Disclaimer: Crepúsculo pertenece a Stephanie Meyer.
Edades:
Emmett:18
Rosalie: 17/18
Jasper16/17
Bella&Alice&Edward: 17
Capitulo 36: Hoquiam
—Supongo que debería irme, ustedes tienen mucho que hablar —comentó Edward cuando Bella se desasió del abrazo de su padre —. Esme quería que estuviera en casa antes de la cena.
—No —susurró Charlie —. Quédate, me gustaría que escucharas también. Además, Bella tiene razón, no quiero que esté sola. Por favor.
Por primera vez, desde que Bella le había confesado que Edward y ella mantenían una relación más allá de la amistad, Charlie le habló con amabilidad. Incluso podría aventurarse a asegurar que con súplica.
Edward asintió, más por educación que por prudencia. No creyó que fuera oportuno negarse. Charlie guardó los documentos que había olvidado en su maletín y se sentó en la sala, invitando a su hija y a Edward, silenciosamente, que lo acompañaran justo frente a él.
— ¿Podrías explicármelo? Por favor —rogó Bella suspirando pesadamente.
Charlie ignoró sus manos unidas y se aclaró la garganta.
—Renée y yo habíamos acordado ir a Phoenix justo antes de saber que ella estaba embarazada. Ella no quería irse, decía que quería quedarse por lo menos hasta que naciera el hijo de Esme, aún no sabían que eran dos—miró a Edward —. Renée sufrió por separarse de tu madre, se había encariñado mucho con Emmett. Pero era necesario. Me habían ofrecido un puesto en un despacho importante de Arizona. Había egresado de la universidad hacía muy poco y era una oportunidad que no podía desperdiciar.
»Logré que me reconocieran en poco tiempo y pronto me asignaron casos importantes. Bella tenía tres años cuando me asignaron un caso, relativamente sencillo. Era un fraude millonario a una empresa poco sobresaliente, tenían pruebas así que creí que no tendría complicación. No dudé en aceptarlo por su sencillez. Pude comprobar la culpabilidad ante un juez en pocas semanas.
»Pero, una noche, mientras analizaba el caso me di cuenta de algo extraño en las investigaciones. Recuerdo ese día muy bien, Renée estaba en casa de su madre y Bella había insistido en que leyera su cuento favorito —sonrió con nostalgia —. Un apellido. Era el mismo que el de un delincuente que habían estado buscando, uno de mis colegas llevaba el caso. Por supuesto, no era cualquier apellido, era uno extraño. Era italiano. Indagué bastante tiempo, más por curiosidad que por cualquier otra razón, intentando descubrir si había alguna relación entre ellos. Y ahí fue cuando empezaron los problemas.
—¿Eran familia? —inquirió Bella.
—Por supuesto que lo eran —bufó —. El muchacho que había cometido el fraude era su hijo. Pasó un año antes de que pudiera descubrir lo que en realidad escondían. No era sólo una familia, era toda una organización, si se le puede llamar así, que trabajaban en conjunto. Falsificación de documentos. Secuestros. Tráfico de órganos y, por supuesto, fraudes millonarios. ¡Incluso un banco estaba involucrado!
»Traté de ignorar el hecho de que ellos supieran toda clase de información acerca de Bella. Pero no fue hasta un día de mayo que me di cuenta que tenía que hacer algo al respecto —miró a Bella con culpa —. Regresaste del colegio muy asustada, no dijiste mucho, sólo llorabas. Murmurabas algo acerca de que un hombre quería alejarte de mamá. No te separaste de Renée el resto del día —veía fijamente a la pared, aunque en realidad no veía los muros, Bella sabía que él la estaba viendo, muchos años atrás, abrazando a su madre atemorizada. Sintió lástima —. Me tomó meses arreglar todo para mudarnos. Una casa confortable, un trabajo para mí y otro para tu madre, y todo, evitando a toda costa que pudieran encontrarnos. Antes de venir atraparon y encarcelaron a unos hombres que pertenecían a esa familia pero eso no me brindó ni un ápice de seguridad.
»Probablemente no recuerdes aquel verano —se dirigió a Bella —. Te negabas a separarte de tu abuela, lloraste tanto el día que venimos para acá... Disfracé la situación mandándote con tu madre y tu abuela de vacaciones.
