Capítulo XXXVII

La confusión de Matthew y la cita con Patty

Patricia estaba muy emocionada, saldría con ese joven que se parecía tanto a su primer amor pero temía que si sus amigas se enteraran creyeran que había perdido el juicio así que había decidido contarles solo parte de la historia. Annie miraba a Kate como buscando una respuesta pero no decía nada, seguía armando maletas igual que la rubia.

-Candy ¿Cómo estaba Klin la última vez que lo viste?

-muy bien, te manda saludos –hablando sin pensar las cosas-

-¿cómo? Klin no habla

Sin inmutarse le responde:

-Bueno me lo dio a entender –le dice sin alzar la mirada y con la mayor naturalidad-

-Jajaja Candy si que eres ocurrida

-¿Qué está pasando por tu cabeza? Ahora que vayamos al hogar de Pony vas a ver a Klin

-Sí

Matthew está pensando en lo ocurrido hace poco y recuerda la primera vez que vio a Patricia en la estación del metro. Luego como la morena también lo llamó Stear.

-¡Dios mío! ¿Quién es Stear? Tengo que averiguarlo esto me pone demasiado nervioso ¿podría se que yo fuera? No, no puede ser ¿o si? no, no puede ser.

Candy no sabía como distraer al hombre pero al acercarse a la arboleda recordó que al saltar de árbol en árbol no había quien la alcanzara, trepó por uno y desde ahí observó el panorama, todo el maizal brillaba por la luz del sol, la brisa era deliciosa y el cielo estaba tan azul como los mismos ojos de Anthony.

-¡Anthony! ¿Qué estarás haciendo? Y ¿cómo estarán Archie y Annie? También mi querido Terry, debe estar angustiado buscándome ¿cómo puedo decirles que estoy bien? Si al menos pudiera escribirles.

Kate estaba en el despacho tratando de imitar la letra de su hermana así como su firma pero se le estaba complicando un poco las cosas. Archie entra y ve como tiene un montón de papeles hecho bolas.

-¿qué ocurre Candy? ¿Ya firmaste los documentos que te dí? Me los están pidiendo.

-perdón Archie lo que pasa es que no he terminado de leerlos

-Ya te vas mañana al hogar de Pony debes dejar todo listo

-Lo siento

-no es necesario que los leas a menos que ya no confíes en mí

-no, no es eso

-¿entonces?

-ahora mismo te entrego esos papeles firmados, tan solo dame un minuto

Kate toma los documentos y se encomienda a Dios silenciosamente, toma el bolígrafo y empieza a firmar. Archie se extraña de ver como Candy usa su mano izquierda en vez de la derecha, ella no es zurda se dijo así mismo.

-Aquí están, toma Archie

Archie revisó los papeles pero la firma era idéntica a la de Candy por lo que no supo que pensar aun así no quiso quedarse con la duda.

-Candy, quisiera preguntarte algo pero no sé como lo tomes

-pregunta sin miedo Archie

-¿por qué escribes con tu mano izquierda si siempre lo has hecho con la derecha?

Kate no supo que responder en ese momento así que empezó a reír mientras pensaba que decir.

-Archie, soy ambidiestra, puedo escribir tanto con la mano izquierda como con la derecha. Me cansé de escribir siempre con la derecha, mira todos estos papeles arrugados, estaba haciendo una carta para Terry y no sabía que ponerle y mi mano derecha se cansó por eso usé la izquierda.

Esta explicación no convenció mucho a Archie por lo que volvió a preguntar.

-y ¿por qué nunca nos dijiste que eras ambidiestra?

-lo olvidé pero ¿por qué te extraña tanto Archie?

-No solo que me pareció raro

-Está bien, si te parece raro que una persona pueda escribir con las dos manos es porque no has aprendido a ser abierto.

-¿qué?

-perdón no quise decir eso, es que a veces mi lengua se mueve más rápido que mi cerebro. –Le dice mientras le hace una mueca-

-¡Candy! Has vuelto a ser la misma, me tenías preocupado

-¡Archie! No estoy loca solo un poquito chiflada

Los dos se ríen y después Archie se marcha dejando sola a la rubia quien respira aliviada.

Patty está en la sala tomando un café junto a Annie y conversando de la próxima visita que harán la morena y su amiga al hogar de huérfanos, de pronto la conversación toma otro rumbo.

-¿qué ibas a contarme Annie?

-Bueno quería decirte que...

Annie no estaba segura de decirle que ella también había visto al joven que se parecía a Stear, pero cuando se había animado aparece Kate.

-¡Hola Patty!

-¡Hola Candy!

-Te veo particularmente alegre el día de hoy ¿pasó algo que no nos hayas contado?

-¿por qué piensas eso Candy? –le dice con un leve color en sus mejillas-

-te has puesto roja, debe ser un hombre ¿cierto?

