Despertar y ver en la bandeja nueve notificaciones de reviews en la historia, es el equivalente a encontrar Shangri-La y El Dorado al mismo tiempo. Muchas gracias por el tiempo y la dedicación, Merinare. En un par de días voy a hcer lo mismo con tus historias, que ya me había leído un par anteriormente, pero ahora le voy a dedicar un tiempito más largo.
Ok, aclaraciones con este capítulo: originalmente iba a ser otro shot, pero decidí meterlo como capítulo. Además, viendo que el anterior fue muy extenso (6 mil palabras es pesado, y quise abarcar demasiado), corté la parte de la visita y lo puse al final de este. Creo que eso aligera la lectura del capítulo anterior y enriquece este.
Como sea, disfruten, notifíquenme los errores que surjan (esta vez tuve me dio flojera y solo quise darle una revisión) y bye.
CAPÍTULO 30. La Entrevista.
- Muchas gracias por concederme esta entrevista, doctor Walsh. Será de gran utilidad para aclarar muchos puntos en la historia que estoy tratando de armar.
Habían sido dos días de aburrida espera que por fin rendían sus frutos. Alexa terminaba de hacer las rápidas preparaciones que su equipo portátil le permitía realizar para no perder ni un segundo de cualquier noticia substanciosa o emocionante que conmoviera a sus lectores. Sin embargo, en esta ocasión la historia era menos osada, pero más profunda. En unos segundos más, haría un viaje introspectivo, excavando en las memorias de una persona agotada y dolida por la pérdida de otro miembro que había considerado de su familia. La sutileza y empatía eran sus herramientas en un momento de luto donde el viejo científico se resignaba a dejar que lo sometiera.
- Todo con tal de ayudar y terminar esta locura que sólo lastima este viejo corazón… – Respondió con una voz grave que expresaba su lucha interna contra la consternación y dificultad ante la serie de preguntas que estaban a punto de comenzar – Lo siento mucho, es sólo que…
- Descuide, doctor – Respondió Alexa con empatía, colocando su mano sobre la del científico – Comprendo que esto es muy difícil de sobrellevar.
El doctor Walsh respiró hondo e irguió si espalda, exigiendo a su cuerpo conservar una postura digna y recta para vencer la aflicción. El científico de cabello canoso y enmarañado, cuyos ojos hundidos y oscuros por la innumerable cantidad de horas sumergidos en textos y muestras en distintos aumentos del microscopio, estaba a punto de hablar cuando, de pronto, una mujer interrumpió el momento.
- Doctor Walsh, yo… – Dijo la mujer antes de detenerse y darse cuenta del momento poco oportuno en que había llegado – Oh, lo siento. No creí que estuviese ocupado.
- Está bien, linda – Dijo el doctor con un tono más afable y una sonrisa despreocupante – ¿Estás mejor?
La joven mujer de tez morena y largo cabello castaño atado con una sencilla cinta, miró cabizbaja mientras se mordía el labio – No puedo… no podemos permitir que esto nos domine por siempre, ¿no es así? – Aseguró con una ligera sonrisa y un par de lágrimas que comenzaban a asomarse en sus ojos, antes de que usara la manga de su bata blanca para removerlos – Sólo quise ver cómo estaba. Con permiso.
La mujer agachó rápidamente la cabeza hacia Alexa, y se retiró sin decir nada más. El sonido de sus tacones golpeando el piso de mármol haciéndose cada vez menos ruidosos hasta desaparecer por completo.
- La Doctora Elizabeth, jefa de departamento de morfología humana. La persona del Instituto más cercana a Phillip después de mí, y la primera en descubrir su talento innato cuando era tan sólo un niño – Dijo con pesar en su voz – Era como su hermano menor.
Alexa se encogió de hombros ante el desgarrador panorama del que no se esperaba encontrar, pero recuperando rápidamente el control de sus facciones como alguien de su experiencia debía poseer en el cumplimiento de su deber. Si bien por sus investigaciones previas, los investigadores del instituto IRD se caracterizaban por los estrechos lazos de amistad que formaban con sus colegas, en el caso particular del fallecido Phillip de Valois, este había creado verdaderos lazos familiares con aquellos con los que trabajaba. Algo razonable, teniendo en cuenta que su propia madre había cometido tan repugnante crimen.
