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Aquella tarde Candy no dejo de mirar a través del cristal de la ventana presintiendo que tal vez era esa la última vez que le veía.
Miro y miro por la ventana sin expresión alguna analizando lo que había ocurrido puesto que era bastante ridículo el hecho de que Terry se marchara sin más, su visita había sido agradable como siempre y habían conversado igual que siempre.
Pero… ¿Por qué había sentido que él se estaba despidiendo?
Esa última mirada que le dio, no, eso no podía ser.
Ellos eran amigos y los amigos no hacían eso, si el se fuera ella no sabría que hacer, Terry era su mejor amigo y su confidente, era irónico que el diabólico duque de Grandchester podía hacer de su párroco personal y a la vez de su pretendiente más apuesto e insistente, mientras que al mismo tiempo interpretaba muy bien al mejor amigo que jamás había tenido.
¿Entonces porque habría de irse?
De pronto sintió un nudo en la garganta sabiendo que su relación amistosa no detendría a Terry si deseara marcharse, no cuando ella seguía estando tan rota por dentro como el primer día que había ingresado al Saint Marie, las sonrisas y todo lo demás eran pasajeros , pero el dolor siempre seguiría ahí.
Después de todo él era el duque de Grandchester y como tal su vida implicaba más cosas que atender a las invitaciones de una insignificante joven que había huido de su familia.
Y sabía que por más que quisiera olvidar jamás podría y le avergonzaba tanto que a la única persona que había podido contarle la verdad completa era a él.
Se había jurado así misma que una vez llegara a Nueva york, ni una sola palabra de su pasado saldría de sus labios.
Claro que eso había sido antes de darse cuenta que aquello no iba a poder ser posible; tenía que hacerlo, se lo debía a él y a ella misma.
Y así cuando anocheció y todos los inquilinos de la casa de huéspedes se metían en sus habitaciones para descansar, Candy también subió a la suya y solo entonces empezó a llorar.
Comprendiendo que ya no era una muchachita ni mucho menos, aunque aún tenía edad para casarse, ya era demasiado tarde para ella.
Había vivido demasiado rápido que ahora todo eso carecía de sentido, las ilusiones que una mujer se podía hacer de su vida: el formar una familia de la cual cuidar y un hombre que la amase eran ideas demasiado absurdas y contradictorias.
¿Quién podría amarla a ella?
Y sabiendo la respuesta la embargo una enorme pena, si tan solo no hubiera sido esa chica atolondrada…
Jamás podría aceptar el amor de Terry sabiendo que era una mujer manchada por la deshonra.
La joven se recargo apesadumbrada sobre la puerta de su habitación, no hace mucho había leído sobre la muerte de tía Elroy en los periódicos, que aunque no tenían ningún lazo sanguíneo y la mujer había hecho todo por deshacerse de ella, no dejaba de causarle tristeza.
Era apenas una chiquilla cuando ella y Anthony habían sido encomendados a los cuidados de tía Elroy, tal vez era eso lo que le debía y por eso era el sentimiento.
Sin molestarse en encender las lámparas contemplo el espacio en plena oscuridad, ahí estaba ella pensando en la madre que jamás había conocido y en su madre que la había adoptado muriendo demasiado joven, después estaba su padre que se había ahogado mientras navegaba y del que jamás pudo despedirse y ahora tía Elroy que a comparación de todos los demás esta última tal vez ni siquiera debería estar en sus pensamientos.
Sus únicos familiares vivos aunque fuera en papel eran Anthony y Albert.
Lamentaba lo que había pasado con este último y sabía que jamás podría mirarle a la cara después de lo que había pasado una noche antes de que él se marchara o peor aún después de que lo había hecho.
Mirarlo sería como recordar y eso era algo que no quería hacer.
En cambio Terry la hacía olvidar, a pesar de formar parte de un pasado que ella se había encargado de enterrar, el parecía inmune a todo ello , solo el la hacía sentir viva de nuevo..
Lo que sucedía entre ella y Terry era una relación discreta sin nombre que de pavonearse juntos por todos los salones de la clase alta de Nueva york no hubiera podido seguir inadvertida.
Ellos se ahorraban las dolorosas dudas, vacilaciones y compromisos públicos, pero no las audaces insinuaciones y aquella amistad tan íntima que era difícil de encontrar.
Tal vez mañana que le viera sabría que era aquello…
-la quieres, ¿no es cierto?- pregunto Eleanor Baker en un tono que casi afirmaba la pregunta.
Terry sonrió con tristeza – no tiene ningún sentido que responda ahora.
-oh Terry…-dijo ella con pena- ¿Por qué no te despides de ella por lo menos?
-creo que es mejor así- el hombre saco un cigarrillo de su pitillera y lo encendió- las despedidas son demasiado románticas y solo somos simples amigos.
-pero tal vez si…
-no, ¿sabes que es lo peor?
