo de voz –No fue suficiente… la mataron para exhibirla como un trofeo, como si fuera un animal en una fiesta de caza- comenzó a hablar de forma inconexa y en estado catatónico –Estaba asustada… se veía tan frágil… estaba llorando… estaba aterrada… su cabello… su hermoso cabello…- se hizo un ovillo en el suelo y apoyó su cabeza contra las piernas de Oscar mientras pesadas lágrimas seguían brotando sin control de sus hermosos ojos –La trataron como a un animal… estaba muy delgada… la torturaron… estaba tan asustada... mi Josefina estaba aterrada- repetía contra la tela de los pantalones de la madre de Isabelle.
Oscar comenzó a peinar con los dedos el cabello de Fersen de forma suave y repetitiva, tratando de tranquilizarlo, sus ojos se llenaron de lágrimas al ver algunas hebras plateadas intercaladas entre sus sedosos mechones color miel. La desesperación también lo había hecho encanecer de forma temprana. Después de un rato, al notar su respiración pesada sobre las piernas, se inclinó para mirar su rostro, se había dormido agotado por las lágrimas y el descontrol. Le habló en el oído. -Axel- tocó su hombro –Vamos a la cama.
Él se incorporó con dificultad y absolutamente carente de voluntad la siguió hacia donde lo guiaba. Oscar movió las mantas y con cuidado lo desvistió hasta dejarlo únicamente vestido con la camisa y calzas, hizo lo mismo con ella, con suavidad y en silencio lo empujó obligándolo a tumbarse entre las sábanas para recostarse a su lado. Fersen apoyó la cabeza en su pecho y se abrazó a ella.
Después de un rato, y una vez que comprobó que estaba profundamente dormido, la rubia se levantó tratando de no hacer ruido. Tomó las llaves que estaban encima de un aparador y salió de la habitación dejándolo encerrando.
Avanzó lo más rápido que pudo en dirección a su casa, faltaban pocas horas para que el sol se pusiera. Abrió la puerta y encontró a André esperándola, corrió a sus brazos y hundió su rostro en la curva de su cuello mientras él la estrechaba contra su pecho. Se quedó en silencio unos minutos disfrutando del calor de su cuerpo. Lentamente se separó de él y habló mirándolo a los ojos. -No puedo viajar hoy contigo.
-¿Qué?- André la miró sin poder creer lo que acababa de oír.
-Debes irte y seguir con todo lo que habíamos planificado- colocó una de sus manos en su rostro y lo acarició con cariño –No puedo dejarlo solo… en unos días me reuniré contigo y con nuestra hija.
-Oscar… no hagas esto- la miró lleno de dolor –Por favor, no lo hagas.
-No puedo abandonarlo ahora… entiéndeme por favor- le suplicó besando sus manos –André, por favor entiéndeme.
-No puedo dejarte aquí- se separó de ella –¿Cómo puedes pedirme algo así?
-Debes confiar en mi- tomó el sobre que aún estaba sobre una mesa y lo colocó entre las manos de él –Te prometo que firmaré esto una vez que nos reunamos en Arras… créeme por favor… ahí formaremos nuestra familia. Pero necesito quedarme aquí unos días… No puedo abandonar a Axel ahora.
-Te esperaré aquí… no viajaré sin ti- insistió André.
-Deben irse ahora- Oscar insistió –Hoy es el mejor día para que salgan de la ciudad, es más, que no viajen conmigo es más seguro para todos- tomó nuevamente sus manos –Llévate a nuestra hija y ponla a salvo, tienes que sacarla de aquí.
-Me estás arrancando el corazón- André la miró con los ojos llenos de lágrimas.
-Perdóname - apoyó la frente en su pecho –Perdóname por favor... te lo suplico- susurró –Tú me entiendes, sé que me entiendes.
-Oscar…
-Se lo debemos- lo interrumpió –Cuando le pediste ayuda Axel, no dudó en cuidarme y salvarme de morir o de volverme loca… - insistió.
