Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


El Legado


Capítulo XXXIV

Retirada

Parte II


—¡Maldición, maldición! ¡Maldición! —exclamó frustrada por no poder agarrar la cuchara para tomar la sopa que Bardock le trajo. La mano le temblaba y no podía moverla con precisión ni siquiera para poder alimentarse. Tiró el servicio a la cama y casi dio vuelta el plato que descansaba sobre sus piernas.

Jamás se había sentido tan impotente y frustrada. Nunca había experimentado tal grado de dolor e incapacidad. Su cuerpo se había acostumbrado a sanar con rapidez gracias a los tanques de recuperación y ahora le pasaba la cuenta, además se trataba de su hijo, y no importa como fuesen las cosas, no podía atacarlo a morir y eso le jugó demasiado en contra. Antes de quedar embarazada de Kyle podría haberlo dejado inconsciente sin mucho problema, gozaba de gran fuerza y habilidad, pero luego de parir aprovechó el pretexto y dejó las misiones y entrenamientos duros, era más que obvio que su hijo, quien no pasó un día sin entrenar, la dejaría en tan paupérrimo estado.

—Tienes que comer, de lo contrario no podrás salir de aquí —dijo Bardock en cuanto entró a la habitación, con un cigarro en la boca, el que dejó en el cenicero del velador. Luego fue directo a la cama para tomar el plato y ayudarla a comer.

—Esto es humillante —murmuró Koora cuando lo vio tomar la cuchara con sopa caliente para acercarla a su boca—. Ni siquiera puedo masticar.

—Hiciste un buen trabajo entrenando a tu hijo mayor —se limitó a responder el hombre, aún con la cuchara a centímetros de la boca de la mujer.

En otras circunstancias Koora hubiera sonreído ante tal comentario. Bardock tenía razón, había hecho un excelente trabajo con Vegeta, tanto que no había sido capaz de asesinarla, pese al deseo salvaje que tenía de hacerlo. Lo vio en sus ojos, reconoció el odio y la furia y las ansias de romperle el cuello, pero en ese último momento, cuando estaban los dos en el suelo, ella casi muerta y él gritando de impotencia, pudo identificar que había dejado en él mucho más que técnicas de combate y estrategias.

Optó por abrir la boca y recibir el alimento. Estaba caliente, y sintió un poco de dolor y ardor cuando tragó, pero lo ignoró. Debía recuperar energía y levantarse para ir en busca de su hija. No tenía idea cómo, pero lo haría.

—Hace muchos años… —comenzó Koora a hablar luego de que quedara menos de la mitad del plato. Bardock alejó la cuchara para dejarla seguir y escucharla—. No recuerdo el nombre del planeta… quedamos sin naves y tú estabas demasiado herido para buscar otra forma de regresar aquí…

El hombre curvó el labio cuando los recuerdos afloraron. Cómo iba a olvidar aquel episodio, si luego de que se recuperó y regresaron a Vegetasei, conoció a Gine. Aunque claro, Koora no mencionó aquella anécdota por ese detalle, sino que por otro.

—No podía moverme —recordó—. Estuve tres días sin hacerlo.

—Y me tomó un día entero convencerte para que me permitieras darte de comer. —También sonrió ligeramente. En esa época comenzaba a tener un tipo de relación con Bardock, pero nunca prosperó porque él conoció a Gine, y Vegeta, que en ese entonces era príncipe, puso los ojos en ella, y claro, quién podría resistirse a los encantos del poderoso e inteligente futuro rey. Ahora se arrepentía por completo, si tan solo hubiera pasado un día más con Bardock en aquel planeta todo hubiera sido diferente.

La sonrisa en el rostro pronto se borró, por lo que el guerrero continuó alimentándola.

—Siempre has sido más inteligente que yo. Lo único que quería era comer, pero estaba molesto por haber terminado en tan mal estado.

—Lo sabía muy bien, pero eras tan orgulloso y testarudo… Lo único que quería era golpearte para dejarte inconsciente y así dejaras de molestar.

Cuando terminó la sopa, Bardock dejó el plato de lado y la observó. Su amiga siempre había sido diferente al resto, incluso mucho antes de que la idea de abandonar las peleas y cambiar de rumbo se incrustara con tanta fuerza en su interior. Jamás pensó que todo daría un vuelco así de violento, que los tendría en tal circunstancia, con la reina medio muerta y escondida en su casa. No sabía cómo terminaría esta historia, pero lo que sí sabía con certeza era que nunca la había visto con semblante así. Habían vivido muchos momentos difíciles juntos, peleas terribles, enfrentamientos que casi acabaron con ellos, el atentado fallido de Tarble que terminó con Vegeta al borde de la muerte, y ni siquiera en esa ocasión vio tanta tristeza y derrota en la mirada de la mujer más fuerte del planeta.

—No hagas eso —murmuró Koora, e inmediatamente su vista se nubló. Había resistido las lágrimas demasiado tiempo.

—¿Hacer qué?

—No quiero que sientas lastima por mí. No lo soporto. —Frunció el ceño, frustrada de no poder levantarse e irse, furiosa por provocar en Bardock un sentimiento tan detestable. Quizás serían los últimos momentos que compartirían y no quería que sintiera eso.

No pudo evitarlo y pronto su mejilla se mojó. La venda que cubría la parte herida de su rostro se manchó con sangre.

Bardock se puso de pie y con gran rapidez fue en busca de más vendas para cambiar. Estaba preocupado por la grave herida en su rostro. Debía verla un experto pronto, de lo contrario agravaría, y ni siquiera su súper habilidad de sanar la ayudaría.

Cuando regresó a la cama y se sentó frente a Koora, ella, con la mínima energía que le quedaba lo obligó a dejar esas malditas vendas y lo atrajo de la ropa para besarlo. Quiso alejarla y ver esa herida que no dejaba de sangrar, pero no pudo, también tenía deseos de besarla, no entendía por qué, pero la posibilidad de perder a su gran amiga y compañera le golpeó como nunca antes hubiese sucedido. Ya había perdido a Gine en horribles circunstancias, no quería que nada malo le pasase a Koora, pero la conocía y estaba seguro que pese a su pésimo estado pelearía con tal de llevarse a su hija.

Es lo mismo que hubiera hecho Gine. Pelear hasta el final por sus hijos. Entregar la vida si fuese necesario para proteger a sus más amadas criaturas, sin importar si contaba con un gran poder de pelea. Por eso se enamoró de ella, por su forma de ser, su vitalidad, perseverancia y fuerza interior ¿y qué fue lo que hizo para honrar a tan espectacular mujer? Se desligó de lo más importante para ella y los desechó para no recordar nada que pudiese evocarla. Qué bajo y estúpido había sido, intentando ser lo que alguna vez fue, mucho antes de conocer a su mujer, cuando sus hijos sufrían de la misma forma que él. No es lo que Gine hubiera querido para ellos. Afortunadamente se encontraba muerta, de lo contrario no soportaría enfrentar la decepción y el rechazo en sus ojos.

Koora bajó su mano para tomar la del hombre. La intensidad del beso hacía dolerle la mandíbula, pero continuó y tampoco detuvo el llanto. Estaba tan mal que al menos necesitaba sus besos y manos para apaciguar el dolor externo y del alma.

La venda se tiñó de rojo hasta que ya no hubo rasgos del blanco.

—Tienes que irte de aquí. Tarde o temprano te encontrarán —dijo cuando separaron sus bocas, pero no se alejaron ni soltaron sus manos.

—Lo haré, pero no aún.

—Necesitas atención médica. Tienes fiebre y no estás sanando como debiese ser.

Koora sonrió ante su evidente preocupación. Cuánto deseaba que fuese más que amor fraternal.

—Estaré bien. Me he recuperado de peores.

—Lo sé, pero…

—¿Por qué justo en este momento te pones a hablar? —Lo interrumpió y acarició su mejilla—. Siempre he querido que me digas más de tus acostumbradas respuestas escuetas, y ahora lo único que quiero es tu silencio. —Lo besó en boca y añadió con infinita pena en su voz—. Por favor, Bardock. No tengo fuerzas para hablar. —Agachó la mirada. No quería llorar más.

Fue inmensamente reconfortante sentir los brazos de Bardock en su espalda. Ese abrazo la llenó de calor y sosiego. Era la primera vez que la estrechaba en sus brazos de esa forma.

Continuó llorando en su pecho un rato hasta que por fin logró calmarse. No fue difícil con él y pudo darse cuenta que ni siquiera en la época donde creyó estar enamorada de Vegeta sintió de forma tan potente un simple contacto. Bardock la alejó un poco para verla, en realidad quería limpiar su herida y detener la sangre, no quería que continuara debilitándose, la quería fuerte, aguerrida y voluntariosa, no llorando en su hombro con la idea de que todo estaba perdido, ella no era así, jamás había sido así y no permitiría que siguiera de ese modo.

—Necesitas ropa para poder salir de aquí. —Intentó ponerse de pie. Había ropa de Gine que podía quedarle, además era perfecta, ya que necesitaban algo con lo que no llamase la atención, pero la mujer volvió a impedírselo al tomarlo de la mano.

—Antes que vayas, necesito decirte algo. —Hizo una pausa antes de seguir, le era bastante difícil abrir su corazón en un momento como este, pero debía hacerlo, quizás era la última vez que se viesen, y no era justo quedarse con nada guardado.

—No lo hagas —La interrumpió incómodo. No quería una despedida, porque no había nada que despedir. No quería sus palabras que luego lo atormentarían porque no supo qué hacer por ayudarla. Podía aceptar no verla jamás, si tan solo supiera que se encontraba bien, pero ni siquiera tenía la seguridad de eso. Koora era muchas cosas para él, pero sobretodo su amiga y de no ser por ella, aún estaría postrado en cama, sin levantarse ni pensar, luego de la muerte de su mujer.

