Todos los personajes pertenecen a JKR
N/T: AnneM. Oliver es la autora de este fic. Yo, Moon Dahee, soy la traductora.
Capítulo 37 – De votos de matrimonio y camas de matrimonio:
Las cosas pequeñas le importaban a Draco Malfoy. Se daba cuenta de las cosas pequeñas, como el intrincado diseño de encaje de su velo, el sonrojo de sus mejillas cuando le cogió la mano y la perfecta sonrisa que agraciaba su perfecta boca cuando el cura anunció que eran marido y mujer. Sí, había vivido su vida con la impresión de que más grande quería decir mejor, pero estaba equivocado. Las cosas pequeñas, las simples, eran las que más importaban en su vida. Lo más simple de todo era el hecho de que la amaba.
Nunca le haría daño. Intentaría hacerla feliz. Estaba deseando ponerse a debatir con ella. Incluso deseaba verle el ceño fruncido, pues pensaba que cuando era más hermosa era cuando estaba irritada por algo.
Draco quería hacerle el amor. Quería que tuvieran una casa llena de niños. Quería protegerla del mal y quería que se sintiera a salvo en sus brazos. La amaba.
Hermione no podía recordar un momento en el que se hubiera sentido tan increíblemente feliz. Era una ocasión de júbilo. Tenía momentos de dolor. Lo que más dolía era echar de menos a gente que ya no estaba con ellos, pero de alguna manera sabía que todos estaban con ellos en espíritu. Estaban en su corazón, en su mente y en su memoria. Eso la consolaba. Sabía que las pruebas a las que se había enfrentado la habían traído a este lugar. A este momento en el tiempo. A Draco. Para ser su esposa.
También sabía que él la haría feliz todos los días de su vida. Draco se esforzaría por hacerla feliz. Sería un reto para su mente y su paciencia. Llenaría su vida de alegría. La cuidaría, la protegería, la atesoraría y la dejaría ser quien era, no la persona que todos pensaban que debía ser.
Cuando él la cogió de la mano durante la ceremonia, sintió el sonrojo tiñéndole las mejillas. No era debido a timidez, sino a vergüenza, pues no había nada que quisiera hacer más que tirarse a sus brazos en ese momento y no dejarlo marchar nunca. Esa era la razón por la que se sonrojó. Lo amaba.
Harry Potter sabía que había pocas cosas en la vida que fueran realmente importantes. Una era la verdad. Con la verdad, uno siempre podía encontrar el camino a casa. Con la verdad, el camino siempre era recto y estrecho. Con la verdad, uno podía encontrar la felicidad definitiva, que era el amor y la libertad. La verdad era la cosa más importante para un matrimonio con éxito y para una vida con éxito.
La otra cosa que importaba en la vida, que era más importante que la verdad, era el amor. El amor de un hombre por una mujer y de una mujer por un hombre. Un amor en el que una persona anteponía las necesidades y la felicidad de su ser amado a las propias. Un amor que hacía que los hombres fuertes cayeran de rodillas, que las mujeres lloraran y que se escribiera poesía maravillosa. El amor, que lo consumía todo, que retorcía el estómago, todopoderoso, posesivo, crudo, desenfrenado, pero sin egoísmo. Algo así era difícil de encontrar, pero Hermione lo había encontrado en Draco. Quizás él lo encontraría algún día también. Volvió la atención a la mujer que estaba a su lado. Lady Pansy le sonrió y luego se sonrojó. Sí, puede que encontrara algo así después de todo.
Cuando los anunciaron como marido y mujer, Lord Malfoy levantó el velo del pelo perfectamente peinado de Hermione, que estaba debajo de un precioso sombrero, y tuvo visiones de su pelo largo y suelto, con flores alrededor como una corona. Le gustaría ver eso otra vez. Se inclinó y la besó en la boca con un beso suave y simple. Había tiempo para la exploración después. Una vida entera.
Salieron de la pequeña iglesia de la propiedad de los Malfoy, donde él se enamoró por primera vez, con los aplausos alegres de sus amigos y de casi todo el pueblo. Hermione miró hacia el bosque y habría jurado que vio la cierva, el perro, a Remus y a la madre y al padre que la habían criado. Pestañeó una vez y la visión terminó. Draco la miró.
