CAPÍTULO 37: Llamadas perdidas
Les dejo otro capi. Gracias por los comentarios. Son lo mejor. Gracias, gracias y gracias.
Brennan llegó al hospital después de cenar. Había dejado a Ruth con Erin y ella iba a pasar la noche junto a Booth.
Cuando entró a la habitación lo observó. Hacía tiempo que no lo hacía. Cada día iba a verlo pero nunca lo miraba con atención, tal vez porqué dolía demasiado.
En aquella cama Booth no parecía él. La cama se lo comía. Se veía tan indefenso. Estaba allí, envuelto de cojines para que no se llagase, el tubo que le salía de la boca y le contectaba al respirador le tapaba media cables de monitorización salían de su pecho para llegar hasta la pantalla que traducía sus latidos en ondas. A todo eso llevaba varias vías en los brazos a los que conectaban sueros para hidratarlo y una vía debajo de la clavícula dónde iba conectada la bolsa con su alimentación. A eso había que añadir que las barandillas estaban siempre subidas, por precaución. Booth, el ranger Seeley Joseph Booth necesitaba cómo escudo unas barandillas de cama.
Pero lo peor no era eso, lo peor era ver la cara y el cuerpo de Booth. La cama lo había consumido. Ya no quedaba apenas nada de aquellos músculos en los que Brennan se recreaba en acariciar cada vez que estaban juntos en la cama. Ahora Booth parecía piel y huesos.
Brennan decidió cerrar los ojos y sentarse a su lado, cómo hacía siempre que dormía con él. Esa noche no había traído su portátil ni nada de trabajo. Estaba ya demasiado cansada. Booth llevaba ya 7 meses en coma. Pronto tendría que empezar a pensar que haría cuándo hiciese un año. Tenía que buscar algún centro dónde llevarle o tal vez llevarlo a casa, en tal caso no podía vender el ático, en su apartamento no cabían...
-Es muy duro – dijo Brennan mirando a los ojos cerrados de Booth – Se que no me oyes pero necesito hablarte, necesito pensar que estás ahí escuchándome. Se que es absurdo, pero cada día que pasa me cuesta más aceptar que no vas a volver. - Brennan apoyó la cabeza en el brazo de Booth – Ruth va a hacer un año de aquí a dos días. Ángela nos ha invitado a su casa. No se si ir. Creo que estos últimos meses no me he portado muy bien con ellos pero me es muy difícil. Y aunque se que debería ir no quiero ponerme a llorar delante de todos. Porqué cuándo vea a nuestra niña soplar las velas sabiendo que tu no estás será muy difícil compartimentar los acontecimientos. - dijo la antropóloga secándose un lágrima que caía por su mejilla - Pero precisamente por ella creo que tengo que ir. El otro día hablé con Sweets y creo que tal vez no debería distanciarme de ellos. No por mí, sino por Ruth. También son sus amigos y... hay cosas que yo no voy a poder enseñarle y necesitará a Ángela, Hodgins, Sweets, Cam.. para que se las cuenten. - Brennan se frotó las cejas – Y creo que yo también los necesito. Pero me da mucho miedo Booth. No creo que pudiese soportar perder a nadie más.
La antropóloga miró a Booth. Ojalá pudiese contestarle. Darle la clave como hacía siempre. Se acordó de la primera vez que lo vio. Irrumpiendo en su clase. Booth. - suspiró - Aunque sabía que era una tontería, había sabido desde el primer día que aquel atractivo hombre no era uno más.
Entró como un rayo de luz, dando sentido a su vida. Con aquella sonrisa encantadora que parecía mágica había conseguido liberar a su recluso corazón, poco a poco, día a día. La había hecho sentirse viva y había hecho que lograra confiar en alguien. Antes de él nada había tenido sentido. Antes de él no sabía lo que era amar. Nunca pensó que su amor duraría tan poco. Se había ido sin ni siquiera decirle adiós.
Brennan empezó a llorar, él siempre sería el amor de su vida
-¿Que debo hacer ahora Booth? - dijo Brennan susurrando y secándose las lagrimas -¿Como se supone que debe seguir mi vida? ¿Que hago con mis labios cuando suplican tus besos? ¿Como se supone que debo vivir las noches y los días? No sabes lo que daría para tenerte cada mañana a mi lado al despertar. ¿Cómo sigo sin tí Booth? ¿Que diablos hago con mi alma que está empeñada a seguir aferrada a la tuya?
Siguió toda la noche llorando, maldiciendo que aquel estúpido tumor los hubiese separado.
Sully y Perotta estaban esperando a Brennan calentándose el café en la cocina de al lado de las salas de interrogatorios. Habían logrado traer a los 3 sospechosos alemanes. Los habían interrogado y habían sacado algo, pero necesitaban la opinión de la antropóloga.
-Buenos días – dijo Sully cuándo vio entrar a Brennan. No tenía buena cara. Se notaba que no había dormido.
-Buenos días – contestó Brennan -¿Qué sabemos de los sospechosos?
-Bueno, hemos estado un rato interrogándoles y parece que tenemos algo. - Sully dio un sorbo a su taza - La esposa y el amigo de la víctima se entendían. Tenían un romance.
