Capítulo 35: DOS CUPIDOS

Primera semana de abril. La última de vacaciones.

Las cosas marchaban "bien", por así decirlo, entre todos. Draco y Blaise habían accedido a ayudar a los Gryffindor y la Ravenclaw a averiguar todo lo que pudieran acerca del club, ahora llamado "el club de los tontos" por los chicos.

Si bien el viernes no pudieron colarse en las mazmorras para ver que hacían esto no fue obstáculo pues esa tarde habían escuchado decir que se reunirían en la Biblioteca, exactamente en la sección prohibida, lo que no supieron es que madame Pince había equipado muy bien la puerta y ventanas para rechazar la entrada de posibles intrusos. La lección la recibieron Crabbe y Goyle al ser electrificados y quedar inconscientes. Ron casi se arrancó el labio al tratar de suprimir la risa mientras los veían a escondidas y veían a Pansy y Millicent tratar de levantarlos, algo realmente imposible.

En fin, habían escuchado muy pocas cosas, sin embargo, se enteraron de algo más. Los tres chicos que también pertenecían al club de los tontos habían decidido revelarse y lo abandonaron, el precio que tuvieron que pagar fue una casi paliza de Goyle sin embargo al unirse el que salió lastimado fue él pues los chicos actuaron juntos.

También se dieron cuenta de que Pansy era la supuesta líder del grupo, ya que nadie podía hacer algo sin consultárselo o hasta que ella les diera la orden. Al final resultó que Crabbe y Goyle siguieron dependiendo del más fuerte, en este caso la Slytherin.

De todas formas, era fin de semana. No tenían que aguantar a McGonagall y sus preparativos para la graduación. No tenían clases pues estaban de vacaciones. Los deberes estaban casi todos hechos, cortesía de la ayuda de Hermione. Y lo mejor, el clima era perfecto para pasear por los terrenos.


— No va a funcionar, — contradecía Ron — mira Lunita, no es por ser malo, pero… no sé… mejor no hacemos esto… conozco a los chicos… y créeme que conozco a Harry y Hermione… y te juro que si esto no les agrada… bueno, vas a quedarte sin novio pues me van a retachar tres metros bajo tierra — expresó con nerviosismo.

— No seas tonto Ronnie, ellos no te harían eso, — desmintió Luna — al contrario, ¡nos agradecerán! — expresó muy confiada.

— ¡Ojalá!… — rogó el Gryffindor levantando los brazos al cielo — pero si Hermione me quiere golpear, tú me defiendes — agregó rápidamente.

— Está bien — se rio.

— Todavía sigo pensando que no es buena idea…

— ¡Shh! — lo silenció la rubia tomándolo del brazo y apresurando el paso.


Hermione venía bajando las escaleras hacia la Sala Común, había subido a su habitación para tomar un refrescante baño ya que el clima sinceramente era algo sofocante, le gustaba el calor era cierto, pero no demasiado. Así que ahora, en una blusa de tirantes color blanco, unos capri beige, sandalias y con el cabello aun húmedo, recogido torpemente en una pinza dejando libres algunos mechones sobre su rostro y espalda, se sentía muy cómoda.

El día era perfecto, no había nubes, el sol estaba en su apogeo, todos estaban en los terrenos disfrutando el clima, incluyendo varios Profesores. Justamente se dirigía hacia allá, según una nota de Luna, todos se reunirían en el lago para un merecido día de campo. Sonriendo atravesó el retrato de la señora Gorda.

Harry caminaba por los desiertos pasillos del castillo rumbo a los terrenos, Ron había planeado un día de campo junto al lago para todos sus amigos y él gustoso aceptó ir. Y es que con este clima odiaba quedarse encerrado en esas paredes dónde ahora semejaba más a un horno de piedra gigante que a un castillo. Con el cabello más alborotado que nunca dándole un toque atractivo, en una playera de mangas cortas, unos bermudas más debajo de la rodilla y sandalias, no pudo evitar sentirse relajado.


— Sigo diciendo que es mala idea… — se oía la voz de un chico entre unos arbustos.

— ¡Shh!, pueden oírte — silenció la voz de una chica.

— Pero Luna, que si esto sale mal van a querer matarnos por metiches — se quejó Ron.

— Metiches no, — contradijo Luna — yo lo llamó intervención divina, ¡anímate Ronald! — sonrió.

— Intervención o no, ¡ellos nos mataran! — sentenció el pelirrojo.

— ¡Shh!, ¡ahí vienen! — lo calló la rubia con emoción al ver a sus amigos.

