Bueno niñas y niños, aquí tenéis lo que tanto habéis pedido. Advierto, el siguiente capítulo, contiene sexo grafico, sin restriccionesNo me hago responsable de acaloramientos, infartos, y demás efectos secundarios Sobra que diga que este episodio es para mayores de 18 años, y que quien no le gusten ciertas cosas puede saltárselo sin problemas. Hechos los avisos. Que lo disfrutéis recomiendo leer en lugar ventilado…y antes de ducharse.

Un beso a (Cani HP. Ysabel Granger, Igna HP, Lobomoon, Fairly, Extrem, Megumisakura, Chiiocullen, MissLuppi, Melissa Granger, Wirnya, Ayra 16, LylaSnape, Sasamii, Isabella Domi, Liz House, Grake Malfoy, Hannah Abbot GHRS, Alejandra, Ms Psique, Strangelet, G, Dulceysnape, Sirenitus, Mrs V, Areusa, Elentari, Lunnaris, Yue Yuna, Wiiii, Karlivirys, Allelu, Nicksith y JanSev, Salinesadako, Yila, Mc Snape, Vlakat, Moon Granger, Yuee, Sucubos, LilandraBlack, LithiumGraham, Loretitokinomoto, SoloParaTi, Heloisa, Mack Snape, Dextera, Miss Vile, Aqua Ootori, Natalia920906,Tre, Jem de Potter, Lizzy2983, Kibikino, Sely Cat, Minerva91, Tercy_s_s=Cloe, Amelia Badguy, Kallilunatica, Lecaosm, Yasmina 33, Ben Barnes Fan, Oh my God, Kallilunatica, Lina Snape, ItrustSeverus, Mar90, Daniie Snape Malfoy, Por fii, Patti Sly G, Lina Snape, , Kismet, Aleera, Snaluck, Ayss, Nadine, Snapeforever, Vanessa, Youkai destiny San, Ralye Rickman Snape, SunSnake, .) por los a casi 700 reviews, GRACIASSSSSA TODOS SOIS LOS MEJORES.

Gracias especiales a mi querida hermana del alma Vampy Lolita que me dio algunas malignas ideas para el capitulo, a mi gemela benigna June Magic, y a Amia (mi hermana mayor a la que quiero mucho, mucho, mucho)

Mía.

Apenas terminó de insonorizar la habitación, Severus Snape dejó caer de nuevo la varita despreocupadamente… Por primera vez en su vida las apariencias le importaban un carajo. Lo único que de verdad tenía valor para él era esa jovencita de ojos color miel, que continuaba cargando en sus brazos.

Hermione continuaba aferrada con fuerza a su cuello, sonrió con picardía mientras alzaba las piernas para rodear con ellas las caderas del ex mortífago. Él la miró alzando la ceja izquierda en un gesto socarrón.

—Te recordaba menos atrevida. – Ronroneó con voz profunda, mientras se deleitaba recordando aquella primera vez junto a la cascada, su deliciosa timidez, como había sido poco más que una muñeca en sus manos. Sus manos amasaban con dedicación la suave carne de su trasero a través de la fina de la de sus braguitas de algodón.

—No todo va a ser igual. – Comentó con una picara sonrisa. – Aunque fuera un sueño… he aprendido un par de cosas que…

—Por supuesto… — Gruñó peligrosamente. – Siempre una insufrible sabelotodo. Aunque tal vez pueda sorprenderte.

Ella apartó el rostro y lo miró con gesto retador.

—Pues hazlo.

Las manos de Snape se deslizaron tortuosamente desde su trasero a los suaves muslos, mientras ella continuaba aferrándose a él para no caer. Se detuvo acariciando la tersa piel, haciéndola erizar, para volver a recorrer de vuelta el camino, arremangando la corta bata de hospital y empujando para deslizarse bajo el elástico de la ropa interior. Ella suspiró quedando ahogada por un ansioso beso. A trompicones, entre besos y gemidos, la cargó hasta la pequeña cama, sin mirar se lanzó de costado sobre el colchón, ella ahogo una risilla en su boca ante su brusquedad, empujándolo suavemente le hizo rodar sobre si mismo para quedar encima de él, cegados por la pasión ninguno pensó en la estrechez de la cama…

"Pom" "Crack" el seco golpe contra el suelo fue acompañado por el crujido de un candelabro al romperse y una mal sonante y lastimera maldición.

