DESDE QUE VOLVISTE DEL INFIERNO
(La mirada de Sam)
My Bloody Valentine
Puede parecer algo idiota, pero esperaba que hoy Dean se fuera a ligar por ahí… es extraño que no lo haya hecho. Se ha quedado en el motel, conmigo, investigando el caso que tenemos entre manos.
Está mal. No sale, apenas come, sólo trabaja sin parar y cuando termina bebe hasta caer prácticamente en coma etílico. No me atrevo a decirle lo que me ocurrió cuando fuimos a ver el último cadáver. La extraña sensación que tuve cuando nos cruzamos con uno de los empleados de la funeraria.
Lo más extraño es que Cupido exista de verdad y se dedique a marcar a la gente para que "literalmente" se devoren por amor, o que se suiciden o…
Castiel también está raro, ¡se ha comido la hamburguesa que Dean no ha querido! Pero al menos nos ha llevado hasta Cupido, sólo que si este angelote medio lelo es el causante de todas esas muertes yo soy Papá Noel. El pobre no se ha librado de un puñetazo de mi hermano, y me hubiera causado gracia si no fuera por cómo se está portando desde que nos metimos en este asunto.
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Mientras su extrañamente desganado hermano se quedaba en el hotel investigando otras posibles muertes en extrañas circunstancias, Sam Winchester volvia a la sala de autopsias del centro médico de San James por un nuevo cadáver. Esta vez el muerto no tenía la marca de Cupido, sólo se atiborró de bollos de crema hasta que su estómago explotó.
Sam, desconcertado, decidió volver a casa pero el mismo empleado de la funeraria con que se cruzara horas antes volvió a pasar a su lado y una extraña euforia, mezclada con la clase de sed que no esperaba volver a sentir le hizo comprender que ese tipo era un demonio.
Lo siguió a la calle y lo acorraló arrebatándole un maletín que parecía contener algo importante. Al volver al motel, su hermano y él lo abrieron y una luz pura y cegadora brotó de allí dentro.
- ¡Qué demonios es eso! – exclamó el mayor confuso.
- Es un alma humana – dijo Castiel que había aparecido de la nada y ¿estaba comiendo otra hamburguesa? – Creo que todo empieza a encajar.
La tremenda conclusión del ángel era que tenían que vérselas de nuevo con un jinete del Apocalipsis.
"Y entonces aparecerá el "Hambre" montando una bestia negra. Cabalgará sobre la tierra de la plenitud y grande será el hambre del jinete, porque él es Hambre" – recitó solemnemente el de la gabardina con la boca llena – su hambre se filtrará a través de él y envenenará el aire.
Ahora sabían a lo que se enfrentaban y debían ir por él, pero el Winchester más joven no iría con ellos. Ya había cometido muchos errores y era hora de afrontar la realidad, él estaba infectado y si había demonios protegiendo al jinete, no podría contenerse.
- Lo que sea – su hermano no se había tomado a la tremenda la noticia de otro jinete, aún… – Sam, vamos al lío.
- Dean… yo, hum… No puedo – tenía que decírselo si iba con ellos… - No puedo ir.
- ¿Qué estás diciendo? – miró a su hermano y Sam presintió que lo sabía, pero que no quería admitirlo.
- Creo que estoy infectado Dean, creo que tengo hambre de…
- ¿Hambre de qué?
- Lo sabes…
- ¿Sangre demoníaca? Tienes que estar de coña – parecía lo único a lo que el mayor de los Winchester no podía hacer frente, empezó a dar órdenes sin sentido al ángel – Tienes que sacarlo de aquí, tienes que llevártelo a la de ya, a Montana por lo menos. A cualquier sitio menos aquí.
- No serviría de nada – explicó el de la gabardina – Él ya está infectado. El Hambre viajaría con él.
- Bueno, y entonces ¿Qué podemos hacer? – suplicó perdido el cazador.
- Le vais a cortar los dedos a ese bastardo – masculló con rabia Sam intentando hacer reaccionar a su hermano.
- Ya lo has oído – funcionó.
- Pero, Dean… antes de que te vayas, mejor… mejor me encierras – pidió el castaño – pero bien.
La puerta del baño se cerró y escuchó un mueble enorme bloquearla. Sam comprobó que sus esposas estaban correctamente sujetas a la cañería del lavabo y apoyó la frente en la fría superficie esmaltada. Ya estaba, Dean lo conseguiría, no iba solo. Sería rápido.
El ansia de sangre aumentó. Trató de soltarse. Su cabeza era un torbellino de decisión y contra decisión. La puerta del baño se abrió dejando entrar a dos demonios. Y ganó el ansia.
Fue muy fácil dejarlos secos y más fácil aún llegar dónde estaba el grimoso jinete. Cada fibra de su cuerpo era pura energía. Más de seis demonios rodeaban a su hermano y al ser que lo había capturado. Más de seis fuentes de poder.
- Son para ti, tómalos – ofreció la horrible y hambrienta criatura.
- No – sacó las fuerzas para negarse de la desesperación del humano que se había quedado congelado al adivinar cómo había llegado hasta allí.
DQVDI-Sam
Todo lo que ocurrió desde que desangró a aquellos demonios hasta que acabó de desintoxicarse de la adictiva sangre, está borroso. Sólo recuerda a su hermano: A Dean siendo machacado por el Jinete del Hambre; a Dean cogiendo el anillo del terrorífico ser que Sam acaba de derrotar arrancándole del cuerpo los espíritus de los demonios que se había tragado; a Dean encerrándole de nuevo en la habitación del pánico; a Dean dándole de comer o de beber. Hasta que:
- Dean – murmuró con la boca seca – creo que ya ha pasado.
- Sí – sonrió el mayor detrás de una poblada barba, con unas ojeras impresionantes – yo también lo creo.
- No tienes buen aspecto.
- Nos ha jodido el genio – musitó su hermano desatándole y ayudándole a levantarse – mírate en un espejo.
Subieron vacilantes al piso superior. Apoyándose el uno en el otro como un par de borrachos al final de una noche de juerga.
El viejo chatarrero estaba haciendo el desayuno manejándose bastante bien desde su silla de ruedas. Sam, hambriento (esta vez de comida normal y corriente), le ayudó a dar la vuelta a las tortitas. Dean se dejó caer pesadamente en una silla de la cocina esperando a que le pusieran la comida delante.
- Saca los platos pedazo de vago – le gruñó el más viejo, casi con ternura.
- No, déjale, yo me encargo – replicó el más joven al notar que su hermano se había quedado dormido sobre sus propios brazos cruzados en el respaldo de la silla.
Continuará...
