• Capítulo XXXVII •
Una vez que regrese con los Uchiha lo primero que inundo mi mente fue advertirles sobre Sai aunque suponía que a estas alturas ellos ya deberían de saberlo, aun así, nerviosa me permití entrar en su casa temerosa por lo que pudieran pensar de mí una vez que me vieran, sobre todo él. Había escapado, le había mentido y lo había traicionado. Sasuke debía de odiarme y no estaba de más. Se suponía que él y yo debíamos haber viajado hacia el otro lado del mundo y encontrarnos con Madara para que ahí él me convirtiera pero no había sido así, sino que había sido Kakashi el que me había transformado. Me había entregado estúpidamente a otro vampiro y este me había dado lo que Sasuke tenía que haberme dado.
Suspiré. Ahora que pensaba mejor las cosas había sido tonto hacerlo sin embargo, ya estaba hecho. Era una nueva clase de vampiro que recién había despertado y eso, lo tenía que tomar a mi favor, sólo esperaba que los demás lo comprendieran.
Luego de unos minutos frente a su puerta levanté la vista y entre en aquella casa sin permitirme sentir miedo o nerviosismo lo cual fue muy sencillo, sin embargo todo valor se vino abajo cuando mis ojos chocaron con los suyos. Tragué duro al mirarlo. Sasuke estaba a unos cuantos pasos delante de mí, observándome de una manera implacable.
Mis labios apenas si se movieron al llamarlo.
Se veía tan serio, apuesto y elegante. Mi corazón latió con desenfreno dentro de mi pecho, creí que no iba poder volver a sentirlo latir de esta manera pero lo estaba sintiendo, mi corazón palpitaba con una tremenda fuerza igual o peor que la primera vez en que lo vi.
Él no se movió, simplemente permaneció ahí, de pie con los ojos clavados en mí. Su forma de mirarme me dolía, era como si no me conociera, como si no supiera quien era. Quise moverme, acercarme a él pero mis rodillas parecieron negarse.
Lo escuché expresar un mohín, luego, paso por mi lado sin volverme a mirar.
─Hay que darnos prisa ─dijo. Su voz era seca y fría como al principio─, solo tenemos un par de horas para encontrarla ─añadió y no sé porque sus palabras me dolieron tanto.
Yo lo seguí con la mirada, tomo la puerta y eso fue todo.
Lentamente cerré los ojos y suspire. Ahora no era el momento para llorar mucho menos para sufrir por su cruel indiferencia.
A pesar de que era una nueva especie de vampiro no pude evitar que algunos de mis sentimientos humanos prevalecieran, supuse que con el tiempo se irían sin embargo, estaba equivocada, mi naturaleza al igual que la de él eran distintas.
Mi corazón se estrujo. Sentía deseos de llorar sin embargo, no lo haría. Chasqueé los dientes furiosa y apretando los puños y los labios me contuve; si este era el precio que tenía que pagar por recuperar a Suigetsu lo aceptaría. Aceptaba mi condena.
¡Demonios! ¿Por qué mierda su amor dolía tanto?
─¿Por qué duele? ─susurré con la vista aun pegada en la puerta.
─Porque lo que hay entre tú y él es verdadero ─de pronto escuché la voz de Itachi a uno de mis costados.
Dirigí mi vista hacía él vislumbrándolo apenas por la nebulosidad de mis ojos. Él no parecía molesto o decepcionado de mí como Sasuke aunque se miraba algo sorprendido.
─Te dije que hacer eso sería algo estúpido, aun cuando no conocías la naturaleza de Kakashi.
Instintivamente baje la cabeza, me sentía de lo peor. Itachi ya me lo había advertido aquel día en el hospital sin embargo, no le hice caso.
─Aunque pudo haber sido lo mejor ─dijo─. Sólo dale un poco tiempo. Sasuke está algo molesto consigo mismo pero ya se le pasará ─dicho esto levanté la vista─. No fue fácil para él saber que alguien más te convirtió.
─¿Qué sucederá ahora? ¿A quién pertenezco? ─pregunté con miedo aunque mi pregunta le hizo soltar una impenetrable risa.