— ¡No quiero recibir una de las famosas bofetadas de Hermione! — musitó con temor el pelirrojo.

— ¡Shh!


— Hola Harry — saludó Hermione apenas llegaron a la sombra del árbol.

— Hola — balbuceó el aludido mirándola de pies a cabeza, pasando saliva dificultosamente.

— ¿Qué pasa? — lo miró extrañada.

— Nada, nada — contestó con rapidez, sus mejillas tornándose rojas.

— Ah, bueno… — dijo no muy convencida — parece que los demás se retrasaron ¿no? — comentó al ver su repentino mutismo.

— Aja — miró a otro lado, si la miraba se le caería la baba. Merlín, ¡se veía preciosa!

Cerca de ellos se escuchó una risa ahogada proveniente de unos arbustos. No se dieron cuenta.

— Entonces… ¿los esperamos? — propuso Hermione sentándose en la hierba.

— Cla… claro — se dejó caer torpemente a su lado, muy cerca de ella. Hermione sonrió ante su notorio nerviosismo.

Cuando de pronto frente a ellos apareció una botella de cerveza de mantequilla en una cubeta llena de hielos junto a dos copas de vidrio. Ambos respingaron al ver aquello, pero más el pelinegro que también dejó salir una pequeña exclamación del asombro.

— ¿Qué… que significa esto? — logró preguntar Hermione mirando anonadada de la botella a Harry.

— No sé — se sinceró visiblemente desconcertado.

— Emh… ¿tú crees que…? — lo miró mordiéndose el labio.

— ¿Luna? — preguntó Harry a Hermione, mirándola. La castaña asintió.

— ¿Ron? — preguntó Hermione a Harry. El pelinegro asintió.

— ¡Ese par! — se quejaron mirando hacia la botella.

— Supongo que no van a venir ni ellos ni Ginny y Neville — bufó Hermione, molesta.

— Supongo que no — acordó Harry. Aunque no pudo evitar sentirse decepcionado al ver que Hermione parecía molesta por el hecho de tener que estar sola con él.

— Entonces… — dijo la castaña nerviosa y se quedó callada.

— Hermione si no quieres estar aquí está bien, entiendo, no hay problema, podemos irnos y… — la miró.

— ¡No, no!, no es eso… es que… — suspiró mirándolo apenada — perdona, es sólo que me sorprende que ellos hayan hecho esto para nosotros — se sinceró.

— ¿Quieres quedarte? — propuso con una sonrisa de esperanza.

— Sólo si tú quieres — le sonrió de vuelta.

— Entonces supongo que esa botella no se abrirá sola ni se servirá por ella misma — expresó el Gryffindor alargando la mano y sirviendo cerveza de mantequilla en las dos copas, pasándole una a la castaña.

— Gracias.

— No hay de que… — chocó delicadamente su copa con la de la castaña — por el comelón de Ron y la soñadora de Luna — brindó. Hermione rio.

— Por ellos — bebieron.


— Brindaron por nosotros, ¿eso es bueno o es malo? — preguntó confundido Ron.

— Bueno… creo… — dudó — sólo ruega porque se terminen la botella en caso de que sea malo — agregó con algo de temor.


Pronto se dieron cuenta que ya habían bebido poco más de la mitad de la botella. Y cuándo ésta se terminó apareció otra dejándolos sorprendidos.

— Me alegra que esto no contenga tanto alcohol porque de lo contrario… — negó Hermione con la cabeza mientras se llevaba la copa a los labios.

— Ya te estaría besando o conduciéndote a mi habitación — confesó Harry susurrándole al oído. Hermione se ahogó con la bebida.


— ¿Qué le dijo? — cuestionó Ron pues no había entendido.

— No sé… creo que algo de que querían más alcohol — se encogió de hombros.

— Esta juventud de ahora — negó el pelirrojo. Luna se mordió los labios suprimiendo la risa.


— ¡Perdón!, no sé porque dije eso — se disculpó Harry alejando su rostro un poco del de ella y mirando a otro lado.

— Creo que ya está empezando a surtir efecto — susurró Hermione mirándolo.

— ¿Por qué lo…? — Harry levantó la vista hacia ella, pero sus labios fueron sellados en un beso.


— ¡Si! — exclamó Luna levantando los brazos.

— ¡Shh! — le puso la mano en la boca Ron y la volvió a agachar pues sus amigos giraron bruscamente hacia dónde anteriormente se veían sus cabezas.


— ¿Escuchaste eso? — preguntó Hermione mirando aun con detenimiento entre los arbustos.

