Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.


Edward

Sus palabras resuenan en mi cabeza. Confío en ti. Es la primera chica que alguna vez me ha dicho eso. Incluso Heidi me dijo que tenía que ganarme su confianza cuando nos conocimos, porque ella pensaba que yo era un jugador. Y aquí está Bella, una chica que sabe que nunca voy a ser su caballero de brillante armadura, regalándome su confianza sin vacilar. Me monta a horcajadas, con sus labios húmedos de nuestros besos. Es una locura que piense que voy a hacer lo correcto.

Mis manos están todavía sosteniendo su cara. Respeto demasiado a esta chica como para ser deshonesto. –No confíes en mí.

Un rubor de color rosa sube por sus mejillas mientras llega detrás de su cabeza y tira la goma fuera de su pelo. –Pero lo hago.

Ella sacude su pelo. Cae en una cortina sobre sus hombros, los extremos aterrizan justo por encima de sus pechos. Nunca he visto nada más sexy en mi vida, y ella ni siquiera está desnuda todavía.

¿Todavía? ¿En qué estoy pensando? No voy a desnudarla. Quiero hacerlo. Demonios, me encantaría deshacerme de las capas y estudiar las curvas de su cuerpo con mis ojos y manos. Mi cuerpo dice ¡A por ello! Tú quieres. Ella quiere. ¿Cuál es el problema?

El problema es la maldita palabra... confianza.

Ella confía en mí.

Cierro los ojos y los aprieto. ¿Qué puedo decir para probar que soy el chico malo que ella conoce? Es estúpida por confiar en mí. Voy a tomar ventaja de ella en cada oportunidad que pueda, pero ¿cómo puedo demostrárselo a ella?

Saber que estoy listo para llevar esto al siguiente nivel podría asustarla. Me acerco y me apodero de su trasero, luego me oprimo contra ella de una manera que no confunda mi intención.
El problema es que ella comienza a moverse conmigo. Maldita sea. Esto no es bueno. Definitivamente tiene poder sobre mí. Había prosperado en el control, pero ahora lo he perdido totalmente.
La tiro hacia mí y presiono su cuerpo contra el mío, mis manos suben y bajan por su espalda. Nuestra fuerte respiración está llenando la sala. Me alegro de que la película siga enmascarando los sonidos que estamos haciendo.

Me inclino hacia atrás y miro la cara de la confianza.

–Tienes que parar antes de que esto se nos vaya de las manos, porque yo no lo haré. –Estoy ignorando el hecho de que ya se nos ha ido de las manos y ella no parece en lo más mínimo lista para parar.

Ella se queda quieta y presiona su mejilla a la mía. –Soy virgen–, susurra en mi oído como si fuera un secreto que sólo va a compartir conmigo.

¡Oh, demonios!

Inclino mi cabeza hacia atrás en el sofá y le digo la verdad. –No estás actuando como tal.

–Eso es porque eres tú, Edward. Solo tú haces que sea así.

Cambio de poder. No debería haber dicho eso. Ahora sé que tengo el control, si no físicamente, al menos mentalmente. Darme de nuevo el control no es sabio por su parte.

Estoy levando a esta chica a la zona de peligro, pero ahí es donde estoy acostumbrado a pasar la mayor parte de mi vida. Mis manos se mueven por su cintura.

–Quítate la camisa, chica.

Sus manos van a la parte inferior de la camisa. La anticipación de ver lo que se esconde debajo, me hace contener la respiración. La miro a la cara, sus ojos están llenos de incertidumbre y algo más que me niego a reconocer.

En un movimiento rápido, saca la enorme camiseta por su cabeza y revela un cuerpo para matar o morir. O las dos cosas.

–No tengo un cuerpo como el de Tanya–, dice tímidamente, con las manos cruzando la parte central en un esfuerzo por ocultarla.

– ¿Qué?

–No soy flaca.

Flaca para mí es equivalente a cuerpo falso o sin cuerpo. Necesito una chica a la que pueda agarrar bien y no tener miedo de romperla.

Retiro suavemente sus manos y las mantengo ligeramente a los costados. Me inclino hacia atrás y miro, completamente atónito, a su modesto sujetador rosa que cubre sus pechos. Ella no tiene nada de qué avergonzarse. Esta chica tiene algo que enciende y no tiene ni idea de que tiene mejor cuerpo que Tanya, manos abajo.

Bella tiene curvas donde Dios quiso que estuvieran, y tengo ganas de acariciarle esas curvas y memorizar cada centímetro de ella. Me siento el chico más afortunado de la tierra. –Eres hermosa... eres hermosa.

Sus ojos se echan a la baja. –Mírame, chica. –Cuando lo hace, repito, –Eres hermosa.

– ¿Qué significa?

–Eres hermosa.

Ella se inclina hacia adelante y me da pequeños besos en los labios. –Tu turno–, susurra, a continuación, se muerde el labio inferior mientras espera que me quite la camiseta.

De inmediato lanzo mi camiseta a un lado.

– ¿Puedo tocar?–, Pregunta, como si no fuera la dueña completa de mi cuerpo en este momento.

Tomo su mano en la mía y la guío por mi piel desnuda. Cuando la dejo ir para que pueda explorar por su cuenta, sus dedos caminan lentamente arriba y abajo por mi pecho. Cada toque chamusca mi piel de adentro hacia afuera, y cuando sus dedos permanecen en el tatuaje que asoma por mi vaqueros y se sumerge por la cintura, es casi mi perdición.

– ¿Qué dice eso?– me pregunta mientras traza ligeramente uno de mis tatuajes.

