¡Hola a todos! ¡REGRESÉ! Sí, estoy de vuelta, tuve algunos líos académicos, teníamos que hacer una investigación en una escuela y estuvimos como locos haciendo observaciones, entrevistas, recolectando información; después una de las integrantes se fue del grupo y quedamos dos trabajando a doble turno... unas semanas de locos.

Por si fuera poco, la semana pasada me robaron el teléfono y el monedero con el equivalente a unos 14 dólares, un pequeña fortuna para una estudiante; eso me mantuvo bastante preocupada y distraída. ¿Saben qué? El Fan Fiction debe tener un dios aparte que lo protege, porque el pen drive en el que tengo almacenados todos los fics, este capítulo, el siguiente, los lineamientos generales del final de esta historia y fragmentos de la siguiente, estaba en el bolsillo lateral del bolso, y no le pasó nada...

Como sea, los dejo con un nuevo capítulo. Los personajes no me pertenecen, escribo sin fines de lucro, sus comentarios son mi sueldo, y estoy ansiosa por oír sus opiniones sobre lo que cuenta Jackson...

¡Gracias por leer!

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Forks, Estado de Washington. Sábado 08 de junio de 2006, por la mañana. Afueras de la casa de los Stanley

(donde Bella Swan acaba de reencontrarse con el largamente perdido, muy llorado y por fin reencontrado Sean Jackson, además de alguien que se hace llamar Michael Bow pero se parece demasiado a Milton Briscioli y probablemente sea el asesino de Mike Newton).

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Me ocupé de llevar a Jessica de vuelta adentro de su casa por la ventana, mientras Charlie, Emmett, Edward y Jackson se ocupaban del individuo que había intentado matar a Jessica, quien, dicho sea de paso, estaba espantada.

Eso de ser despertada un sábado temprano por la mañana, justo el día que ella había pretendido dormir hasta el mediodía, con un desconocido en su habitación, más teniendo en cuenta que este desconocido estaba intentando ahorcarla, le había afectado seriamente los nervios. Supongo que en cierta medida, ni siquiera puedo culparla.

—Me desperté y lo tenía frente a mí. ¡En mi habitación! –farfulló Jessica, los ojos enormes y un poco desorbitados—. Me tapó la boca con la mano y me sujetó las muñecas; ya había atado una soga a una de las vigas y estaba a punto de colgarme… —se estremeció visiblemente, señalando la soga, que todavía estaba colgada, bamboleándose ligeramente—. De golpe, apareció el pordiosero, y le pegó un puñetazo al alto, el que pretendía matarme. Pero no parecía que le hubiese hecho gran cosa, en todo caso, sólo logró enojarlo más. El alto me soltó y atacó al mendigo… yo estaba como paralizada, no podía ni gritar, y justo cuando creí que iba a matarlo al vagabundo, entró Emmett Cullen de un salto y lo agarró al alto, el que quería matarnos, y lo redujo como si tal cosa… Cullen miró todo con atención, entonces sacó el teléfono, ¡y te llamó!

—Eh, sí –tuve que pensar a toda prisa en algo que justificara por qué Emmet me había llamado. Acabé haciendo una mezcla de medias verdades y omisiones que sonaba bastante creíble—. Charlie estaba preocupado, creía que alguien podría atacarte después de lo que contaste sobre la muerte de Mike en televisión, y yo sugerí que podríamos pedirle a Emmett que venga a vigilar. Como yo hablé con Emmett, él me llamó a mí.

Si haber estado a punto de perder la vida había alterado los nervios de Jessica, saber que esto se debía a su testimonio televisivo pareció reconfortarla. Aparentemente creía que ser ahorcada después de salir en la tele tenía más glamour que ser asesinada a secas.

La convencí con algo de esfuerzo que no le dijera, escribiera, dibujara, mencionara ni comunicara de forma alguna nada a nadie, ya que eso haría que se corriera la voz y le impediría a la policía atrapar a los cómplices del que había intentado matarla. También descolgué la soga y me la llevé como "evidencia".

