Capítulo XXXVII: Todos nos volvemos locos alguna vez (II/II)
Hospital Porter de Salud Mental...
Los hermanos Winchester se volvieron a colar en el hospital y buscaron por todo el edificio el lugar donde podrían estar escondidas las preciadas almas. Finalmente llegaron a la habitación de las calderas y ahí estaban, cinco tarritos brillaban intensamente con la luz más blanca y pura que los ojos de ambos habían podido percibir jamás.
-Te lo dije. -murmuró Sam jactándose de haber estado en lo cierto.
Dean con una actitud muy infantil repitió las palabras de su hermano antes de hablar.
-¿Y ahora qué genio? -preguntó con su ego dañado.
-Las liberamos. -respondió el menor abriendo el primer tarro de cristal.
Por su parte, Alice y Emma caminaban por los pasillos del hospital intentando descifrar quien de todos los allí presentes se trataba del demonio que estaba recolectando dichas almas. Emma iba liderando el paso, gracias a que ahora era capaz de ver el verdadero rostro de los demonios la labor no les resultaría muy difícil.
-Oye. -llamó su atención la rubia mientras ambas seguían deslizándose por los recovecos del centro. -¿Por qué has mentido antes? -Emma al escuchar su pregunta se giró levemente pero no dejo de caminar.
-¿A qué te refieres?
-En el restaurante. Has dicho que había comido algo aquí pero no lo hiciste. -Emma esta vez sí detuvo su paso y se volteó completamente para enfrentar a Alice. -¿Está todo bien contigo?
-Perfectamente. -contestó secamente la castaña.
-¿Y por qué no te creo? -inquirió la ojiazul escrutándola con la mirada. Emma empezó a ponerse nerviosa por las suposiciones que Alice podía estar haciendo de ella.
-Mira, dejemos algo claro. -respondió secamente Emma al sentirse expuesta. -Puede que sea físicamente igual a Anne y que tú seas exactamente igual a Lola... Pero ni yo soy tu hermana ni tú eres mi mejor amiga. Así que haznos un favor a las dos y no te preocupes por mí.
Alice frunció su ceño al recibir aquella dura respuesta, no recordaba que Emma pudiera ser tan extremadamente soberbia, aquella respuesta le había dolido. No era su hermana, eso era cierto. Pero después del primer encontronazo en aquel bar de Suffolk, hacía semanas, ambas habían conectado muy bien y la rubia había pensado en que podrían llegar a ser muy buenas amigas. Sin embargo, ahí estaba la castaña parada frente a ella mirándola con una frialdad que no recordaba haber visto antes en ella.
-Te recordaba más simpática. -se limitó a decir Alice ligeramente decepcionada.
-Supongo que la gente cambia. -dijo girándose para volver a darle la espalda.
En ese preciso momento el Dr. Wittenberg apareció por el final del pasillo con rostro preocupado y corriendo hacia los ascensores. Emma que había reiniciado sus pasos se paró de golpe cogiendo a Alice del brazo para frenarla también.
-¿Qué haces? -inquirió la rubia librándose de la sujeción de la castaña.
-Es él. Wittenberg es un demonio. -informó Emma que había podido observar la verdadera y horrible forma de aquel ser antes de que el hombre tomará el ascensor. -Vamos, sigámosle.
Cuando el Dr. Wittenberg salió del elevador dirigió sus pasos aceleradamente hacía la habitación de las calderas. Las almas habían sido liberadas y maldijo a los Winchester por ello. Hecho una furia irrumpió en la habitación para encontrarse con Sam y Dean junto a los tarros ya vacíos. Sin mediar palabra y tornando sus ojos en la más profunda oscuridad lanzó a los hermanos contra la pared inmovilizándolos en el proceso.
-Deberías haberos marchado cuando os di la oportunidad... -habló el demonio ladeando la cabeza. -Pero no, os tenías que hacer los héroes, ¿verdad? -rió maliciosamente. -Lástima que esto se vaya a volver contra vosotros.
-Yo no estaría tan seguro de eso. -sonó alta y clara la voz de Alice tras el demonio. Emma se encontraba a su lado empuñando el cuchillo de Ruby.