-¿Y el tercero? - preguntó Brennan
-Parece ser sólo alguien que estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado – dijo Perotta poniendo su taza a lavar.
-¿Empezamos con los tortolitos? - dijo Sully
-Como quieras – dijo Brennan dejando la chaqueta y bolso en el perchero de la cocina.
-Está bien. Entrar vosotros dos. Yo estaré detrás del cristal. - Perotta rozó sin querer con la mano a Sully. Los dos se tensaron al notar el contacto. Brennan lo advirtió.
-¿Vamos entonces? - preguntó la antropóloga.
Entraron a la sala de interrogatorios. Ursula Hanslem y Frederick Otto estaban dentro junto con un traductor.
-Señora Hanslem, señor Otto... – saludó Sully - Esta es la doctora Temperance Brennan, debe hacerles algunas preguntas.
El traductor les explicó lo que Brennan venía a hacer y mientras tanto la antropóloga observó a los dos alemanes. Eran mayores, ella entre los 70 y los 75, él era más mayor.
-Ella es imposible – dijo Brennan sin esperar a que el traductor acabara.
-¿Cómo? - dijo Sully
-Demasiado bajita, demasiado pequeña. No tiene la fuerza suficiente cómo para levantar el arma. Los signos de artrosis de las manos muestran que le hubiese costado sujetar el arma. Además la profundidad de los golpes es mucho mayor a la que ella podría ejercer
-Entonces sólo puede ser él – dijo Sully
-Podría ser... - dijo Brennan observando mejor al hombre. Los dos alemanes no entendían nada. - Pero es difícil. También es mayor. Es difícil que pudiese ejercer esa fuerza. Además Cam me dijo que la víctima tenía un hematoma en la cadera, producto posiblemente por un golpe de rodilla. Este hombre no tiene la altura adecuada ni la suficiente movilidad cómo para ser el autor de tal golpe.
-Pero ese golpe no tuvo porqué ser de la agresión. ¿Es totalmente imposible que fuese él?
-No.. totalmente imposible no.. pero Sully, ningún jurado lo condenará. No podré afirmar con rotundidad que él es el autor de las lesiones. - dijo Brennan mirando la cara de desesperación de su compañero – Tal vez el tercer sospechoso...
-No, no tiene ningún móvil. Sin móvil tampoco nadie lo condenará
-Chicos – dijo Perotta a través del pinganillo – Tengo algo que creo que puede interesaros. Sabíamos que la víctima había crecido en un campo de concentración. Pero lo que no sabíamos es que había crecido no como judío, sino como hijo de un director nazi del campo. - dijo Perotta con voz triunfante.
-¿Y eso que tiene que ver? - preguntó Brennan ante el asombro de los dos alemanes que no entendían con quien hablaba.
-El tercer sospechoso, Magnus Buttner es judío. Su familia había vivido en un campo de concentración - dijo Sully
-Entonces ya tienes un móvil. - dijo Brennan
Hicieron pasar a Magnus Buttner a la sala de interrogatorios.
Cuándo Brennan vio entrar al sospechoso miró a Sully y asintió con la cabeza.
-Coincide perfectamente, es mas joven. Tiene la altura que concuerda con el golpe de la cadera y la fuerza suficiente cómo para realizar esas heridas.
-Y encima las cámaras muestran que sólo pudo ser él. - añadió Sully – Tradúzcale si tiene algo que decir – dijo Sully dirigiéndose al traductor
-No hace falta – respondió Magnus Buttner con un claro acento germánico– Habló inglés,les he entendido.
-¿Entonces? ¿Nos lo puede explicar? - le interrogó Sully
-Cada vez que veíamos algo patriótico americano no paraba de decir que no sabía de que se enorgullecían los americanos, si sólo habían hundido al mundo al vencer a los nazis. Tenía que aguantar esos comentarios una y otra vez. Mi padre vivió en un campo de concentración. Perdió a sus padres y a su hermana y estuvo bajo torturas durante años. - la mandíbula del alemán estaba totalmente tensa, tomada por la rabia – Antes de parar en la gasolinera dijo que los campos de concentración habían sido el mejor invento del hombre, que no había nada más efectivo que la cámara de gas. Ahí exploté. No pude más. Cogí el gato hidráulico y una vez en el baño le dí tantos golpes cómo judíos de mi familia había matado. Aún le debo los golpes de 6 millones de judíos más. - el hombre dio un golpe en la mesa – Merecía morir y lo volvería a hacer.
-Creo que ya no hay más que hablar – dijo Perotta desde la sala anexa
Brennan y Sully salieron de la sala. Perotta se encontró con ellos en el pasillo.
-Bueno, si no os veo. Feliz Navidad – dijo la agente
-¿Dónde vas a cenar esta noche? - preguntó Sully.
-Bueno iré a casa de mis hermana. ¿Y tu? - preguntó Perotta con fingido desinterés
-Yo cenaré en casa. - dijo Sully
-Ah – Perotta se giró hacia Brennan - ¿Y tu Brennan?