Yo estaba segura que el hombre al que estaban revisando fuera del dormitorio de Jessica era una de las muchas piezas del rompecabezas. Autumn Monterro era otra, y había otras que todavía nos faltaban, como el (o la, era posible que fuese una mujer) creador (o creadora) de 'Bryan'. Había otras piezas que yo no sabía muy bien dónde encajaban, como la muerte de Mike y las fotos, pero todo se resolvería… o eso esperaba yo.

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Emmett llamó a Alice (sospecho que lo hizo para guardar las apariencias) y le pidió que pasara a buscarnos, una vez que Charlie llamó a sus ayudantes y ellos se encargaron del detenido.

Media hora más tarde, el hombre que todos sabíamos que era Milton Briscioli, dijeran lo que dijesen sus documentos, estaba en la parte posterior del móvil patrulla, esposado de pies y manos, y camino a Port Angels. Charlie conducía, y Mark y Gus, sus dos ayudantes de más confianza, iban con él.

Las cosas no pintaban nada bien para Briscioli. En cuanto se confirmara su identidad, quedaría formalmente acusado del asesinato de Mike, y mientras tanto, tenía que cargar con las acusaciones de irrupción en la propiedad privada, agresiones contra el agente del orden Sean Jackson, e intento de asesinato por ahorcamiento de Jessica Stanley. Se le había advertido que tenía derecho a permanecer en silencio hasta que hubiese visto un abogado, y él sólo había asentido quedamente. Parecía conocer el procedimiento bastante bien.

Antes de meterlo en el móvil patrulla, Charlie y Jackson revisaron a Briscioli de pies a cabeza, calzoncillos incluidos, mientras Emmett lo sujetaba. Le secuestraron un pañuelo de tela, veinte dólares, otros dos dólares en monedas, un ticket de compra de una estación de servicio, y un mapa topográfico del Estado de Washington.

Todo eso era bastante poco comprometedor, pero es que además habían encontrado que llevaba dos pistolas cargadas, un papel doblado que escondía cocaína, una navaja manchada con restos de sangre (faltaba comprobar si era humana), y una pastilla de cianuro que encontraron gracias al aviso de Edward. Briscioli parecía no querer que lo atraparan vivo.

Con todos estos nuevos elementos, a la acusación de asesinato se añadió la de portación ilegítima de armas y contrabando de estupefacientes. Aunque su expresión era pétrea mientras el móvil patrulla partía, estuve bastante segura que Briscioli debía estar preocupado.

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Alice nos llevó a casa. Jackson necesitaba una ducha y un buen plato de comida caliente, y yo tenía intención de darle ambos antes de interrogarlo a gusto. Emmett y Alice regresaron a su casa, y Edward se bajó con Jackson y conmigo cuando llegamos a la mía.

Aunque tanto Edward como Emmett y Alice se habían comportado muy respetuosos para con Jackson, no me pasó desapercibido (y estoy segura que a él tampoco) que los tres reaccionaron con sorpresa y algo de incredulidad al saber quién era él. Supongo que no puedo culparlos: después de todo lo que yo les había contado sobre Jackson, debían estar esperando a una especie de Tarzán-Rambo-Schwarzeneger alto, musculoso y letal. Mi mentor no correspondía precisamente a esa descripción: no era muy alto, apenas mediría 1,65 metros, lo que lo hacía más bajo que cualquiera de los Cullen (excepto Alice, claro, pero vamos, ¿qué adulto no es más alto que Alice?).

Tampoco había unos bíceps impresionantes ni unos abdominales tan marcados como para usarlos de tabla de lavar ropa; al contrario, Jackson siempre había sido flacucho y enjuto. Faltaban también el pelo ondulado en elegante desorden y la sonrisa de dientes blancos. Jackson tenía el pelo gris desde que lo conocí, aunque debía tener cuarenta y cinco años como máximo en este momento, y sus dientes, aunque limpios y de tamaño normal, distaban de ser aptos para el rodaje de una publicidad de dentífrico.