-Pero ahora lo quieres…- André la miró a los ojos –¿Cómo me puedes pedir que te deje en brazos de alguien que puede arrebatarte de los míos?
-Cree en mi- lo miró suplicante –Arras está muy cerca de Bélgica, cuando Axel esté listo para regresar, me iré con él para asegurarme de que está a salvo y volveré a ti- lo besó con suavidad en los labios, André tomó su rostro entre sus manos y la besó con desesperación.
Se separaron lentamente para mirarse en silencio durante unos minutos, finalmente él asintió. -Te estaré esperando- el impresor besó su frente -¿Qué le diremos a Isabelle?
-Hablaré con ella… ¿Dónde está?
-En el jardín con Gabrielle.
Oscar se separó de él y fue en busca de su hija.
Después de hablar con la niña, que se rehusaba a entender razones, la ex comandante preparó un pequeño bolso de viaje para ella y subió a su hija al carruaje que la llevaría a Arras. Se alejó y afirmó las riendas de su caballo mientras veía como la pequeña berlina conducida por André se alejaba, rezó para que llegaran sanos y salvos a su destino. Ajustó su bolso de viaje a la montura y se dirigió de regreso a la posada.
Abrió la puerta despacio, respiró tranquila al ver que Fersen continuaba dormido. Entró en silencio a la habitación y acomodó sus cosas junto a las de él. Se sirvió una copa de vino y se sentó frente a la ventana a mirar el atardecer.
En cuanto anocheció, cubrió con una manta la ventana para protegerlos de los vidrios en caso de que lanzaran proyectiles y encendió un pequeño candelero, buscó entre las cosas de Fersen hasta que encontró plumas y esquelas. Comenzó a escribirle a Sofía, tenía que comunicarle que su hermano estaba bien. El ruido de disparos en la calle la alertó, miró la cama y vio a Fersen sentado con la mirada perdida. Se acercó a él.
-¿Quieres comer algo?- preguntó mientras se sentaba a su lado y tomaba una de sus manos, él negó con la cabeza. Le acercó un vaso con agua, él negó una vez más mientras nuevas lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. Después de unos minutos, se acostó nuevamente en silencio mientras ella lo cubría con las sábanas.
-o-
Hans Axel Von Fersen despertó completamente desorientado, abrió los ojos y vio la puerta de la habitación, no recordaba cómo había llegado ahí. Un aroma familiar lo hizo voltear. En cuanto giró en la cama, vio el rubio cabello de Oscar revuelto sobre la almohada, con delicadeza le quitó del rostro un suave mechón ondulado que cubría parte de su mejilla, ella abrió los ojos despacio. En cuanto se encontraron sus miradas sonrió.
-¿Ya amaneció?- la rubia se incorporó un poco.
-No lo sé- contestó Fersen desorientado.
Oscar se levantó de la cama y fue hasta la ventana, movió unos centímetros la manta que cubría los vidrios. –Aún no amanece- el ruido de la gente celebrando en la calle los había confundido haciéndoles creer que era de día, dejó caer la manta. Regresó junto a él.
-Están celebrando su muerte- murmuró el sueco con la mirada oscura y húmeda, sus fuertes hombros temblaron nuevamente.
-Ellos no la conocieron como nosotros, no saben lo que hacen- Oscar tomó una de sus manos tratando de consolarlo.
-¿Por qué no dejaste que me descubrieran durante su ejecución?- la mirada de Fersen estaba fija en las sábanas –No me importa morir.
-Estás hablando desde el dolor- apretó la mano que aun sostenía entre las suyas –Axel… No sabes lo que dices.
-Lo sé muy bien- la miró molesto y lleno de rabia –Dime… ¿Qué me detiene aquí?- al ver que Oscar lo miraba en silencio, la tomó de la barbilla con una de sus grandes manos –Ya ni siquiera te tengo a ti… ya no tengo nada… estaría mejor muerto.
-No digas eso- movió su rostro con suavidad para que la soltara –No vuelvas a repetir eso.
