Capítulo 37: Buenas Noches

Rose

Estaba acostada en mi cama tratando de quedarme dormida y dejar de pensar en mi última discusión con Dimitri, la verdad es que tenía sentimientos encontrados, por un momento me pareció algo dulce que estuviera celoso de Adrián, pero luego su comportamiento fue bastante reprochable, no podía creer que estuviera acusándome de mentirle o que insinuara que seguía interesada en él, sexualmente, si tan sólo supiera que jamás estuve con Adrián de esa manera, pensé, acaso no se da cuenta de las reacciones de mi cuerpo cuando estamos cerca, cuando me besa o acaricia, acaso está ciego, ESTÚPIDO DIOS RUSO. No podía creerlo, simplemente no era posible que haya arruinado todo lo que avanzamos por sus estúpidos celos.

A pesar de mi molestia, me sentía triste y frustrada, no despedirme de él después de la reunión con la reina había sido difícil y ahora que estaba sola en mi cama moría de ganas de que me envolviera entre sus brazos, que me acariciara y me besara como había hecho en su sofá después de decirme que me amaba y me quería en su vida para siempre, después de semanas añorando su regreso a mi vida esas palabras me habían devuelto la esperanza en nuestro amor y ahora ni siquiera quería volver a ver su rostro, mentirosa, lo único que quieres es verlo,dijo esa conspiradora voz en mi cabeza.

Finalmente el cansancio me venció y un delicioso sueño me asaltó, uno donde yo estaba tendida en una cómoda cama, en una habitación que se parecía sospechosamente a la cabaña, nuestra cabaña, yo miraba por la ventana como la nieve caía, cuando de pronto un ruido en la entrada me sobresaltó, era mi Dios Ruso que sonreía hermosamente en mi puerta y mi corazón se aceleró, me levanté de la cama envolviendo mi cuerpo en una sábana para ir a recibir a mi amado, nos estábamos besando apasionadamente mientras la sábana caía dejando expuesto mi cuerpo desnudo cuando fuimos interrumpidos con unos golpes en la ventana, juntos nos acercamos a ella y los golpes continuaron...

Desperté asustada cuando me percaté que los golpes eran en mi ventana, en el segundo piso del edificio en que vivía, encendí mi lámpara y tomé la estaca acercándome con cuidado y mirando tras la cortina, identifiqué las voces antes de verlos, confundida me preparé para abrir la ventana y gritarles por despertarme, pero antes de poder decir algo, un sonido de guitarra comenzó y la hermosa voz de Dimitri me hizo congelarme, él estaba cantando, me estaba cantando, era una canción llamada The Reason y mi amigo Eddie tocaba la guitarra ¿todavía estoy soñando? me pregunté, algunas chispas cómo de fuego comenzaron a flotar hasta llegar a mi ventana, seguramente proporcionadas por Sparky, muy conveniente, pensé, la imagen era extraña pero hermosa, por unos segundos estuve pendiente de las chispas y de la melodiosa voz, cargada de emoción de Dimitri hasta que uno de mis vecinos se asomó por su ventana y dijo

—Cállense, queremos dormir— Dimitri paró por un momento y pude ver que se tambaleaba, pero continuó cantando luego de que Adrián le dijera algo al oído.

—No le hagas caso Belikov, muéstrale a Hathaway tu lado romántico— dijo otro de mis vecinos en el piso de arriba, uno al que conocía como guardián Peters, él había sido guardián de Dimitri, en esos días después de su restauración. Dimitri solo sonrió y volvió a mirar en mi dirección, sus ojos se clavaron en los míos y pude ver esa plegaria en ellos, perdóname Roza, decían sus hermosos ojos color chocolate, mi corazón estaba sorprendido e inundado de amor por mi Dios ruso cantándome una canción para pedir mi perdón, tal vez si alguien me hubiera dicho hace un año atrás que esto pasaría yo lo hubiese llamado loco, el estoico Dimitri Belikov cantando para pedir perdón, ni en sueños ¿verdad? O tal vez sólo en los míos

—Tú eres mi razón Roza, mi razón para vivir, por favor perdóname, te amo— dijo casi gritando cuándo la canción terminó, su acento era más pronunciado de lo normal, además noté que arrastraba las palabras un poco, claro signo de que había estado bebiendo, eso explica muchas cosas, pensé — ¿Rose, me perdonas?— preguntó nervioso, el hecho es que yo estaba bastante dispuesta a perdonarlo, incluso antes de que se presentara en mi ventana, pero no era necesario que él lo supiera.