Qué estúpido y egoísta había sido todo este tiempo, preocupado de auto compadecerse cuando gente que le importaba lo pasaba mal. Cuando fue jefe de escuadrón siempre veló por su equipo y en cambio, en esta ocasión, los alejó a todos y se preocupó sólo de sí mismo. Kakarotto, Raditz y Koora. Lo único que debió hacer con sus hijos era mantenerlos a su lado, como lo había decidido hace muchos años con Gine, en lugar de intentar ser ese guerrero que había dejado tiempo atrás y ya casi no recordaba. Koora estuvo a su lado acompañándolo cuando debía estar preocupada de su doble vida y secretos, y si bien en ese entonces no sabía exactamente cuáles eran, estaba consciente de que cada vez se metía en más problemas, pero claro, optó por ignorarlo para centrarse en su propia miseria. En qué remedo de hombre se había convertido sin darse cuenta.

Koora no le hizo caso y quiso hablar, pero se rindió cuando lo vio acercarse a su boca. Un beso suyo sería necesario para llevarse una vez que abandonara su planeta del que tan orgullosa se sintió alguna vez.

Un tímido golpe a la puerta de la habitación los interrumpió. Se trataba de Tarble, quien perfectamente pudo entrar y correr a los brazos de su madre, tal como lo había soñado, ya que la puerta se encontraba abierta por completo, pero en lugar de eso decidió llamar para interrumpir aquel beso. No supo qué sentir. Jamás había visto a su madre besándose con alguien, ni siquiera con el rey, pero qué demonios importaba ¡Estaba viva!

—¡Tarble! — exclamó llena de alegría. Inmediatamente Bardock se puso de pie para dejar pasar al niño que corrió hacia su madre.

Lo recibió con los brazos abiertos, no le importó el punzante dolor en su pecho y espalda cuando el cuerpo de Tarble se apretó contra el suyo en un eterno abrazo, como si no supieran el uno del otro en años.

Bardock abandonó la habitación y cerró la puerta para mayor privacidad. Se encontró de frente con Raditz, quien también presenció la escena y permanecía de brazos caídos sin moverse. Él sí había visto a su padre besar en cientos de ocasiones, pero en todas a la misma mujer, su madre. Y al igual que Tarble, tampoco supo qué sentir.

—Gracias —dijo el hombre cuando pasó por el lado de su hijo. Fue hacia la mesa de la cocina y tomó un cigarro y encendedor.

—No fue nada —respondió e inmediatamente se comportó como si nada hubiese pasado y también fue hacia la mesa para sentarse en una de las sillas, frente a su padre.

—No, sí lo fue. Te arriesgaste y fuiste a palacio por el príncipe. No es fácil penetrar ese lugar. —Estiró la cajetilla hacia su hijo para ofrecerle un cigarro, pero el chico negó con la cabeza. Nunca le llamó la atención fumar.

—Con todo lo que está pasando fue más fácil de lo que pensé. La mayoría de los hombres no están en sus puestos, además hay muchos soldados de la reina por los alrededores… No creo que el príncipe Vegeta haya delatado a la reina aún. —mencionó tímido, pero intentando no evidenciarlo. Sentía extraño estar de ese modo con su padre. Por supuesto que le gustaba, pero después de todo lo que había pasado entre ellos, pensó que jamás sucedería.

Bardock dio una gran bocanada a su cigarro antes de hacerle preguntas a su hijo.

Mientras tanto en la habitación contigua:

—¿Vegeta fue quien te dejó así? —preguntó horrorizado. Nunca antes había visto así a su madre, con gran parte del cuerpo vendado y seguramente bajo las sábanas la situación era la misma. Muchas de las heridas continuaban evidentemente abiertas, especialmente la del rostro que tiñó por completo las vendas de rojo.

—No, Tarble —dijo segura, pero el cansancio era tan extremo que hasta le costaba mentir. No quería que su hijo pequeño se enemistara con su hermano.

Tarble era lo único que le quedaba a Vegeta.

—No mientas. —Frunció el ceño—. Yo pensé que habías muerto, Vegeta dijo que habías muerto, que él te había asesinado —exclamó con los ojos llenos de lágrimas. No podía creer que su hermano hubiese sido capaz de dejar en tales condiciones a su madre.

—Tarble, no hay mucho tiempo para conversar. Tenemos que salir de este planeta y entonces te diré toda la verdad.

—¿Es verdad que eras quien filtraba información al enemigo? Vegeta me dijo que te encontró con Alina y que por eso te había matado… o casi. —Pese a que su hermano no asesinó a su madre, su enojo creció hacia él.

—Sí, hijo —respondió y desvió la mirada. Su debilitamiento era tal que no podía disimular ningún sentimiento ante su hijo, como acostumbraba hacer.

—A mí no me importa eso, mamá. Yo quiero que estés bien y a salvo. Vegeta aún no le ha dicho a nadie la verdad, pero no sé cuánto tardará en hacerlo. Algo debe estar planeando y tú tienes que irte de aquí. Ve con Alina y no vuelvas más. Te odia y tengo miedo que si vuelve a encontrarte te mate.

—Sé que tengo que marcharme, pero regresé a Vegetasei por ti y Kyle. No puedo marcharme sin ustedes… ¿Qué fue lo que te pasó? —Con la emoción del encuentro no se percató de las múltiples heridas en su hijo, que si bien no eran de la misma gravedad que las suyas, sí eran serias.

—Fue Vegeta, pero estoy bien, no fue nada. —No quiso decirle la verdad, que de no ser por Ginn, hubieran tenido que llevarlo de urgencia a un tanque de recuperación. Ya tenía mucho de qué preocuparse, no quería agregarle más—. ¿Puedes contactarte con Alina para que te proteja?

—Luego me preocuparé de eso. Antes debo ir por Kyle. Dijiste que Vegeta no ha dicho nada, aún puedo entrar a palacio, mis hombres…

—No, mamá —Tarble dijo decidido—. No puedes ir a palacio. Vegeta no ha dicho nada, pero algo planea. Seguramente pensó que intentarías llevarte a Kyle, y por eso tiene un ejército pequeño resguardando su habitación, nadie tiene permiso de acercársele, ni siquiera yo… Piensa que yo sabía toda la verdad y que soy tu cómplice… Está furioso, fuera de sí… nunca lo había visto así —terminó apenado, pero manteniendo la mirada en la de su madre para que supiera hablaba en serio.

Koora se sintió peor. Estaba tan enceguecida en acabar y humillar al rey que no se dio cuenta que esto afectaría a Tarble. No midió consecuencias y ahora sus tres hijos se veían altamente afectados.

El niño continuó hablando antes que ella lo intentara.

—Es por eso que no puedes esperar un minuto más. Es muy peligro que sigas acá. ¡Debes irte ya!

—¡No pondré un pie fuera de este planeta sin Kyle! ¡No voy a permitir que sea criada por el rey! —Levantó la voz igual que Tarble.

—¡Confía en mí! ¡Yo puedo encargarme de sacarla de aquí, pero tú debes irte, estás en muy malas condiciones!

—Lo siento Tarble, pero no puedo delegarte algo así, no es tú responsabilidad.

—Claro que lo es, es mi hermana y tampoco quiero que siga en este planeta —dijo más bajo, pero aún preocupado y asustado—. Yo tampoco quiero seguir en este planeta, pero me quedaré por Kyle. Te prometo que cuando me vaya será con ella, y te buscaremos, pero tú no puedes arriesgarte, estás muy débil y solo harás que me distraiga, debes irte mamá, no quiero que nada malo te pase… Vegeta me había dicho que tú... que tú… —Su voz se quebró más al evocar lo que sintió en ese momento—. Yo pensaba que habías muerto, que mi hermano había acabado contigo y es algo que no puedo volver a sentir. ¡Me matará! —Limpió las lágrimas que asomaron y continuó—. Sé que me ves como un niño débil, pero no es así, tú me criaste, soy tu hijo, puedo hacer las cosas bien.

Koora lo miró asombrada. Pese a siempre esforzarse por criarlo fuerte, seguro e inteligente para compensar las falencias que lo hacían sufrir, se había acostumbrado a verlo como su niño pequeño, pero Tarble había crecido. Le había costado cien veces más difícil en comparación con otros niños saiyajin, ya que como príncipe debía ser sinónimo de guerrero frío y perfecto, y aunque sobresalía en inteligencia, eso era ignorado y no reconocido. Estaba tan orgullosa de él que sintió que volvería a llorar, pero se contuvo, no podía seguir así de débil, aún había mucho por hacer, y aunque creyera que su hijo podía sacar a Kyle del planeta, no podía exponerlo por culpa de sus propios errores.

Tarble pensó que aceptaría, pero cuando la vio abrir la boca, supo que no había podido convencerla, por lo que decidió interrumpirla enseguida.

—Está bien, acepto que no creas en mí… —dijo y se acercó a la puerta. Le dolía un poco, pero estaba acostumbrado a sentir eso del resto, aunque esperaba que ella pensara diferente.

—No digas eso, Tarble. No puedo…

—Pero a él sí lo vas a escuchar. —Dejó la puerta abierta y llamó a Bardock que continuaba sentado conversando con su hijo mayor.

El hombre se puso de pie y entró a la habitación. Tarble no cerró, así que Raditz, desde su silla, podía escuchar a la perfección la conversación.

—Por favor, Bardock, dile a mi mamá que no puede seguir aquí. Es muy peligroso.

Antes de que Bardock pensara en decir algo o no, Koora se adelantó.

—Tarble, no hagas esto, que metas a Bardock en esto no cambiará mi decisión.

—Tienes que entender que mientras más tiempo sigas en este planeta, más posibilidades habrán de que mi hermano abra la boca y te delate. —Estaba enojado y asustado, no sabía qué hacer para que se marchara.

—No me iré de aquí sin ti y Kyle. Yo me metí en esto y yo me encargaré de salir —dijo convencida. Era terrible como en el peor momento su orgullo de saiyajin afloraba.

—Koora, tú hijo tiene razón —habló Bardock con calma y sin aparente emoción—. Debes irte.

—No me importa lo que digan los dos.

—No puedes mantenerte de pie y necesitas curar las heridas. Solo estorbas en este lugar —insistió intentando convencerla, pero solo logró enojarla más.