Lo único que hubiese encajado en la figura del súper agente eran los ojos. Los de Jackson eran de un azul verdoso con matices de gris, un color difícil de precisar, y parecían estar siempre alertas y atentos a su alrededor. Nada parecía escapárseles, al punto que había veces que yo no podía evitar la sensación que Jackson tenía ojos en la nuca y a los costados de la cabeza, de manera que tenía cubierta una visión de 360°.

Miré por el rabillo del ojo a Edward cuando caminábamos hacia la puerta de casa él, Jackson y yo. Me moría de ganas de preguntarle por lo que oía en la mente de mi ex jefe, pero eso tendría que esperar.

Caddy nos recibió en la puerta de entrada, y se le notaba en la cara que estaba a punto de empezar a ladrarme por salir corriendo sin ella cuando se suponía, ahora más que nunca, tras la emisión del informe televisivo, que teníamos que mantener la coartada. Pero Phillips estaba junto a ella, y la cortó antes que pudiese siquiera abrir la boca en cuanto vio a quién traíamos con nosotros Edward y yo.

—¡Jackson! –había tanta incredulidad como alegría en su voz—. ¡Qué bueno volver a verte! –exclamó, estrechándole la mano, y tras dudarlo un segundo, lo abrazó brevemente. La cara de sorpresa de Jackson no tenía precio.

—Temimos haberte perdido –explicó Phillips, sonriente.

—Bah, hace falta más que un entrenado asesino a sueldo para sacarme de en medio –musitó Jackson, un poco incómodo, pero ya con rastros de su sarcasmo habitual.

—Vamos todos adentro –indiqué—. Creo que todos vamos a estar interesados en la explicación de cómo acabaste en el dormitorio de una de mis compañeras de clase, intentando evitar su asesinato.

Entramos a la casa en un confuso tropel. Jackson en ese momento sólo quería una ducha, una muda de ropa limpia y una máquina de afeitar, y pude proporcionarle todo eso con sumo gusto. Cuando él salió del baño tres cuartos de hora más tarde estaba limpio, afeitado y vestido con ropa de Charlie que le iba demasiado ancha pero era mucho mejor que las andrajosas prendas que había estado usando hasta entonces; ya casi volvía a ser él mismo por completo. Mientras tanto yo había preparado, con ayuda de Edward, una pequeña montaña de comida. Había bife a la plancha, pescado al horno y dos tipos de ensalada.

Jackson se esforzó conscientemente en su devorar la comida, pese a que sin duda tenía mucha hambre. Aún así, se comió hasta la última migaja y muy rápido, más que de costumbre. Lo dejé comer tranquilo, pero ardiendo en ganas de interrogarlo. Mientras acababa su segunda porción, empecé a buscar el modo de despejar el lugar, para poder hablar libremente.

Caddy fue quien tuvo la buena idea de dejarnos a Jackson y a mí a solas.

—Edward, ¿crees que podrías llevarnos a Jason y a mí a tu casa, a ver esas fotos que el hacker acaba de recuperar? –sugirió Caddy en un tono excesivamente casual.

—¿Qué? ¿Ahora tenemos que ir? –protestó Jason Phillips.

—Sí, ahora –insistió Caddy, dándole una no muy casual patada por debajo de la mesa.

—Claro, vamos –aceptó Edward de inmediato, poniéndose de pie—. Creo que el agente Phillips no conoce a Alexander y Sheila personalmente todavía, ¿no?

—No, no los conoce –respondió Caddy velozmente, casi arrastrando a Phillips al salir, cosa no imposible considerando que ella tenía una vez y media el ancho de él, y era una cabeza más alta—. ¡Qué gran oportunidad para hacer presentaciones!

Una vez que la puerta se cerró tras ellos, Jackson clavó sus ojos de color azul verdoso en los míos. Pese a su compuesto exterior, en sus ojos se notaba que bullían mil emociones dentro de él.

—¿Stradivarius y Cotton están aquí? –preguntó, no del todo sorprendido.

