Primera parte.

—Cariño… —Sakura se detuvo al sentir que su esposo no seguía caminando a su lado, por lo que se giró y clavó sus ojos jades en el azabache que permanecía detenido unos pasos tras ella—. ¿Sucede algo?

—No… No es nada —el aludido plegó un poco su entrecejo para después caminar hasta quedar al lado de su mujer.

La pelirrosa le sonrió y luego meció a la bebé en sus brazos, la cual había estado durmiendo y ahora al parecer quería despertarse, ya que emprendía a moverse y a tratar de abrir sus ojitos azabaches, iguales a los de su padre.

—Creo que debe tener hambre —especuló Sakura teniendo presente que era un considerable tiempo que su hija dormía en sus brazos y ellos caminaban por los bosques.

—¿Vas a alimentarla? —preguntó Sasuke mirando a Sarada que ya había abierto los ojos y prontamente se lanzaría a llorar como si no hubiera un mañana.

—Yo creo que sí… Hagamos una pausa —Sakura asintió y sonrió cuando la pequeña comenzó a emitir su llanto de hambre. El azabache le buscó un buen lugar y las dejó sentadas.

—Iré por algo de comida para nosotros —anunció dejando su bolso al lado de su esposa—. Volveré enseguida —le dijo mirándolas fijamente, parecía no querer moverse del lado de ellas.

—Ve, cariño. Estaremos aquí —dijo Sakura dedicándose a descubrir su pecho para poder alimentar a su niña.

En eso, asintiendo, Sasuke despareció del lugar y Sakura acomodó a su bebé para que se alimente. La pelirrosa sonrió cuando Sarada se calmó y comenzó a tomar leche mirándola a ella con sus grandes ojos. Ya había pasado un mes y medio desde que su hija llegó al mundo, durante ese tiempo Sasuke le dijo a Sakura que era preferible permanecer en la guarida de Orochimaru unos días para después irse al pequeño pueblo más cercano, ya que Sarada y Sakura no estaban listas aún para seguir con el camino regresó a Konoha. Y así lo hicieron. Pasaron una semana junto con Karin, quien se encariño increíblemente con la pequeña y llegó a llevarse muy bien con la mujer Uchiha; Sasuke en ese tiempo dedicada todo su día a estar con sus mujeres y cuidar de Sarada cuando esta se ponía mañosa, ya que él era el único que lograba calmarla de inmediato. Después se fueron a la aldea cercana, Karin los despidió aguantándose las lágrimas de tristeza por separarse de la bebé y la pelirrosa para que no fuera tan fuerte la despedida, le dijo a Karin que fuera a visitarlos cuando quisiera.

Pasaron varias semanas en la aldea, donde la pequeña se hizo querida por las personas del lugar y ayudaban a Sakura en todo lo que pudieran. Sasuke se mostraba celoso cuando la pequeña, a manos de otra persona, se quedaba dormida, Sakura jamás había imaginado que su esposo llegara a ser tan sobreprotector con su hija y con ella, pero eso le encantaba.

Ya habían pasado tres días desde que dejaron esa cariñosa aldea atrás, ahora estaban caminando para regresar a Konoha y los nervios eran muchos para ella y para Sasuke, que este aunque no se lo dijera, adivinaba que estaba igualmente nervioso.

Sabía que iban a llegar a la aldea y tenían que enfrentar todas las cosas que vendrían. Primero que todo, nadie sabía del matrimonio de ellos, pues ambos lo prefirieron así. Lo segundo y lo más importante debían presentar a Sarada a todos y tenía presente que eso sería lo más fuerte de decir, ya que nadie en la aldea estaba enterado del nacimiento de su bebé. Sasuke le había comentado que mantenerla en secreto por lo que quedaba de camino era lo mejor, así nadie iría tras ellos, tras la nueva Uchiha.

—Ah… —suspiró Sakura teniendo todas esas cosas en la mente, ¿Cómo iba a enfrentar a sus padres? Ella se había ido sin avisarles y ahora llegaba junto a Sasuke, quien era su esposo (el hombre que su padre no quería para ella) y junto a su hija recién nacida, pesará lo que pensará ninguna buena palabra o forma de contarles lo acontecido le parecían buenas ideas. Estaba en un gran debate, se sentía entre la espada y la pared.