—Puede que tú hayas abandonado a tus hijos cuando más te necesitaban, pero yo no voy a hacerlo. —En el momento que terminó la oración, se mordió el labio por haber soltado tal comentario, aunque al siguiente segundo no le importó, porque también era su hija la que corría peligro y él no hacía nada por ayudarla.

Bardock no dijo nada al respecto, mucho menos alguna mueca, ya que Koora tenía toda la razón.

—En lugar de discutir —intervino Tarble—, pensemos en una forma de solucionar esto.

—Solo necesito un par de días para recuperarme —dijo Koora pese a saber que mentía, pero es que le aterraba la idea de escapar y dejar a Kyle en las garras del rey. No quería que existiera la más mínima posibilidad de que interactuara con ella.

—Mamá, eres muy fuerte, pero Raditz me dijo en las condiciones que te encontraron. Ya deberías haber al menos cerrado las heridas, pero siguen sangrando.

Hubo un silencio en el cuarto. Koora frustrada al no tener energías ni siquiera para mantener su postura y ganar la discusión. Estaba perdida, tendría que marcharse y darse por vencida.

Tarble pensaba en un plan para convencerla y así aceptara escapar de una vez, pero al parecer a causa de la paliza que Vegeta le dio, no se le ocurría nada bueno.

—Yo iré —dijo Bardock, terminando con el tenso silencio.

Madre e hijo lo miraron enseguida.

—Es un caos en todo el planeta por la falta de hombres y las constantes derrotas del rey. Si Raditz pudo entrar a palacio sin ser descubierto, yo podré hacerlo para sacar a Kyle. Tarble estará esperándome y se encargará de equipar la nave que necesitan para abandonar el planeta.

—¡Así es! —exclamó el niño de acuerdo con el plan.

—Pero no haré nada hasta que te vayas de aquí. Conoces tu cuerpo y sabes que sin un entrenamiento constante a tu nivel, la habilidad de sanación disminuirá. Acá solo estorbarás y harás que la misión fracase por estar preocupados por ti.

Koora se tomó unos segundos para responder. Estaba dolida y molesta, pero sabía que Bardock tenía la razón. No era momento para tontos orgullos. Su hija estaba primero.

—Una nave y scouter. Es todo lo que necesito para salir de aquí —murmuró rendida. Había llegado tan mal que no recordaba el lugar donde dejó su nave. El único recuerdo que tenía era buscar a Bardock.

Tarble suspiró aliviado. Un problema menos. Ahora debían preocuparse de Kyle.

—Puedes llevarte mi nave. La iré a buscar hoy. Esperaremos a la noche para salir de aquí. —Y luego de eso salió del cuarto, cerró la puerta y volvió a su asiento.

—Yo te ayudaré, papá. Acabo de estar en palacio y puedo…

—No —dijo cortante, preocupado de encender otro cigarro ya que el anterior terminó consumido en el cenicero sobre la mesa.

—¿Por qué no? —exclamó ofendido —. Hace tiempo que dejé de ser un niño, puedo pelear y si los soldados de la reina que me ayudaron me reconocen será más fácil sacar a…

—No iras. Necesito que busques a Kakarotto y te quedes con él.

—No entiendo. Necesitas ayuda, vas a ir a palacio a robar a la princesa. Pueden matarte si algo sale mal, necesitas mi ayuda.

—Si algo sale mal me las arreglaré para escapar, pero necesito que tú y tu hermano se mantengan alejados de esto. Vayan a un lugar concurrido para que los vean.

—No tienes que preocuparte de nosotros. Kakarotto no se enterará de nada y yo puedo ayudarte. Quiero ir contigo.

—Tu madre me mataría si pensara en llevarte. Preocúpate de buscar a tu hermano, yo haré el resto. —Se puso de pie y tomó su cajetilla y encendedor.

—¿Dónde vas?

—Por la nave para Koora. —Salió de casa sin esperar respuesta.

Raditz permaneció observando el cenicero lleno de cigarros. Tenía miedo, no quería que nada malo le pasara a su padre, pero debía cuidar a Kakarotto y hacer lo que le pedía. Por el solo hecho de ser hijos de Bardock los exponía en el caso de que lo atraparan. Confiaba en su padre y habilidades, pero la misión era demasiado arriesgada y peligrosa.

—Deberías irte conmigo —dijo la mujer en cuanto quedaran solos.

—Tranquila, mamá. Me quedaré cuidando a Kyle. Luego nos marcharemos y si gustan pueden ir a vivir conmigo y mis amigos. Les hablo todo el tiempo de ustedes, estarían muy felices de recibirlas.

—¿Le hablas de nosotras?

—Sí, también de Vegeta, pero hay mucho que tengo que omitir… Ellos no saben que soy un saiyajin, ni siquiera conocen a la raza y mucho menos a que se dedican.

—Ya veo… Deberías decirles la verdad sobre tu origen a tus amigos, lo peor sería que se enteraran por otro lado.

—Lo sé. Lo haré algún día, pero primero necesito solucionar este problema, luego me preocuparé de ellos.

—Me gusta verte así, hijo —dijo con una sonrisa orgullosa. Ya no era el niño asustadizo y llorón. Ahora enfrentaba sus miedos e incluso había tomado la valiente determinación de abandonar el planeta para comenzar una nueva vida, algo que no muchos se atrevían.

El niño no respondió. Fue a los brazos de su madre. Ya era siendo hora para regresar a palacio. Si quería que todo saliera bien no debía despertar sospechas en su hermano.

Koora lo apretó tanto que soltó un leve quejido a causa del dolor por sus costillas rotas.

—Prométeme que te cuidaras —susurró contra su cabello y aprovechó la ocasión para olerlo y así llevarse el aroma de su hijo. Necesitaba sacar fuerzas de cualquier lado para lo que se venía.

—Estaré bien, mamá. Vegeta está furioso, pero no creo que me vuelva a lastimar. Sea lo que sea que está haciendo debe ser contra ti.

—Lo sé, pero no es de tu hermano de quien debes preocuparte. Es tu padre en quien no confío.

Tarble sabía muy bien de qué hablaba, después de todo hace mucho tiempo que sabía que el rey quiso deshacerse de él.

—Nadie sabe dónde está el rey, mamá, además Vegeta no ha dicho nada aún. Kyle y yo nos iremos del planeta antes que abra la boca o que el rey regrese al planeta.

—Cuida mucho a tu hermana. —Acarició a su hijo como cuando era pequeño y dormía. Lo acarició sin restricciones, como siempre quiso hacerlo pero las tradiciones se lo impedían. Transmitió en esa muestra de cariño, todo el amor que no pudo darle y que ahora deseaba poder entregar, a él y a Kyle, en un nuevo comienzo, en otro lugar, otra realidad, donde por fin puedan estar juntos y felices.

—Debes reponerte, mamá —susurró con el rostro contra su pecho. Era la sensación cálida más maravillosa que había experimentado. Un sentimiento de paz que jamás había vivenciado y estaba tan cerca, en los brazos de su madre. Ya quería que los días pasaran para poder estar juntos, a salvo y sin preocupaciones—. Pronto estaremos juntos de nuevo.

—Sí, hijo —Besó su cabeza—. Muy pronto.

Entonces las palabras sobraron y el calor abundó.

En ese momento era imposible pensar que algo podría salir mal. Todo era perfecto.

Más que perfecto.


(...)


En un comienzo la celebración era por una victoria más, pero inesperadamente se transformó en algo mucho más importante al iniciarse una nueva era de colaboración entre los saiyajin y los draxon. Por lo tanto, los guerreros, comida, bebidas, mujeres y combates aumentaron al punto que casi no había espacio libre en el inmenso salón de Atlas. Los saiyajin que acompañaban al monarca no tardaron en unirse a todas las actividades, incluso un par de ellos terminó muerto luego de un corto enfrentamiento con hombres de Atlas y otros dos consiguieron una victoria rotunda luego de quebrarle el cuello a su adversario y quitarle las entrañas después de un certero golpe de puño, respectivamente. Casi todos disfrutaban esta inesperada velada, solo Vegeta era quien no lograba involucrarse al tener la cabeza en otro lado. Definitivamente era una velada que podría disfrutar y en cierta forma lo hacía, pero nada volvería a ser como antes si no recuperaba todo lo que le robaron.

Pero debía quedarse, debía participar hasta que Atlas estuviera feliz con su presencia y no cambiara de opinión. Pese a jamás haber estado en una situación de desventaja, sabía muy bien qué tenía que hacer, ya que siempre había sido el de la última palabra, el aventajado y quien daba las órdenes. Lo detestaba, se sentía humillado, pero se encargaría de descargar toda su ira con sus enemigos hasta que la horrible sensación que sentía se viera apagada. ¡Sí que lo haría! aunque por el momento, debía soportar el discurso de Atlas que parecía no acabar.

—...Ese es el problema con los saiyajin —exclamó el gran guerrero al mismo tiempo que una de sus esclavas llenaba su copa con licor—. Son un pueblo de guerreros poderosos, pero estúpidos. —Cada vez gesticulaba más y movía su copa, lo que ocasionaba que derramara hacia todas direcciones.

Vegeta continuaba sentado a su lado, como invitado de honor. Tenía la mirada perdida en la batalla que ocurría a unos metros y no dejaba de beber en un intento de embriagarse y estar a tono con el lugar y de paso soportar al dueño de casa. Se sentía tan humillado que no era capaz de soportarlo.

—Es increíble… —murmuró Vegeta, pensando en voz alta. Por supuesto Atlas continuaba su discurso a gritos, sin siquiera percatarse que el rey de los saiyajin lo ignoraba—. Hace unos meses te hubiera partido la cara por hablar así de mi pueblo… —Tomó el contenido de su copa y no tuvo que estirar la mano para que se la llenaran, ya que una hermosa mujer se apresuró en llenársela. El monarca caído observó el líquido y continuó su soliloquio—. Ya estarías en el suelo, degollado por atreverte a hablarme así… y ahora tengo que soportar esto. —Bebió más para quitar el asqueroso sabor que sentía en su boca, pero aumentaba a cada respiración, a cada segundo, como si un animal muerto se hubiera atorado en su garganta y ahora formara parte de él. Era así cómo se sentía el sabor de la derrota, la humillación. Al abrir la boca ya no salían las palabras del rey que todos querían escuchar, ahora expelía un hedor pútrido que alejaba a todos, y solo conseguía rechazo, desprecio y risas.