—¡Me cago en Merlín! – Gruñó penosamente Snape aun tirado de espaldas en el piso. Ambos habían terminado cayendo de la cama, pero la peor parte fue de él que había caído debajo amortiguando el golpe de la chica, llevándoselo por partida doble, y como propina la lámpara había caído también de la mesilla golpeándolo en la cabeza antes de romperse contra el suelo. Una cosa si parecía no cambiar entre ellos, fuera sueño o realidad, estar con ella parecía predestinado a ser algo accidentado pero a la vez tremendamente excitante. Mientras se sobaba el golpe de la cabeza miraba con el ceño fruncido a la chica que yacía sobre él, trataba de incorporarse mientras contenía la risa.

—Ya no recordaba. – Gruñó el profesor palpándose el incipiente chichón. – Lo peligrosa que puede ser una cama. — Hermione ya no fue capaz de contenerse, y estalló en carcajadas mientras se colocaba a duras penas a horcajadas sobre él. Snape la miraba con un gesto entre la indignación y la incredulidad. – Ya te daré yo a ti risas. – La amenazó con un tono oscuro en su profunda voz. Mientras se incorporaba al tiempo que tiraba de ella y la callaba con otro apasionado beso.

—¿Y desde cuándo necesitamos una cama? – Jadeó ella con la respiración entrecortada.

—Sabelotodo. – Gruñó lamiendo su esbelto cuello.

—Murciélago. – Replicó la otra buscando con avidez los interminables botones de su levita. Él rió entre dientes al ver los torpes intentos de la chica, casi estaba a punto de decir el hechizo que hiciera desaparecer su ropa, cuando ella posó el índice suavemente en sus labios. – No.— Espetó secamente provocando que él la mirase sorprendido. – Allí te divertiste a mi costa. – Comentó con picardía. – Esta vez me toca a mí.

Snape sonrió con suficiencia al recordar la lenta y placentera tortura a la que la sometió aquella primera vez en la cascada, la forma en que se burló de ella al tiempo que le arrancaba estremecimientos de placer. Podía haber sido una alucinación, pero para ambos era un recuerdo real, tan real que su cuerpo respondía al recordar cada detalle, cada reacción, cada jadeo… y ahora ella pretendía cobrárselo.

—Niña mala. – Gruñó haciendo que ella riera de nuevo. – Muy mala.

Lentamente la muchacha comenzó a soltar la larga hilera de botones de la levita, para encontrarse con la blanca y pulcra camisa, sin demasiados miramientos la deslizó por los fuertes hombros, tan bien formados como lo habían sido en su sueño, para terminar tirada en el piso junto a ellos. Él la miró fijamente con esos oscuros y fríos ojos que destellaban peligrosamente, mientras comenzaba a deshacerse de la segunda prenda, solo que esta vez la boca de la leona recorría con deleite la pálida piel que iba quedando al descubierto, esa piel que ya no tenía ese matiz dorado que había llegado a adquirir tras varias dolorosas insolaciones en la isla, pero cruzada por las mismas cicatrices que ya se sabía de memoria. Sus húmedos besos siguieron el fino rastro de vello oscuro con el que tanto disfrutaba jugando. Snape solo gimió dejando caer la cabeza hacia atrás y golpeándose de nuevo con la jodida mesita de noche, pero ni se inmutó por el dolor, solo la veía a ella. Sus pantalón casi parecía que iba a reventar por la creciente erección cuando liberó el ultimo botón y depositó un lento beso justo encima de la hebilla del cinturón, antes de volver a realizar el recorrido ascendente lamiendo en pequeños círculos, mientras sus manos apartaban la prenda del definido torso, deslizándola por sus hombros y brazos hasta lanzarla lejos hecha un guiñapo.

Hermione volvía a estar sentada a horcajadas, mirándolo directamente a los ojos con una intensidad abrasadora Él ardía de deseo por esa diosa… Porque eso era para él "su diosa". Deseaba devorarla con avidez, esos labios jugosos entreabiertos, su cuello delicioso, los generosos pechos coronados por unos gruesos y duros pezones, a los que se pegaba la única fina tela de la prenda que llevaba, su olor a excitación que comenzaba a llenar su prominente nariz… ese delicioso elixir de mujer que tanto había echado de menos los últimos días en esa "realidad", solo necesitaría un tirón de esa ridícula bata y un movimiento, para acabar con su travesura y poder darse el banquete que ansiaba.

