Hola a todos…

Ya estoy aquí, con un nuevo capítulo, tenemos algo larguito hoy, espero que lo disfruten.

La advertencia de hoy: Maltrato y violencia.

Ahora sí, no los demoro más, a leer:



HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES

LIBRO TRES: "CAMINOS"

CAPÍTULO 37: "RESENTIMIENTOS QUE CRECEN"



El odio es la venganza de un cobarde intimidado.

George Bernard Shaw (1856-1950)

Escritor irlandés.


Londres, abril del 2002

Harry se dejó abrazar por Joel y Simak, mientras los tres, cargando sus pesadas mochilas, caminaban hacia la entrada de la academia; ya estaba acostumbrado a sonreír aunque no se sintiera con muchas ganas de hacerlo así que no le costó trabajo el parecer contento y animado mientras los tres seguían avanzando, escuchando acerca de la chica encantadora que Joel había conocido el fin de semana en uno de los bares más exclusivos de Londres mágico.

En la entrada, luego de la revisión habitual se encontraron con Violet, que venía extrañamente sola, sin el grupo de siempre, y para fastidio de Harry, se les unió durante el tramo hacia los dormitorios, parloteando acerca de lo bien que la habían pasado el viernes y lo triste que se había puesto porque él no había ido, trató de sacarle información acerca de los motivos para su ausencia pero, aunque sabía como sonreír y fingir ante los demás, no estaba de humor para pretender corresponder al coqueteo de la chica, así que se limitó a ignorarla por el resto del camino.

—Esa chica con la que sales debe estar muy buena… para que ignores a Violet —le dijo Simak en cuanto llegaron a su habitación.

—Violet no está tan buena —opinó Harry pensando en que su definición de "buena" distaba mucho de pechos grandes y cinturas estrechas, es más, sería bueno y no buena, ¡y claro que Draco estaba bueno!; medio loco e imprudente por hacer esas cosas, pero más que bueno al fin y al cabo. Suspiró cansado, no se había acercado a la casa de Mikel ni había tratado de contactarlo durante el domingo, esperando que Draco fuera el que lo buscara, incluso había abierto la chimenea en cuanto había despertado, pero nada había pasado luego de esa nota, sabía que tal vez debía haberla contestado, decirle que ya no estaba tan enfadado y que además sentía mucho el haberlo insultado y abofeteado, aunque en el fondo esperaba que Draco mostrara más interés; tal vez estaba muy ocupado con la poción y la fabricación de más dosis, sobre todo luego del gran titular de "Londres hoy" y de "El Profeta".

—Sí que lo está —dijo Joel, sacándolo de sus pensamientos —, aunque claro, hay mejores y menos problemáticas, sobre todo si consideras que su ex te partiría la cara de enterarse que te has metido con ella.

—Buen punto, una razón más para no andar siquiera hablándole, al fin no dice nada productivo, si no está hablando de fiestas, habla de su tío el auror, la verdad que hasta me aburre…

—¿Quién te aburre? —preguntó Norman entrando a la habitación.

—Violet —respondieron a la vez Simak y Joel. Norman soltó una carcajada.

—Me la encontré abajo, dice que Harry parece preocupado…

—Sí, por mantenerla alejada —bufó Harry deshaciéndose de la camiseta y las botas para meterse a tomar un baño antes de la cena. Se preguntó una vez más si es que no sería buena idea el escribirle a Draco.

*

"FABRICANTE DE POCIONES AL RESCATE"

Tras la terrible infección que aquejaba a los homosexuales del mundo mágico, la madrugada de ayer se pudieron contar al fin con los primeros pacientes recuperados y salvados de tan, según nos explican, terrible agonía.

Al parecer el mundo mágico tiene un nuevo aliado en cuanto a la fabricación de pociones se refiere, por normas del Ministerio un fabricante de pociones puede mantener oculta su identidad por diversas razones, ajenas a nuestra comprensión, como es el caso de este sujeto: se hace llamar "El Fabricante de Pociones", registrado como estudiante aún no graduado pero que ya tiene en su haber cuatro pociones originales patentadas, la tercera de ellas fue al parecer una para ayudar a los efectos de un veneno similar al que aqueja ahora a los homosexuales, pero que no había sido comunicado a la población; y la cuarta es la que ha logrado detener el avance de víctimas la madrugada pasada. De cincuenta y cuatro casos tratados la madrugada pasada todos lograron sobrevivir; ahora estos pacientes están mucho más que agradecidos con este interesante sujeto.

Se dice que, según la MACH, la homosexualidad puede ser tratada y no es un estado natural, sino una mala costumbre y que este tipo de afecciones son comunes por su comportamiento tan promiscuo, sin embargo, lo que se creía hasta la noche de ayer era una infección causada por un virus es, según los estudios y notas entregadas por "El Fabricante de Pociones", un veneno administrado con toda la premeditación del caso.

En las páginas 4 y 5 puede encontrar un gran informe acerca de los síntomas y los pasos que el veneno sigue para acabar con la vida del mago o bruja envenenado, así como la forma en que la poción actúa, incluso, luego de comprobar que el afectado sufría increíbles y horribles dolores durante todo el tiempo que duraba el veneno en el organismo, nuestro fabricante ha incluido algunos ingredientes que ayudan a soportar ese dolor…

Tony dejó sobre la mesa el diario, con el ceño fruncido y mirando con enojo al profesor Garfunkel, antes de tomar el segundo diario.

"SALVAN 54 VIDAS DURANTE LA MADRUGADA"

Una novedosa poción, creada por un chico que aún no termina la universidad y que se hace llamar "El Fabricante de Pociones" logra anular los efectos del veneno que estaba siendo aplicado a la población que sufre de homosexualidad…

—Ese mocoso… —masculló el profesor Garfunkel, Ginny trató de no lucir muy satisfecha de sí misma, ojala y ahora pudieran por fin tomarse las cosas en serio y deshacerse de Malfoy mientras ella se abocaba a reconquistar a Harry.

—Lo cierto es que hemos invertido mucho oro en las dos pociones que nos dio y en ambos casos todo ha sido desbaratado demasiado pronto —comentó Tony con voz seria mientras dejaba el segundo diario sobre la mesa, Ginny se puso en alerta, ese tono…

—No han sido desbaratados lo suficientemente rápido, pues creo que hemos contado muchas víctimas —se defendió el profesor —. Y podemos seguir investigando…

—Creo que ya no necesitamos más investigaciones, no para luego ser detenidos por este desviado, tiene que aceptar que es muy listo, apenas tuvo cuatro días para encontrar el antídoto.

—Exijo que se haga una investigación, esta poción era diferente, nos tomó meses idearla, dejar todo cubierto y no era un solo antídoto el que debía hallar, ni siquiera sabemos como consiguió averiguar que causaba ese tipo de dolor… Alguien está vendiendo nuestros secretos.

—No creo que nadie aquí venda nada —opinó Ginny apoyando a Tony —. Simplemente lo logró superar, una vez más.

—No, podemos seguir…

—No vamos a requerir más pociones, estoy harto de las pociones. Por lo pronto tendremos que desaparecer un poco, no podemos arriesgarnos a que aten cabos y lleguen a nosotros.

—Pero Tony, no dejaremos de…

—No lo haremos, Ginny, por supuesto que no —interrumpió Tony —debemos tomar otras medidas… Atacaremos directamente, es hora de que el mundo entre ya en razón y si no lo hacen por las buenas, lo harán por las malas; pero hay que hacerlo de manera inteligente.

Ginny sonrió contenta, al fin un poco más de acción.

*

Mikel, Gael y Draco bebían cómodamente sentados en los sillones de la sala del apartamento de Mikel, después de lo que había sido una excesiva pero bien recibida comida, por suerte ya nadie más había ido esa noche y los tres pudieron conversar un poco más relajados, aunque Draco no se sentía del todo cómodo, aún su mente estaba demasiado ocupada en pensar en Harry y en lo lejos que se sentía de él.

Draco les había relatado durante la comida cómo se había sentido con la poción y los pormenores de los ingredientes, le agradaba que tanto Gael como Mikel pudieran seguir su conversación.

—Lo cierto es que el jefe me está mirando muy raro desde que empezaron los ataques a gays —comentó Mikel tomando un nuevo sorbo de su copa de vino.