-¡Candy! –Exclama un poco avergonzada-

-di en el clavo ¿verdad? Cuéntanos

-Es que ayer conocí a un hombre en el hospital y me invitó a almorzar

-¡Vaya! ¿Y es guapo?

-¡Candy! –Prorrumpe Annie- no la apenes más

-Sí, es muy guapo y muy agradable –dijo, pero no quiso entrar en detalles-

Annie vio muy entusiasmada a Patty que creyó no sería conveniente no contarle nada de lo de Stear, así que decidió callar. Kate felicitó a Patty y le deseó suerte, Annie hizo lo mismo. La chica de anteojos se despidió de sus amigas y se marchó a Chicago para llegar antes del medio día.

Candy buscó una rama lo suficientemente fuerte y se asió de ella mientras el guardaespaldas pedía que bajara de ahí.

-No se preocupe, no voy a caerme soy muy hábil trepando árboles –le gritó-

Candy recordó como solía balancearse como los monos y rió recordando a Terry cuando la llamaba Mona pecas y Tarzán pecas. Quiso repetir esas viejas hazañas, al principio le salió bien que el guarura se sorprendió y corría tras ella tratando de alcanzarla poco después tropezó con una rama no tan fuerte que no soportó su peso y calló raspándose los brazos.

-Señorita ¿está usted bien?

-¡Ay! –Se quejó- creo que he perdido práctica.

Matthew había adquirido un compromiso y no podía faltar, salió de la casa en su coche y condujo hacia la dirección indicada. Patricia estaba radiante, los años transcurridos habían sido generosos con ella, la habían dotado de una esbelta figura que difícilmente se podía apreciar bajo el uniforme de enfermera, para esta ocasión llevaba puesto un elegante vestido color turquesa y un abrigo gris, su cabello sujetado por una cinta en el mismo tono del vestido. Ella estaba sentada mirando el reloj ya habían pasado diez minutos de la hora acordada y se encontraba un tanto nerviosa. Tocan a la puerta y ella corre a abrirla pero su desilusión fue notoria cuando vio a Adam parado frente a ella.

-¡Patty! ¿Cómo estás?

-Bien Adam y ¿tú?

-muy bien ¿tienes un minuto?

-claro, pasa por favor

-Sí, pero antes quiero que conozcas a alguien –haciendo señas llama a alguien-

Una rubia alta y muy bonita se acerca, se trataba de Rocío, hermana de Adam.

-Ella es Rocío mi hermana, Rocío te presento a Patricia O'Brien

-Mucho gusto

-Hola Patricia, un placer conocerte, le he pedido a mi hermano que me presente a todos sus amigos, tengo algunos días en la ciudad pero recién hoy se ha dignado a sacarme a la luz pública.

-Adam tienes que presentarle a los demás

-Sí, lo que pasa es que he tenido mucho trabajo y se me hacía imposible, hoy es mi día libre y quise aprovechar.

-Pero hoy te va a ser imposible recuerda que Candy y Annie se van al hogar de Pony

-Es verdad lo había olvidado

-No importa –dice Rocío- total hoy no tenía planeado salir, quería arreglar mi equipaje

-¿no pensarás que me quede en casa contigo, verdad?

-No, por mi puedes perderte todo el día si quieres

-¿Vas algún lado Patty?

-Bueno yo....

Por las escaleras venía subiendo alguien conocido que interrumpió la plática amena que tenían.

-Buen día

-Buen día –contestan todos-

-Señorita O'Brien, disculpe usted la demora pero el tráfico está terrible

-No se preocupe, permítame presentarle a unos amigos. Ellos son el Doctor Adam Martín y su hermana Rocío

-Un placer

Después de saludarse brevemente la pareja se marcha de ahí para cumplir con su cita, la rubia se había quedado deslumbrada con el hombre que había llegado por la chica de anteojos.

Una vez en el estacionamiento Patty se percata que la pequeña Margaret no estaba en el interior.

-¿y la pequeña?

-¡Oh! Pido mil disculpas por eso, pero es que se quedó dormida después de jugar toda la mañana y me dio pena despertarla.

-Entiendo

-Pero como una promesa es una promesa, aquí estoy para cumplirla

-¿nunca ha faltado a una promesa?

-No, creo y ¿usted?

-no, al contrario, me han fallado a mí. No me han cumplido –lo dice con un dejo de desilusión-

-noto que se ha puesto triste

-perdóneme es que recordé algo que me entristeció

-podría desahogarse contándomelo, claro, si lo desea

Patricia mira a Matthew y ve en sus ojos la misma desilusión que en los de ella, había algo que lo atormentaba también.

-Siempre es bueno –añadió- tener alguien que nos escuche, yo también he necesitado que alguien comparta conmigo mis penas.

-¿ha sufrido mucho?

