Disclaimer: los personajes son propiedad de la increíble Suzanne Collins, y la historia es parte de la maravillosa escritora Cecelia Ahern. Esto solo forma parte de mi alocada cabeza que ha juntado estas maravillosas historias.

Música de acompañamiento: Radioactive - Imagine Dragons


Capítulo 37

Katniss apretó con fuerza el claxon de su coche y maldijo al conductor que tenía delante. Estaba hecha una furia. La sacaba de quicio que la hubiesen sor prendido en aquella situación supuestamente comprometida. Pero aún esta ba más enojada consigo misma por sentir que en el fondo sí lo era, puesto que en realidad había disfrutado mucho en compañía de Cato durante toda la velada. Y no debía haber disfrutado con algo que no le parecía bien, aunque en aquel momento no fuese consciente de ello.

Se llevó la mano a la cabeza y se dio un masaje en las sienes. Tenía jaque ca y volvía a dar vueltas a las cosas más de la cuenta. Por si fuera poco, el mal dito tráfico estaba volviéndola loca mientras conducía de regreso a casa. Pobre Cato, pensó apenada. Los padres de Peeta habían sido muy groseros con él. Habían dado por zanjada la conversación al instante, entrando en el restau rante con aire resuelto sin mirarla a los ojos. ¿Por qué habían tenido que aparecer cuando por una vez estaba contenta? Podrían haber ido a visitarla a su casa cualquier día de la semana y constatar lo desdichada que se sentía guar dando el luto de la viuda perfecta. Así se habrían dado por satisfechos. Pero no lo habían hecho, y ahora probablemente pensarían que se estaba dando la gran vida sin su hijo. «Bueno, que los zurzan», pensó enojada, tocando de nue vo el claxon. ¿Por qué la gente siempre tardaba cinco minutos en arrancar cuando el semáforo se ponía verde?

Tuvo que parar en todos y cada uno de los semáforos que cruzó, y lo úni co que deseaba era llegar a casa y permitirse un berrinche en la intimidad de su hogar. Sacó el móvil del bolso y llamó a Annie, segura de que la comprendería.

- ¿Diga?

- Hola, Finnick, soy Katniss. ¿Puedo hablar con Annie?

- Lo siento, Katniss. Está durmiendo. Si quieres la despierto, pero estaba agotada y…

- No, no te preocupes -interrumpió Katniss-. La llamaré mañana.

- ¿Es importante? -preguntó Finnick preocupado.

- No -contestó Katniss en voz baja-. No tiene ninguna importancia. Colgó y acto seguido marcó el número de Clove.

- ¿Diga? -erijo Clove, muy risueña.

- Hola -dijo Katniss.

- ¿Estás bien? -Clove soltó otra risita-. ¡Para, Tom! -susurró, Y Katniss se dio cuenta enseguida de que llamaba en mal momento.

- Sí, estoy bien. Sólo llamaba para charlar, pero ya veo que estás ocupa da. -Rió forzadamente.

- Vale. Te llamo mañana, Kat. -Volvió a sofocar la risa.

- Vale, pero...

Katniss ni siquiera terminó la frase, puesto que Clove ya había colgado. Se quedó sentada en el semáforo sumida en sus pensamientos, hasta que las bocinas de los coches que tenía detrás le hicieron recobrar la conciencia y pisó a fondo el acelerador.

Decidió ir a casa de sus padres y hablar con Prim, quien siempre conse guía animarla. Justo al frenar delante de la casa recordó que Prim ya no esta ba allí y los ojos se le llenaron de lágrimas. Una vez más, no tenía a nadie. Llamó al timbre y Beetee abrió.

- ¿Qué te pasa?

- Nada -contestó Katniss, sintiendo lástima de sí misma-. ¿Dónde es tá mamá?

- En la cocina, hablando con papá y Plutarch. Yo de ti los dejaría a solas un rato.

- Oh... entiendo... -Se sentía perdida-. ¿Qué estás haciendo?

- Estaba viendo lo que he filmado hoy.

- ¿Es para el documental sobre los sin hogar?

- Sí. ¿Te apetece verlo?

- Sí.

Katniss sonrió agradecida y se sentó en el sofá. Al cabo de unos minutos, estaba hecha un mar de lágrimas, pero por una vez no lloraba por ella. Beetee había realizado una entrevista incisiva y desgarradora a un hombre extraordinario que vivía en las calles de Dublín. Katniss se dio cuenta de que había gen te que lo estaba pasando mucho peor, y el hecho de preocuparse porque los padres de Peeta se hubiesen topado con ella y Cato en la puerta de un res taurante le pareció una estupidez.

- Beetee, es un trabajo excelente -dijo secándose los ojos cuando el ví deo terminó.

- Gracias -contestó Beetee en un susurro mientras sacaba la cinta del reproductor y la metía en su mochila.

- ¿No estás contento?

Beetee se encogió de hombros.

- Cuando pasas el día con personas como él, no es fácil estar contento, ya que lo que tiene que decir es tan malo que puede convertirse en un gran do cumental. Por consiguiente, cuanto peor le vaya a él mejor me va a mí -Katniss le escuchaba con interés.

- No, no estoy de acuerdo, Beetee. Creo que el hecho de que tú filmes eso supondrá una diferencia para él. La gente lo verá y, querrá ayudar.

Beetee se encogió de hombros otra vez.

- Quizás. En fin, me voy a dormir, estoy hecho polvo.

Cogió la mochila y le dio un beso en la coronilla al pasar junto a ella, lo cual conmovió a Katniss. Su hermano se estaba haciendo mayor.