- Doctor… si cree que…
- Usted debe cumplir con su labor como reportera, y yo debo cumplir con la mía como protector de la memoria de mis hijos – Dijo por primera vez con convicción y frunciendo el entrecejo – Es lo menos que le debo a Phillip, y que ahora no está por culpa de ella – Pero la mirada desafiante desapareció tan rápido como la memoria de todo lo que había conllevado a tal fatídico desenlace, y que se apoderaba de su mente – Es trágico… jamás lo hubiese pensado de Adelie, ¿sabe? Ella… ella era tan diferente cuando su familia frecuentaba este recinto.
Alexa sonrió. Muchas veces, las preguntas podían ser pequeños pinchazos en el corazón y mente que provocaban un dolor agudo mientras se desangraban con el pesar de los recuerdos. En muy pocos casos como este, lo mejor era dejar hablar al doliente y que él construyera la historia sin hacer más que las preguntas necesarias como guía para obtener la información más importante.
- Se conocieron en el concierto para conmemorar el centenario del instituto. Fue, como dicen, amor a primera vista – Rio un poco mientras recordaba aquel primer encuentro entre dos espíritus que podían aprender uno del otro por medio del afecto y cariño – En pocos meses habían decidido unir sus vidas, y en los ocho años que siguieron, Francois irradiaba una felicidad como nunca antes. Adelie era simplemente encantadora, y siempre buscábamos excusas para que pasara más tiempo entre nosotros. Ella interpretaba las más dulces partituras a la hora del almuerzo, robándose la atención de todos los presentes. De hecho, ella inauguró el grupo de coro que ha participado en encuentros internacionales, pero ahora…
La sonrisa del doctor Welsh se desvaneció ligeramente. El único recuerdo grato que les quedaba de Adelie y que se destinaba a la perpetuidad en la historia del Instituto, había sido destruido con el espantoso crimen que había cometido, junto con gran parte de la edificación que aún estaba en ruinas, a pesar de los esfuerzos de la guardia civil para remover los escombros.
- Muchos de nosotros no podíamos evitar sentir envidia por François y su bella y joven esposa, pero lo que más nos cautivaba era la sabiduría tan poco común en alguien de su edad – Su rostro volvió a iluminarse mientras cerraba los ojos y recordaba el primer momento en que había conocido a aquel pequeño poco después de haber nacido – Y cuando Phillip nació, fue un momento de júbilo que todos nosotros celebramos.
Alaexa compartió el recuerdo con una sonrisa más afectuosa, conmoviéndose por el afecto y cariño que esta persona dirigía hacia una familia con la que no compartía lazos de sangre, pero que los consideraba tan importantes y valiosos para él.
- François fue como mi hijo – Dijo con un tono más grave y entrecortado – Nunca había tenido un estudiante tan brillante y dedicado al progreso de la sociedad como él... hasta que Phillip llegó y demostró tener su mismo carácter y pasión por el conocimiento. Juré por mi vida que lo ayudaría a convertirse en un hombre del que su padre se sentiría orgulloso, pero… pero… – El llanto venció la postura del afligido anciano, quien fue reconfortado rápidamente por la reportera con un ligero frote en su hombro – Falté a mi palabra y deshonré la memoria de alguien a quien veía como un hijo…
Alexa dejó que el doctor desahogara su pesar. Trató de apagar su grabadora que usaba en la cabeza, pero tan pronto como su mano estaba a punto de tocar el botón, el anciano recuperó su compostura y le pidió que prosiguiera con la entrevista, pues necesitaba desahogar su duelo proporcionando toda la ayuda que pudiera para llevar justicia hacia su pupilo.
Alexa asintió – ¿Puede explicarnos cómo fue que sucedió todo esto?