— Debió ser una ardilla — dijo Harry sin importancia tomando a Hermione de la barbilla y acercándola a sus labios.

— Tal vez deberíamos… — la besó.

— Luego — murmuró el pelinegro sobre sus labios. Sin duda el alcohol ya estaba surtiendo efecto sobre ellos, pues como dicen, cuándo tomas todo se reduce a la nada, eres capaz de todo, no le das importancia a lo demás y haces siempre lo que te dicta el corazón. En este caso, demostrarse cuanto se aman.

— Harry… — susurró Hermione al sentir que el ojiverde dejaba de besarla para tomar aire, atrayéndolo de nuevo a sus labios.


— ¿Decías? — Luna miró con suficiencia a Ron.

— Está bien, está bien, tal vez si funcione… — aceptó el pelirrojo mirando muy entretenido a sus amigos — aunque sinceramente no me gustaría estar aquí por si a ése par se le ocurre… ya sabes… — se sonrojó.

— ¿Qué cosas dices Ronald?, ellos no harían eso… — contradijo la rubia volteando a ver a sus amigos — ¿o sí? — agregó insegura.

— Pues nada más de ver como tratan de sacarse las amígdalas con la lengua — se estremeció el pelirrojo.

— Está bien, si las cosas se… emh… suben de temperatura entonces…

— ¡Los lanzamos al calamar gigante! — sugirió Ron con entusiasmo.

— ¡No!, los interrumpimos o algo — refutó.

— Está bien — accedió con desgana.


Mientras tanto, sin escuchar a sus amigos discutir en susurros, Harry y Hermione se besaban apasionadamente bajo la sombra de un enorme árbol que los tapaba a la vista de todos excepto los dos chicos que estaban entre los arbustos mirándolos.

Harry sostenía fuertemente a Hermione contra su cuerpo, un brazo rodeando su espalda y otro en su nuca le impedía escape alguno. Mientras la castaña tenía una mano sobre su cuello y otra en su cabello acercándolo a ella lo más posible. Sus labios besándose con ansias al igual que sus lenguas luchando por el dominio de la otra.

Pronto el peso, la presión de los brazos de Hermione y la intensidad del beso surtieron efecto en las fuerzas del pelinegro que fue cayendo lentamente hasta que tuvo a la castaña bajo su cuerpo, separando sus labios por la falta de oxígeno, respirando entrecortadamente y mirándose a los ojos con un tenue color rosado en las mejillas.

— ¡Te amo! — susurró Harry mirándola con todo el amor que le fue posible.

— ¡También te amo! — contestó Hermione, su voz cargada de emoción. De pronto reparando en la posición en la que estaban.

Tendidos en el suelo, él sobre ella, acariciando disimuladamente su pierna flexionada y su otra mano adentrándose entre la fina tela de su blusa, mientras que uno de sus tirantes ya estaba corrido sobre uno de sus hombros. El chico acercándose lentamente a besar su piel y ella con sus manos aferrándose a su playera.

— Harry… no creo que debamos hacer esto… — susurró con presura, sin mucha convicción. El aliento de Harry golpeando en su cuello al sentirlo suspirar antes de alejarse lo suficiente para mirarla a los ojos — estamos en un lugar público — agregó tímida mordiéndose su hinchado labio.

— Aquí nadie nos ve… — la miró casi con súplica — ¿estás segura? — preguntó al ver indecisión en sus ojos.

¿Qué si estaba segura?, ¡por supuesto que no estaba segura!, Merlín su parte racional se había ido a quien sabe dónde y ahora sólo trabajaba su corazón y las hormonas. Sobre todo, las hormonas. Pero no, debía poner un límite. Tenía que hacerlo.

¡Al diablo, ella quería ser suya de nuevo!

¡No!, ¡tenía que conservar algo de cordura!

¡¿Cordura?!… ¡¿cómo que cordura?!… ¡cualquier mujer se dejaría llevar al ver esa esmeralda mirada!, ¡esos apetitosos labios!, ¡ese delgado, pero a la vez atlético cuerpo!

¡HAZLO!, le gritaba el cuerpo y el alma.

¡Detente!, le susurraba casi sin fuerzas la voz que siempre le aconsejaba con sensatez.

— Yo… — Harry se acercó de nuevo y comenzó a besarla tiernamente en el cuello.

¡Merlín!, suspiró.

