Capítulo XXXV: Guión
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Ren estaba acomodado en una butaca, leyendo unos guiones y sorbiendo de vez en cuando su café. Trasmitía calma y serenidad, con una pose elegante y sofisticada, hermoso y silencioso como era, las personas que pasaban por la sala de personal del LME simplemente lo admiraban unos segundos antes de seguir con su ajetreado trabajo matutino.
Pobres insensatos. Que peligrosa era la ignorancia a veces y que bien venía el tener poco tiempo para regodearse en ella.
Tal vez el actor podía engañar a una multitud, pero no lo engañaría a él. Sus gafas brillaron justo antes de terminar de revisar los rankings de popularidad de ese mes.
—Fufufu, parece que Kyoko-chan está de moda otra vez, gracias a Setsu— mencionó Yashiro mirando de reojo al actor no mover ni un solo músculo de la cara.
—Eso es fantástico—alegó Ren sin levantar la vista de sus papeles.
—Sí que lo es. Más aun siendo que acaba de terminar de rodar la última temporada de Box R, ¿tienes idea si tiene alguna oferta?
—Ya sabes que con las últimas entrevistas no la he podido ver desde hace unos días— Contestó serenamente el actor.
Yukihito se preguntó si realmente debía parecerle idiota. ¿Acaso intentaba engañarlo a él también? ¿¡de verdad se creía que no sabía acerca de sus escapadas con Kyoko-chan!?
"¡Tú, maldito viejo pervertido que aprovecha su influencia como mentor para aprovecharse de una inocente, tierna y delicada niña para llevársela a la cama!" pensó mirándolo con rencor e indignación.
—Jamás te lo perdonaré— murmuró el manager
— ¿Qué?
— ¡Ese no era el trato Ren, maldito bastardo, ¿cómo has podido hacerle eso a Kyoko-chan?!
El actor se levantó rápidamente para acallar a su amigo y tranquilizarle.
— ¿Hacerle qué? — preguntó exasperado sin entender la situación
—Maldito pervertido— Musitó con rencor para que sólo le oyera el actor.
Éste rodó los ojos y suspiró pidiendo paciencia a los cielos ¿por qué es que sabía que eso pasaría? Si avanzaba porque avanzaba, si no avanzaba porque no avanzaba.
— ¿A caso estás celoso Yashiro-san?
El aludido se giró sorprendido por la pregunta y el tono regodeado.
—Pues lo siento, ya es tarde, es toda mía— que no le culpasen, su manager era la única persona a la que se lo podía contar sin reparos y mostrar lo satisfecho que estaba, más aun si lo intentaba molestar recordándole el nuevo número extra de moscas que tendría que espantar.
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—Director Konoe, Buenos días— saludó la actriz con una reverencia.
—Buenos días, Kyoko-chan, lamento haberte llamado con tan poco tiempo pero quería agradecerte todo lo que has hecho por nosotros— declaró el director— sin ti estoy seguro de que no hubiésemos podido seguir adelante con el trabajo.
—E-eso es demasiado, yo he estorbado más que nada— musitó tímidamente.
—No, estoy seguro de que con la personalidad tan problemática de Cain Heel, no habríamos avanzado gran cosa sin el control de Setsu, por eso me gustaría incluirte en las entrevistas para el formato especial en DVD y Blu-Ray, es por eso que te pediré que te caracterices como Setsu una vez más.
El director vio sonreír a la joven actriz, era una sonrisa nostálgica con un poco de tristeza y dolor pero llena de buenos recuerdos, a Konoe le dio la impresión de que esa muchacha jamás se negaría a resucitar a Setsu.
—De acuerdo.
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Tsk, eso de las entrevistas realmente le molestaba. No era como esos ídolos ególatras que disfrutaban siendo alagados y cuestionados acerca de su vida personal, escuchando gritar a las féminas por cada respuesta dada, siendo presionado por un millar de ojos ante cosas que no quería responder ¡las entrevistas de trabajo eran para hablar de trabajo, joder! Eso le gustaría haberle dicho a la presentadora, pero por desgracia ya no era un yankee.
Murasame suspiró ante la máquina de bebidas e introdujo una moneda con el cansancio cayéndole como una losa en los hombros. Esperó a que la lata de Coca-Cola se deslizase estruendosamente para agacharse y recogerla.
Su vida de secundaría había sido buena, un tanto turbulenta, pero buena al fin y al cabo si había algo que lo molestaba simplemente tenía que apartarlo de un golpe.
