Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo son propiedad de

Stephenie Meyer y su casa editorial.

El resto de los personajes son propiedad de "Mirgru"

Advertencia: Posee contenido adulto y lenguaje explícito.

Solo para mayores de 18 años.

Historia original, se prohíbe su copia parcial o total sin permiso del autor

El riesgo de amar

Capitulo 36 - Bella

Chantaje 2

Estaba vestida con las ropas de Edward. Mi piel olía a él. Olfatee el escote de la remera, percibiendo el olor almizclado de su perfume varonil y mi estómago se estremeció. Sentí la adrenalina y el vértigo embotando mis sentidos y sonreí ante la fortuna, de ser yo la destinataria de su afecto.

El resto de la tarde pasó tranquila en el trabajo, solo un par de clientes, así que pude dejarme ir mientras acomodaba el depósito. Sabía con certeza que le gustaba muchísimo, aunque parte de mí dudaba de que un chico de la experiencia de Edward, se sintiera definitivamente entregado a una sola relación. Por eso me negaba a dar, el siguiente paso. Me alegraba que hubiese aceptado mi decisión de esperar un poco y darnos tiempo de ver hacia donde íbamos, ello hablaba a las maravillas de ese compromiso que secretamente esperaba, junto con la palabra "noviazgo". Mi novio, Edward Masen.

Brrrrr la palabra daba miedo. Prefería pensar como "mi chico", como él me decía. La verdad que Edward parecía más afecto a ese tipo de finuras que me provocaban cierto grado de comicidad y ternura. Sus atenciones me desarmaban y su afán de protegerme era … No sé. Encantador. Pobre Edward, debía protegerse de mí, si era yo quién le metía en tantos problemas y él insistía en que no me arrepintiera. Si supiera que ese era mi principal miedo. Yo la chica que no se asustaba por nada. Estaba aterrorizada de perderlo.

- Bella ¿Quieres que te alcance a tu casa? - Cortó Mike, mis cavilaciones.

- Gracias Mike, traigo la tabla, nada mejor que unos resbalones para disfrutar las últimas noches de verano. - Contesté con amabilidad.

Hizo una mueca de aceptación. No dejaba de intentarlo. Habían pasado años insinuándose y nunca le había dado calce. El corazón no suma años, no elige.

Me marché a gusto de poder montarme en mi skate. Por suerte siempre había alguno de repuesto detrás del asiento de la camioneta, en el casillero del instituto, en el taller de Jacob o en la tienda de Mike. Me deslizaba por la pendiente cercana a casa, cuando vi el sedán azul estacionado casi al frente de casa. Unas luces me hicieron señas y supe que me llamaban. No reconocí a su ocupante hasta que fue demasiado tarde.

- Vaya, vaya. Si es la mismísima Nessie Black o deberíamos decir Isabella Swan. - Dijo la delgada figura de un hombre, bajándose del auto.

- James. - Solté con un suspiro. Porqué no me extrañaba. - ¿Cómo averiguaste donde vivía?

- No te das idea de las cosas que se aprenden, cuando te arrestan. Solo bastó que firmara el oficio de fianza para que un par de nombres encajaran. Lo demás fue fácil. Isabella. - Acentuó mi nombre haciendo que su aliento a cigarro y licor se colara por mis narices.

- James. Las cosas no son como parece. Yo te cité ese día con una propuesta y no fue mi intención que las cosas… ya sabes. Se descontrolaran. - Respondí nerviosa. Esto iba mal, muy mal.

- Y por que me gustó la propuesta es que estoy aquí. Obvio que mantendremos nuestra transacción, aunque estoy considerando agregar algunas condiciones. - Susurro tomando mi barbilla. Comencé a temblar de pura rabia.

- ¿Qué te traes en manos, James? No te andes con rodeos. - Gruñí.

- Oh, seré muy directo, cariño. Correrás para mí. Este fin de semana y el resto de la temporada. Y no solo correrás, sino que ga – na – rás. - Apretó el agarre que tenía sobre mi barbilla, haciendo que me saltaran lágrimas, pero no me permití demostrar dolor alguno.