¡Detente Potter!, ¡ella no quiere!, ¡escúchala!, ¡sabes que están en un lugar público!, ¡hazlo!, ¡detente!, le urgía la voz sensata a Harry, pero éste seguía besando el cuello de Hermione sin hacerle caso, posando sus labios sobre su mandíbula, su barbilla, mordiendo suavemente la zona arrancándole un suspiro a la castaña que pronto empezaba a ceder.

¡Continúa!, ¡sabes que ella también lo desea en el fondo!, no tendría por qué reprocharte nada. Además, si no quiere tendría que decirlo ¿o no?, ¡y mira!, ¡está acariciándote la espalda!, ¡busca despojarte de la playera!, ¡te está besando!, y… ¡oh por Merlín!, ¡te mordió!, ¡ELLA TAMBIÉN LO QUIERE!, lo apremiaba el cuerpo y corazón, completamente vencidos por el alcohol y el momento.

— Harry… — susurró Hermione y acto seguido guio la boca de Harry a un encuentro con la suya. Dejando atrás todo. Ambos lo querían. Y no por el alcohol. Sino por el amor. La cerveza de mantequilla sólo había sido el motor para lo que ambos deseaban. Unirse. Reencontrarse. Volver a ser uno sólo.


— ¿Segura que no quieres aventarlos con el calamar gigante? — preguntó Ron, ya incapaz de seguir viendo a sus amigos, pero escuchando perfectamente el sonido de besos y suspiros, provocándole nauseas.

— ¡Ay Merlín!… — Luna se volteó rápidamente al otro lado al advertir que los chicos ya empezaban a deshacerse de las prendas — un Aguamenti bastara… — le contestó a su novio — ¡hazlo tú!… — urgió — ¡yo creo voy a vomitar! — se tapó la boca con una mano, su rostro tornándose pálido.

¡Aguamenti! — exclamó Ron en susurro en dirección a sus amigos sin embargo no los miró pues se tapó con una mano los ojos. Pero el hechizo fue efectivo.


— ¡¿Qué demonios…?! — empezó a maldecir Harry separándose bruscamente de Hermione rodando sobre un costado para sentarse y mirar a ambos lados.

Hermione se acomodó rápidamente la blusa y se sentó también, roja como un tomate, al parecer su cerebro había vuelto a reaccionar, y de qué manera, veía junto a ella a Harry, sin camisa y con el cabello más alborotado de lo normal, además de una pequeña marca roja en su cuello producto de una mordedura de ella, sentía prácticamente su rostro desprender vapor. Se levantó torpemente sacudiendo la hierba de su ropa y cabello, evitando mirarlo.

— ¿Qué sucede? — preguntó Harry al mirarla tan nerviosa, se paró colocándose a su lado, acariciando su mejilla. Hermione se separó pasándose una mano por el cabello para remediar un poco la brusquedad con que se alejó.

— Nada, — se mordió el labio — creo que deberíamos volver — evitó mirarlo.

— ¿Está todo bien? — preguntó torpemente.

¿Todo bien?, ¡por supuesto que no!, ¡estuve a punto de hacer el amor contigo, Merlín!, ¡no está bien!, ¡NADA está bien!, ¡los amigos no hacen eso!, ¡no se acuestan con sus amigos!

¿Cómo se te ocurre preguntarle eso?, ¡tonto!… ¡¿la has visto siquiera?!… ¡¿te has visto?!… ¡no tienes camisa!, ¡póntela!, rápidamente se puso la playera.

¡Mírala!, ¡está nerviosa!, ¡apenada!, ¡Merlín, ¿quién no lo estaría?!… ¡estuvieron a punto de hacer el amor!, ¡mira su cuello!, ¡tú le hiciste esos pequeños moretones!, ¡la mordiste animal!, ¡¿ahora qué harán?!… ¡no traes tu varita y ella seguramente tampoco para borrarlos ahora!, ¡todos los verán cuándo vuelvan!, ¡idiota!, se reprochaba Harry.

— Hermione, yo… — murmuró apenado también evitando mirarla, se pasó una mano por el cabello en un gesto ausente.


— Te lo dije yo a ti, no van a arreglar las cosas, — le espetó Ron a Luna — míralos, ni siquiera son capaces de mirarse a los ojos.

— Tú tampoco podrías hacerlo si hubieras estado en una situación así hace dos segundos — objetó la rubia.

— ¿Intervenimos? — preguntó inseguro el pelirrojo.

— No lo sé… — miró como Hermione se mordía el labio y evitaba mirarlo, visiblemente apenada — creo que si… — aceptó — pero ¿cómo?


— Descuida — lo interrumpió Hermione.