—Buen trabajo a todos— se despidió Kyoko con una reverencia saliendo de la sala.
Se le había hecho más tarde de lo que había pensado, tenía que…
Se paró en seco al visualizar a un conocido compañero que la miraba desde el otro lado del pasillo con asombro hasta mutar las facciones a un gesto frío.
"Murasame-san" Kyoko bajó sus ojos al suelo, avergonzada por la situación, pero no había nada que hacer, ese era el único camino. El único pasillo hacia la salida y la única opción que habría podido haber tomado, ella era una actriz, ese había sido su trabajo y ella siempre velaría por el bienestar de Ren aunque ello supusiera engañar a decenas de personas. No se arrepentía.
Caminó con decisión hasta el frente, con los andares propios de Setsuka Heel. El individuó se tensó pero no se movió de su posición, la estaba esperando ¿o tal vez esperaba que lo esquivara?
—Buenos días, Muramase-san— saludó Kyoko inclinándose educadamente. Era ella, sólo llevaba un disfraz.
Sintió transcurrir los segundos como quien mira fijamente caer la arena del reloj. Se atrevió a levantar su cabeza e incorporarse y mirarlo de nueva cuenta. Parecía sorprendido y tal vez ¿indignado? Pudiera ser… no lo culpaba por su incredulidad, después de todo ella también pensaba que pasearse por allí después de lo sucedido era bochornoso, pero no podía pedir disculpas, estaría mintiendo.
Decidió tragarse su vergüenza y sus ganas de explicar lo acontecido, probablemente no querrían escucharla. Con una leve sonrisa de comprensión volvió a inclinar la cabeza con lentitud y prosiguió su camino.
— ¡Espera! — El eco de sus tacones resonó mezclándose a la par que la voz demandante.
¿Quién era esa persona? ¿Quién era ella quien le había hecho sentir tan miserable con una sola mirada?
— ¿¡Quién eres!? — vociferó a la espalda escotada de esa mujer que durante meses lo había tenido cautivado con su cruel belleza y resultaba no existir, aquella que lo había ignorado, aquella que paseaba a sus anchas con su nii-san en esa relación tan extraña y asquerosa.
—Soy Kyoko, una actriz contratada por el LME para asistir a Tsuruga Ren durante el rodaje como Cain Heel— declaró ella mientras se giraba para darle la cara— pero eso ya lo sabes.
Estaba furioso, estaba indignado y estaba dolido. ¡Claro que lo sabía!
—Tú y Tsuruga Ren nos habéis engañado por completo ¿no tienes nada que decir al respecto? — sus dientes chocaban los unos contra los otros, los puños estaban tensos a ambos lados de sus costados con los nudillos blanquecinos controlando su rabia.
La vio suspirar y cerrar los ojos con cansancio.
—"Lo siento" ¿te refieres a eso? — Preguntó fijando su mirada de mercurio en él, casi con ironía— No puedo decirlo. No lo siento— Sus palabras eran serias y determinadas, hablaba con un tono respetuoso extraño para su apariencia— Es mi trabajo, para eso fui contratada, me disculparía si hubiese sido descubierta, pero lo que se me pedía era ser una hermana menor dedicada a su descuidado y autodestructivo hermano mayor y es lo que he hecho, si no te parece bien, puedes odiarme tanto como quieras, lo comprendo, he sido grosera, impuntual, irrespetuosa y violenta, pero no esperes una disculpa por haber traído al mundo a Setsuka Heel.
Aquella mujer disfrazada de alguien que creía conocer, se dio la vuelta con orgullo, azotando su largo cabello rosáceo y se marchó, con pasos firmes, haciendo retumbar el eco de sus tacones hasta desaparecer.
Su voz firme y enorgullecida todavía resonaba en su cabeza, ante sus palabras no podía más que odiarla…, porque le gustaría saber si él sería capaz de engañar a alguien con su actuación.
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—Podemos pincharle las ruedas del coche— sugirió la idol con su cara más maliciosa
—Kyouko no tiene coche Pochiri, además ¿que eres? ¿una pandillera? ¡otra! — demando aburrido Sho desde el sofá.
—Podemos… ¡esconderle el maquillaje!
Sho la miró de soslayo, comprobando que lo decía completamente convencida. Suspiró apretándose el puente de la nariz entre los dedos.
