Draco, sus padres y maestros, todos ellos pertenecen a JKR (como si ustedes no lo supieran).
Severus Snape siendo dueño de un cuervo pertenece a J.L. Matthews (vayan todos a leer su historia. Es grandiosa). Sin embargo encontré un nuevo nombre para él esta vez.
El nombre de la pandilla "Tiburones" está tomada del musical "West Side Story", por supuesto. No recuerdo dónde encontré el nombre "Rakers" pero debo haberlo leído en alguna parte.
La idea de Snape con una familia propia viene del fic de Al "Time of trial". (Gracias, Al. Parece que siempre tengo las mejores ideas leyendo tus fics).
La familia Glizzard y Gringolf Glizzard pertenecen a mi amiga Pega Pony, y también todas las canciones de Gringolf. ¡Gracias por prestármelos!
Mi amigo Edmond es dueño de sí mismo y de su caballo Apolo.
Viejo Joe y el Joe de Tess pertenecen a Zebee.
Nota de la autora:
Perdón por llegar tarde otra vez, pero en esta ocasión fue culpa de mi computadora. Decidió tener un error cada vez que yo empezaba y sólo por divertirse me dejaba usar el e-mail, pero no internet. Tuve que reformatear el disco duro para poder trabajar de nuevo (no teman, no perdí ningún capítulo, sólo unos pocos programas que había bajado, correos y direcciones... ¡GRRRR!).
Nota de la traductora:
Silverfox es de Austria (no confundir con Australia) y su lengua materna es el alemán, pero escribió "Runaway Dragon" en inglés, si deseas leer la versión original, puedes encontrarla en fanfiction.net y si deseas escribirle (en alemán o inglés, preferentemente), su dirección es silverfox@kabsi.at
Capítulo 37: PROBLEMAS EN TRANSFIGURACIONES
A la hora del desayuno a la mañana siguiente, la mayoría de los Slytherin parecían haber olvidado su curiosidad acerca de Draco y su nueva mascota, de modo que sólo tuvo que soportar las miradas de los Ravenclaws y Hufflepuffs y las usuales miradas de disgusto de los Gryffindors. Draco simplemente los ignoró mientras dejaba en la mesa la caja con su huevo de cuervo y tomaba algunas tostadas.
Las lechuzas aparecieron segundos después para entregar el correo.
-¿No vendrá tu búho con algunos dulces? –preguntó Gregory, deseoso.
-Ya no tengo búho, Gregory –le recordó Draco entre dos bocados-. ¿Y quién me enviaría dulces ahora?
Gregory abrió la boca para contestar, se detuvo y la cerró otra vez, luciendo ligeramente avergonzado. Draco se preguntó qué habría estado a punto de decir.
-¿Cómo le pondrás a tu cuervo cuando nazca? –preguntó Vincent, tratando de salvar la situación.
Draco miró su caja con aire pensativo.
-No lo he pensado todavía –admitió-. El profesor Snape dice que es un huevo macho.
-¿Un huevo macho? –repitió Gregory-. ¿Cómo puede un huevo ser macho?
-Bueno, el ave que está dentro es un macho –explicó Draco-. ¿Alguna idea de qué nombre ponerle a un cuervo macho?
-Uh... ¿Cuervo? –sugirió Gregory.
-No muy creativo que digamos, Gregory –Draco gruñó al principio, pero luego agregó más amablemente-. Pero gracias por intentarlo.
-Tal vez Plumanegra –sugirió Vincent.
-Mejor –concedió Draco-. Pero suena un poco extraño.
-Comida para Gatos –sonrió Blaise malignamente-. Eso es exactamente lo que va a ser al final.
-¿Por qué no te fijas en tu búho? –respondió Draco-. De seguro es lo suficientemente estúpido como para dejar que lo coman.
-El mío es un búho águila francés de pura raza, proveniente de un renombrado criadero –protestó Blaise contra el insulto a su mascota.
-Luce un poco mestizo a mi entender, ¿sabes? –contestó Draco, poniéndose en pie y girando para enfrentar a Blaise-
Blaise retrocedió al ver el brillo en los ojos de Draco. Algo definitivamente estaba mal ahí. Se suponía que Draco azuzara a sus guardaespaldas contra él, no que se levantara y luciera como si estuviera deseando iniciar una pelea.
-Draco, tenemos que irnos –Vincent se interpuso entre ellos para calmar la situación-. Llegaremos tarde a clase, si no nos vamos ya.
Draco asintió lentamente, sin apartar su mirada de Blaise.
-Está bien. Será en otra ocasión, Blaise.
Fue sorprendentemente difícil no lanzarse contra el muchacho en la forma en que lo había hecho contra Chris o Lindo Ricky. Una mirada de soslayo hacia la mesa de los profesores le reveló que Severus los vigilaba atentamente. ¿Estaba preocupado por Draco o pensaba que podía ser peligroso?
Los muchachos caminaron de vuelta a su dormitorio con Blaise rezagándose, un poco obviamente nada deseoso de otra confrontación. Draco revisó rápidamente su horario. Transfiguraciones e Historia de la Magia antes de almorzar. Tomó sus libros, plumas y pergamino y los metió en su mochila.
-¿Qué es eso? –preguntó Gregory, señalando.
-Mi mochila –le sonrió Draco-. Mucho más cómoda que una bolsa de libros.
-¡No me digas que es otro regalo del profesor Snape! –gimió Blaise.