— Es que yo… — en eso un enorme tentáculo salió del agua tan rápido que baño por completo de agua a ambos dejándolos estupefactos — ¡ese maldito animal hijo de su…! — exclamó Harry con enojo tomando una piedra del suelo y aventándosela con furia al calamar gigante.

Ron no pudo evitarlo y estalló en carcajadas. Harry y Hermione voltearon rápidamente hacia los arbustos, en dónde ya era imposible que no vieran los pies del pelirrojo pataleando mientras golpeaba el suelo con un puño agarrándose las costillas emitiendo estruendosas carcajadas.

Mirándose entre sí, el pelinegro y la castaña se cruzaron de brazos y miraron con el entrecejo fruncido hacia los arbustos dónde ahora también se escuchaban pequeños susurros desesperados que le pedían a Ron callarse.

— ¡Ya salgan de ahí ustedes dos! — exclamaron Harry y Hermione a la vez.

— ¡Te dije que con tu risa de hiena nos escucharían!, ¡pero no!, ¡el muy… no quiso quedarse callado! — lo reñía Luna mientras salían.

— ¡No es mi culpa!, ¡fue de este zopenco por poner esa cara! — señaló a Harry.

— ¿Se puede saber que hacían ahí? — preguntó Hermione fulminándolos con la mirada.

— Pues ¿qué más?, ¿quedamos de un picnic no? — contestó Luna de lo más tranquila. Los chicos la vieron con desconfianza.

— Ron — Harry miró atento a su amigo.

— Ah… pues… nosotros… emh… — rio nervioso rascándose la nuca — ya saben… el día de campo y eso… — sus mejillas se pusieron rojas mientras evitaba mirarlos.

— ¡Estaban espiándonos! — acusó Harry.

— ¡Y no sólo eso, sino que ustedes planearon todo esto! — agregó Hermione señalando a su espalda las botellas y copas con cerveza de mantequilla.

— Bien que no se quejaban hace rato — susurró sin darse cuenta el pelirrojo.

— ¡¿Qué?! — preguntaron a la vez Harry y Hermione, sus mejillas tornándose rojas.

— Nada, nada — sonrió malicioso.

— Miren… no sé qué escucharon o… vieron… pero… lo que pasó aquí… fue que… fue que… — decía atropelladamente la castaña, sonrojada. Luna y Ron se mordían los labios para no reír mientras Harry sentía como si algo muy filoso resbalara por su garganta — ¡¿saben qué?, no tenemos por qué darles explicaciones!, ¡vámonos Harry! — y tomando del brazo a un sonrojado ojiverde, Hermione lo arrastró hacia el castillo dándose patadas mentalmente por haberlos delatado.


— Creo que si funcionó después de todo — rio Ron.

— Aun no del todo, pero si… podría decirse que si funcionó — aceptó Luna ya sin poder sofocar la risa.

— ¿Y ahora qué sigue? — preguntó Ron mientras Luna hacia desaparecer las cosas con un hondeó de su varita.

— Ahora siguen Neville y Ginny — sonrió con complicidad.

Ron se rascó la nuca sonriendo y la rubia rio para luego acercarse a él y colocándose de puntillas depositar un casto beso en sus labios.

— ¡Te amo Ronnie! — susurró prendiéndose a su cuello.

— ¡Y yo a ti Lunita! — la tomó rápidamente de la cintura y se la colgó al hombro riendo mientras se la llevaba así hasta la puesta de roble, todo el camino la rubia pataleando para que la bajara, pero riendo encantada.


Apenas entraron al castillo Hermione hizo el intentó de soltar su mano, pero lo olvido por completo cuándo sintió a Harry entrelazar sus dedos a la vez que con un movimiento rápido la dirigía a un pasillo desierto y casi sin luz en dónde la apoyó contra la pared y sus labios se unían de inmediato.

— Lo de hace rato, no me arrepiento en absoluto — dijo el ojiverde apenas separando sus labios. Hermione suspiró y recargando su frente en la de él lo miró con una tímida sonrisa.

— Yo tampoco, — confesó. Harry sonrió — pero esto no lo hacen los amigos Harry — objetó queriendo alejarse, el pelinegro la tomó de la cintura impidiéndole la huida y pegándose más a ella.

— Lo sé… pero… — suspiró. La castaña se mordió el labio, sabía exactamente lo que pasaba por su cabeza, ella tampoco quería dejarlo ir, pero tampoco quería que las cosas resultaran mal.

— Está bien… — susurró acariciándole la mejilla. El ojiverde se perdió en ese mar miel de la castaña — volvamos a la sala — propuso. Con un asentimiento Harry se separó y soltó su mano, tomó el camino reprochándose por dejar ir aquella oportunidad para declarársele y pedirle otra oportunidad, pero esta vez como novios.