Cuando Sarada soltó su pecho dejando de tomar leche, Sakura acomodó su ropa y alzó a su bebé para apoyarla en su hombro, debía sacarle los gases para que no se hinchara y así no se pusiera a llorar. Meciéndola suavemente, la pelirrosa dio pequeñas palmadas en la pequeña espalda de la bebé mientras le murmuraba una canción para relajarla. Cuando ya llevaba unos minutos y Sarada dejaba escapar por su boca pequeños eructos, Sasuke se apareció frente a ellas con su capa repleta de frutas con gran color viéndose muy sabrosas.

—¿Ya almorzó? —preguntó el azabache guardando algunas de las frutas encontradas en su bolso para más tarde.

—Ya lo hizo, ahora debe dormir —anunció Sakura con una sonrisa al verlo nuevamente. Siempre se colocaba feliz de tenerlo a su lado.

—Dámela, debes tener los brazos cansados —pidió Sasuke al terminar su labor y su esposa sonrió para luego levantarse y pasarle a Sarada.

Sasuke tomó con cuidado a su hija y la apoyó en su pecho mientras Sakura le acomodaba una larga y ancha tela alrededor de la cintura de él y sus hombros terminando sujetar a la bebé para que estuviera más cómoda en el brazo de su padre. Con la niña asegurada y durmiendo plácidamente en el pecho del azabache, ambos se sentaron y la pelirrosa se dedicó en pelar las frutas para luego comer ella y darle en la boca a su esposo, ya que él sólo podía sujetar a su bebé.

—Te ves preocupada —comentó Sasuke después de tragar un pedazo de fruta.

—Eh… más o menos —asimiló ella cortando más de la manzana roja de la cual comían—. Sólo en unos días llegaremos a Konoha y tendremos que enfrentar todo… Se sorprenderán mucho… —dijo ella sonriendo nerviosa mientras su esposo la miraba con sus fuertes ojos en silencio.

Volvieron a comer otro pedazo más de manzana y al tragar Sasuke separó sus labios para hablar mientras mecía a su bebé que amenazaba con despertar.

—No es necesario que ocultes como te sientes —dijo Sasuke sorprendiéndola a ella.

—Huh… ¿Tú estás nervioso? —preguntó Sakura viéndolo tímidamente.

—Lo estoy, pero sé que saldrán las cosas bien —Sasuke le hizo un movimiento con la cabeza para que ella se acercará, cosa que Sakura hizo de inmediato y envolvió a ambos con sus brazos para descansar su cabeza en el ancho pecho del chico, se quedaron en silencio y ella pudo apreciar el tranquilo latir del corazón del azabache.

—Tienes razón… Si estamos los tres juntos, todo saldrá bien —susurró Sakura para cerrar sus ojos y así descansar un poco de tan largo y agotador viaje.

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Pasaron los días restantes rápidamente mientras avanzaban por los senderos y caminos peligrosos, en los cuales Sasuke cuidaba bien a las dos para que no les ocurriera nada. Cuando llegaron a unos metros de las puertas de Konoha, Sakura apretó los labios y contuvo la respiración al verla a la distancia tan esplendorosa; se sentía feliz y ansiosa por llegar, por ver a todos, por contar lo que han pasado, por decirles a cada uno que se casó con Sasuke, el amor de toda su vida y que había formado una linda familia; de verdad lo quería hacer, pero igualmente estaba intranquila, nos sabía cómo la gente iba a reaccionar por las noticias.

—Ya llegaremos —dijo Sasuke ladeando su cabeza para verla—. ¿Estas cansada? Puedo llevar yo a Sarada.

Sakura como se sentía tan nerviosa asintió, le entregó la bebé a su esposo y luego continuaron caminando. El día estaba despejado, el sol alumbraba cada esquina de la tierra y los árboles se mecían al compás del ligero viento. Sakura deseó poder estar tan relajada como aquel clima, pero difícilmente podía hacerlo.

