Cap. XXXVII: "La ley de la selva"
Con motivo de un aniversario más de Santa Bárbara, están cordialmente invitadas a la cena y posterior fiesta a realizarse este viernes, citada en el lugar donde inició todo este proyecto. Esperamos contar con su presencia, sin ningún tipo de obligación ni gastos.
Susan Sylvester.
Rachel gesticuló confundida, incluso en palabras sobre papel Sue Sylvester era un tanto extraña.
- ¿Qué es eso?- le preguntó Quinn abrazándola por detrás. Sonrió, la sintió aspirar de su perfume y luego dejarle un sonoro beso en su cuello-
- Una invitación de Sylvester. Hará una fiesta este fin de semana, en su casa-
- ¿Una invitación para ti?-
- Para toda la familia, Quinn ¿quieres ir?- le preguntó girando pero sin romper el contacto. Pasó los brazos por el cuello de la rubia y tironeo de el hasta su altura-
- Mmm, no lo sé- ronroneó la rubia jugando con su nariz en el cuello de esposa- habrá demasiada gente y gente que no me cae bien-
- Pero me pondré un vestido- susurró ella echando su cabeza hacia atrás. Los dientes de Quinn rasparon su piel y dejaban pequeñas mordidas a cada paso- y será corto-
- Ni se te ocurra-
- Con unos zapatos de tacón…negros- continuó con su voz más seductoramente posible. Sabía cuánto amaba Quinn verla con algo negro, sus ojos se oscurecían así y el verde desaparecía por la pasión que enardecía de la rubia. La oyó gruñir y ella abrió la boca, liberando un suspiro cuando comenzó a succionar su cuello-
- ¿Y qué más?-
- No lo sé…va a ser un vestido tan pequeño y apretado que… Quinn…- se interrumpió cuando la rubia se pegó a ella y comenzó a mover sus caderas- quizá hasta no lleve ropa interior- Quinn se detuvo al instante y dio un paso atrás. Sin embargo, sus manos sostenían aún su cintura y sus ojos vagaban en todo su cuerpo- ¿Qué?-
- No puedes no llevar ropa interior-
- ¿Y por qué no?-
Quinn no le respondió. La sujetó con fuerzas y la obligó a caminar hacia atrás, golpeándola contra la mesada y sentándola sobre ella luego. Allí estaban ahora sus ojos verdes, oscurecidos con pasión y clavados sobre los de ella.
Tragó secamente y la vió quitarse la camiseta de pijama. Eran más de las 10 pero con los niños en el colegio, poco le importaba el avance del reloj. Quinn estaba semidesnuda frente a ella y no entendía muy bien a dónde quería llegar.
Rachel alzó los hombros y la rubia rodó los ojos, antes de llegar de una zancada a ella y acomodarse entre sus piernas.
- ¿Te gustaría que alguien más me viera desnuda?-
- ¡Quinn, ese ni siquiera es el punto! No estaría desnuda y además…solo quería incentivarte a que aceptaras. Vamos, es una fiesta en casa de Sue-
- Pues no iré si vas con ese tal vestido corto-
- Entonces iré sola. Esto es como una entrada gratuita al último paso que necesitamos para terminar nuestro trabajo, Quinn y no voy a desaprovecharlo. Además, en el sobre había otra carta. Sylvester quiere que haga uno de mis platos para David esa noche-
- ¿Entonces irás sola?- Rachel bufó molesta ¿todo lo demás no lo había escuchado?-
- Pues sí. Si tú no quieres acompañarme y yo no voy a obligarte, no me toca más que ir sola-
- Me obligas a tener sexo- abrió la boca sorprendida y sus mejillas enrojecieron. Nunca, jamás obligaría a nadie a algo, mucho menos a tener sexo. Está bien, se pasaron la noche anterior como la anterior y la anterior a todas las demás, golpeando la cama contra la pared hasta pasada las 3 a.m ¡pero eran sus hormonas! Y Quinn era su esposa y debía satisfacerla. Solo eso implicaba algo de obligación-
- No te obligo, Quinn Fabray no digas tonterías. Además, la que habla y comienza una posición distinta eres tú. Asique básicamente tú me estarías obligando a cumplir tus fantasías-
- No son fantasías. Estás siempre tan estrecha que podría vivir dentro de ti- sus ojos se separaron orbitalmente e intentó bajar de la mesada para mojar su caliente rostro. Pero Quinn la atrapó por los muslos y escondió el rostro en su cuello, besándolo suavemente y moviendo sus dedos cual lenta caminata- de verdad, Rach. Eres la mujer más hermosa. Podría vivir abrazada a ti y sería suficiente para mi-
Ella sonrió y pasó sus brazos bajo los de Quinn, apretándola en un abrazo diario. Cada día, encontraban un momento para realizarlo, para entregárselo a la otra y mantenerse en esa posición por unos segundos.