-Adivinaste –le sonrió Draco mientras salía-. De acuerdo, ¡vámonos!
-¡Espera! –gritó Vincent, todavía registrando su baúl-. No puedo encontrar mi ensayo sobre Voldemort.
-¿Tu qué? –preguntó Draco, confundido.
-Mi ensayo sobre Voldemort. Para Binns –repitió Vincent, ahora buscando en el ropero.
-Oh, eso –comprendió Draco finalmente.
-¿Estás seguro de que lo escribiste? –preguntó Blaise desdeñosamente.
-Por supuesto que lo escribí. Fue lo primero que hice y fue lo primero que metí en mi baúl –siseó Vincent, abriendo violentamente otra gaveta.
-Siempre puedes entregarlo después, Vincent –Draco trató de calmar a su amigo-. Binns ni siquiera notará que falta. Después de todo, ni siquiera sabe nuestros nombres.
-Es fácil para ti decirlo. Tú tienes tu ensayo –respondió Vincent-. Estoy orgulloso de este. Quiero que Binns lo lea.
-¡Aquí está! –dijo Gregory de repente. Mientras ellos discutían, había revisado calmadamente el baúl de Vincent y encontró un pergamino en el fondo.
Vincent se apresuró a examinarlo.
-¡Gracias, Greg! ¡Podría besarte por esto! ¡Eres lo máximo!
-¡Oh, no lo harás! –declaró Gregory, alarmado-. ¡A mí me gustan las chicas, Vince!
Draco rió viendo cómo se sonrojaba Vincent al darse cuenta de lo que acababa de decir. Tal vez Gregory no era tan estúpido después de todo.
***
Llegaron a Transfiguraciones justo a tiempo y tuvieron que tomar los últimos asientos libres. Afortunadamente Pansy había guardado uno para Blaise, así que Draco no se vio forzado a sentarse junto a él luego de que Gregory y Vincent eligieron el último pupitre en el fondo. En cambio, tuvo que sentarse junto a Millicent, quien frunció el ceño al ver su mochila, pero no hizo comentarios.
La primera cosa que hizo MacGonagall fue pedir las tareas. Frunció el ceño al ver la pequeña y arrugada pieza de pergamino que le entregó Gregory y entrecerró los ojos observando el largo ensayo de Draco. Draco le correspondió con una dulce sonrisa y un encogimiento de hombros.
MacGonagall les entregó velas para transformarlas en fósforos.
-No es una transfiguración muy difícil, así que todos ustedes deberían ser capaces de hacerla –explicó-. Recuerden cambiar el tamaño de sus velas primero o sus fósforos serán demasiado grandes.
Mientras los estudiantes se inclinaban sobre sus velas, ella tomó el ensayo de Draco y empezó a leerlo.
Draco la miró por encima de su vela, que se encogía lentamente. ¿Tenía que leer su ensayo primero? Estaba logrando ponerlo nervioso.
¡POP! Draco había perdido su concentración y la vela había vuelto a su tamaño original.
Él suspiró y empezó de nuevo.
-Señor Malfoy –llamó MacGonagall.
Draco frunció el ceño otra vez. Por alguna razón, ya no le gustaba su apellido. Tal vez se debía a que le recordaba a su padre.
-¿Sí, profesora?
-Comparando este ensayo con su trabajo usual, me siento un poco intrigada. ¿Podría quizá explicar esto? –MacGonagall le lanzó una de esas intensas miradas serias que odiaba tanto de ella.
-Le pedí ayuda a un amigo ya que mis propios intentos no lograban alcanzar el largo requerido, profesora –Draco trató de sonreír un poco-. A él le agrada superar lo que se le pide, creo, pero aprendí mucho con su ayuda.
-Ah, ¿y quién es ese amigo suyo? –preguntó MacGonagall severamente.
-No lo conoce. Su padre es amigo del profesor Snape y está en sexto año en otra escuela –explicó Draco, con la esperanza de que no le hiciera más preguntas acerca de Mike.
No lo hizo. En cambio, lució preocupada y Draco se preguntó cuánto sabría la profesora MacGonagall acerca del profesor Snape y sus amistades. Ella había trabajado para Dumbledore todavía más tiempo que Severus, así que probablemente sabía que era un espía. ¿Pensaría que todos sus amigos eran Death Eaters a causa de eso?
-Señor Malfoy, usted es el único que no ha transfigurado su vela todavía –MacGongall lo sacó de sus pensamientos.
-Usted me distrajo en un momento crucial –le recordó Draco-. Tendré que empezar de nuevo.
-Bien, entonces apresúrese. Si no recuerda cómo encoger algo, la página 13 de su libro... MacGonagall se detuvo ante su escritorio y tomó su libro de Transfiguraciones-. ¿Qué es esta cosa?
-Otro amigo me prestó este –explicó Draco y trató de recuperar el libro-. Tengo que devolverlo al finalizar el año.
MacGonagall contempló el libro en su mano. Por alguna razón, lucía familiar. Muy familiar. Recordaba claramente ese libro volando por los aires y golpeando la espalda de James Potter, para terminar perdiendo en el proceso unas cuantas hojas y terminando en el corredor justo en frente de ese mismo salón de clases.
Lo hojeó rápidamente y confirmó sus sospechas.
-Faltan hojas aquí –dijo, mirando fijamente a Draco.