-Tengo algo que me abruma, me gustaría contárselo, pero será mejor que nos vayamos de aquí si queremos encontrar un restaurante abierto

-es cierto

Se suben al auto y salen del estacionamiento.

Adam se ha cambiado de ropa y se mira al espejo antes de disponerse a salir, su hermana lo mira con unos ojos llenos de picardía.

-¿a quien vas ver hoy?

-a nadie

-y para ver a nadie ¿te arreglas tanto?

-¿qué insinúas?

-tú vas a ver a una mujer, estoy segura

-te equivocas

-soy tu hermana ¿acaso olvidas que te conozco bien?

-crees conocerme

-estás enamorado

-no es cierto y ya deja de molestar

Adam toma su saco y sale de la habitación, lo cierto era que se había citado con Elisa para verse en un café medio clandestino debido a su ubicación cerca de un callejón.

Patricia y Matthew llegan a un restaurante muy lujoso y concurrido por la alta sociedad de Chicago.

-Espero le guste el menú que ofrecen aquí, hacen un pato a la naranja muy delicioso

Patricia piensa en que es imposible que este hombre sea Stear, a él no le gustaba el Pato porque decía que su carne era muy simple.

-Estoy segura de que tiene buen gusto

-El pato a la naranja es uno de los platos franceses que más me agrada

-mi plato favorito es el Filete mignon

El mesero los lleva hasta su mesa y les ofrece la carta, ambos piden lo mismo, el pato.

Mientras esperan, les sirven un vino blanco.

Matthew mueve la copa y percibe su aroma y le dice que es de una buena cosecha.

-¿sabe tasar vinos?

-Sí, entre algunas cosas

-Mi Stear era sencillo –piensa- era de buena cuna, pero muy sencillo.

-¿por qué no bebe un poco? le gustará, este vino tiene siquiera unos 25 años si no es más.

-cuénteme más de usted

-no hay mucho que decir así que mejor hábleme primero de usted y luego yo le cuento mi vida. Dígame ¿quién es Stear?

¿Por qué tenía que mencionarlo? Stear Cornwell era parte de su pasado, estaba haciendo comparaciones mentales entre él y su amado para olvidarlo y ahora este hombre se interesaba en remover algo que le dolía.

-¿En verdad se parece a mí? –Pregunta con suma curiosidad-

-A primera vista, un poco

-Un poco

-Sí, es que yo lo extraño tanto que creo verlo en cualquier persona

-Lo extraña dice, ¿está de viaje?

-Un viaje, sí, un viaje del cual nunca regresará. El es la persona que no me cumplió su promesa.

-Lo siento

-No me pudo cumplir porque murió hace más de 7 años

-¿Murió?

-Sí, murió en la guerra

-¿en la guerra?

-Sí –le respondió tristemente-

-Lo siento –le dijo confundido- lo lamento

-no sabe cuanto he sufrido por su muerte. Cuando lo vi a usted en la estación del metro en New York creí que había resucitado, pero ahora que estamos hablando noto que son diferentes.

-¿Somos diferentes?

-Sí, él era un poco más sencillo que usted, no le gustaba el pato a la naranja y tampoco tenía una hija.

-pero hay algo en lo que si me parezco a esa persona y le puedo asegurar

-¿qué? –pregunta sorprendida-

-Los dos estuvimos en el mismo lugar

-¿cómo? No entiendo

-Usted dijo que él estuvo en la guerra ¿verdad?

-Sí

-¿a dónde lo asignaron?

-Estuvo peleando en el ejército francés

-creo que se lo mencioné anteriormente, viví unos cuantos años en ese país

-Es cierto usted lo dijo

-quiero preguntarle algo ¿usted vio el cuerpo?

-¿qué?

-que si lo vio, ¿lo vio muerto?

-no, desapareció simplemente, que me está tratando de decir, usted me quiere decir que es...

-No, no soy Aliestear Cornwell

-¿cómo sabe que ese es su nombre?

-Lo leí en el atril de una iglesia en el Montmartre y no lo he olvidado, así como tampoco he olvidado los de otros que murieron en aquella terrible guerra. Según me contó un hombre, Aliestear Cornwell y Dominique Lefrac eran compañeros y amigos, murieron en un ataque aéreo, nunca imaginé que él y yo pudiéramos parecernos tanto, ahora entiendo la confusión.

-¿qué confusión?

-nada de importancia, sígame contando como era él

-yo quisiera saber ¿de que confusión habla?

-otra persona que me vio en la calle hace unos cuantos días me llamó por ese nombre y alguien más me dijo que le recordaba a alguien

-¡Ah! Es eso

-Sí, pero sígame contando ¿cuáles eran sus gustos, sus aficiones, sueños?

-¿por qué le interesa saber de él?

