Estoy estresada, y me desestresaré de esta forma. No tengo mucho más que hacer, que aprenderme la práctica de mañana y; es sólo teoría. Escribo y luego correré a terminar de estudiar.
Besos y saludos.
M*S
Capítulo 36: Ahora tú
Había estado sentado a su lado. En realidad debía estar allí, frente a él ella; se había desmayado. Estaba hirviendo en fiebre, y tenía rostro pálido. Parecía algo simple, ¿tal vez? Alzó la cabeza, cuando la enfermera pasó a su lado; y le observó con un rostro de disgusto. Igual, no prestó atención a lo que ella trataba de transmitirle; estaba concentrado en mirar a Hermione.
Le acarició la cabeza, cuando la enfermera no le veía. Seguía con fiebre, y un tremor constante. También, sin que le observasen; besó su frente. Quizás era su culpa, había tomado una reacción violenta e innecesaria. Quería satisfacer, sus propias necesidades; y no estaba pensando en que Hermione era también una persona. Le mantuvo la vista, y tuvo el ideal; de besarla nuevamente. Sí, debía de calmarse; ya parecía un adolescente. Bueno, ya lo había pensado.
- ¿Aún aquí profesor? ¿No le he dicho que ella necesita descanso? Mire, dudo que sea su responsabilidad; inclusive si ella tuviera "Fiebre de Dragón"
- ¿La tiene?- preguntó el hombre, sin prestar atención a lo anterior; sólo a esa observación.
- ¡Oh no lo creo! De ser así, no podríamos encontrar los ingredientes de la poción; sería ya muy tarde.
La enfermera alzó la cabeza, cuando escuchó un débil quejido proveniente de la estudiante a su lado. Hermione había abierto los ojos, y miraba a su alrededor con una expresión de cansancio. Para cuando pudo focalizar su vista, intentó levantarse; pero Poppy no se lo permitió. Con un gruñido, y un gesto de disgusto le obligó a quedarse en la cama. Aservó que iría por pociones, y le pidió a Snape que la vigilase. Pues bien, eso hacía desde un tiempo.
Quiso preguntarle, si estaba bien; pero no pareció oportuno. La mirada de Hermione viajaba desde su entorno hacia él. En cuanto despegó los labios para hablarle, emuló lo que había sentido al besarla. Le mantuvo la vista, y luego escuchó su tono de voz débil y enfermo.
- Lo odio.
No deliraba, había escuchado bien; Hermione Granger había aprendido a odiarlo. No desvió la vista, aunque el rostro de Hermione se hubiese tornado en un colo rojizo; y pareciese enfadada. Lo último de ella; ya lo tenía. Lo último de aquellas vacaciones de verano.
- Comprendo- alcanzó a decir, aun con sus ojos fijos sobre la chica.
- Lo odio por enfermarme. ¡De las miles de formas!
Deseaba nuevamente tenerla, de una u otra forma; no podía revertirlo. Pero, sus palabras habían sido claras; su tono de voz había sido determinante. La chica lo odiaba, y en parte eso era consecuencia de su déspota actitud. Bueno, para él se justificaba, para él ella; evitaba muchos pesares futuros. Por que, ¿Qué harían un hombre de su edad, y una joven como ella; juntos?
Se levantó, y sustrajo de su túnica su libro. Lo había ido a buscar, y lo había reparado; lo mejor que pudo. Le había agregado la última página y con eso terminaba de decirle adiós. Así como Romeo tomó medio libro para decirle a Julieta cuanto le amaba.
Hizo el amago de levantarse, pero le sostubieron por las solapas de su túnica y sus labios chocaron con los de la chica. Fue un beso corto, casi de repulsión. Al igual que, la separación de ambos.
- Espero que eso, sea suficiente; y le contente.
No le contestó, la enfermera entraba en ese instante. Se levantó, saliéndose de la enfermería. Se contentaría, con ese beso frío; era suficiente. Decidió emprender su camino hacia su despacho. Al llegar, divisó a Remus que le esperaba.
No le prestó atención, y continuó hacia sus cuartos privados. Una vez allí, aservó que el hombre se iría; pero seguía allí. ¿Qué demonios necesitaba? ¿Qué demonios quería? ¿Poción matalobos? Pues que la pidiese, y que se fuera.
- Severus, debemos hablar.
- ¿Y bien? ¿Qué es ésta vez?
- Es sobre ti, y sobre Hermione. Sirius me lo ha dicho, me ha dicho que Hermione le ha confesado; el amor que te tiene.
¿Cual? Se mantuvo en silencio, tan sólo observando al mago quien; parecía un tanto incómodo y trataba de abordar la situación con la mayor entereza posible. Bueno, lo comprendía.
- ¿Ah sí?
- Sí, aunque ya lo suponía al observar el collar que llevababa puesto. Como auror reviso el correo, y eso jamás provino de alguno de sus amigos.