- Honestamente, querida… no lo sé. Jamás me dieron alguna explicación, y tuve que limitarme a suposiciones e hipótesis que sinceramente sólo me lastimaban con sólo pensarlo – Tragó saliva, intentando desatar el nudo que constreñía su garganta – En el verano de hace diez años, la familia entera dejó de venir aquí. François se sumió en la depresión, rehusándose a hablar con alguien, y Adelie no volvió a atender nuestras llamadas – Hizo otra pausa – Intenté contactarla muchas veces en todos estos años para saber qué había ocurrido, pero incluso Phillip me pidió que desistiera…
Había llegado el momento de hacer la pregunta más difícil de toda la entrevista. Una que, a pesar de no saber todos los detalles y las causas que pudieron haber provocado un suceso tan lamentable, aun se le hacía tan difícil de creer desde la primera vez que lo había leído. Sólo esperaba que el doctor Welsh no sucumbiera con el recuerdo de aquel miserable día donde la peor noticia de toda su existencia, lo había hecho una persona más triste y resentida con la vida.
- Doctor… ¿Usted cree en los informes oficiales de lo que sucedió con François?
- Soy un hombre de ciencia, señorita Alexa – Aseguró Welsh con dignidad y firmeza – Lo que yo crea, no influye en lo que ha sido recopilado y analizado de forma empírica… – Desvió la mirada, como si esa aceptación de la cruel realidad aun lastimara su corazón – pero que François se haya quitado la vida así no es… no es digno de alguien dedicado a mejorar la vida de los demás.
- ¿Qué pasó con Phillip?
- Fue llevado a Kanto por su tutora legal: la ex reina de Kalos, Palermo. Un año después de varios intentos por pedirle que nos dejaran verlo y que él prosiguiera con sus estudios en el instituto, ella accedió. Pero el niño risueño y lleno de luz que iluminaba estos pabellones con su sonrisa había desaparecido. Hablaba muy poco y se volvió más serio, dedicándose exclusivamente a su formación académica. Muchas veces lo descubrimos a altas horas de la noche trabajando sin cesar, como si buscara desesperadamente la cura de una enfermedad mortal. Tuvimos que intervenir para que no sucumbiera ante el cansancio – Se detuvo para buscar una foto en el cajón de su escritorio que mostró a Alexa – Afortunadamente, cambió esa actitud y recuperó un poco del carisma que había encantado a tantos cuando era un niño.
Alexa tomó la fotografía y, no obstante de la tensión y pesar que se respiraba en la pequeña oficina, no pudo evitar ruborizarse ante la ternura que mostraba la memoria de aquel festival de Gourgeist celebrado en el instituto. Si bien los disfraces de Pokémon que usaban los asistentes mayores eran bastante creativos, el pequeño Phillip de apenas uno o dos años se robaba la escena con el atuendo de Larvitar más encantador que jamás hubiese visto jamás. Y por la forma en que varias chicas - probablemente pasantes en el instituto - se amontonaban alrededor del pequeño Larvitar con su expresión empalagosa de ternura, no era la única que pensaba lo mismo.
Pero era momento de regresar al mundo real.
- ¿Trabajaba en algo importante? – Preguntó.
- El futuro de la medicina – Dijo con orgullo, mirando hacia uno de los carteles que había presentado sobre sus primeros trabajos y que habían llevado a Phillip ser una eminencia en su campo de investigación a una edad tan joven – Su trabajo en restauración de tejidos por medio de ensambladores moleculares, promete una nueva esperanza para millones de personas y Pokémon. Y juro por su memoria que continuaré con esa labor hasta su desenlace.
- Anteriormente dijo que Adelie había cortado cualquier contacto con usted. ¿En algún momento creyó que esta discreción ocultaba un secreto más oscuro?
El doctor Welsh se incorporó en su asiento después de varios minutos encorvado. Lo que estaba a punto de decir desafiaba todo lo que ahora pensaba de esa mujer, pero sus principios se anteponían al rencor que sentía por Adelie.
- Sin importar los repugnantes hechos que suscitaron aquí, hay algo que jamás podremos refutar: Adelie salvó a Francois con su amor cuando él estaba al borde del colapso.