-perdone mi atrevimiento pero es que me quedé pensando en él desde el día que la vi en la estación y me llamó por ese nombre. ¿Cree en las casualidades? Es una casualidad que yo haya escuchado de él antes y que encima me parezca.

-él era una especie de genio, un inventor, si algo necesitaba arreglo, el lo tomaba entre sus manos y lo reparaba, claro que se volvía a dañar al minuto –sonríe- le gustaba leer libros de ciencia, física y matemáticas, siempre estaba ayudando a Candy con sus locos inventos. Archie decía que era una pérdida de tiempo, pero él nunca se rendía, siempre tenía un propósito en la vida, era noble, generoso y nunca se metía en problemas.

-dijo usted que era inventor

-Sí, siempre se le ocurría algo. Conmigo traigo uno de esos inventos, el único que nunca se dañó.

-¿puedo verlo?

-¡Uhumm!

Patricia saca la cajita musical de la felicidad, la que le había regalado Stear a Candy poco antes de que esta se marchara a New en busca de Terry.

-Es una cajita de música

-Sí, el único tesoro que dejó Stear

-ya veo

-¿se parece a usted?

Matthew no sabía que decirle, no podía estar seguro de eso, ya el empezaba a dudar de quien era en realidad pero no podía afirmarlo, si resultara ser solo una casualidad estaría haciendo que aquella mujer abrigue una esperanza falsa.

-Me encanta el pato a la naranja y a él no

-sí, lo sé

-Me gusta leer pero no puedo decir que soy un inventor.

-Además él no sabía tasar vinos como usted

Matthew había tomado una decisión, no diría nada hasta no estar completamente seguro, pero no iba a alejarse de ella, tenía que relacionarse más con los que la rodeaban, iba a comentarle esto a su medico cuanto antes.

-Se ha quedado pensativo

-Pensaba en que me gustaría tratarla con más afinidad ¿puedo?

Patricia le sonríe y le dice que sí.

-Entonces puedo decirte Patty

-Sí

-tú llámame Mat

-Está bien

El mesero llega con los platos de comida y se disponen almorzar tranquilamente, lo más difícil había pasado.

Candy estaba adolorida y caminaba rápidamente quería llegar cuanto antes a la casa para ponerse alguna pomada.

-a este paso voy a parecer una mártir llena de cardenales

El hombre la seguía de cerca, en el camino se encontró con una niña que lloraba porque su mamá estaba enferma.

-¿qué tiene? –le preguntó bajito para que no escuche el hombre-

-tiene mucha fiebre

-espera aquí, yo la voy ayudar pero tú tienes que fingir que yo no sé español ¿de acuerdo?

Candy se acerca al guardia y le pide que le traduzca lo que la niña dice, después de unos minutos está pidiéndole permiso a Henry para ir a visitar a la enferma y de paso ver si la puede atender ella misma.

-podemos mandar por un médico para que la revise ¿por qué tienes que ir precisamente tú?

-Soy enfermera puedo asistirla

-y si te contagia, no, no quiero que vayas

-Henry por favor déjame ir

-No, Kate no quiero que enfermes

-Si no me dejas ir te juro que viviré hasta la próxima semana

-¿qué dices?

-me suicidaré

-No, eso no es cierto, no lo harías

-pregúntale a tu perro guardián que hice hoy y te convencerás

Henry mira al guardaespaldas y le pregunta con un gesto a lo que el responde que se lanzó de un árbol grande.

-¿y para eso te pago? ¿Para que dejes subir a mi futura esposa a un árbol, aun a riesgo de que pierda la vida? –le reclama-

-Yo soy más ágil que cualquiera de tus guardaespaldas así que no le regañes

-Está bien Kate, voy a dejarte ir

-gracias, no eres tan malo después de todo

Candy sale contenta y se va de la mano con la pequeña mientras el esbirro la sigue.

Kate y Annie se despiden de los hombres de la casa, ellos las acompañan hasta el coche.

-No olviden llamar cuando hayan llegado –les pide Archie-

-denle nuestros saludos a la hermana María y a la Señorita Pony –dice Anthony-

-Claro, nos vemos pronto

Las mujeres suben al auto y se despiden por la ventana los chicos las ven alejarse muy apenados. Mientras van por el camino, Annie le pregunta a Kate si ha extrañado el hogar de Pony.

-Sí y ¿tú?

-también, Candy

-tengo un extraño presentimiento que no sé a que atribuirlo

-¿qué puede ser?

-no lo sé, pero olvidemos eso. Dime ¿le contaste a Archie sobre mi amigo, el que se parece a Stear?

-No, ha estado estresado por el trabajo y me daba pena decírselo

-Se lo diremos al regreso

-Sí

Adam y Elisa habían tomado el café y se habían retirado hasta un lugar más privado, era la casa de una amiga que le había dejado las llaves.

-¿qué hacemos aquí? ¿Dónde está tu amiga enferma?

