CAP XXXIV

"La auténtica misión"

13 de mayo de 1988

Granada

Uno de los encapuchados trajo una bolsa de magdalenas, un termo con leche y unos vasos de plástico para que desayunaran. Lo dejó junto a la puerta y se fue. El religioso inspeccionó el contenido la bolsa de magdalenas estaba cerrada y la leche no olía a nada raro. Lo repartió a los chicos y desayunaron en silencio.

Después inspeccionó el vendaje que improvisara la noche anterior al pecoso con las mismas dificultades con las que se lo colocó, pues no había forma de conseguir que soltara a su hermano. Mientras apretaba un poco la venda el pequeño dio una cabezada. Normal, si no había dormido apenas nada. Cada vez que el pastor había abierto los ojos durante esa noche, el niño estaba despierto.

El adulto bostezó profundamente, él también había dormido poco. Cerró los ojos un segundo.

Muy lejos, quizás en la calle, se oían pasos, un forcejeo, una puerta…

Blue Earth

- La ceremonia no será hasta la madrugada del sábado al domingo, es su modus operandi, hasta ahora – John se pasó las manos por la cara apretándose los ojos – hasta entonces no creo que les hagan nada.

- No iré a Laurel ahora John, primero tenemos que solucionar esto.

- Bobby, por favor, se lo debemos – al ver el gesto de su amigo Winchester rectificó dolorosamente - se lo prometí

- También le debes concluir el trabajo John, lo harás y serás tú el que le lleve sus cenizas a su esposa.

La urna en las que las habían recogido las cenizas de Will estaba sobre la encimera de la chimenea. Bobby se levantó "Voy a ver si la muchacha ha despertado". Subió a la habitación de Maya con un vaso de leche y galletas. Cuando entró ella se escondió tras la almohada, seguía en shock, pero al menos no gritaba.

- ¿Cómo estás pequeña? Te he traído un poco de leche – se sentó a su lado y apartó con mucho cuidado la almohada – tómate un poco y verás cómo te sientes mejor

La ayudó a sentarse y la hizo beber un poco.

- Eso es, tranquila – notó que comenzaba a llorar otra vez, pero ahora lo hacía silenciosamente, era buena señal – Tú no has tenido la culpa, lo sabemos, no tienes que reprocharte nada.

- Hundí mis manos en su estómag… - hizo un amago de ello y el cazador la sujetó impidiéndole la repetición mental del ataque.

- No, Maya, no fuiste tú, aunque fuesen tus manos, no podías hacer nada.

- Lo vi todo, sentí su sangre

- No podías parar a ese demonio

- Fran lo hizo, y yo siempre creí que Bri deliraba, ahora está sola

- No pequeña, te tiene a ti y también tiene a John

Granada

Bridget Segura, la recién estrenada Gran Maestre de la Orden del Legado Ineludible, entró en la habitación dónde los retenidos dormían a causa del somnífero inyectado en las magdalenas.

Con una delicadeza que sorprendió a los otros miembros de la orden, desasió la mano del chico, que aún en sueños, se agarraba fuertemente a la ropa del más pequeño. Cogió a Sam Winchester en brazos y salió.

- Podríamos aumentar la dosis del somnífero y deshacernos de ellos limpiamente – sugirió Davidson – mantenerlos aquí supone un gasto inútil.

- No me parece un gasto inútil.

- Pero señora, si pueden, entorpecerán nuestros planes de dominar al Demonio.

La antigua maestra, ahora líder de la Orden, frunció el ceño. Ese no era el objetivo del legado, así que el anterior Gran Maestre había degenerado tanto como para confundir a unos acólitos llevándolos a matar por conservar el poder de que gozaba.

Además el Legado no era de ella, pertenecía al niño que llevaba entre sus brazos y su objetivo era salvarlo del mismo y no usarlo para satisfacer ningún ansia de poder. No desde luego la del hombre que aguardaba expectante su decisión.

- No considero que entorpezcan nada, no pueden hacerlo.

- Pero Señora – Davidson decidió acatar las órdenes de la mujer, de momento - ¿qué hacemos con ellos?

- Basta con que permanezcan encerrados a salvo hasta la mañana del Domingo

- Como ordenes Gran Maestre.

La mujer salió de la casa tranquilamente con el pequeño dormido en brazos, dos de los acólitos la acompañaron pero sin acercarse, pues ella ni siquiera parecía advertir su presencia.

Al llegar a su casa otro de los miembros de la secta le abrió la puerta sin decir nada y sin esperar siquiera que ella advirtiese aquella deferencia, Bridget entró como si un mecanismo a distancia le proporcionara las cosas con sólo pensarlas, como si realmente estuviese sola con el niño.

Subió a su habitación y lo acostó en su cama, el pequeño dormía con la boquita entreabierta y un puñito apretando sus ojos. Sonrió, esa noche terminaría todo, acabaría con la amenaza que durante quince siglos había tratado de evitar la Orden ¿qué podía ser más importante que acabar con esa terrible amenaza?

Contemplo al niño desde los pies de la cama con la sensación de un vacío que no había sentido nunca, como si algo se hubiese perdido para siempre y ya no hubiese forma de volver atrás. ¿Por qué sentía eso ahora?

Había algo muy importante que había olvidado, quizás su misión no era acabar con la amenaza, el alma de Sir Galahad le hablaba a base de sensaciones, intentando hacerle ver a ella lo que no había conseguido de mostrar a las docenas de antecesores que había tenido, su misión no era acabar con la amenaza, ese legado correspondía a otros.

Su auténtica misión era otra, porque ¿qué podía haber más importante que salvar al chiquillo que dormía confiado y tranquilo?