-Entonces tendré que pedirle a Gregory o Vincent que me dejen ver los suyos cuando las necesite –le dijo Draco-. ¿A menos que usted tenga uno extra que pueda prestarme?
-Es deber de su familia proveerle con los libros de texto que usted necesita, señor Malfoy –dijo MacGonagall y apretó sus labios en una fina línea.
-Bueno, ya no están aquí para comprarme uno mejor, así que este tendrá que servir –le sonrió Draco. Sabía que no era inteligente desafiar así a la Cabeza de Gryffindor, pero ella había insultado al libro de Transfiguraciones de Severus.
-Creo que tendré que hablar con su Cabeza de Casa acerca de esto –le informó MacGonagall antes de retomar la lección.
Draco se preguntó por un momento lo que diría Severus, pero regresó con su vela. Encogerla y transformarla.
El fósforo lucía un poco torcido, decidió después de mirarlo críticamente, pero definitivamente era un fósforo. No tendría una nota perfecta por eso, pero MacGonagall tampoco podía ponerle una muy baja.
***
Historia de la Magia justo antes de almorzar era una tortura, decidió Draco alrededor de una hora después. No había nada que lo distrajera de su hambre. La cosa más interesante que había para hacer era mirar a Gregory y Vicent conversando en susurros. Desafortunadamente, la conversación era en voz lo suficientemente baja como para que Draco no pudiera entender las palabras.
Al frente, Binns estaba parloteando sobre otra rebelión de Goblins. Al menos el libro de Historia prometía que esa había sido la última. El siguiente capítulo hablaba sobre la amenaza de Grindewald y daba la impresión de que estarían estudiándolo por algún tiempo. Incluso sería interesante, si Binns se las arreglaba para relatarlo en forma apropiada.
Los ensayos yacían en el escritorio de Binns sin haber sido tocados. Probablemente los estaba guardando para entretenerse durante el almuerzo, cuando todos los habitantes vivos de Hogwarts estarían en el gran salón, comiendo. Binns nunca aparecía durante las comidas a menos que tuviera que hacerlo. Siendo un fantasma, no podía comer y no parecía gustarle ver a otros haciéndolo.
Draco reprimió un bostezo y acercó un poco más su mochila bajo el pupitre. ¿Podía arriesgarse a sacar su libro de Transfiguraciones en ese momento? Estaba sentado en la última fila y Binns difícilmente notaba lo que hacían sus estudiantes durante la clase, pero ¿y sus compañeros? Había terminado esa vez junto a Estella Rashton, una chica muy callada cuyos padres habían sido Ravenclaws.
Y eso era todo lo que sabía sobre Estella. Era lo suficientemente amistosa con sus compañeros y podía ser bastante desagradable con cualquier Gryffindor que se metiera en su camino, pero normalmente era reservada. Probablemente era por eso que estaba junto a Draco esa vez. Nadie se había molestado en guardarle un asiento y, ya que Gregory y Vincent habían decidido compartir otra vez un pupitre, Draco era la única elección a menos que Estella quisiera sentarse con los Hufflepuffs.
Probablemente no era una Death Eater, pensó Draco. Los padres Death Eaters no se sentían decepcionados de que sus hijos fueran a Slytherin. Por supuesto, Estella podría elegir seguir a Voldemort por su propia voluntad, pero, en opinión de Draco, quince años era una edad demasiado temprana para hacer una elección así. Ella además nunca trataba de hacer amistad con ninguno de los chicos Death Eaters conocidos, y probablemente el que Draco leyera su libro de Transfiguraciones durante la clase de Historia no iba a importarle.
Draco sacó el libro y reemplazó con éste el de Historia mientras Binns estaba ocupado escribiendo nombres de goblins en la pizarra.
-¿Tratando de mejorar tu nota de Transfiguraciones? –la voz de Estella era sólo ligeramente burlona.
-Bueno, no le agrado a la profesora, así que creo que es mejor no quedarme atrás –contestó él. Que creyera que estaba estudiando.
-Ese libro está realmente maltratado, ¿sabes? –continuó ella. ¿Estaba tratando de iniciar una conversación? La clase era lo suficientemente aburrida como para tomar medidas desesperadas, pero Draco nunca antes había considerado que Estella fuera del tipo conversador.
-Me gusta como está –le contestó brevemente y abrió el libro.
La primera página estaba decorada con algunas buenas caricaturas que probablemente correspondían a varios condiscípulos de Severus. Incluso había anotado sus nombres bajo los dibujos para facilitar su identificación. El primer blando había sido, por supuesto, James Potter, dibujado con lentes excesivamente grandes y con orejas de búho águila como acompañamiento. El siguiente era un muchachito gordo que parecía estar temblando de miedo y trataba de esconderse detrás de Potter ante la vista de algo que parecía ser una silla normal.
-¿Quién es Pettigrew? –preguntó Estella, inclinándose para ver mejor el libro.
Draco se encogió de hombros.
-No lo sé. Tendrás que preguntarle al dueño del libro, creo.
-¿Quién es?
-Creo que no te lo diré –sonrió Draco.
Estella hizo un pucherito.
-Siempre le puedo preguntar a los otros Slytherins –señaló.
-Buena suerte –le deseó Draco con una sonrisa-. La vas a necesitar.
-Los que están en este año deben conocerlo y él no puede ser mucho menor que nosotros, a juzgar por este dibujo –le informó Stella-. Es sólo un poco más pequeño que Potter.