A Alexa le extrañó ese último comentario. Por un momento, parecía que trataba de darle un poco de crédito a una asesina. Arqueó su ceja y se animó a preguntar – ¿Podría aclarar un poco más esa afirmación, doctor?
Welsh mojó sus labios y dio otro suspiro antes de responder – Antes de conocer a Adelie, Francois había conocido a otra persona a la que le había dado su corazón. Años de relación aparentemente dichosa terminaron de forma abrupta cuando ella lo abandonó sin decir nada más. Eso lo quebró y dejó en la penumbra hasta que Adelie lo rescató… Lo más curioso es que cuando él buscó a esta mujer, resultó que ella no existía.
- ¿Perdón? – Preguntó Alexa, confundida con lo que acababa de escuchar –
- Quiero decir que esta persona no era quien decía ser. Su identidad era falsa, por lo que dedujimos que sólo iba tras la pequeña fortuna de los Valois. Pero descartamos esta idea cuando confirmamos que ella no se había llevado nada de valor monetario, como es usual en este tipo de personas oportunistas – Aseguró. Ahora su tono melancólico había sido reemplazado por una intriga más vieja que nunca había logrado resolver – Parecía que buscaba algo más… y al parecer lo había conseguido.
- ¿Y… qué era esto, doctor Welsh?
El anciano cerró los ojos, tratando de dilucidar la forma en que podía revelar esta información sin hacer más daño a la imagen y reputación de una familia azotada por la tragedia. De haber sido cualquier otra persona, ni siquiera se había atrevido a pensarlo, prefiriendo que ese hecho quedara mejor en el olvido. Pero Alexa se había mostrado tan empática y gentil con su historia, que la veía como alguien en quien depositar su confianza.
Pero había que hacer un trato más serio para revelarlo.
- Tiene que jurarme que lo que diga aquí, no será usado para escrutinio público. Ni mucho menos para armar un espectáculo que deshonre todavía más la memoria de las personas a las que amo.
Alexa tomó la mano izquierda de su entrevistado y se llevó la otra a su pecho, en señal del juramento de confianza que estaba a punto de serle confiada – Doctor, usted tiene mi palabra que esta información será usada con el único fin de llevar a la justicia a los responsables de la muerte de sus más queridos estudiantes – Dijo con seguridad y franqueza – Puede confiar en mí.
El doctor Welsh asintió. Estaba listo – Haber sido abandonado por esa mujer, no fue lo único que había arrebatado la cordura de François hasta que conociera a Adelie – Afirmó con un tono más bajo, como si se tomara una medida de seguridad adicional – Las cosas habrían sido completamente diferentes si ella no se hubiese llevado lo que François más quería, y que jamás pudo conocer.
Alexa no podía contener la emoción. Era en esos breves momentos cuando la profesionalidad se iba por el drenaje, dominada por una sensación indomable ante el descubrimiento de un sentimiento tan íntimo que prometía toda una serie de nuevas preguntas y búsquedas para llegar a la verdad.
Un hábito que su madre, Jessica Paquet, le había inculcado desde niña.
- ¿Y qué era eso, doctor? – Preguntó con el mismo tono bajo y discreto.
El doctor Welsh tragó saliva
- Su hija.
. . . .
Serena esperó hasta calmarse un poco y poder limpiar las lágrimas en el lavabo para evitar levantar sospechas entre el resto de sus amigos. Aun así, ninguno había logrado conciliar el sueño, pues con sus mentes tan despiertas y estimuladas con tanta información, hasta el acto de cerrar los ojos les era imposible. Esta actitud duró hasta el día siguiente cuando tomaron el desayuno y que, para su suerte, todos habían tomado en horas diferentes.