—¿Raro?

—Se lo huele… ya sabes, mi obsesión, tanto la primera vez como esta, por tratar de encontrar quién haga las curas y por seguir los casos de cerca…

—Ah… ¿Él no sabes que tú…?

—No —Draco juró percibir algo de vergüenza en su voz —. No me permitirían seguir si es que se enteran.

—Lo cual es injusto —aportó Gael que lucía ligeramente ebrio, Draco quiso advertirle, pero desistió ante la presencia de su novio, ahora era Mikel el que se tendría que encargar de un borracho Gael, si es que pasaba, claro —; se llama discriminación, en mi país no permiten que haya discriminación.

—Ah… sí —suspiró Mikel —, el país de las oportunidades ¿no?

—Por supuesto —dijo Gael levantando la copa para brindar.

—¿En verdad te echarían solo por ser gay?

—Sí, está catalogado como comportamiento inadecuado y peligroso.

—¿Peligroso? —jadeó Draco —, ¿cómo demonios va ser peligroso? Entiendo que tienen ideas muy cerradas por nuestro comportamiento, pero… ¿peligroso?, es decir eres gay, no un violador, o un asesino.

—Expliquémoslo al resto del mundo —resopló Mikel y Draco leyó la amargura en sus palabras, él lo comprendía muy bien… demasiado bien, lamentablemente.

—No sería mala idea —aportó Gael, de pronto más serio —, los grandes cambios empiezan con un solo paso, así que quién sabe, tal vez seamos nosotros los que demos ese pequeño paso.

—Creo que ya bebiste demasiado, cariño —bromeó Mikel quitándole la copa de la mano y dándole un profundo beso, Draco se obligó a no mirar y a no pensar en lo ansioso que estaba de darle un beso así a Harry.

—Gael tiene razón —opinó Draco en cuanto sus amigos se separaron —, es decir, la MACH está provocando que la gente se fije más en los gays, si siguen atacándonos de esa manera la gente empezara a notar que es injusto y que no tenemos nada de malo.

—O pueden darles la razón y querer quemarnos vivos… Nunca debes subestimar la reacción de las masas —dijo Mikel.

—Pueden quemar vivos a los de la MACH, que dicho sea de paso se la están llevando muy tranquilos, es obvio que ellos han sido los culpables en ambos casos, sin contar los diversos ataques de los que nadie habla y nadie les dice nada, ni siquiera lo insinúan, o investigan, y no es justo.

—¿Saben? Nosotros, los gay estamos muy separados, es decir, nos conocemos porque nos escondimos en la misma discoteca o cosas así, pero estamos muy apartados, todos ocultándose para evitar ser dañados… deberíamos crear algún tipo de lugar para apoyarnos, salir y hacerles frente a todos esos magos puritanos y dejarles en claro que no apestamos —razonó Gael, Draco y Mikel negaron con la cabeza y sonrieron antes de que Mikel se pusiera en pie y arrastrara a Gael con él a la habitación argumentando que efectivamente, ya había tomado demasiado.

Sin saberlo, ese fue el primer pensamiento de algo mucho más grande, aunque les tomó mucho llegar a ese punto…

*

—¡Legemerins!

Harry se lanzó al piso antes de que el hechizo siquiera lo rozara y se quedó respirando agitadamente, apoyando las manos y piernas en el suelo, atemorizado de que alguien pudiera ver su mente, pero era algo que tendría que pasar eventualmente si es que quería pasar la nueva asignatura, había sido tan descuidado como para no revisar que ahora le tocaba estudiar esos temas que tan poco le gustaban.

—¿Harry? —preguntó Edwin que era con el que estaba practicando, el profesor Van Vleck le dio una mirada preocupada mientras se acercaba a ellos.

—Lo siento… —jadeó Harry poniéndose en pie y mirando hacia el profesor.

—A ver, Potter, ¿o eres realmente patético con esto o es que no estás intentándolo a conciencia? —preguntó el profesor con el ceño fruncido.

—No puedo… es decir, ¿puedo hablar con usted a solas? —preguntó aún algo agitado. Frente a él Edwin le dio una mirada interrogante.

Van Vleck arqueó una ceja pero igual le permitió salir del aula, en el pasillo Harry tomó una profunda bocanada de aire antes de hablar, esperando que el mentir se le diera mejor por estas épocas.

—Hay cosas que no puedo dejar que vean… cosas privadas —explicó levantando una ceja, esperando que el profesor captara el mensaje.

—¿Privadas? Potter, a menos que hayas cometido un crimen…

—¡No! Me refiero a cosas de la guerra y de Voldemort. —Y de Draco y todos los demás, pensó preocupado.

—Ah.

—Hice promesas y hay cosas que no he revelado y que no puedo revelar…

—De todas maneras necesitas pasar la asignatura, Potter —dijo el profesor con mirada un poco más profesional —. Estoy seguro que nadie revelará las cosas que vea y que las personas a las que hiciste las promesas entenderán que…

—No puedo, es muy complicado de explicar.

—Si no apruebas no podrás pasar el semestre —rebatió el profesor cruzándose de brazos, Harry resopló, tratando de encontrar alguna salida.

—El examen es en tres semanas, prometo estar listo, pero no puedo practicar aquí.

—Es muy osado de tu parte creer que cambiaremos las reglas por ti.

—Nunca he pedido que las cambien por mí, solo es una concesión, de todas maneras haré el examen y si no lo hago bien me podrá reprobar.

El profesor Van Vleck pareció meditarlo por un momento hasta que finalmente asintió algo enfadado.

—De acuerdo, pero tomarás notas y verás como se realizan las prácticas.

*

La tarde siguiente, luego de las clases, Draco por fin volvió a su habitación, todo estaba tal como lo había dejado y se sintió algo raro estando tan solo nuevamente después de haber estado una semana en casa de Mikel, rodeado de chicos que iban y venían.

Durante la noche Mikel se puso en contacto con él nuevamente; San Mungo tenía una oferta que hacer y querían conocerlo, pero Draco seguía creyendo necesario no revelar su nombre, no necesitaba tener problemas ni menos que la gente se fije que él, que supieran que el mortífago ahora fabricaba pociones.

Mikel se notó comprensivo con él pese a que no estaba de acuerdo con su actitud y luego de conversar durante mucho rato decidieron que él mismo se encargaría de representarlo.

A la mañana siguiente el chico trajo consigo una carta con una oferta por demás interesante, Draco lamentó nuevamente no tener a Harry a su lado y en su lugar se sentó con Gael, que era el que lo ayudaba a fabricar las pociones, a estudiar la propuesta, entre los dos prepararon la respuesta con la contra oferta y antes del anochecer enviaron una lechuza al jefe de investigación de San Mungo, pidiendo más oro y asegurando tener los primeros lotes en el tiempo especificado.

"No solo se trata de hacer pociones para la gripa o para la alergia, también nos piden investigar y nos aseguran participación en los casos extraños" le había escrito Draco a Harry esa noche, luego de enviar la contrapropuesta a San Mungo y de que Gael se marchara.

También le había pedido perdón una vez más por haber probado el veneno y aunque él seguía pensando que tenía un punto válido, no lo mencionó, pues no quería iniciar una discusión a distancia. Le contó también como el sábado en la madrugada todos se quedaron despiertos comprobando los efectos del antídoto en los pacientes y como él había estado en pie hasta después del amanecer, con la firme idea de buscarlo, pero que comprendiera que como tenía que emprender el viaje en tren por no poder aparecerse, había querido esperar un par de horas más y que se había quedado dormido, que se sentía muy culpable y muy mal por no haberlo visto antes de que se fuera a la Academia de aurores y que ya lo extrañaba demasiado.

Cuando se durmió esa noche, luego de terminar de diagramar cual sería su método de trabajo y calcular sus horarios si es que San Mungo aceptaba la oferta, se sentía inquieto y nervioso, esperando por la respuesta de Harry; nunca habría pensado que ellos dos se pelearían de esa manera sobre todo por la forma como Harry siempre trataba de llevar la fiesta en paz incluso en la escuela, siempre daba su brazo a torcer y él dejaba las cosas pasar, de tal manera que una discusión no duraba más de un par de horas, nunca creyó que ellos tendrían tiempos en los que se pelearían hasta el punto de no hablarse por varios días.

