Dilemas y decisiones

No le llevó mucho tiempo a Felicia sanarme por completo. Bendita magia de curación. ¿Qué sería de mí sin ella? Kaze estudió de cerca cómo me curaba el brazo, interesado por aprender de los métodos nohrios. La sirvienta me usó de ejemplo para guiar cómo se utilizaba un bastón mágico. Yo estuve algo distraído, recordando la última vez que acabé tan herido.

Arthur y Effie, bastante raros por cierto, llegaron al rato, preguntando por Elise. Les vi rozarse la mano por accidente, y reaccionaron mucho más exageradamente de lo esperable. Algo había pasado, pero por la cara que traían, no parecía ser algo bueno. O… algo conflictivo. Después de unos segundos de felicidad, se sumían en el pesar más dolido. Les habría preguntado al respecto, pero parecían tener prisa.

Junto con ellos, apareció un soldado raso castaño con las órdenes de sustituir a Beruka. El pobre, al identificar al maestro ninja que tendría que vigilar, comenzó a temblar como una hoja.

La asesina se llevó a los vasallos consigo, aprovechándose de aquella excusa para regresar con Camilla. Se le notaba en la cara la ilusión que le hacía. Qué bien… Estoy deseando verla casada y con un par de críos. Aunque… de ocurrir aquello tendría que darle mucha tutoría sobre cómo ser madre, por lo que seguramente sería todo un desafío. *Suspiro* Pero ese es mi trabajo, y uno que hago felizmente.

El señor super ninja molón de cabellos rojos salió para a estar un rato con Kagero. Aunque no le gustaba aquel novato tanto como la peliazul, aceptó su vigilancia con respeto. Al menos podía jugar a piedra-papel-tijeras, pues era un buen sustituto de guerra mental. El pobre soldado no ganaba ni una, y al poco tiempo se picó con Saizo, sacando su mejor concentración para derrotarle. Podréis cuestionaros las intenciones del Igasato, pero era una buena forma de medir la fuerza mental de los nohrios.

Tras finalizar mi sanación, Felicia se dio cuenta de lo sucia que tenía su ropa, por lo que decidió retomar sus tareas domésticas mientras se calmaban las cosas en Mokushu. Me levanté de la cama y le pedí ayuda al peliverde para quitarme la camisa, pues quería aprovechar que iba a hacer la colada.

Al desnudarme el torso, el ninja se achantó un poco, enterrándose en el más profundo silencio. Le entregué la camisa con el brazo bueno a la pelirrosa, despidiéndola con la mano. Al volverme a Kaze, éste me dedicó una mirada extrañada. 'Oh, es verdad. Yo tenía eso en la espalda.' Medité accidentalmente en voz alta. … Ya casi me había olvidado y todo. *Risas*

Cuando le conté a Camilla mi vida… no consideré necesario incluir cierta etapa. De todos modos, fue entonces cuando encontré mi fuerza, gracias a unas grandes personas. Ojalá siguieran con vida… pero siempre les llevaría en el corazón. De hecho, si todavía conservo uno fue gracias a ellos.

"¡Recuerda! ¡Cuando tiendas, extiende bien la ropa!" Le recordé a la sirvienta, recibiendo murmullos refunfuñantes a cambio. Yo también tenía una idea de cómo ocuparme de las tareas domésticas, y un pequeño recordatorio no le haría daño. Me volví a mi compañero y me llevé una mano a la cintura, recargado de energía.

"He escuchado que protegiste a tu compañera de los abusos." Mencioné tras lo que fue para el peliverde una eternidad de silencio. Éste abrió la boca para hablar, pero la cerró al poco tiempo y se limitó a asentir, sentándose finalmente en su lecho. Dibujé una medio sonrisa en mi cara, dejando mis ojos observar el infinito.

"Desde el fondo de mi corazón, te doy las gracias. Sé… lo que es… y… me alegro de que no le pasara nada a tu amiga." Compartí algo distraído, deslizando la vista por la habitación.

"¿Son de eso… las cicatrices de tu espalda?" Me preguntó, algo intimidado. Parpadeé un par de veces, sorprendido de que fuera tan cortado al respecto.

"Así es." Contesté tras un silencio reflexivo. Adopté una pose de musculitos haciendo el payaso, intentando sacar brazos mientras exponía mi espalda azotada. Por supuesto, estaba haciendo el ridículo, pues no tenía muchos músculos que lucir, precisamente.

Para ayudaros a visualizarla… imaginad que alguien dibuja muchas rayas cruzadas de color marrón claro en una hoja de papel de carne. Más o menos parecido. Faltaría un símbolo tras mi hombro. Tenía forma circular rellena, y las puntas de una cruz invisible en diagonal estaban curvadas en el mismo sentido de reloj.

"Un par de años malos." Sonreí, quitándole importancia con un ademán. Pasó hace mucho, después de todo.

Supongo que pensaréis que no querría hablar de un tema así con un desconocido, pero tal vez ya iba siendo hora de abrirme a los demás, y no me iría mal practicar un poco. … Me daba un poco de miedo ver cómo reaccionarían al saber mi pasado, y no todos los que lo escucharon fueron comprensivos conmigo.