La rubia descansó el mentón en su hombro y la rodeó de manera protectora. Rachel sonrió, cuánto le encantaba que la sujetara así, en un inconfundible mensaje de que dejara su mente en blanco y ella pensaría por ambas.
- Hablaré con James. Cuanto antes No quiero dejar pasar más días- el silencio continuó. Quinn era poco predecible. Si estaba abrazándola con seguridad, era porque a cambio pasaría algo por lo que tendría que protegerla. Y ella no era agradable a James ni James a ella, asique no la dejaría sola-
- Iré contigo-
- No-
- Sí-
- No- repitió Quinn separándose para mirarla a los ojos-
- Sí-
- He dicho que no, Rachel-
- Me da igual, ya no eres mi jefe. Si tiene algo para decirte, me lo dirá a mí también- otro silencio. Solo unos segundos después, Quinn curvó una media sonrisa y ella la imitó completándola- ¿y ahora qué?-
- Eres la mujer más hermosa y testaruda de este mundo- aseguró acercándose a su boca. Atrapó su cuello y le dejó un fugaz y violento beso que la desestabilizó. Quinn sonrió para sus adentros, amaba separarse y dejarla aún con los ojos cerrados y sus labios hacia arriba, en una petición por más-
- ¿A dónde vas?- le preguntó al verla caminar hacia el living. Su camiseta aún estaba en el piso y no se molestó en tomarla-
- A ducharme. Quiero ir a la oficina antes de que lleguen los niños- respondió Quinn subiendo las escaleras. Se detuvo al terminar y, con su mano aún en el barandal, se giró al sentirse observada- ¿vienes?
Regla número 13 de su trabajo: donde hay gente, hay trabajo. Y donde más gente, más trabajo.
Quinn llevó la copa a su boca y olió el vino: no, no era de su gusto favorito pero le dio un trago mientras observaba a Rachel a lo lejos, hablando animadamente con Jenna y Sue Sylvester. Carmen estaba a su alrededor pero le daba la espalda y lo agradeció, para no tener que demostrarle su molestia.
No había nada referido a su trabajo allí para ella. Rachel estaba ocupándose de todo y parecía haber congeniado con Sylvester por primera vez. Volteó y dejó la copa, sacudiendo sus manos antes de guardarlas dentro del bolsillo de su pantalón.
Infló su pecho, y miró a su alrededor: no, definitivamente no iba a ser su noche porque odiaba socializar por mucho que se le diera bien. Quiso caminar hacia su esposa cuando Sam Evans se detuvo frente a ella y no llegaba solo.
- Quinn, la cabeza creadora de nuestras ganancias ¿Quién hubiese dicho que un poco de cereal nos posicionaría como uno de las ciudades más productivas de los últimos meses? - él la abrazó sin vergüenza un segundo y el olor a alcohol en exceso llegó a su nariz-
- Oh, bueno…es una manera de devolverle la buena acogida a este lugar-
- Quinn, ella es Christine, la sucesora de los emprendimientos King. Christine, ella es…-
- Sí, sí. Quinn Fabray, una de las mujeres más hermosas e inteligentes de tu ciudad. Por no decir la más de ambas cosas- aquella muchacha se acercó con un excesivo movimiento de caderas. Incluso los ojos de Sam fueron a parar bajo su espalda mientras continuaba bebiendo.
Quinn estiró su brazo para saludarla pero la chica la ignoró, tomando uno de sus hombros y ayudándose con el a llegar a su mejilla. Le sonrió con esfuerzo y regresó las manos dentro de su pantalón. La chica se quedó a su lado, con sus codos rozándose y ella se aclaró la garganta, intentando formular una idea para salir de esa incómoda situación.