—¿Estás bien?
Ella levantó la vista y sonrió.
—Ahora sí.
En un acto que era demasiado familiar y como se hacía con frecuencia, se llevó la mano de Hermione a la boca y la besó con cuidado. Pronto serían más que simples besos en la mano.
Rodearon el carruaje de dos caballos y Draco le puso las manos en la cintura para levantarla. Se sintió muy posesivo cuando la subió al pequeño y ligero carruaje. Sintió un propósito y paz, cosas que lo solían eludir en el pasado. Ella era suya, así de simple.
Cuando las manos de Draco le rodearon la cintura para subirla al carruaje, ella se consoló con saber que un toque tan simple ahora estaba permitido, favorecido, y estaba más que anticipado. Se encontró no solo con consuelo, sino también con paz, lo que raramente había sentido en otros momentos de su vida. Siempre había carecido de un propósito antes de esto. Solía estar inquieta y demasiado consciente. Supo en el instante en el que se convirtió en su esposa que ese era su lugar, al lado de Draco. Draco se sentó a su lado en el asiento, como para enfatizarlo. Draco le sonrió y esta vez ella buscó su mano y se la llevó a la boca para besarla. Él le pertenecía, ahora y para siempre.
Fueron a la Mansión Potter para el banquete de la boda. Podrían haberse aparecido o caminar, pero Draco quería que sus primeros momentos de felicidad como casados fueran de ellos dos solos.
—¿Recuerdas aquel día en la Mansión cuando te supliqué que dijeras mi nombre? Dije que esa única palabra me daría consuelo.
—Me acuerdo. Me pediste que te llamara Draco —recordó ella.
—Tengo una nueva petición —dijo él. Ella lo miró—. Quiero que pronuncies otra palabra más para mí, un nombre, una orden, y entonces si tengo que morir antes de que amanezca, moriré feliz.
—¿Nuca acabará el dramatismo? No morirás antes de que te despiertes. Sin embargo, accederé a tu petición. ¿Qué palabra es la que deseas que diga?
—Esposo —le dijo.
Draco paró el carruaje. Hermione puso una mano enguantada de encaje contra su dura mejilla y se inclinó hacia él.
—Esposo.
—Esposa —respondió él.
Esas eran las únicas palabras que necesitaban. Estaba bien.
Después de que el banquete y la alegría del evento terminaron, Draco la escoltó a su nuevo hogar. Mientras subían las escaleras, le dijo:
—Es costumbre que el marido y la mujer tengan aposentos separados, así que he hecho que dejen tus cosas en la habitación que está al lado de la mía. Sin embargo, tengo la esperanza de que, dejando de lado la tradición, compartas mi habitación igual que compartes mi nombre y pronto compartirás mi cama. Lo entenderé si eso no es de tu gusto.
Hermione pensó que parecía muy nervioso con respecto a cuál sería su respuesta.
—Había supuesto que compartiríamos la habitación. Si alguna vez necesito paz y soledad, estoy segura de que encontraré un lugar en esta enorme casa donde pueda encontrar la soledad. Dime, Lord Malfoy, ¿cuántas habitaciones hay en casa? —preguntó.
A él le gustaba que lo llamara casa.
—Por Júpiter, no lo recuerdo.
Decía la verdad. Ella se rió.
—¿Cómo puede ser? ¿Cómo es que no sabse cuántas habitaciones tienes?
—Te diré algo, Lady Malfoy, después de que tengamos nuestra noche de bodas y volvamos de la luna de miel, nos dispondremos a contarlas. Será una aventura. Por supuesto, con tu terrible sentido de la orientación, sin duda te perderás.
Dejó de caminar porque habían llegado a las puertas dobles de los aposentos de Draco.
—Qué bien que me hayas enseñado a aparecerme. Si me pierdo, me apareceré en una habitación que conozca.
Se apoyó en su pecho y él le puso los brazos alrededor.
—Siempre podrías enviar un patronus. Podría seguirlo hasta ti.