*

Pese a todo sonrió, no podía negar que el recibir la carta de Draco lo había hecho sentir mucho mejor, sobre todo después de lo malo que había ido el día, siendo mirado de mala manera por sus compañeros, sobre todo por el grupo de Dashiell, que se burlaban de él por tener miedo y no querer intentar siquiera que alguien se meta en su mente.

"¿Qué pasa, Potter, miedo de que vean que en realidad no fuiste tan heroico durante la guerra?" había preguntado Sebastián con burla aquella tarde luego de las clases, cuando ya todos iban hacia el comedor. Joel y Edwin, que lo acompañaban en ese momento, lo habían sujetado para detenerlo, pues Harry se sentía demasiado irritado como para desperdiciar la oportunidad de romperle la cara al tipo.

Miró hacia el cielo, le gustaba las noches en esa época del año, pues podía ya ver algunas estrellas en el cielo y el clima no era tan frío como para ponerlo azul y congelarlo, tenía consigo la carta de Draco, que había llegado poco antes de que tuviera que ir a cumplir con su guardia, así que, presa de la curiosidad, la había leído durante los primeros minutos de su turno, turno que no terminaría hasta dentro de tres horas. Al menos podría dormir un poco y ya en la mañana se encargaría de contestarle.

Para su total aburrimiento la guardia pasó sin ninguna novedad, ningún ejercicio ni nada que interrumpiera el estar allí de pie vigilando un tonto e imaginario edificio. Le dio la razón a Draco cuando decía que le parecían ridículos y algo crueles muchos de los ejercicios que eran obligados a realizar.

A las tres de la mañana Chris, con los ojos irritados y bostezando sin ningún tipo de pudor, llegó a reemplazarlo, apenas intercambiaron un ligero saludo antes de que Harry caminara hacia su dormitorio, de regreso se encontró con Joel y Violet que tampoco parecían ya tener muchas ganas de hablar.

Cayó inmediatamente en la cama, sabiendo que le quedaban menos de tres horas para descansar antes que empezaran las clases del día siguiente. Desde uno de los escritorios Alba lo miraba reprochadoramente.

—Lo siento, bonita —dijo en voz baja hacia el ave —; mañana contestaré…

Pero a la mañana siguiente se quedó dormido, él y sus demás compañeros fueron despertados por Simak, que regresaba de las guardias, apenas tuvieron tiempo de meterse en las duchas y salir corriendo hacia las clases; se perdieron incluso el desayuno y sintió su estómago rugiendo de hambre mientras el profesor Hulme les llamaba la atención por su pobre desempeño, dejándoles un castigo para la noche, luego de las clases, y haciéndolos demorar en el campo hasta que apenas tuvieron tiempo de entrar al comedor y tomar un par de bollos antes de correr hacia la siguiente clase. Aquella tarde les tocaba la asignatura de Rastreo, la cual fue tan desastrosa como la de ocultación. La profesora Driscol también los hacía entrenar en el campo, haciéndolos seguir rastros de magia y de desapariciones, pero les fue muy difícil no confundir los rastros de "los delincuentes" con los de sus propios compañeros de grupo, así que varias veces Harry se encontró alcanzando a Pritchard o a Emma en lugar de a Dashiell o Elías Vance, que eran a los que tenían que perseguir; se ganaron un discurso más acerca del pobre desempeño que estaban realizando y de lo muy malos aurores que serían si no podían identificar el rastro de la gente de su propio equipo, los hizo practicar hasta que el sol se ocultó y un buen rato más después de eso. Finalmente ella los dejó ir cuando el profesor Hulme fue por ellos para hacerles cumplir su castigo; cuando por fin tuvieron permiso para irse a la cama Harry ya tenía que ir a cumplir su guardia de esa noche, y al llegar a la habitación, a las tres de la mañana, notó que Alba ya se había marchado.

Sintiéndose culpable y sumamente cansado se quedó dormido, reprochándose el no haberle escrito a Draco temprano; solo esperaba que Draco lo entendiera cuando pudiera al fin escribirle.

*

Draco levantó la vista al escuchar el aleteó ya conocido de Alba, y trató de no parecer desilusionado delante de Gael, que trabajaba con él esa noche.

—¿No trajo carta? —preguntó a pesar de todo Gael, Draco negó con la cabeza.

—No tenía que hacerlo, es decir… no esperaba ninguna —respondió mientras le daba algunos dulces al ave que ululaba suavemente.

—Oh… ¿Harry y tú no…?

—Estaremos bien… —murmuró Draco acariciando la cabeza del ave un momento —, estaremos bien… hay que continuar trabajando, apenas tenemos ya ocho días para completar este lote.

Gael asintió y continuó cortando los ingredientes que Draco le indicaba mientras él agitaba la varita sobre el caldero; distraídamente dio una mirada alrededor, su habitación nunca le había parecido tan pequeña como hasta ese día, cuando habían logrado conseguir los últimos ingredientes que necesitaban para ponerse a trabajar, habían pilas de cajas alrededor de todas las paredes y libros abiertos descuidadamente sobre ellos, incluso la cama estaba con cosas encima.

—Este lugar es un desorden completo —suspiró Draco levantando más el fuego de la hornilla.

—No hay donde meter nada más… —se excusó Gael levantando la vista —. Al final tendrás que conseguir un lugar más grande si es que quieres seguir con esto.

—¡Claro que quiero seguir con esto! —reprochó Draco con el ceño fruncido —, no es un pasatiempo, lo sabes bien.

—Yo no he dicho eso —se defendió Gael, pensando en que la ausencia de Harry ponía a su amigo de muy mal humor —. Además, necesitarás dejar al menos un par de clase en la universidad si es que quieres tener más tiempo libre, recuerda que aún tienes que revisar la carta que te mandaron del Salón de Madame Primpernelle.

—Dijimos que nos lo tomaremos con calma, ahora todos están escribiendo porque saben de la poción que hicimos y…

—Hiciste.

—¿Cómo dices? —preguntó Draco algo desconcertado por la interrupción.

—Tú hiciste la poción, siempre hablas de esto como si nos escribieran a los dos o como si los dos creáramos las pociones, pero lo cierto es que eres solo tú el que lo hace.

—No es cierto, Gael, tú y yo somos un equipo —respondió Draco sintiéndose algo dolido de que Gael no comprendiera toda la ayuda que le brindaba, de que no entendiera que en realidad eran ambos los que estaban logrando todas esas cosas —, tú me ayudaste a analizar las muestras de esta última poción, creas las pociones de perfumes y todo eso que te gusta hacer para venderlas, me ayudaste a conseguir clientes cuando Jocelyn se fue y siempre me estás apoyando…

—Ya, pero tú me pagas por eso, es como un empleo, y aún así, sin ti de nada serviría que consiguiera a toda la comunidad mágica como cliente.

Draco dejó de remover el caldero y suspiró profundamente antes de caminar hasta Gael y mirarlo fijamente, Gael se encogió un poco en su sitio por la mirada tan intensa que le daba su amigo.

—Tú y yo no somos empleador y trabajador, sino socios y creo que ahora, que estamos empezando en serio, debemos dejarlo en claro.

—Pero yo… yo no soy fabricante de pociones curativas, sino de perfumes y demás, yo solo te ayudo mientras termino de estudiar…

—¿Y luego qué harás? ¿Lo has pensado? ¿Regresarás a casa?

—Pues… no, en verdad no estoy muy seguro…

—Vamos, por aquí tengo un par de cervezas —dijo Draco mirando alrededor, estaba seguro de haber traído unas cuantas de su última compra; finalmente las ubicó sobre un estante de libros y jaló a Gael con él hacia el centro de la habitación, el único lugar que estaba libre, y ambos se sentaron a tomar un descanso, uno merecido, siendo ya cerca de media noche y después de haber estado trabajando desde la tarde.

—A ver —empezó Draco luego de darle un sorbo a su cerveza —, sé que no tienen mucho tiempo juntos, y no quiero presionar nada pero, Mikel está aquí, ¿lo dejarás al finalizar las clases?

—¡No! —protestó Gael rápidamente —Él… —desvió la mirada hacia una columna de cajas en precario equilibrio antes de seguir hablando, lo hizo en un susurro —, él dice que se está enamorando de mí…

—Eso es genial, ¿tú no sientes lo mismo?