—Y Fred, también –asentí—. Tuvieron problemas en Phoenix, y… digamos que les ofrecí asilo.

—En casa de los Cullen –señaló Jackson—. ¿Ellos están al tanto de todo?

—La historia completa, desde lo que pasó con Leyla hasta el aborto de la misión –admití.

—Hhmm… ¿cómo se lo tomaron? –quiso saber, calculador.

—Nadie intentó matarme –respondí con un encogimiento de hombros—. Realmente bien. Ahora, dime, ¿por qué Charlie se puso como loco en cuanto pronuncié el nombre de Kadyn Brown?

—Ésa era su identidad encubierta cuando él era espía doble –explicó Jackson, con una especie de sonrisa—. Adiviné que el mejor modo de enviarle un mensaje en clave a Charles era usando su viejo nombre de guerra. En realidad, había varios informantes, y todos respondían al nombre Kadyn Brown, pero sin dudas él lo recordaría perfectamente y vendría corriendo al escuchar el nombre.

—Eso hizo. Nunca lo vi infringir normas de tránsito, excepto cuando iba en busca de Kadyn Brown –asentí—. Perseguías a Milton Briscioli disfrazado de mendigo, ¿ésa era tu misión encubierta?

—Milton Briscioli, así es como se llama… —Jackson asintió, pensativo—. Perseguía a alguien que se hacía llamar Michael Bow, aunque era poco probable que ese fuese su nombre real. Mi misión era detenerlo antes de que matara a nadie. ¿De dónde lo conoces?

Le expliqué sobre el rastreo en Internet, la imagen generada en computadora, los programas de Alex y el identikit. Como me había olvidado de explicarle sobre la muerte de Mike y cómo había llegado a dibujarse el identikit en primer lugar, tuve que empezar de nuevo casi desde el inicio, de manera más ordenada. Jackson me escuchó con toda atención, haciendo preguntas de vez en cuando para aclarar alguna cuestión puntual.

—Swan, ¿te das cuenta de algo? –me preguntó cuando acabé, impresionado.

—Me doy cuenta de unas cuantas cosas, ¿cuál de todas? –quise saber.

—Actuaste como un sabueso, y más todavía, como un líder. Pusiste a tu equipo a salvo, los protegiste, y seguiste investigando. De no ser por tu ayuda, Samstag hubiese sido envenenado, Stradivarius aún estaría encarcelado o quizás ya hubiese sufrido algún 'accidente' dentro de la cárcel, y Cotton ésta vez sí hubiese sido atropellada. Te adelantaste a lo que podría pasar y mandaste a Cullen a vigilar la casa de esta chica Stanley, con lo que no sólo le salvaste la vida a ella sino que además capturaste al probable asesino de Newton –hizo una pausa, su mirada era especuladora—. Tienes a todos enroscados alrededor de tu meñique. Stadivarius, Cotton y Samstag te deben la vida. Cuando les dices "¡salten!", los Cullen preguntan "¿cómo de alto?". Phillips y Frazer también hacen lo que les digas, e incluso sin que se los digas, como recién cuando Frazer se llevó a los otros dos para dejarnos hablar…

—No es para tanto –intenté minimizar, incómoda.

—Sí que lo es –me contradijo Jackson, con una sonrisa calculadora—. Te hacen caso y te siguen, no por miedo o interés económico, sino porque te ganaste el respeto de todos ellos. Emmett Cullen no llamó ni a su líder ni a tu padre. Te llamó, y no le dio la noticia a nadie más, sino a la 'generala Bella Swan'.

—Emmett es un bromista –mascullé.

—No necesitas admitirlo, pero es la verdad –insistió Jackson—. Ahora, de regreso al trabajo de campo, ¿qué tenemos y qué nos falta?

—Tenemos al jefe Jackson, con un aspecto como si la muerte lo hubiese masticado y escupido de vuelta al mundo de los vivos –dije velozmente—. Nos falta que él diga dónde estuvo, con quién y por qué.