Le besó la parte de arriba de la cabeza.
—Harry parecía triste esta noche —dijo Hermione de repente.
Draco le acarició la espalda.
—Yo creía que parecía en paz. Me atrevería a decir que parecía estar atento a Lady Pansy.
—No tengo nada que decir al respecto —se rió Hermione. En realidad, ni le gustaba ni le disgustaba Lady Pansy, pero si a su HERMANO le gustaba, eso era todo lo que importaba.
—¿Entramos? —preguntó Draco, apuntando a las puertas dobles con la cabeza.
Hermione parecía resignada y nerviosa. Draco le cogió la mano y estaba temblando.
—No te llevo a la horca.
—Más bien a un pelotón de fusilamiento.
Eso hizo reír a Draco y estuvo seguro de que ella no sabía por qué se reía tanto de lo que había dicho. Pero, qué demonios, ella era una cosita graciosa. La llevó a la habitación, cerró la puerta y le cogió la mano otra vez. Caminó con ella al centro de la gran habitación.
Le quitó el sombrero y el chal. Incluso le quitó los guantes de las manos. Ella aún temblaba. Era verano, así que Draco asumió que no tenía frío. Él se quitó la chaqueta y se desabotonó el chaleco. Le cogió la barbilla entre el pulgar y el índice.
—Sabes que nunca te haré daño, ¿verdad?
—Lo sé, señor.
—Ya no es señor. Ni yo tampoco te llamaré señorita. Debemos encontrar nombres de cariño para el otro. Elije uno para mí —dijo, poniendo las manos en las caderas.
Ella pareció pensarlo. Incluso lo rodeó, lo que él pensó que era gracioso.
—Me gusta señor. —Se rió para mostrar que estaba bromeando. Finalmente se puso enfrente de él—. Quiero llamarte querido.
—Pero ese es mi nombre para ti, así que debes elegir otro.
—No has reservado el nombre. Me dijiste que eligiera yo primero, y he elegido querido.
—No, no servirá si los dos escogemos el mismo, Hermione. Sería raro. Prueba con otro.
Ella se sentó en el extremo de la cama, cruzó las piernas y una expresión de concentración agració sus facciones, pero lo único que él notó fue que SE HABÍA SENTADO EN SU CAMA.
—Te llamaré Lord Malfoy el Arrogante —reveló finalmente.
Draco se le acercó despacio con una lascivia absoluta en el rostro.
—Puedes llamarme querido y yo te llamaré malvada.
Ella se levantó de repente.
—¡Espera! ¡Ese es uno bueno para ti!
Draco la atrajo hacia sí.
—¿Qué voy a hacer contigo?
—Amarme.
—Ya lo hago —respondió. Hermione empezó a respirar con fuerza de nuevo. La felicidad del momento ya se había perdido y otra vez se preocupó por la noche de bodas. Draco empezó a balancearse con ella—. ¿Bailamos primero? Puede que te relaje.
—¿Bailar?
—Sí, ¿bailarás con tu esposo, Hermione? —le preguntó.
—No hay música.
—Eso se puede arreglar. —Sacó la varita del bolsillo y apuntó hacia una caja de música. La tapa se abrió y la música empezó a flotar en el aire alrededor de ellos. Lanzó la varita en la cama—. Quería enseñarte un nuevo baile; siempre estás dispuesta a aprender.
Hermione retrocedió dos pasos. Él la agarró y se acercó como si ella fuera un animal asustado. Decidió seguir hablando.
—Se llama vals. —Finalmente la alcanzó y le cogió la mano—. Está de moda en el Londres muggle. ¿Te suena?
—Admito que no —respondió. Empezaba a relajarse.
—En este baile, el hombre y la mujer bailan juntos en los brazos del otro durante todo el baile. —Elevó una ceja—. ¿No es eso poco respetable?
—Lo admito, pero nunca he sido de las que se esconden de un escándalo.