Después de lo acontecido ayer con Angron, Clint y su grupo habían acordado darse un día libre para descansar y esperar a que los Pokémon más lastimados terminaran de ser curados. Además, Clint se había encerrado en el dojo para su extremadamente importante reunión telepática con Matilda y la llamada Comunión de Psíquicos en un par de horas, por lo que era muy posible que no lo vieran hasta la hora de cenar. Bebe, por otro lado, atendía otros asuntos concernientes al equipo tecnológico, y Elesa y Valerie estaban arreglando pendientes referentes a su oficio en el mundo del modelaje. Surge también debía atender asuntos de su gimnasio, sobre todo porque lo había dejado suspendido – y seguramente con la puerta abierta – sin siquiera avisarle a alguien, pero la idea de desperdiciar un día tan perfecto como ese encerrado, lo motivó a invitar a los desocupados para ir a la ciudad a atascarse con comida chatarra hasta el atardecer. Al principio, Ash, Clemont y Serena no mostraron gran ánimo de salir, pero después de ser llevados casi a rastras por Surge, Korrina y Bonnie, accedieron. Después de todo, no podían permanecer tan melancólicos todo el día. O al menos eso pensaron después de hora y media de recorrer la ciudad sin levantarse el ánimo mientras que el gigante y el par de rubias terminaban con su quinto helado.
- ¿Dejaron su energía en la torre o qué les sucede, chicos? – Bromeó Korrina hacia el desmoralizado trio que no abandonaba su banca – ¡Vamos!
Korrina jaló con fuerza el brazo de Clemont y Ash, obligándolos a levantarse y acompañarla al siguiente local de comida chatarra, y sin desperdiciar la oportunidad de mostrar un lado más directo y pícaro con el entrenador de Kanto a quien sujetaba con más ímpetu. En otras circunstancias, Serena habría reaccionado al menos con el ceño fruncido, pero estaba tan absorta en sus pensamientos que ni siquiera lo había notado.
- Han estado bastante cabizbajos desde que salimos – Murmuró Surge mientras se sentaba para acompañarla – ¿Alguna razón por la que no quieran unirse a nuestra comilona, hermanita?
Serena suspiró. Desde anoche, tenía deseos de poder hablar con alguien respecto a lo que habían descubierto, pero tenía miedo ante la idea de compartir un tema tan delicado como lo era la vida privada de su mentor. Por otro lado, y si supuestamente estaba destinada a tomar decisiones que literalmente decidirían el destino del mundo, debía comenzar a tomar la iniciativa sin aprensión y con seguridad.
- Descubrimos lo que es Valkia – Confesó sin titubeos.
Surge guardó un momento de silencio, pero sin dejar de devorar con vehemencia el sexto cono de helado. – El artículo de Paquet los inquietó, ¿eh? – Dijo con su jovial y despreocupada expresión – Como sea, es algo que debían saber tarde o temprano.
Serena frunció el ceño al ver que el gigante no parecía importarle en lo más mínimo un asunto que le había robado el sueño y el apetito. Estaba a punto de protestar cuando, de pronto, Surge posó su mano en su cabeza para acariciarla y así sosegar su enojo.
- Una vida terrible, lo sé – Dijo con un casi irreconocible tono serio pero gentil – Le costó mucho trabajo y tiempo, pero al final tomó una admirable decisión de no permitir que eso definiera lo que está haciendo.
- ¿Pero y todas esas personas…? ¿Qué hay de los que aún viven en ese lugar y sufren lo mismo? ¿Acaso Clint se volvió tan indiferente y cínico como el resto y simplemente se olvidó de ellos también? – Protestó, furiosa por una actitud quizás justa, pero reprochable que parecía haber adoptado su mentor después de abandonar su tierra natal.
- En palabras de Clint… – Respondió Surge – el mensaje de ese artículo es demasiado optimista para su propio bien.
"Optimista" era en definitiva la última palabra que Serena hubiese usado para describir lo que había leído en él. ¿No era que Surge se había equivocado en la definición y la había usado incorrectamente? ¿Mentía para no angustiarla más de lo que ya estaba? O quizá… había mucho más detrás del lugar natal de Clint que aún no entendía. Esa idea sólo la molestaba y desquiciaba cada vez más hasta el punto en que sentía su cabeza a punto de estallar. Lo había decidido: tan pronto como regresaran a la Torre Maestra y la reunión de Clint hubiese concluido, ella iría directamente con él para que le contara todo, y no se conformaría con cualquier respuesta que no aplacara su angustia y curiosidad.