- He escuchado de tu padre. Richard es el dueño de la mecánica más grande de los alrededores. Todo un logro-
- Mi abuelo lo comenzó, en realidad- la corrigió Christine- y es el típico legado de un padre hacia otro. Y como soy hija única, pues me toca continuarlo. Aunque no sé mucho de mecánica-
- Oh bueno, Quinn sabe mucho de eso- intervino Sam y ella lo miró. Pero sus ojos se desviaron tras el, a Rachel observándola con los ojos entrecerrados y lejana a la conversación con las otras mujeres. Jenna le hablaba y Sylvester la miraba, pero estaba fuera de ese lugar por mucho que su cuerpo permanecía de pie entre ellas. Parpadeó varias veces y agitó la cabeza, antes de sonreírle a Sam fingiendo escucharlo- Una vez cambió el neumático de mi auto. Su esposa dice que es muy buena haciéndolo y sinceramente, Quinn, nunca te lo he dicho pero no volvió a pincharse. Eres buena eh- bromeó él palmeando su hombro y ella solo continuó sonriéndole- Asique cualquier cosa que necesites, tienes que ir con esta rubia- el tipo estaba ebrio, pensó Quinn. Ella ni siquiera había cambiado tal neumático y toda esa farsa la había comenzado Rachel.
Él se fue y lo maldijo mentalmente, aquella muchacha se paró frente a ella y obstaculizaba su vista a Rachel.
- Sam o te halaga mucho o te halaga mucho- bromeó la chica - aunque en realidad, ya había oído hablar de ti por boca de mi padre. Han asistido a varias reuniones juntos y dice que eres muy capacitada-
- Oh, gracias por eso, no lo sabía. De igual manera, hago lo que mejor puedo-
- ¿Pero Sam tiene razón? ¿Hablo contigo ante cualquier duda en un futuro? Realmente no sé nada de mecánica- y ella tampoco. Estúpido Sam con su estúpida boca enorme por la que solo lanzaba tonterías-
- Sam está un poco ebrio. Incluso sin estarlo suele exagerar. No le hagas mucho caso-
- Está bien, eres modesta. Me gusta- terminó la chica y ella la observó un segundo: demostraba a primera vista ser la consentida de papá. Vestido costoso, cabello arreglado por horas, moreno y joyas en sus dedos y cuello- ¿quieres beber algo?-
- Oh, no, no, gracias. Acabo de dejar una copa y aún es temprano-
- Sí, lo sé. La noche es larga- agregó Christine estirándose contra ella para llegar a la barra y tomar una copa de champán. Quinn volteó su rostro al lado contrario y rascó bajo su ojo, rogando internamente que alguno de sus hijos se acercara y la quitara de allí-
Con sus ojos de vuelta al frente, cuando la chica se reincorporó, tragó fuertemente al descubrir a Rachel acercándose a ellas.
Iba a saludarla, sonreírle o dedicarle algún gesto pero la morena se le adelantó y se colgó de su cuello, besándola con rapidez y dominio. Apenas tuvo tiempo de seguirle el ritmo y responderle como le hubiese gustado.
Rachel le dejó un último corto beso y se separó, deteniéndose frente a ella y uniendo sus caderas con total intenciones de fastidiarle. La conocía, estaba celosa y no tenía ninguna razón para reclamárselo. Le encantaba sentirla así.