….
»—Si vamos a mudarnos, ¿por qué no me permiten estar en casa? La voy a extrañar —insistías antes de abordar el avión que las llevaría a Florida.
»Cuando venimos a Washington creí que estaríamos a salvo. Cuando tenías once pasó lo de tu abuela. Los hombres que habían encarcelado cuando aún vivíamos en Phoenix eran los hijos mayores del líder. Ellos buscaban a tu madre. Querían vengarse, pero no sabían dónde buscarnos. Marie era consciente de todo esto, ellos no le hicieron nada. Fue su corazón el que falló. Después supe que me habían buscado en nuestra antigua casa y luego… nada.
—Hasta hace dos meses —habló Edward con solemnidad —. Pero volvieron a fallar.
—No sé cómo, pero consiguieron la matrícula de tu auto, nuestra nueva dirección pero les faltó algo muy importante…
—La imagen de Isabella Swan a los diecisiete, ¿cierto? Me distinguían a los cuatro, pero han pasado trece años. Creyeron que yo era Alice.
Charlie asintió.
—Para ellos no eres Bella —dijo con pesar —. Eres Isabella Swan, hija de Charlie Swan.
El silencio llegó, adueñándose de todo, perturbando el ambiente. Pasaron varios minutos antes de que alguien pudiera decir algo. Bella revolvió su cabello con su mano libre, tratando de comprender todo lo dicho.
—Pienso que lo mejor sería irnos, pero tu madre se niega. Especialmente por ti. Todo ha sido por ti, Bella. Quiero irme porque es más seguro para ti, tu madre no quiere porque no está dispuesta a perder todo lo que ha construido, han construido aquí. Ella no quiere separarte de tus amigos. Si no te lo dijimos antes es porque creímos que la ignorancia te daría seguridad… y tranquilidad.
—¿Por qué, aún cuando veías que tan cerca estaba, no me lo dijiste? Después de todo lo que pasó con Alice…
—Precisamente por eso —acotó, —si tú sabías que era mi culpa que Alice estuviera en coma, creí que me odiarías. Sin mencionar que Edward podría guardar resentimiento por ello. Es su hermana.
—Eso es estúpido.
—Nos esforzamos por protegerte. Y ahora no sólo es tu seguridad… —musitó hablando del coma de Alice.
—Tal vez irnos sería lo mejor —afirmó melancólicamente. Asió más fuerte la mano de Edward y parpadeó rápido para que no notaran su aflicción.
Edward bufó.
—¿Lo mejor para quién?
—No seas testarudo —regañó —. ¿Has pensado adónde?
—Florida es una opción. Illinois o Connecticut.
—Deberías convencer a mamá, probablemente debamos hacerlo.
—Bella no seas ridícula, eso no tiene sentido —rebatió Edward—. Haremos lo que sea necesario para que estés segura.
—Esto no se trata de mí, Edward —lo miró seriamente —. Créeme que lo último que me interesa es mi seguridad. No voy a permitir que los lastimen como lo hicieron con Alice.
—Eso hay que meditarlo, Bella. No podemos tomar una decisión precipitada —advirtió Charlie.
—¿No lo comprenden? —se levantó con brusquedad —. Tratan de asesinarme. Hablamos de personas sin escrúpulos, ellos no se van a tentar el corazón si necesitan asesinar a unos cuantos adolescentes más.
—Bella, no te pongas difícil, ¿sí? Charlie, por favor—pidió sinceramente.
—Edward tiene razón, Bella, la situación no es tan urgente.
Inevitablemente, Bella había soltado unas lágrimas, que habían enrojecido sus ojos y ruborizado su rostro.
—¿Podemos hablar luego? Ahora… yo quiero… no sé lo que quiero.
Salió de la sala con pasos torpes y rápidos, tomó su impermeable y salió de la casa. Esperaba que Edward quisiera ir con ella. Bajó las escaleras del pórtico con cuidado de no resbalar en el suelo cubierto de hojas secas que caían de los árboles a montones pintando el suelo de naranja.
—Bella —gritó Jacob en la acera.
—Jake, hola.
