El día más largo

El día más largo es ése en el que aguardo tu llegada, cuando sé que tan solo unas pocas horas me separan ya de ti, de tus abrazos, caricias y besos, del momento en que nuestras miradas vuelvan a encontrarse y todo lo demás deja de existir y por unos instantes sólo somos tú y yo.

Ese día siempre empieza temprano porque apenas puedo dormir, los nervios y la ansiedad por volverte a ver no me dejan hacerlo. Pienso en que esa noche las sábanas de nuestra cama volverán a llenarse de tu olor, tal y como lo harán mis pulmones, porque en cuanto cruces esa puerta todos mis sentidos se inundarán de ti. Y me perderé en tu mirada y dejaré que tus brazos me envuelvan mientras que los míos hacen lo propio y por un segundo sueño con no dejarte marchar nunca más.

Y las horas y los minutos de ese día tan largo se hacen infinitos, las agujas de los relojes parecen obstinadas en no avanzar tan rápido como yo desearía que lo hicieran. Y voy descontando los segundos que restan para volver a hacer míos esos labios tuyos, beber de ellos y saciar una sed de ti que es insaciable.

El sol avanza y mi mente divaga perdiéndose en todas las cosas que quiero decirte, que quiero hacerte para borrar la huella de mi ausencia en tu piel y me estremezco sólo de pensar que pronto tus labios y tus dientes dejarán marcas en mi cuerpo cual pequeñas banderas de conquista que dicen que soy tuya y de nadie más. Quiero oír mi nombre escapar de tu boca en jadeos entrecortados. Quiero sentir que me fundo contigo una vez más. Y quiero que llegue esa hora en medio de la madrugada en que me susurrarás al oído palabras que únicamente compartes conmigo, en que tu cuerpo se pegará al mío y tu brazo libre rodeará mi cintura y yo me refugiaré contra tu pecho, en ese cálido lugar donde tu corazón me habla al compás de sus latidos. Me dormiré sabiendo que a la mañana siguiente serás lo primero que vea al despertar, y esperaré viéndote dormir hasta que abras esos preciosos ojos carmesí y me sonrías y me des un beso de buenos días.

El día más largo, pese a todo, también acaba y mi corazón se acelera cuando oigo la llave en la cerradura de la puerta.

—Tadaima.

—Okairi.

Estás aquí y todos mis deseos comienzan a cumplirse cuando tus brazos me atraen hacia tu cuerpo y nuestros labios por fin se encuentran.