Unos compañeros de estudios se enteraron y empezaron a tratarme como la basura que se me enseñó a considerarme. Unos largos cinco años de psicología marginado. Pero, tras pasar por lo que pasé, sus burlas y maltratos no podían hacerme nada. Era incluso lindo verles intentar hacerme daño, desesperados por llamarme la atención para acercarse a mí… Novatos…

"Yo…" Murmuré, planteándome reflexionar un poco de dónde vengo, con la esperanza de ver con mayor claridad a dónde voy.

"¿Estáis seguro de querer hablar de eso con alguien como yo?" Preguntó el ninja, algo apabullado por mi cara sombría, inmersa en recuerdos. Se llevó la mano al pecho, observándome con total atención. Me ponía nervioso ser tratado así, la verdad. Tal vez se estuviera preocupando por mí, pero…

"¿No quieres que te lo cuente?" Le pregunté sin más mientras me quitaba las gafas, con una sonrisa decidida. De ser así, estaría bien. Entiendo que no quisiera escuchar algo así. De hecho, eso fue lo que me impidió contarle toda la verdad a Camilla aquel día mientras bailábamos. No… quise estropear el momento.

Kaze se quedó algo quieto, inseguro de lo que contestar. Al final sacudió la cabeza, afilando los ojos. Se había cargado de determinación. Solo entonces me di cuenta de que se le podría considerar alguien guapo, aunque tuve que ponerme las gafas de nuevo para comprobarlo.

"Si necesitáis hablarlo con alguien, Miles-dono, soy todo oídos. Aun os debo agradecer que protegierais a la princesa Hinoka, además de los alimentos que nos disteis a Kagero y a mí. Aunque no veo cómo contar vuestra… historia… pueda ayudaros." Concluyó, volviéndose a mí con una actitud seria. Vaya, alguien que sabía escuchar. Sería un buen psicólogo. Pero parecía asustado: no lograba ocular su nerviosismo.

Yo no estaba buscando ayuda, precisamente. Ya la tuve cuando la necesité, y gracias a esos dos estoy como una rosa. *Gesto guay de pulgares* Mark no solo me salvó de los abusos cuando era pequeño. Y… mi historia con la otra persona era una larga, sucia y trágica, pero conmovedora e íntima…

Miles Stone debería haber muerto en aquel entonces, pero la tuve a ella. No debería haber sido el mismo Miles Stone después de todo aquello, pero tuve a Mark. Si alguno de los dos me pillara sollozando al mirar al pasado, no creo que la muerte sea motivo suficiente para que no vengan sacudirme hasta que siga adelante con mi vida. Así que mis cicatrices no eran ese acosador recuerdo de lo que me pasó; son el recuerdo de lo que me motiva a seguir adelante, además del reflejo de mi ambición: ser como ellos.

"Supongo que tienes razón. No sería de mucha ayuda contarte por lo que pasé." Me reí, rascándome la cabeza mientras me sentaba en la cama. 'Aunque no es como si la necesitara.' No sé si lo dije en voz alta, pues Kaze no reaccionó en lo más mínimo. Se quedó pensativo, mirándome ocasionalmente con una cara preocupada.

Por el rabillo del ojo percibí a un peliblanco de piel oscura. Niles estaba parado bajo el umbral de la puerta, quieto como una estatua. Cuando se dio cuenta de que había sido descubierto, tensó todos los músculos, reflejándose en una cara alertada.

Me levanté de la cama, acercándome a él mientras estiraba los brazos, dejando ver accidentalmente los lados de mis hombros. No me preocupaba mucho revelar mis cicatrices, y menos ante un compañero de desgracias. Él había pasado mucho más tiempo en condiciones hostiles: tenía mi respeto.

"¿Qué se te ofrece, Niles? Oh, ¿eso es sopa?" Me emocioné al ver los tazones que nos traía, juntando las manos en una expresión corporal encantada. 'Que amable de tu parte.' Dije sin darme cuenta, acercándome para coger el aperitivo. Fue una sorpresa bastante agradable. Y hacía tiempo desde que mi tripa me pedía repostar. Seguro que Kaze estaba igual.

En cuando cogí los cuencos de sopa, Niles se dio la vuelta y se marchó con paso mecánico. Aunque le llamé, no se volvió. ¿Qué le pasaría? *Parpadear*

Al volverme al ninja, cerrando la puerta de la habitación torpemente con el codo, me percaté de que llevaba un rato muy callado. Qué suerte tiene de tenerme como compañero de cuarto. *Sonrisa*

"¿Qué le dice un cuchillo a su invitado a la hora de comer?" Le pregunté de pronto, entregándole la sopa. Era mi oportunidad de brillar. El público gritaba mi nombre. Y se me había ocurrido algo demasiado bueno… o, al menos, no tan malo como a lo que acostumbro. "No te cortes." Tuve que soltar la sopa en la mesita de noche, o se me derramaría por reírme demasiado. Aunque mi risa era una más bien muda y temblorosa.

Al ver que Kaze no le encontró la gracia, me tiré a la cama boca abajo, haciéndome el deprimido y fingiendo sollozar. El ninja se alarmó al verme de aquella forma, pero cuando giré la cabeza de lado para revelar mi sonrisa maliciosa, le forcé a soltar un suspiro.

"¿'No te cortes'? ¿Pueden siquiera hablar?" Me preguntó alzando una ceja, llevándose el tazón a los labios. ¡Sopa de calabaza! Éste Niles sí que sabe.

