Los personajes son creados por la escritora Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita, y la mangaka Yumiko Igarashi, seudónimo de Yumiko Fijii, publicado en Japón por Kōdansha Ltd. desde 1975 a 1979.

Candy lloraba inconsolable, solo veía a su esposo estaba muy molesto y aunque no gritaba se veía determinado a irse, lo peor era que se llevaría a su hijo, no lo peor era que los perdería a ambos, su intención no era rechazar aquello pero con la impresión de que no fue a ella si no a sus hijos, no dijo nada estaba impresionada ¿Por qué haría eso el tío abuelo? ¿Por qué no dejarse todo a sus sobrinos o a la tía abuela? estaba tan sumida en su dolor, que no escuchó cuando le hablaban.

-Que te vayas a atender al niño, ya lo dejaste con tus hermanos solo por ir a esos, la voz de Albert la hizo brincar del susto.

-Yo.. No.. yo no me quiero ir, diciendo esto corrió y se guindó del cuello de su esposo, estaba decidida a no soltarlo, ya había renunciado a muchas cosas en su vida y no los dejaría ir a ellos.

-Creo que ya tomaste tu decisión Candy, ya te lo había dicho una vez.

-No, no voy a permitir que te alejes de mi, nunca, nunca permitiré que eso suceda, sus lágrimas corría incontrolablemente por sus mejillas, su cuerpo temblaba con sus sollozos, por más que él no quisiera corresponder, no soportaba verla así, no soportaba verla llorar, sin poder resistir más la abrazo con una mano de la cintura y con la otra acariciaba su larga cabellera, solo pudo suspirar, hasta que la sintió más tranquila y la abrazo atrayéndola más a su cuerpo con fuerza.

-Es lo mejor Candy, ya yo no soporto tanta tensión, no soporto sentir que están en peligro y no poder hacer nada, antes estábamos bien, vivíamos tranquilos ahora todo es un desastre entre nosotros, no quiero lastimarte pero la seguridad de mi hijo es primero, ella lloraba con más fuerza al escuchar aquello.

-Con permiso, Alan se retiraba cerrado la puerta afuera se topó con unos hombres un tanto extraño y enseguida se puso alerta, de una seña hizo que uno de sus hombres se acercara temiendo lo peor.

-Disculpe amigo, no vio pasar a una chica rubia de cabello largo, es que no vi hacia donde fue, ella es mi hermana, está angustiada por nuestra madre y salió como loca,Alan enseguida percibió la mentira.

-Lo lamento no la vi pasar, estaba acompañando a mi hermano y hasta ahora salgo, quizás una enfermera puede ayudarlo, Alan señalaba a una de las enfermera que venía por el pasillo con la cabeza.

-Gracias, decía aquel sujeto y caminaba aun tratando de normalizar su respiración agitada, enseguida entraba cerrando la puerta tras de sí poniendo el seguro.

-Candy, te venían siguiendo, la pareja aún estaba abrazada y ambos se voltearon a verlos alarmado.

-No lo creo, el señor que me trajo dio varias vueltas para despistar, Alan negaba con la cabeza.

-Albert la ajustaba más a su cuerpo, no podía dejarla en aquel lugar sola , ya no quería esperar más, en cuanto el médico llegara a verle le diría que necesitaba irse, necesitaba llevarlos lejos de aquel lugar a donde nadie les consiguiera.

-No te preocupes, todo estara bien mi amor ¿Qué vamos hacer Alan? ella temblaba en sus brazos temiendo lo peor.

-Por el momento Candy no debes salir, ya no podrás utilizar ese coche, debes esperar a que traigan otro veiculo, no podemos arriesganos a que ubiquen el lugar en donde estarán ustedes.

-Me quiero ir, me quiero ir lejos de este lugar Albert, perdoname, perdoname por favor, no me voy, de todas maneras nuevamente ella lloraba aterrada.

-Tranquila, en cuanto el médico llegue le diré que me voy y en cuanto se puedas tomamos el tren a New york y no vamos lejos, muy a su pesar Alan entendía a su amigo, y por supuesto que haría todo lo necesario por sacarlos del país si eso era lo que él quería, quizás eso sería lo mejor para ellos, verlos así de causaba una opresión en el pecho, al verlos abrazados pensó en que su amigo tenía tenía la familia que tanto había soñado, no iba a permitir que nadie le hiciera daño al que consideraba un hermano.