Avanzaron por las calles de la aldea, la cual para su sorpresa estaba algo, muy cambiada. Sakura había visto en anteriores partes como la tecnología iba apoderándose de apoco de los lugares, pero no se le pasó por la mente que Konoha también seguiría eso desarrollos, aunque de inmediato se rio de ello, era evidente que una de las aldeas más importantes comenzaría igualmente a adquirir más tecnología. Caminaron a paso lento juntos, mientras la pequeña Uchiha dormía tranquilamente en el pecho de papá. La gente que los veía y quizás los reconocían, se quedaban mirando a la pareja que avanzaba con los nervios a flor de piel por la aldea. Sakura no quería ni pararse a saludar a nadie hasta llegar a la torre del Hokage, también rezaba por no encontrase con nadie sumamente conocido antes de su destino. Sentía que moría de nervios.

—Ya llegamos —le informó Sasuke repentinamente y ella, la cual estaba muy distraída en sus pensamientos, alzó la vista y vio frente a ella la imponente torre del Hokage. Kakashi debía de estar ahí.

Dos guardias en la entrada del lugar los detuvieron, pero al reconocerlos y al ver la fiera mirada de Sasuke, les permitieron el paso y así Sakura ya estando adentro de la torre, suspiró un poco más aliviada.

Cuando se pararon frente a la puerta del despacho del Hokage, la mujer Uchiha miró a su marido que se veía muy relajado, también vio a su hija, la cual abría de apoco sus ojitos oscuros alejándose del sueño… ¿Acaso era la única que se sentía nerviosa?

—Estará todo bien… —le dijo Sasuke al ver que ella no era capaz de llamar a la puerta.

—Sí —aseguró ella ahora sintiéndose mejor.

Alzó su mano derecha y dio unos pequeños golpes en la puerta, estos fueron tan sutiles que creyó que no habían alcanzado a la persona en el interior, pero cuando escuchó la voz de su ex Sensei dándole el paso, Sakura conteniendo el respirar, abrió la puerta lentamente.

Entraron al despacho, y ella buscó al Hokage que estaba tras una larga y gruesa hilera de papeles, pero cuando logró visualizarlo mejor al entrar más, sonrió. Le daba felicidad verlo.

—Kakashi-sensei —lo llamó y el nombrado que veía concentradamente unos documentos, alzó la vista.

Hubo un silencio… Un muy largo silencio mientras el mayor de ahí los veía a ambos sin expresión, pero después de parpadear un par de veces, habló.

—Ustedes… —Kakashi los veía sin palabras, como si estuviera completamente atónito por lo que veían sus ojos, y Sakura no lo culpaba, sabía que era sorprendente la situación.

—Kakashi-sensei —saludó ella otra vez, sonriendo tímidamente apretando sus manos en su pecho. Sasuke veía al peli-pateado sin expresión en su rostro mientras sostenía a Sarada ya despierta quien movía sus bracitos tratando de alcanzar el techo.

—Eh… ¿Sakura, Sasuke? —inquirió aun sin salir de su estado de sorpresa.

—Sí… hemos vuelto —anunció ella sintiéndose inquieta por tan tenso silencio.

—Y… Y… ¿Ese bebé? —preguntó su ex maestro y en eso la puerta de la oficina se abrió de golpe acelerando más el corazón de Sakura por el repentino susto.

—¡Sakura! —la voz potente de Tsunade llegó a sus oídos y de inmediato todo su cuerpo se petrificó. ¡Oh Dios! Definitivamente Tsunade iba a decirle algo por todo—. Has llegado y yo ni enterada —la mayor se acercó a ella y la sujetó por los hombros, tenía la frente fruncida y se veía que quería soltarle muchos regaños, pero cuando sus ojos claros de desviaron a Sasuke, estos se entornaron y su boca se abrió por la sorpresa.

—Tsunade-sama —habló Sakura con temor pero cuando vio que su maestra se acercaba a su esposo y a su hija, pensó que las cosas no podían ir mal, ya que la expresión de la mayor se había suavizado.

—¿Quién es este bebé? —preguntó la rubia, y Kakashi saliendo de su asiento se acercó a ellos para ver más claramente a la bebé que sostenía el azabache.