"¡Claro que no, hombre! ¡Pero ese no es lo importante! Ay, parece que tienes que trabajar el sentido del humor." Le regañé, haciéndome el experto. El peliverde casi se atragantó al molestarse por lo que dije. Con la cara manchada del dorado anaranjado espeso de la sopa, me señaló con una expresión fastidiada, intentando tragar. Tuve que contener mi risa al ver su cara, así que imaginaos el esfuerzo sobrehumano que ejerció el ninja para no morirse atragantado al contagiarse de mí. Aplaudamos a su asombroso auto-control.

Comenzamos a luchar lanzándonos nuestros mejores chistes. Había una diferencia cultural inmensa, ha de decirse, pero lo cierto es que yo no soy precisamente el emblema humorístico de Nohr. A veces encontraba dobles sentidos a sus bromas.

Aunque Kaze y Kagero estuvieron en el barco y alguno de ellos podría haber sido el nigromante, no creo que Anankos les haya roto la mente a ninguno de ellos. En sus ojos había esa luz de humanidad que tienen las personas cuerdas.

Oh, y mucha gente diría que Niles está loco. Pues yo digo que no: si estuviera bien después de lo que pasó que estaría loco. Él mismo sabe que es un capullo ofensivo, pues esa es su estrategia de defensa. Así nadie podrá acercarse a él y hacerle daño. Por ello se enfadó cuando intenté quitarle la careta de monstruo ante aquella prisionera: prefiere ser odiado a permitir que se acerquen a él.

Por eso me sorprendió que me pidiera ayuda para corregirse. Supongo que se debía sentir solo, y seguramente Leo y Odin hayan jugado un papel en su cambio… Me resulta impensable que le haya lanzado una maldición a su señor, y me acuerdo de que estaba en la cubierta con el resto cuando el nigromante escapó.

… Tal vez se puso así al ver mi marca… Niles es la clase de persona que investiga a todos los demás para encontrar sus trapos sucios y tener algo con lo que defenderse de ellos… ¡pues acaba de dar con el cofre del tesoro! O, más bien, mi armario de la ropa sucia. *Risas*

-O-O-O-

Camilla no podía parar de repetir ese pensamiento en su cabeza: 'se va a matar'. Ver a Elise volar sobre el pequeño Ace estaba siendo toda una tortura. Tanto el wyvern como su hermana parecían disfrutar enormemente volar por los cielos, y eso estaba haciendo que fueran imprudentes.

Beruka estaba preparada sobre Olber para ir al rescate de ser necesario. No obstante, la vasalla supo desde un principio que no sería necesario. Elise era probablemente la persona que más observaba a Camilla, por lo que debía haber aprendido a volar a base de verla. De hecho, lo hacía bastante bien para ser su primera vez.

Tras unas grandes batidas de alas, el pequeño wyvern de Elise aterrizó cerca de las mujeres. Camilla acudió a su lado de inmediato, preocupándose por si se había asustado, acunándola entre sus brazos con la angustia que sintió. Su hermana le aseguró que todo estuvo bien, y mientras se reía al disfrutar de su abrazo, rascó por debajo de las escamas de Ace, encontrando el punto que le gustaba a la criatura.

Beruka deslizó sus ojos hacia los vasallos de Elise, quienes habían estado esperando en el más incómodo silencio. Normalmente no habría sido capaz de sacar ninguna conclusión de verles así, pero parecían distintos. La mujer forzuda estaría haciendo ejercicios con algún pesado tronco, mientras que de Arthur solo se escucharían sus gritos en la distancia, enfrentando las bizarras adversidades que insisten en entorpecer su camino. No obstante, ahí estaban, esperando poder hablar con su señora en silencio.

"¡Effie! ¡Arthur! ¿Me habéis visto? A que soy increíble." Sonrió Elise, guiñando un ojo mientras acariciaba la cabeza de su rápidamente encariñado wyvern. La peliblanca abrió mucho los ojos, intentando decir algo en respuesta.

"Por supuesto, señorita Elise." Logró articular Arthur con una media sonrisa, llamando la atención de su señora. "Os ruego que nos escuchéis. Hay un asunto de vital importancia del que os debemos hablar. Es…" Intentó plantear el héroe haciendo una cuidadosa elección de palabras.

"Es importantísimo que escuchéis lo que tenemos que decir." Terminó Effie por él, sin darse cuenta de que sus pensamientos se llegaron a sincronizar.

"¡Claro! ¿De qué se trata?" Preguntó Elise, llevándose las manos detrás de la espalda e inclinándose hacia sus queridos vasallos. Éstos se miraron entre sí unos segundos, compartiendo una expresión decidida, pese al miedo que sentían.

"No podemos seguir siendo compañeros." Dijeron al unísono. Elise se quedó de piedra, sin saber qué decir.

"¡¿Qué?!" Se asustó, llevándose las manos al pecho. Ace sintió la agitación en su nueva maestra, volviéndose a los vasallos con una actitud protectora. "¿Es que no os lleváis bien? ¡Podemos arreglarlo!" Intentó convencer la princesa, arrugando las cejas. Su wyvern se relajó al entender que no eran enemigos.

"Elise… ese no es el problema." Murmuró Effie, encontrando dificultad al ver a su amiga tan triste.

"¿Eh? ¿Y cuál es entonces?" Preguntó la rubia, mirando alternativamente a sus vasallos. Arthur notó que la peliblanca no podía hablar. La emoción la estaba desbordando, así que sería él quien diera el paso adelante.

