15 de febrero
Una de las primeras sensaciones que sintió Ginny al despertarse al día siguiente de San Valentín, era el dolor que irradiaba desde la parte trasera de su cabeza. Justo en la zona donde se golpeó al caer desmayada.
Pero no sirvió para que su energía disminuyera lo más mínimo. Al contrario, la impulsó a vestirse mucho más deprisa de lo usual y, por eso mismo, fue de las primeras y únicas personas que llegaron al Vestíbulo a esa hora tan temprana.
—Buenos días, señorita, hoy se ha despertado muy temprano, ni siquiera los profesores han ocupado su puesto para desayunar.
Ginny giró el cuello antes de abrir el portón de madera que estaba ajustado, encontrándose con el fantasma de su Casa, Nick Casi Decapitado, traspasando el techo y flotando hacia ella.
—Ah, ¡sir Nicholas! Me alegro de encontrar a alguien, ehm, bueno, aunque no sé si usted pasaría por alguien —soltó una risa nerviosa al percatarse de que su broma no había sido captada por el fantasma—. ¿Podría hacer el favor de avisar a Dobby? Es... es bastante urgente.
—¿Cómo rechazar el favor de una alumna de mi Casa que me ha llamado por mi verdadero nombre? —se colocó la cabeza por quinta vez desde que llegó—. Ningún problema, señorita, las cocinas eran el lugar de mi destino desde un principio.
—¡Muchas gracias!
En cuanto el fantasma se fundió con el portón de madera, Ginny se sentó en las escaleras para esperar. Espera que no duró ni treinta segundos cuando un simpático elfo con las orejas cubiertas de calcetines apareció saludando alegremente.
—¿Eso que utilizas como bufanda son...?
—Oh, sí, sí, señorita Weasley, son las medias tan coloridas de la señorita Lovegood —se peleó durante unos segundos para quitarse del cuello y extender como pudo unas medias gruesas que imitaban los colores del arco iris—. ¿Le gustan? ¿A la señorita le gustan las medias?
Ante la cara de expectación y orgullo del elfo, Ginny no tuvo ni que fingir su sonrisa.
—Claro que sí, son muy bonitas, Dobby.
—¡Sí! —y volvió a enroscarse la interminable prenda alrededor de su cuello fino.
—Uhmm... —carraspeó, dudando en si hablar mientras el elfo intentaba desliar la mano que se le había quedado atrapada en un nudo—, te he llamado para que me hicieras un favor...
—Sí, sí, Dobby le hará un favor a la señorita Weasley, con mucho placer, señorita, con mucho placer.
La Gryffindor rió entre dientes.
—Eres magnífico, Dobby, de verdad —una vez más, rió al ver cómo el elfo se colocaba en la oreja uno de los calcetines que se habían caído durante el esfuerzo—. Necesito que...uff —dio una bocanada de aire para conseguir valor—... necesito que vayas a los dormitorios de Slytherin para decirle a Daphne Greengrass que venga aquí.
—¿Daphne Greengrass? —necesitó unas décimas de segundo para visualizar a la bruja—. Oh, perfecto.
—¡Espera!
Agarró a tiempo la pequeña mano del elfo que iba a chasquear los dedos para desaparecer.
—Dile que se abrigue bien, que saldremos del castillo.
—Muy bien, señorita, ¡adiós!
-0-
La nieve iba crujiendo bajo las suelas de ambas jóvenes, quienes iban tapadas hasta la cabeza para que el frío matutino no fuera tan molesto. Con un gesto de mano, Ginny señaló el embarcadero que podían ver a lo lejos, cerca del ascenso lento del sol, y no le dio ni tiempo a Daphne para que dijera nada, puesto que la Slytherin estaba a varios metros atrás de distancia por no poder seguir el ritmo.