-Te liberé de mi- la miró con seriedad –Te liberé a ti y a Isabelle- ella se estremeció al percibir tanto dolor en su mirada –Ya no es mi hija- su voz sonó ronca. Una fuerte bofetada lo hizo volver la cara.
-No hables así- lo reprendió –No hay día en que ella no pregunte por ti- Fersen continuó con la cabeza abajo y en silencio –No te la he quitado ni lo haré… sólo te pedí tiempo para poder explicarle lo que pasa- él continuó en silencio y sin mirarla, Oscar tomó su rostro para mirarlo nuevamente a los ojos –Axel, tienes dos hijos que te necesitan… debes permanecer con vida y entero por ellos- vio como sus hermosos ojos grises se llenaban de lágrimas una vez más –¿Qué pasaría si cualquiera de ellos te necesita y tú no estás?- revolvió con cariño su cabello tratando de acomodarlo con las manos –Sabes que entiendo por lo que estás pasando… me viste pasar por lo mismo- apoyó su frente con la de él –Créeme… tienes razones para seguir viviendo.
Fersen se acercó en silencio a su boca y habló contra sus labios. –Apenas puedo respirar- la besó con suavidad.
-Lo sé- Oscar apoyó una mano en el pecho de él, justo sobre su corazón.
-Aún te amo- el sueco la besó nuevamente, ella respondió su beso.
-Lo sé- contestó la rubia mientras asentía con la cabeza.
-La asesinaron como a un animal…- él habló con la voz entrecortada.
-Lo sé…- susurró ella con pesar.
-No sé qué hacer… Oscar no sé qué hacer- Fersen cerró los ojos -Temo enloquecer de dolor.
-Ven… descansemos un poco- lo tomó de la mano guiándolo para que se acostara junto a ella. Se abrazaron, aferrándose uno al otro hasta que se durmieron nuevamente.
A la mañana siguiente, Oscar salió muy temprano en busca de una oficina postal. Quería enviar correspondencia a Sofia y comprar algunas cosas que necesitaría mientras se quedaba con Fersen. Una vez finalizado todo lo que debía hacer, emprendió el regreso a la posada. A medida que se internaba en el tumulto, levantó el cuello de su capa y ajustó su sombrero tratando de pasar desapercibida. La gente aún caminaba en las calles, la mayoría de ellos estaban borrachas o enfrascadas en algún acto delictual, era cerca del mediodía y las celebraciones por la ejecución de María Antonieta no cesaban. Entró al hostal y subió directo a la habitación. Apenas abrió la puerta vio sobre la mesa la bandeja con el desayuno tal como la había dejado.
-No has comido nada- colgó su capa en un perchero de la pared.
-No tengo hambre- contestó Fersen mientras miraba por la ventana.
-Tampoco te has bañado- miró la tina que había pedido preparar, estaba intacta.
-¿Dónde estabas?- el sueco dio media vuelta para mirarla –Es peligroso que estés sola en la calle, sé que te buscan- la miró molesto.
-Fui a dejar una carta para Sofía, quería avisarle que estabas bien- Oscar se quitó los guantes y lo miró desafiante –¿Cómo sabes que me buscan?
-Nunca ha dejado de preocuparme lo que te pase- Fersen se sirvió una copa de vino –Sabes que tengo los medios para estar al pendiente de ti y de Isabelle.
-¿No crees que es muy temprano para beber?- Oscar miró la copa que él sostenía en la mano.
-No cambies de tema- contestó molesto y bebió el contenido de la copa de golpe –No vuelvas a salir sola.
-No necesito de tus sermones, sé cómo cuidarme- Oscar dejó sobre la mesa los guantes que aún sostenía entre las manos.
-¿Cuando comenzarás a actuar con cuidado?... Acaso no te basta con que André haya tenido que pagar con cárcel el protegerte- Fersen se sirvió otra copa.
-No te atrevas a hablar de él…- Oscar se acercó desafiante –Tampoco te atrevas a insinuar que no me importa su seguridad.
-¡¿Por qué sigues arriesgándote?!- la tomó con fuerza de un brazo mientras dejaba la copa servida sobre la mesa –¡No entiendes que no soportaría perderte a ti también!- la acercó hacia su cuerpo con brusquedad.