–Rebelde–, le digo. Mis dedos se hunden en su pelo y la inclino hacia mí. Necesito probarla otra vez. Necesito sentir sus suaves labios en los míos. Empezamos a hacer como si fuera la primera vez y tal vez la última, nuestro aliento y nuestras lenguas chocan casi con desesperación.

Mientras continúa su exploración, concentro toda mi atención en ella. Deslizo las tiras de su sostén hasta que caen libremente sobre sus brazos. Ella se inclina hacia atrás y no puedo imaginar una imagen más sexy o una chica más sexy que la que está sentada sobre mí. Mi pulso se acelera con caliente anticipación cuando deslizo la tela de seda a un lado.

Sus dedos se quedan quietos cuando mis manos tocan los lados de su cintura y las deslizo hacia arriba hasta que los pulgares están en la curva de su pecho. Nada me había preparado para la oleada de emociones que estoy sintiendo en este momento cuando miro a los ojos chispeantes de Bella.

–Creo que me estoy enamorando de ti–, dice ella en voz tan baja que podría ser mi imaginación, entonces escucho el sonido de disparos.

¡Pop! ¡Pop! ¡Pop!

En un frenesí de pánico, tiro a Bella en el sofá y me pongo encima de ella para salvarla del peligro.

Miro hacia arriba, confuso. Espera, no hay nadie en la habitación además de nosotros. ¿Qué demonios?

Miro la pantalla del televisor y veo al héroe de la película de pie sobre el cuerpo de un hombre muerto con sangre que sale de su pecho. Los disparos venían de la televisión.

Miro hacia atrás a una aturdida, asustada, medio desnuda Bella.

–Lo siento– le digo, alejándome de ella y pasándome al otro lado del sofá. –Lo siento. Solo ha sido la televisión. –Mi corazón está latiendo más rápido que un tambor en un concierto de rock. Cuando he escuchado los disparos habría hecho cualquier cosa para proteger su vida. Incluso si eso significa sacrificar la mía. La idea de perderla de la misma forma que perdí a mi padre y casi perdí a Emmett es demasiado. Estoy prácticamente hiperventilando por ese pensamiento.

Joder.
He roto la regla número uno: nunca involucrarse emocionalmente.

¿Qué ha pasado con eso de pasar el tiempo sólo con chicas que nada más quieren un buen rato? La palabra 'amor', o el equivalente en inglés, –amor, no está en mi vocabulario. Yo no soy material de novio. Si quieres amor y compromiso, no llames a mi puerta. Tengo que salir antes de que sea más intenso.

–Está bien. –Se sienta y se inclina hacia mí, su cuerpo es muy pequeño. No puedo pensar con claridad cuando siento el calor de su cuerpo penetrar el mío. Me siento claustrofóbico y atrapado. Tengo que salir de aquí.

Me aparto suavemente de ella por lo que hay distancia entre nosotros.

–No, no está bien. Esto no está bien. –Mi reacción a los disparos pone todo de nuevo en perspectiva. No puedo hacer esto con Bella. Aprieto mis manos contra mis ojos y exhalo un suspiro de frustración. –Cúbrete –digo, a continuación, recojo su camisa.

Cuando le tiro la enorme camiseta, me digo a mí mismo de evitar encontrarme con su mirada. No quiero ver el dolor en sus ojos sabiendo que he sido yo el que lo ha puesto ahí.

–Yo q-q-quería e-e-esto–, tartamudea con voz temblorosa. –Y-y t-t-tú, t-t-también.

Mierda. Ahora está tan sentimental que difícilmente puede decir una palabra sin obstáculos por todas partes. Sería mejor para ella odiarme que enamorarse de mí.

–Sí, bueno, quiero a una chica que folle conmigo, no que me declare su amor eterno.

–Y-yo n-n-n-no...

Levanto una mano, deteniéndola. Sé lo que va a decir, que nunca ha dicho que esto se convertiría en algo más. –Has dicho que te estabas enamorando de mí, y eso es lo último que un tipo como yo necesita escuchar. Admítelo, Bella. Las chicas como tú quieren cortarle los cojones a los chicos y colgarlos fuera en su espejo retrovisor.

Estoy divagando como un completo pendejo, las palabras salen de mi boca sin que yo siquiera piense en lo que estoy diciendo. Sé que le estoy haciendo daño con cada palabra. Prácticamente me está matando a hacerle esto a ella, pero necesita saber que no soy el que va a estar ahí para cogerla cuando se caiga. Todavía tengo que hacer frente a Vulturi, y yo podría no volver con vida. Lo último que querría es que Bella estuviera de luto por alguien que en primer lugar, no merecía su amor.

–Podemos ser amigos–, le digo.

– ¿Amigos que pierden el tiempo, sin ninguna emoción?

–Sí. ¿Qué hay de malo en eso?

–Yo quiero más.

–No va a pasar. ¿Quieres más? Ve a buscar a otro bobo. –Me dirijo hacia la puerta, necesito alejarme de ella antes de que me arrodille y le suplique que me lleve de vuelta a sus brazos y que terminemos lo que empezamos. Cuando la dejo, trato de empujar todas las imágenes de ella fuera de mi cabeza. Gorda posibilidad a corto plazo.

De vuelta en mi habitación, me siento en la cama. No sirve de nada tratar de conciliar el sueño. Sé que no va a suceder esta noche. Sacudo la cabeza, preguntándome cómo me he metido en este lío. Dejarla en esa habitación ha sido la primera cosa desinteresada que he hecho desde que llegué a Forks.

Y me siento como una completa mierda.


Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.

Nos vemos en el próximo capítulo.

Un beso desde Andalucía, España.