- Muy suspicáz Lupin. ¿Qué quieres que diga?
- Dime si la amas. Dime, si eres capaz de amarla; hasta ahora.
¿Amarla? Podría si quería, morir por ella; pero eso era un pasado. La "Amaba" bien dicho, pasado; una situación que no se repetiría. No en un universo como ese, no en esa realidad. Así desease lo contrario, con energía.
- No, no la amo.
- Ella te ama Severus. Le has dicho que no la amas.
- Ella no me ama a mí. ¿Quién te hizo creer eso? ¿Black? Creo que Black sinceramente.
- Hermione se lo dijo Severus, ya lo sé. ¿Acaso le hiciste daño?
Daño, esa era una palabra que se quedaba corta. Aún así, creía febrilmente que hacía su bien; que era la mejor decisión que había tomado. Era extraño, era extraño el ver una relación como la suya; a sus edades. Con sus vidas, sus diferencias y algunas de esas cosas; todas estaban mal. Todas estaban erróneas; e incompletas entre sí.
- La protegía.
- Me pregunto, ¿Qué le hará más daño Severus?
- Se terminó Lupin, no tienes por qué preocuparte más.
- ¿Y para ti, se terminó?
Tampoco le respondió, y Lupin interpretó su silencio. Una última mirada de soslayo, bastó para que Snape se odiase a si mismo por lo que sucedía. Quería amar a la mujer, pero aún estaba allí la pequeña Granger. Aún estaba allí, la delicada y frágil Hermione que podia sufrir bajo sus peligrosas manos. Estaban llenas de cicatrices, de dolores que no le pertenecían. Mancharía su piel, le transmitiría cualquier cantidad de miedos y ese no era su ideal de amor. No sabía como hacerla feliz; no sabía como cargar con el peso de una relación. Demasiado tiempo en la soledad; ¿Cómo se amaba? ¿Debía entregarse, sin importar las consecuencias? Bien, él no era un libro como para dejar que sus "páginas" hablasen por él mismo. Ojalá pudiese desprenderse cual Romeo. Aunque, luego hubiese muerto por ella.
Fue a visitarla, por segunda vez. El que le odiase no significaba; que no podía poner un pie en la enfermería. Seguía allí, sonriéndole a Ginny mientras le comentaban algo. Ron estaba a su lado, mirándola con cierto desespero. Era hombre, conocía bastante bien esas miradas. Un suspiro de frustración provino de sus labios; al recordar que debía seguir. ¡Se empeñaba en verla! ¡Se empeñaba en hacerle amarlo, aunque ya la había dejado! ¿Se trataba de su única posesión y por eso; no quería dejarla ir? Bueno, "posesión" era un poco obsesivo. Al menos, había llegado mucho más allá de lo que; con Lily hubiese podido. La enfermería se vació con rápidez, ella volvió a quedarse sola. Parecía, que al final ese era su destino. El destino de ambos.
Caminó hacia adentro, aunque no sabía qué era lo que le motivaba a seguir. Ella le daba la espalda, estaba quizás durmiendo. Se sentó a su lado, cuidando de que la enfermera no le detectase. Bien, Lupin había estado indagando; y en base a lo que ella le había relatado a Sirius. Sí, ella le amaba; ¿Por qué había dudado de eso? Cierto, lo creía una aventura de verano. Bien, jamás volvería a pensar; en divertirse a cuesta de otros. O terminaría de la misma forma.
Le acarició el cabello, con delicadeza; casi imperceptíblemente. Ella no se giró, siquiera pareció preocuparse por lo que él estaba haciendo. Mientras le acariciaba, le pareció escuchar un débil murmullo. Hermione soñaba con algo. Algo que le causaba escozor; algo terrible.
Se levantó violentamente, y giró su cabeza para observarlo; él permaneció inmutable. Suspiró, sintiéndose relajada y fue entonces; cuando quiso saber el por qué de su visita. Pero, sus labios le dijeron otra cosa; hicieron otra cosa.
- No muera- susurró, y eso le hizo tener una ligera sospecha a él. Le tocó la frente, ella tenía fiebre una vez más. Estaba delirando.
- ¿Fiebre de Dragón?- sonrió él- ¿Quién delira por quién ahora? Descuide, yo voy a cuidarla. Supongo que, puede ser recíproco.
- ¿Sin comprometernos?
- Cómo lo desee.
- ¿Podemos leer profesor?- dijo, sacando su libro favorito; aquel que él le había regalado- Le pedí a Ginny que me lo trajera, supuse que vendría.
La observó, abriendo el libro en la marca que ella había hecho; no pudo evitar sonreír ante su confesión. ¿Tanto le conocía ya? ¿Tanto la amaba, como para volverse predecible?
TBC.
Espero que les haya gustado. Muchos besos y abrazos, se les aprecia.