"Es todo lo contrario, señorita Elise. Nos llevamos tan bien que nuestro mutuo afecto se ha convertido en un obstáculo para nuestro trabajo. Juramos protegeros con nuestra vida de ser necesario, pero me temo que luchar con alguien tan importante para mí a mi lado me impide priorizar mis obligaciones con vos." Explicó Arthur, cerrando los ojos mientras se cruzaba de brazos. Selena se levantó del banco desde el que había estado observando, notando la rareza del ambiente y acercándose a su señora.

"No… no lo entiendo…" Murmuró Elise, retrocediendo un par de pasos. "Si os lleváis bien, ¿qué problema hay?" La rubia agachó la cabeza, hundiéndose en profunda reflexión. No obstante, no lo lograba comprender.

Los vasallos volvieron a mirarse, buscando mutuo apoyo para poder seguir avanzando. Aunque buscaron la fortaleza, solo consiguieron el efecto contrario. Al ver el miedo del otro, comprendieron que el peor resultado posible podría salir de aquello.

"Lo que quieren decir es que están enamorados, querida." Intervino Camilla, posando una mano sobre su hermana. Dedicó una rápida mirada a la pareja recién nacida, cuestionando la veracidad de lo que hubo dicho. Al ver el rubor en la peliblanca, confirmó sus sospechas.

"Debe ser duro para ellos tener que luchar por vos, señorita Elise." Dijo repentinamente Beruka, robando el centro de las miradas. "Si no fuera porque sé que Selena es capaz de defenderse sola, yo misma tendría problemas para apoyar a la señora Camilla." Le contó a la joven jinete. La pelirroja se cruzó de brazos y sacó pecho, orgullosa de gozar de una buena opinión por parte de su amiga. Sus sentimientos al respecto eran idénticos, pero siempre estaría ahí para protegerla de los depredadores sexuales.

Camilla las rodeó a ambas entre sus brazos, orgullosa de poder contar con la lealtad de ambas tan bien. Selena no tardó en ponerse colorada, siempre tímida al recibir su cariño. En cuanto a Beruka, agachó la cabeza y se quedó muy quieta. Aunque su rostro no reflejó sus emociones fielmente, notó que sus pulsaciones se aceleraron.

"No siempre podremos estar juntas en la batalla, pero cuando sea así, sabed que confío en vosotras." Instruyó la pelimorada, mirando a ambas con igual cariño. Beruka dio una cabezada afirmativa, incapaz de reprimir una pequeña sonrisa; mientras que su compañera guiñó el ojo, hinchándose de orgullo como si fuera un globo.

Elise las observó reflexivamente, volviéndose a los que fueron sus protectores por tanto tiempo. Al verles juntos, un repentino sentimiento se hizo paso hasta ella, embriagándola por completo.

"¡Felicidades! ¡Espero que seáis muy felices juntos!" Les dijo a la pareja, pegando un brinco a su lado. Le dio un abrazo a Arthur, el cual el héroe recibió con torpeza. No le extrañó ver que esa era la respuesta de su señora, pero eso no cambiaba el problema.

"Luego me lo tienes que contar todo, ¿vale?" Le susurró la rubia a su amiga mientras la abrazaba. Effie parpadeó varias veces, sonrojándose como un tomate. Tras separarse, dirigió sus ojos verdes al forzudo hombre. Sus miradas se encontraron, y por un momento todo estuvo bien. Al segundo siguiente, el problema renació.

"¡Estáis despedidos!" Celebró Elise, sin darse cuenta de la poca armonía de sus palabras con sus sentimientos. "Decidme, ¿querríais formar parte de la guardia real?" Ofreció seguidamente, agarrando las manos de sus ex-vasallos con ilusión.

"P-pero, ¿no acabáis de decir que-" Fue a decir Arthur.

"No pienso interponerme entre vosotros, ¡y si es por protegerme, ya tengo a Ace!" Se explicó la princesa, volviéndose al pequeño wyvern, acariciándole la cabeza. El dragón se restregó contra su mano, haciendo la mitad del esfuerzo.

"¡Elise!" Se molestó Camilla, irritada con su impulsiva hermanita. Al escuchar su nombre en tal registro, la rubia se encogió en el sitio, volviéndose a su hermana mayor. "Si crees que yo o ninguno de tus hermanos vamos a permitir que no tengas vasallos, estás muy equivocada." Advirtió la pelimorada con autoridad. Ya había aceptado ayudar a Elise a convertirse en jinete wyvern, por lo que ahora le tocaba aceptar a ella.

"Pero, Camilla… dicen que así no pueden seguir siendo mis vasallos, y no quiero forzarles si no quieren." Intentó excusarse Elise, agachando la cabeza. Camilla se cruzó de brazos, férrea en su posición, mientras detrás de ella sus vasallas comenzaban a cuchichear al respecto. Selena le traducía la situación a Beruka de manera que pudiera entenderlo.

"¡Claro que queremos!" Dijeron al unísono Arthur y Effie, dando un paso al frente.

"En la última batalla tuve que elegir entre ir a por vos o ayudar a Arthur… Mis dudas le costaron la vida a vuestro caballo, y solo de pensar en lo que podría haber pasado, yo…" Contó Effie, agarrándose las manos con fuerza y apretando los dientes.