—Cierto —concordó él—. Por favor, pon la mano izquierda en mi hombro, Hermione —la instruyó, dando el último paso para estar lo suficientemente cerca para bailar. Ella le puso la mano en la manga. Sin abrigo, sentía la deliciosa seda bajo su tacto. Draco le puso la mano derecha en la cintura de una manera más íntima que nunca antes ahora que la llamaba esposa. Hermione inclinó la cabeza a un lado para mirarle dicha mano—. Mi mano tiene que estar en tu cintura para guiarte. Es la costumbre de este baile —explicó—. Ahora pon la derecha en mi mano izquierda.
Ella hizo lo que le había instruido y él sostuvo las manos de ambos en alto. Empezó a moverse por la habitación con gracia y ella lo siguió paso por paso. Draco se maravilló de lo rápido que aprendía todo lo que le enseñaba.
Mientras Draco continuaba moviéndolos por la habitación, el sol se ponía y las cortinas estaban abiertas para mostrar el color rosado del cielo, que entraba en la habitación y los iluminaba con una luz suave y brillante. Era el despertar de sus almas. Bañados en la suave luz del crepúsculo, parecía indudable que cuando este día terminara, lo seguiría uno nuevo mañana. Era como si este capítulo de sus vidas estuviera terminando para ser seguido por uno nuevo y mejor mañana.
Era como debía ser.
—Eres una buena estudiante. Parece que lo has captado bien. —Continuó el suave balanceo y los giros, dándole una sensación de seguridad. La atrajo más; podía sentir sus senos presionados contra el pecho.
—Tú eres un buen profesor —dijo ella, encontrando por fin la voz.
—No hace falta decirlo; debes recordarlo.
Tenía tantas otras cosas que enseñarle.
La giró y giró. Cuando la canción terminó, la mantuvo en sus brazos. Ya no se movían. Ella tenía la cabeza en su pecho y los brazos alrededor de su cuello.
—¿Puedo enseñarte algo más? —le preguntó con suavidad y sintió cómo asentía con la cabeza—. Mírame, Hermione. —Ella lo miró a los ojos—. Quiero enseñarte la manera en la que un hombre y una mujer muestran amor físico el uno al otro. Recuerda, nunca te haré daño. Me crees, ¿no?
Un único asentimiento de cabeza.
—¿Estás asustada?
Otro asentimiento.
—¿De mí?
Sacudió la cabeza. Draco se lo tomó como un no.
—¿De consumar nuestra unión?
Un asentimiento y una mirada al piso.
Draco le levantó la cara hacia la suya.
—Seré un amante amable y generoso. Te enseñaré la forma de amar igual que te he enseñado todo lo demás, con paciencia y amabilidad. ¿No confías en mí?
—No es una cuestión de confianza, Draco —empezó—. Mi madre me explicó una vez que en el acto de hacer el amor, la mujer a veces puede experimentar dolor en la primera vez.
—Yo no deseo causarte dolor —dijo—, pero tampoco te mentiré. A veces es doloroso; aún así, el dolor no durará y parecerá inconsecuente comparado con la pasión.
La guió a la cama. Le dio la vuelta y procedió a desabotonarle el vestido exterior. Cuando terminó, se lo dejó sobre los hombros. Hermione volvió a girarse. Al menos parecía una estudiante dispuesta, si no una participante dispuesta todavía. Draco deseó que fuera un poco más entusiasta para aprender, como lo era con otras cosas, pero sabía que eso llegaría con el tiempo.
Empezó a quitarle todas las horquillas de su pelo perfectamente peinado. Puso una horquilla tras otra en su mano abierta. Cuando terminó, las puso en la cómoda y luego volvió y le peinó el pelo con los dedos entre los exquisitos rizos de color marrón miel. Volvió a la cómoda, se quitó el pañuelo, el reloj y el chaleco. Deslizó la camiseta por la cabeza y dejó que callera al suelo a sus pies. Le puso las dos manos en la cara, se acercó, la besó y luego sus manos viajaron por su cara hasta el cuello y luego los hombros. Le deslizó el vestido por el cuerpo y también cayó al suelo.