—Es Sarada —habló por primera vez Sasuke dándole fortaleza a la pelirrosa—. Uchiha Sarada, nuestra hija —anunció sin duda y los mayores quedaron atónitos.

Otro silencio en la habitación. Sakura apretó sus labios nerviosa, pero ansiosa de lo que pudieran decir.

—¿Su hija? ¿Cuándo? ¿Cómo? —Tsunade estaba que agonizaba por las dudas, pero cuando la bebé tomó con sus pequeñas manitos los dedos de ella se enmudeció y vio al pequeño ser con ternura.

—Bu… Bueno… —Sakura se puso colorada ante las preguntas.

—¿Se casaron? —inquirió Kakashi recuperando la voz, pero la sorpresa aún estaba presente.

—S-Sí… —dijo la mujer Uchiha obteniendo completa atención de sus ex maestros, deseaba meterse bajo tierra.

—¿Qué? ¿Cuándo? —inquirieron al unisonó los mayores.

—Bu-Bueno… ya… ya hace unos meses… creo —dijo dubitativa, su mente estaba como un tornado.

—¡¿Qué se han casado y que tienen una hija?! ¡¿Es que estoy soñando?! —Tsunade dio un gritó en el cielo provocando que Sarada se asustara y comenzara a hacer muecas para después llorar—… Oh… lo siento —se disculpó la rubia viendo a la pequeña mientras Sasuke miraba con odio a la ex Hokage por haber hecho llorar a su hija.

—Oh, cariño… —Sakura con su instinto maternal levantó sus manos para acariciarle su cabecita a la vez que Sasuke la mecía un poco para arriba y para abajo, con esos mimos y atenciones, Sarada se calmó.

Los dos mayores miraron la escena muy asombrados, pero algo enternecidos.

—Lo sentimos por no avisar de nada de esto… pero preferimos no decir nada hasta este momento… —habló Sakura después de unos instantes.

—Bueno… Aunque no me esperaba esto… Estoy contento de verlos nuevamente —dijo Kakashi poniendo una mano en el hombro de Tsunade para relajarla—. Su niña es preciosa.

—Huh… También estoy feliz, fue un largo tiempo y tú —Tsunade la indicó a ella—. Te fuiste sin decir nada… ah, pero eso ya no importa… los felicito por su boda y por Sarada —finalizó provocando una sonrisa de alivió en la pelirrosa.

—Tsunade-sama… —Sakura se acercó a ella y la abrazó, sabía que la mayor no era demostrativa, pero no la apartó y correspondió el gesto rodeándola suavemente con su brazos.

Hablaron un poco más los cuatros y en un momento Sarada pasó a los brazos de Tsunade y de Kakashi (este último estaba muy nervioso por la bebé) y al ver eso, Sasuke se mostró molesto ya que Sarada se mostraba muy a gusto con el peliplata. Después de contarles todo su viaje y un poco de su boda y del nacimiento de la pequeña, Kakashi le entregó a la pelirrosa la llave de su departamento de soltera diciéndoles que fueran a descansar un poco y que después fueran a ver a todos, ya que esta noticia debía saberse. Sakura tomando la llave y agradeciéndole por todo, se fue junto a su esposo y a su hija de la torre para ir a descansar al lugar que llamarían hogar por un tiempo, ya que definitivamente después debían buscarse un lugar más amplio para los tres.

Al entrar a su departamento ella sintió la nostalgia del lugar, había pasado mucho ahí, momentos tristes y alegres que ahora los veía muy lejanos, era increíble como el tiempo había pasado y las cosas cambiado. Entraron y se sorprendió al ver todo limpio y ordenado, esto definitivamente debía ser obra de su amiga Ino, después tendría que darle las gracias y un saludo. La extrañaba mucho.

—¿Deseas darte un baño? —le preguntó Sakura a su esposo.

—Me gustaría realmente —respondió cerrando un poco sus ojos y así ella notó lo cansado que estaba. Sasuke las había cuidado increíblemente a ambas afuera, que muy poco tiempo se dio para dormir.