El demonio ignoró a la rubia y centró toda su atención en la castaña.
-Vaya, esto sí que es una agradable sorpresa Emma. -dijo habiendo reconocido a aquella celebridad de la que tanto hablaban ángeles y demonios. -Acabo de perder cinco almas pero voy a ganar las de los Winchester y la de la Sanadora. Esto acaba de volverse tan a mi favor...
-Te tienes en muy alta estima, ¿cierto? -volvió a hablar Alice dispuesta a atravesarlo con su espada angelical. Pero el demonio fue más rápido que ella y la desarmó de un solo golpe. La rubia voló hacía el otro lado de la habitación colisionando con una de las tuberías en su cabeza. Una brecha se abrió paso en su frente y la chica cayó de bruces contra el suelo quedando inconsciente.
-¡No! -gritó Dean luchando contra la fuerza invisible que lo mantenía sujeto contra la pared. -¡Alice!
-Una menos. -rió el demonio. -Por mucho que luches no funcionará. -agregó observando al mayor de los Winchester.
-Voy a matarte. -amenazó entonces Emma pero con un simple gesto de sus manos Wittenberg provocó que el cuchillo cayera lejos de su alcance. Dejando a la chica completamente desarmada, a los hermanos inmovilizados y a Alice inconsciente... Estaban perdidos. -No les hagas daño. -suplicó la castaña. - Negociemos, ¿quién eres?
-Creo que eso no es negociable. -negó el demonio con maldad. -Soy Mefisto.
-El subordinado de Lucifer... -murmuró Sam.
-Te equivocas, Sammy. -respondió Mefisto. -Si lo fuera no estaría interesado en crear un ejército de demonios para enfrentarme a Astaroth. -habló rodando los ojos. -Ese estúpido pretende soltar a Lucifer... ¿Sabéis lo qué pasará si lo consigue? Qué mataría a todos los de mi especie. Y, creerme no tengo ninguna intención en morir. Voy a pararle los pies al Gran Duque del Infierno.
-No puedes detenerlo. -negó Emma. -No importa el ejercito que crees. Él es más poderoso que tú, es uno de los primeros ángeles caídos... Sin embargo yo puedo ayudarte, sólo has de dejarlos marchar. -se refirió a Dean y Sam.
Mefisto estalló en carcajadas.
-Buen intento, Emma. -admitió el demonio. -Sé que no hay ejército que pueda acabar con él pero podía darme más tiempo hasta encontrarte a ti. Lo que necesita Astaroth es tu alma así que si te la robo y la demonizo él no podrá usarla. -informó de sus intenciones. -Y mira tú por dónde vas y apareces frente a mí...
-¡No se te ocurra tocarla! -gritó Sam fuera de sí.
El demonio se giró para enfrentarse al cazador.
-¡Oh, claro! -fingió sorpresa Mefisto. -Se me olvidaba que era tu novia... No te preocupes te haré un favor. Serás el primero en quedarte sin alma así no sufrirás cuando veas que le despojo de la suya. ¿qué te parece? -sonrío torcidamente antes de introducir su brazo en el pecho del cazador. Sam se retorció de dolor contra la pared mientras gritaba en agonía. Dean y Emma observaban la escena horrorizados y completamente impotentes.
Las lágrimas de desesperación empezaron a inundar los ojos de la joven y en pocos segundos, sin saber cómo ni de dónde, una sensación de poder recorrió todas sus venas. Un poder que pedía a gritos ser liberado se concentraba en su interior y entonces entendió lo que debía hacer para salvarles. Debía romper su promesa.
Con determinación elevó sus brazos en dirección a Mefisto y con su mente fue capaz de controlar al demonio, que sorprendido se vio obligado a retroceder unos pasos dejando así de amenazar el alma de Sam.
-¿Qué coño me estás haciendo? -preguntó sorprendido el demonio al sentir una presión cada vez mayor sobre su cuerpo. La chica seguía concentrada en su objetivo y lo empujaba cada vez más lejos. Mefisto aterrorizado trato de huir de aquel cuerpo pero fue incapaz de esfumarse, el poder de Emma le mantenía preso en aquel traje de carne.