"Me pasó algo similar en la ópera. Os desatendí al sacar a Effie del agua, pese a que había arqueros cerca." Añadió Arthur, apartando el rostro y cerrando los ojos.

Camilla se quedó pensativa, mandando a su hermana guardar silencio. Considerando el largo historial que tenían los dos, su fuerza militar era algo que simplemente no podían permitirse perder por algo como aquello. Ahora que Elise iba a ser jinete wyvern, el cometido de los vasallos como protectores de a pie quedaría algo entorpecido. No obstante, aquella iniciativa de su hermana pequeña presentaba nuevas posibilidades.

"Seguiréis siendo los vasallos de Elise." Anunció Camilla, cruzada de brazos y con los ojos cerrados. Effie y Arthur fueron a protestar, pero la princesa no había terminado. "Sin embargo, cuando llegue la batalla, vuestra misión será una sola: proteger a Elise. ¿Me explico?" Prosiguió al abrir los ojos violetas.

Effie se quedó pensativa, sin lograr entender a lo que se refería la princesa. El problema seguiría estando ahí.

"Me temo que será necesario que os expliquéis, princesa Camilla." Pidió Arthur, mostrando el debido respeto de quien acababa de hacer una infracción equiparable a 'traición'. Camilla dejó escapar un suspiro, notando la tensión de los vasallos y decidiendo apiadarse un poco de ellos. No todo lo que hacía era amenazar y extorsionar a los demás. Miles le dejó bien claro lo poco que gustaba aquello, y era algo que aprendió de su padre, después de todo.

"Lo que os digo es que vosotros dos sois el escudo y la espada de mi hermana. Sin uno, el otro pierde su eficacia. Por eso, al luchar, no debéis centraros en combatir en la vanguardia. Sois nuestra preciada retaguardia, y sin vosotros, la composición de todos nuestros encuentros sería hecha pedazos." Aclaró la princesa, llevándose las manos a las caderas y depositando el peso en una pierna.

"Además, habéis visto que mi hermana se ha encaprichado con montar un dragón, y todavía no parece entender lo peligroso que es volar. Por ello, os necesitará más que nunca." Entonces se acercó a ambos, posando las manos en sus hombros. "Cuando tengáis que elegir a quien salvar, es tan sencillo como cumplir vuestro deber." Effie y Arthur arrugaron la expresión, frustrados al ver que no se habían explicado bien a la princesa, pues no parecía entenderlo.

"De hecho, si alguna ventaja tiene eso, es que sabréis donde estará el otro. Buscad siempre alcanzar a mi impulsiva hermana, dejad el combate en el que estéis, y ese será vuestro punto de reunión. Si le pasa algo por haberos dejado atrás, será su culpa." Añadió, dándole un golpe en la cabeza a la imprudente princesita. "Cuando lucháis juntos, dais la sensación de que nada os puede detener, así que, por favor, usad esa fuerza para proteger a Elise." Concluyó Camilla, inclinando levemente la cabeza y cerrando los ojos en súplica.

Tras sus palabras, lo único que se escuchó era el murmullo de Selena, quien se detuvo al notar que la estaban escuchando pese a susurrarle al oído a Beruka.

Arthur fue el primero en perder las fuerzas en sus piernas, apoyando una mano en el suelo al arrodillarse. Effie se dejó caer a su lado, compartiendo el mismo sentimiento que él. Era… desconcertante… ver que la solución siempre había sido tan sencilla. Conocían muy bien cuáles eran sus fuerzas y flaquezas, por lo que en la batalla, solían complementarse perfectamente.

La solución que proponía Camilla era de manual: si no puedes dividir las fuerzas, no lo hagas. Como vasallos, su misión era proteger a su señora a toda costa, ni más ni menos. Por ello, trabajarían juntos con ese mismo objetivo.

La batalla era un campo tormentoso, y mantener la unidad en su formación sería difícil. No obstante, era tan sencillo como movilizarse juntos a todos lados. Por poner un ejemplo, en vez de que Effie abandonara a Arthur para salvar a Elise, iría junto con Elise para que después las dos fueran al encuentro del héroe. Lo que se conoce clásicamente como 'reagrupación', vamos. No siempre funcionaría, y sus vidas seguirían al filo de la espada, pero nunca estarían solos.

"¿Arthur? ¿Effie? ¿Q-qué os pasa?" Preguntó Elise, arrodillándose junto a ellos, intentando verles el rostro al notar la pena caer de ambos. El rubio fue el primero en subir la cabeza, regalándole una sonrisa sobre la que rodaban sus lágrimas. Después, Effie, con una expresión inundada por el alivio, se lanzó a abrazar a su señora.

"Os protegeremos, señorita Elise. No os volveremos a fallar." Le prometió ésta, con una voz salpicada por su irregular respiración. Para acabar el pastel, Arthur las rodeó a las dos, con los hombros temblorosos, en una mezcla de risa y llanto.

"Chicos… ¡no sabéis lo feliz que me hacéis!" Comenzó a reírse Elise, aliviada al ver que había sido solo un pequeño susto. También había entendido el sentimiento de su hermana con claridad. Tendría cuidado al volar sobre Ace, y dependería de sus amigos siempre que pudiera. El dragón comenzó a empujar a Arthur, intentando hacerse hueco.