- ¿Y sino? - Consulté, aún sabiendo que la catástrofe vendría con su respuesta.

- Pues. No creo que tu papi esté al tanto de tus correrías. - Dijo soltando mi mentón y pasando su dedo por la línea de mi mandíbula. Luego agregó a la vez que bajaba por mi garganta. - Tampoco creo que este enterado que andas revolcándote con ese riquillo, como una cualquiera.

La última frase me golpeó como si me hubieran metido un puntapie en el estómago.

- No sería capaz. - Dije lanzándome sobre él, logrando arañarlo en pleno rostro. Batalle inútilmente, pues al instante unos brazos enormes me sujetaron por la cintura, levantándome a varios centímetros del suelo, mientras pateaba furiosa.

- Con cuidado Félix. Ella es tu próxima compañera. - Ordenó James refregándose la lastimadura. El tal Felix me había bajado, aunque me sujetaba por las muñecas. - No estropearé la inversión. Creo que disfrutaré mucho de nuestro nuevo trato. No eres una zorra como pensaba. Eres una verdadera gata y yo me encargaré de domarte. Eso sí, no metas ni a tu noviecito musculoso, ni al blanquito elegante. ¿Ok? - Dijo sobre mi boca y me beso, hurgando con su asquerosa lengua, buscando que abriera los labios. Me debatí furiosa, logrando que Félix me soltara y allí fue cuando mordí a James. Levantó la mano como para pegarme, pero quedo en el aire. Un auto se acercaba. Las inconfundibles luces del patrullero me indicaron que mi padre estaba por llegar.

- Félix, desaparece. - Mandó James y el grandote se esfumo con habilidad impropia de su enorme tamaño.

- Sonríe gatita o tu papá, conocerá de primera, la flor de hija que tiene. - Amenazó James, recostándose como si nada sobre el costado de su auto.

Tiré la patineta a la alcantarilla y me volví hacia mi padre que ya había estacionado y se acercaba hacia nosotros con cara de pocos amigos. Mi corazón tronaba en mis oídos con la fuerza de un caballo desbocado.

- ¿Bella? - Consulto mi padre.

- Hola Charlie. Te presento a … James. Un … amigo. - Solté, mintiendo más terriblemente que nunca.

- Un gusto señor. - Dijo James asintiendo con la cabeza, pero con la misma postura indolente.

- Con que James. ¿No pareces del instituto? - Preguntó Charlie. Su bigote se ladeo con leve tic nervioso que yo conocía bien. Estaba al filo y no sabía para qué lado era peor, caer.

- ¿Instituto? - Se mofo James y yo me apresuré a intervenir.

- No que va. Es amigo de Jacob. Me trajo desde el trabajo porque no llevé la camioneta. Pero ya se va. ¿Verdad? - Me giré hacia James con mirada suplicante.

- Si señor. Ya me iba. - Dijo subiéndose al auto. Charlie se alejó unos pasos y éste aprovecho para agregar en voz baja. - Con que todavía en el instituto, si que eres un mojón de problemas. - Susurró con sonrisa provocadora.

- Bueno James, gracias por traerme. Saludos a Jake. - Casi grité a fín de dar concluida la conversación y por el rabillo del ojo, ví como mi padre esperaba en el porche.

- Claro, hermosa. Pero antes marca tu número en mi nuevo teléfono. - Respondió James al mismo volumen y dándome un aparato en el que se reproducía con claridad mi encuentro con Edward. Por respuesta, gruesas lágrimas corrieron por mi mejilla. ¿Qué podía hacer ante ese golpe sucio? - Márcalo. - Dijo entre dientes.

- James. - Gemí perdiendo mi mirada en sus ojillos iracundos. No había piedad en sus penetrantes facciones.

Teclee los números, con pulso vacilante y le devolví el aparato. Mentalmente recorría mis posibles escapes y solo me veía diciendole todo a mi padre; con lo que seguro vendría mi inmediata reclusión con mi madre y adios libertad. Adios Edward. O aceptaba la propuesta de James, la que yo misma había sugerido y con ella, también perdería a Edward. De repente nada importaba. Hiciera lo que hiciera. Acabaría perdiéndolo.