Las finas manos de la Gryffindor bajaron de nuevo por el pecho, el estómago, hasta llegar al pantalón y presionar suavemente el palpitante bulto. Él jadeó y ella lo besó de nuevo, sus lenguas se enredaron mientras continuaba frotando a través de la tela, la paciencia del ex mortifago casi estaba rebasada.

—¿Y esto… Profesor? — Canturreó traviesa. — ¿Qué podría hacer con esto?

—Gatita… te gusta jugar. – Gruñó como respuesta buscando su cuello, separó las manos del suelo donde estabilizaba su peso y buscó a tientas los cremosos muslos, la piel que en sus sueños había adquirido ese tono bronceado y ahora estaba blanca, pero con el mismo tacto de cálida seda, sus manos se cerraron con ansia sobre su anatomía atrayéndola más hacia él. La chica chasqueó la lengua al tiempo que le daba un sonoro manotazo en las manos que le hizo apartarlas por el escozor. Snape la miró con una mueca de indignación dibujada en el rostro.

—He dicho que me toca a mí… — Protestó la joven. – Ya te dije que no va a ser igual.

—¿Es una revancha? – Preguntó frunciendo el ceño, ella sonrió con suficiencia.

—Por supuesto… profesor. – Contestó entre risillas. Él trató de mover las manos de nuevo, pero algo se lo impedía, era como si las tuviera adheridas al suelo con pegamento. La miró asombrado mientras ella negaba con la cabeza y un gesto sarcástico en el rostro.

—¿Te crees que eres el único que puede hacer magia sin varita?

—Tramposilla. – Gruñó.

—He tenido un gran maestro. – Contestó con recochineo, mientras sus uñas continuaban dibujando invisibles líneas en su torso. – Y aun puede ser que tenga algo de Slytherin.

—Ya me la pagaras, ya… — Amenazó con un tono oscuro.

—Lo estaré deseando. – Contestó lamiendo su cuello, al tiempo que sus dedos comenzaban a juguetear con la hebilla del pantalón. –Pero… por ahora… será "usted" el que tenga que aprender una lección de paciencia. – Continuó imitando con burla su tono de voz.

La miró con gesto amenazante mientras desabrochaba el pantalón y tiraba de él, dejando al descubierto el abultado bóxer. Ella dio un respingo mientras su pequeña mano palpaba sobre la tela, el miembro respondía a su toque, con secas palpitaciones, como una mascota que reconocía a su ama. "Una serpiente muy peligrosa" Pensó, dudando un instante antes de liberar la longitud de su prisión de tela. Tragó saliva. Si, la realidad podía superar ampliamente la ficción.

Snape dio un ahogado gruñido y miró fijamente a la chica como se mordía el labio nerviosa mientras su mano retiraba la última barrera de tela. Hermione soltó aire, la erección pulsaba ante sus ojos en toda su gloria, larga y gruesa, surcada de hinchadas venas, con la punta rosada humedecida de su propia excitación, la acarició con detenimiento haciéndolo sisear entre dientes. Recordaba con una excitante mezcla de temor y deseo aquella primera vez, el dolor que sintió al sentirse llenada en su plenitud, pero eso no era nada comparado con el delicioso placer que había sentido después… aquella y todas las demás veces… Si solo había sido una fantasía… ¿Qué seria en la realidad?

Miró con una maligna sonrisa en los labios a Snape, la observaba con gesto febril mordiéndose el labio, un rastro de sudor perlaba su rostro, sus músculos en tensión tratando de soltarse.

-¿Vas a soltarme? – Gimió casi en una súplica. Ella negó con la cabeza.

—… Como dijiste aquella vez… — Él abrió los ojos casi al borde de la locura. — ¿Paciencia?

Con una sonrisa se apartó ligeramente y se inclinó hacia delante, acercando el rostro a su entrepierna, escuchó con satisfacción como Snape dejaba escapar el aire entre dientes con un siseo, que se convirtió en un respingo al sentir la lengua de ella rodar por la punta de su erección.