—No quiero intervenir en tus planes —dijo Daphne, dejando un rastro de vaho. Ya le dolían las piernas por intentar seguir el paso tan apresurado de Ginny—, pero podríamos haber ido a un sitio menos lejano. O también podrías caminar más lento, que yo no estoy tan preparada físicamente como tú y mis piernas ya no responden a mis movimientos.
—Pues bien que la boca la mueves que da gusto —gruñó Weasley, sin girar la cara.
Hubo un momento de silencio, y de repente Ginny volteó sobre sus talones.
—¡No pienses mal!
Daphne arqueó las cejas, respirando con dificultad al no poder tragar el aire frío. Tardó un segundo en entender qué era lo que había pensado la Gryffindor.
—No hace falta, ya lo haces tú por mí —replicó la Slytherin, sonriendo.
Ginny infló sus mofletes ruborizados y, después de soltar un "Bah, idiota", continuó caminando a más velocidad que antes.
Poco más tardaron en llegar y acobijarse bajo el gran embarcadero hecho de madera.
—¿Vas a decirme algo o...? —inició Daphne cuando notó que Ginny se había quedado en el centro del lugar mientras observaba las pequeñas olas que creaba el lago al entrar donde estaban.
La penetrante mirada que le regaló la menor, fue más que suficiente para hacer el gesto de cerrar la boca con una cremallera.
Aunque Daphne pensara que tardarían sus, mínimo, cinco minutos en silencio para que Weasley pudiera empezar a hablar, Ginny se adelantó más de lo esperado. Ésta le agarró del brazo izquierdo para su sorpresa, después le quitó los guantes y comenzó a subirle las capas de ropa que tenía sin ningún miramiento.
Una vez apareció la piel del antebrazo izquierdo, Ginny dio un par de pasos atrás con la mirada fija en él.
—¿Cómo...? —Weasley movió su cabeza sin entenderlo—. ¿Por qué tú no tienes la Marca y Parkinson y Malfoy sí?
—Porque no era mi hora —contestó con neutralidad, bajándose las mangas—. ¿Algo más que preguntarme?
Ginny seguía boqueando.
—Y-yo... estaba tan segura que tú...
—Siento decepcionar tu desconfianza, pero no, no tengo la Marca.
—¿Por qué?
—Porque no era mi hora —repitió.
—¿Cuándo será tú hora?
—¿Por qué estás haciendo tantas preguntas si piensas que te miento cada vez que te hablo?
—Porque al menos tendré una respuesta tuya, y más adelante ya tendré con qué enfadarme mientras te lo echo en cara.
—¿Tan segura estás de verme más adelante? Ayer me dijiste que no habría una próx-
—¡No una próxima cita! —interrumpió la menor, avergonzada.
—¿Pero sí que quedaremos para que puedas asegurarte de que sigo sin ser una mortífaga?
Los labios secos de Weasley se abrieron de sorpresa al tiempo que sus ojos. Tardó poco en susurrar muy lentamente como si se tratara de una amenaza:
—Si me buscas aunque yo me aleje, quedaremos las veces que haga falta para asegurarme de que no eres una culebra sucia y rastrera.
—Mensaje captado —sonrió Daphne.
—Eso espero.
—¿Significa que —la Slytherin se rascó la mejilla con un dedo— no somos tan enemigas como para que nos importe que alguna rompa nuestra confianza?
Los pensamientos de Ginny revolotearon sin cesar.
—No sé qué pensar de ti, Greengrass. Ya hemos hablado y quedamos con que cada una lucharía por sus ideales, ¿y aun así me sigues buscando?
Daphne dio dos pasos para dejarse caer sobre la tabla de madera que servía como banco, y con un movimiento de varita consiguió una hoguera para calentarse. Estuvieron un buen rato observando las sombras que creaba el fuego y la luz dorada que contrastaba con la madera del embarcadero.
—Todavía quiero escuchar una respuesta —Ginny despegó su espalda de la pared dando una suave patada hacia adelante para remover el polvo de la tierra.