Yo lo miré confundida.
─A quien tu decidas ─respondió─. Aunque en realidad no le perteneces a nadie más que a ti misma ─murmuró viniendo hacía mí─. Sakura, Kakashi pudo haberte dado vida eterna pero él jamás te dará lo mismo que Sasuke. Lo que él siente por ti jamás cambiara y eso es algo que yo mismo te lo puedo asegurar.
Tras aquellas palabras de confianza me limite a guardar silencio mientras pensaba, entonces, reaccione. ¿Cómo diablos sabía Itachi que había sido Kakashi quien me había transformado?
Lo miré con estupor, él sonreía, a su clásica manera pero lo hacía.
─Si te estas preguntando, ¿cómo es que lo sé? Es porque Kakashi vino a vernos. Fue algo arriesgado de su parte hacerte lo que te hizo pero gracias a él estas aquí.
En eso deje escapar un pequeño mohín─. Aunque no todos parecen conformes con ello ─dije volviendo la vista hacia la puerta por la que momentos antes Sasuke se había ido.
─Ya te dije que es cuestión de tiempo ─volvió a decir serio, Itachi casi siempre tenía ese rasgo en sus ojos─. Por lo pronto lo primordial es encontrar a tu hermano. Vamos ─dijo saliendo de la habitación─. Tenemos que reunirnos con los demás.
Sin decir nada más seguí a paso lento aquel vampiro.
Al entrar en el vestíbulo pude notar al resto de su familia los cuales se encontraban reunidos alrededor de una pequeña y diminuta mesa de centro, la gran mayoría se encontraban sentados frente al extraordinario señor Fugaku que yacía quieto sobre un enorme sillón de cuero negro, parecía esperarme. Su rígida postura igual a la un de un gánster de esta época me provoco un poco de temor, se veía fuerte, altivo y temerario; tenía su mano derecha cerrada en puño frente a su barbilla mientras que la otra la tenía estirada, recargada sobre la base del sillón.
Abrió sus ojos y me miró.
Un fuerte escalofrío me recorrió por toda la columna vertebral cuando sus oscuros ojos se posaron en el verde de los míos. Por un largo rato Fugaku no dijo nada, solo permaneció ahí, sentado en su lugar mientras me observaba. Comenzaba a sentirme incomoda, su manera de recorrerme no era algo que me estuviera gustando; con la respiración apresurada miré hacia otro lado, no podía sostenerle más su vista, no al estarme viendo como lo hacía.
Gruñí por lo bajo, fue en ese instante en el que una fría mano me tocó. Volteé de inmediato a observar aquel agarré que me había tomado por sorpresa, era la mano de Mikoto, esta asintió un poco, supuse que fue para tratar de tranquilizarme al ofrecerme de nuevo su confianza; me sonrió y yo me calmé aunque mi paz duró muy poco porque en ese preciso momento pude ver entrar a Kakashi, seguido de Naruto y… Sai.
Mi sangre hirvió al ver a este último. ¿Qué diablos hacía ese maldito traidor aquí?
─¡Tú…! ─espeté furiosa, lanzándome literalmente hacía él.
Lo tomé por el cuello de la camisa y lo sacudí sin medir mis fuerzas. Él solo sonrió como siempre, parecía divertido con mi forma hostil y estúpida de tratarlo. Claro, era un vampiro al que no le dolían en lo absoluto mis puños.
─¿Cómo te atreviste a venir? ─refuté entre dientes mientras lo sostenía en el aire.
Sai ni siquiera se inmuto ante el dolor que le estaba provocando, al contrario, parecía disfrutarlo.
─¡Maldito! ─dije acorralándolo contra la pared.
Hice mi mano puño, estaba a punto de golpearlo cuando de pronto la mano de Sasuke me detuvo a centímetros de su rostro. Volteé a mirarlo, sus facciones eran inexpresivas.
─Suéltalo ─dijo sin quitarme la vista de encima. Yo me negué. No iba a dejar escapar a este maldito vampiro doble cara, no ahora que lo tenía entre mis manos.
─¿Disculpa? ─me atreví a preguntar con los ojos entornados en el que se supone era mi compañero.