Hermione se quedó con un ligero corsé sobre una camisola, las medias y los pequeños zapatos. Draco pensó que parecía más deseable que si no tuviera nada puesto. Se quitó sus propios zapatos y se acercó a la chica. El corsé estaba atado por delante, así que empezó a desatarlo por la parte de abajo. Tiró de los lazos por los agujeros como si estuviera desenvolviendo un regalo. Cuando estuvo suelto, se lo deslizó cuerpo abajo y ella salió de él de un paso como correspondía. Eso la dejaba solo con la camisola ligera, que era más como un vestido. Casi podía imaginar su cuerpo desnudo debajo de la ligera ropa interior de algodón.
Draco se arrodilló y levantó una pierna. Le puso el pie sobre su pierna, le quitó el pequeño y sedoso zapato. Metió la mano por debajo del vestido para tocar la parte de arriba de las medias. Las desenrolló lentamente; la piel de Hermione era como la seda bajo las puntas de sus dedos. Nunca apartó los ojos de los de ella.
Repitió el mismo gesto con el otro pie y pierna; le quitó el zapato y las medias. Inclinó la cabeza para besarle la rodilla. Se puso de nuevo de pie y la atrajo de manera íntima a sus brazos. Le puso la boca sobre la de ella, la abrió, introdujo la lengua y rodeó la de ella con la suya. Le besó la larga columna de su cuello que llevaba al agujero de su garganta. Le besó la piel expuesta en la parte de arriba de la camisola y con cuidado amoldó la mano a sus pechos, donde a través de la fina tela sintió bajo su mano que ella le devolvía el deseo.
Draco ardió de deseo por su esposa. Continuó besándola mientras los brazos de Hermione se cerraban con fuerza alrededor de su cuello. Cuando Hermione empezó a dejarle besos en la mandíbula y el cuello, la pasión de Draco se volvió desenfrenada. Tenía que tenerla ahora, pero tenía que mostrar precaución. Si perdía su respeto, podría perderla para siempre. Había prometido no herirla o causarle dolor y le prometió que lo disfrutaría y, maldición, él era un hombre de palabra.
Draco le quitó el vestido y, en ese momento, ella estuvo desnuda delante de él, aunque la habitación estaba casi a oscuras ahora. Draco pensó que era la cosa más adorable que había visto nunca, con largas piernas y brazos, hermosos pechos redondos, un abdomen ligeramente hinchado, pocas caderas y estaba asombrado. Respiró lenta y constantemente.
Se quitó el resto de sus ropas y dijo:
—Siéntate en la cama.
Ella se sentó en la cama y él le puso las manos en los hombros, inclinó la cabeza y la besó en la boca otra vez. Hermione cerró los ojos y se le sonrojaron las mejillas por el hecho de que él estaba desnudo y de que ella estaba desnuda y por lo que iba a pasar a continuación. Hermione estaba respirando con tanta fuerza que Draco estaba un poco preocupado. Se sentó al lado de ella y le cogió la mano.
—¿Estás preparada?
Esta vez, en lugar de asentir, dijo:
—Oh, sí, Draco.
Draco bajó las sábanas y volvió al extremo de la cama. Para sorpresa de Hermione, la cogió y caminó con ella hasta un lado de la gran cama. La puso encima y se acostó a su lado. Se inclinó sobre ella, la besó de nuevo en los labios y le puso la mano en su estómago desnudo. Hermione intentó coger las sábanas, pero Draco no la dejaba cubrirse. No tendría sentido y semejante modestia no necesitaba existir entre los dos.
Mientras continuaba besándola, sus manos empezaron a moverse por todo su cuerpo, tocándola, acariciándola, excitándola. Entonces, fiel a la reputación intrépida de su esposa valiente y dispuesta a aprender algo nuevo, Hermione bajó la mano y lo tocó, ligeramente y con dudas. Draco estaba embelesado.
Hicieron el amor en una batalla épica y cegadora entre la voluntad de ella y la de él, cuyo ganador nunca se llegó a determinar, pues fue un empate. Draco palpó, Hermione arañó, Draco giró sobre su espalda y Hermione giró sobre la de ella. Hermione abrió las piernas sin más dilación y se juntaron. Músculo duro sobre carne blanda, caderas y piernas entrelazadas y juntas.