— Hola, ¿dónde estaban? — preguntó Ginny apenas vio entrar a Harry y Hermione. Sus labios hinchados, rastros de hierba en la ropa y la cual estaba ligeramente torcida daba mucho que desear. Sonrió para sus adentros.

— Emh… fuimos a dar una vuelta — respondió Hermione dándole una clara mirada a la pelirroja de que luego le contaría. Ésta hizo una mueca como sonrisa, aceptando.

— Oh, bueno… nosotros ya nos vamos, Ron y Luna dijeron que tenían más pistas sobre el club de tontos y vamos a estar en la torre de Astronomía, ¿no vienen? — dijo Neville.

— ¿Ron y Luna? — Harry y Hermione compartieron una mirada.

— Si, ¿no les dijeron nada? — preguntó confundida Ginny.

— Oh, sí, ya nos dijeron, ¿verdad Hermione?… — ésta asintió siguiéndole el juego — vayan ustedes, yo me iré a dar un baño — se excusó Harry.

— Si, vayan, deben estar impacientes por decirles — un brillo cómplice apareció en sus ojos y miró a Harry de soslayo.

— Está bien… — dijo inseguro Neville, sus amigos actuaban extraño — ¿Ginny? — se giró hacia la pelirroja.

— Si, si… — se encaminó hacia la salida, pero antes se acercó a Hermione — tendrá muchas cosas que explicar señorita Granger, como esas "marquitas rojas" que tienes en el cuello y las cuales también tiene Harry, además del pasto en sus ropas y el sonrojo de tu rostro en este momento… — susurró sonriendo pícara y con notoria satisfacción. Hermione se pasó una mano por el cuello, nerviosa. Ginny rio — nos vemos chicos, ¡cuídense! — les guiñó el ojo, pícara, y salió junto a un desconcertado Neville, quien también se había dado cuenta del estado de sus amigos.

— ¿Qué…? — empezó a decir Harry.

— Nada, nada… — se colocó una mano en el cuello, apenada.

— ¿Qué tienes? — se le quedó viendo confundido.

— Nada, — volvió a repetir — emh… voy a mi habitación, nos vemos luego — y antes de darle tiempo a replicar ya había subido como un huracán las escaleras.

— ¿Qué le pasa a todo el mundo hoy? — se preguntó Harry rascándose la nuca, encogiéndose de hombros se dirigió a su habitación dónde minutos después descubriría los pequeños moretones en su cuello y los hiciera desaparecer rápidamente con la varita.


Hermione aún permanecía frente al espejo viendo los cuatro moretones de su cuello, el sólo hecho de recordar cómo se los había hecho la hacía sonrojar. Negando con la cabeza, pero con una disimulada sonrisa, desapareció las marquitas con un toque de su varita.


— ¿Crees que se reconciliaron? — preguntó Neville mientras subían las escaleras rumbo a la torre de Astronomía.

— No lo sé, pero en unas horas lo sabré todo — sonrió radiante.

— Ojalá y si, — comentó el pelinegro — ¿viste el estado en el que llegaron? — preguntó riendo.

— Si, — rio — aunque fueron muy descuidados, porque mira que esas marcas daban mucho que desear — arrugó el entrecejo.

— Tienes razón… — asintió el Gryffindor — yo nunca te deje marcas ni tú a mí — soltó sin darse cuenta. Ginny casi tropieza con un escalón, pero se sostuvo a tiempo de la pared, riendo nerviosa.

— Aja — se limitó a decir. Ambos adquiriendo un tono carmesí en las mejillas.


— Oye, ahora no nos quedaremos, una cosa es ver a mis amigos besarse, pero otra es mi hermana… — decía Ron mientras terminaban de hechizar la puerta — y de sólo imaginar que se pongan igual que aquellos… — se estremeció. Luna rio.

— Está bien, sólo terminamos esto y nos vamos, — acordó la rubia — pero… ¿cómo nos enteraremos si arreglaron las cosas? — preguntó de pronto viendo a su novio. El hechizo ya estaba listo.

— Pues les preguntamos luego, ya sabes, decimos que no pudimos ir y… pues así — se encogió de hombros.

— Bueno… — aceptó no muy conforme — creo que escucho pasos, ven, a escondernos aquí — rápidamente se ocultaron tras una armadura y la pared.