—Ooohhh… dioses. — Gimió echando la cabeza bruscamente hacia atrás con tan mala suerte que se golpeó de nuevo… esa mesita y él tenían un serio problema. Dio un gruñido de dolor y ella no pudo evitar reírse de nuevo justo cuando comenzaba a introducirla en su boca provocando que casi se ahogara. La sacó de golpe y lo miró con los ojos llenos de lagrimas de risa, en su rostro se dibujaba una mueca de súplica, mientras parecía hacer fuerza para liberar sus manos.

—Lo siento… — Murmuró la chica con timidez.

—¡Mierda Granger! — Ladró casi fuera de sí. — No lo sientas tanto y sigue con eso. Por Merlín. —Ella volvió a reír. — … ¿O te has propuesto volverme loco?

—Ummm… Que impaciente… — Canturreó de nuevo, comenzando a acariciar el miembro suavemente con los dedos.

—Hermione — Jadeó.

No se hizo rogar más, se inclinó y la tomo en su boca, tratando de abarcar la mayor parte que pudo. Él resoplaba mientras la sentía chupar, lamer, recorrer cada pliegue, cada vena con su cálida y ávida lengua. Cerró los ojos dejándose llevar por las oleadas de intenso placer… esa pequeña pícara iba a ser su muerte… y era su vida… no le importaba, la amaba… ladeó la cabeza gruñendo con cada empuje… Pero no era eso lo que quería, esta vez no.

Sintió como sus manos se liberaban de un tirón, reuniendo los restos de su autocontrol la tomó súbitamente por los hombros, ella se sorprendió al sentir que tiraba de ella hacia arriba para mirarla a los ojos.

—No. – Jadeó con la respiración acelerada, la confusión se dibujó en el rostro de ella. – Ya te dije… lo que sentía… — Susurró con su voz sedosa. — … Es diferente… no quiero sexo. – Los ojos melados se abrieron al tiempo que la tomaba de la nuca. – ¡Niña tonta!... Quiero hacerte el amor. – Ella no pudo contestar cuando la beso de improvisto, intensa y apasionadamente. Casi a trompicones porque tropezaba con la ropa enredada en sus piernas y sin romper el beso, se incorporó tirando de ella. La dejó caer de espaldas sobre la cama mientras se deshacía de las prendas que le importunaban. Hermione lo observaba ruborizada, la forma en que la miraba… decía tantas cosas sin palabras. Ni se percató cuando Snape susurró el hechizo para ensanchar la cama, sus ojos melados estaban fijos en él mientras se inclinaba despacio sobre ella, apoyando su peso en sus brazos. —Eres tan hermosa. — Deslizó el índice por su suave mejilla hasta llegar al cuello. —Tan perfecta.

—Tuya. — Susurró la Gryffindor buscando de nuevo sus labios, acariciando su torso mientras él se acomodaba a su cuerpo, con apenas la fina bata separando sus cuerpos. La besó con delicadeza.— Y no es un sueño.

—¿Estás segura de lo que… quieres?.— Murmuró mientras sus labios descendían por su cuello. — Un tipo bastardo…— Otro beso. — …Gruñón. — Otro más. — Posesivo…— Ella sonrío, acarició sus negros cabellos.

—Pero eres… Mi gruñón… Mi "bastardo"… mi Murciélago. —Repitió con cierta burla, antes de volver a buscar su boca mientras la mano del maestro de pociones comenzaba a deslizarse bajo la prenda, deleitándose en su sedosa piel.

—Mi sabelotodo… — Tiró de la prenda hacia arriba lentamente. — Mi gatita.— Se movió bajo él para ayudarle a desprenderse de la bata.— Mía.

La prenda fue lanzada al montón del suelo. Ella suspiró en sus labios cuando las manos de él se posaron suavemente sobre los turgentes senos, primero con una leve caricia, que se fue intensificando, presionando, amasando. La boca del profesor comenzó a deslizarse hacia bajo, degustando su piel con deleite. Buscó uno de sus senos, redondos y firmes, sus finos labios se cerraron en el sonrosado y erecto pezón. La Gryffindor gimió y se arqueó atrayéndolo más hacia ella, separó más las piernas ondulando sus caderas para sentir su erección frotándose contra el tejido de su ropa interior.