Jackson estuvo lívido un instante, claramente desacostumbrado a que se desafiara su autoridad. Entonces, de pronto, sonrió una gran sonrisa maliciosa.

—¿Ves, Swan? –me preguntó con una mueca satisfecha—. Estás hecha para mandar. Eres la líder del caso. Estás moviendo todos los hilos, diciéndole a cada cual qué hacer. Eres la maestra titiritera.

En mi interior se enfrentaron la negación y la rebeldía. Por una parte, yo no tenía intenciones de ser una despótica mandona, y por otra, ardía en ganas de mandarlo a callarse. Pero discutir con él no me llevaría a nada, y mandarlo a callarse sólo sería darle la razón sobre mi vocación de mando. En lugar de caer en su jueguito, preferí volver al meollo del asunto.

—¿Vas a decirme de qué se trató tu misión encubierta o tengo que adivinarlo? –le gruñí.

—Intenta adivinar –invitó él, echándose hacia atrás en la silla—. Tienes suficientes datos.

—Hum… intentaste averiguar por qué había sido abortada la investigación, y aunque no recibiste ninguna respuesta concreta ni satisfactoria, sí obtuviste un "castigo" –marqué las comillas con los dedos, y él asintió con un suspiro resignado—. Te asignaron a montones de casos aburridos o de principiantes. Estabas bastante deprimido por eso. La última vez que te hablé al respecto estabas por pedir el retiro voluntario, ibas a dedicarte a la cría de abejas –le recordé.

—La apicultura es un trabajo digno y honrado –protestó Jackson, cruzándose de brazos. Parecía avergonzado de que yo recordara esa fase depresiva suya.

—No dije que no lo fuese, sólo que estabas considerándolo como alternativa laboral –no pude evitar subrayarle. Él se encogió de hombros como si no le importara—. Entonces, cuando intenté volver a llamarte, todo lo que encontré fue un mensaje en tu contestador, diciendo que estabas en una misión encubierta y que dejara un mensaje, que me llamarías cuando regresaras si todavía tenía importancia entonces. Phillips intentó tocar un par de contactos, pero nadie parecía saber a dónde habías ido ni para qué.

—No me sorprende –musitó Jackson, tironeando ausentemente del pelo demasiado largo que le caía en los ojos—. Mis superiores pusieron muchísimo énfasis en que la misión era del más alto secreto, y mi oportunidad de regresar a mis trabajos habituales si lo hacía bien. Me pusieron sobre la pista de este hombre, Michael Bow, y me asignaron como misión seguirlo hasta el fin del mundo de ser necesario. Tenía que detenerlo antes que matara a nadie. Aunque por las miradas que me dirigían algunos de los que estaban en la oficina después de que yo aceptara el trabajo, cualquiera diría que me acaban de mandar hacia mi muerte.

—¿Es que no te das cuenta? ¡Eso exactamente es lo que intentaban! Intentaron sacar de en medio a todo el equipo. Envenenaron a Fred, mandaron a atropellar a Sheila, hicieron encarcelar a Alex, se ocuparon de asignarte a una misión que debía costarte la vida y a mí intentaron cargarme un muerto, en el sentido más literal –exclamé—. Fallaron, pero por poco. No consiguieron matar a Fred, lo sacamos antes de ahí; no atropellaron a Sheila sino a su hermana por pura casualidad; conseguimos el dinero para la fianza de Alex haciendo un poco de trampa; y fue gracias a que Jessica Stanley es una bocazas que yo estoy libre. Ahora Emmett estaba en el lugar correcto a la hora correcta para impedir que Briscioli te matara, y también a Jessica. Quienes sea que están detrás de esto, no deben estar nada contentos. Pese a sus esfuerzos, todos estamos vivos.

—Hablas como si fuese un grupo –señaló Jackson, ceñudo.

—Estoy convencida de que es un grupo –insistí—. Briscioli es la mano ejecutora; Monterro, la encargada de eliminar las evidencias virtuales. Yo no descartaría a Briscioli como el conductor que embistió a Marlene Cotton: simple economía de personal. Nos falta atrapar a quien envenenó a Fred, yo sospecho de un médico o una enfermera. Y lo más importante: nos falta descubrir al líder del grupo, y por qué lo hizo.