—...Tienen a los débiles como si de algo les fuera a servir, y eso crea más guerreros patéticos. Se aparean entre ellos y sobre pueblan el planeta con escoria que solo le da mal nombre al planeta. Y eso no pasa aquí… —Se tomó una pausa para alentar a las mujeres guerreras que ahora peleaban. Eran pocas las hembras de su raza que luchaban, la mayoría se encargaba de parir y preparar a los niños para la guerra, pero las más destacadas tenían un lugar privilegiado en su ejército—. Míralas, Vegeta. Acá no hay lugar para los débiles, si el bastardo nace débil sirve de alimento para la cena, si el niño no sabe manejar un arma, su cabeza termina en una estaca en la arena de entrenamiento y si el joven no pasa la prueba para convertirse en hombre, es mejor que se corte él mismo la garganta, porque su cuerpo quedará a disposición de los guerreros. —Rio con fuerza y gritó para que trajeran más comida—. ¡Tengo veinte hijos y todos grandes guerreros que saben usar sus armas! ¡Te aseguro que si alguno de ellos hubiese nacido débil, yo mismo lo pongo en mi plato junto con una copa de vino!

Vegeta lo quedó mirando. Atlas tenía un punto muy importante. Vegetasei tenía una cantidad impresionante de guerreros destacados y poderosos, lo que los ayudó en convertirse en un planeta temido y respetado, pero también la cantidad de hombres y mujeres sin poder de pelea era inmenso y eso ocasionaba que nacieran más inútiles que solo contribuían a engendrar más decepción para el planeta. Todo eso lo hizo recordar la vergüenza constante que Tarble lo hacía sentir y lo cobarde que fue al no deshacerse de él. Recurrió a trampas y a terceros para hacer su propio trabajo y todo por no querer ganarse el odio de Koora. Qué estúpido había sido, preocupado por ella y en retribución no hizo nada por apoyarlo cuando le quitaron su puesto. No sabía qué pensar de Koora en ese momento, ya que debería estar a su lado, o al menos debía haberlo contactado, pero nada. Muy pronto le demostraría a ella y todos de qué estaba hecho, y muchas cosas cambiarían en su planeta una vez que volviera a su trono.


(...)


Era poco común ver el patio de despegues con poco movimiento, generalmente cuando no estaba tan concurrido era sinónimo de malas noticias para el reino y los saiyajin, pero esta era la primera vez que lo veía tan desolado. Algunos guerreros se mantenían alerta para el llamado a alguna misión o para la guerra, como les habían dicho, otros simplemente porque no tenían nada mejor que hacer y mataban el tiempo despotricando en contra del rey Vegeta con quien quisiera oírlo, pero ninguna nave salía y muy pocas regresaban.

Casi no recordaba cuándo fue la última vez que usó su nave. Había sido hace muchos años cuando trabajaba para Koora, y en ese entonces utilizaba una especial, más veloz, moderna, con el sello de la casa real, y por supuesto con los colores de la reina. La nave que buscaba era más simple, pero no por eso poco eficiente.

Más de un saiyajin lo reconoció, pese al tiempo, era recordado por los guerreros que lo conocieron en su época de mercenario espacial, un guerrero destacado que sin razón alguna decidió abandonar todo para ir a trabajar como niñero del hijo menor de la reina. Era por eso que siempre se pensó que era el amante de la soberana, ya que no se explicaban por qué un buen guerrero de misiones podía tomar tal rumbo. La verdad era mucho más simple y honesta, pero en un planeta como Vegetasei era mejor pensar en Bardock como amante de la reina, en lugar de un guerrero blando que deja todo por formar una familia con una saiyajin sin nivel de pelea.

Le tomó unos minutos recordar el lugar exacto de su nave. El lugar era tan grande, y tantas cosas habían pasado que la memoria le había jugado en contra.

La observó en silencio por unos segundos hasta que decidió que ya era hora de llevarla a un lugar alejado y seguro a la espera de que cayera la noche para llevar a Koora y sacarla lo más pronto del planeta. Debía ser alejado de cualquier punto visible, las naves no estaban abandonando el planeta debido a una orden real, por lo tanto esta no debía llamar la atención bajo ninguna circunstancia.

—Bardock.

El guerrero que pensaba marcharse sin demora, debió girarse al escuchar la voz de su amigo Toma. No lo veía hace tiempo. Luego de la muerte de Gine éste lo visitó un par de veces, pero el rechazo fue tan evidente que terminó desistiendo.

Se saludaron como solían hacerlo. Le dio gusto verlo en buen estado, pero ahora no tenía tiempo para hablar, pero al parecer su amigo sí.

—Qué bueno verte por acá, Bardock. ¿Piensas irte en misión?

—Sí —respondió sin pensar. Quería marcharse rápido y encontrar un lugar donde esconder la nave para Koora.

—Eso es muy bueno, pero no sé si estás enterado. Hay prohibición de abandonar el planeta. Estamos a punto de ir a guerra y nos necesitan a todos.

—Lo sé… Necesito revisar mi nave en caso de que nos llamen.

—Si vas con nosotros a pelear ten por seguro que ganamos —dijo con una gran sonrisa—. Sé lo que has estado haciendo en la zona negra, las noticias corren muy rápido.

Bardock no supo qué responder, pero antes de poder abrir la boca, Toma continuó.

—Una vez que todo se normalice, sería buena idea que canalizaras toda esa fuerza con nosotros, en misiones. Necesitamos un hombre como tú.

—Lo pensaré —respondió incómodo—. Me tengo que ir.

—Claro, tan solo no te olvides de nosotros. No quiero tener que ir a la zona para ver a mi amigo.

—No —dijo con una leve sonrisa.

Hicieron una señal de despedida y Bardock se dio la vuelta para marcharse, pero se detuvo cuando su amigo volvió a hablarle.

—Por cierto, Bardock. Ayer la rata de Nappa andaba preguntando por ti.

—¿En este lugar? —preguntó intentando no sonar preocupado.

—En la sección donde Seripa tiene su nave, muy cerca de aquí. Ella me dijo porque no le gustó que ese gusano anduviera recorriendo nuestro territorio. Es imposible confiar en él.

—Lo sé.

—Sea lo que sea que estés haciendo, ten cuidado, amigo.

—Gracias Toma. —Ahora sí no esperó más y levantó vuelo con su nave.


No supo qué hacer cuando su padre se fue. No había mucho que hacer más que pensar y esperar a que Tarble terminara de hablar con su madre. No lograba escucharse todo, pero las paredes eran delgadas y a veces era audible la conversación entre madre e hijo. Intentó no escuchar, no fue a propósito, pero lo hizo y entonces los recuerdos de su madre se hicieron más grandes y potentes. Por lo general intentaba no recordarla demasiado, era algo que le dolía y no ayudaba, pero esta vez fue imposible, especialmente cuando el silencio se hacía presente en la conversación que se llevaba a cabo en la otra habitación.

Cuando era pequeño disfrutaba de los abrazos de su madre, era algo raro en el planeta que le había tocado vivir, pero aprendió a callarlo del resto y a disfrutarlos. Cuando creció, renegó de ellos, ya que eran un obstáculo para convertirse en el sobresaliente guerrero que quería llegar a ser algún día, justo como su padre. Ahora sería capaz de renunciar a todo y todos con tal de volver a sentir un roce de la mano de la mujer que lo crió y amó.

Le gustaba ver que él no era el único con una relación así. Incluso la mujer más fuerte del planeta, la reina, se rendía a sentimientos que eran supuestamente innecesarios.

A veces se preguntaba si algún día las relaciones de ese tipo serían aceptadas o al menos no más condenadas. Se sentía extraño, siempre estuvo acostumbrado a ignorar ese tema, pero últimamente se le venía mucho a la cabeza, pero sabía que no debía conversarlo con nadie, pues no sería entendido y no quería agregar un problema más

Escuchó a la reina mencionar el nombre Alina más de una ocasión. Lo había oído antes, era imposible vivir en Vegetasei y no conocer ese nombre, especialmente desde que las derrotas del rey comenzaron a ser un tema recurrente de conversación en las tabernas, patio de despegues y casi cualquier punto del planeta. No sabía con gran detalle lo que sucedía con la reina, pero no era torpe y ahora, al escucharla hablar con la enemiga número uno de los saiyajin, caía en cuenta que al estar ayudándole se estaba involucrando en un tremendo acto de traición contra la corona y su raza. Lamentablemente no podía hacer mucho para retractarse, no había vuelta atrás, ya que hace mucho tiempo comprendió que como prioridad estaba su familia, luego el resto, por lo tanto no podía darle la espalda a su padre y media hermana.

Cuando la escuchó terminar la llamada, no dudó en ir con un vaso de agua para ofrecerle. Su padre a veces era un poco torpe y olvidaba detalles como esos, especialmente dado el estado de salud de la reina, que necesitaba alimentarse y consumir líquidos si quería sanar. Ahora entendía por qué su padre veía a su mamá en él, si todos esos gestos y detalles los vio en ella por tantos años que terminó por adquirir algunos.

Justo al momento de entrar a la habitación, Koora intentaba destruir el scouter con una mano, una tarea simple e insignificante que no pudo llevar a cabo. No dijo nada, simplemente dejó el agua en el velador y ofreció ayuda cuando la vio frustrada, intentando aplastar el aparato comunicador con ambas manos.

—¿Me permite? —preguntó un tanto tímido.

Koora lo miró de reojo y aceptó enseguida. No podían rastrear la llamada, así que dejaría el tonto orgullo herido de lado.

El joven destruyó el scouter con una sola mano.