Las tornas se habían cambiado y ahora era el demonio el que se encontraba totalmente inmóvil contra una de las paredes de la habitación. Cuando el falso doctor Wittenberg se encontró totalmente despojado de su voluntad, los Winchester fueron liberados y Dean corrió a por el cuchillo de Ruby mientras Sam intentaba sacar a Emma del trance en el que la joven parecía estar.
-Em, es suficiente. -le decía el más alto. -Lo tenemos. Deja que Dean se encargue.
-No. -negó ella con decisión. -Quiero ver de lo que soy capaz. Quiero hacerle sufrir. -murmuró casi inaudiblemente.
El poder que sentía le estaba cegando y quería probar sus límites. Aquel maldito demonio había amenazado a la única familia que tenía en aquel mundo y ahora, iba a hacerle pagar por ello.
-Por favor, detente. -insistía Sam, pero ella le ignoraba. El chico posó sus manos en los hombros de ella para que esta se relajara pero una corriente le hizo retirarse. Emma estaba sucumbiendo a sus habilidades podía verlo, y entonces comprendió como debió sentirse Dean cuando él se dedicaba a exorcizar demonios con su mente.
Los gritos de Mefisto empezaron a inundar el cuarto, el demonio se encontraba en una total y absoluta agonía. Emma seguía empujando su poder a través de su mente y sonreía orgullosa de lo que estaba provocándole a aquel monstruo. La piel del demonio empezó a iluminarse y su cuerpo cayó inerte sobre el duro suelo, en cuestión de segundos el cadáver empezó a arder hasta convertirse, literalmente, en cenizas. Sólo entonces la chica se permitió parar.
Dean y Sam observaron perplejos toda la escena. El poder que su amiga acababa de demostrar se alejaba mucho de cualquier cosa que hubieran visto hacer a un ser humano. Emma acababa de matar a un demonio usando como única arma su mente y parecía ser que no le había costado lo más mínimo. La chica se llevó las manos a la cabeza cuando fue consciente de lo que acababa de hacer.
-Lo... Lo siento. -empezó a sollozar incontroladamente. -Yo... No sé que me ha pasado pero... Él iba a haceros daño y...
-Shh, está bien. -susurró Sam tratando de calmarla y apretándola contra sus brazos. -Todo está bien.
Pero no era cierto, nada de aquello estaba bien. No había sido buena idea exponer a Emma a una nueva cacería, debería haberse quedado con ella en el búnker y alejarla lo máximo posible de la acción para así evitar que se viera obligada a usar sus poderes. La culpabilidad consumía al menor de los Winchester, lo que Emma acababa de hacer podría haber colaborado a que su alma se corrompiera y no podría soportar la idea de que él hubiera contribuido a aquello.
Hospital General de Denver...
Dean, Sam y Emma se encontraban en una habitación de hospital velando por Alice, la cual seguía inconsciente tras haber sufrido una leve conmoción cerebral. El mayor de los Winchester era el que más preocupado estaba por la joven, verla en aquel estado, aún a sabiendas de que iba a recuperarse, le estaba destrozando por dentro.
La rubia estaba fuera de peligro, los médicos le habían realizado una resonancia electromagnética y todo estaba dentro de la normalidad, sólo debían esperar a que esta despertase. Y así lo hizo. Lentamente sus parpados se abrieron revelando sus preciosos ojos azules.
-¿Dean? -pronunció levemente aturdida observando el perfecto rostro del cazador a su lado.
-Hola, muñeca. -le sonrió dulcemente él. -¿Cómo tienes la cabeza?
-Como si me hubieran dado un sartenazo. -le devolvió ella una sonrisa cansada. -¿Estáis todos bien? -agregó al reparar en que Dean no era el único en su habitación. Los cazadores asintieron ante la pregunta de la rubia. -¿Y el demonio?
-Nos encargamos de él. -respondió Dean sin entrar en detalles perdiéndose en los hermosos ojos de Alice.