Él se acercó a ella a paso lento y despreocupado. Sonreía alegremente como si nada más importase. Era incluso más alto de la última vez que lo había visto, tan grande y corpulento como siempre. Sus ojos oscuros relucían de felicidad de ver a su mejor amiga.
—Qué bueno verte, pasaba por aquí y pensé que sería genial visitarte.
—Jake, no es el momento más adecuado, en serio lo lamento.
—Oye, ¿me vas a plantar otra vez? No he olvidado lo de tu cumpleaños…
—Ay, Jacob, es que eres tan oportuno —negó con la cabeza avergonzada de su comportamiento.
—¿Estás llorando? —dudó. Miró de soslayo el Volvo de Edward y frunció el ceño —. Fue él, ¿verdad? Él te hizo llorar —supuso —. ¿Qué te hizo, te lastimó? Espera a que lo vea y verás…
—Jacob, no —se apresuró a decir —Edward no me ha hecho nada, en serio.
—No lo defiendas —sus manos se volvieron puños y sus ojos ya no mostraban felicidad, ahora eran fríos y miraban hacia la puerta, como si rogaran que Edward saliera por ella para golpearlo lo más fuerte que pudiera por cualquier idiotez que hubiera cometido.
—Jake, gracias. Pero él no…
—Calla, Bella —musitó con dulzura. Sus dedos enjugaron las lágrimas que había derramado y ella no pudo evitar entristecerse más, sabiendo que también perdería a Jacob si se iba, pero no podía correr el riesgo de perderlo de una forma más dolorosa si se quedaba. La rodeó con sus brazos y besó su mejilla. No obstante, rozó sus labios con los de ella accidentalmente. Eran cálidos y tersos. No lo había sido un acto deliberado, pero ella sintió la necesidad de empujarlo por los hombros con sutileza y girar su rostro.
—Lo lamento, no quería… —susurró Jacob.
De pronto, sus anchos brazos dejaron su cintura con brusquedad.
—Nunca, nunca vuelvas a tocarla contra su voluntad —bramó Edward tomándolo por los hombros. Parecía a punto de explotar, sus facciones se habían crispado, deformándolas de tal manera que tenía un aspecto aterrorizante.
—Eso duele —gimió.
—¿En qué estabas pensando, Edward? —preguntó Esme por tercera vez.
Esme guardó cuidadosamente las gasas que le habían sobrado y cerró la botella de alcohol que había usado.
—Es complicado —repitió Edward.
Esme entornó los ojos.
—Debo comprar cosas para la cena, mantente lejos de problemas, hijo —lo miró con severidad —. Tendremos visitas así que no hagas nada que pueda avergonzarme. Asegúrate de que Emmett tampoco lo haga. Adiós, cariño —besó su mejilla y le sonrió. Subió su mirada y se dirigió a Bella —. No permitas que haga otra tontería de éstas —suplicó antes de besar su mejilla también.
Salió de la habitación con rapidez y escucharon como bajaba las escaleras.
Bella negó con la cabeza.
Él estaba sentado; le abrió los brazos y ella no dudó ni un segundo en aceptarlos. Miraba hacia arriba para enfocar el rostro de Bella, con sus manos en su menuda cintura. Ella envolvió su cara con sus manos acariciando sus mejillas suavemente.
—No tenías que hacer esto —regañó.
—Claro, debía sentarme a ver el espectáculo —gruñó.
—Fue un accidente. No era necesario que te le fueras encima.
—Lo dices como si él no pudiera defenderse —señaló su ceja.
—Le rompiste el tabique —recriminó.
—Ya me disculpé, ¿qué quieres que haga? Fue bastante humillante…
—Edward, estuvo mal —lo miró seriamente y Edward contrario a lo que ella pensaba, empezó a reír —. ¡Y ahora es gracioso! Golpeas a mi mejor amigo sin razón y ahora te ríes —bufó —. Tienes serios problemas de bipolaridad.
—Sé que no es gracioso —soltó una risilla —. Pero, ¡te pareces a mi madre! Me equivoqué, lo aceptó pero ya me disculpé. ¿Me perdonas? —pidió de una forma que Bella tuvo que maldecir por ser pareja del hermano de Alice.