—Gracias —dijo la mujer, y tomó el vaso del velador. Estaba sedienta y también con hambre, eso le gustaba, ya que significaba que comenzaba a sentirse mejor.

—¿Todo bien?

—Sí. Ya está listo. Tengo donde llegar… pese a que mi hijo asesinó y decapitó al suyo, Alina está dispuesta a ayudarme —comentó en un susurró.

—No tiene de qué preocuparse, sacaremos a su hija de aquí —dijo con una débil sonrisa, intentando darle ánimos.

Koora notó sus intenciones y recién decidió mirarlo. Estaba tan concentrada en todo lo que estaba sucediendo que no había notado la amabilidad del hijo mayor de Bardock.

—Muchas gracias, Raditz. Aprecio mucho tu ayuda.

—No es nada. —Desvió la mirada. Se sentía extraño al estar en esta situación con la reina, un ser que creía perfecto, inalcanzable, todopoderoso, pero que en realidad era como todos.

—Toma asiento, Raditz. —Apuntó a la cama, donde Bardock y su hijo habían estado sentados en algún momento. Qué más daba las formalidades.

Raditz aceptó la invitación, pero más reservado, fue por una silla a la cocina para sentarse cerca de ella y mirarla.

Un incómodo silencio invadió la habitación. Raditz tenía una pregunta que moría por salir, pero no era capaz de hacer, mientras que Koora observaba en Raditz rasgos que le hacía recordar a Gine. De un modo podía entender las razones de Bardock por alejarse de sus hijos, pero eso no significaba que estuviese bien. Jamás sería capaz de algo así. Daría la vida por ellos si fuese necesario.

—Tu padre jamás engañó a Gine conmigo. Con nadie, ella era todo para él, y sigue siendo así. —Finalmente Koora rompió el silencio con lo que pensó que Raditz merecía escuchar.

Raditz levantó la mirada y la miró. Intentó abrir la boca para decir algo, que no era necesario que dijera eso, pero Koora continuó.

—Siempre hemos sido buenos amigos, nada más. El sexo no significa nada —comentó. Era lo que se intentó convencer muchas veces.

—Está bien… Le creo. —No mentía. Fue testigo de la relación de sus padres, sabía que no podía ser de otra forma.

—Siento haber sido tan directa, pero creí que…

—No es necesario que se disculpe. —La interrumpió.

—Haces bien al acercarte a tu padre. Estoy segura que terminará dándose cuenta lo hijo de puta que fue contigo y tu hermano, pero ya sabes como es la gran mayoría de los machos descerebrados de aquí: intentan fingir algo que no son para verse poderosos, pero al final del día la mayoría está ansioso de terminar su misión para llegar a casa. Siempre he pensado que la mayoría necesita ejercitar un poco la cabeza en lugar de preocuparse de agrandar los músculos.

Raditz no respondió, pero le encontró la razón y lo demostró con una sonrisa sincera. Le causó gracia la manera de referirse a los saiyajin.

—¿Puede hablarme de Kyle? —No lo pensó, simplemente lanzó la pregunta, pero es que la curiosidad era inmensa y quizás nunca tendría la oportunidad de ver a su hermana.

Koora se emocionó por el genuino interés del joven. Su niña jamás había abierto los ojos y mucho menos habían interactuado, pese a eso tenía algunas cosas que decir.


Rato después, al regresar a casa con comida, más vendas y medicinas para el viaje de Koora, Bardock escucha las voces de su hijo y Koora conversando amenamente, pero cuando entró a su habitación la charla se interrumpió enseguida.

—Tengo que cambiar las vendas —dijo y se cruzó de brazos—. Luego pueden seguir hablando mal de mí.

Koora y Raditz lo quedaron mirando. No supieron si hablaba en serio o bromeaba. Bardock no era un hombre que hiciera bromas, pero la forma en que lo dijo fue diferente y eso llamó la atención de ambos.

Raditz se puso de pie y se despidió con amabilidad de la reina. Cerró la puerta al salir. Inmediatamente después Bardock se sentó a su lado, y con sumo cuidado comenzó a quitar las vendas de la cabeza, las cuales estaban empapadas de sangre. No se preocupó de aquello y las lanzó en el suelo. Debió hacerlo con cuidado cuando notó que la tela se había pegado en las heridas de la mejilla y alrededor de la cuenca del ojo que ya no tenía.

—Tíralas de una vez —dijo Koora con tranquilidad.

—Va a doler —advirtió.

—Duele todo el tiempo, solo hazlo.

Bardock no respondió, en lugar de eso fue al baño y regresó con un recipiente con agua, se sentó en frente de la mujer, humedeció un trozo de venda limpia y con la misma limpió y mojó la tela pegada en su piel para liberarla con extrema delicadeza y así causarle menos dolor.

—¿Dónde aprendiste eso? —preguntó interesada.

Como fieros guerreros que eran, estaban acostumbrados a ignorar las heridas y esperar a que sanaran solas en el caso de no tener con qué tratarlas, de lo contrario, las cosían y limpiaban solo si recordaban hacerlo. Los guerreros más experimentados ignoraban el daño y lo recibían como una marca más en su historial, cosa que ellos solían hacer, pero este caso era distinto.

Bardock no sabía cómo fue posible que hubiera sobrevivido luego de semejante paliza. Koora había dejado de pelear por mucho tiempo, pero su excelente condición de guerrera fue la que le permitió llegar a su nave y programar las coordenadas para buscarlo. Estaba seguro de no haberla encontrado en ese momento hubiera muerto en cosa de minutos.

—Gine —respondió, atento a su tarea de desprender las vendas de la carne expuesta—. No tenía el poder para pelear, pero con dos hijos que se metían en problemas todo el tiempo debió aprender a curar heridas.

—Ya veo… —Y no dijo más. Permaneció en silencio contemplando su rostro concentrado en no lastimarla. Le encantaba verlo así, sentía que lo amaba más y más, pero Gine continuaba incrustada en todo su ser. Era algo que comprendía totalmente, pero si tal vez tuvieran tiempo a su favor…

—En cuanto anochezca te sacaré de aquí —dijo el hombre luego de unos minutos. Ya había quitado todas las vendas y comenzaba a aplicar una crema verde que compró en el mercado especialmente para ella—. Ya escondí la nave y en su interior hay comida, agua, medicamentos y remedios para el dolor. ¿Ya te comunicaste con Alina?

—Sí.

—¿Cuántos días te tomará llegar a su planeta?

—Poco… el planeta está cerca.

Bardock la quedó mirando. Era evidente su preocupación y extrañeza. Koora lo entendió y respondió enseguida:

—Es el último lugar que buscarían. Hay muchas más personas que crees adheridas a la causa contra los saiyajin. Si aún no han intentado nada más grande es porque Alina es quien ordena todo y ella ha tenido consideración conmigo por ser su amiga y ayudarla contra Vegeta.

—Amigas —repitió no muy sorprendido. A estas alturas ya nada le sorprendía de ella.

—Sí… —respondió y luego suspiró—. Aunque ahora… luego de que mi hijo decapitara al suyo… Me asombra que decidiera brindarme ayuda.

—No eres la única desquiciada.

Ahora fue ella quien lo quedó mirando con una leve sonrisa. Era la segunda vez en poco tiempo que parecía hacer una broma.

—Te sorprenderías lo que se aprende viviendo fuera de este planeta, Bardock. Recorremos millones de kilómetros de planeta en planeta, pero estamos vacíos. Solo muerte y destrucción nos acompañan.

—Y mira como terminaste.

—Pago mis errores, nada más… A ti te iría bien salir de aquí y comenzar de nuevo, tal vez más adelante me hagas una visita.

—Tengo mucho que hacer aquí por el momento.

—Por el momento… Aun así espero que nos visites algún día. Sé que te hará bien.

El hombre le sonrió antes de responder.

—Algún día.

—Algún día —repitió ella y también le sonrió.


Horas después, cuando ya caía la noche y la oscuridad hacia posible pasar desapercibido, Bardock despertó. Se había dormido sobre la cama con Koora a su lado, abrazada a su pecho. No recordaba en qué momento cayeron rendidos, pero era necesario descansar un poco antes de partir. Posó su mano sobre la cabeza de la mujer y acarició su cabello. Estaba preocupado por su futuro, pero confiaba en ella y pronto se alejaría de este planeta.

—Koora —susurró. Sabía que estaba exhausta, por eso procuró despertarla con cuidado—. Koora, es hora de irnos. —Continuó con la mano en su cabeza, moviendo su cabello, hasta que logró abriera los ojos.

No dijo nada los primeros segundos. El momento perfecto que sigue al despertar, ese en donde no se recuerda nada y solo está la agradable sensación de calor y descanso al dormir sobre el pecho del hombre que ama la embargó, casi al punto de las lágrimas, especialmente cuando toda la realidad y recuerdos la golpearon. Se sentía tan cansada y sin fuerzas que no era capaz de controlar sus emociones, lo que la hacía sentir más expuesta y patética.

—Sí, vamos —finalmente respondió, y se sentó al mismo tiempo que limpiaba las pocas lágrimas que se asomaron.

Observó a Bardock levantarse y abandonar la habitación. No tardó mucho en volver con ropa negra ajustada y pequeña. Con total seguridad supo que se trataba de Gine.

—¿Puedes vestirte sola?

—Debo hacerlo —respondió mientras apoyaba los pies descalzos en el suelo. Descansar y comer le habían hecho bien, pero aún faltaba mucho para recuperarse.

—Comerás antes de partir.

—Sí —apenas pudo responder. No quería irse del planeta de esa forma, pero no tenía otra opción.


Pudo levantarse y mantenerse en pie, pero le fue imposible poder volar con constancia. Bardock debió llevarla en brazos hasta el solitario lugar donde ocultó la nave, lejos de las casas, de la zona negra, lejos de todo. Piedras de más de tres metros que alto se amontonaban en el paraje desértico perfecto para ocultar la nave y a la reina. Alguno que otro animal rastrero se paseaba por los alrededores y recovecos de las rocas en busca de un poco de comida; ellos eran los únicos testigos del último momento de Koora en su planeta natal.