—No creo que ella sepa qué es eso… y no nos serviría para nada— murmuró casi hablando para su camisa ¿qué estaba haciendo? Era un completo idiota, perdiendo el tiempo con las ideas vagas de niña de primaria que tenía Mimori. Esa no era el tipo de venganza que quería. Él buscaba avergonzarla, humillarla, hacerla sentir sola y estúpida como se había sentido él cuando había visto ese maldito programa. Que entendiera que ese mundo era una farsa, que nunca dejaría de ser tan solo una niña de Kyoto que fue a Tokyo en busca de los sueños de otro, ella no tenía ningún derecho a lograr nada… porque ni siquiera tenía metas. Ese era el mundo de él no el de ella.
Con el ceño fruncido cogió su móvil del escritorio y se levantó.
— ¿A dónde vas? — La pregunta se quedó suspendida en el aire, junto a la voz femenina que quedaba atrás en un gruñido enfadado al oír la puerta cerrándose tras el cantante.
A veces había cosas que había que decir de frente y que ni siquiera con mensajes de voz llenos de cólera le serían suficientes para llegar a entender una ínfima parte de su resentimiento.
No pensó que ella lo aceptase, no pensó que ella lo aceptaría nunca pero por suerte, no sabía si buena o mala, ella estaba ahí, con su ya habitual cara amarga, dispuesta a dar batalla.
—Te atreves a llamarme— no era una pregunta. El tono era sereno y aunque bajo, pese a las distancias se podía palpar el sentimiento amenazante de siempre, ese aura pesada, como si mil demonios se congregaran alrededor suyo.
—Por supuesto— ególatra como era, él siempre iba a poder presumir de poder guardar la compostura y las apariencias.
— ¿Y bien? No tengo mucho tiempo, ni paciencia, Shotaro.
—Me has mentido— él podía mentir, pero que le mintieran era algo muy diferente. Odiaba ser tomado por idiota así como odiaba ser ignorado— ¿Crees que porque te pongas mil capas de maquillaje y vayas vestida como una cualquiera puedes conseguir gustar a los hombres?
Con gusto pudo ver como ella tensaba las mandíbulas mordiéndose la lengua. Podía ser actriz, pero había sido su mejor amiga por más de diez años, no lo engañaría, no otra vez.
—No era mi intención que calleras como un estúpido ante un atuendo escotado y un maquillaje estrambótico.
—Eso…
—Si tanto te hiere, en ese inmenso orgullo tuyo, que haya podido gustarte, despreocúpate, no se lo voy a contar a nadie, no es algo de lo que me enorgullezca.
Su voz le sonó hiriente, con un extraño tono punzante y adolorido que Sho no llegó a entender. Sin embargo la necesidad de guardar su autoestima primaba por encima de la curiosidad y pronto se olvidó.
— ¿Por qué debería de preocuparme? A delante, disfrútalo, por una vez has sido capaz de atraerme— Soltó, sarcástico.
Ella abrió los ojos, primero con furia, luego con un lejano deje de tristeza.
Ahh, ahí estaba. Aquello que no veía, aquello que no debía decir.
Unas palabras de arrepentimiento pujaban por salir de sus labios pero él no las dejó, nunca lo haría, ella había empezado.
Una amarga despedida, tan rápida como fue el saludo, pero más eterna de lo que se podría imaginar.
— ¿Qué? ¿No me vas a decir nada? — Gritó viendo cómo ella se alejaba sin ni siquiera dedicarle una mirada de vuelta, un gesto de reproche, nada— ¿Entonces lo que he dicho es cierto?
¿Por qué no se enfadaba? ¿Por qué no podía siquiera dedicarle un insulto?
¿La había herido? Sinceramente, no lo sabía. Ya no sabía nada de ella. Su cara estoica y sus ojos brillantes no parecían tristes, es como si se hubiese recuperado de una herida mortal convirtiéndola en un simple rasguño olvidándose de ella, sin embargo él… él si estaba dolido. ¿Por qué? Era patético, herido por sus propias palabras, dañado por no haberla alcanzado ¿tan malo era no haberla podido hundir? ¿no podría haber sufrido… un poco más? ¿acaso… ya no le importaba?
Kyouko se había vuelto muy superficial.
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"Me gustaría poder llegar a casa" pensó con el aire todavía templado de la tarde rozándole la nuca. Había sido un día muy largo y estaba cansada. La llamada de Shotaro había sido la gota que colmaba su paciencia, como siempre tan oportuno e infantil.