—No sé qué decirte —replicó, peinándose con los dedos los mechones largos del flequillo—, si las dos vamos a ser tan tozudas... A esperar.
Weasley hizo una pedorreta con la boca.
—A esperar, dice —dijo en voz alta, dirigiéndose hacia las aguas del lago como si tuvieran oídos—. ¿A esperar a qué?
—A ver quién es la más tozuda de las dos.
—Vamos que estás completamente segura de que acabaremos juntas pero no sabes si tú acabarás en mi bando o yo al tuyo —intentó levantar una ceja como muestra de escepticismo, pero con su gorro de Gryffindor se le hizo más difícil—. Está claro quién de las dos es Slytherin y quién no, o por lo menos quién tiene más humildad.
Ginny se desprendió de sus botas para golpearlas contra el suelo y que todo el hielo pegado en la suela cayera. Daphne seguía sentada sobre el banco, calentándose las manos sin pocas ganas de ponerse en pie.
—Tampoco te secuestraré —murmuró la Slytherin.
La risa irónica de Weasley provocó en Daphne una mirada asesina.
—No sé por qué me da que ya lo habías pensado —contestó la Leona, atándose con fuerza los cordones—, pero seguramente la posibilidad de que te arranque la garganta a mordiscos te lo haya impedido.
Greengrass no hizo ningún movimiento, únicamente continuaba echando vaho por la boca mientras seguía con la mirada las formas de las llamas del fuego mágico.
—En fin —al percibir Ginny que su enemiga de Casa no iba a dar ninguna respuesta de ningún tipo, empezó a colocarse las capas de ropa para que el aire frío no se filtrara por ningún hueco—. Ya he conseguido saber lo que quería, así que... —carraspeó, señalando con un ademán de mano las distintas salidas del embarcadero por donde se podía ver el paisaje cubierto de blanco y la nieve cayendo sobre él.
—Vale, adiós.
La pelirroja frunció la nariz y dio un par de lentos pasos con sus enormes botas hacia una salida. No pudo salir sin antes girar sobre sí misma para echar un último vistazo. Aunque se topó con una figura que continuaba sin volver al mundo, perdida en sus pensamientos, y en unos pensamientos que por la forma tan encogida que tenía Greengrass a más de la mirada endurecida, no parecían ser muy alegres.
Ginny no tuvo el coraje de interrumpir, ya había gastado bastante valor cuando dio el paso de pedir a Dobby a que fuera a buscar a la Serpiente. Con un último bufido, negó con la cabeza e hizo el gesto de girarse para andar hacia el castillo.
—Lo siento —oyó salir de los labios cortados de Daphne.
—¿Qué? ¿el qué sientes?
Daphne no contestó al momento.
—Ayer, entrada a la noche, Umbridge me fue a buscar porque mis padres querían hablarme en persona y la única chimenea para los polvos flu que no estaba vigilada era la del despacho de la Suma Inquisidora.
—¿Adónde quieres llegar con esto? —inquirió, extrañada
Inconscientemente, la Gryffindor miró todo su alrededor por si veía a algún grupo yendo hacia ella para atacarla.
—¿Cuánto tiempo tardaréis tú y tus amigos en daros cuenta de que los jóvenes como nosotros sólo somos peones para los adultos? —espetó Daphne. Sus pupilas no dejaron ni un momento de vigilar el fuego—. Lo único que nos salvará en esta guerra es que cada uno luche por sí mismo.
—¿A ti nunca te han dicho que 'divide y vencerás'? Pfff
—No tengo ni idea de dónde has sacado que lucharé por mí misma estando sola; puedo luchar por mí misma estando en un grupo.
—Tengo la sensación de que lo que en verdad me querías decir no tiene nada que ver con lo que me estás diciendo.
Las mejillas de Daphne se tensaron ante una sonrisa.
—No, señorita Weasley, no tiene apenas nada que ver.
La nombrada puso los ojos en blanco.
—¿Entonces?