-no lo sé, creo que ya se fue –le dice mientras besa el lóbulo de su oreja, haciéndole cosquillas-

-ya deja eso –le pide Adam- no he venido a satisfacer tus bajos instintos

-sabes que me vuelves loca –le dice para después besarlo sin que el se resistiera-

Elisa estallaba de felicidad, por un momento creyó que al fin tenía al médico comiendo de su mano, esta vez no escaparía de sus trampas de seducción. Se besaron por unos minutos, cuando de repente él la toma de los brazos y la separa.

-No, no puedo llegar hasta ese punto ¿qué estoy haciendo? Bryan tiene razón, estoy jugando con fuego y estoy a punto de quemarme.

-Adam no hagas caso a nadie, solo piensa en ti y en mi –le dice mientras trata de acercarse nuevamente-

-No –dice el doctor alejándose más- esto nunca estuvo bien. Escúchame Elisa, eres bellísima y no sé en que momento llegaste a gustarme, aun sabiendo lo calculadora y maliciosa que eres, pero es solo eso lo que siento, deseo, no amor, no quiero que te ilusiones conmigo. Será mejor que me vaya.

-No –ruega la chica- no te vayas

-déjame, no quiero estar más contigo

-yo te amo

-no, no me amas, como yo tampoco te amo a ti, tú solo me deseas

-no es cierto

-solo quieres llevarme a la cama para satisfacer tus deseos sexuales, no conozco a Stuart lo suficiente pero no se merece esto

-El no me ama y yo tampoco a él

-entonces ¿por qué se casaron?

-Por interés, por unir nuestras fortunas, por todo, menos por amor

-No creo eso, según tengo entendido Stuart se moría de amor por ti y tú lo traicionaste, no eres una mujer confiable, no eres la mujer indicada para ser mi esposa

-¿no lo soy? Entonces ¿quién es la indicada? ¿La coja de Susana Marlowe, acaso?

-Esto es el acabose –señala Adam- no voy a permitirte ni un solo insulto a Susana

-Susana, ella si es la indicada para ti ¿verdad? La típica mujer simple, sin fuego en las venas. ¿Qué apasionada puede ser ella? Una mujer gris, vacía, que solo vive lamentándose su mala suerte.

-¡Ojalá! Nunca estés en circunstancias parecidas, no estarías diciendo lo mismo, déjame agregar algo más Elisa. Ella no es como tú dices, a pesar de su desgracia es una mujer completa, mucho más mujer que tú porque es íntegra y luchadora. Y sí Elisa Richardson, Susana es la mujer indicada para mí.

-no puedes estar diciendo eso, no puedo creerlo

-lamento que esto haya acabado así, pero mi propósito al verte hoy era ese, despedirme de ti y decirte adiós para siempre, por un momento lo dudé pero ahora estoy seguro de que no quiero seguir teniéndote cerca, eres como un veneno.

-¡Me estás insultando!

-si quieres verlo de esa manera

-No puede ser que te guste ella

-¿por qué no? Es linda, buena y sobre todo soltera

-¡Te odio!

-gracias

Adam abre la puerta y sale dejando a Elisa sola y colérica, ni siquiera puede desquitarse tirando algo porque nada de esa casa le pertenecía y tampoco tenía dinero para pagar algún daño o desperfecto que hiciera. Tenía que tragarse su rabia, lo único que podía hacer, era llorar de furia.

Patricia y Matthew habían terminado de almorzar pero seguían conversando, ahora el tema era la vida del hombre.

-Mi esposa murió hace cuatro años de fiebre amarilla, ni siquiera tuve una tumba a donde llevarle flores.

-Lo siento

-No te preocupes, ya no me afecta.

-¿qué es lo que te angustia? dijiste que tenías algo que te inquietaba

-Tengo un problema Psicológico muy fuerte debido a la depresión que me produjo perder la visión, fue algo temporal, pero ¿te imaginas estar más de dos años sin poder ver a las personas que te rodean? Es horrible y luego estaban las pesadillas que no me dejaron ni una sola noche.

-¿qué clase de pesadillas?

-Unas muy terribles que no quisiera recordar

-No me las cuentes entonces, pero dime ¿estás recibiendo ayuda profesional?

-Sí, en el hospital que trabajas

-¿de veras? No lo sabía

-me verás más seguido por ahí ¿puedo buscarte?

-Si no tengo mucho trabajo te atenderé

-Espero que sí

-quería contarte algo

-dime

-El día que vi a tu hija en el hospital, recordé que ya la había conocido antes en un museo

-¿Los dinosaurios?

-Sí ¿cómo lo supiste?

-Ella me contó que te había visto antes ahí.

Se quedan callados por un momento, hasta que Matthew le dice que le gustaría hacer más amigos y que esperaba que ella pudiera presentarle a los suyos.