De alguna forma se sentía dolida, pero no de la manera que pensaba que lo estaría. Las palabras habían sido crueles, como lo esperaba, el tono burlesco y sarcástico, como siempre; era algo nostálgico, esa clase de sentimiento retrospectivo que no quieres volver a tener. Sin embargo pronto había descubierto que era un daño ¿cómo decirlo…? ¿condicionado? No era un dolor actual, sino el dolor del pasado. Una breve reminiscencia de todo aquello que había significado su ruina y la había hundido en el más profundo de los abismos. Las mismas palabras, los mismos gestos, el mismo tono de voz, que la habían ido resquebrajando poco a poco, haciéndola cada vez más pequeña, encadenándola en unas palabras autoimpuestas, en un muro invisible alzado a través de mensajes de menosprecio, que la hacían sentir una esclava en deuda. Demasiado simple, demasiado torpe, demasiado normal, plana, sin atractivo… aquella que siempre había estado y estaría, el muro se había cimentado con las palabras de él y había crecido con los asentimientos de ella.
Un sonoro pitido de coche la sobresaltó, unos faros la iluminaron por un momento, cegándola.
—Kyoko ¿qué haces aquí?
Una voz masculina y tranquilizadora la hizo salir de esa brecha temporoespacial en la que se hallaba. Sonrió al ver los ojos oscuros sobresalir por la ventanilla del coche.
—Yo estaba… solucionando un problema
— ¿Un problema? ¿Te puedo ayudar en algo? ¿Está todo bien? — Preguntó preocupado.
—Sí— Respondió segura— Ya está todo bien.
—De acuerdo, entonces sube, te llevaré a casa.
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La lluvia caía golpeando las ventanas. Las gotas resbalaban y se juntaban en hileras descendentes que rápidamente desfilaban hasta perderse en el marco.
— ¿Aun le odias?
La bañera estaba llena, el agua casi desbordaba por el volumen de ambos cuerpos. Kyoko admiraba el cristal y sus ríos mientras sentía como Kuon tallaba con delicadeza su espalda con una esponja.
—No.
El hombre suspiró. Centró su mirada en la pequeña figura de piel blanquecina que, sentada, rodeaba con sus finos brazos sus rodillas y perdía su vista y su pensamiento en la cortina de lluvia.
En su mente asolaban tantas dudas, tantas preguntas… pero ella simplemente permanecía en silencio.
Echó champú en la palma de su mano y procedió a distribuirlo por el cabello anaranjado.
—Yo… siempre he dependido de Sho. Incluso más que él de mí— la voz comenzó suave y baja, como hablando para sí misma— Cuando, supe que… para él yo no significaba nada, que ni siquiera podía ser considerada una amiga, mi mundo, mi precioso, simple y vago mundo que giraba en torno a él y su complacencia se rompió. Y lo odié. Y más me odié a mí misma. Busqué venganza ¿para qué? ¿para recobrar mi orgullo? ¿para hacerme valer? ¿para hacerme ver? ¿y luego qué? ¿le perdonaría? ¿o acaso me reiría de él? — Sonrió ladina y amargamente apretando sus rodillas contra su pecho repentinamente descorazonado— Sí, ese pensamiento estaba bien, podía soportarlo, porque lo que nunca podría haber admitido en ese momento es que lo que buscaba era un pretexto, algo que todavía me uniera a él, algo que todavía me mantuviese en pie. Pero las mentiras no duran por siempre, ni siquiera las de uno mismo. Por eso, tal vez lo más duro fue descubrir, que yo misma no existía, que la Mogami Kyouko de los últimos dieciséis años había sido fruto de los deseos de quienes me rodeaban, todo, siempre por otros. Sí, eso fue lo más cruel, pero era necesario, ahora se lo agradezco, porque si no me hubiese abandonado, habría seguido estando ciega, sorda y muda. Ahora ya no lo necesito, ya no lo odio, ni lo quiero. No es necesario, mi existencia sólo depende de mí.
Apoyando la espalda en el pecho masculino lo miró a los ojos y sonrió con tranquilidad.
Kuon comprendió entonces que tal vez nunca llegase a lograr entender del todo la fortaleza de aquella pequeña chica que cabía perfectamente entre sus brazos. El valor y la fuerza necesaria para una reconstrucción completa de una vida construida a partir de castillos en el aire derruidos por su propio príncipe de ensueño.