—Sólo quería que supieras... —durante la pausa, se frotó los ojos por el cansancio—... que si tú no me hubieras venido a buscar esta mañana, yo estaba de camino a tu Sala Común cuando Dobby me encontró caminando por los pasillos de las mazmorras... Puedes cerrar la boca antes de que se te congele —bromeó con un hilo de voz.
—¿Por qué? ¿Qué querías-
—Quería verte antes de... —calló para no decir más—. Quería verte, simplemente.
La expresión de Ginny al observar cómo Daphne se levantaba fue parecida a la que puso antes de ayer cuando mordió un trozo de limón de uno de los postres. Acercó su espalda a la pared de madera donde, a un solo paso, podría salir corriendo hacia Hogwarts.
—Si uno de tus pies se acercan un centímetro más a mí —amenazó Weasley, asustada—, que sepas que tengo a dos hermanos dispuestos a encontrar a alguien con quien probar sus experimentos. No me tientes.
—No voy a matarte —replicó Daphne, alzando sus manos al no creerse la reacción de la menor.
—No es a la muerte a quien temo, Greengrass. ¡No te acerques! —chilló, justo cuando la Slytherin se iba acercando con una sonrisa en la cara.
—¿Y a quién tienes miedo? ¿a mí? ¿a que alguien te lance un hechizo a tu espalda? ¿al amor?
—Piensa lo que quieras, pero ya sabes mi respuesta de tantas veces que has preguntado —parte de su voz se perdió en el exterior cuando salió a paso apresurado hacia la primera colina por donde apenas se podía vislumbrar las torres del castillo—. ¡Y no pienso repetírtela ni una vez más!
La mano de Daphne se apoyó en la entrada mientras que su cabeza negaba en silencio y observaba la figura que se iba desvaneciendo tras la nieve. Puso las dos manos alrededor de su boca para vociferar:
—¿Disfrutaste ayer del regalo?!
Sonrió complacida al distinguir el punto negro, que representaba que era Ginny, parándose. Pese a que pudo oír que la Gryffindor le contestaba, no distinguió el qué exactamente por culpa del ruido que hacía la ventisca y las olas del lago. Necesitó preguntar por segunda vez y, en esta ocasión, la voz de Weasley llegó a sus oídos:
—¡Gracias por el regalo, pero que lo haya disfrutado no significa que te deba nada!
Las carcajadas de la Slytherin sirvieron como contestación. Por supuesto que no esperaba que Ginny Weasley le debiera algún gesto por un regalo que hizo sin que se lo pidieran.
—¿Ni un beso? —bromeó, aunque el chillido que dio no dejaba que el tono de burla se pudiera distinguir en él.
—¡Si quieres te doy una patada!
—¡Me conformo!
Sin embargo, lo único a lo que atinó hacer Ginny fue sacudir su mano dando a entender que dejaba de escuchar para continuar con su propio camino, ajena al hecho de que a sus espaldas se acercaba Greengrass corriendo como podía.
El chillido de susto que salió de la boca de Weasley fue el detonante de las risotadas de Daphne. Risotadas que se convirtieron en tos por el esfuerzo físico que acababa de hacer. La menor se quedó vigilándola con los ojos abiertos.
—¿Qué haces?! —demandó, dando un empujón en el hombro de la rubia que acababa de saltar sobre ella—. ¡Me has asustado!
Daphne continuó tosiendo.
—¡Podría haberme dado un infarto! ¿Tú sabes que en la familia Weasley hay muchos casos? —siguió quejándose, ofendida.
—L-lo siento... —respiró profundamente, y volvió a apoyar las manos en sus rodillas para descansar el cuerpo—, no sab- sabía que estuvieras tan sorda como para no escucharme llegar.
Ginny se colocó la mano sobre su pecho.
—¡Oye! Que yo no me he metido con el físico tan penoso que tienes que no puedes ni correr durante cinco minutos.