- Buenas noches- se sorprendió de que su voz saliera tan natural y amistosa. Rachel estiró su brazo y se presentó frente a aquella morena sin vergüenza- Soy Rachel, la esposa de Quinn. Mucho gusto-
- Christine- murmuró la chica - igualmente…bueno, tengo que hablar con Sam otras cosas. Hasta luego- Quinn apenas movió su cabeza en un saludo y Rachel se despidió exageradamente por ambas, besando la mejilla de la chica dos veces y sonriéndole como si de su mejor amiga se tratara-
- Hasta nombre de zorra tiene- Quinn apretó los labios y sus mejillas se inflaron al retener la risa. Rachel seguía con la mirada en la partida de aquella muchacha pero se había controlado- Jenna me habló de ella. Es una niña de papi que se gasta su dinero en operaciones. Nada en ella es natural-
- Rach- susurró rodeándole la cintura y girándola para que la viera- nunca me habías besado así-
- Por supuesto que sí. Siempre te beso igual-
- Rachel Berry ¿cómo puedes ser tan poco romántica y decir eso? Tienes un beso distinto dependiendo la hora-
- ¿Yo poco romántica? ¿Estás oyéndote?- asintió, divertida y ejerciendo fuerza para que se pegara a ella. Pero Rachel tenía sus pies clavados en su lugar y sus brazos cruzados, negada a ofrecerle su deseo-
- Tus besos de buenos días son entrecortados. Me das uno cuando despiertas antes, justo bajo el lóbulo de mi oreja y luego en mi boca hasta despertarme. Si nos vemos en la cocina, solo salpicados-
- ¿Salpicados?-
- Entrecortados-
- Entrecortados, ajá-
- Cuando me voy o regreso del trabajo, te cuelgas de mi corbata, camisa o cuello y son los besos más deliciosos que recibo. Cargan una ternura especial y haces que no pueda separarme. Son los besos de una esposa completamente enamorada….Y los de la noche, antes, mientras y luego de que hacemos el amor- agregó por lo bajo reteniéndola finalmente contra ella- no tienen control. Tus labios se hinchan apenas y arden, además siempre me dejas manejarlos. Te beso a mi antojo y se convierte en mi parte favorita del día contigo-
Rachel descruzó sus brazos y los relajó bajo los codos de la rubia. Quinn bajó las manos tras su espalda y apretó los dientes al recordar dónde estaban. Sin embargo se inclinó y la besó de todos modos.
Sus bocas chocaban con hambre, en una pequeña batalla por separarse y recomenzar para tomar el control. Pero ella no cedió y Rachel terminó haciéndolo, suspirando cuando la invadió con su lengua y quedó indefensa y a su merced.
- Tengo algo. Lo tomé de la cocina de Sylvester- murmuró la morena en medio del beso y ella bajó la intensidad. No quería apartarse pero tampoco podían continuar-
- ¿Qué es?-
- Te lo mostraré en casa. Además, lo tengo escondido en mi brassier- se mordió el labio inferior con fuerzas y hundió sus manos en los bolsillos, acomodando su miembro bajo su pantalón para intentar calmarse- ¿tienes hambre?-
- Un poco. Sylvester solo ha hecho platos vegetarianos- Rachel rió y negó ligeramente con la cabeza-
- Te pregunté si tenías hambre. De verdad- la morena alzó una ceja, sugestiva y Quinn lanzó una bocanada de aire-
- ¿Aquí?- bueno, la casa era lo suficiente espaciosa, dividida en decenas de cuarto e incluso había un garaje que podía ser del tamaño de una casa normal. Y afuera, el patio estaba poco ocupado y algunos rincones oscuros. De repente su mente se inundó de imágenes allí, su espalda contra un árbol y Rachel arrodillada frente a ella, abriendo su pantalón y liberando su miembro duro y erecto. Sus manos en la cabeza de la morena mientras le proporcionaba placer y terminaba eyaculando en su boca. La boca de su esposa era su cavidad caliente favorita para descender en un fuerte orgasmo- ¿los niños?-
- Todos los niños en la planta alta-
- ¿La vas a tragar toda?- su pene estaba ya apretado entre sus piernas y no iba a esperar por horas a que se esa estúpida reunión acabara. Rachel se pasó la lengua por el contorno de sus labios, de manera cuidadosa y ella rodeó su muñeca - toda, Rachel-
Tiró de ella y comenzó a abrirse paso entre los invitados. Agradeció que nadie se interpusiera para detenerlas y bajó las escaleras de entrada con rapidez, volteando solo para ver que la morena la siguiera sin problemas.
- Es tu culpa, Quinn- dijo la morena sorprendiéndola-
- ¿Mi culpa?-
- No puedes poner celosa a una mujer embarazada. Sus hormonas se alteran el doble- ella no había hecho nada pero no podía contrariarla. Llegaron al final del patio y allí, a completa oscuridad y con la música a lo lejos, giró y Rachel se lanzó a abrir con rapidez su cinturón.
Eso era algo así como la ley de la selva, fue lo último que pensó Quinn. Rachel con sus hormonas era la presa y no tenía de qué culparla. Porque ella era el león hambriento que la devoraba cuando tenía hambre. Y estaba hambrienta cada vez que lo recordaba.