—Yo… yo ya estoy enamorado de él.

—¿En serio?

Gael se encogió de hombros y no contestó en mucho rato, tanto que Draco pensó que no diría nada más y estaba dispuesto a hablar de la sociedad, aprovechando que el chico tenía muchas más razones para quedarse en Londres.

—Él me ha dicho que puedo vivir con él durante las vacaciones… cómo si ya casi no viviéramos juntos, es decir, siempre estoy en su apartamento… casi nunca me quedo a dormir en el dormitorio, pero debo conservar el dormitorio por la media beca…

—Sí, lo cierto es que tú y él pasan mucho tiempo juntos en su casa.

—Tú y Harry también, cuando él está de permiso siempre está alrededor tuyo… es más, Mikel dice que no lo ha visto aparecer en una discoteca desde diciembre… tú realmente lo tienes muy ocupado.

—Pues… yo no le he dicho que no puede ir a ningún lado —se quejó Draco tratando de convencerse de que él definitivamente no acaparaba a nadie.

—No he dicho eso, supongo que se extrañan, como no se ven dos semanas seguidas…

—En un par de meses terminará eso y él ya no tendrá que quedarse internado en ese sitio.

—Será genial, ¿sabes? Al inicio pensé que era un héroe muy subidito que se alucinaba demasiado, no me caía para nada bien y no me parecía adecuado para ti…

—Sí, parece que es la imagen que proyecta normalmente…

—¿En serio? ¿A ti también te lo pareció cuando lo conociste?

Draco no pudo evitar soltar una carcajada, Gael lo miró con una gran interrogación en el rostro y le costó mucho reponer la compostura antes de hablar de manera que él chico lo entendiera:

—Harry y yo nos hemos "odiado a muerte" desde que nos conocimos, cuando teníamos once años, en la escuela era muy común vernos peleando en los pasillos y todo… es más, cuando pude entrar al equipo de quidditch lo hice para hacerle la competencia… siempre andábamos pendientes el uno del otro para ver de pelear o refregarnos alguna victoria en la cara, incluso estuvimos en bandos separados, una vez casi le lanzó una imperdonable.

—Merlín, ¿una imperdonable, Draco?

—Ya, dije casi y… bueno, de eso no me gusta hablar —dijo poniéndose más serio de pronto, Gael simplemente siguió sonriendo y tratando de aligera la conversación preguntó:

—Entonces… ¿También pensabas que era un tipo creído?

—E insufrible, con ganas de hacerse siempre el héroe… un San Potter…

—Jo, San Potter…

—Ya, pero no se lo digas, no creo que a él le cause gracia ahora.

—¿Y él también te insultaba?

—Demasiado —suspiró Draco dramáticamente —. Supongo que ambos cambiamos en algún punto, recién nos conocimos realmente en el último año…

Ambos se quedaron en silencio por un rato más, meditando, hasta que Draco volvió a hablar:

—Como sea, creo que no quieres volver a casa ahora y ya te he dicho que sin tu ayuda no hubiera llegado ni a la mitad de lo que he llegado ahora, es más, si no fuera por ti, estaría muerto…

—No, fue Mikel el que te ayudó.

—Porque tú lo trajiste y ese no es el punto, después de todo; te propongo unirnos, no solo tenemos que hacer pociones curativas, podemos seguir haciendo las pociones de perfumes y todas esas cosas que te gusta hacer, a mí se me dan más o menos bien, aunque me aburren un poco…

—¿Hacías perfumes también?

—Solo para mi madre, pero los copiaba, no sé en realidad crearlos —Draco hizo una mueca de descontento —no puedo imaginar mezclar olores y todo eso que haces…

—Oh… —Gael frunció el ceño, algo desconcertado, cierto que antes habían vendido perfumes y toda una serie de productos creados por él y que Draco se había limitado a seguir sus instrucciones para prepararlos, pero realmente creía que Draco no se inmiscuía por no molestarlo, no porque no supiera realmente crear ese tipo de pociones.

—Anda ¿qué dices?, tú y yo en una sociedad, no sería correcto, ahora que estamos despegando, abocarnos a un solo tipo de pociones. Nos irá bien, ya verás, y además tendrás una excusa para quedarte, así Mikel no se alucinará mucho.

Gael soltó una pequeña carcajada.

—Que Mikel no te oiga.

—Ya…

—Supongo que… —Gael jugueteó con un par de dedos sobre el borde de la botella antes de asentir —sería genial, es decir, podríamos hacer muchas más cosas y podemos conseguir más clientes…

—¿Entonces tenemos un trato? —preguntó Draco extendiendo la mano.

—Tenemos un trato —respondió Gael aceptando el apretón de manos.

*

—Dicen que ha conseguido un par de contratos importantes para San Mungo, varias de las tiendas de pociones lo están tratando de contactar para que trabaje para ellos, ya sabes, creaciones únicas y exclusivas —comentó Ginny hacia el profesor Garfunkel, ambos estaban en el laboratorio de la MACH, donde el profesor, que había conseguido una muestra de la poción de Draco, intentaba verificar los ingredientes que había usado para el antídoto.

—Solo es suerte, está aprovechándose de haberle atinado a esta poción —rumió señalando hacia el caldero —para hacer algo de oro, por el sitio en donde vive seguro que lo necesita. No sé por qué Tony no hace algo bueno de una vez y lo elimina.

—Porque es muy cuidadoso y además de alguna manera ha incrementado las protecciones de su casa, intentamos entrar hace unas noches y no se pudo —explicó Ginny paseando la vista por los estantes llenos de pociones en frascos pequeños, todo el lote que se había quedado del veneno —. Además creemos que no es allí donde trabaja, no lo hemos visto durante varios días.

—No se puede mudar, el contacto en el Ministerio dice que su dirección sigue siendo la misma y que no han encontrado rastros de magia inadecuada en su última visita.

—Tal vez podamos averiguar cuando es su siguiente visita y atraparlo en el camino —sugirió Ginny descuidadamente.

—Tony no lo aprobaría.

—Es que él no entiende en realidad lo que es que a uno le ganen en su propio terreno… que un novato venza a un gran profesor con más de treinta años de experiencia.

—No… él no lo comprende —estuvo de acuerdo el profesor Garfunkel.

*

No fue sino hasta el quinto día, el viernes, que Harry al fin pudo escribirle a Draco, Alba había vuelto aquella noche, justo cuando Harry terminaba de redactar la carta, mirándolo de manera acusadora.

—Ya, lo sé —suspiró Harry mientras ataba la carta en la pata de Alba —, y seguro que debe estar enfadado… ¿No le puedes decir algo cómo que tuve que escapar para poder escribirle? ¿Qué me encontraste medio muerto de cansancio y que aún así junté lo último que me quedaba de fuerzas para poder contestarle? —Alba ladeó la cabeza hacia un lado, seguro, pensó Harry, que preguntándose si es que no se había vuelto loco o algo por el estilo.

—¡Hey, Harry!, Hulme te está buscando —dijo Joel, entrando a la habitación justo cuando Harry miraba como Alba se perdía en el cielo de la madrugada.

—¿A estás horas? ¿Para qué me busca?

—Ni idea, pero mejor apresúrate, ya sabes como se pone de mal humor cuando lo hacen esperar y a mí me toca guardia en el primer turno así que…

—Ya, ya —suspiró Harry tomando su abrigo de la silla, solo por si había hecho algo malo de lo que aún no se enteraba y lo mandaban castigado a los jardines.

Corrió por los pasillos (le encantaba que allí, a diferencia de en la escuela, donde ya hubiera sido sancionado, si se pudiera correr). Esquivó un par de hechizos sencillos y luego por fin pudo estar delante de la puerta de su instructor.

—Adelante —dijo el hombre con voz firme. Harry, innecesariamente, trató de acomodar su cabello y su túnica antes de pasar, el profesor estaba sentado tras su escritorio, con una gran ruma de pergaminos, no parecía nada contento.

—Señor, me dijeron que me buscaba —saludó Harry parándose delante del hombre y tratando de parecer lo menos culpable posible.

—Tengo dos temas que tratar contigo, Potter —contestó el hombre mientras terminaba de firmar un pergamino, el silencio se extendió por un momento más hasta que al parecer terminó con lo que estaba haciendo y agitó la varita de tal forma que los pergaminos desaparecieron. Luego de que el escritorio estuvo desocupado finalmente Hulme levantó la vista hacia él y frunció el ceño.