-claro, tal vez pronto

Adam condujo hasta la casa de Susana recordando las palabras insultantes que había dirigido Elisa hacia su amiga.

-Ella no tiene ningún derecho a insultarte Susana. Pero ¿por qué no has ido al hospital? ¿Qué tienes? Espero que quieras verme.

Elisa en cambio juraba vengarse de Susana por robarle el amor de Adam, estaba tan histérica que por poco se lleva a unos transeúntes que cruzaban la calle.

La señora Marlowe abrió la puerta y vio al rubio parado con una mirada de preocupación.

-Buen día Señora –saludó el hombre- ¿está Susana?

-Muchacho, si está pero no quiere verlo

-¿por qué?

-no quiere ir más al hospital, dice que no quiere seguir el tratamiento

-por favor le ruego que me deje pasar si hablo con ella estoy seguro de que va a regresar

-Yo quiero que le diga algo, estoy preocupada por ella, no quiere comer y se la pasa llorando todo el día, ella lo aprecia mucho, aunque diga que no quiere verlo estoy segura que es lo que más desea.

-¿dónde está?

-En su cuarto, que para colmo está muy oscuro, no enciende la luz ni permite que abramos las cortinas.

-Eso está mal, ahora mismo voy a verla

Adam toca a la puerta y Susana creyendo que es su madre le pide que por favor no la moleste, que quiere estar sola.

Adam entra y ella se da cuenta que alguien entró pero sigue pensando que es la señora Marlowe.

-te dije que quería estar sola

Adam prende la luz y ve a la rubia sentada en su silla de ruedas.

-¡Adam! –Dice sorprendida la rubia-

-Susana ¿por qué no quieres verme y por que no quieres seguir con las terapias?

-No quiero volver a ese hospital, odio los hospitales y todo lo que tenga que ver con eso

-osea que a mi también me odias

-Sí

-¿por qué? Dame una razón

-porque sí, porque si y punto, no tengo porque darte más explicaciones, vete, no eres bien recibido

-te desconozco

-vete de aquí pronto –Susana trata de sacarlo de su habitación empujándolo como podía-

-no, no me iré hasta que me des una razón valedera quiero saber la verdadera razón

-no, no te lo voy a decir, ya vete, vete Adam

-Susana tranquilízate

-déjame en paz quiero estar sola

-Somos amigos, nuestra amistad no puede terminar así, además por tu bien debes continuar el tratamiento, hablemos, cuéntame que te molesta o preocupa, desahógate conmigo por favor.

-no, no quiero, ya vete

-Susana –le dice mientras se acerca- escúchame

-No, no, déjame en paz, no quiere que te acerques, no voy a volver, hagas lo que hagas no volveré a ese hospital

-dame una razón, solo una razón valedera y me marcho ¿por qué no quieres volver al hospital?

-No voy a decírtelo, vete

-¿a que le tienes miedo Susana? –Insiste el joven-

-a nada, ya vete, vete –grita desesperada y con lágrimas en los ojos- no quiero verte más

-¡Susana! ¡Estás llorando! ¿Por qué? ¿Qué te hicieron? ¿Alguien te lastimó? Dímelo por favor

-no, no, ya no

-Susi por favor dime ¿alguien te hizo daño?

-Eres tonto o te haces, he dicho que no quiero verte ¿qué no entiendes?

-entonces está claro que se trata de mí

-Sí, vete ya

-¿qué te hice Susana?

-lárgate de una vez y déjame en paz –sigue gritando la joven-

Los gritos se escuchan hasta en la sala, la madre de Susana está angustiada, quisiera intervenir pero se detiene.

-¡Te Odio! ¡Te Odio! –Le dijo la muchacha al médico- ¡Te Odio!

-debe haber una razón para que me odies tanto, tus palabras están hiriéndome, yo te quiero Susana y me duele que me odies tanto y sin darme un motivo. Si te he lastimado, perdóname, tal vez no me di cuenta. Yo te quiero. Te quiero –vuelve a repetir-

-No es cierto, no me quieres, solo sientes lástima por mí

-creí que ya habíamos aclarado ese tema, yo no siento lástima por ti, te lo he dicho

-no tienes que mentir

-no lo hago, te quiero de verdad

-Pero no me amas –estalla Susana- Ni me amarás, así como nadie nunca me amará. Ni tú, ni Terry ni nadie nunca me amará.

Adam se queda estupefacto no puede creer lo que está escuchando, Bryan se lo había dicho pero no había aceptado sus suposiciones.

-¡Yo te Amo Adam! Te amo y no puedo estar cerca de ti nunca más, por eso ya no quiero ir al hospital porque saber que estás cerca de mi y que amas a otra me hiere y me lastima tanto que prefiero morir, sé que nunca te tendré, que nunca escucharé de tus labios una frase de amor hacia mi.