—Parece evidente que buscaba evitar que el informe se difundiera –observó Jackson—, y que no le importaba lo que costara detenerlo. Considerando que realizamos esta investigación para el FBI, y que fue uno de mis superiores quien me envió a lo que pretendía ser una misión suicida, no parece muy complicado adivinar que fue alguien del FBI quien orquestó la muerte del equipo en una serie de "accidentes".

—Esto me huele a la mafia –opiné, frunciendo la nariz—. Todo esto de "que parezca un accidente"…

—La mafia no tiene razones para querer eliminar el informe –me hizo ver Jackson—. Los blancos de los 'accidentes' son muy específicos: es toda gente que estuvo relacionada con la investigación sobre los Cullen.

—Sé que no es la mafia, aunque fue planificado por alguien que piensa como ella –murmuré—. Y antes que digas nada: no, no fueron los Cullen. Charlie ya los descartó.

Ante la expresión algo escéptica de Jackson, le expliqué en detalle cómo la diferencia horaria dejaba libre de sospecha a los Cullen. Aunque algo reluctante, él tuvo que admitir que podíamos descartarlos.

—No fue la mafia, no fueron los Cullen… posiblemente fue el FBI –resumió Jackson.

—Lo del FBI no me convence –dije lentamente, no muy segura de cómo exponer mis sospechas—. El FBI eliminó el informe, de acuerdo. Pero entonces, ¿por qué nunca hubo sanciones legales para nosotros dos? Para mí, por escribir un informe ridículo…

—…y para mí, por impulsar una investigación sin sentido, porque que los Cullen no evadían impuestos quedó en claro muy pronto, y sin embargo, yo insistí en investigarlos –admitió Jackson—. Legalmente, lo más lógico hubiese sido acusarnos de malversación de fondos públicos y falta a los deberes de funcionario del orden público. Pero eso llamaría la atención sobre nosotros, y le mostraría a los ojos del mundo que el FBI entrenó y le dio un arma a una chica menor de edad, entre otras cosas. Conviene más que desaparezcamos sin que el FBI tenga nada que ver… oficialmente.

—Decir que se mandó un equipo a investigar las cuentas de una familia sospechada de evadir impuestos y este equipo salió diciendo que son vampiros también llama la atención sobre los Cullen –concedí, estrujándome la cabeza—. Alguien está guardando celosamente el secreto de los Cullen, a costa de desaparecer todo el equipo si hiciera falta. Alguien que lo sabe y no le importa llevarse a medio mundo por delante con tal que no se sepa lo que ellos son.

Jackson me miró intensamente, de un modo extrañamente impersonal, pero a la vez, como si estuviese intentando ver a través de mí. Se parecía al modo en que Edward me miraba cuando intentaba, infructuosamente, leer mi mente.

—Lo que ellos son… —musitó Jackson—. Cuando leí tu informe por primera vez, creí que estabas con un pico de estrés, o que alguien te había secuestrado y estaba usando el sistema en tu lugar, o que intentabas darnos un mensaje codificado a través de ese informe…

Me quedé muy quieta y en silencio. Una cosa era marear a Sheila con una escena de familia típica americana, pero se necesitaba mucho más que eso para despistar a Jackson.

—Cuando llegué hacia el final de tu informe, me encontré con algo que casi me da un paro cardíaco. Mencionabas la existencia de una familia en Alaska que comparte los… hábitos alimenticios de los Cullen, y que los tres 'hermanas' suelen buscar la compañía de hombres humanos –rememoró él.

Yo asentí, preguntándome qué tenía de impactante eso en particular para Jackson. Tanya, Kate e Irina no asesinaban a sus amantes y por lo que yo sabía, ni siquiera los herían. A menos que…

—Cuando Eve, mi hija, tuvo el accidente en la pista de esquí que estuvo a punto de costarle la vida, nos vimos obligados a pasar algunas semanas en Alaska hasta que ella estuvo lo suficientemente recuperada como para viajar. En ese tiempo, yo… conocí a una mujer que encaja demasiado bien en la descripción de las hermanas –reconoció Jackson, con el rostro pétreo.