—Será mejor que te sientes.

"¿Sentarse?" pensó Harry casi con horror, nadie jamás, jamás de los jamases te invitaba a sentarte a menos que pasara algo extremadamente grave.

—Claro, señor, gracias.

—Verá, Potter, sabe muy bien que no soy partidario de los tratos especiales ni las concesiones, no importa si es el grandioso niño que vivió y venció a Voldemort…

—Lo sé, señor.

—Sin embargo esta semana parece ser su semana.

—¿Mi semana?

—El instructor Van Vleck ha hablado conmigo y me ha comentado el problema que tiene en clase con eso de la oclumancia y legerimancia.

—Señor, como ya le expliqué al instructor Van Vleck, hay cosas que no puedo revelar y no pedí ningún trato especial, sólo que deje que yo me encargue de aprender solo para evitar ese tipo de situaciones… asisto a todas sus clases y daré el examen en la fecha programada.

—Sí, eso me ha dicho, aunque no parece muy satisfecho lo acepta y entiende… supongo que también yo —no parecía muy animado por aquella última declaración —. Pero bueno, hablábamos de trato especial…

—Yo no pido trato especial, señor.

—El Ministro ha hablado con el director, al parecer pronto será la fecha conmemorativa de la caída de Voldemort y este año, después de dos años de mantener la celebración en algo pequeño e intimo, se ha decidido que es momento de dar un re impulso a la sociedad, considerando todas las cosas desagradables que han venido ocurriendo estos días con la epidemia de los desviados esos… —Harry sintió enrojecer ligeramente y agradeció más que nunca que aceptaran no someterlo a los entrenamientos de oclumancia —y como es algo lógico, se requiere su presencia en ese acto, así que podremos darle ese día de asueto, para que pueda cumplir con tales compromisos; por supuesto que deberá asistir al evento y luego volver a la Academia, sin ninguna otra parada.

El profesor Hulme parecía algo enfadado, pensó Harry, y supuso que no le habría hecho gracia que le dieran el día libre a un alumno suyo sin tomar en cuenta su opinión. Además, debía ser honesto, los años anteriores casi había pasado por alto aquella "celebración", él nunca había tenido nada que celebrar ese día, nunca celebraría eso como una gran victoria, ni siquiera como una victoria más, eso fue una derrota, fue la madrugada más horrible y espantosa que vivió en su vida, perdió a grandes amigos y definitivamente no sería un momento de celebración nunca en su vida, así pasasen muchos más años.

—Supongo que tiene razón en eso de la semana de las concesiones — comentó Harry tratando de parecer calmado, pero el recordar la guerra, en ese momento, no le había hecho nada bien —. Yo no tengo el más mínimo deseo de participar en esa celebración —trató de no mostrar todo el resentimiento por la simple idea de celebrar algo así.

Hulme negó con la cabeza suavemente.

—En realidad el director está muy interesado en que vaya, ya sabe, luciendo el uniforme de gala de la Academia.

—No pueden obligarme, es decir, esa ceremonia o lo que sea, es algo que no me interesa y algo en lo que definitivamente no quiero participar.

—Como todo en esta Academia, Potter, no es un pedido ni una pregunta, sino una orden, así que prepárese para que la semana que viene pueda ir posar para las fotos junto al Ministro.

—No iré, señor —negó Harry con voz más firme y está vez no le importaba usar sus influencias de héroe de guerra para salirse con la suya.

—Irá, Potter y ahora márchese antes de que lo castigue por desacato y además le haga practicar con sus compañeros oclumancia y legerimancia, como debería ser.

Harry apretó con más fuerza los puños y estaba seguro de que estaba lastimándose, clavándose las uñas tan profundamente sobre las palmas, pero no le importó mucho.

—Permiso, señor —dijo mientras salía de la oficina. En el camino se cruzó con el grupo de Dashiell, que para variar parecían con ganas de burlarse un poco de él, al menos Chris, que durante el último semestre parecía al fin tomar algo de distancia de ellos no estaba cerca.

Harry los ignoró, lo menos que necesitaba era un castigo más y lamentó haber enviado ya la carta a Draco, podría contarle esto también, seguro que no lo podría ayudar, pero al menos sería reconfortante escribírselo, él sí lo entendería.

*

Y entonces finalmente llegó, Draco tuvo que controlarse todo lo posible para que Gael no notara la ansiedad reflejada en sus manos temblorosas mientras desataba la carta. Ni siquiera le dio una palmadita de cariño a Alba, ni mucho menos un dulce; ante la mirada herida de la pobre ave, que se sentía mucho más que maltratada en las últimas semanas, farfulló una excusa hacia Gael y salió de la habitación, jalando su abrigo en el proceso; se sentó en las escaleras y sacó un cigarro que encendió con uno de esos encendedores que tanta gracia le causaban, suspiró profundamente mientras desenrollaba la carta que tanto, ¡Demonios!, debía admitirlo, que había esperado con tanta ansiedad como con temor.

Hola D.

Seguro estás algo enfadado… A qué sí, lo puedo sentir hasta aquí… dirás que disfruto con evitarte e ignorarte, pero no es cierto… no es un plan mío de venganza el no haber contestado y tenerte sin saber nada de mí, pero he tenido unos días horribles en la Academia y de verdad que he estado durmiendo como mínimo a las tres de la mañana para luego ser despertado a las seis, sin contar los serios problemas que tengo con las clases… y no es que quiera excusarme, pero en serio no he podido escribirte antes… ya sé que en el fondo te gusta que te cuente estas cosas para que luego me puedas sacar en cara lo tonto que es, según tú, que estudie esto… pero en fin. Honestamente, tú sabes muy bien que no es que me guste andarme quejando y que además, sobre todas las cosas, siempre te voy a preferir a ti como confidente, sobre todos los demás.

Draco dio una calada profunda al cigarro y no pudo evitar sonreír, sintiéndose algo tonto; cinco días sin noticias de Harry y había creído que era porque simplemente no lo había querido perdonar, porque de pronto ya no quería saber nada de él, pero no, el pobre estaba atorado en muchos problemas y no había tenido tiempo de responder…

Antes de seguir con esta carta, tengo que decirte que lamento mucho la forma como reaccioné, ya sabes cuando despertaste… no debí haberte abofeteado, lo siento, no sabes lo avergonzado que me siento por ello; pero aún así no entiendo, ni entenderé nunca, ese comportamiento tuyo, el que no valores tu vida de esa manera, poniéndola en riesgo por un motivo que me parece hasta tonto.

Pero no quiero pelear, creo que ya es suficiente con que no nos podamos ver durante dos semanas como para encima pasarnos los días escribiéndonos reproches, he comprendido que tú tienes un punto de vista y yo otro y sería imposible que ambos coincidieran siempre, aunque tal vez podríamos intentar en el futuro hablar un poco antes de hacer nada extremo… Pero bueno, dije que no quería pelear ni entrar en cosas demasiado serias así que mejor te hago oficiales mis felicitaciones (supongo que ya tendré tiempo de dártelas personalmente y por supuesto que tendremos tiempo de celebrar) pero no creas que me he olvidado o me hago el que no sé, me alegra muchísimo lo del contrato y lo de los titulares también. Estoy sumamente orgulloso de ti, y sí, Mikel me escribió contándome los pormenores de la poción y lo bien que había funcionado, no creas que simplemente no me importó ni nada de eso, yo siempre supe que tú podrías lograrlo…

Pasó mucho rato leyendo y re leyendo la carta de Harry, cuando por fin se levantó tenía el trasero y las piernas entumecidos por haber estado sobre le frío piso durante tanto tiempo. Abrió la puerta en el momento en que Gael ya se ponía el abrigo para salir, seguramente debía tener una sonrisa inconfundible en el rostro, pues Gael soltó una risita burlona y le dio un golpe en el hombro al pasar.

—No ensucies mucho las sábanas con eso esta noche —se burló, logrando que Draco lo mirara incluso asombrado; Gael y sus comentarios subidos de tono eran cada vez mucho más frecuentes, empezó a creer que realmente Mikel era muy mala influencia para su amigo.

—Idiota.

—Ya… te veo mañana, socio.