Así, Elise comenzó a hacer las presentaciones entre Ace y sus vasallos. Tanto Effie como Arthur comenzaron a examinar al dragón, buscando en él al dragón perfecto para su señora. Aunque comenzaron a criticar su tamaño, Elise defendió al nervioso wyvern, explicándole lo que le dijo Beruka cuando le eligió.

"¡Señorita Camilla!" Sollozó una conmovida Selena, abrazando por detrás a su señora mientras sollozaba. "No sé si siempre podré estar a vuestro lado, pero os prometo que mientras lo haga, ¡seré la mejor vasalla del mundo por vos!"

"¿Selena? ¿Qué te ocurre, tan de repente?" Se extrañó Camilla, sorprendida por la actitud de su vasalla. Sabía que no podría monopolizarla por siempre, reteniéndola como su servidora, pero lo cierto es que nunca había podido. Era su fiel amiga, no una esclava a la que pueda controlar a su antojo. Jamás querría privatizar su vida, pues por mucho que la quisiera, la vida no es solo una relación.

Algo que Selena no sabía era lo que le contó un día Odin, después de nombrar a su armadura negra. Le confesó que los tres acabarían regresando a su tierra natal, tan lejos que no sería descabellado pensar que no se volvieran a ver. Se lo dijo porque escuchó la inquietante conversación de las dos, cuando le mencionó la posibilidad de cortarle las piernas para que se quedara a su lado, y Odin no quería que le hiciera aquello a su por aquel entonces amiga.

La hizo prometer que no les diría nada a sus hermanos o a Selena y Laslow, pidiéndole el tiempo suficiente para que se explicaran ellos mismos. 'Había muchas cosas que no podían decir'. Camilla acabó accediendo, lamentada de escuchar tan terribles noticias. No obstante, Odin le propuso un brillante plan: en vez de angustiarse por el día en el que se separen, disfrutaría del tiempo que pasasen juntas. Mientras tanto, podría olvidarse de que ese día llegaría, como si nunca fuera a suceder. Se había echado un buen novio, esa pelirrojita linda.

A cambio de guardar silencio, le prometió averiguar cómo romper la linealidad interdimensional para que no fuera un adiós para siempre. Solo de pensar en la idea de no volver a ver a Leo le quitaba el sueño. Camilla nunca se había dado cuenta de los buenos vasallos que tenía su hermano, y aunque tenía sus diferencias con Niles, no le culpa por lo que le dijo. Todos sienten dolor, y es natural estallar de vez en cuando.

Beruka se pegó a ellas, sin rodearlas con los brazos. Tanto su compañera como su señora se sorprendieron al verla junto a ellas. Normalmente, Beruka intentaba quedarse aparte en esas situaciones, pero acababa de ir a su lado, por su propio pie.

"Sois mis vasallas favoritas, así que no dejéis que nadie os diga lo contrario. Siempre tendréis un lugar a mi lado." Sonrió Camilla, volviéndose para volver a darles un achuchón a sus chicas. Lo último iba un poco dirigido a la pelirroja, pero el sentimiento era el mismo para ambas.

Un acelerado Niles pasó cerca de ellos, corriendo con una hoja de papel en las manos. Se detuvo un momento al localizar a la princesa Camilla, pero al reconocer la irritantemente ñoña situación en la que estaban las princesas con sus vasallos, eligió buscar a otra persona que le pudiera identificar el símbolo que había visto. Tal vez esperase a su señor después de la reunión estratégica.

-O-O-O-

"Buen trabajo, Charlotte, Kaden. Podéis retiraros." Licenció el príncipe heredero con una pequeña cabezada.

"Vuestros deseos son órdenes." Reverenció la rubia, inclinándose con gracilidad.

"A mandar, jefe." Soltó el zorro, llevándose las manos a detrás de los hombros. La mujer le agarró la cabeza con fuerza, obligándole a inclinarse ante el príncipe. Entonces, con una sonrisa de mentirijilla, salió de la tienda para soltarle un sermón al flojeras de su compañero. Kaden intentó decirle que en realidad él era el jefe de su tribu, intentando justificarse así con Charlotte, pero la guardia no le dio oportunidad.

Si tan solo la hubiera ayudado un poco más en las negociaciones, tal vez se hubiera pensado permitirle explicarse. ¿Quién se creía que era ese hoshidano? ¿Acaso no reconocía la belleza cuando la tenía delante? Era la primera vez en mucho tiempo que sus camelos fracasan, y su orgullo había sido herido. ¿Que cómo logró convencerles entonces de la tregua? Sacó su mal genio, explicándoles por qué debían estar agradecidos de que les ofrecieran un trato. El resto fue como la seda.

"Mi señor, tal vez sea muy precipitado de mi parte, pero quisiera proponer un asalto nocturno al grupo hoshidano." Ofertó Gunter, agarrándose las manos tras la espalda, firme y altivo. El otro par de generales mayores guardaron silencio, considerando su proposición para sus adentros.

Un ataque veloz y coordinado sería capaz de reducir la oposición hoshidana en cuestión de minutos, y al ser un ataque sorpresa, el número de bajas en su bando sería mínimo.

"¿Qué estás diciendo, viejales? ¿Ya estás senil?" Se mosqueó Ross, cruzándose de brazos mientras se subía sobre la mesa y los planos para poder mirarle desde arriba con una cara provocativa.