Eleanor no pregunto pero el igualmente respondió –que no me hubiese importado que no me quisiera….. Podía haberla convencido de no ser porque está ligada a Albert…
La mujer miro el dolor en sus ojos y asintió, ya no le pediría más que se quedara pues entendió que tal vez así era mejor, aunque era una lástima, le había agradado esa joven Candy White cuando la conoció, incluso había pensado que tal vez ella era la mujer para Terry.
Se había equivocado.
-¿Cuándo te marchas?
-pasado mañana.
-de acuerdo….- suspiro Eleanor -le diré a Karen que me acompañe a despedirte, aunque no entiendo porque Inglaterra, no hay nada que nos una ahí, solo los negocios de tu padre y esos pueden ser manejados desde América.
-sabes que debo ir a Inglaterra.
-sí, Lo sé.- la mujer le miro con una leve sonrisa-¿sabes? Hace mucho que no visito Inglaterra, la última vez que estuve ahí solo fue porque tenía un contrato con la compañía teatral, tal vez cuando la guerra termine...
-tú lo has dicho Eleanor, ahí no hay nada más que los negocios de mi padre.
Eleanor asintió compungida- da igual, tal vez te visite pronto.
Terry le sonrió a la hermosa mujer que todos creían que no era más que una amiga cercana de la que estaba enamorado, pero solo los más íntimos amigos sabían que en realidad era su madre.
-creo que si tú y Robert estuvieran juntos, él no te dejaría pensar en visitarme.-bromeo él
Eleanor sonrió y abrazo a su hijo- ¡eres imposible!
Querido amigo
Te podrá parecer la carta más extraña que hayas leído, pues el motivo es una invitación sin anfitrión , quisiera que vinieras a Nueva York porque supongo que si lo haces encontraras a alguien que has buscado por mucho tiempo, yo por mi parte tengo que marcharme a Inglaterra a resolver algunos asuntos que he postergado por la misma razón que ahora te pido que vengas.
Y no, no fue la ciudad la que me mantuvo por tanto tiempo ahí, sabes bien que no acostumbro quedarme en un lugar como si fuera a echar raíces, pero supongo que esta vez mis intenciones eran precisamente esas y es irónico que la única persona que me ha inspirado semejantes sentimientos sea la única que no debería.
Pero creo que es justo que sepas la verdad, la razón por la que no me marche de Nueva York fue porque la encontré a ella; volví a ver a Candy en una fiesta de año nuevo, aunque resulta sorprendente así fue, al principio me extraño un poco que estuviera lejos de los Andley pero Candy y yo ya nos habíamos conocido antes y si algo conocía de ella era su espíritu aventurero.
Solo que la Candy que encontré no se comportaba como la que yo había conocido, la que yo había encontrado se escondía en los rincones mas aburridos y solitarios, parecía ella pero más hermosa, menos impulsiva, sin risa y algo recelosa de su pasado.
Entonces supe que no podía dejarla escapar, averiguar donde vivía y que hacia no fue muy difícil aunque si lo fue el acercarme a ella, actuaba a la defensiva y decía llamarse Candy White.
Pero todo eso solo era un disfraz y pronto ella me lo hizo ver, aunque nunca hubo preguntas y fui un mal amigo pues trate de conquistarla incontables veces e incontables veces ella me rechazo con la más gentil de sus sonrisas.
Aun así es una dama, ella vive en una casa de huéspedes y por las tardes trabaja como institutriz, su casera la quiere y también los inquilinos, no hay nadie que se resista al encanto de Candy White o como quiera llamarse y aunque nunca fuimos desconocidos nuestra relación ahora se ha convertido en una amistad que no esperaba.
Jamás te hable de ella pues después de enterarme de su parentesco trate de olvidarme de la señorita Andley pero cuando me di cuenta que era en vano trate de olvidar que era la sobrina de mi mejor amigo.
A veces solía tener esa mirada triste que siempre se esforzaba en esconder y la misma que tu tenías cuando estábamos en Londres, sus ojos eran de los más tristes que he visto en mi vida, al principio creí que extrañaba a los Andley pero sus motivos eran muy diferentes y una vez que los supe comprendí todo.
Ahora ya nada importa, al menos ahora que ella me ha contado todo, lamento que esta carta llegue a ti algo tarde.
Espero algún día puedas perdonar mi egoísmo
Atte. Terruce G. Grandchester
p.d justo al reverso te he escrito su dirección.
Albert tomo su sombrero de copa y la pequeña mano de Benny entre la suya mientras sus valijas eran llevadas por uno de los mozos hacia su vagón en el tren, Benjamin soltó su mano y corrió emocionado a sentarse en el asiento mientras a través de la ventana del exclusivo vagón de los Andley la señora Mackenna les decía adiós a ambos y el pequeño rubio le regresaba el saludo, después que el tren se pusiera en marcha William Albert Andley tomo asiento junto a su hijo y decidió mostrarle al pequeño aquella foto que había guardado por tanto tiempo.
Gracias a todas las chicas por seguir la historia, por ahí vi que muchas se suscriben a la historia o tal vez son notificaciones virus que me llegan a la bandeja, ni idea, igual gracias, por favor sean más esplendidas y déjenme un review yo se los agradeceré con otro capítulo.
Cuídense todas.
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