— Al fin llegamos, voy a matar a esos dos si lo que tienen para decirnos no tiene importancia, porque mira que hacernos subir todo eso — se quejó Ginny mientras entraba. Neville la siguió en silencio y al siguiente instante la puerta se cerraba silenciosamente dejándolos encerrados.


— ¡Listo!, — se sacudió las manos Luna, sonriendo complacida — ahora…

— A comer, si, tienes razón — interrumpió Ron rápidamente, tomándola de la mano. Luna blanqueó los ojos, pero se dejó guiar por su novio.

Lo que Luna no supo hasta minutos después fue que Ron se refería a otro tipo de… "comida".


— ¡No están! — exclamó Ginny sin creérsela mirando a todos lados. Salió al pequeño balcón y tampoco los encontró. Neville la siguió y se puso a su lado. La pelirroja suspiró visiblemente enojada.

— Tal vez lleguen pronto — sugirió con algo de timidez el Gryffindor.

— Más les vale, porque si no… — sus palabras se vieron acalladas cuándo volteó hacia atrás y vio que la puerta que limitaba el balcón con la habitación se cerraba — ¡Neville la puerta!, — demasiado tarde. Estaba cerrada. El pelinegro trató de girar el picaporte, pero fue inútil, se había cerrado por dentro — ¡genial!, — exclamó con sarcasmo — estamos encerrados… ¿traes tu varita? — le preguntó.

— Sí, creo que si… — tanteó en el bolsillo de su pantalón y la sacó — ¡Alohomora!… — exclamó hacia la puerta. Nada — no se abrió — dijo sin creérsela.

— Tal vez la Profesora Sinistra no quería que alguien entrara a robarse sus queridos telescopios — expresó con ironía Ginny colocando las manos en sus caderas, frunciendo el ceño.

— Estamos encerrados.

— Estamos encerrados — repitió la pelirroja, suspirando derrotada.

— ¿No… dijiste… co… comida? — preguntaba entre besos una rubia a su pelirrojo novio, ambos acostados en una cama en la Sala de los Menesteres.

— Aja… — murmuró siguiendo un rastro de besos hasta su hombro — ¡y tú eres mi comida! — le quitó la blusa. Luna suspiró.

— ¿Tenemos…? — lo apartó mirándolo apremiante. Como toda respuesta Ron hurgó en el bolsillo de su pantalón y sacó tres sobrecitos cuadrados dónde se leía perfectamente "Preservativo". Sonriendo, lo volvió a acercar a sus labios, besándolo apasionadamente, esta vez fue el pelirrojo el que suspiró.

— Estoy empezando a creer que esos dos no van a venir… — comenzó a decir Ginny, sentada en el suelo ya cansada de esperar a su hermano y cuñada. Neville se sentó a su lado.

— ¿Qué te hace pensar eso? — la miró atentamente.

— El hecho de que nos hayan citado aquí en lugar de la Sala Común u otro lugar. Además de que cuándo les dijimos a Harry y Hermione estos actuaron algo extraño… como si supieran algo que nosotros no — enumeró.

— Tienes razón… — meditó el Gryffindor — ¿tú crees que…?

— Si, yo creo que ellos sabían que los otros dos no iban a venir. Lo que no sé es porque nos dejaron encerrados — se desconcertó, suspirando y dirigiendo su vista al cielo.

— Tal vez… para que estuviéramos solos — sugirió en un susurro Neville, mirándola. Ginny pasó saliva dificultosamente volviendo la mirada hacia él.

— ¿Para…? — se sintió nerviosa.

— No lo sé… — se acercó más. Ginny se perdió en su mirada y luego esta viajo a sus labios al mismo tiempo que la de él a los suyos — pero lo agradezco — agregó Neville antes de terminar con la distancia y besarla.


Sus cuerpos desnudos estaban enredados entre las sábanas mientras se besaban tiernamente en los labios y se acariciaban con delicadeza, grabando en su mente y tacto la anatomía del otro. Los labios se separaron e inclinando un poco la cabeza Ron tomó entre sus labios el pezón endurecido de la rubia arrancándole un gemido mientras le enterraba las uñas suavemente en la espalda.

— ¡Ronald!… — susurró con ansias por tenerlo más cerca si era posible.

Adivinándole el pensamiento el pelirrojo regresó a sus labios depositando un casto beso antes de sentarse y colocarse el preservativo para regresar con ella que lo miraba embriagada de amor y deseo. Fundiendo sus corazones y almas al mismo tiempo que se besaban.