—Mía. — Gruñó con el pezón aun en su boca, sus manos ya tiraban del elástico de las braguitas.

—Tuya. —Susurró en un jadeo entrecortado. — Siempre. –Las manos de la joven comenzaron a vagar por su ancha espalda marcando líneas blancas con sus uñas hasta llegar a su prieto trasero, presionándolo más contra ella, lo necesitaba, todo su cuerpo ardía, sentía como se humedecía, por la urgente necesidad. Ahogó una risa al sentir el tirón seco que terminó desgarrando la pequeña prenda que le quedaba. Amaba más que nada esa parte de él, esa brusquedad, esa fuerza, esa impaciencia, eso que en otros eran defectos, a él lo hacían irresistible.

Siguió riendo por las cosquillas que le hacía con la lengua mientras seguía jugando con sus pechos y presionando su erección contra su sexo húmedo, y Snape parecía divertido por sus reacciones, de vez en cuando alzaba la cabeza y la miraba con una ceja alzada y esa sonrisa de niño travieso que le hacía rejuvenecer años. La miró una última vez, con una mueca maligna antes de comenzar a viajar hacia abajo. Hermione suspiró entre resignada e impaciente, mientras la lengua trazaba círculos en su ombligo, se estremeció al notar los largos y finos dedos acariciar los cortos rizos castaños de su montículo, con lenta parsimonia retrocediendo cada vez que parecía que iba a llegar a su humedad. Se deslizó entre sus piernas, mientras ella las abría en una provocativa invitación.

—Sé lo que te gusta… — Ronroneo acariciando el interior de sus suaves y firmes muslos subiendo lentamente. — ¿Verdad gatita?

—Siii… — Gimió llevándose la mano a la boca y comenzando a mordisquear los nudillos de su dedo índice con nerviosismo, esa visión aun excitó más, si cabía, al ex mortifago. La imagen de su rostro encendido, los ojos entre cerrados en un gesto de abandono, los blancos dientes mordisqueando en dedo entre esos labios jugosos, la pequeña lengua húmeda que presionaba con cada jadeo. — Por favor… — Suplicó como tantas otras veces la había oído en su sueño.

Descendió sobre ella recorriendo son su lengua el recorrido que acababan de hacer sus dedos, estos se posaron sobre su sexo palpitante haciéndola vibrar con la suave presión, deslizándose entre los pliegues, exponiéndola ante su mirada encendida. Dio un grito de triunfo al notar como su lengua recorría su humedad, lenta y tortuosamente, se arqueó más hacia él y tensó los muslos mientras cerraba los ojos y mordía su dedo.

Snape se deleitó con el sabor de su femineidad, su olor, su calidez, todas y cada una de sus reacciones, tan iguales a las que había vivido en su subconsciente. Su lengua comenzó a rodar sobre el pequeño botón de placer, ella se sacudió y un lánguido maullido escapo de sus labios. Severus no pudo evitar soltar una seca carcajada que retumbo contra su intimidad haciéndola sacudirse como una anguila y dar un gritito.

Sus manos empujaron bajo sus caderas para izarla más hacia él, buscando un mejor ángulo, succionando recorriendo hasta el último recoveco, disfrutando de los sonidos incoherentes que brotaban de su boca. Sintió como se arqueaba y se tensaba como la cuerda de un arpa al comenzar a remontar su orgasmo. Ya no podía dominarse más, la necesitaba, toda, completamente. En unos bruscos movimientos se retiró de ella y la cubrió con su cuerpo, acomodándose entre sus piernas guiando su miembro con las manos la llenó en un brusco empujón que la hizo gritar, al sentir esta vez de verdad el desgarro de su himen mezclado con los espasmos de su primer orgasmo mucho más fuerte mucho más intenso que el de cualquier fantasía… por real que pareciera.

Snape se quedó quieto dentro de ella, sintiendo como sus húmedas paredes pulsaban sobre él casi a punto de llevarlo al borde solo con esa primera embestida. Alzó el rostro y la miró casi ni sentía las uñas de ella fuertemente incrustadas en sus hombros, solo podía sentirla, contemplaba ese rostro contraído entre el dolor y el éxtasis las pequeñas lagrimas que rodaban por sus mejillas mientras jadeaba casi híper ventilando.