- Nos hablamos Bella. - Concluyó James haciendo arrancar el vehículo. Félix entro por el lado del acompañante, tras aparecer con sigilo detrás de unos árboles. James sonreía maliciosamente. Me arrojó una bolsa de papel y ni siquiera necesite abrirla, para saber que mi ropa y probablemente la de Edward, estaría en ella.

No pude evitar que el llanto ganara mi garganta. Me dejé llevar solo por unos breves minutos. No quería preocupar a mi padre, más de lo que debía de estar. No sabía con que clase de interrogatorio me encontraría al abrir la puerta. Así que con desgano entre a mi casa.

- Bella. - Dijo en voz alta mi padre, al ver que yo pretendía escapar por la escalera. Me volví lentamente. - Sabes que nunca he estado encima de ti, ni te agobiado por saber en que andas, pues supongo que eres lo suficiente juiciosa como para no meterte en problemas. Pero no puedo dejar pasar que la presencia de ese muchacho, me trae malas pulgas. ¿Sales con él? - Consultó Charlie.

- ¿Vamos a tener una conversación sobre chicos? - Tiré para evadirme.

- ¿Deberíamos? - Charlie no soltó la presa.

- No papá. Quédate tranquilo que no estoy saliendo con él. - Le miré a los ojos. Nunca antes quise ser libre de que confiar en mi padre y poder acudir a él.

Comimos en el acostumbrado silencio. Charlie se fue a ver la tele y yo pasé a darme un baño. Pensar que horas antes, me había sentido la mujer más dichosa del planeta. Ahora me sentía como la peor porquería. El amor que había compartido con Edward, había sido embarrado con la mugrosa visión de James. Su sabor, contaminado por los labios de este desgraciado. Ni el agua caliente quitaba su maldito hedor. Terminé de bañarme y me tiré en la cama, pensando en que iba a hacer. No podía ni debía implicar a nadie más en mi desastre.

Como a la hora. Mi teléfono sonó. Sobresaltada y temblando, leí de quién se trataba.

- Hola. - Contesté con voz baja.

- Hola. ¿Estás bien? - Susurró Edward del otro lado de la línea.

- Bien. ¿Por qué llamas tan tarde? - Me apresuré a preguntar para que no insistiera.

- Porque estoy loco por verte. He estado la última hora deseando ir a tu casa y colarme por tu ventana. Te necesito tanto. Me desespera tenerte lejos. - Murmuró con vehemencia.

Tapé el tubo, para que ningún ruido se escapara. Gruesas lágrimas corrían por mi mejilla. Suspiré profundo y luego hablé.

- Estoy cansada Edward. Mejor lo dejamos para otro día. - Me excusé.

- Entiendo. ¿Quieres que pase por ti, mañana? - Dije con voz dulce.

- No. Debo ir en la camioneta, para volver a dejársela a Jacob. Aún no funciona bien. - Respondí con voz seca.

- Bueno. Nos vemos mañana. Te amo Bella. - Dijo Edward y mi corazón se encogió del pesar. Ya le había metido en suficientes problemas.

- Debo colgar. Viene Charlie. - Respondí a la vez que cortaba la llamada, sin decirle que lo amaba.

Pronto debía tomar una decisión.


Mis queridas lectoras. Gracias por seguir con la historia.

Estoy encantada con las estadísticas y no dejo de soprenderme que en lugares como Hungría, me sigan. Así que con el permiso de todas, les dedico este capitulo a las fan de allí. Dejenme conocerlas más.

A los que se animan con los REVIEWS, mil mil gracias, pues es dificil mantener el espíritu sin esa devolución y aunque poquitos, mi corazón se enciende con cada palabra de aliento, con cada suposición, con cada idea. En verdad las aprecio chicas y espero seguir en contacto con ustedes, cuando este fics llegue a su fín.