Si Draco le causó dolor, ella no lo mostró. Draco sentía una urgencia, el corazón le latía tan ruidosamente como un tambor en las orejas, pero tenía que ir despacio. Sabía que no funcionaría si ella no lo disfrutaba. La alejaría de sus futuros prospectos. No quería que nada arruinara su primera vez o cualquier relación futura.
Se movió con movimientos lentos, deliberados y largos tanto como pudo. Hermione empezó a hacer pequeños ruidos, así que supo que era el momento de acelerar el paso y profundizar sus movimientos. Cuando ella empezó a elevar las caderas al encuentro de sus embestidas, su control finalmente desapareció y sintió una pasión que se parecía mucho al dolor.
Los brazos de Hermione se estrecharon a su alrededor y lanzó la cabeza hacia atrás en la almohada. Todo lo que él podía pensar era: "Por favor, Hermione, si llegas al clímax yo también podré". Y lo hizo, y él también, juntos.
Cuando ella finalmente estuvo en silencio debajo de él, Draco rodó a un lado. Tenía la mano posesivamente en su pecho y empujó su cuerpo dispuesto hacia él. La besó en la boca.
—Bueno, mi querida esposa, ¿qué piensas de tu primera lección?
—Ciertamente creo que ha sido una primera lección muy buena. Aunque estoy segura de que tengo mucho que aprender.
Draco se rió. Era una cosita graciosa, después de todo.
Finalmente, Draco se durmió después de largas horas hablando y de hacer el amor dos veces más, cada vez llevándolo un paso más lejos. Hermione tenía mucho que aprender, pero Draco parecía un buen profesor después de todo. Hermione sentía la calidez y la seguridad de su abrazo, pero deseaba hacer algo. Quería hacerlo desde el principio del día, pero había estado tan ocupada preparándose para la boda, que no había tenido tiempo. Se deshizo del abrazo, retirando la mano de Draco de su cuerpo, y se alejó de puntillas de la cama. Encontró la camisola, se la puso y fue a la habitación de al lado, donde sabía que encontraría sus cosas. Encontró la varita en el baúl y encendió los candelabros de las paredes y las velas de al lado de la cama. Volvió a los baúles, encontró la carta de Lily, s sentó en la cama y empezó a leer.
Draco se despertó y y el pánico lo golpeó de inmediato como un puñetazo en el estómago. ¿Dónde estaba su esposa? Aún sentía la felicidad de los dos y la unión era frágil como mucho. Quizás se debía a que hacía demasiado poco que casi la había perdido y quizás era eso lo que le causó el pánico. Bajó de la cama, se puso los pantalones, que colgaron en sus caderas, y fue a la otra habitación, donde la encontró de lado en la cama, hecha una bola, llorando.
A Draco se le rompió el corazón y no supo por qué. Verla tan disgustada le dolía. Corrió a su lado, se sentó a su lado en la cama hecha y le acarició el brazo. ¿Había nacido ese dolor de hacer el amor? ¿Qué causaba aquella reacción?
—¿Qué pasa, querida?
Draco se acercó y le besó el hombro. La levantó para que se sentara sobre su regazo y le acarició los brazos y el pelo como hace un padre con un niño asustado. Vio el pedazo de pergamino que tenía en la mano. Lo entendió. Había leído la carta de su madre, Lily. Él ya la había leído la noche en la que la rescataron, poco después de que la leyera Lord Potter. Era la explicación dolorosa del amor y la pérdida de una madre y del arrepentimiento de una madre por su única hija.
—Siento mucho que esta carta te haya entristecido —le susurró suavemente en la oreja.
—Me quería. De verdad me quería. Era más fácil pensar que no. Era más fácil asumir que yo no significaba nada para ella para que me entregara. Era más fácil creer que nunca pensaba en mí. Ahora sé que pagó el precio más caro. Era más fácil odiarla y culparla por ser débil y elegir a su marido antes que a su hija, pero no puedo odiarla, da igual cuánto quiera hacerlo. Era un ser humano con flaquezas y emociones humanas y no era perfecta. Cometía errores, pero nunca creyó que yo fuera uno de ellos. —Continuó llorando. Draco la balanceó de un lado a otro.