─Sakura, es la última vez que voy a decirlo, suéltalo ─espetó alargando la última palabra. No podía reconocerlo.
Tragué duro pero no iba a soltarlo, fue entonces que Sasuke comenzó a apretar su mano sobre la mía. Aguante el dolor, él me estaba lastimando. Intenté soportarlo sin embargo, su fuerza me hizo soltar a Sai el cual carcajeo casi de inmediato.
Mis oídos ignoraron su impenetrable risa, no podía creer lo que Sasuke me había hecho, tenía alrededor de mi muñeca la marca de sus dedos, no dolía pero estaban ahí, latentes. Mi nariz se comprimió una y otra vez al sentir rabia. Lo miraba con odio.
─Te lo advertí ─alcancé a escuchar su leve susurro. Mi corazón se rompió, casi pude escucharlo.
─Tsk ─me quejé alejando la vista.
Debía suponer que como miembro de su familia Sasuke le iba a dar más prioridad a Sai que a mí. Que tonta había sido. No volví a decir nada aunque por unos momentos pude ver en sus ojos el dolor que le había provocado el lastimarme. Él tampoco volvió a decir nada sólo me dio la espalda y regreso a su lugar, parándose a un lado del asiento de su madre.
Todos me miraban en silencio al igual que yo a ellos. No sabía qué demonios estábamos esperando ni porque diablos aquellos tres idiotas estaban aquí, quizá entendía lo de Kakashi pero, ¿lo de Naruto y lo de Sai? No lo comprendía.
De pronto, escuché a Fugaku suspirar. Mi vista se fue hacia él, deshizo el cruce de su pierna derecha, rasco su frente y tomando un elegante bastón negro y cromado se puso de pie.
─Me sorprende lo joven y bella que eres ─dijo en un tono calmado.
Yo esperaba que su voz fuera engorrosa y quizá hasta hostil sin embargo, no había sonado de esa manera.
─Aunque a la vez me decepcionas.
Mi rostro se puso serio.
─Eres tonta ─dijo de forma directa. Para ser un hombre de mucho respeto él no era muy educado─. Te dejas llevar por tus impulsos. Eres necia y terca. Crees tener siempre la razón de todo aun cuando no la tengas, sin embargo, admiro tu determinación. Es por eso que aun cuando Kakashi ─Fugaku volteó a mirarlo─, te haya convertido mi familia está dispuesta a seguir con lo que habíamos planeado. No mataremos a Karin pero si la llevaremos ante su padre, él sabrá qué hacer con ella ─en ese momento enarque una de mis cejas─. Y en cuanto a ustedes… ─dijo dirigiendo su vista hacia Kakashi, a Sasuke y a mí─. Son libres de decidir lo que quieran hacer, ya sea que lo elijas a él, a mi hijo o a ninguno.
Por unos segundos mis ojos se fueron hacia ellos. Kakashi estaba recargado sobre la pared con los brazos cruzados sobre su pecho mientras que Sasuke tenía una mano recargada sobre el respaldo del asiento de su madre. Los dos me miraban, deje de verlos y observé mi muñeca divisando en ella la marca de sus dedos.
─¿Y que hay sobre Sai? ─pregunté volviendo a Fugaku para luego mirar por el rabillo del ojo aquel otro vampiro que falsamente sonreía.
─Yo me encargaré de él ─interfirió de pronto Mikoto─. Karin es alguien muy astuta y consiguió engañarlo, sin embargo, también es mi hijo así que, yo tomaré la responsabilidad por él ante Madara y ante cualquier otro que quiera lastimarlo ─dijo y no sé porque sus palabras las tome como una amenaza.
Entorné mis ojos en ella, para ser una mujer con una labia angelical sus facciones y su voz no tenían nada que ver con lo que ahora Mikoto me estaba demostrando.
─Está bien ─dije sin remedio.
No me quedaba de otra más que aceptar los términos de todos.
─¿Y cuál es el plan? ─inquirí dirigiéndome de nuevo hacía Fugaku.
─Encontrar a tu hermano.
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Continuará...