-Cena con él – contestó Brennan
-¿Cómo? - a Perotta se le encendieron las mejillas
-¿Qué dices Brennan? - dijo Sully
-En serio. Lanzaros. Se nota que la química de vuestros cuerpos conecta a la perfección. La vida es muy corta – Sully y Perotta entendieron por dónde iba – Daros una oportunidad. Feliz Navidad
Los agentes se la quedaron mirando mientras ella entraba a la cocina a recoger su bolso. Se puso el abrigo, la bufanda ,sacó las llaves del coche y miró el móvil cómo hacía siempre.
Vio cuatro llamadas perdidas de Ángela, dos de Cam, otra de Hodgins... ¿Qué pasaba? También tenía un mensaje en la bandeja de entrada. Lo abrió, era de Ángela "Ven al hospital. Rápido"
Se hizo un nudo en el corazón de Brennan. Booth los iba a dejar. Su cerebro ya no estaba pero ahora su cuerpo también los iba a dejar. Sabía que eso podía pasar. Intentó llamar a todos pero ninguno le cogía el teléfono. Sabía que si estaban en la habitación con Booth no les dejarían tenerlos encendidos. Decidió llamar a Erin, quería que llevara a la niña al hospital. Si quedaba algo de Booth en aquel cuerpo quería despedirse de él junto a su hija.
Brennan entró en el coche rápidamente. Condujo rápido hasta el hospital. En la puerta la esperaba la niñera con su hija en brazos. Brennan cogió a Ruth.
El ascensor estaba en la planta baja cuándo entraron. Pararon en dos pisos antes de llegar a la planta dónde estaba Booth.
Brennan intentaba pensar con claridad pero le era imposible. Sabía que hacía tiempo que Booth se había ido pero el hecho de poder ir a verle hacía que la perdida fuese menos dolorosa. No podía imaginarse tener que ir a verle a un cementerio. No podía imaginarse cómo sería ver las letras del nombre de su amado grabadas en una fría piedra.
Brennan abrió la puerta de la habitación de Booth cogiendo aire. Sabía que detrás de esa puerta estaba el final de su vida.
Abrió la puerta y allí lo vio. Entonces la sensación más fuerte de su vida se apoderó de ella.
Sus miradas se cruzaron. No hizo falta nada más. Booth estaba ahí. No la había dejado.
Brennan tuvo que apoyarse en la puerta. Booth estaba delante de ella con una enorme mascarilla de oxigeno. No podía hablar pero no hizo falta. Con la mirada se lo había dicho todo.
-Cielo – dijo Ángela abrazando a su amiga – Ha vuelto
-Doctora Brennan – la doctora Baker se giró para saludarla – El señor Booth ha despertado hace unas horas. Parece imposible pero el TAC y el examen muestran que todo está bien. Ni siquiera tendrá secuelas. Serán unos meses duros, de fisioterapia. La cama ha atrofiado sus músculos. También deberá realizar fisioterapia respiratoria. Sus pulmones llevan mucho tiempo intubados. Pero por el resto... se pondrá bien. Tardará, pero se pondrá bien. No tiene explicación. Deberá ser estudiado a fondo. ¡Es.. un milagro!
Brennan no era capaz de asimilar toda esa información. ¿Booth iba a volver a ser el de siempre? ¿Tan fácil cómo algunos meses de fisioterapia y ya esta? Brennan miró por la ventana un segundo. Sabía que algún día la ciencia explicaría porqué Booth se había recuperado, pero se vio con la obligación de darle un gracias al de arriba.
Booth levanto la mano para indicarle a Brennan que se acercara. Apenas podía hacerlo. Era un gran esfuerzo para él en aquellos momentos y Brennan entendió que la recuperación sería muy larga.
-¿Te acuerdas de mí? – dijo Brennan cogiendo la mano de Booth.
Booth se apartó un poco la mascarilla de la cara.
-Muy graciosa. – dijo Booth con un hilo de voz
Brennan se dio cuenta de no era un sueño. Que Booth estaba ahí.
-Estás aquí – dijo la antropóloga
-Te dije que nunca te dejaría – Booth apretó la mano de Brennan, tanto cómo sus fuerzas le permitían– Está enorme. Es tan bonita como tú – Booth acarició a Ruth que estaba en los brazos de Brennan.
-Mañana hará un año – Brennan colocó a la niña en la cama. Al lado de Booth
-Me he perdido tanto...- dijo Booth mientras se volvía a colocar la mascarilla. Le costaba mucho respirar por sí mismo.
-Booth – empezó Brennan
Booth le contestó con la mirada. Quería que siguiese hablando.
-Sí quiero
-No te entiendo – dijo Booth apartándose un poco la mascarilla. Estaba muy intrigado. - Tal vez es porque tantos comas están haciendo picadillo mi cerebro pero... no te sigo.
-Que sí que quiero. Se que debes recuperarte y necesitarás tiempo, pero quiero. Se que si te hubieses ido nunca me hubiese perdonado no haberlo hecho. Quiero que todos sepan que somos uno. Que sepan que rompemos las leyes de la física haciendo el amor. Porqué nos queremos. Porque me he dado cuenta más que nunca que tú eres parte de mí. Sí Booth, quiero casarme contigo.