"Está bien" pensó. Se había preocupado tanto por ella, enfadado incluso por lo que podría dañarla su participación como Setsuka Heel `te lo había advertido´ esas palabras pugnaban por salir de su boca cada vez que oía algún extraño rumor sobre ellos, pero ya no tenía nada que decir, había sido su decisión, y estaba afrontando las consecuencias sin ningún problema que no se hubiese esperado, simplemente la dejaría hacer las cosas a su manera.
—Yo… te apoyaré en todo lo que decidas… siempre— declaró él finalmente.
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—Buenos días ¡ghyyya! — gritó Kyoko sorteando un zapato directo hacia su cabeza.
—¡No lo soporto! Se supone que esta serie iba a ser mi despegue y qué recibo a cambio ¿eh? ¿qué? ¡guiones del mismo tipo! Todos pidiéndome que interprete los mismos personajes con distinto nombre ¿Quién se creen que soy? — vociferaba Chiori caminando con furia de una lado a otro del salón LoveMe mientras que Kanae y Kyoko miraban con pavor el tacón fuertemente incrustado en la pared.
—Chi-Chiori-san, no sé muy bien lo que pasa, pero si es por los papeles, a mí me pasó lo mismo— intentó calmarla Kyoko—después de interpretar a Mio, todo el mundo me pedía lo mismo, es natural era la única actuación que conocían…
—Esta no es la única actuación que he hecho— resaltó apuntándola con el dedo de manera amenazadora y con un aura oscura cubriéndola— desde Box-R, es el tercer papel de matona, todos ellos con sutiles matices psicópatas, puede que tú puedas cambiar el parecer del director con unas cuantas sugerencias pero yo no tengo esa capacidad y no quiero ser encasillada de nuevo, prefiero el suicidio antes que volver a quedar relegada al mismo papel.
La actriz terminó con voz quejumbrosa y abrumada, recordándole a Kyoko esos momentos en los que se sintió tan perdida al empezar Box-R
— ¿¡A qué viene ese tono de desesperación!? — Preguntó autoritaria Kanae— ¿Acaso crees que eres la única a la que le pasa eso? ¡No seas estúpida!
—Moko-san— reprendió Kyoko
—Eres una actriz, y no cualquiera, eres una profesional del LME la mejor agencia de talentos del mercado japonés, compórtate como tal — regañó con furia arrancando el zapato de la pared y apuntando con él a la chica acusatoriamente— Si no te gustan los papeles que te ofrecen, no los aceptes. Si te quedas sin ninguno, busca, así es como se empieza.
Buscar…
—Es cierto, Moko-san conseguiste tu nuevo trabajo presentándote a un casting— recordó Kyoko en voz alta
—Después del dorama familiar que me obligó a hacer el Presidente sólo me llegaban ofertas de pueblerina desgraciada— dijo Kanae con desprecio soltando el zapato— así que decidí cambiar.
Eso es sorprendente. De una secundaría en un drama de la época Edo, a una de las protagonistas en una serie policiaca.
—Yo… también quiero cambiar— declaró Kyoko— hace unas semanas hablando con Tomoko-san, todo lo que tenía era trabajos de matona en diversas versiones, pero quiero hacer algo diferente, así que creo que lo haré desde el principio, buscaré castings.
Qué fácil sonaba pero en realidad… no sabía ni por dónde empezar. Había hecho una declaración de intenciones a Tomoko-san y al Presidente para que le pudiesen ayudar a encontrar información, pero lo cierto es que llevaba horas hasta que había encontrado la forma de acceder a la información y luego se había pasado más horas mirando diferentes páginas web y apuntándose los horarios y lugares de los escasos guiones que le llamaban la atención.
Ya eran las cinco de la mañana…
Se tumbó en la cama somnolienta y con la vista nublada y desenfocada por el ordenador.
¿Por qué creyó que iba a ser tan fácil? En realidad nunca lo había sido, si se paraba un segundo a pensarlo. Entrar en ese mundo lleno de estrellas brillantes le había costado sudor, sangre y lágrimas. Siempre… desde el primer paso. Entrar, mantenerse, ir subiendo, poco a poco, como una hormiga quien lleva una carga pesada y está rodeada de peligros y criaturas más grandes que ella que en cualquier momento la pueden aplastar, poco a poco, se había hecho un pequeño hueco, no quería desperdiciarlo, pero no quería menospreciarlo.