Katniss echó un vistazo al reloj de la repisa de la chimenea y vio que eran casi las doce. Cogió el bolso y sacó el sobre de Peeta correspondiente a octu bre. Le daba miedo pensar qué ocurriría cuando no hubiera más sobres. Al fin y al cabo, sólo quedaban dos después de aquél. Como de costumbre, lo acari ció con las puntas de los dedos y lo abrió. Luego sacó la tarjeta del sobre y una flor seca le cayó al regazo. Su favorita, un diente de león. Junto a la flor, cayó una bol sita. La observó con curiosidad y advirtió que era un paquete de semillas de dientes de león. Las manos le temblaron al tocar los delicados pétalos, temerosa de que se deshicieran entre sus dedos. El mensaje rezaba:

Un diente de león para mi primavera. Para alumbrar los oscuros días de octubre que tanto detestas. Planta unos cuantos y ten la certeza de que el verano cálido y luminoso te aguarda.

Posdata: siempre…

Posdata: ¿puedes pasarle esta tarjeta a Finnick?

Katniss cogió la segunda tarjeta que había caído en su regazo y la leyó, rien do y llorando al mismo tiempo:

Para Finnick,

Feliz 32° cumpleaños. Te estás haciendo viejo, amigo mío, pero es pero que celebres muchos cumpleaños más. Disfruta de la vida y cuida de Annie y de mi mujer. ¡Ahora tú eres el hombre!

Te quiere, tu amigo Peeta.

Posdata: te dije que cumpliría mi promesa.

Como siempre, Katniss leyó y releyó cada una de las palabras que Peeta ha bía escrito. Se quedó sentada en aquel sofá durante lo que parecieron horas, pensando en lo mucho que se alegraría Finnick al recibir noticias de su amigo. Meditó sobre los importantes cambios que se habían producido en su vida a lo largo de los últimos meses. Su vida laboral había mejorado significativa mente y estaba orgullosa de ello (le encantaba la sensación de satisfacción que la llenaba cada día cuando apagaba el ordenador para regresar a casa). Peeta la había instado a ser valiente, la había alentado a desear un empleo que sig nificara algo más que un salario. No obstante, no hubiese tenido necesidad de buscar nada si Peeta todavía estuviera con ella. La vida sin él estaba más va cía, dejaba más sitio a su propio ser. Aun así, lo cambiaría todo sin dudarlo por tener a Peeta de vuelta.

Aquello no era una opción. Necesitaba empezar a pensar en sí misma y en su futuro, pues ya no había nadie más con quien compartir las responsabili dades.

Se enjugó las lágrimas y se levantó del sofá. Se sintió llena de vida y son rió, muy a su pesar. Llamó suavemente a la puerta de la cocina.

- Adelante -dijo Effie.

Kat entró y miró a sus padres y a Plutarch sentados a la mesa de la coci na con sus respectivas tazas de té.

- Oh, Kat, cariño -saludó su madre, levantándose para darle un abra zo y un beso-. No te he oído llegar.

- Llevo aquí más de una hora. He estado viendo el documental de Beetee. -Sonrió a su familia y tuvo ganas de abrazarlos a todos.

- Es genial, ¿verdad? -dijo Haymitch, y también se levantó para recibir a su hija con un abrazo y un beso.

Katle asintió con la cabeza y se sentó con ellos a la mesa.

- ¿Has encontrado trabajo? -preguntó a Plutarch.

Éste negó apenado con la cabeza que parecía a punto de echarse a llorar.

- Pues yo sí.

La miró disgustado de que dijera algo así.

- Bueno, ya sé que tú sí.

- No, Plutarch -aclaró Katniss, sonriendo-. Quiero decir que te he en contrado trabajo.

Levantó la vista, asombrado.

- ¿Qué?

- Me has oído perfectamente. -Katniss sonrió-. Mi jefe te llamará ma ñana.

Plutarch se mostró abatido.

- Katniss, sin duda es muy amable de tu parte, pero no me interesa la pu blicidad. Me interesa la ciencia.

- Y la jardinería.

- Sí, me gusta la jardinería -convino Plutarch, confuso.

- Y para eso te llamará mi jefe. Para pedirte que le arregles el jardín. Le he dicho que lo harías por cinco mil. Espero que te parezca bien. -Sonrió al ver a su hermano atónito. Se había quedado sin habla, de modo que Katniss aña dió-: Y éstas son tus tarjetas. -Le entregó un montón de tarjetas que había preparado en la oficina.

Plutarch y sus padres cogieron las tarjetas y las leyeron en silencio.

De repente Plutarch se echó a reír, se puso de pie de un salto y comenzó a bailar con Katniss por la cocina, ante la mirada feliz de sus padres.

- Por cierto -dijo Plutarch cuando se serenó y volvió a leer la tarjeta-, has escrito mal «jardínería». Veo que sigues olvidando los acentos...

Katniss dejó de bailar y suspiró frustrada.

Fin del capítulo treinta siete.


HOLA HOLA Voy con algo de prisa que estoy en clase. Espero que os haya gustado este capítulo, he conseguido escribir ya el final de "Siempre" supongo que esta semana suba, cuando no esté con prisa. ¿Qué os ha parecido la carta, y Plutarch? La reflexión de Katniss es para tenerla bien en cuenta, espero que hagáis lo mismo. Me despido rápidamente GRACIAS POR LEER.

Para quien no lo sepa ya, nos vemos en mis TRES FICS (guat? Tres? YES, IM YOLO) SIEMPRE(SINSAJO DESDE EL PUNTO DE VISTA DE PEETA MELLARK), ALL ABOUT US(mi pequeña obra maestra), y en ANTESDE AAU (one shots dedicados a este fic, éxito mayor) .

FALTAN 3 DÍAS PARA CATCHING FIREEEEEEEEEEEEE

¡Nos leemos and may the ods be ever in OUR favor!

Peeta Mellark. Lucy.