—Lo siento. — Gruñó inclinándose para depositar suaves besos en sus mejillas mientras degustaba sus saladas lágrimas.

Dos ojos castaños se abrieron de golpe y lo miraron dulcemente. El gesto de dolor se había relajado.

—No digas lo siento… — Él la miró con el ceño fruncido, aun sin moverse un milímetro. — Di: Te amo. — Él la beso lentamente mientras ella se aferraba más a él.

—No necesitas… — Susurró acariciando su cabello con una mano. — Que diga cosas …que ya sabes. Ella frunció el ceño y lo miró intensamente.

—Pero si… necesito. — Trató de moverse bajo su peso. — … Quiero…— Jadeó alzando una pierna temblorosa y rodeando su cadera. — … Mas…

Una mueca de suficiencia se dibujó en el rostro del ex mortífago al oír su ruego. Ya sin miedo a dañarla comenzó a mecerse, dentro y fuera de ella, buscando la mayor fricción entre sus cuerpos. Ella se arqueó y clavo las uñas aun más hondo en la carne de su espalda.

—Tus deseos… — Siseó apretando los dientes.— Son …— Embestida. — Órdenes…

Se movió lenta y profundamente, haciéndola dar un respingo en cada golpe, sus jadeos se fueron convirtiendo en gemidos ahogados, para terminar en sollozos de placer entremezclados con su nombre. Tomó su boca con ansiedad, acallando los ruegos de que siguiera, mientras las embestidas se hacían más intensas, la empujaba por el colchón contra la cabecera de la cama que golpeaba escandalosamente con la pared… ya ni recordaba si había colocado un hechizo amortiguador pero le importaba un carajo. No necesitaba decírselo… lo respiraba… cada fibra de su cuerpo se lo gritaba… cada beso… cada caricia. …Pero aun así…

—Te … — Jadeó enterrando la cabeza en su cuello y aspirando ese aroma que lo enloquecía. — …Amo… —Ella se tensó como si esa palabra la hubiera disparado como una flecha hacia su segundo orgasmo. — Mi… gati… ta… — Las ultimas embestidas fueron tan potentes que la cabeza de ella golpeó secamente contra el cabecero…

—Di… osss….— Gritó sin inmutarse por los golpes, cuando su cuerpo convulsiono de nuevo. — Mi… di… oss siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Él se alzó sobre los brazos, con los músculos en tensión, echando la cabeza hacia atrás , con el rostro cubierto de sudor y el cabello negro desordenado adherido al mismo, apretó los dientes y cerró los ojos cuando ella lo arrastró a la cima. Dio un gemido ahogado y se desmoronó sobre su cuerpo al vaciarse en su interior.

Rodó pesadamente para no aplastarla con su cuerpo y la rodeó con sus brazos. Ella suspiró acomodándose contra su pecho y depositando un suave beso en su piel perlada de sudor.

—Tenias razón… — Susurró aun recuperando la respiración. — Con lo de que no sería igual. — Severus la miró alzando la ceja de forma interrogativa. Ella sonrío tontamente mientras su índice acariciaba el suave vello de su vientre.

—Infinitamente… Mejor. — Los finos labios de Snape se rizaron en una mueca de suficiencia.

—Por supuesto… — Ronroneó, sus dedos vagaron por la tersa piel de su espalda. — Y tenemos mucho tiempo para mejorarlo.

Ella suspiró acomodándose más contra él, besó su cuello mientras él gruñía placenteramente medio adormilado, de pronto una idea se encendió en la mente del la joven. Abrió los ojos y se desprendió ligeramente de sus brazos para incorporarse un poco y mirarlo con el ceño fruncido. Severus la miró con gesto inquisitivo, estaba demasiado a gusto allí acurrucado con ella.

—Snape no… — Comenzó a balbucear algo cohibida, él alzó la cabeza para mirarla interrogante. — No hemos usado… ya sabes… — La ceja izquierda del profesor se disparó. — Protección.

Severus se limitó a rodar los ojos suspirando de aburrimiento dejó caer la cabeza de nuevo sobre el colchón tirando de ella contra su cuerpo.

—Siempre preocupada por tonterías. — Gruñó callando su protesta con un beso.