—En la nave está todo lo que necesitas —dijo Bardock en cuanto tocaron tierra firme. Se preocupó de depositarla con cuidado para no lastimarla más—. Hay comida, agua, medicina y vendas. En cuanto llegues a tu destino has que te lleven a un tanque de recuperación o a lo que tengan allá.

—Lo sé. Y ya estoy mejor. —De pronto quedó sin palabras y no supo si los temblores de su cuerpo se debían al frío, su mal estado o porque no quería dejar a Bardock, el planeta ni a sus hijos de esa forma. No podía ser que esto terminara aquí.

Completamente enceguecida por una venganza que no alcanzó a disfrutar. Una venganza que se gatilló por los atentados a su hijo, pero que luego la convirtió en algo personal y la hizo ignorar consecuencias y daño colateral. Ahora completamente derrotada debía huir, a escondidas luego de perder una de las cosas más importantes, su hijo mayor. Se arrepentía de lo que había hecho. En su mejor época de guerrera estaba segura de poder enfrentar y acabar con el rey. Perfectamente podía engañarlo y llevarlo a un planeta solitario y así nadie interviniera, podría haberlo enfrentado, acabado y asesinado por haberse atrevido a tocar a Tarble, para después regresar al planeta como la única soberana y poder hacer los cambios que tanto necesitaba el planeta, en lugar de guerras y enfrentamientos constantes que solo lo llevaría al colapso. Habría sido la mejor forma de ser fiel y consecuente a su nuevo estilo de vida, pero su sangre de saiyajin fue más fuerte, su arrogancia le hizo creer que al ser más inteligente podía manejarlo todo para humillar y enterrar al todopoderoso rey, y sí, efectivamente lo consiguió, pero ahora abandonaba su planeta en medio de la noche, a escondidas, con la certeza que jamás volvería a ver a su hijo mayor y sin saber cuándo se reuniría con Tarble y Kyle… Y Bardock… Bardock. Sus ojos se posaron en los de él.

—Sea lo que sea que estés pensando, déjalo —dijo el guerrero con un tono más duro, como si estuviera hablando con sus hombres durante una misión que va de mal en peor—. Concéntrate en llegar a ese planeta, reponerte y luego lo siguiente.

—Lo sé. Ya lo sé… Terminemos con esto de una vez. —Con dificultad cojeó unos metros hasta la nave que se encontraba junto una pared de rocas oscuras. No era de las más modernas, pero no tendría problemas para llegar. Sentía el estómago apretado, como si fuera a devolver todo lo que comió durante el día, por lo que se concentró en respirar el frío aire nocturno del planeta para refrescarse y ordenar las ideas. Bardock tenía razón, primero debía preocuparse de su estado y luego todo lo pendiente—. Prométeme que la sacarás —dijo luego de afirmarse del techo de la nave circular. No volteó para mirarlo, ya no quería, de lo contrario lloraría.

—Lo haré —respondió y se le acercó para abrir la compuerta de la nave—. Ten cuidado donde vas. No confíes en nadie.

—Solo confió en Alina.

Bardock se movió un poco para poder mirarla a la cara.

—No confíes en nadie, ni siquiera ella. Tu hijo mató al de ella, puede que vayas directo a su trampa.

—No tengo otra opción. Es irme con ella o esperar que me atrapen aquí y me corten la cabeza por traidora y es un gusto que no le daré al imbécil de Vegeta. Que siga revolcándose en su miseria el mayor tiempo posible —comentó con evidente odio en su voz y luego agregó con calma—: Alina es una gran mujer, si deseara venganza la hubiera tomado cuando le dije la verdad. Es mi amiga y fuese lo que fuese me lo diría a la cara.

—Lo que digas… Ahora vete, no pierdas más tiempo. —La tomó de la mano para ayudarla a subir a la nave, pero notó que intentaba acercarse a él. Por supuesto no la rechazó y abrazó.

Se besaron con la intensidad que el debilitado cuerpo de Koora le permitió, de lo contrario podría terminar con otro hueso roto y en cuanto separaron sus bocas, la mujer se aferró a su cuello.

—Si algo me pasa quiero que… —susurró, pero él la interrumpió e intentó separar para impedir ese tipo de despedida. No lo aceptaba.

—No comiences —dijo serio, con el corazón ligeramente acelerado. Hacía tiempo que algo no lo golpeaba de esa forma.

—Voy a hacerlo —insistió contra su oído, mojando la piel del hombre con sus lágrimas—. Cuida a nuestra hija. Si algo me pasa no dejes a Kyle, te lo ruego. No me importa si nunca sabe la verdad, pero no la dejes con Vegeta. —Tenía que decirlo. Antes la confianza de ser una de las guerreras más poderosas y hábiles le jugaba a favor, pese a haber abandonado las peleas. Tenía un nombre que la precedía y protegía, pero ahora estaba completamente expuesta a cualquier ataque y no había quien pudiera defenderla.

Bardock no respondió, simplemente la apretó con más fuerza, tanto que la hizo soltar un quejido de dolor.

—Y deja de comportarte como un niño estúpido. Tú fuiste quien decidió tener una vida junto a una saiyajin sin nivel de pelea, decidiste tener hijos con ella y criarlos. Sé un hombre de verdad y honra su memoria a través de sus hijos. Si yo fuera ella y viera lo has hecho te partiría la cara —terminó con una sonrisa en medio del llanto. Él también sonrió ante el último comentario, porque tenía razón.

Koora cerró los ojos con fuerza al sentir las manos del hombre recorrer su espalda, en una caricia sobreprotectora. Se separó un poco para besarlo en la boca y mirarlo a los ojos.

—Te amo —susurró contra su boca. Inmediatamente después volvió a besarlo para no observar su reacción ni que se sintiese obligado en decir algo de regreso. Sabía que no la amaba de la misma forma y estaba bien. De todas maneras sabía que significaba mucho para él.

Al separarse, Koora no lo dudó y se metió a la nave. Sintió un poco de dolor en su espalda, pero sabía que soportaría todo el viaje. Su corazón acelerado parecía que no volvería a encontrar la serenidad, mucho menos cuando Bardock se asomó para mirarla a los ojos por última vez.

—Cuídate, Koora.

—Cuídate, Bardock.

El saiyajin se irguió y apretó el botón para cerrar la compuerta. Se alejó unos pasos cuando la vio programar la nave. Le gustó que no tardara en hacerlo. Debía marcharse y preocuparse de sanar, ya que aquí su vida corría peligro.

Dentro de la nave, Koora ignoró las lágrimas que cada vez eran menos y se concentró en el panel de control. El modelo de la nave le hizo recordar en la época que asistía a misiones con Bardock y todo su escuadrón y no pudo evitar sonreír por eso. Si bien no volvería por nada del mundo a participar en misiones, tenía buenos recuerdos con sus compañeros.

Cuando la nave tiritó levemente, anunciando su inminente despegue, buscó la mirada del hombre, pero rayones en la ventanilla provocados por golpes de basura espacial se lo impidió. Podía verlo ahí, de pie, pendiente de ella, cuidándola, tal y como lo hizo con él cuando estuvo mal, pero no pudo contemplar sus ojos. Un segundo después, su desfallecido cuerpo sintió el tirón cuando la nave se elevó a velocidad asombrosa para abandonar el planeta. Y cinco segundos después, ya estaba demasiado lejos para distinguir algo bajo sus pies.

Bardock permaneció en su lugar hasta que la nave, reducida a un pequeño punto de luz, se perdiera en el cielo nocturno. Levantó vuelo y emprendió camino de regreso a casa, con la seguridad de que nada había seguido la nave de Koora.

El lugar que había escogido era perfecto. Debido a su lejanía y escasez de animales salvajes no era atractivo para ningún habitante del planeta. Las grandes piedras apiladas hacían imposible la instalación de viviendas y las aldeas más próximas estaban a horas de arduo vuelo, por lo que no tenía sentido para los saiyajin sin poder visitar el lugar. Fue por eso que escogió la zona para dejar la nave, sería imposible que alguien la encontrara luego de esconderla. La guarida perfecta para la huida de la reina, y también para cualquiera que llevase días vigilando a Bardock y estuviese pendiente de sus movimientos sin que éste lo supiera. Simplemente bastó con esconderse detrás de una roca y esperar a ver qué sucedía.

Evidentemente, el resultado fue mucho mejor de lo esperado.


(...)


Estiró la mano y en menos de un pestañeo, su copa estaba llena nuevamente. Ya podía considerarse ebrio y él necesitaba mucho para embriagarse, algo que el último tiempo hacía seguido. A su lado, Atlas continuaba hablando sobre la superioridad de su raza y sus efectivos métodos para mantenerse así, pero no con la misma intensidad de antes, el alcohol también le había golpeado, sin embargo estaba acostumbrado y la fiesta podía durar un par de días más.

Cuando estaba por llegar un nuevo cargamento de comida, alcohol y mujeres, uno de los saiyajin que debió esperar en la nave para no dejarla sola, se acercó al rey Vegeta, traía consigo un scouter y parecía incómodo de tener que importunar a su alteza.

—Su Majestad… siento molestarlo pero…

—¿Qué dices? ¡Habla más fuerte! —exclamó de pésimo humor.

—Sí señor, lo siento… ¡Hay una llamada para usted, su alteza!

—¡¿Es la reina?! —preguntó interesado, incluso miró a su soldado.

—No señor, es Nappa. Necesita hablar con usted.

—¡Lárgate de aquí! —dijo hastiado. Lo último que quería en ese momento era perder el tiempo con la rata rastrera de Nappa. Si no lo trajo consigo a este viaje fue porque quería descansar de sus soldados inútiles—. ¡No quiero que me molesten!

—Lo sé señor, es lo mismo que le he dicho, pero lleva una hora llamando sin parar, dice que es algo sumamente importante, y solo usted debe escucharlo.

—No me hagas perder el tiempo. Vete a la nave ahora mismo y dile a esa sabandija que si vuelve a molestar, personalmente le quitaré los ojos.