-Por ahora lo mejor es que no salgas, que te quedes acá, voy a coordinar todo para ver como te traslado Candy, luego se retiraba para dejarlos solos para ver la manera de sacarla de aquel lugar.

-Te amo, decía ella entre sollozos mientras escondía la cara en el pecho de su esposo.

-Yo te amo mucho más, trata de tranquilizarte, esto era lo que quería evitar, algo me decía que esa gente solo no traería problemas, ahora solo debemos asegurarnos que Tony está en un lugar seguro, cuentame que fue lo que sucedió ¿Por qué te siguiero?

Ella contaba con lujos de detalle todo lo que había ocurrido, el solo la abrazaba y trataba de tranquilizarla cuando el llanto no la dejaba continuar, a él también le asombro aquello ¿su hijo, sus futuros hijos serían los herederos?

-Amor, esto es mucho más grave, esa mujer está desquiciada ¿Cómo te amenaza de esa manera delante de todos? ahora temo más por nuestro pequeño, necesitamos irnos lejos, hora más que nunca debemos alejarnos de esta gente Candy, ella solo asentía sin despegarse de él y sin dejar de sollozar.

-Si, lo lamento, decía antes de romper nuevamente en llanto descontroladamente, el la tomaba en sus brazos levantandola y llevándola con él hasta la cama, se veia tan fragil llorando de esa manera, no la veía llorar así desde aquella vez que rompieron su corazón y sus ilusiones, la acomodo en su cama para luego acostarse con ella y abrazarla con fuerza, hasta que ella se fue quedando dormida.

-Nunca te abandonaria, sería como aceptar morir lentamente mi amor, no puedo imaginar mi vida sin ti, porque tu eres mi vida, ustedes son mi mundo mi razon de existir, después de un rato él también se quedaba dormido acomodándose de tal manera que quedara acoplada a su cuerpo.

Al entrar Alan sonreía al verlos de aquella manera, no sabía cómo sacar a la rubia del hospital sin ser vista, al inspeccionar pudo constatar que habían varios hombres apostados vigilando la salidas, no era seguro que saliera estando aquellos sujetos vigilando, al estar en el segundo piso era imposible salir por aquella ventana y aún así no podrían hacer nada, una pared, no esa no era la salida, Albert al sentirlo caminar se despertaba y le contaba a Alan lo que ahora sabía, después de escuchar aquello estuvo de acuerdo que lo mejor sería que salieran del país mientras George solventaba las cosas.

-Me preocupa que la siguieran hasta acá Alan.

-Mejor que la siguieron y vino a dar hasta el hospital y no con el niño Albert, los dos guardaban silencio, el solo pensar en aquello acrecentaba sus temores.

Elroy furiosa por el contenido del testamento y por haberse descuidado al lanzar su amenaza se retiraba a su mansión, debía concentrarse y pensar en otra cosa por ahora no podía hacerle nada a la mugrosa ni a su familia, estaba en el despacho de la mansión de los Andrew repasando lo que había sucedido.

-¿Quién será ese mediocre que me amenazó? malditos y mil veces malditos gritó sin poder contenerse, comenzó a tirar todo lo que se encontraba en aquel lugar, porta retratos, floreros, libros, muebles todo todo lo fue volcando a su paso, los empleados temerosos de lo que escuchaban se mantenían tras la puerta sin atreverse a decir hacer nada más que escuchar todo lo que aquella mujer vociferaba.

-Maldito william, tus hijos son unos malditos desgraciados, todos los empleados abrían los ojos a todo lo que daban del asombro.

-¿Tenía hijos el señor William? decía una de las mujeres de servicio, aquello era increíble porque algunos conocían al joven pues por algún tiempo estuvo bajo su cargo.

-Maldita mugrosa como te odio, tanto trabajo, tanto tiempo de esperar por esto y ahora tú te interpones en mi camino, maldita mugrosa tu y tu bastardo me la van a pagar, en ese momento todo ceso, ya no se escucharon más gritos no más objetos romperse dentro del despacho.

CONTINUARÁ...