—Mi corazón es débil como para bombear tanto oxígeno al hacer esfuerzo, y menos si el aire es- tan frío.
—¿En serio tienes problemas de corazón o ha sido una forma de hablar?
Sin que ninguna de las dos se lo esperara, Ginny curvó su torso para poder mirar la cara de la Slytherin que estaba respirando con la mirada fijada en la nieve del terreno.
—Según el sanador Spleen, los tengo —estiró la espalda para ponerla recta y acomodó las manos sobre su cadera. Miró a Ginny—. Pero te aseguro yo que esto es por no hacer deporte y no por problemas cardíacos.
—Oh —también se puso recta, menos preocupada.
—Aunque si te ofreces a llevarme a cuestas hasta el castillo... yo no me negaré.
—Creo que antes te preguntaré en qué demonios pensabas al venir corriendo hasta aquí.
El rostro alegre de la Slytherin volvió a tener un color apagado.
—Uhm... Si digo lo que no puedo decir, me arriesgo mucho a que cuando empiece la guerra, me tachen de traidora.
—En realidad ya estás hablando conmigo, así que... —hizo un ruido infantil.
—Lo sé, lo sé, por eso he venido hasta aquí.
La Leona esperó a que los labios de la Slytherin se movieran para hablar, pero por mucho tiempo que pasara, no parecía que fuera a hacer el gesto.
—Mhm, ¿y...?
—Y... —Daphne se frotó la nariz—, mañana va a empeorar el temporal, más te vale abrigarte bien.
Dicho eso, la rubia asintió con la cabeza y se desvió del camino que había creado Ginny con sus botas al apartar la nieve para seguir por otro, dejándola atrás con una expresión de sorpresa.
—¿Eso tiene un mensaje oculto o simplemente te has reído de mí?
Sin parar de andar, Daphne volteó para encogerse de hombros.
—Piensa lo que quieras, pero ya sabes mi respuesta de tantas veces que has preguntado —repitió lo que había escuchado de Ginny—, pero no pienso repetírtelo ni una vez más, señorita Weasley.
—Que nunca desconfíe de mi intuición... —susurró Ginny, sin dejar de mirar la espalda de la bruja que se alejaba de ella.
-0-
—Ginny... es muy temprano para tanta energía, come y calla —susurró Hermione, intentando sacar un trozo de bizcocho del vaso de leche.
Cuando volvió a caerse y salpicó la mesa y su cara, Hermione se dio por vencida.
—¡Pero te digo que mañana atacarán los mortífagos! ¡Me lo ha dicho Daphne! —se aseguró de que nadie las pudiera escuchar aflojando el tono de voz.
Aunque todavía no habían suficientes alumnos.
—¿Cómo puedes fiarte de ella ahora si siempre has desconf-?
—¡Porque no me lo ha dicho directamente, lo ha dejado entrever! —se golpeó la frente, frustrada.
Como un último intento de esperanza, Hermione volvió a ir a por el bizcocho que seguía flotando en la leche.
—¡'Mione, hazme caso, maldita sea!
La nombrada suspiró.
—Ya has escuchado en las reuniones del E.D que estamos bien preparados por si atacan sin avisar: los profesores están al tanto, las vías de escape que utilizaremos están limpias de obstáculos, todos ya tenemos mochilas aparte preparadas por si hay que huir sin tiempo... Estamos bien, ¿de acuerdo? Saber si atacan mañana o pasado no cambiará lo que ya hemos preparado.
—Pero...
—Gin, no te preocupes.
—Pero podríamos estar esperando todos juntos para cuando ataquen, de esta manera-
—¿No has pensado que quizás te haya hecho pensar que atacarán mañana para que sólo te centres en esa fecha? ¿y si lo ha hecho para que puedan atacar esta tarde o noche pensando en que estaríamos preparando todo?