"Todavía tengo que escuchar alguna propuesta suya, ex-general Ross." Replicó el hombre canoso, afilando sus ojos con una sonrisa hiriente al hacer particular remarque en su título.

"¡Serás cab-"

"Ross, estás manchando los planos generales de guerra." Regañó Xander, con infinita paciencia a la hora de tratar con su delincuente. Echó otro vistazo al mapa, apartando el montón de tierra que había esparramado el pelirrosa. Éste se tragó su orgullo y le ayudó al príncipe en aquella tarea, buscando aquello que fuera del interés de su comandante e intentando adelantarse a sus pensamientos.

"¿Y por qué no os gusta su plan, ex-general Ross?" Preguntó el general de la voluminosa barba blanca que cubría su boca por completo, y reluciente calva. Su pinta era una más bien mansa, pero no muchos le habían visto sobre su máquina de guerra y vivido para contarlo.

"Porque es una mierda de plan, ¿por qué si no? ¿Que vayamos durante la noche y les masacremos? ¿Acaso queréis manchar el honor nohrio con juego sucio después de ofertarles una tregua a nuestro enemigo?" Se mosqueó el pelirrosa, cruzándose de brazos.

"¿Debo recordarle que estamos en guerra?" Intervino Gunter, endureciendo su expresión. "Como nuestro oponente, nos conviene debilitar sus filas, y si dejamos que vuelvan con los suyos, estaremos en problemas al darles a saber por dónde venimos." Siguió argumentando, apilando razones de peso para ejecutar su plan.

"Lo que no nos conviene es ganarnos la antipatía de nuestros adversarios." Dijo de pronto un rubio, sentado en una silla de madera. Tenía la mirada perdida, y se agarraba la cabeza con las manos. Su cinta oscura reposaba sobre la mesa, y su pelo caía sobre su cara dándole una pinta agotada. "Estamos en su territorio, y por lo que sabemos, los hoshidanos pelean con honor. Si les forzamos a sacar sus trucos sucios, tendremos las de perder al estar fuera de casa." Expuso Leo, con algunas pausas en su habla.

"Permitidme insistir, príncipe Leo, pero, ¿os habéis olvidado de lo que le hizo vuestro padre al rey Sumeragi? No me parece que vayan a contenerse con nosotros, precisamente. Lo que es más, me preocupa que puedan estar planeando el ataque a la fortaleza en este mismo momento." Replicó razonablemente Gunter. El dolor de cabeza de Leo dio un pico de intensidad tras sus palabras, desencadenado por el molesto traidor.

"¿Y porque nuestro rey se haya manchado las manos de sangre usando mentiras para mofarse de su enemigo, deberíamos hacer lo mismo que él? Así, podríamos ganar la guerra, ¿pero y la confianza del pueblo?" Intervino el otro general veterano. Era un hueso alto y estirado, de pelo rubio desgastado y echado hacia atrás. Nunca había pisado el campo de batalla, pero eso es porque bajo su mando nunca ha habido ninguna batalla que requiriera de su presencia.

"Ya tendremos tiempo de restaurar la relación con nuestros súbditos. ¡Ahora debemos actuar!" Presionó Gunter, cabezota en su opinión. Un silencio fue pedido al alzar Xander su mano, y un silencio se instauró.

"Estratégicamente, la propuesta de Gunter es plausible. Mermaríamos las fuerzas de Hoshido y tomaríamos la guerra por las riendas." Cedió el príncipe, hablando las cosas claras. "Cuando llegue Padre, si le presentamos a los prisioneros, puede que le perdone la vida a alguno, decidiendo sacarle toda la información que pueda. Tratándose de él, dudo que ni un hoshidano pueda resistirse." Xander volvió a cruzarse de brazos, con una expresión reflexiva.

"No obstante, sueño con un futuro en el que Nohr y Hoshido puedan estar en paz. No sé lo que piensa hacer mi padre con el trono real, pero me temo que no planea hacer nada bueno. Como su hijo, no cuestionaré sus métodos, y obedeceré cada orden que me dé al pie de la letra. Antes de salir me dijo que conquistara Hoshido."

Entonces dejó caer los brazos, con la mirada al frente y cargado de seguridad.

"Pero no me dijo cómo. Mientras no venga a tutelar el progreso de la guerra, las cosas se harán a nuestra manera, y por nada del mundo mancharé el honor de nuestro pueblo con un acto tan villano como un ataque nocturno." Rechazó rotundamente, dando un manotazo en la mesa.

"Y nosotros os seguiremos, príncipe Xander. Sois la esperanza de nuestra nación." Aprobó el calvo rechoncho, con una leve inclinación que se contagió a todos los presentes menos al que ya estaba encogido.

"Aprecio tus consejos, Gunter, pero la guerra no es solo una cuestión de estrategia. Hay que ser respetuosos con tus contrincantes, pues ellos también luchan por defender a su gente. Como tal, no se merecen un acto tan deshonroso." Le dijo al fiel consejero que se había cruzado de brazos. Éste permaneció en un extraño silencio, para finalmente volverse al príncipe y dedicarle una reverencia.

"Seréis sin duda un rey sabio, príncipe Xander. Es una lástima que vuestro padre… no comparta vuestra opinión." Murmuró el pelimorado claro, con una anormalmente recargada mirada. Apretó los puños detrás de su cuerpo, sintiendo la rabia y la ira bullir en su interior con el mero recuerdo de Garon. … No se iba a rendir tan fácilmente. Por fin había encontrado a un señor que es capaz de entender su dolor, y con su poder, destruiría todo lo que construyó ese monstruo.