-¡Susana! –Casi suspirando- No sé que decirte, yo...

-No me digas nada, ya lo sabes, ya tienes una razón, ahora márchate y déjame sola de una vez.

-No, no me iré

-¿Acaso quieres atormentarme más?

-no –Adam se acerca y la besa-

Susana se sorprende por el atrevimiento del joven cirujano pero finalmente termina cediendo y corresponde con la misma intensidad.

La señora Marlowe ya no escucha los gritos por lo que supone que las cosas se han calmado, la puerta está abierta y ella sin querer ve la escena de su hija besándose con el doctor por lo que se marcha tal como llegó, silenciosamente pero con una sonrisa de felicidad en sus labios.

Adam se separa a penas unos cuantos centímetros para decirle:

-Prometí no enamorarme de una de mis pacientes por mi ética profesional pero ya no me importa –mientras la vuelve a besar- al diablo todo.

Candy pone compresas de agua fría sobre la frente de la campesina, mientras la niña la ayuda con la jarra de agua y la palangana.

-¿Se recuperará? –Pregunta-

-Sí –le contesta-

El doctor había indicado que la fiebre se debía a una fuerte infección pero que con los medicamentos adecuados se restablecería en cuestión de días.

Candy se cuidaba de no pronunciar alguna palabra en español, solo con la jovencita se atrevía pero estando a solas.

-Señora, el señor desea que vuelva a casa –le dice el guardián-

-muy bien, ya voy –contesta Candy-

Había empezado a llover por lo que le facilitaron un paraguas, al llegar se sacó la ropa húmeda y fue al comedor donde estaba sentado esperándola Henry.

-Mandé a preparar muchos platos típicos, espero que te gusten

-La lluvia hizo que me diera mucha hambre

-entonces siéntate de una vez y empieza a comer

Entre los platillos se encontraba un guajolote al horno, maíz dulce, patatas en salsa así como una serie de ensaladas. Todo se veía delicioso.

Candy empezó a comer apresuradamente, parecía que no hubiera comido en mucho tiempo, Henry solo la miraba y sonreía.

-Creo que es más delicioso comerlo así –le dice a Henry mientras sostiene una presa con sus manos y la desgarra con sus dientes-

-Pareces una salvaje –le dice riendo-

-¡Que bueno! Ahora sonríes, antes hubieras criticado porque estoy comiendo con las manos.

-Tú sabes que no es correcto, va en contra de las buenas costumbres

-¿por qué no lo intentas?

-No quiero ensuciarme las manos

-Es comida, ni que fuera fango, anímate come con las manos ¿para que están las servilletas entonces? Te puedes limpiar y después te lavas las manos con jabón perfumado.

-No, no podría

-¡Mira! Voy a decirte algo, nadie nos está viendo, solo estamos tú y yo aquí en la mesa. Estoy de acuerdo en que debemos comportarnos ante las demás personas y seguir todo lo que dice el manual de etiqueta pero en este momento estamos en confianza ¿verdad?

-No puedo creer que tú me estés diciendo eso, siempre te preocupaste por conservar una fina postura y ahora tiras todo eso por la borda

-No sé como será Kate, seguramente es muy fina y elegante y puede que hasta más bonita que yo. No sé cual es su forma de pensar, sus costumbres y anhelos pero pienso que no debe parecerse más a mí que lo que ya se parece físicamente, quien sabe, tal vez si hubiéramos crecido juntas pensaríamos igual.

-Me da miedo cuando hablas de ti como si fueras otra persona

-Henry, yo no soy Kate ya te lo he dicho, me llamo Candy White aquella noche que me secuestraste estaba a punto de encontrarme con mi hermana.

-Es que no puedo creer esa historia

-Soy Candy ¿cómo quieres que te lo demuestre? Debe haber alguna manera

-No la hay pero me da igual si eres Candy o Kate me gustas y me voy a quedar contigo

-Eres muy obstinado y un cabeza dura

La pareja sale del restaurante y sube al auto, en el camino siguen conversando.

-¿cómo aprendiste a tasar vinos?

-fue durante el tiempo que estuve ciego, desarrollé el sentido del olfato

-ya veo, la cuenta salió bastante alta, debes ganar una fortuna

-más o menos

-me dijiste que tus patrones son personas muy buenas

-sí, pertenecen a la aristocracia inglesa pero son personas amables y muy bondadosas, pero ya no hablemos de mi, tú no me has contado de ¿donde eres? ¿Qué te gusta?

-Soy de Florida, viví allá con mis padres hasta lo 13 después entré al colegio San Pablo en Inglaterra donde conocí a Candy, Annie, Archie y Stear, por la guerra regresamos a América, estuve en Chicago algunos meses hasta que volví a Florida después de la muerte de Stear, luego impartí clases de música en una escuela. Mis padres pertenecen a una de las familias más acomodadas de mi ciudad y querían que me casara con un magnate dueño de grandes industrias en no sé que parte del mundo, rechacé la propuesta y salí huyendo, después tomé la decisión de ser enfermera igual que mi mejor amiga y aquí estoy trabajando para el hospital de Candy.