Luna nunca pensó que a la edad de 16 años perdiera su virginidad, o mucho menos que a partir de ese momento iniciaría su vida sexual, y vaya que la había iniciado, ya había hecho el amor con Ron seis veces y en todas él siempre había sido tan tierno y cariñoso que sinceramente se sentía como si fuera la primera vez.

Si bien es sabido que la primera vez era dolorosa, esto no opaco el romanticismo, el amor, el tacto tan dulce con el que la tocó y besó esa vez. Tenía que admitir que, si fue doloroso y todo eso en un principio, pero también fue tierno, con amor. Y el hecho de que fue con la persona que amara, eso sin lugar a dudas mitigaba todo el dolor físico.

Pues si no hay dolor en tu corazón o tu alma, todo es soportable.

Y lo mejor es que luego de acostumbrarte al dolor todo era maravilloso, era como subir a la montaña rusa, al principio asustaba en cierto modo, pero después todo era grandioso, la adrenalina, alegría, todo lo que sentía en un segundo. Como si te dijeran que habías ganado la lotería. O sintieras que estallaban fuegos artificiales en tu interior, llenándote y expandiéndose por todo tu cuerpo.

Era el paraíso.

Y una vez más, lo tocó, con los ojos cerrados, la boca entreabierta llamando en gemidos a Ron y aforrándose fuertemente a su espalda ambos tocaron ese pedazo de cielo que siempre alcanzaban cuándo unían sus corazones y cuerpos.

— ¡Te amo! — dijeron al unísono con la voz entrecortada.

— ¡Gracias por cuidarme tanto Ronnie! — acarició su mejilla Luna, apenas separándose unos instantes para abrazarse, acostados lado a lado.

— ¡Gracias a ti por depositar tu confianza en mí! — giró el rostro besándole la mano. Sonriendo se permitieron descansar juntos, como siempre querían estar. Ahora. Y en el futuro. Siempre juntos.


— ¿Tú crees que ellos hicieron esto a propósito? — preguntó Ginny segundos después de haber terminado el beso, acariciando la mejilla de Neville y recostada en su hombro, mirándolo a los ojos.

— No lo sé, pero si es así se los agradezco porque extrañaba tanto estar solo contigo — respondió besándole la frente.

— Esto de la amistad no va a funcionar — dijeron al unísono. Rieron.

— Entonces tendremos que arreglarlo ¿no? — dijo de pronto Neville separándose de ella un poco.

— ¿A qué te refieres? — una sonrisa formándose en sus labios, mirándolo expectante.

— Ginny, yo… — tomó sus manos entre las suyas — ¿quisieras…?

— ¡¿Qué demonios hacen ustedes aquí?!… — exclamó una voz del otro lado de la puerta. Ambos se giraron a ver la Profesora Sinistra, ahora si más siniestra que nunca con su cara de energúmena — ¡les hice una pregunta!, — exigió a la vez que intentaba abrir la puerta, pero no pudo — ¿qué pasa?… — se desconcertó, intentó de nuevo abrir, pero no pudo — ¡Alohomora! — los chicos se habían levantado y permanecían tomados de la mano observando a la maestra intentando abrir la puerta con la varita, pero tampoco funcionó.

— Es por eso que no podíamos salir, — se justificó Ginny — no pudimos abrirla nosotros tampoco — se señaló a Neville y ella misma.

— Bien, — bufó la Profesora — esperen aquí, iré por Filch, seguramente ese conserje del demonio volvió a usar una de sus famosas llaves para dejar cerrada la puerta, — gruñó dándose media vuelta — ¡como si a Peeves se le ocurriera de pronto ver las estrellas! — masculló mientras se iba.

— Al fin, estamos salvados — dijo Ginny con una mueca como sonrisa, soltando la mano de Neville y acercándose al barandal, viendo el firmamento. Ya estaba ocultándose el sol.

Neville se acercó por detrás y entrelazando sus brazos sobre su estómago, suspiró poniéndole la piel de gallina a la pelirroja.

— Y… — giró el rostro para verlo — ¿qué es lo que me querías decir? — lo miró con anhelo. Neville sonrió, pero en lugar de responder decidió besarla.

— ¡Te amo! — susurró contra sus labios el pelinegro. Ginny sonrió y deslizando sus dedos entre el cabello de Neville se dejó llevar.

— ¡Yo también! — murmuró apenas despegando sus labios.


Esa noche, luego de haberse contado cada quien lo que pasó, omitiendo el pequeño encuentro en la Sala de los Menesteres de Ron y Luna, los chicos se quedaron sumidos en los recuerdos. Felices de ser correspondidos en sus sentimientos.

El amor.