—Sí, señor. Con su permiso, señor. —Inmediatamente caminó de regreso a la nave, donde dos hombres más continuaban aburridos haciendo la guardia. Se puso el scouter para insultar a Nappa y decirle que no molestara más, pero se calló cuando éste le habló. Escuchó atento, hasta que decidió regresar a paso rápido con el rey y volver a insistir—. Rey Vegeta, siento molestarlo nuevamente, pero.

—¡¿Acaso no escuchaste?! ¡Te dije que...!

—¡Lo sé, señor, pero se trata de la reina! ¡Nappa dice que algo le sucedió a la reina!

—¡¿Por qué no lo dijiste antes!? ¡Imbécil! —Pese al alcohol en su sangre, no tuvo inconveniente de quitarle el scouter al soldado.

—Perdón, señor, pero en todas las llamadas, Nappa nunca dijo que se trataba de ella. —Se disculpó, pero Vegeta no lo escuchó, preocupado de ponerse el scouter y escuchar a Nappa.

De pronto se preocupó que el enemigo la hubiera dañado, después de todo, hace tiempo no entrenaba como se debía.

—¡Habla de una vez! ¡Qué ha sucedido! —Sin pensarlo, se puso de pie y se alejó de la multitud para poder escuchar mejor lo que Nappa tenía que decir. Atlas no se percató de su ausencia, concentrado en el combate que se llevaba a cabo.

Una vez alejado lo suficiente para que el escándalo solo fuese un murmullo molesto, Vegeta le dio la orden a Nappa de hablar.

Se encontraba lejos de Vegetasei, tal vez por eso y por otros motivos, la comunicación tenía interferencias que dificultaba poder escuchar y ser escuchado con claridad, además Nappa hablaba demasiado rápido y ansioso, lo que empeoraba todo.

—¡Dime qué pasó con la reina! ¡Te juro, pedazo de bestia, que si no es nada importante te voy aplastar el cráneo! —Guardó silencio y se concentró en las palabras de Nappa, y por lo que pudo entender, no le gustó nada—. ¡¿Acaso estás loco?!... ¡Puedes darte por muerto a mi regreso, Nappa! … ¡¿Grabación?! ¡¿Qué grabación?!… ¡Escucha, Nappa! ¡Daré la orden para que alguno de mis hombres te liqui...! —Guardó silencio cuando escuchó la voz de Koora. No era de muy buena calidad y se escuchaba a lo lejos, pero definitivamente se trataba de ella, podría reconocer su voz en cualquier lado. Se mantuvo en silencio después de terminar la grabación. No fue capaz de abrir la boca, ni pensar en algo y sin ser consciente de su cuerpo, su rabo de desenlazó de su cintura y comenzó a moverse impacientemente. Se llevó una mano al rostro y cubrió sus ojos antes de armarse de valor para volver a hablar a Nappa que no dejaba de llamarlo, temiendo que la comunicación se hubiera cortado—. Pon de nuevo la grabación —ordenó. Ante cada palabra que soltó, sintió que se desgarraba la garganta.

El escándalo en el salón había pasado a segundo plano, no los hubiera oído aunque se encontrara en medio de la celebración, toda su atención era en la voz de Koora. En un par de horas no recordaría cuantas veces le ordenó a Nappa volver a reproducir la grabación, pero serían más de diez y posteriormente se atormentaría a solas, cuando tuviese la reproducción en su propio scouter.

Le hizo un sin fin de preguntas a Nappa y consiguió más información de la que deseaba. Estaba ardiendo en ira y deseaba tener algo a su lado para desquitarse. Muy pronto lo tendría, pero tenía que pensar rápido.

Luego de más de veinte minutos de comunicación, el guerrero terminó la llamada y estuvo a punto de destruir el scouter. Su cuerpo entero era tensión y odio. No había nada más en su interior, por lo tanto, haría algo al respecto. Afortunadamente estaba en el lugar indicado y en el momento adecuado.

—¡Atlas! —gritó cuando regresó. Caminó hacia el centro del salón para mirar al guerrero en su trono y de paso todos los vieran.

Solo fue necesario un solo grito para captar la atención de toda la concurrencia. Hervía en ira y estaba a punto de estallar, pero guardaría todo para soltarlo en el momento indicado.

—¿Malas noticias, Vegeta? —preguntó Atlas, un poco molesto por interrumpir su festejo, pero curioso. Dependiendo de lo que tuviera que decirle el monarca saiyajin, actuaría.

—¿Te interesa un botín grande, Atlas? ¡¿Uno que los hará celebrar a ti y a tus hombres por un mes entero?! —Su respiración estaba entrecortada. Estaba agitado y con la cara roja. Cada vez levantaba más la voz y su mandíbula se tensaba.

—Te escucho.

—Entonces ordena a tus hombres que dejen las copas y mujeres, que tomen sus armas y me sigan. ¡Después que lleguemos a nuestro destino sus armas brotarán sangre por días enteros!

—¡Vaya, Vegeta! Suena interesante. ¿Cuánto porcentaje nos corres...?

—¡Puedes tomar todo lo que quieras! ¡No me importa absolutamente nada más que venganza! ¡Los planetas que ataquemos, la gente que esclavicen, los tesoros que tomen! ¡Todo les pertenece a ustedes! ¡Yo solo quiero dos mujeres para mí! —Estaba fuera de sí, encolerizado y no descansaría hasta atrapar sus presas.

—¡¿Qué dicen, hermanos?! —preguntó Atlas y se puso de pie para acercarse a Vegeta. Llevó sobre su hombro su gruesa y gran espada—. ¡¿Tienen energía para un combate más?

Todos los hombres de Atlas presentes dejaron sus copas y levantaron sus armas. Gritaron enardecidos al ritmo de sus gritos de guerra. Era un espectáculo ensordecedor.

—¿Por qué no hicimos esto antes, Vegeta? —preguntó Atlas. Debía gritar para hacerse oír.

—Porque fui un estúpido —respondió Vegeta, sin un ápice de emoción que embargaba a los guerreros y Atlas.


(...)


Lo primero que hizo al llegar a su casa fue encender un cigarro. Se sentó en la misma silla en la que había estado en la tarde conversando con Raditz, pero ahora se encontraba solo y agradeció eso. Seguiría el consejo que le dio a Koora y no pensaría en todo lo sucedido, debía enfocarse en su misión de sacar a Kyle de palacio y el planeta, pero primero se concentraría en su cigarro, no tenía cabeza para nada más, recién ahora, luego de dejar a Koora, el peso de lo sucedido lo golpeaba, por lo que todo lo que podía hacer en ese momento era fumar y despejar la cabeza para después poder pensar con claridad.

—Papá.

No se volteó. Permaneció en su lugar, fumando y con el brazo derecho apoyado en la mesa.

—Pensé que te habías ido.

—Te estaba esperando. —Bajó desde el segundo piso y también se sentó en la misma silla en la que había estado en tarde.

—Tienes que irte, busca a tu hermano y llévatelo por un tiempo.

—Es por eso que te esperé. No quise insistir para no incomodar a la reina, pero no puedo aceptar que intentes sacar a la princesa por tu cuenta. Es demasiado peligroso.

—Lo sé, y por lo mismo tienes que tomar a Kakarotto e irte del planeta por un tiempo.

—Irme del planeta —repitió sorprendido.

—No quiero que los involucren conmigo y eso es lo que pasará si permanecen aquí —comentó con tanta calma que molestó a Raditz.

—Pensé que estabas seguro de tus habilidades —dijo levantando la voz. No podía ocultarlo.

—Lo estoy.

—¡Entonces déjame ayudarte! —Golpeó la mesa con ambas manos. No soportaba verlo así de tranquilo mientras que él se impacientaba cada vez más—. ¡Si eres tan hábil como para meterte en palacio y robar a la princesa sin que nadie te vea, déjame ir contigo! ¡Confía en mí, maldición!

—Confío en ti, por eso te pido que busques a Kakarotto y lo saques de aquí. No quiero nada que pueda distraerme, es por eso que debo hacerlo solo —dijo serio y con un volumen más alto.

—Piensas que voy a arruinarlo, crees que no soy capaz de ayudarte porque soy un guerrero mediocre —exclamó con la voz quebrada y los puños apretados. Se odiaba tanto por no poder ser mejor, estar a la altura de lo que es su padre y lo que estaba logrando su hermano.

—No se trata tu poder —comentó incómodo.

—¡¿Entonces de qué se trata?! —gritó a la espera de una respuesta.

Finalmente, Bardock soltó todo.

—Ya les he arruinado demasiado la vida como para exponerlos más. No protegí a Gine cuando era mi deber hacerlo, no los protegí a ustedes cuando perdieron a su madre y ahora no los sacrificaré por algo que no les corresponde, porque si me descubren terminaré muerto y los quiero lo más lejos posible de mí cuando eso suceda. Es tu deber obedecerme y cuidar a tu hermano menor, como yo debí hacerlo, y en cambio siempre estuviste tú. Debes seguir haciéndolo por mí.

Los dos permanecieron en silencio, pero sus respiraciones se escuchaban en la habitación. Bardock no sabía qué sentía ahora que había dicho esas palabras y Raditz deseaba con todas sus fuerzas que Kakarotto hubiese estado presente para oír a su padre.

—¿No vas a decir nada? —dijo con el ceño fruncido, volviendo a la normalidad. Apagó el cigarro que no pudo disfrutar y prendió otro, a la espera de que este fuese menos amargo.

—Está bien —respondió el hijo, mucho más calmado y poniéndose de pie—. Buscaré a Kakarotto, pero prométeme que no fallarás.

—Lo prometo. —También se puso de pie y caminó con su hijo hacia la puerta—. Ahora vete. Muy pronto iré por Kyle, no quiero que estén aquí.

—Sí. —Estiró la mano para abrir la puerta, pero su padre posó la mano sobre su hombro.

—Cuando termine esto tendremos tiempo para conversar. —No supo por qué dijo eso, simplemente se escapó de su boca.

—Sí, papá. —Y al igual que esas palabras salieron de su padre sin haberlo pensado, el cuerpo del joven reaccionó sin meditarlo y lo abrazó.