Bella delineó los cortes en los labios de Edward. Le había suplicado a Jacob que se detuviera; ninguno de los dos había salido muy bien parado, aunque Edward asegurara orgullosamente que Jacob había sufrido más. Se inclinó y acarició los labios de Edward con los de ella. Él le correspondió el beso alegre de que ella no estuviera enfadada.
—No me vuelvas a hacer esto —le suplicó, aún con sus ojos cerrados. —Estaba aterrada de que te hiciera daño.
—Lo lamento —contestó apenado. —Prometo que no se repetirá. —Esperó a que abriera sus ojos para declarar: — Te amo.
—Ya lo sé —dijo con presunción dejando que él volviera a besarla. —También yo.
Definitivamente tenía que reconsiderar el hecho de irse de Washington. A pesar de todos los beneficios que pudiera conllevar dicha decisión, nada podría compararse con estar con Edward.
—…entonces Diego dijo que mis ojos eran lindos —canturreó una voz aguda en el piso de abajo.
Se apresuraron a bajar las escaleras. Ella no esperaba esto, en realidad quería hablar con Alice y Jasper sobre lo que había sucedido en verdad; con Rosalie y Emmett sobre las decisiones que debía tomar.
Alice, Jasper y una niña pequeña que Edward no reconoció reían alegremente en el recibidor de la casa. Bella pensó que tendría que esperar a que la niña se fuera para poder hablar. Decidió que, definitivamente, lo mejor era dejarles saber la situación. Pero no en ese momento. La sonrisa que le regaló Bree cuando la vio en las escaleras mejoró su humor notablemente.
—Bella —casi rió. Su voz infantil rebotaba en las paredes como una dulce canción.
—¿Quién es? —susurró Edward.
—Una amiga de Alice —murmuró de vuelta.
—¿De mi hermana?
—Es Alice —explicó. Soltó su mano y fue a abrazar a Bree. Ella no tenía idea de la forma en que Alice había conocido a aquella niña, pero no importaba. Bella creía que era adorable.
—¿No estás asustada? —preguntó Bree, desasiéndose de su abrazo con rapidez. En realidad, Bella sí estaba asustada, pero no de lo que Bree creía —. ¿No temes que te contagie?
—¿Estás enferma? —inquirió, pero no se alejó ni un centímetro.
Bree vaciló. No sabía muy bien cómo mencionar su enfermedad, no la entendía del todo…
—Bree está recuperándose —declaró Alice —. No vas a contagiar a nadie —prometió —. Él es Edward, mi hermano.
Ella lo saludó con la mano tímidamente. Él le devolvió el gesto, acercándose y la alzó en brazos. Era ligera.
—Alice, —susurró Bella —necesito hablar con ustedes.
—Dime.
—No, quiero que Emmett y Rosalie también estén aquí —murmuró seria.
—Bree debe dormir temprano. Rosalie dijo que vendría después, tenía algo que hacer…
—¿Bree dormirá en tu casa?
—Ah, sus padres iban a salir de viaje y decidí salvarla de una horrible niñera —rió —. Adivina quién era. ¡Kate! Me pregunto si es tan neurótica como Tanya…
Edward y Jasper se encontraron muy entretenidos hablando con Bree. Ella era tan inocente y parloteaba sobre el colegio, sus padres y mencionaba más de lo necesario a un chico llamado Diego. Bree sonrió ante la idea de tener amigos nuevos. Parecía no importarles que hubiera pasado los últimos meses en un hospital.
Llegó la hora de la cena y Emmett aún no regresaba a casa; ni siquiera había llamado. Esme se disculpó y se retiró a su habitación y pronto los pequeños ojos azules de Bree comenzaron a cerrarse. Alice se encargó de prepararla para dormir y llevarla hasta su habitación, la cual compartirían aquel día. Podía haberla llevado a alguna otra alcoba, pero le pareció horrible dejar a una niña sola en una casa desconocida.
— ¿Dónde podrá estar Emmett? —preguntaba Bella con preocupación.
Los pasos de Emmett resonaron al entrar, eran más fuertes de lo común.
—¡Emmett! —gritó Rosalie tras él.
—¿Qué? —respondió hostilmente. Su voz profunda se escuchó hasta el último rincón de la casa. Alice temió que Bree hubiera despertado.