—Mañana tengo cita en el Ministerio, después del medio día.

—Pero puedo ir contigo.

—No creo que sea buena idea… te quedarás esperando afuera y…

—Ajá, entonces te veo luego de las clases de la mañana en la salida del jardín de los robles —interrumpió Gael ignorando por completo a Draco y saliendo finalmente. Draco arqueó una ceja y luego lo dejó pasar, aún tenía un par de horas más de trabajo que hacer antes de poder ir a dormir.

*

Las clases se ponían cada vez más duras, parecía que los profesores estuvieran empecinados con tratar de llevarlos hasta el cansancio extremo, hubieron varias pruebas sorpresa, entrenamientos a media noche y al amanecer, pasó días incluso sin probar alimento, apenas pudiendo llegar a su cama a dormir para luego volver a despertar solo unas horas después a seguir entrenando. Sabía que estaban ya en la recta final del semestre y luego, o al menos eso esperaba, todo sería más simple, cuando el internado culminara y por fin pudiera entrenarse en serio, participando en reales guardias. No era algo que lo consolara mucho, pero tenía que encontrar algo que le hiciera creer que ya estaba cerca.

Draco le había contestado la misma noche en que Harry le había escrito al fin, diciéndole que entendía que estuviera ocupado, que él mismo lo estaba y que no podía reprocharle el tiempo de espera, que estaba encantado de que la carta al fin hubiera llegado y luego empezó a contarle como iban las cosas por allá, como iban avanzando las pociones pedidas y los varios contratos más que tenían por firmar, incluso le contó que tendría que dejar definitivamente sus trabajos muggles para poder seguir el ritmo. Harry ya tenía un par de ideas más, imaginaba la habitación de Draco abarrotada de pociones e ingredientes y pensó que tal vez sería el mejor momento para pedir nuevamente lo que en la escuela le había sido negado, esperaba que esta vez Draco no se opusiera, y mucho menos que se marchara…

—Señor Potter —llamó la asistente del director, una bruja de mediana edad con la que había cruzado saludo apenas un par de veces, aunque en ambas ocasiones ella lo había mirado sonrojándose y riendo tontamente; a Harry le recordaba mucho a las chicas que querían hacer la audición para el equipo de quidditch de cuando estaba en la escuela —, la chimenea está lista y el Ministro lo está esperando.

—Gracias —agradeció Harry con una sonrisa amable mientras se metía a la chimenea —Oficina del Ministro, Ministerio de magia, tercera planta —dijo con voz firme, mientras veía desaparecer la antesala de la oficina del director y caía, por suerte con algo de gracia, en la oficina de Kingsley, al que no veía desde hacía más de un año, no en persona al menos, pues su fotografía siempre aparecía en los diarios.

—Harry —saludó el hombre extendiendo una mano para saludarlo.

—Hola… ¿Cómo estás? —preguntó recién registrando sus cambios, tenía una mirada cansada, alrededor de los ojos ya se formaban las primeras marcas de arrugas e incluso su caminar era un poco más pausado, realmente pensó que ese trabajo debía agotarlo mucho.

—Bien… Algo sorprendido de que hubieras pedido esta reunión…

—Sí, sobre eso…

—Espera, mejor nos sentamos, te ofrezco una copa ¿qué dices?

—Claro… —Harry se sentó en uno de los sillones delante de la chimenea, de espaldas al gran escritorio de la oficina, Kingsley rápidamente estuvo delante de él con dos vasos largos de hidromiel. —Gracias.

—Supongo que quieres hablarme de la ceremonia.

—Sí —suspiró Harry antes de levantar el vaso hacia Kingsley que le hacía la señal de bridas.

—Entonces, dime…

—Iré directo al punto, no quiero participar.

—¿No quieres? Pero sin tu ayuda y participación no tendríamos nada que celebrar.

—Yo no tengo nada que celebrar… esa fecha, murió Remus, su esposa, y Fred, y… Y Colin, solo por mencionar a algunos.

—Se hizo un monumento a los caídos el año pasado y creo que nadie piensa olvidar todas las vidas entregadas para esta victoria, pero la sociedad celebra con entusiasmo la fecha en que por fin dejaron de temer a Voldemort y encarcelaron a los mortífagos, tú deberías hacer lo mismo.

—No quiero entrar en una discusión sobre lo que siento o debería sentir, solo te diré que no hay forma que yo pueda estar allí, delante de todos, en pie y fingiendo que tengo algo que celebrar; además, tengo clases.

—El director ya ha dado su permiso…

—Por favor… mira, dices que es por mí que pueden celebrar esto y nunca he recibido ningún favor ni he usado eso para conseguir nada, sin embargo esta vez debo apelar a eso, a que por ser quien soy se me permita al menos decidir que es lo que quiero hacer al respecto.

—Y eso es no asistir —suspiró Kingsley dejando su vaso medio lleno de licor sobre la mesa de centro.

—Lo siento…

—La gente estará desilusionada, esperaban poder verte e incluso un discurso tuyo…

Harry sonrió forzadamente.

—Nunca he vivido queriendo complacer a la gente… esa misma gente, debo recordar, creía que Dumbledore y yo estábamos locos cuando dijimos que Voldemort había regresado.

—No debes guardar resentimiento, aquellos tiempos fueron muy difíciles para todos, nadie sabía que creer y muchos prefirieron permanecer creyendo que el terror no podía volver…

—Pero volvió, todos pagamos las consecuencias de eso y no deseo recordarlo, estoy bien así, los años pasados la pasé en la Academia, estudiando, alejando mi mente de todo eso y este año no quiero que sea diferente…

—Harry… —Kingsley se removió incómodo en su asiento —¿No hay forma de hacerte cambiar de idea?

—No, lo lamento, pero no.

Kingsley permaneció en silencio y con la mirada baja un instante más antes de asentir apesadumbradamente:

—Bien, aún tenemos tiempo de cambiar el anuncio de tu participación, hablaré con los diarios en un momento más.

—Gracias —dijo Harry con una sonrisa más amable. Internamente suspiró aliviado, al menos no tendría que exponerse a medio mundo ese día.

*

—Y dice que estuvo seis meses internada en la jungla, conviviendo con una tribu cuyo nombre no puedo recordar… que tienen costumbres muy raras y que además son muy amables, sobre todo con las mujeres, que el profesor Dahl no está tan mal humorado como al inicio del viaje hacia esa zona, que han encontrado muchas nuevas especies… incluso dijo que te trataría de mandar una copia de sus manuscritos, que seguramente te interesaría usarlos como ingredientes.

—Genial, luego de esto podré leer la carta —dijo Draco refiriéndose a la carta que Jocelyn les había mandado, Gael le contó que cómo Jocelyn no tenía en claro dónde Draco se quedaba y que además no tenía mucho tiempo libre, había escrito una sola gran carta para ambos, que había llegado esa mañana, Draco aún no la había podido leer, pero Gael sí y se la había contado durante todo el trayecto hacia el Ministerio.

—Sí, menos mal que escribió, empezaba a creer en tu teoría de que allí se comían a la gente y que por eso no daba señales de vida.

Draco soltó una carcajada recordando lo obstinado que había estado cuando su amiga había dicho que se marcharía a África.

—Dijo que tardaría más o menos ese tiempo en escribir, que no sabía si encontraría la forma de contactarse con nosotros a donde iba.

—Cierto, pero eso no quita que nos preocupemos ¿verdad? —rebatió Gael —. ¿Le has escrito acerca de Harry?

—¿Y tú de Mikel?

—No… ella cree que… —Draco lo vio de reojo y lo notó enrojecer ligeramente —ya sabes, que me sigues gustando y que quizá ha pasado algo…

—¿De dónde ha sacado eso?

—No sé…

—Gael…

—Le conté que te había dicho que me gustabas, ya sabes todo ese bochornoso episodio del cual no nos gusta hablar.

—¿Y no le dijiste lo que yo te había dicho?

—Sí… claro que se lo dije, pero ella dijo que era cuestión de tiempo…

—Ya… creo que ahora podríamos aprovechar y ponerla al tanto de las últimas… —Draco no pudo terminar de hablar, un rayo rojo le dio directo en el brazo, ambos ya estaban en el callejón que llevaba a la nueva entrada del Ministerio.