-Bueno, si quieres, hazlo –sonrió Draco-. Cuéntame si descubres algo.
Ella no tuvo oportunidad de responder porque Binns terminó la lección y todos salieron apresuradamente para ir a comer. Draco metió su libro en la mochila y salió con el resto de la clase, dejándola a ella atrás sin mirarla de nuevo.
Draco pronto comprendió que su mayor problema no era, contrario a lo que había esperado, su falta de dinero. La mayor parte de sus compañeros de Casa aceptaron eso con una sorpresiva facilidad. Estaban mucho más interesados en dónde estaba viviendo ahora y no aceptarían "bueno, aquí en Hogwarts, por supuesto" como respuesta durante mucho tiempo.
Finalmente admitió durante el almuerzo ante una estudiante de sexto año a la que apenas conocía que eso no había sido decidido aún. Parecía ser la forma más fácil de conseguir que lo dejaran en paz, pero eso también inició nuevas preguntas.
-¿Entonces, dónde pasaste el verano? –preguntó ella de inmediato.
-Con amigos –fue todo lo que pudo responder al principio.
-¿Qué amigos? ¿Crabbe y Goyle? –ella frunció el ceño, mirando a los dos chicos junto a él.
-No, no mis amigos de la escuela –contestó Draco, deseando que ella concluyera que se trataba de personas a quienes ella no conocía y dejara de preguntar.
-¿Pero quiénes? –preguntó Millicent, que obviamente había estado escuchando-. ¿Y dónde viven? No estabas en el tren.
-¿Cómo sabes eso?
-Gregory y Vincen estuvieron buscándote. Me preguntaron dónde estabas al menos tres veces durante el viaje –Millicent sonrió con burla-. Si hubieras estado en el tren, alguien te habría visto.
-Está bien, no tomé el expreso de Hogwarts de Londres. ¿Qué importa eso? –Draco se encogió de hombros-. No es la única manera de llegar a Hogwarts.
-¿Pero dónde viven tus amigos? –repitió Millicent ansiosamente.
-Aquí, en Escocia –cedió Draco finalmente, sabiendo que Gregory y Vincent lograban sumar eso a lo que les había dicho antes, sabrían un poco más de que lo que él deseaba que supieran, pero esos dos no eran precisamente los mejores en deducción lógica. Gregory definitivamente no lo conectaría. Vincent sería capaz de hacerlo, pero normalmente dejaba que pensaran los demás. Draco tenía la esperanza de que hiciera lo mismo ese día.
-¿Entonces, tomaste el otro tren? –preguntó otro estudiante de sexto año-. Pero ya estabas aquí cuando yo llegué, y yo estaba en el primer carruaje.
Bueno, no había forma de seguir negándolo.
-No, no tomé ni el tren de la escuela ni ninguno de los carruajes sin caballos. Estábamos en Hogsmeade mucho antes de que llegaran los trenes, así que caminé hasta aquí.
-¿Caminaste? –gruñó Pansy, luciendo completamente disgustada ante la sola idea de ese ejercicio físico.
-Sí, caminé –sonrió Draco-. Tú sabes, ¿eso que haces cuando pones un pie delante del otro para llegar a algún lugar? Es bueno para la salud y es algo con que entretenerse en lugar de esperar por un tren que no llegará hasta dentro de unas horas. Ciertamente es mejor que quedarse sentado y aburrido.
-¿Pero cargaste tu propio equipaje, Draco? –Millicent frunció el ceño.
-Estaba hechizado, por supuesto –le informó Draco, molesto-. ¿O crees que mis amigos no saben como hacer un simple encantamiento de levitación de primer año?
Eso los silenció, para alivio de Draco. Casi había pensado que tendría que revelar que había pasado sus vacaciones en Hogsmeade y eso habría conducido a todavía más preguntas. Y Vincent difícilmente dejaría de notar lo que implicaba eso.
Tendría que preguntarle a tío Severus qué podía decirle a la gente sobre sus vacaciones de verano, decidió Draco. No podía seguir así para siempre o tendría que revelar el secreto de los Snape tarde o temprano.
***
Afortunadamente, la lección doble de Pociones era después del almuerzo; desafortunadamente, la lección era en compañía de los Gryffindors, pero Draco ya esperaba eso. Slytherin-Gryffindor parecía ser la combinación más frecuente para clases de Pociones en el colegio. Algunos estudiantes incluso sospechaban que Dumbledore lo hacía a propósito. Era tradición de la escuela el que cada Casa tuviera lecciones con cada una de las otras Casas, supuestamente para mejorar las relaciones entre Casas, pero también era sabido que algunos profesores temían esa combinación en particular y hacían todo lo posible por evitarla. El profesor Snape era, probablemente, el único que realmente podía mantener esos grupos combinados bajo control durante toda la lección y probablemente era por eso que los años con las más fuertes rivalidades Gryffindor-Slytherin normalmente tenían esa combinación en Pociones.
Bajó temprano al calabozo de Pociones con la esperanza de encontrar solo a Severus antes de empezar la clase, pero, desafortunadamente, Pansy y Millicent ya estaban ahí. Pansy levantó la nariz y trató de fingir que no lo veía ahí, pero Millicent al menos le dirigió una sonrisa de disculpa y un encogimiento de hombros antes de darle la espalda. Draco asumió que eso significaba "tampoco yo sé qué mosca le ha picado a Pansy, pero es mi mejor amiga, y no quiero hacerla enfadar".