-¡Axel, suéltame!- trató de zafarse –¡Me estás lastimando!
-¡Estoy cansado de temer por tu seguridad! ¡¿Cuándo dejarás de ser tan temeraria y obstinada?!- su mirada estaba cargada de rabia.
-¿Por qué estamos discutiendo?- Oscar puso la mano que tenía libre sobre la mano que continuaba afirmando su brazo –Axel… suéltame- insistió.
-Lo siento- el alto hombre dejó caer la mano y se sentó pesadamente en una silla. Tomó nuevamente la copa de vino que había dejado y la bebió en silencio.
Oscar se acercó y le quitó la copa de la mano. Puso frente a él un plato con buñuelos y tomando una tetera de loza le sirvió té. –Come por favor… estás muy delgado.
-No puedo comer- murmuró Fersen mirando la comida –Simplemente, no puedo hacerlo- se lamentó.
Ella acercó una silla y se sentó a su lado. –Me quedaré contigo hasta que estés en condiciones de viajar- tomó sus manos –Debes tratar de recuperarte y volver a ser el de siempre.
-Jamás seré el mismo de antes- la mirada del conde estaba húmeda –Tú mejor que nadie me puedes entender.
-Lo sé… pero debes intentarlo- Oscar insistió.
-Isabelle… ¿Cómo está?- sus ojos grises brillaron por un momento al nombrar a la niña.
-Está bien…- la rubia sonrió con dulzura –Pronto cumplirá cuatro años… ha crecido mucho.
-¿Recuerdas que viajaríamos a América cuando ella cumpliera cuatro años?- preguntó Fersen con tristeza.
-Sí… lo recuerdo- Oscar bajó la vista apesadumbrada.
-¿Me dejarás volver a verla?
-Ella viajó a Arras junto a André… viviremos ahí, estaremos muy cerca de ti- levantó una mano y acarició su apuesto rostro –Pasaremos a verla cuando regreses a Bélgica… lo prometo- le alegró ver que los hermosos ojos grises de Fersen se iluminaban –Isabelle te extraña mucho, pregunta constantemente por ti.
-Mi pequeña... ¿Ya aceptó a André?
-No totalmente- Oscar movió la cabeza con pesar –Ha sido un proceso lento y difícil- suspiró cansada –Es mi culpa… no he sabido enfrentar toda la situación, he estado confundida durante tanto tiempo que no he podido hablarle de él como su padre… durante mucho no supe que hacer, de cierta forma aún me siento tu esposa- terminó de hablar en apenas un susurro y levantó la vista.
-¿Firmaste los documentos que dejé en la imprenta?
-No… no tuve tiempo de hacerlo, en cuanto supe que estabas en París corrí a buscarte- sus ojos se humedecieron –Sentí terror de que te ocurriera algo.
-¿Los firmarás?- Fersen levantó con uno de los dedos su mentón para que lo mirara a los ojos. Ella asintió con la cabeza mientras pesadas lágrimas escapaban de sus ojos. -¿Aún me amas?- preguntó esperanzado.
-Creo que nunca dejaré de hacerlo... ¿Cómo podría olvidar todo lo que pasamos?- Oscar levantó su mano y acarició la mejilla de su aún marido.
-Pero tu amor por André es más grande que el que sientes por mí…- dijo Fersen con pesar.
-Es diferente…- tomó una de las grandes y bien cuidadas manos del conde sueco para colocarla sobre una de sus mejillas, cerró los ojos por un momento para sentir su tacto tan familiar. Después de unos segundos continuó hablando –Tú y yo podemos vivir el uno sin el otro aunque nos amemos, tú puedes vivir sin mí, ya lo has hecho… en cambio con André no podemos vivir separados, simplemente no podemos, es algo que no sé cómo explicar, me duele vivir sin él…
-Aún eres mi esposa- Fersen se acercó a ella y la besó suavemente.
-Aún lo soy…- contestó ella contra sus labios.