La intimidad que se respiraba entre los dos no pasó inadvertida para Sam que carraspeó algo incomodo antes de hablar.
-Te esperaremos en el coche. -dijo dirigiéndose a su hermano. -Me alegro de verte despierta. -agregó mirando a Alice con una sonrisa.
-Yo también. -habló Emma fingiendo cortesía. Sus palabras no eran sinceras, lo cierto era que no sentía ningún tipo de empatía por aquella chica que estaba tumbada frente a ella. No se había preocupado lo más mínimo por nada desde que habían salido de la institución mental.
Dean observó como la pareja abandonó la habitación dejándolo a solas con Alice.
-Al final tenías razón. -admitió haciendo referencia al caso.
-Voy a confesarte algo. -dijo en tono divertido la rubia. -Siempre tengo razón, Winchester.
El cazador rió ante aquel comentario.
-Lo tendré en cuenta.
-Más te vale. -le sonrió ella antes de ponerse sería. -Oye... ¿Qué pasa con Emma?
Aquella pregunta lo pilló completamente desprevenido.
-¿A qué te refieres?
-No me parece la misma chica que conocí hace unas semanas. -contestó ella arrugando levemente su ceño. -Por no mencionar que os mintió en el restaurante, no comió nada cuando estuvo conmigo y cuando más tarde saqué el tema a relucir preguntándole el porqué os había engañado se puso como una fiera. No sé, puede que este equivocada... -suspiró llevándose una mano al golpe en su cabeza.
-Bueno... Ella ha estado experimentando algunos cambios últimamente. -trató de excusar a su amiga ante la rubia.
Sin embargo, no había pasado por alto la información que Alice le acababa de brindar. El tema de la comida le había llamado especialmente la atención. Ahora que lo pensaba con detenimiento en los últimos tres días apenas había visto probar bocado a Emma, y sin duda aquello era motivo de preocupación.
-¿Estás bien? -preguntó de pronto Alice al ver como Dean se había quedado pensativo.
-Sí. -asintió él alejándose de sus pensamientos. -Debería volver junto a mi hermano y Emma. -dijo provocando que la desilusión apareciera en los ojos de la rubia. -¿Sabes? Cuando te den el alta estaría bien que te tomarás un descanso y te dejarás caer por el búnker... -soltó Dean con una amplia sonrisa.
-¿Es una invitación? -bromeó la ojiazul que había recuperado su sonrisa.
-Lo es. -afirmó él inclinándose para depositar un dulce beso sobre los labios de la cazadora.
Dean caminaba hacia el Impala donde Sam y Emma descansaban apoyados contra su capó esperando por él. Cuando el mayor de los Winchester llegó a su altura se cruzó de brazos delante de la chica.
-¿Hay algo que quieras contarme? -le preguntó serio ante la atenta mirada de su hermano.
-No sé de que hablas. -respondió ella.
-¿Desde cuándo no necesitas comer? -indagó él directamente, para sorpresa de Sam que no comprendía que estaba pasando.
-Vaya, esa puta me ha delatado. -bufó Emma poniendo sus ojos en blanco, al comprender que Alice había debido de informar a Dean sobre su pequeño encontronazo.
-¿Esa puta? -exclamó irritado Dean. -¿Se puede saber qué mierda te pasa? Creí que eráis amigas.
-Oye, Dean. -rió arrogante Emma. -Qué tú te la hayas tirado no la convierte en mi amiga.
Si a los hermanos les hubieran pinchado en ese momento no les hubieran sacado una gota de sangre. La contestación de la chica les había dejado helados ¿En qué momento se había convertido Emma en una persona tan fría?
-No estás bien... -susurró Sam negando con su cabeza.
-No necesito alimento, ¿y qué? -suspiró ella. -Tampoco he dormido más de ocho horas en tres días y sin embargo sigo estando al cien por cien. Puede que estas sean las consecuencias de las pruebas sobre mi... Pero, ¿sabéis qué? Estoy bien con ellas. Así que parad de mirarme de ese modo y volvamos al búnker. Tengo un alma que salvar del Infierno. -soltó subiéndose al Impala y cerrando la puerta con un sonoro portazo.