Él le sonrió a Millicent, aún a pesar de que ella ya no lo estaba mirando. Para su propia sorpresa, no le molestó demasiado el comportamiento de las chicas. Todavía tenía a Gregory y Vincent para acompañarlo cuando lo quería. ¿Tal vez debería escribirle a sus amigos esa noche? Había muchas cosas que quería decirles, especialmente a Cathy Cat.
Severus casi sonrió al notar la expresión soñadora de Draco. Conocía esa mirada demasiado bien y era obvio que no estaba dirigida a ninguna de las dos chicas en la habitación.
A pesar de que Severus se las arregló para no sonreír, Pansy notó el ligero asomo de sonrisa en sus labios. Snape rara vez tenía que luchar por mantener el control de sus expresiones faciales, así que lo que fuera que estaba mirando tenía que ser interesante. Pansy buscó ese algo con la mirada.
¿Qué era eso? ¿Draco sonriendo para sí mismo? ¡Debería estar con el corazón destrozado por su ruptura, no sonriendo alegremente como si estuviera contento por haberse librado de ella! Pansy frunció el ceño y luego lo miró con enojo.
No funcionó. Draco ni siquiera notó su reacción.
El resto de la clase pronto empezó a llegar, la mayoría de ellos en grupos pequeños y charlando alegremente hasta que veían al Maestro de Pociones y bajaban rápidamente la voz.
Como siempre, Potter y sus amigos fueron los últimos en llegar y tuvieron que tomar los últimos asientos en la primera fila del lado de los Gryffindor. Draco había elegido la primera fila también porque eso significaba estar más cerca de Severus. Gregory y Vincent habían dudado un poco, pero luego habían elegido sentarse a su lado aún a pesar de que eso implicaba estar justo frente a un profesor. Snape era su profesor favorito, a fin de cuentas, y normalmente estaba de su lado.
Severus miró con disgusto a Potter por un momento, pero, desafortunadamente, habían llegado todavía a tiempo antes de empezar la lección, aunque había sido por los pelos. No había posibilidad de restar puntos justo ahora. Sin embargo, un repentino brillo en los ojos del profesor le dijo a Draco que acababa de tener una idea para remediar eso. Draco sonrió.
-Muy bien, clase, entreguen sus tareas –ordenó el profesor Snape y Draco sacó rápidamente su ensayo para entregarlo.
Sí, incluso se las había arreglado para ser el primero en hacerlo, antes que Granger.
Severus le sonrió, aceptó la tarea de Granger con una mirada fría, y entonces se volvió hacia Potter.
-¿Bien, señor Potter?
Harry Potter se sonrojó y le entregó unas hojas de papel muggle.
Severus frunció el ceño al verlas.
-¿Papel? ¿Qué se supone que significa esto?
-Mi tío se negó a dejarme usar tinta y pergamino, señor –trató de explicar Potter-. Me atrapó tratando de introducir un poco en mi habitación durante la noche y me lo quitó, así que me vi forzado a escribir mi tarea en papel muggle y con un bolígrafo muggle.
-Diez puntos menos para Gryffindor por la mala presentación de su ensayo, señor Potter –anunció Severus calmadamente.
Recogió unos cuantos rollos de pergamino más del resto de los Slytherins y varios Gryffindors hasta que notó a Neville Longbottom revolviendo frenéticamente el contenido de su bolsa.
-¿Olvidó su tarea, Longbottom? –gruñó.
Nevile saltó al escuchar su nombre y el lado Slytherin del aula estalló en carcajadas. Draco pensó que incluso había podido escuchar unas pocas risitas del lado Gryffindor.
-¡N... n... no, señor! –tartamudeó Neville, su mirada volando desesperadamente por el aula, tratando de no mirar a nadie y terminando por fijarse en su pupitre. De repente su rostro se iluminó-. ¡Aquí está! –exclamó triunfalmente y levantó el rollo de pergamino que estaba ahí.
Snape recibió el ensayo luciendo sólo ligeramente decepcionado.
-Parece ser un poco corto, Longbottom.
Todo el color desapareció de la cara de Neville.
-E... e... es… ex… exactamente de la lon... longitud requerida, señor –logró tartamudear.
-Muy bien, lo comprobaré más tarde –dijo Severus, con sólo la duda suficiente en su voz como para no dejar que Longbottom se relajara todavía-. Señor Weasley, ¿dónde está su ensayo? –se volvió hacia el único estudiante que no había entregado todavía su ensayo.
-Yo... er... –Weasley se puso casi tan rojo como su cabello-. El gato de mi hermana se lo comió, señor.
-¿El gato? –se le escapó a Lavender Brown, de Gryffindor-. ¿Cuál gato?
-Me parece que usted tiene sólo una hermana, señor Weasley –dijo Severus despectivamente-. Y hasta donde yo sé, la señorita Virginia Weasley no posee ningún gato.
-Uh... ella acaba de conseguir uno –trató de salvarse Ron-. Un amigo le pidió que cuidara del suyo durante las vacaciones.
Snape lo miró con enojo ante la obvia contradicción.
-Así que usted piensa que sólo por ser amigo del grandioso Harry Potter del papel muggle no está usted en obligación de hacer su tarea, ¿me equivoco? –siseó-. Diez puntos menos para Gryffindor por no hacer su tarea, señor Weasley, y otros diez por ser tan mal mentiroso. Tal vez debería haberle pedido consejo a sus hermanos. Los gemelos siempre utilizan excusas creativas que al menos resultan verosímiles a primera vista. Claro que, pese a sus otros defectos, siempre entregan a tiempo sus tareas de Pociones.