-O-O-O-

"¡Señor Leo!" Llamó el peliblanco al reconocer a su jefe saliendo de la tienda de campaña. Había estado esperando a que terminaran la reunión para preguntarle al respecto. Lo tenía en la punta de la lengua, pero no lograba recordar dónde había visto aquel símbolo antes.

El rubio se volvió a su vasallo, caminando con un rumbo perdido. Al reconocer a Niles, se relajó un poco. Hacía tiempo que no hablaba ni con él ni con el entusiasta de Odin. Pensar en esos dos incorregibles subordinados suyos le tranquilizó un poco. Aunque el fondo de su mente se retorciera como si estuviera enterrado en el desierto, siempre podría contar con sus compañeros de armas.

"¿Qué ocurre, Niles? Sea lo que sea, te ruego que lo digas en voz baja." Pidió el rubio, llevándose la mano a la cabeza, posando la vista sobre las irregularidades del pétreo suelo para no tropezar.

"Claro. ¿Sabríais decirme de dónde es éste símbolo?" Preguntó el arquero, mostrándole el papel en el que había copiado rápidamente el símbolo de Miles. Leo miró sus formas con extrañeza, luego con sorpresa.

"Hacía tiempo que no veía éste símbolo… Era la insignia de la casa de los Clarke. Supongo que no me hace falta contarte la clase de personas que fueron, antes de cavarse su propia tumba." Mencionó Leo, regresándole la hoja. Pensar en aquellos indeseables le desagradaba.

"Los Clarke… no puede ser…" Murmuró Niles, retrocediendo un par de pasos. Se quedó pensativo durante unos segundos, para acabar apartando aquel asunto de sus pensamientos. "¿Puedo hacer algo por vos, señor Leo? Tenéis mala cara." Se preocupó entonces el peliblanco, notando la frágil compostura de su señor. El príncipe le dedicó una media sonrisa, reanudando su débil marcha a su cuarto del plano astral.

"Es solo un dolor de cabeza." Contestó, parándose al pasar a su lado y posando su mano sobre el hombro de Niles. "Gracias por todo, Niles. Espero poder seguir contando contigo en el futuro." Le susurró mientras reprimía un quejido de su dolor.

"¿Pero qué decís? No solo me salvasteis la vida, sino que encima me convertisteis en vuestro vasallo. No seré más que un rufián, pero incluso yo sé lo que es la gratitud." Replicó el peliblanco, todavía mirando al frente y con una actitud desgarbada. "Además, si no llego a estar con vos, ¿quién le pondría freno a Odin?" Se rió, cargando su mirada algo que jamás reconocería. No se creía capaz de profesar afecto, pero eso estaba haciendo.

Leo acabó de formar su sonrisa, algo mejor al saber que podía contar con Niles. Aguantaría. Aguantaría todo lo que le pudiera ofrecer a Miles. El psicólogo se quejaría al ver tanta presión sobre sí, pero lo cierto es que nadie más podía ayudarle. Todavía no se explicaba de dónde venía tanta humildad. ¿Cómo que solo un psicólogo? ¿Podría un psicólogo si quiera tambalear el curso de una conquista?

-O-O-O-

Siempre me han dicho que pienso demasiado las cosas. Tienen razón. Ya os dije que pensar es malo. (Añadiré por aquí algún comentario sobre lo raro que se están volviendo estas partes del final, pero normalmente son reflejos de mi estado mental, el cual no está muy… bien. Bah)

Aquí antes había una deprimente reflexión sobre lo triste que era la vida, salpicada por perdidos momentos de felicidad. Ésta es una edición en la que, como dije en la reflexión, ya me he recuperado. He tardado poco, hehehe, pero eso es bueno supongo. Me había dejado llevar por la naturaleza de mis planes, y sin duda me hacía falta escribir lo que he escrito (ahora, después de pasar un día). ¿Sigue siendo una tragedia? Sí. ¿Sigue gustándome muy poco tener que tratar con un mundo cruel donde la muerte espera a la vuelta de la esquina? También. Pero no merece la pena darle tantas vueltas. Al final lo que importa es seguir avanzando. (Anotaré esa frase por ahí, para cuando vuelva a tener un colapso mental)

Se aprecia el feedback. Me dijeron (en la versión traducida, que por cierto he empezado, lo cual ha participado en la conspiración para hacer que me retrasase en éste capítulo, además de mis dificultades ideológicas, y por lo cual diré una disculpa) que mentía cuando avisé que la historia sería una cruel, cruda, encantadora y honesta, así que dejaré que seáis vosotros quienes la califiquéis. ¿Llegaré a terminarla antes de que mis propios pensamientos cada vez más delirantes me hagan parar? *Guiño, guiño* *Codo, codo*

(Otra reflexión, por no dejar ésto demasiado famélico. ¿No os parece aburrido que, normalmente, siempre sea el amor el fin supremo de todos? ¿Quién no quiere ser amado? ¿Quién no quiere reconocimiento? Tal vez exista algún malo super estereotipado cuyo propósito sea simplemente saltarse esa norma. Sería un malo temible, pero sería un malo vacío, víctima de un sin fin de rechazos.)