—Te preparé el agua —dijo con una sonrisa acariciando su mejilla para después besar a su hija nuevamente dormida.

—Gracias —expresó Uchiha con una leve sonrisa, esas sonrisas que sólo le dedicaba a ella y a su hija.

Hizo lo prometido, dejó la tina casi llena y después se fue a la habitación para encontrase ahí a su esposo acostado en la cama con su hija al lado durmiendo. No sabía cuál de los dos se veía más tierno y vulnerable, así que optó por dejarlos emparejados para después sonreír.

—Cariño… —lo llamó ella con serenidad moviendo el hombro del azabache, no quería despertarlo, pero era mejor que tomara un baño para relajarse más y después dormir—. Hey, Sasuke-kun… el agua ya está lista —dijo sin obtener respuesta de su hombre, pero se sorprendió y enmudeció un grito de sorpresa cuando Sasuke de un movimiento sutil la tomaba del brazo y la tiraba para su cuerpo quedando ella sobre él, a escasos centímetros del rostro de él.

—Dormitemos un poco —dijo él con voz semidormida para después volver a cerrar los ojos, llevando su mano a la cintura de la pelirrosa.

Ella sonrojada hasta las orejas, asintió sin ser capaz de ir contra su deseo, estar encima de él para dormir era muy relajante que el cansancio se presentó como una ola en ella, y en unos segundos se quedó dormida descansando su cabeza en el pecho ancho del pelinegro.

No supo cuánto durmieron, quizás minutos u horas, pero se despertó cuando sintió el agudo llanto de su bebé. Sakura se levantó del cuerpo de su esposo, quien también abría sus ojos, y tomó a Sarada adivinando que era hora para que ella comiera.

—Ahora sí creo que tomare le baño —dijo el azabache levantándose y acariciando la cabecita de la pequeña.

—Oh, el agua quizás ya este helada —comentó Sakura aun sin saber cuánto durmieron.

—Lo veré —Sasuke al decirlo se fue al baño y Sakura comenzó a mecer a Sarada con mucho amor—. Esta tibia aun… quizás sólo dormimos unos minutos —escuchó al azabache y ella entró al lugar para ver como su esposo se comenzaba a quitar su ropa.

—Huh… Vo-Voy a darle comida a Sarada —anunció sonrojada ya que aún no se acostumbraba del todo al ver a su esposo desnudo, pero no negaba que le encantaba.

Sasuke asintió y ella volvió a la habitación para sentarse en la cama y alimentar a su bebé. Se puso a ver a su alrededor y pensó que debían hacer muchas cosas, como comprarle una cuna a la beba y mucha ropa ya que iba creciendo. También pensó que era relajante al fin estar de vuelta en casa, y como Kakashi con Tsunade reaccionaron bien a su llegada y a las noticias que traían con ellos, pensó que con los demás no iba a ser tan diferente, por eso se relajó soltando un suspiro y sonrió ansiosa por ver caras que extrañaba mucho.

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Cuando ella se dio un baño para limpiar toda suciedad del cuerpo, mientras Sasuke se encargaba de la bebé, Sakura salió ya vestida del baño con su ropa casual que le acomodaba demasiado. Habían quedado con su marido en ir a comprar unas cosas para preparar la cena, ya que en el lugar no había nada de alimento, y por eso se alistaron y se prepararon para salir. Aún no tenían ganas de ir con nadie, seguían estando cansados y ya mañana verían como ir a visitarlos a todos, pero cuando llegaron a la puerta y el azabache la abría, vieron frente a ellos una cabellera rubia como el oro. Sakura que sostenía a Sarada, abrió la boca por le emoción y soltó un pequeño grito cuando sus ojos se conectaron con los azules de ese muchacho. Naruto estaba parado frente a ellos con una ancha sonrisa que hacia alumbrar todo el lugar.

—¡Naruto! —soltó ella sonriente sin poder contenerse, había extrañado demasiado a su amigo.

—Sakura-chan —habló él dejando un buen sentir en su pecho al escucharlo tan resplandeciente—. Sasuke —añadió sin borrar su sonrisa para después enfocar su ojos en el bebé, su rostro se quedó de piedra y soltó un gritó tan fuerte que Sasuke tuvo que pegarle en el estómago para que se enmudeciera.