Weasley se sonrojó todavía más ante ese comentario. Hasta Draco tuvo que admitir que estaba sorprendido. Los gemelos siempre parecían disfrutar las detenciones y no mostraban ningún respeto hacia sus profesores. ¿Era realmente posible que temiera a su tío Severus?
El profesor Snape inició el año con lo que Draco consideró era un ejercicio sencillo, un antídoto para las pociones para dormir. No funcionaría contra algo tan poderoso como la droga de la muerte viva, pero sería bastante eficiente contra pociones para dormir más ligeras o encantamientos adormecedores.
La poción necesitaba sólo diez ingredientes, pero dos de ellos debían ser agregados exactamente en el momento preciso para que la poción funcionara. Después de haber ayudado a Severus con el trabajo en la cura para la licantropía, Draco pensó que ese ejercicio era aburrido, cuando menos. Preparó su caldero, alineó los ingredientes y ya había agregado los primeros dos cuando Gregory finalmente llegó con su propio caldero.
-¿Cuáles eran los ingredientes? –le preguntó Gregory.
-Están en la pizarra y en el libro –le informó Draco sin levantar la mirada de la raíz que estaba cortando.
-Pero son muchos –se quejó Gregory.
-¿Muchos? –repitió Draco, incrédulo-. Sólo son diez. ¿Qué vas a hacer cuando empecemos con pociones de veinte ingredientes?
-¿Veinte ingredientes? –preguntó Gregory en el mismo tono que habría usado si se hubiera tratado de cientos de ingredientes-. Ninguna poción tiene tantos, estoy seguro.
-Revisa tu libro de Pociones, Gregory –sonrió Draco-. Ahí están.
-No puedo recordar diez ingredientes. Olvidaré algunos –se quejó Gregory.
-Toma un pergamino y escríbelos –le aconsejó Draco mientras echaba las raíces cortadas en su poción-. Y revisa cuáles tienes en tu kit de pociones antes y márcalos.
Gregory empezó a revolver en su bolsa de libros buscando pergamino y Draco concentró su atención en su trabajo.
-¡Huevos de escarabajo! ¡¿Dónde diablos puse los huevos de escarabajo?! –se escuchó una voz desde algún lugar en el fondo.
-Diez puntos menos para Gryffidor por su lenguaje, señor Finnigan –anunció la voz de Severus desde algún lugar a espaldas de Draco-. Y con ese caos en su pupitre, no me sorprende que no pueda encontrarlos. ¿Es que los Gryffindors no pueden mantener un poco de orden?
Seamus Finnigan miró avergonzado el desorden de frascos en su pupitre. De pronto se había dado cuenta de que ni siquiera podía recordar cuáles eran suyos y cuáles pertenecían al colegio. Tomó uno al azar y lo contempló. ¿Su contenido pertenecía a la poción o no? ¿Qué había ya en su caldero, por cierto?
Segundos después, la clase fue alarmada por un aterrado chillido por parte de Neville Longbottom mientras su poción empezaba a sisear y espumajear.
Severus fue hacia él calmadamente, empujando fuera de su camino a los estudiantes que, cautelosamente, estaban apartándose de Neville y su caldero.
-Dientes de murciélago, no sangre de murciélago, Longbottom –le informó al atemorizado estudiante-. Agregue dos plumas de ganso para neutralizar el efecto. Y diez puntos menos para Gryffindor por no ser capaz de leer correctamente.
Draco guardó rápidamente su pluma para asegurarse de que no terminara en la poción de Neville, y entonces guardó los frascos que había tomado del armario de los estudiantes. Sólo le faltaba esperar cinco minutos, y entonces agregar los dos ingredientes finales.
-¿Qué? ¿Ya terminaste? –preguntó Vincent, incrédulo.
-No, pero ya no necesito esto, así que los estoy guardando mientras espero –explicó Draco-. Y no agregues eso todavía. Es el último ingrediente.
Vincent se detuvo y miró el polvo verde en su mano, entonces miró la pizarra.
-Oh, tienes razón. Los dientes de murciélago son lo que sigue.
-¿Dientes de murciélago? –sonrió Draco burlonamente-. Mejor apúrate, Vincent. Vas por detrás de Longbottom.
Parecía ser que no era el único. Granger parecía ser la única estudiante en clase que no estaba desesperadamente confundida sobre cuál ingrediente usar a continuación e incluso ella seguía colocando mal los frascos. Longbottom, por una vez, parecía estar haciéndolo bastante bien. Tal vez era porque siempre tenía problemas de ese tipo gracias a su mala memoria y había aprendido por pura necesidad a alinear los frascos en el orden en que iba a usar los ingredientes desde segundo año, cuando habían empezado a preparar pociones con más de tres ingredientes.
Cualquiera que fuese la razón, Longbottom parecía ser uno de los pocos estudiantes que lograrían terminar su poción ese día.
Draco volvió su atención a su caldero para comprobar el color de su poción, entonces miró su reloj otra vez. Un minuto más y entonces podría terminar.
¡BANG!
Draco volteó para ver que el caldero de Pansy había explotado.