—No seas ridículo —gimió —. Sólo estábamos estudiando.
—¿Viste cómo te veía?
—Me veía exactamente igual que todos los demás. Somos compañeros, Emmett. Es nuevo, sólo quería ver mis notas.
—¿Y tú le creíste?
—Emmett no grites, Bree está dormida —susurró Alice.
—¿Quién demonios es Bree? —dijo en voz igualmente alta. Su hermana le fulminó con la mirada.
—Sólo cierra la boca —exigió. Miró a Rosalie y añadió amablemente —: ¿Qué sucede?
—Emmett está celoso de mi compañero de laboratorio —rodó los ojos —. Royce es nuevo y necesitaba mis apuntes.
—¿Por qué tú? —gruñó —. Angela también está en esa clase.
—Fue casualidad, ya te lo dicho. Me vio en la biblioteca y creyó que podría mostrárselos.
—¡Por favor! —se dejó caer en el sofá y se cruzó de brazos. Rosalie suspiró.
—No quiero ver —dramatizó Jasper conociendo las reconciliaciones de su hermana y su amigo.
—Oye, él es mi amigo, se sienta conmigo en clase. Sólo eso —murmuró Rosalie.
—Por tu parte…
—Sí, tal vez sólo por la mía pero ¿de verdad te importa lo que él piensa?
Emmett se relajó apenas un ápice. Sonrió cuando ella dejó un beso en su mejilla.
—Emm, Rose, luego se disculpan, ¿de acuerdo? —suplicó Bella —. Necesitamos hablar.
Se acomodaron en círculo en el suelo. No había necesidad de ello, había suficientes sillones para cada uno, era una costumbre que tenían. Bella inhaló varias veces antes de empezar a relatar exactamente la misma historia que había contado su padre unas horas atrás. Por supuesto, omitió la parte en que Edward golpeaba tan fuerte a Jacob hasta mover su tabique nasal, para evadir las bromas de Emmett.
Alice creyó recordar algo pero no se atrevió a decirlo en voz alta pues era muy borroso.
—Charlie y yo convenceremos a Renée de irnos cuanto antes.
—Bella, no puedes hacer eso —rogó Rosalie.
—¿Qué haríamos sin ti? —concordó Emmett.
—Sin mencionar lo insoportablemente deprimido que estaría Edward —gimió Alice —. ¿Nos vas a condenar a eso?
—Charlie dijo que no había por qué precipitarse.
Edward la rodeó por los hombros.
—Podemos cuidar de nosotros, —dijo Jasper con calma —no te preocupes por nadie, mantente segura a ti misma y todo estará bien. Si crees que irte es la mejor solución, hazlo. Pero hazlo por ti, Bella, no por nosotros. Empieza a pensar en ti, no en Alice ni en Edward. En ti. Estaremos bien.
Un hilillo cristalino recorrió su rostro y recargó su cabeza contra el hombro de Edward.
—Vas a estar bien —animó Emmett —. Me encargaré de ello.
—Tienes que presentarme a la persona que saca de sus casillas a Emmett —rió Alice caminando por los pasillos del instituto —. Será un honor conocerlo.
—Cállate —contestó Rosalie de buen humor—. Ha sido amable, no merece que Emmett sea tan frío.
—¿Cómo se llama? —quiso saber Bella.
—Royce King. Su padre es el dueño de un banco y ha estado viajando mucho a Washington por lo que decidió establecerse aquí, viene de Arizona. Tiene dieciocho y es bastante atractivo.
—¡Y quieres que mi hermano se comporte! Te sabes todo su currículo.
—Aquí viene —dijo Rosalie en voz baja —. Buenos días, Royce.
—Buenos días —sonrió. Alice creyó que su expresión no era sincera.
Era alto, aunque no tanto como sus hermanos. Un metro ochenta, tal vez. Tenía ojos azules, mucho más claros que los de Jasper. Su cabello rubio estaba un tanto desordenado y su piel, aunque era blanca, estaba bronceada.
—Tú eres Alice Cullen—no era una pregunta, la asustó un poco la forma en que la miraba — Y tú Isabella Swan.
