Espero que les guste.


Severus había permanecido en su despacho, la mitad de la tarde y parte de la cena. No se le había visto durante todo el día. Solo en el desayuno y durante un par de segundos.

Reflexionaba las palabras de Albus Dumbledore, una tarde en su despacho.

"Es curioso cómo Fawkes ayuda a quién le necesite. Sin importar qué clase de error hayas cometido. Mira dentro de tu corazón, tus sentimientos más profundos. Cuando se le solicita en momentos de desesperación, él acude sin pensarlo. Un par de lágrimas bastarán para sanar. Él perdona la muerte, da una segunda oportunidad. Porque lo importante es darte cuenta del error y enmendarlo. Morir en vida y renacer totalmente nuevo".

"¿Me comparas con un ave? ¿Comparas mi situación con un ave?"

"Solo digo que incluso Fawkes sabe que cometemos errores. No juzga el momento. Espera que luego de la segunda oportunidad, tomemos la decisión correcta".

"¿Qué quieres decirme? ¿Que sin importar qué haya sucedido ahora, debo perdonar a Granger y pensar en lo que era antes de todo esto?"

"Ella se enamoró, durante la apuesta. ¿Por qué no olvidas el presente y te aferras un poco a lo que has "conseguido" de todo esto? A veces te aferras mucho al pasado, te deprimes...¿por qué no lo haces ahora mismo? Ese pasado que te generó satisfacción. Porque lo sé, Severus. Lo sé."

"¿Y lo apruebas?"

"¿Te importaría si lo hiciera?"

Y se había quedado sin respuesta, realmente. Allí la conversación había cesado, en ese punto en particular donde se preguntaba si era capaz de perdonar. Si era capaz de empezar nuevamente. Si le importaba lo que el resto pensara sobre el asunto.

Ya había castigado a ambos gemelos. Les había dado una razón para trabajar en equipo como "hermanos-gemelos que eran". Que lavaran calderos en conjunto y usaran su "genialidad" para eso.

Ninguno le dirigía la palabra a Hermione, luego de lo sucedido. Pero ella tampoco a los jóvenes Weasley.

Había tenido esa sensación antes. Lily jamás había perdonado su error y la había perdido para siempre. ¿Por qué sentía que la historia condenaba a repetirse?

¿La amaba?

— Señorita Parkinson, dele este mensaje a la profesora Minerva McGonagall. Dígale que necesito a Hermione Granger en mi despacho. Que le de permiso de bajar.

La jovencita asintió a regañadientes y caminó escaleras arriba, hasta el aula de transformaciones del tercer piso. Hermione trataba de concentrarse en su tarea, pero sus brazos le ardían de tanto restregar calderos.

— Señorita Granger... el profesor Snape la solicita en su despacho. Con urgencia.

Hermione suspiró y se preguntó de qué se trataba. ¿Y ahora qué podía ser? ¿Que le organizara sus memorias por cuál era peor que la otra? ¿O que le doblara y colgara la ropa?

Se levantó con pesadez y caminó hasta la profesora, sosteniendo un permiso. Bajó las escaleras con la mayor pereza del mundo, imaginándose los insultos y las miradas de odio que debían estar por llegar.

Se detuvo frente a la puerta del despacho y llamó en silencio. Esperó mientras escuchaba una especie de ruido en el interior. Como si Snape se moviera de un lado al otro y sus zapatos hicieran eco de dicho movimiento.

En la dura y fría piedra.

¡Y ahora la hacía esperar! ¡Claro! Ni siquiera podía ser cortés y abrir luego de que él era el interesado. Negó con la cabeza y suavemente con el pie, le dio un puntapié a la puerta. Severus soltó una especie de gruñido.

La puerta comenzaba a abrirse.

Hermione lo observó fijamente, mientras él apenas respiraba. Como si hubiera corrido un maratón. Bajó la vista para observarla atentamente.

— Me pidió que viniera y eso hice. ¿Y me deja esperando en la puerta?

Snape no había contestado, mientras ella se adentraba en aquel despacho y él cerraba la puerta en silencio. Se disponía a sentarse en el asiento que le correspondía, cuando sintió una mano sobre su hombro.

Se sobresaltó de inmediato.

— ¿Profesor...?

— Tenemos que hablar, Granger.

Asintió, mientras aún ella permanecía de espaldas a él. Agradeció que no pudiera ver su expresión de miedo, ante aquel gesto que había hecho.

— Usted dirá, profesor Snape.

— Se trata de sus castigos.

Bien, nada nuevo. Pero...¿para eso tenía que tocarla? Se preguntó por qué Snape parecía tenso, blanco como el papel y la mano sobre su hombro, temblaba en su agarre.

— Los he estado cumpliendo con los gemelos Weasley. ¿Hay...hay algún problema?

Pero no sabía cómo decírselo. No sabía qué debía hacer en ese momento. Sí se había sentido "bien" al saber que su mejor estudiante, había tenido sentimientos encontrados hacia su persona. Ella era su orgullo, en cierta forma. Nunca fallaba, siempre le proponía un reto mucho mayor.

Y se había decepcionado al saber que mentía.

Aunque como Albus había dicho, luego de haberle confesado que había hablado con ella en la mañana, antes de su castigo, ella parecía sentir algo por él.

¿Y si solo se trataba de otra mentira? ¿Podía perdonarle que ahora sí sintiera algo por él, luego de haber estado engañándolo por largo tiempo?

— ¿Señor?

Estaba confundido.