-Dientes de murciélago, no alas de murciélago, Pansy –declaró casi al mismo tiempo que el profesor Snape, quien agregó un cortante:
-¡Dos puntos menos para Slytherin y limpie ese desastre! –y un- Muy bien, señor Malfoy. Diez puntos por conocer los ingredientes así de bien.
Los Gryffindors murmuraron algo sobre "injusticias" en el fondo, pero Draco sabía que merecía esos puntos. Después de todo, ni siquiera había visto a Pansy agregando las alas de murciélago. Apostaba que ni siquiera Granger habría sido capaz de deducir con tanta rapidez qué había estado mal en la poción de Pansy. El trabajo extra con tío Severus realmente estaba dando resultados. Aún sin los puntos, la expresión en la cara de Pansy había valido la pena. La cólera de los Gryffindors ante los puntos ganados era sólo una pequeña ganancia extra.
Terminó rápidamente su poción y guardó los dos últimos frascos.
-¡Terminé, profesor! ¿Puedo estudiar algo más mientras el resto termina?
-Déjeme ver –Severus se acercó y revisó la poción cuidadosamente-. Muy bien. Veinte puntos para Slytherin por ser el primero en terminar la poción. Puede hacer lo que guste en tanto no interrumpa la clase.
Draco sonrió y sacó el libro de Matemáticas.
-Esto no interrumpirá a nadie, tío Severus –prometió.
De repente la clase había quedado en absoluto silencio. Ni siquiera podía escucharse el torpe golpeteo del cucharón de Neville al revolver la poción.
-¿"Tío"? –oyó Draco que susurraba incrédulo Harry Potter en medio del silencio.
-¡Shhht! –le siseó Ron Weasley, pero era demasiado tarde.
-¿Terminó su poción usted también, señor Potter? –Snape miró con enojo a su víctima favorita.
-No, señor, todavía no –tuvo que admitir Harry.
-Entonces, ¿por qué está hablando en lugar de trabajar? Preparar pociones es un arte que requiere completa concentración, como le he estado diciendo durante ya cinco años. ¿Cuándo llegará el día en que aprenda a guardar sus conversaciones privadas para después de la clase, Potter?
Harry tragó saliva ante la vista del Maestro de Pociones inclinándose sobre él amenazadoramente.
-Lo siento, señor. Es que me sorprendió que...
-No quiero oír sus excusas –interrumpió Snape-. Regrese a su trabajo, diez puntos menos para Gryffindor.
"El diez debe ser su número favorito el día de hoy" pensó Harry mientras volvía malhumorado a su búsqueda de dientes de murciélago. Estaba seguro de que los había puesto en alguna parte de su pupitre, pero por alguna razón sus ingredientes se habían mezclado con los de Ron y los de Hermione, lo cual significaba que debería haber tres frascos de dientes de murciélago en alguna parte de ese caos. Cualquiera de los tres le serviría, pero por algún motivo no podía encontrar ninguno.
Deseó poder pedirle ayuda a Hermione, pero Snape estaba vigilándolo atentamente en ese momento y no dudaría en aprovechar la oportunidad para quitarle otros diez puntos y ya había perdido demasiados en esa lección. Después de todo, el año escolar acababa de empezar y aún no habían tenido tiempo para ganar muchos puntos. Incluso podrían estar ya en números negativos.
Cerca de él, Ron agregó algunas raíces de apariencia extraña al contenido de su caldero, el cual reaccionó creando una gran burbuja y entonces el fuego bajo el caldero se apagó. Ron hizo una mueca.
-Acaba de fallar este ejercicio, Weasley –anunció Snape, sonando casi aburrido-. Se suponía que cortara las raíces primero.
-¡Oh, no, por favor, señor! –exclamó Ron desesperadamente. Le había prometido a sus padres que tendría buenas notas ese año y ya había logrado una mala nota por no entregar la tarea y había fallado en su primera poción del año-. Empezaré otra vez.
-No queda suficiente tiempo –le informó Snape fríamente-. Limpie su espacio de trabajo.
Harry se sintió terrible por su amigo, pero no había nada que pudiera hacer para ayudarlo en ese momento. Tenía que encontrar esos dientes de murciélago.
-¡Terminé, profesor Snape! –anunció Hermione unos dos minutos después.
-Y apenas a tiempo, señorita Granger –comentó Snape luego de revisar rápidamente sus resultados-. Limpie y no permita que la atrape hablándole a ninguno de sus compañeros.
-Sí, señor –aceptó Hermione resignadamente.
Harry se preguntó si ella en verdad había esperado ganar algunos puntos por su trabajo. Él no había dudado ni por un momento que ella los merecía, pero ella ya debería saber que Snape difícilmente le daba puntos a los Gryffindors y Malfoy había sido mucho más rápido esa vez. "Me pregunto cómo lo logró el desgraciado" pensó para sus adentros "Debe haber hecho trampa de alguna manera".
-Sólo quedan cinco minutos –anunció Snape con calma-. Aquellos de ustedes que no terminarán a tiempo, limpien sus pupitres y entreguen para la próxima lección doce pulgadas de pergamino sobre esta poción para reponer la nota que están perdiendo hoy.
Harry suspiró y revisó otra vez la receta de la poción. No, estaba demasiado rezagado como para terminar a tiempo. Al menos, ahora que Ron y Hermione habían retirado los suyos, ya no tenía problemas para saber cuáles eran sus frascos y cuáles debía devolver al armario de estudiantes.