Rosalie arrugó el entrecejo, no recordaba haber mencionado el nombre completo de Bella…
—Sí —confirmó Alice mirándolo vacilante —. Mucho gusto.
—Rosalie, tenemos clase —apremió afable —.Hasta luego, Alice, Isabella.
—Bella —corrigió.
El asintió repetidas veces y aun así, se despidió una vez más llamándola Isabella.
—No me agrada —comentó Bella cuando se hubieron sentado en Lengua.
—Ni a mí. Se ve falso. Hay que mantener a Rosalie lejos de él.
—No es para tanto —bufó Bella.
—Eso espero…
Las semanas pasaban rápidamente, las fiestas de fin de año se aproximaban. La nieve, los regalos, el cumpleaños de Rosalie y se aproximaba el de Jasper; las compras para la cena de Día de Gracias y luego la de Navidad, además de los exámenes y tareas, mantuvieron a Bella ocupada dejándola olvidar un momento todo lo que había tenido que asimilar en tan poco tiempo.
Las visitas de Bree se hicieron más frecuentes. Un día de finales de noviembre Alice, Bree y Bella se habían reunido en la casa de ésta última a preparar galletas. Mientras, la madre de Bree y Renée habían entablado una larga conversación.
Tal vez el presagio no era tan oscuro como Bella esperaba.
Enero fue frío, pero tranquilo. Y cuando miraba a la ventana y veías los pequeños copos caer, no podía evitar pensar qué haría lejos de ahí.
Lejos de aquel lugar tan frío y verde.
Tal vez extrañara el calor abrazador de Phoenix; la vegetación desértica. Pero no podría encontrar un lugar tan acogedor, cómodo y hogareño. Tal vez no hubiera nacido ahí; quizá no hubiera vivido ahí sus primeros años. Pero sí había vivido ahí los mejores.
Febrero llegó con unos cuantos rayitos de sol. Aire frío corría por las calles, haciéndote encoger y meter las manos en los bolsillos. Rosalie y Alice conservaban su ánimo y corría de un lugar a otro, de tienda en tienda, buscando algo para el día de San Valentín.
Fue… romántico. Claro, a excepción del enorme regalo que recibió Rosalie por parte de Royce King haciendo a Emmett bufar y guardarse su rabia para otro momento y no arruinar el día.
Bella tuvo que suministrarse medicamentos contra su alergia hacia las flores que recibió anónimamente. Se recordó a sí misma arrojarle algún objeto, el que fuera, contra la cabeza de Tyler Crowley y Eric Yorkie.
Marzo y abril trajeron el sol de primavera. Esme sonreía orgullosa pues su jardín enverdecía más cada día. Pero Mayo no sólo trajo sonrisas y blusas sin mangas, aportó cartas de aceptación y gritos de júbilo para los de último año.
—¡Alice! —gritó Rose bajando apresuradamente de su BMW —. ¡Bella!
Su felicidad era irrompible. Tan palpable que incluso se veía más hermosa. Sus dientes perfectos no se habían ocultado desde aquella mañana en que había abierto el buzón.
—¿Qué sucede con ella? —preguntó una a la otra, impresionadas, incluso asustadas.
—¡Emmett! —rió antes de abrazarlo demasiado efusivamente.
Jasper se acercó con expresión cansina. Al principio había estado tan feliz como su hermana, pero a estas alturas estaba hastiado de tal dicha.
—La aceptaron en la universidad —susurró.
—¿Puedes creerlo? —casi gritó a Emmett. Él le devolvió la sonrisa, formando hoyuelos en sus mejillas, feliz por ella —. ¡Iré a Stanford!
La sonrisa de Emmett se desvaneció pero ella no pareció notarlo. Él fingió ser tan efusivo como ella, pero no lo logró del todo. Rosalie fue la única que no se dio cuenta.
El día pasó tan lento como siempre. Ansiando poder escapar de ahí. Miles de pensamientos pasaron por la mente de Emmett. Había estado tan concentrado en ser aceptado en la universidad que no había pensado en lo difícil que sería estar tan lejos de casa. Tan lejos de Rosalie. No sabía si podría seguir funcionando estando a tantos kilómetros de ella.
A la hora del almuerzo, el ánimo de Rosalie no había disminuido ni una pizca. Edward era el único que no se había enterado aquella mañana de la espléndida noticia. Alice le explicó en voz baja la causa de su excelente humor.