-Te necesito- la levantó hábilmente de la silla y tomándola entre sus brazos la llevó a la cama con un rápido movimiento.
El conde, que conocía el cuerpo de la mujer que estaba con él de memoria y sabía perfectamente cómo hacerla responder sin reservas, se recostó sobre ella y apretó con sus manos sus caderas para presionarlas contra las de él mientras la besaba en el cuello, cuando la escuchó jadear, la hizo girar para dejarla sentada sobre su regazo y enredó las manos en su cabello. -Comparte mi cama- le susurró al oído. Antes de que ella contestara aprisionó suavemente los pequeños pechos de la ex militar acariciándola con ardor.
-Axel...- susurró ella mientras se afirmaba de sus hombros y comenzaba a moverse instintivamente sobre él. Dejó escapar un gemido de placer cuando él la apretó nuevamente contra sus caderas, obligándola a sentir como la deseaba. Lo besó con desesperación. Se separó unos instantes de él para tomar aire –Te aprovechas de que no tengo voluntad en tus brazos- dijo con la respiración entrecortada.
Fersen la hizo rodar nuevamente sobre la cama, se levantó para quitarse la camisa, de un solo tirón abrió la fina blusa de ella para hundir el rostro en su escote. Oscar lo tiró del pelo para acercarlo a su rostro, lo besó con pasión y entrega. Él se apartó de ella unos segundos para desatar los pantalones de ambos. Detuvo sus avances cuando vio que ella dejaba caer las manos sobre la cama y se alejaba de él.
Se separaron lentamente y sin palabras.
Axel se recostó a su lado y miró el techo de la habitación en silencio, en cuanto recobró el ritmo de su respiración habló.
-Te entiendo, no es necesario que me lo digas... Si continuamos, después te arrepentirás…- rodó sobre un costado y apoyándose en uno de sus brazos la miró –No puedes negarte a mis caricias… pero después te arrepentirás tanto que terminarás odiándome.- Oscar asintió mientras miraba el techo de la habitación. Fersen se acostó nuevamente sobre la espalda y permaneció en silencio.
-Axel lo lamento…- ella habló después de un rato -No debimos haber hecho esto aunque lo deseáramos- unió con cuidado su blusa desgarrada.
-Ya no es lo mismo para ti- contestó el sueco en apenas un murmullo y con los ojos cerrados.
-Así es… a pesar de que sigo temblando en tus brazos, ya no es lo mismo... Quiero casarme con André- Oscar se abrochó los pantalones y levantándose de la cama buscó una blusa para cambiarse.
Fersen cerró lo ojos y se concentró en respirar, sentía que le faltaba el aire.
Con el pasar de los días, el estado de catatonia de Fersen fue mutando. Primero, a una rabia que dejaba salir en explosiones de violencia que desfogaba contra el mobiliario de la habitación y que luego terminaban en ataques de tristeza que lo hacían llorar calladamente abrazado a la que aún era su esposa. Después de la primera semana, los llantos y violencia desparecieron, dando paso a pesadillas nocturnas que lo hacían despertar alterado y totalmente desorientado, momentos en los cuales Oscar debía actuar con cautela para que no la desconociera y descargara en ella sus traumas. En la tercera semana, durante en el día Fersen comenzó a alimentarse con mayor normalidad y a mantener algunas partidas de ajedrez con su esposa mientras que en las noches las pesadillas continuaron, aunque sin la violencia inusitada de las semanas anteriores.
Una noche de la cuarta semana, Oscar despertó asustada al sentir un fuerte movimiento en la cama. Se enderezó rápido al ver que Fersen estaba sentado en el lecho, su frente estaba mojada por el sudor y respiraba con dificultad. Apoyó despacio una de sus manos en la espalda de él para no alterarlo.
-Tranquilo...- se acercó con cuidado -Sólo fue una pesadilla…- susurró en su oído mientras lo abrazaba. Él asintió en silencio y se acostó nuevamente junto a ella cuando su respiración volvió a la normalidad.
-Oscar...- susurró el sueco.
-¿Si?- contestó adormilada.