Estuvo días buscando, sólo uno de esos miles de trabajos llamó realmente su atención, tanto, tanto que estaba deseando el momento de poder probar si era válida.
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—Ren, aquí estás, te he estado buscando por todo el edificio, ya he firmado el contrato, en menos de un mes podrás mmff— Una fuerte mano tapó con excesiva fuerza la boca del manager.
—Shhh— apremió el actor con una mirada de pánico escrutando alrededor, comprobando que nadie les hubiese escuchado. No fue hasta que vio morado a su compañero que lo soltó— Ten más cuidado.
—Eso debería decir yo, casi me ahogas ¿qué te pasa? ¡Ah! ¡¿no?! — exclamó indignado apuntando con el dedo al moreno— no se lo has contado.
—Shhh, ¡te he dicho que te calles!
—Pero Ren, te vas a rodar al extranjero dentro de tres semanas ¿Cómo no le has dicho nada a Kyoko-chan?
—Parece ser que sólo los muertos permanecen callados ¿¡acaso puedes dar más detalles, por favor!? — Bufó.
—Solamente digo que te des prisa, aunque para tu carrera es una gran oportunidad y Kyoko-chan seguro se alegrará por ti, va a ser algo difícil de digerir— Yashiro miró a su alrededor y bajando aún más la voz añadió— estaréis separados mucho tiempo.
—Lo sé, por eso mismo no sé cómo decírselo— suspiró el actor pasándose una mano por el cabello— A demás últimamente no sé en qué anda metida, pero está de aquí para allá, prácticamente no la veo, creo que está con un nuevo proyecto pero por algún motivo no me lo quiere contar, creo que espera que sea una sorpresa, parece muy ilusionada, no quiero estropeárselo— Miró al suelo apesadumbrado.
—Mira, aún tienes tiempo, no te estreses, pero tampoco lo dejes pasar— aconsejó Yukihito poniendo una mano en el ancho hombro del actor— Me voy, tengo que concretar los detalles, te iré informando.
Eso era fácil de decir…
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—Siguiente
—Buenos días, soy la participante número 2548, Kyoko del LME me presento para…
—Yo diré para que te presentas, Kyoko— cortó el director del casting, quien analizándola con escrutinio añadió— tú fuiste Mio en Dark Moon y Natsu en Box R ¿me equivoco?
—No señor— contestó sorprendida de que alguien la reconociera
— ¿Qué hace aquí alguien como tú? ¿A caso no tienes guiones listos en tu mesa esperando para que les des una ojeada? — Preguntó casi con burla
—Los tengo, pero no los quiero.
—¿Y qué hace que quieras ser parte de este proyecto? ¿Has leído el guión? ¿el manga?
—Sí, los dos.
— ¿Y? ¿Qué te parecen?
—Es un mundo peligroso, pero posible, con personajes invertidos, los malos son, no diría buenos, pero no tan terribles, y los buenos no son almas puritanas. Es un mundo de grises, donde el blanco y negro está fuera de lugar, los débiles se hacen fuertes y los fuertes caen por su propia y excesiva confianza.
—Supongo que te presentarás para el papel protagonista
—Sí
— ¿Crees tener la fuerza, las habilidades actorales suficientes para poder interpretar a semejante personaje?
—Sí— La respuesta era determinada, la mirada era fiera. Como si su vida dependiese de ese papel.
El director guardó para sí una sonrisa.
—Te llamaremos… tal vez.
Kyoko quedó unos instantes en el escenario sorprendida de que no le pidieran ninguna prueba de actuación, ni le hicieran alguna pregunta más sobre el guión, pero un segundo después simplemente se inclinó y se marchó hacia la salida.
La vio marchar como había llegado, su paso era elegante y distinguido, extraño para una muchacha de su edad y muy diferente del que había visto en los personajes que había interpretado.
—Kimura-san— susurró a su ayudante levantándose de su asiento— cancela las demás audiciones para la protagonista, ya tenemos a nuestra Tsukasa.
— ¿Si está tan seguro por qué no se lo ha dicho directamente, Tomoe-san? — Siempre hacia lo mismo, por alguna razón le gustaba hacer sufrir a sus actores.
—Es mi pequeño placer, ya lo sabes.
"Es un placer perverso y problemático" pensó el ayudante, quien guardándose un suspiro junto con las palabras fue a dar el terrible mensaje a todos aquellos que se habían preparado el guión de Kozuki Tsukasa.
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