Gael saltó sobre él, tirándolo al piso a la vez que levantaba la varita y gritaba:

—Protejo —un campo de magia bastante sólido se materializó delante de ellos mientras un nuevo rayo caía pero era rechazado.

—¿Qué mierda…? —masculló Draco tratando de quitarse a Gael de encima mientras veía sorprendido a un pequeño grupo de magos aparecer; vestían con túnicas blancas, relucientes y blancas que brillaban bajo la luz del incipiente sol de medio día.

—Tú campo no aguantará mucho más —comentó uno de ellos, bastante alto y musculoso, hacia Gael, que apretó más fuerte la varita entre los dedos, Draco supo que estaba haciendo un gran esfuerzo para poder mantener el campo y se sintió peor al saber que él en realidad no era capaz de crear un campo así, llevaba años sin practicarlo, y además lo tenía prohibido.

—Él quizá no, pero nosotros sí —intervino de pronto un chico, a Draco le costó un poco ubicarlo, pero se trataba de Joseph, uno de los chicos que estaba en el departamento de Mikel, junto a él estaban Lucka y un par de chicos más que no conocía.

—Lárguense, desviados de mierda, este no es su asunto —dijo otro de los magos vestidos de blanco en el momento que el campo de protección de Gael caía completamente.

—No te metas con nuestros amigos —bramó uno de los magos que Draco no conocía, pero no se demoró en tratar de averiguar de quién se trataba; se puso en pie lentamente, sacando la varita con una mano y tratando de levantar a Gael con la otra.

—¡A ellos! —gritó el mago grande que parecía ser el líder, empezó una gran ráfaga de hechizos, los rayos de colores volaban por todos lados mientras Draco sentía que era empujado sobre el piso nuevamente, levantó la vista apenas para ver a uno de los magos que no conocía y que lo protegía con su cuerpo.

—Tranquilo, no queremos que nada te pase —le tranquilizó sobre el ruido de los gritos.

A Draco le pareció que pasaba una eternidad, aunque en realidad no pasaron más que unos minutos antes de que un gran grupo de aurores apareciera por uno de los lados del callejón; entonces los magos vestidos de blanco desaparecieron inmediatamente, antes de que los aurores siquiera preguntaran qué era lo que pasaba.

Gael jaló a Draco en el momento en que el mago que tenía encima se levantaba y lo hizo correr hacia el lado opuesto del callejón, mientras los otros chicos empezaban a rodear a los aurores y hablar todos a la vez, según supuso Draco, tratando de confundirlos para que no lo vieran.

Una vez estuvieron a un par de calles de allí, ambos resoplando y agitados, recién se detuvieron.

—¿Qué demonios fue eso? —preguntó Draco presionando con su mano el estómago, sentía punzadas por lo rápido que habían corrido.

—Un ataque.

—Ya sé que fue un ataque, pero, ¿cómo demonios sabes hacer ese hechizo de protección? ¿Y quienes eran esos otros chicos?

—De la MACH, supongo.

—Me refiero a los que nos ayudaron.

—¿Transeúntes preocupados?

—¡Gael, no me tomes por tonto, que no lo soy! —bramó Draco, mirando hacia su reloj, ya iba con el tiempo justo para llegar al Ministerio.

Gael notó su preocupación y negó con la cabeza.

—Primero vamos a que cumplas la cita, no necesitamos más problemas, luego te lo cuento.

—Pero…

—Te lo cuento luego, en serio, vamos.

Draco aceptó a regañadientes, si no iba al Ministerio, a su cita mensual con los Aurores, ellos lo encerrarían, y con mucho gusto además.

—Pero luego me lo cuentas, no creas que te vas a escapar.

Gael puso los ojos en blanco.

—Lo sé…

*

Ginny, que revisaba las cuentas que debían presentar a la gente que los apoyaba económicamente en la organización, levantó la vista sorprendida ante la aparición repentina del grupo de Baddock y el profesor Garfunkel, todos parecían sucios y además furiosos.

—Esos malditos… —farfulló Caleb, mientras se miraba un corte que parecía profundo en el brazo derecho.

—¿No lo consiguieron entonces? —preguntó Ginny poniéndose en pie, Caleb le dio una mirada resentida por no preguntar si es que se encontraban bien, considerando el estado en el que habían llegado, pero ella lo ignoró completamente y se dirigió a Baddock, que tenía un feo morado en el pómulo izquierdo.

—No, ¿recuerdas que te dije que sus protecciones habían aumentado en ese cuartucho de mala muerte?

—Ajá…

—Ahora anda también protegido, por un grupo, no pudimos siquiera darle con un hechizo —informó Baddock con fastidio.

—Demonios ¿Un grupo lo protege? ¿Quiénes? —preguntó Ginny sintiéndose cada vez más rabiosa.

—No lo sé, no los había visto antes… pero parecían algo entrenados, no tanto, pero si algo entrenados, los aurores llegaron casi inmediatamente y tuvimos que huir.

—Deben ser los que lo ayudan a conseguir información —meditó el profesor Garfunkel mientras se observaba un golpe en el brazo.

—Pero, ¡hey, estamos bien!, por si te interesa —reprochó Caleb no aguantando más el ser ignorado por la chica.

—Pero no consiguieron atacarlo —gritó Ginny con furia.

—Y usaron el nombre de la MACH —dijo Tony con el ceño fruncido, ninguno de ellos había notado en qué momento había entrado a la habitación, parecía realmente enfadado, pensó Ginny, mientras instintivamente retrocedía unos cuantos pasos; los demás parecían también algo asustados, sin embargo se mantuvieron firmes en su sitio, tratando de no mostrar el más mínimo miedo.

*

La visita al Ministerio fue larga y tediosa, como siempre, solo que esta vez, además de la impaciencia habitual, se sentía turbado por lo que había pasado antes, por haber estado en un callejón a punto de ser atacado y la forma como Gael y otros más, que se suponía no deberían estar allí, lo había ayudado. Por donde lo viera tenía la firma de Potter, y si había algo que realmente detestaba era ese aire de salvador que Potter se empeñaba en mostrar.

Finalmente, cuando salió del Ministerio, Gael estaba fuera, junto a él, Mikel; ambos conversaban en murmullos y, según pensó Draco, demasiado cerca el uno del otro como para no llamar la atención. Caminó con pasos rápidos y firmes hasta donde ellos estaban y se aclaró la garganta ruidosamente, ambos saltaron casi al instante mientras Draco, con el ceño fruncido, los miraba cada vez más enojado.

—Pensé que tardarías más —dijo Gael, al parecer de Draco tratando de parecer calmado, aunque fallando miserablemente en el intento.

—Y yo que nadie nos atacaría caminando hacia el Ministerio pero, ¿ya ves? no siempre obtenemos lo que queremos. ¿Mikel, qué haces aquí?

—Gael me llamó para decirme lo que había pasado, vine para verificar que estuvieran bien.

—¿Y para luego decírselo a Harry? —preguntó Draco.

—¿Por qué no vamos por una copa? Creo que nos vendría bien a todos —contestó Mikel calmadamente, ignorando completamente su pregunta.

Draco se quiso negar, pero luego recordó que aún estaba en las afueras del Ministerio, frente a la mirada de muchos curiosos, y que además definitivamente un trago, uno fuerte, le haría bien.

Fueron en el auto de Mikel hacia un lugar que Draco no conocía, cerca del centro de Londres, aunque Gael si parecía tener una noción de donde se encontraban y hacia donde iban, No hablaron absolutamente de nada durante el viaje en auto, Draco iba en el asiento de atrás, mirando por la ventanilla hacia las calles y las personas que caminaban por allí, ya era casi la hora del ocaso y el cielo estaba tomando un color anaranjado que iluminaba algunas ventanas, dándole tonos irreales. No fue sino hasta que el auto se detuvo que supo que habían llegado a su destino,

—Supongo que hay algo que me quieren decir —medio sonrió Draco luego de que el camarero dejara un pequeño vaso de whisky y otro de cerveza, Mikael y Gael bebían lo mismo, y parecían de pronto ya no muy dispuestos a hablar.

—Supongo que ya te lo debes estar imaginando…

—Harry les dijo que me vigilaran, ¿verdad?

—No, bueno, la palabra no es vigilar y definitivamente no fue Harry.

—¿Cómo dices?