Un poco lejos de ahí, mientras los ojos vigilantes de Surge se habían distraído en su conversación con Serena, Bonnie se había separado del resto para buscar la siguiente parada donde degustar de otra tanda de golosinas. A pesar de la estricta indicación del líder de gimnasio de no separarse, se había adentrado a un corredor donde algunos de los más exquisitos aparadores robaban su atención con la inmensa variedad de colores e ingredientes capaces de satisfacer hasta las exigencias del más renombrado gourmet.
- ¡Mira, Dedenne y Blandín! – Exclamó mientras pegaba su frente en uno de los aparadores – ¡Todas esas golosinas se ven exquisitas!
- Hola, pequeña lindura – Dijo la voz dulce y melodiosa que acababa de abrir las puertas de su negocio para recibir a su joven y risueña comensal – ¿Quieres pasar?
Bonnie recibió el elogio con una amplia sonrisa, ruborizándose al ver la inmensa belleza que poseía la dulce mujer de rizos dorados, su figura esbelta como de una súper modelo y cuya piel tan clara como la nieve hacía juego con su extravagante vestido acampanado en forma de merengue. De hecho, y si no fuese porque la idea de saborear todas esas golosinas abatía su intención de buscar una esposa para su hermano, sin duda habría hecho su acostumbrado acto que sacaba de quicio a Clemont. Así tendría además una dotación de dulces de por vida.
- ¡Huele muy bien! – Exclamó nuevamente alzando su nariz y olfateando el dulce aroma mientras entraba con alegría al palacio de la glotonería.
La carnada estaba lista, y ahora sólo faltaba que la verdadera presa lo recogiera.
Cerca de ahí, y después de liberarse de la insistencia de Korrina para acompañarla, – en donde se vio obligado a usar a Clemont como señuelo en lo que escapaba – Ash y Pikachu apresuraban el paso por el mismo corredor donde habían jurado ver a Bonnie entrar sola a un establecimiento, a pesar de la clara indicación de no separarse del grupo. Seguramente Surge y el resto debía estar buscándola en ese momento, así que simplemente comprarían lo que ella había ido a buscar, y regresarían de inmediato.
Giró la perilla de la puerta que daba a la confitería y que se cerró de inmediato por el resorte que ejecutaba esta acción. Inspeccionó rápidamente el lugar que permanecía desértico, a pesar de contar con mesas para tomar una bebida refrescante junto con alguno de los pastelillos que se amontonaban en las estanterías. Su instinto le dictó toma el comunicador que Clint le había dado para reportar cualquier eventualidad o movimiento sospechoso, pero una voz lo detuvo antes de accionar el dispositivo.
- ¡Vengan! ¡Estos pastelillos están a punto de salir del horno! – Gritó la infantil y familiar voz de su pequeña compañera.
Ash y Pikachu suspiraron con alivio y se dirigieron a la cocina detrás del mostrador – Bonnie, no nos asustes… así.
Su sangre se congeló al instante y un espeluznante escalofrío recorrió su espalda. A sus pies, Dedenne yacía inconsciente dentro del bolso de Bonnie, y la extraña criatura que conocían como Blandín permanecía erguida y con una expresión desafiante ante la mujer que sujetaba con fuerza la mandíbula de la niña aterrada. Sus llantos de dolor por la brusquedad de la perversa mujer, y desesperados gritos de auxilio, eran callados con ayuda de la daga plateada que apuntaba amenazadoramente contra su yugular.
- Sé lo que eres, Zygarde. Así que esta advertencia va para ambos – Dijo la desalmada mujer mientras esbozaba la sonrisa perversa que identificaba a los retorcidos miembros del Culto – Hacen cualquier movimiento estúpido o contactan a sus amigos… y el rostro de esta linda criatura adornará mi sala de trofeos.
TO BE CONTINUED…