-¡Que valiente! Te rebelaste contra tus padres

-No me quedó más remedio que hacerlo, lo único que lamento es haber tenido que dejar sola a mi abuelita

-La quieres mucho supongo

-Sí, ella se encargó de mi cuando era pequeña, mis padres siempre estuvieron ocupados como para atenderme.

-y la relación con tus padres ¿mejoró o siguen resentidos contigo por haber despreciado semejante partido?

-Ya están más tranquilos, me han escrito algunas cartas y en diciembre pasado les envíe de regalo algunas cosillas que me pidieron

Al fin llegan al departamento de Patricia, ella se despide y quedan en verse la próxima vez que él vaya al hospital.

Después del beso, Susana se pone a llorar con más sentimiento que antes, siente como si Adam se estuviese burlando de ella o si la hubiera besado por lástima. Recuerda la conversación entre él y Bryan.

Flash Back

Adam y Bryan conversaban sobre la noche anterior.

-otra vez

-es que esa mujer es deliciosa, no sabes como se comporta conmigo. Nunca había conocido a alguien como ella, ayer se pegó a mi pecho y no me quería soltar y...

-¿qué pasó?

-pues lo que tenía que pasar

-No me digas que tú y ella...

-Nos besamos, esa mujer es apasionada Bryan, tú sabes que me encanta.

Susana se marcha sin ser vista y con lágrimas en los ojos.

Fin del flash back

-¿cómo? –Pregunta la rubia- ¿como pudiste hacerme esto?

-Susana, si te he besado es por que lo sentí, quise besarte

-A ella también la besaste

-¿de que hablas?

- A la mujer que te encanta, a la mujer apasionada y deliciosa

-no entiendo

-te escuché, sin querer te escuché cuando se lo decías al doctor Harris. Dijiste que hay una mujer que te encanta y a la cual besaste.

-¡Me escuchaste!

-Sí, por eso no voy a creerte. No es necesario que hagas ese sacrificio tan grande de tener que relacionarte con una lisiada como yo

-Para mí no es ningún sacrificio, yo... yo... yo te Amo Susana Marlowe, te amo.

-¿cómo puedes pronunciar esas palabras con tanta facilidad cuando no son ciertas?

-¡Porque son ciertas!

-¡Basta Adam! –Sonriendo sarcásticamente pero con tristeza a la vez- ya deja el teatro, a este paso voy a creer que eres mejor actor que Terruce.

-¿por qué no me crees?

-si me quisieras como dices, no hubieras buscado a otra mujer, me hubieras buscado a mi.

-Es verdad, he estado con otra mujer, es verdad eso que dije que es apasionada, hermosa, deliciosa y cuantos adjetivos recuerdes que haya pronunciado pero ella no me interesa para nada. Justamente hoy la vi y se lo dije, le dije que no era la mujer indicada para ser mi esposa porque la indicada eres tú, le dije textualmente "Susana es la mujer indicada para mí" y te lo puedo jurar por dios.

-¿no me mientes?

-No –le responde- no te miento mi amor, yo te amo

Susana ahora no sabe que hacer con esa declaración de amor y se queda sin palabras, su rostro está rojo.

-Esperaba ser yo el que te lo dijera, pero te me adelantaste. Me haces tanta falta, quiero que vuelvas a las terapias porque quiero verte, tenerte cerca. Me negué tantas veces a mi mismo lo que estaba sintiendo por temor, por sentido de profesionalismo, creía que si me enamoraba de una de mis pacientes iba a faltar a mi ética, pero veo que el amor va más allá que cualquier instrucción, convencionalismo social o cualquier otra cosa que parezca obstáculo.

-Entonces ¿si me amas?

-muchísimo

-yo también –Adam la abraza-

Matthew se sentó en el enorme sillón que estaba en la sala y recordaba cada palabra de Patty, ahora no estaba seguro de que Higgins fuera su verdadero apellido, Margaret tampoco sería su hija y tal ves él sea en realidad un Cornwell.

-No soy un inventor, le dije, pero mentí, me gusta crear nuevas cosas, me gusta leer le dije pero no le aclaré que mis libros favoritos son los de física y ciencias igual que los de Stear, ese hombre se parece a mi en todo menos en una cosa, lo del pato. Pero ahora que recuerdo yo vine a comer pato durante el tiempo que pasé en el convento. ¡Por Dios! Puedo ser Aliestear Cornwell, tengo que asegurarme.

La confusión de Matthew era evidente, la cabeza empezaba a dolerle, pero tenía que controlarse sino quería entrar en una crisis neurótica.