A mí me dio el más inoportuno ataque de risa, y traté de sofocarlo lo mejor posible. ¡Jackson, el severo y astuto sabueso, había caído presa de los encantos de una de las primas de Edward! Vivir para ver, ver para creer…

—Era, ciertamente, una mujer bellísima, con largos tirabuzones de un rubio rojizo y unos impactantes ojos dorados –describió Jackson, todavía un poco intimidado ante el recuerdo—. Era muy pálida, y recuerdo que me sorprendió que siendo pelirroja no tuviese pecas. Tenía la piel muy fría, y demasiado dura… pero de algún modo, cuando ella me sonreía, eso no podía importarme menos. Había algo… algo como hipnotizante en su mirada.

Pobre Jackson… si esa vampiresa había ejercido sobre él un deslumbramiento similar al que Edward solía tener sobre mí, no me sorprendía que no hubiese podido resistirse. Por otro lado, no daba la impresión que ella lo hubiese forzado a hacer nada… sólo que él cedió cuando normalmente no lo hubiese hecho.

—Al principio, creí que ella estaba tomándome el pelo cuando se fijó en mí de entre todos los hombres presentes en ese bar –mencionó Jackson, sumergido en el recuerdo—. Después, temí que fuese alguien que estuviese buscando meterme en líos, poner un paquete de droga entre mis pertenencias o algo parecido… no te sorprendas tanto, ya ha pasado, pero yo no tenía intenciones de que me sucediera a mí –me informó, ceñudo, al verme enarcar las cejas—. Pero yo… yo estaba tan agotado, después de todo lo que había pasado con Eve, y por una noche simplemente quise dejar de ser fuerte, serio y estar alerta. Me dejé llevar, no pensé, sólo… me dejé llevar.

»Me hubiese merecido amanecer en el fondo del río, con la garganta rebanada y un peso atado a los pies –masculló Jackson, avergonzado—. Mi comportamiento fue imperdonable para un agente del FBI con entrenamiento y experiencia. Pero todo lo que pasó fue que desperté en una habitación de hotel a la mañana siguiente, solo, sin que me faltara un documento ni un centavo, y con todos mis órganos en su sitio. Por si fuese poco, cuando bajé, me dijeron que la habitación ya estaba pagada, al igual que un desayuno continental que estaba esperándome. Mi "acompañante" se había ocupado de todo. Jamás la volví a ver, y lo más humillante es que ni siquiera sé su nombre.

»Lo que había pasado no terminaba de tener sentido –Jackson sacudió la cabeza, incrédulo—. Me realicé todos los estudios de enfermedades de transmisión sexual posibles, y los repetí seis meses más tarde sólo para estar seguro. Estaba limpio. No tenía gonorrea, SIDA, hepatitis, hongos, herpes ni nada. Con lo humillante que era lo que había pasado, preferí olvidarme del asunto y centrar mis esfuerzos en investigar a Carlisle Cullen… sin caer en la cuenta hasta que leí tu informe que él y mi misteriosa acompañante se consideraban "familia".

Tuve el más inoportuno ataque de risa en ese momento, y pese a que intenté contenerme, reí como una histérica durante varios minutos.

¡Era demasiado! Jackson era alguien que jamás echaba una cana al aire, y en la única ocasión en que se permitía sentir primero y reflexionar después, acababa nada menos que con una vampiresa… ¡y por si fuera poco, con una vampiresa que estaba por convertirse en mi familia política! ¿Cuánto más retorcido podía volverse esto?

Jackson estaba esperando con cara de rencor y un poco de vergüenza a que yo dejara de reír, con los brazos cruzados sobre el pecho y muy tieso en su silla. Me compuse lo antes posible, pero no pude evitar una sonrisa burlona en su dirección.