—Es que… No te lo queríamos decir, no necesitábamos que te alteraras o que Harry se pusiera en plan súper protector o algo así… ya sabes que suele ponerse extremista cuando se trata de ti… —empezó a explicar Mikel.

—Harry no es extremista —lo defendió Draco, aunque en el fondo estaba de acuerdo con Mikel, Harry solía ser la mayoría del tiempo, en temas de seguridad, que no tuvieran relación con él mismo, extremista.

—Lo que sea, no vinimos a hablar sobre el comportamiento de Harry —dijo Gael pareciendo un poco más seguro luego de haber bebido de un solo trago el pequeño vaso de whisky.

—No, vinimos a que me expliquen qué demonios pasó…

—Hace unos días, luego de que San Mungo ofreciera el contrato, unas de tus pociones y una copia de tus manuscritos fueron robados de uno de los laboratorios.

—¿Robados?

—No queríamos preocuparte —se excusó Gael rápidamente.

—Sí, robados —continuó Mikel ignorando por completo a Gael —, alguien entró y se los llevó, los tenían inventariados y no fue sino hasta el final del día en que se dieron cuenta de eso.

—¿Pero quién se los llevó? ¿Por qué lo harían? No le estaban negando las pociones a nadie ¿verdad?

—¡Claro que no! —respondió rápidamente Mikel —. Pero no sabemos quién se los llevó, aunque sí que fue alguien del mismo personal de San Mungo, pues los almacenes tienen alarmas para detectar extraños, si es que alguien entró y la alarma no sonó fue porque era alguien con acceso al lugar.

—O alguien muy rápido —opinó Gael.

—El tema es que nos es muy fácil imaginar que cualquiera que haya sido lo hizo con el deseo de investigar más sobre tu antídoto… Seguro para saber cómo lo hiciste.

—¿Es decir que posiblemente se lo vendió a los de la MACH? No tendría sentido... —meditó Draco tomando casi inconciente la segunda cerveza que el camarero ponía delante —¿Para qué querrían una poción que ya deben saber como hacer?

—Nadie dice que sepan cómo hacer el antídoto —contestó Mikael con el ceño fruncido.

—Nadie hace una poción sin saber el antídoto —corrigió Draco.

—No necesariamente… —opinó Gael encendiendo un cigarro —, si no tienes la menor intensión de que la fórmula sea reversible…

—Pero para hacer los experimentos y pruebas…

—Tú no siempre necesitas una persona para probar… —dijo Mikael hacia Draco.

—Claro… pero porque él sabe hacer el hechizo de simulación —contestó en su lugar Gael —, pero la mayoría no lo saben hacer y tienen que hacer el antídoto a la par de la poción…

—Le dan mucho crédito a ese hechizo de simulación— defendió Draco —, muchos deben saber hacerlo.

—En San Mungo nadie y no te hagas el humilde, que no te queda, sabes muy bien que es un gran logro.

—Ya… de todas formas no tiene mucho sentido,…

—Lo tenga o no, pensamos que la MACH tuvo que ver en esto, y además, supusimos que si la MACH pudo robar un antídoto de San Mungo, puede averiguar en el Ministerio quien es el fabricante de pociones…

—Y entonces tratarían de vengarse, aún no creo que olviden que tampoco pudieron contigo con la primera poción en navidad, seguro que ya te tenían en la mira por esa época y ahora deben estar más enfadados aún —continuó Gael.

—Y por eso pensamos que lo mejor era cuidarte un poco, vives solo, aislado del mundo mágico y sabemos que no puedes defenderte mucho —Mikel parecía realmente apenado por eso, el tono del rostro de Gael comenzó a sonrojarse, seguramente que él le había contado acerca de las restricciones.

—¿Y han estado vigilándome?

—Y otra vez, qué no es vigilándote —protestó Mikel.

—Cuidándote —apoyó Gael —; no queríamos que nada malo te pasara y de no haberlo hecho ahora estarías herido o…

—Ya, no lo pienses —masculló Draco dándole un gran sorbo a su vaso medio lleno de cerveza.

—¡Pero es verdad!

—¿Harry no lo sabe?

—No, no se lo hemos dicho, él está en la Academia todo el tiempo, se preocuparía y no conseguiríamos nada bueno teniéndolo preocupado por ti.

—No se lo mencionen.

—Pero, Draco… —empezó a protestar Gael.

—Gracias, en serio chicos —interrumpió Draco —, a todos, por haberme ayudado, pero ya lo han dicho, Harry no gana nada sabiéndolo.

—No deberías ocultárselo —opinó Mikel.

—No lo haré, solo no se lo diremos ahora, más adelante… ya se verá.

—Aún así estaremos cerca —advirtió Mikel.

—Cómo si pudiera hacer algo para evitarlo —suspiró Draco.

*

El primer golpe no lo vio llegar, un golpe en la mejilla la tiró al piso, los demás ya habían salido, echados por Tony, que parecía mucho más que furioso. Ginny jadeó en el suelo, con una mano sujetándose la mejilla mientras las lágrimas comenzaban a caer rápidamente sin que las pudiera detener. Tony no perdió el ritmo, la sujetó de ambos brazos y la levantó para luego estrellarla contra una pared.

—Estoy podridamente harto de esto, Ginny —gritó el hombre levantándola nuevamente y empujándola contra la pared.

Ginny sentía como sus brazos se entumecían por el dolor y como sus pies perdían contacto con el piso de piedra.

—Tú y tus estúpidas venganzas contra ese tal Malfoy, siempre he tenido curiosidad por saber qué es lo que te hizo Malfoy que lo quieres ver muerto tanto como volver con el idiota de Potter.

—Tony… por favor —jadeó temblando ligeramente, un golpe en el rostro le hizo dar la cabeza contra la pared, sintió algo tibio bajando de su boca y paladeó el sabor de su propia sangre mientras trataba de seguir respirando sin ahogarse con sus propias lágrimas.

—Por favor nada, pones en riesgo esta institución y ridiculizas mi autoridad delante de todos.

—Lo siento…

—Y claro que lo vas a sentir —recriminó Tony azotándola una vez más contra la pared para luego soltarla.

Ginny sintió su espalda resbalar contra la fría pared hasta que finalmente tocó el suelo, emitió un quejido ahogado por el dolor.

—Te prohíbo que vuelvas a acercarte a Malfoy, nos encargaremos de él, como de los demás, pero a su tiempo, ahora hay ya rumores de que estamos detrás de los ataques, sobre todo después del informe de ese estúpido desviado, matarlo ahora sería darle la razón y si atacamos lo haremos a matar, no de esa manera tan poco inteligente.

Tony se puso en cuclillas y con un par de dedos tomó a Ginny del mentón, obligándola a que levante la mirada.

—¿Estamos claros en esto, querida?

Ginny no contestó, podía sentir su rostro hincharse en los lugares donde Tony la había golpeado, los ojos verdes de Tony mostraban fiereza y rabia y ella sabía que no tenía oportunidad de objetar nada ni seguir discutiendo, lentamente asintió.

—No te oigo —insistió Tony presionando más fuerte sus dedos sobre el mentón de Ginny —. ¿Estamos claros?

—Sí —casi gritó Ginny por el dolor.

Horas después, acostada en su cama, sola, en la base de operaciones de la MACH, Ginny lloraba con rabia, por la paliza que Tony le había dado y por la impotencia de no haber podido acabar con Malfoy, se sentía tan frustrada, humillada y furiosa… Culpando, como siempre, desde que sus desgracias comenzaron, a Draco Malfoy. Ahora tenía que tener cuidado, la MACH era un centro de información y de ingresos que no podía despreciar, tendría que aguardar el momento oportuno, quedarse quieta hasta que fuera seguro eliminarlo.

*



Gracias a todos por leer…

Les debo las respuestas a los comentarios… me pongo a eso en este momento, ya vieron que el resentimiento no era entre Harry y Draco sino entre la MACH y Draco, es que Draco no les deja llevar a cabo ningún plan. ¿No es genial?

Bien, espero que pasen un lindo fin de semana, ya viene la noche de brujas, aunque en mi país se celebra también el 31 el día de la canción criolla, algo más patriota y que yo, patriota como soy, celebro.

Un beso para todos, a disfrutar de las fiestas y recuerden, un comentario suyo me alegra el día.

Zafy.