—No grites aquí, maldición… —gruño Sasuke retomando su postura y vio de reojo a Sarada, quien miraba curiosa a Naruto.

—Ti-Ti-Ti-Ti-Tienen… ¡Tienen un bebé! —soltó indicando con asombró a la niña.

—No lo sabíamos. Gracias, genio —comentó Sasuke mostrándose ya harto de la actitud del rubio.

—Es Sarada —la presentó Sakura sonriendo por la escena de ellos dos.

—Wow —expresó Naruto acercándose a la bebé para tomarla, pero Sasuke lo detuvo de inmediato interponiéndose en el lugar.

—Ni se te ocurra tocarla con tus sucias manos —lo amenazó seriamente a lo que Naruto, quizás asustado o sólo fingiendo, tragó con dificultad.

—¿Ehhh? ¡No seas así, teme! —se quejó Naruto— ¡déjame verla!

—Lávate las manos —exigió el azabache y Sakura se aguantó la risa. Definitivamente Sasuke era un padre muy sobreprotector.

—Que pesado… —Naruto pasó a la cocina para lavarse las manos como si estuviera en su casa y Sasuke con Sakura, sabiendo que su salida estaba cancelada por la visita, se fueron hasta el salón a esperar al rubio—. ¡Ahora sí!

Naruto se acercó a al pelirrosa sentada con Sarada en la piernas y se hincó frente a ellas. Sus ojos azules brillaron al verla más de cerca. La pelirrosa le sonrió tiernamente, mientras Sasuke a su lado miraba todo atentamente.

—Es preciosa… —comentó Naruto levantando su diestra para acariciar la mejilla de la niña—. Creo que se parece a ti, Sasuke, pero los ojos son definitivamente de Sakura-chan.

—¿Sabes que le acabas de decir precioso a Sasuke-kun? —dijo Sakura mordiéndose el labio para no reír, en eso Naruto levantó su vista hacia ella con terror.

—¡NOOO! ¡Me refería a la bebé! —soltó horrorizado mirando a Sasuke y a Sakura.

—Su nombre es Sarada —lo corrigió el azabache sin expresión en su rostro.

—Sarada, Sarada ¡Lo tengo! —se apresuró a decirlo Naruto para no recibir otro golpe o mirada asesina—. Sakura-chan, dámela, dámela —pidió Naruto levantándose y extendiendo sus manos a la bebé.

—No se la des, Sakura, puede caérsele —le pidió el azabache frunciendo su ceño.

Sakura al estar en medio de los dos no supo por dónde tirar, sabía que su amigo era torpe, pero jamás dejaría que su le cayera un bebé.

—¿Qué dices? No se me caerá, tengo experiencia en tomar a bebes —dijo Naruto apuntándose el pecho con orgullo.

—¿De dónde tienes tanta experiencia? —preguntó ella curiosa.

—Pues… con Boruto —respondió y los Uchihas lo quedaron viendo sin comprender—. Mi hijo. Tengo un hijo con Hinata. Se llama Boruto.

Sakura junto a Sasuke lo miraron sin llegar a creérselo. ¿Naruto como padre? Nadie nunca, jamás se había pensado eso en la vida.

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(***)

Después de miles de años les traigo una nueva actualización D: Estoy muy apenada por esta tan larga espera, pero es que con sólo pensar que esta historia la debía terminar, me daba mucha tristeza. De verdad lo siento muchísimo, me he encariñado demasiado con este fic, que cuando lo finalice, sé que llorare mucho, por eso trataba de no escribirlo, pero sé que debo hacerlo; se los debo a ustedes.

Decidí partir el final quizás en dos o en tres partes, ya que hay mucho que contar. Esta vez prometo, ¡por mi perro, que no demorare mucho en actualizar! Ay, me disculpo nuevamente. Soy Horrible.

Sin quitarles más de su tiempo, le doy las gracias a los que siguen por aquí a pesar de la demora.

Un beso a todos y nos leemos pronto. Promesa.

Bye!