-Creo que es hora de que regrese a Bélgica- la abrazó y hundió la nariz en su cabello.
-¿Estás seguro?
-Han pasado mas de tres semanas- acarició con una mano su rostro y la besó en la frente -Las pesadillas no desaparecerán y el dolor tampoco… pero si sigo contigo no podré dejarte ir. Si seguimos juntos, anularé los documentos que dejé en la imprenta y lucharé porque tú e Isabelle vuelvan conmigo.
-Si te sientes preparado en la mañana podemos viajar…- Oscar se separó de él y se apoyó sobre un brazo para mirarlo en la oscuridad. Lo conocía, sabía que todo lo que había dicho no ocurriría jamás, que no era más que una maniobra para indicarle que estaba listo para darse fuerzas y tratar de continuar con su vida.
-Es lo mejor…- Fersen sonrió al mirarla -Ademas...- suspiró fuerte -Esto de estar durmiendo juntos como si fuéramos hermanos no va conmigo- sonrió con melancolía -Te respeto, pero no soy un monje… ya no puedo garantizarte mantener las manos quietas- guiñó un ojo y sus labios formaron una sonrisa torcida.
Oscar asintió sonriendo al ver como él realizaba el gesto pícaro que había visto tantas veces -En unas horas nos iremos- se acercó y acurrucándose en el pecho de Fersen lo obligó a dormir nuevamente. Esa misma madrugada salieron de París. Cabalgaron deteniéndose a descansar sólo cuando las monturas lo necesitaban y siempre pendientes de no llamar la atención ni exponerse.
En Arras evitaron pasar por el centro de la localidad y fueron directamente a la finca de su familia paterna. Detuvieron los caballos en la cima de una pequeña colina. Oscar levantó la mano para protegerse los ojos del fuerte viento que comenzaba a esa hora de la tarde, sonrió al ver a André a lo lejos. El hombre estaba transportando leña recién cortada al cobertizo de la casona.
-Llegamos- volteó a mirar a Fersen. Su esposo hizo un gesto de asentimiento.
Ambos desmontaron y, sujetando las riendas de sus caballos, comenzaron a descender por el sendero.
1) La Plaza de la Concordia fue construida entre 1757 y 1779 bajo el nombre de Plaza de Luis XV. En el centro se encontraba una estatua ecuestre del rey para celebrar su mejora después de una grave enfermedad. En 1792 la estatua es derribada y fundida y la plaza es rebautizada como la "Plaza de la Revolución". Durante la Revolución Francesa se convirtió en un sangriento escenario debido a la instalación de la guillotina en la que fueron ejecutadas más de 1.200 personas. Algunos de los personajes más destacados entre los decapitados fueron Maria Antonieta, Luis XVI o Robespierre. Con el final del régimen del terror, en 1795 la plaza fue rebautizada definitivamente como Plaza de la Concordia.
Espero les guste el capítulo, se acerca el final así que denme animo con un Review donde me cuenten que es lo que más les ha gustado y que esperan que suceda (no sólo con los personajes principales).
Y bueno, si no les gusta, es su opción XD.
Nuevamente sumo una explicación ya que al parecer no queda claro lo que pasó aquí.
No pueden decir que sólo Fersen es quien desistió y que Oscar es la doncella que no sabe que hacer, no todo es verbal, Oscar fue la primera en desistir y él entendió (me impresiona que la gente que lee con molestia no se fije en los detalles). La de ellos es una relación de adultos, no son chiquillos.
Repito lo que he dicho en otras oportunidades, me cargan la Mary Sue, me gustan los personajes reales, los personajes que llegan al límite por temas emocionales o cuando sienten que no todo lo pueden controlar. Si esto no coincide con la idea que ustedes tienen del personaje, es otro tema, pero este es mi fic y quise plasmarlo así porque a mis ojos la historia continúa siendo coherente. No estoy de acuerdo en hacer algo que sea lo políticamente correcto, me gusta el drama y el sufrimiento XD.
Saludos a todas y una vez más GRACIAS POR LEER!