—No creo que-
—¿Que te haya querido engañar? Si en verdad su intención era buena, habría sido tan fácil como decirle a Pansy y a Malfoy lo mismo que a ti. No obstante... No lo ha hecho, porque sabe que si lo hace, todos los aliados de la Orden escaparían. Y a ella no le interesa eso, le interesa que sólo una persona de ese grupo pueda huir, y esa eres tú. No le importa si los demás acaban torturados o muertos, por eso mismo no creo del todo en la información que te ha dado.
Ginny golpeó la mesa con el puño.
—Pues si lo ha hecho para protegerme, ¿algo de verdad tiene que haber, no? —gruñó—. Deberíamos dormir todos juntos, sigo insistiendo.
—Harry tiene una reunión con la profesora McGonagall esta noche, no creo que le interese hacer turnos de vigilancia sin saber si es cierto o no.
—Entonces propones dejar pasar la oportunidad de luchar sin la desventaja que ya tenemos, ¿no es así?
—Gin —tiró la cuchara en el vaso, harta—, aunque sepamos la fecha exacta seguiremos en desventaja porque somos estudiantes y no adultos con estudios y formación -asesina o no-. Nuestro plan principal es huir de Hogwarts, y punto. Hay que acatar las órdenes de los de la Orden del Fénix porque estoy segura que saben más que nosotros sobre lo que está pasando y lo que pasará, ¿te recuerdo que ellos son los que lucharon en la Primera Guerra Mágica contra los mortífagos y ganaron? Sí, con muchas muertes, pero no es como si nosotros no supiéramos que muchos amigos y conocidos no saldrán vivos de esta. Así que prefiero seguir con lo que ya se ha hablado a cambiar los planes porque alguien haya dicho una fecha, ¿ves mi punto de vista o debo de repetirte el peligro que supone hacer caso de una persona calculadora y experta en idear planes?
—Ya... Tienes razón —apoyó los brazos sobre la mesa con la intención de acurrucar su cara en ellos—. No sé por qué he confiado en ella...
—Sólo te digo lo que nosotros vamos a hacer y es 'no cambiar de planes'. Quizás Greengrass te ha dicho la verdad y mañana atacarán, pero nosotros nos mantenemos en nuestra posición, ¿sí?
—Sí...
—No te deprimas.
—No estoy deprimida, 'mione, estoy desilusionada.
—Mira, hagamos una apuesta de las que a ti te gustan: si mañana atacan, te doy el derecho de ir a buscarme a mi dormitorio y maldecirme con el mejor conjuro que tengas. Si no atacan, te obligaré a que mantengas tu energía dentro de ti para no provocar el caos que provocas. ¿Trato hecho?
—No: si yo gano, te lo estaré recordando toda tu vida, todos tus aniversarios, en el ascenso de tu primer trabajo, en tu boda y en todas las fechas señaladas.
—Como si no lo fueras a hacer de por sí —rió, estrechando la mano que Ginny le ofrecía.
—Bien —con rabia reprimida, apretó la mano de Hermione. La soltó al instante de ver una mueca de dolor en la cara de su amiga—. ¿Y ahora qué hacemos?
—¿Has acabado de desayunar? ¿qué te parece ir a los jardines a hablar? Con el sol que hace, la nieve se debe de haber derretido ya.
—Me parece bien —se levantó junto con ella—, ¿sobre qué quieres hablar?
—Sobre Parkinson, en realidad. Creo que ya es hora de ir afirmando que-
—¿Que ya habéis follado en todos los despachos de los profesores?
—No, no, no, es algo más serio.
—Oh, no... Dime que no vais tan en serio como para decirle al resto del E.D que vosotras... Oh, Merlín, qué desgracia.
—Mejor lo hablamos en los jardines, con más privacidad.
—Vale, pero que sepas que como mañana ataquen, te marcaré la frente con un "el 15 de febrero demostré que era idiota". Ahí lo dejo.
—Yo también te quiero y acepto tus errores, Ginny —sonrió, colocándose la túnica.