- Traga toda y nos vamos a casa- le ordenó con su mirada en ella y Rachel asintió. Antes de pasar su lengua en la punta de su glande y obligarla a echar su cabeza atrás.
- Esto no tiene sentido- murmuró Quinn con la mirada fija en la pantalla de su computador. Estaban en su oficina, ella, Rachel y los niños luego de que cada uno registrara algo de información en la fiesta de la noche anterior-
- Pues lo tiene- la contradijo Chloe, arrojándose contra un sillón en la esquina- eso quiere decir que esas dos se acuestan-
- ¡Chloe no hables así!- le reclamó Rachel. La niña solo rodó los ojos-
- Si esa es la cuenta bancaria, con el número que tomaste al quitarle su tarjeta…no hay error y coincide con la de Carmen…es porque se acuestan y comparten la cuenta-
- Pero si Carmen está aquí por lo mismo que nosotros- les recordó Luke confuso- no entiendo nada-
Quinn lo miró. Ella tampoco estaba entendiendo y había algo más de trasfondo ya de manera obvia. Sin embargo no sabía descifrar qué.
- ¿Y si Sue es una estafadora también?- preguntó la niña y Rachel volteó a verla. Ella negó con seguridad-
- No tendría sentido ¿por qué Carmen habría planeado aquello contra Rachel para separarnos y querernos lejos de aquí? Solo Carmen es la estafadora…-
- Solo entre ellas- agregó Rachel y Quinn asintió lentamente. Los niños en cambio las miraban confusos- no está trabajando sola. Hay alguien con ella, o más de alguien y quien conoce a Sue y falsificó la tarjeta que yo tomé-
- Si esto es una guerra con Carmen sola, se volverá un caos cuando descubramos con quiénes trabaja y qué son capaces de hacer-
Hubo un pequeño silencio en el que Quinn terminó de tipiar algunas cosas y finalmente apagó la máquina. Se meció en su silla y le dedicó una mirada a su familia: no iba a quedarse a esperar el ataque de los demás.
- Podemos salirnos ahora- les dijo y los tres giraron a verla- no voy a arriesgarlos-
- No- aseguró Chloe negando con énfasis y poniéndose de pie- este es el golpe que Shuester ha estado esperando. Y nosotros hemos estado esperándolo para salirnos- agregó señalándose y a su hermano- asique vamos a quedarnos, lo llevaremos hasta el final y nos iremos con el premio mayor. Eso y la ayuda de su boda, ayudará a que dejemos esa empresa. Yo no me voy-
Quinn se pasó una mano por la cara y suspiró frustrada; definitivamente cuando ellos dejaran ese trabajo, no iban a volver a el jamás. Shuester era un titiritero mediocre pero ahora estaba recibiendo ayuda de James. Y ella conocía los límites de su jefe. Justo antes del final, él cortaría las sogas.
- Está bien- murmuró al darse por vencida- nos tomaremos cinco días en planear una estrategia para el golpe final. Y el golpe final solo se da una vez, lo saben. Después de eso nos largamos, sin peros ni reproches ¿estamos de acuerdo?-
Todos asintieron. Inseguros y con lentitud, pero lo hicieron.
Observó a Rachel y bajó la vista hasta su vientre: solo un poco más, se dijo. Un poco más y su tiempo para consentir a su esposa comenzaría.
Solo un poco más, luego del golpe final que las cosas cambiarían.
Rogó, internamente, que hasta que eso ocurriera continuar siendo el león hambriento. Y no la presa a ser devorada salvajemente.
Otro cap, queridisimas /os lectoras/es y sé que dije que iba ser una cosa pero hay que agilizar otras y bue...espero les haya gustado. Cero que tambien le voy a ir aflojando a las escenas de alta tensión..Un guest preguntó cuando volveria a escribir un G!P Quinn, pues ni idea pero por ahora no..
Jess: La próxima historia (estoy escribiendo dos y no me decido cual publicar luego) pero es muy posible que sea la de Rachel con sus monologos de la primera y segunda temporada *baba* Y Quinn porrista *más baba*. Asique serán dominantes y dulces por igual.
Muchas gracias por leer y /o comentar, son un amor.
Ni Glee ni sus personajes me pertenecen, que estén bien, ¡Saludos!