Exclamaciones de "¡Ya terminé, profesor!" o "¡Listo!" se escucharon por todo el salón mientras él limpiaba su pupitre miserablemente.
Pronto sólo Neville Longbottom seguía revolviendo frenéticamente el contenido de su caldero.
-La clase terminó –anunció Snape-. ¡Longbottom!
Neville saltó.
-Es suficiente –continuó Snape, para sorpresa de todos-. Retírelo del fuego y veamos sus resultados.
Con manos temblorosas, Neville hizo lo que Snape le había dicho.
-Es color es un poco demasiado pálido, pero, considerando su error previo, la poción es aceptable, apenas, Longbottom –declaró Snape-. Si me trae un buen ensayo sobre esta poción, la calificaré con un nueve.
El rostro de Neville se iluminó.
-Gracias, señor. Haré mi mejor esfuerzo.
-Eso no será suficiente –le sonrió burlonamente Draco Malfoy cuando pasaba junto a él.
-¡Ese Malfoy es un maldito! –siseó Ron tan pronto como estuvieron fuera del calabozo y Snape ya no podía oírlo.
-Es todavía peor que Snape y eso ya es decir bastante –concordó Harry.
-Snape fue casi amable con Neville hace un momento –señaló Hermione-. Y no deberían hablar así de un profesor.
-Pero eso no cambia nada acerca de Malfoy –insistió Ron.
-¿Y oyeron cómo llamó tío a Snape? –les recordó Harry.
-Apuesto a que es por eso que Snape lo consiente –dijo Ron-. Son parientes.
-No tienen que serlo –argumentó Hermione-. Snape podría ser nada más un viejo amigo de la familia al que Draco llama tío. Ciertamente no lucen como si fueran parientes.
-Todas esas viejas familias sangre limpia están emparentadas –insistió Ron-. Se casan entre ellos desde hace siglos.
-Tú eres sangre limpia también –le recordó Hermione-. ¿Estás emparentado con Malfoy o los Snape?
-¡Por supuesto que no! –exclamó Ron, con aire ofendido.
-¿Ves? No todos los sangre limpia están emparentados. Y los niños pequeños llaman "tío" a casi todos los adultos. Si Malfoy ha conocido al profesor Snape desde que era muy pequeño, es natural que piense en él como su tío –explicó Hermione-. Probablemente es sólo un viejo amigo de Lucius.
-Tal vez hasta sea el padrino de Malfoy –sugirió Harry.
-No creo que los Malfoy sean cristianos –murmuró Ron.
-¿Qué otra cosa podrían ser? –preguntó Harry, sorprendido. Los Dursley rara vez van a la iglesia, pero en escuela primaria había tenido la impresión de que todos en el Reino Unido eran miembros de la Iglesia Anglicana. ¿O tal vez eso sólo se aplicaba a Inglaterra? Eso explicaría el nombre.
-Muchos magos, especialmente los que pertenecen a Slytherin, todavía tienen creencias paganas –le informó Hermione de inmediato. Por un momento, él se preguntó dónde habría leído eso, pero decidió no preguntar.
-¿Y cómo supo Snape qué cosa es el papel? –preguntó Ron.
Harry casi le sonrió a su amigo. Ron nunca había visto papel antes y había estado fascinado con la tarea de Harry cuando la vio por primera vez, y Neville y otros chicos de familias mágicas se habían mostrado muy curiosos también. Hasta la profesora MacGonagall había parecido un poco insegura sobre qué hacer con eso al principio. Después de todo, las hojas eran un poco demasiado cortas y delgadas como para enrollarlas adecuadamente.
Snape, sin embargo, aceptó el papel sin dudarlo un momento.
-¿Tal vez ha recibido antes tareas en papel de un estudiante hijo de muggles? –sugirió Harry.
-Pero MacGonagall ha enseñado aquí mucho más tiempo que Snape. Si hubo aquí un estudiante que hizo su tarea en papel, ella debería conocerlo también –argumentó Hermione-. ¿Tal vez él tomó Estudios Muggles y ella no?
-¿Snape? ¿En Estudios Muggles? –rió Ron-. Nunca. Ningún Slytherin lo haría.
-En realidad, había dos Slytherins en mi clase de Estudios Muggles en tercer año –le informó Hermione.
-Debe haber sido parte de algún truco Slytherin –decidió Harry-. ¿Pero a quién le importa dónde es que Snape ha visto papel antes? Estoy mucho más intrigado por su relación con Malfoy. Desearía que hubiera una forma de investigar sus árboles genealógicos.
-La hay –Hermione sonrió triunfante-. ¡Vengan! Vamos a la Biblioteca.
Sin esperar a ver si la seguían o no, ella emprendió el camino.
Ron se quedó mirándola.
-¿La Biblioteca, otra vez? No puedo creerlo. Sin importar qué le preguntes a Hermione, ella siempre corre a la Biblioteca.
-Y siempre encuentra una respuesta –le recordó Harry.
-Pero no esta vez –sonrió Ron-. No puede haber un libro acerca de los ancestros de Snape y Malfoy.
Continuará...
Notas:
¿Vencerá Draco a Blaise o a Ron? ¿Podrá visitar West Hogsmeade en su próximo fin de semana de Hogsmeade? ¿Y qué encontrará Hermione en la Biblioteca? ¡Por favor, comenten!
En el próximo capítulo:
Empollará el huevo de cuervo de Draco, Minerva y Severus conversarán y David Smith cumplirá su detención.