—¿No es mejor no odiarla más? —le preguntó—. A mí empezaste odiándome y ahora me amas. ¿No es mejor?
Hermione levantó la vista para mirarle y, extrañamente, sonrió.
—Eres muy, muy estúpido. No creo que nunca te odiara. Desde el momento en el que entraste en la tienda, hablando con Nott sobre un duelo con un hombre que insultó tus botas de Yute hechas por elfos, creo que te quise.
—Y cuando tú perdiste el sombrero y luego el libro… ¿O fue primero el libro y luego el sombrero? Bueno, no importa, pero fue entonces cuando supe que no podía vivir sin ti. Quería olvidarme de ti. Quería decir "al cuerno", pero, maldita sea, quería amarte más —declaró. Salió de la cama y la levantó en sus brazos—. Volvamos a nuestra habitación. Quiero quedarme dormido contigo en mis brazos.
Draco a llevó a su habitación y la puso en la cama. Se subió a su lado.
—¿Crees que podemos encargarle a alguien que pinte retratos de Lily y Sirius tal y como hiciste que pintaran retratos de mis otros padres?
—Deberíamos pedir retratos nuevos y grandes de los cuatro y los colgaremos donde tú quieras. Solo quiero hacerte feliz —le dijo, besándola en la mejilla.
Hermione le puso la mano en la mejilla.
—Entonces has hecho un buen trabajo porque soy inmensamente feliz.
—Y tú me has devuelto el favor porque yo también soy inmensamente feliz y todo se debe a una niñita de campo nacida de muggles llamada Hermione Granger Potter Black Malfoy.
Ella se rió.
—Solo Malfoy, que es el único nombre que necesito.
—Es el único que quiero que tengas. Bueno, excepto por uno más. ¿Lo digo otra vez?
—Si lo haces, lo haré yo.
—Esposa —le dijo.
—Esposo —le contestó.
Sus apodos ya no eran Arrogante e Ignorante. Ahora eran muchísimo más y siempre lo serían. Por lo tanto, eso hace que esto se… el final.
N/A: Siguiente capítulo: ¡nada más, me duele decirlo!
N/T: ¡Por fin! No me puedo creer que me haya llevado tanto tiempo terminar de traducir esta historia. Reconozco que fui bastante vaga durante una época, pero, ¡eh!, nunca abandoné hahaha Espero que les haya gustado. Muchísimas gracias a todos los que alguna vez han estado conmigo en el transcurso de esta traducción y especialmente a los que más tiempo se han quedado y más especialmente:
eelgv: tus reviews me han animado especialmente por tu entusiasmo. ¡Gracias, chica! Puede que te incorporaras tarde a la historia, pero siento como si hubieras estado conmigo todo el tiempo :). Con respecto a lo que me dijiste en el último review, ya arreglé lo de los nombres. Gracias por decírmelo. ¡Qué lío me hice yo sola! Me alegra que te ha gustado el desenlace. A mí también me gustó. No me esperaba tampoco que Flint fuera un hombrelobo xD Con los herederos, tómate el tiempo que necesites, pero me da pena no poder contestar a tus reviews, así que… ¡hazte una cuenta, guapa xD! Y así también puedes suscribirte a mis alertas, porque, ocupada o no, creo que quiero volver a traducir más cosas pronto. Lo voy a echar de menos xD Un beso :)
Pues eso, como le iba diciendo a elegv, tengo en mente traducir dos fics más, que son muy largos y de lo mejorcito que hay en inglés, pero aún no he pedido permiso, así que no puedo asegurar que lo haga. Si no, me dedicaré a algún otro, pero tened por seguro que quiero seguir traduciendo. También quiero poder empezar a publicar mi historia propia, pero quién sabe si algún día lo haré. Soy demasiado perfeccionista y tardo demasiado xD En fin, suscríbanse a las alertas de autor si quieren ser avisados de cosas nuevas que publique.
Bueno, un beso,
Moon Dahee
P.D. He intentado hablar con la autora para que diga algunas palabras, pero no me ha contestado… u.u