Bardock permaneció en su lugar, y subió un brazo para corresponder el abrazo que no duró mucho, pero sí significó demasiado para Raditz.

—Nos vemos pronto, papá. —En cuanto salió de la casa, levantó vuelo, en busca de su hermano.

Bardock cerró la puerta y volvió con su cigarro.


(...)


—¿Lo soldados de la zona negra? —exclamó el rey interino. Iba camino a una reunión con los miembros del consejo cuando se cruzó con Vegeta en un pasillo externo. Desde ese lugar podía verse el patio exterior de palacio, el cual se veía más solitario que nunca ante la pausa del planeta entero.

Vegeta fue directo. Le informó sobre su decisión de reclutar a los guerreros de la zona negra para incluirlos en el ejército. Por supuesto no estaba pidiendo su aprobación, simplemente era un aviso, lo que Paragus entendió muy bien. La verdad es que no le gustaba mucho la idea de tener esos hombres batallando a su lado, no se podía confiar en ellos, pero dado el estado actual del planeta y la cantidad de guerreros, no podía despreciar la idea.

—¿Tu padre sabe de esto?

—El rey está inubicable y no podemos quedarnos sin hacer nada a la espera de su regreso. Si se comunica contigo dile que contamos con un mejor ejército para atacar —respondió el joven. Estaban solos y no se escuchaba el ruido de nada ni nadie a su alrededor.

—Por supuesto que lo haré… Si sólo acepté el puesto fue para ayudar a tu padre. Yo estoy de su parte y como todos en palacio deseamos que pronto regrese y que Vegetasei vuelva a su gloria.

—No todos quieren lo mismo que tú, Paragus —dijo cruzado de brazos, y sin darle mucha importancia a sus palabras. Estaba seguro que el hermano de su padre andaba conspirando para alguna revuelta que diese como resultado la obtención de la corona para su persona, pero eso no ocurriría, antes de que tenga a los aliados suficientes ya todo estaría solucionado.

—Aun así. La gran mayoría de los guerreros apoyamos a tu padre, no hay de qué preocuparse.

—Sí. —Miró hacia el cielo. El viento sopló más fuerte y revolvió su cabello y flequillo.

—Hay algo que me inquieta, príncipe. Tal vez tú puedas ayudarme. Hace mucho que no sé de la reina y ya comienza a preocuparme. He intentado comunicarme a su scouter, pero la señal lleva sin activarse al menos una semana. He intentado por medio de sus hombres, pero nadie tiene idea de su paradero. Koora es la mujer más fuerte que conozco, no se dejaría tomar de rehén, estoy seguro de eso, pero ya no sé qué pensar… De tenerla el enemigo, ya lo sabríamos.

Vegeta miró a Paragus y respondió enseguida. Por nada del mundo evidenciaría su situación con Koora.

—No he hablado con ella. Seguramente se encuentra con el rey. Debe estar a su lado, cumpliendo su rol. —Su mandíbula se tensó un poco al hablar de ella.

—Sí, tienes razón —dijo un poco aliviado. Era evidente que el rey confiaba en extremo en la reina y en estos momentos tumultuosos debía tenerla a su lado—. Informaré a los jefes de tropa la llegada de los guerreros castrados. Si van a pelear con nosotros necesitan saber las reglas.

—Sí.

—¿Alguna otra indicación? ¿Fuiste por los guerreros por alguna misión en particular?

El príncipe se tomó unos segundos para responder.

—Te lo haré saber a su debido momento —dijo con determinación, incapaz de revelar toda su parte del plan. El decir que la misión de los castrados era eliminar a los soldados de la reina, significaba revelar la información privilegiada (sin los detalles del combate en el cual la dejó viva, por supuesto) y pese a lo deseado, no pudo hablar. Se odió y detestó por su comportamiento estúpido y débil, pero quiso atribuirlo a la vergüenza que significaba identificar a su sangre como la más grande traidora de todos los tiempos.

—Paragus, Vegeta —dijo Torn, el hermano del rey, cuando se acercó a la pareja que conversaba en medio del camino. Venía con su hijo Row—. La próxima vez que tengan una reunión secreta que sea en otro lado, aquí los puede escuchar cualquiera.

—No es necesario, Torn —dijo Paragus, en un intento de calmar los ánimos. Lo último que necesitaban ahora era una pelea sin sentido.

Torn se puso junto a el príncipe y Paragus, mientras que Row, se mantuvo unos pasos detrás de su padre, pero atento a la situación.

—Sí es necesario —insistió Torn—. Están perdiendo el tiempo en reuniones secretas, mi hermano está quien sabe dónde alcalizándose y sintiendo lástima por sí mismo, mientras yo parezco ser el único interesado por el bien del planeta.

—Buen intento —comentó Vegeta con una sonrisa irónica—. ¿Sabes cómo terminan los que conspiran a espaldas del rey para tomar el poder?

—Estás imaginando cosas, niño. Tal vez tengas el mismo problema que tu padre. No están acostumbrados al fracaso y se derrumban a la primera oportunidad.

—Tú sí sabes mucho de fracasos, Torn —dijo el príncipe, ya harto de tener que perder el tiempo en esa clase de cosas.

—Por favor —dijo Row, y se acercó a los hombres—. Simplemente queremos ponernos al día con las noticias. Se ha dado la orden de detener toda misión y esperar para el ataque, pero no se nos ha informado nada a nosotros de alto rango. Estoy dispuesto a pelear a cualquier lugar y hora, pero quiero más información.

—Vegeta —dijo Paragus, como respuesta a la petición de Row—. Tú has dado orden de aguardar hasta el llamado de ataque y reclutaste a los castrados para nuestro ejército…

—¿Los castrados? —Torn interrumpió a Paragus, indignado—. Lo único que faltaba. Incluyendo los asquerosos castrados a nuestro glorioso ejército.

—Necesitamos soldados, Torn, la idea de Vegeta ha sido la mejor — opinó Paragus.

—Sí, puede que tengas razón, pero estaré atento. No puede ser que comencemos a manchar nuestro ejército de élite.

—Piensa que son parecidos a las prostitutas que frecuentas en la zona negra, Torn —dijo Vegeta mirándolo a los ojos—. Así no habrá problema.

Torn no alcanzó a responderle, porque Paragus continuó hablando.

—Como decía Vegeta. Merecemos saber los detalles de tu plan. No tenemos a los reyes presentes, debemos permanecer unidos o sucumbiremos.

Antes de decir algo, la conversación se vio interrumpida por la llegada de un soldado que llamó al príncipe. Se veía agitado y nervioso, seguramente llevaba un rato intentando encontrar a Vegeta.

—Príncipe Vegeta, una llamada urgente para usted. Su majestad, el rey Vegeta, es de suma urgencia —dijo apresurado. Se arrodilló ante el joven y le tendió el scouter.

Vegeta tomó el aparato y se alejó lo suficiente antes de ponérselo en el oído y hablar.

—Aquí estoy. —No supo por qué, pero por un momento pensó que se trataba de alguien más en lugar de su padre, pero estaba equivocado.

El soldado se marchó enseguida, mientras que los tres hombres se mantuvieron en silencio observando al príncipe hablar con el rey. No habían tenido noticias del monarca en demasiado tiempo y ahora se contactaba de esa forma. Algo estaba pasando y querían saber qué era. Lamentablemente no lograban escuchar la conversación y además, Vegeta casi no emitía palabra alguna, pero su rostro siempre frío e inexpresivo, salvo para burlarse y humillar, comenzó a cambiar de una forma que jamás habían visto. Era evidente que algo muy malo sucedía.

Torn intentó acercarse y decir algo para que su hermano lo escuchara por el otro lado del scouter, pero su hijo lo tomó del hombro e impidió. Debía esperar a que terminaran de hablar y luego escuchar. Paragus estaba tan concentrado y sorprendido por la expresión de Vegeta que no se dio cuenta de lo sucedido entre padre e hijo.

Fueron los dos minutos más largos de toda su vida, hasta que Vegeta, con voz seca y fría, totalmente diferente a su rostro, habló.

—Sí, sí. Entendido. Enseguida. Lo sé. —Se quitó el scouter y por gravedad lo dejó caer al suelo. Por un segundo quedó con la mirada perdida en la nada, pero cuando reaccionó, sus dientes resonaron y la baranda de piedra quedó totalmente destruida por un solo golpe de puño—. ¡Alístense ahora! —Rugió mirando a los tres—. Nos vamos a la guerra.


Continuará...


Hola a las que aún siguen esta historia. Trataré de ser breve. Terminé el semestre de universidad y pasé todos los ramos. Estoy muy feliz porque subí las notas y ahora tengo tres semanas de vacaciones.

Este es el capítulo más largo del fic. Más de 13 mil palabras y además, la historia ha sobrepasado las 200 mil palabras. Y también, el mes pasado, yo cumplí 5 años en el fandom y El Legado cumplió 3 añitos.

Pasó mucho en este capítulo. Tarble se reunió con Koora, Raditz pudo hablar con Bardock, y éste por fin ha podido abrir los ojos y darse cuenta de lo equivocado que estaba. Me dio mucha pena escribir los momentos entre Bardock y Koora. Escribir este capítulo ha sido muy emocionante para mí. Espero que les guste.

Por otro lado, el rey Vegeta ya lo sabe todo y no hubo necesidad de que su hijo (que no hacía más que bacilar) revelara la verdad. Lo que se viene es feo feo.

Como adelanto del próximo capítulo les cuento que Bardock irá por su hija.

Estoy cansadísima, me gustaría decir más al respecto del capítulo, pero necesito descansar la vista.

Nuevamente les doy las gracias a Tour, Vanerod, Miel, Lol210, Claudia, Isabel, Ina, Perla y Nyrak por ser fieles lectoras y tomarse el tiempo para dejar rw. Se los agradezco mucho chicas. Y besos a Elide que tanto le gustó mi historia :)

Ojala hayan disfrutado este capítulo como lo hice yo al escribirlo.

Miles de besos,

Dev.

16/07/2016