—¿Podemos volver a lo importante? –preguntó Jackson, ofuscado.

—¿Más importante que tu romance con una mujer de unos mil años de edad? –le pregunté, sonriente.

—Swan, por lo que más quieras… —medio amenazó y medio rogó Jackson. Casi me dio lástima. Casi.

—Está bien, está bien –concedí, levantando las manos en gesto apaciguador—. Volvamos al caso. Nosotros dos, y Charlie, sabemos que los Cullen son lo que son, y es importante que siga así –le advertí—. Sheila sospecha, pero están consiguiendo confundirla. Alex no le dedica demasiados pensamientos al tema, y Fred pasa más tiempo dormido que despierto. Es fundamental que el secreto siga siendo secreto —advertí.

Jackson asintió, pensativo.

—Sí, estoy de acuerdo. Creer que tu informe sobre los Cullen es un invento podría convertirse en un atenuante capaz de salvarles la vida a Cotton, Samstag y Stradivarius.

—Eso espero. Establecido esto, volvamos a quién puede estar protegiendo de un modo tan celoso el Secreto –indiqué—. Todo indica que es alguien del mismo FBI… ¿cuánto conoces de los estratos superiores, de los jefes máximos? ¿Hay entre ellos alguien capaz de algo como esto?

—Alguien capaz de esto, seguro que hay, si no por medio del FBI, entonces de forma particular –confirmó Jackson, pensativo—. Es sólo que no sé quién es. Los jefes más altos se cuidan muy bien de darse a conocer.

—Tenemos a quienes nos pueden guiar hacia él –exclamé, un poco irritada de que Jackson no lo hubiese pensado ya—. Monterro, y ahora Briscioli.

—¿Qué te hace pensar que Briscioli conoce a quien le encargó el trabajo? –preguntó Jackson en tono de amable interés.

—Briscioli quizás no conoce a quien le encargó el trabajo —admití de mala gana—, pero sí a un subordinado, y nos llevará hacia el subordinado. Tomará más tiempo, pero vamos a llegar a la punta del ovillo.

—¿Y por qué estás tan segura que ese subordinado va a hablar o que él conoce al autor intelectual? Aún si así fuese, va a costarnos un tiempo llegar hasta él y hacerlo hablar, y en ese tiempo su superior puede desaparecer de tal manera que nunca lo encontremos –siguió Jackson en su tono perfectamente afable y cortés.

—Escúchame muy bien, porque voy a decir esto sólo una vez –le advertí en voz baja y clara, inclinándome hacia él—. Hace un rato me llamaste la maestra titiritera, ¿verdad? Muy bien. Te recuerdo que tengo a un gran equipo trabajando para mí. Tengo un hacker, una recopiladora de información, un pinchador de teléfonos, dos agentes especiales del FBI especializados en la protección de testigos en peligro, un sabueso, y al jefe de policía de la ciudad, en un puño.

»Por si fuera poco, también tengo un telépata, una psíquica capaz de ver el futuro, un empático, un médico con doscientos años de experiencia, una dulce madre, una reina de belleza y una mole de músculos, todos ellos superveloces, con sentidos extremadamente agudos y físicamente indestructibles, que harán lo que yo les diga sin cuestionarme mucho –lo miré con dureza antes de formular mi pregunta retórica—. ¿Te queda alguna duda sobre si será posible resolver el caso?

—He creado un monstruo –murmuró Jackson con una enorme sonrisa orgullosa.

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Je, je, je… ¡Generala Bella Swan al pie del cañón!

Creo que este capítulo resuelve unas cuantas dudas sobre Kadyn Brown y cómo es que Jackson llegó a Forks. En el siguiente volvemos a encontrarnos con el Bigotudo, el Jefe y Sullivan...

Comentarios, sugerencias, observaciones, preguntas, correcciones, críticas constructivas y aportes de todo tipo son bienvenidos, y ya saben dónde dejarlos. Además, desde luego, que excepto expresa negativa, quien deje un comentario recibirá un avance del capítulo siguiente.

¡Gracias por leer!