— ¿Stanford? —murmuró inexpresivamente —. ¿California, Rosalie?
—Vaya, Edward, has estado estudiando geografía —rió —. Sí, iré a California en otoño. ¿No es increíble?
—Lo es —coincidió —. Pero no creí que eligieras una tan lejos de Connecticut.
— ¿Por qué iría al otro lado del país?
— ¿Lo dices en serio? —inquirió Alice mirándola seria. Rosalie asintió —. Rose, Emmett ha querido ir a Yale desde… siempre. Ha trabajado todo el año por ello, deberías saberlo. Ayer recibió una carta de Connecticut. Lo aceptaron.
Rosalie se quedó en silencio. Jasper comenzó a hacerle preguntas sobre si estaba segura de querer ir a esa universidad. Se levantó de la mesa. Se cruzó con Emmett, a quien apenas dedicó una mirada. Susurró un «lo lamento» y salió rápidamente. Ella tampoco se había dado cuenta que tendría que separarse de Emmett. Era un hecho que él no elegiría California. Y era lógico que ella ni siquiera intentara enviar una solicitud a Yale. Era imposible que la aceptaran.
Se saltó las últimas dos clases. Hacer novillos de vez en cuando no debería ser tan malo. No podía ir a casa. Era adolescente, no estúpida. ¿Cómo le explicas a tu madre que mágicamente el instituto terminó antes?
Se encontró vagando por las calles de Hoquiam. Su clima oceánico era incluso más deprimente que el de Forks. Avisó a Jasper dónde estaba; su hermano no dijo nada, solo le recomendó que tuviera cuidado.
Sintió que sus pasos eran dobles. No eran solo sus sandalias las que chapaleaban en los charcos. Las calles del centro de Hoquiam eran solitarias aunque modernas. Las construcciones eran más nuevas que las de Forks. Rosalie creyó que aunque hermosa, su propia ciudad le brindaba más seguridad. Se preguntó si era porque las calles le eran desconocidas o porque seguía sintiéndose como si no estuviera sola.
Con precaución, dobló a la izquierda en la siguiente calle. Soltó un juramento cuando se dio cuenta que había dado con un callejón. Se dio la vuelta e intentó seguir su camino. Y entonces supo por qué sentía acechada.
Un hombre estaba de pie detrás de ella, sonriéndole con malicia. Él puso un dedo sobre sus labios, diciéndole, ordenándole, que guardara silencio. Ella contuvo la respiración.
—¿Royce?
Tal vez Hoquiam no había sido tan buena idea…
Nota original,
Hola.
Lo sé, no tengo excusa. Pero espero que les guste. Como ven quise introducir algo de Eclipse. Es solo que fui a ver la pelicula con unos amigos y dijo OH DIOS MIO tengo que introducir esa escena jaja. Lo de Rosalie, el final del capitulo sí es lo que están pensando. No es como si fuera a descrbirlo. No se preocupen, no debería decirlo, se supone que es parte del "suspenso", pero chicas, les recuerdo algo: esto es K. Nada de violencia o escenas fuertes. No serán descritas porque no pasarán.
Charlie ha decidido contarle la verdad a Bella. ¿Qué tal? Eso era lo que escondía. Lo sé, soy mala por separar a Emmett y Rosalie pero sería demasiado cliché que fueran tooodoos a la misma universidad. Como dato informativo (?) Yale es una de las mejores universidades de Estados Unidos, igual que Stanford. Rose estudiará Derecho y Emmett será arquitecto :D.
Bueno, mis hermosas lectoras, en este capitulo hay dos cosas importatísimas que resaltar.
Uno:
SOBREPASAMOS LOS MIL REVIEWS.
Y dos:
CUMPLIMOS UN AÑOO! SIP, HOY, 23 DE JULIO SE CUMPLE UN AÑO DESDE QUE SUBÍ EL PRIMER CAPITULO. GRACIAS POR EL MEJOR AÑO QUE HAYA PODIDO PASAR.
Bueno, chicas, espero sus reviews.
Las amo
Liz
Editado. 23.07.11 (irónicamente, exactamente un año después...)
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