—Sube, hablaremos— dije lo más fríamente que pude y cerré la ventana, pero me quede mirando un poco tras la cortina, cómo Adrián lo tuvo que estabilizar cuando comenzó a caminar hacia la entrada del edificio.

Minutos más tarde estaba en mi puerta, junto a Adrián quién me sonreía divertido, yo solo lo miré irritada y él se disculpó diciendo que debía volver con Sydney, dejando a Dimitri apoyado en el marco de mi puerta.

—Tan bella mi RRoza— dijo él a modo de saludo.

— ¿Vas a pasar?— pregunté tratando de ocultar mi sonrisa.

—Por supuesto— dijo él y se dirigió a sentarse en mi cama, pero yo lo paré en seco ofreciéndole mi sofá, se volvió a tambalear al cambiar de dirección pero se las arregló para sentarse con gracia como siempre hacía.

— ¿Entonces?

—¿Me perdonas, hermossa Rroza?— preguntó sonriéndome seductoramente, no pude tolerarlo, el gesto de cantar bajo mi ventana para pedir perdón había sido especial para mí, pero yo aún estaba dolida por la manera en que me trato, no había forma de que olvidara lo sucedido solo porque me sonreía de esa manera.

—No.

— ¿No? pe...pero, Roza yo...yo... por favor...

—No hablaremos mientras estés borracho, te traeré una manta, mañana cuando estés más consciente de lo que haces, tal vez escuche lo que tienes que decir— me levanté de la cama para buscar una manta, saqué unas aspirinas de mi botiquín y llené un vaso con agua, cuando me acerqué al sofá él quiso decir algo pero yo lo detuve, le pedí que se recostara y lo arropé lo mejor que pude, por supuesto su altura era excesiva para mi sofá de dos cuerpos pero estaba molesta y no le ofrecería mi cama —Aquí tienes— dije entregándole las aspirinas y el vaso con agua —Toma esto y trata de descansar— dije finalmente y apagué la luz.

— ¿Roza?— preguntó justo cuando me metía en mi cama.

— ¿Sí?

— ¿Y mi beso de buenas noches?

—Duérmete Belikov —respondí con una pequeña sonrisa en mis labios.

Varias horas después desperté escuchando una voz a mi lado, sin abrir mis ojos puse atención a lo que decía el magnífico ruso que ahora estaba arrodillado junto a mi cama, tomando mi mano, y entonces te conocí Rose hathaway, yo nunca había amado a alguien como a ti Roza, mi Roza, sé que no hay excusa para mi comportamiento pero enloquecí, enloquecí pensando en Adrián tomándote entre sus brazos, besándote, haciéndote el amor, yo...

—Él y yo nunca estuvimos juntos de esa manera— dije abriendo mis ojos y encontrando los suyos.

—Lo sé, él me lo dijo— confesó Dimitri sonriéndome —Y me sentí aún más idiota cuando lo hizo, yo actué horriblemente y sé que no merezco que me perdones pero, por favor...

—Te perdono— dije y me incorporé un poco en la cama, para poner un mechón de su cabello atrás de su oreja, él se inclinó ante mi toque y mi mano acarició la piel de su rostro, nos miramos otro momento y Dimitri comenzó a levantarse.

—Gracias Roza— dijo besando mi frente antes de dirigirse de vuelta al sofá —Descansa mañana será un día intenso.

— ¿Camarada?— pregunté levantando las mantas de mi cama y corriéndome un poco para darle espacio mientras él se giraba para mirarme— ¿Qué hay del beso de buenas noches?

—Lo que tú pidas hermosa Roza— me dijo sonriendo y se acercó a la cama aceptando mi invitación.

Después de unos cuantos besos y caricias de buenas noches finalmente me dormí en los brazos de mi dios Ruso.