Ambas llevaban ya varios días escondiendo su romance, pasaban la mayoría del tiempo en su lugar favorito devorándose a besos.
Regina se dirigía como siempre hacia el establo, habían planeado de nuevo una escapada al lago. Cuando llegó no vio a Emma, así que se dispuso a entrar. Cuando había avanzado lo suficiente, la puerta se cerró de golpe y una mano la sorprendió empujándola hacia la pared con suavidad. La rubia se puso delante de ella.
-No aguantaba más sin probar tus labios princesa- sonrió de forma seductora.
-Me has asustado idiota- atrajo a la rubia hacia ella rompiendo toda separación que podían tener entre ellas -pero tienes razón, yo también lo deseaba- se besaron. -Cariño- preguntó -¿recuerdas algo nuevo?
A Emma le encantaba como sonaba ese apodo, la morena había empezado a llamarla así hace unos días.
-No, todavía nada- Emma mintió. Volvió a tener sueños, en los que la mujer llamaba a una tal Emma, y si había algo de lo que estaba segura, es que esa voz era de Regina. No quería contarle nada a esta, pues necesitaba más información. Iba a averiguar qué le pasaba y qué quería de ella esa mujer.
Ese día Nala estaba intranquila, por lo que decidió que se quedaría calmándola un rato. Le dijo a Regina que saliera a cabalgar con simba un rato, ellos solos, como lo hacían antes y es lo que hizo.
Regina se acercó a simba, este se adelantó hacia ella poniendo su cabeza en su hombro a modo de abrazo. Cuando estuvo lista lo sacó del establo y lo montó. Comenzó a cabalgar sin rumbo, solo divirtiéndose, fundiéndose en uno, a ambos le encantaba esa situación.
Cuando aflojaron un poco la marcha Regina vio algo que le llamo la atención, decidió acercarse un poco para verlo mejor. Cuando pudo verlo mejor, se dio cuenta de que era alguien, alguien a caballo.
Salió corriendo al galope hacia esa persona, pues se había dado cuenta de que era una niña y su caballo se había descontrolado. En unos instantes se puso a su lado, ya que si algo tenía Simba era una increíble velocidad. Cogió las riendas de la pequeña soltando las suyas, sabía que no se caería de Simba. Consiguió dominar al caballo en cuestión de segundos. Ambos animales se detuvieron y Regina bajó para ayudar a la pequeña.
-Ven, agárrate a mí- dijo Regina estirando los brazos hacia la pequeña para bajarla.
Esta lo hizo y Regina la bajó.
-Muchas gracias. Mi nombre es Blancanieves, pero mis amigos me llaman Blanca- hizo una reverencia.
-Yo me llamo Regina- sonrió a la pequeña -¿qué te paso con tu caballo?
-No lo sé, yo estaba con él paseando tranquilamente, cuando algo lo asustó y comenzó a huir.
Ambas conversaban cuando un montón de hombres a caballo llegaron a donde ellas se encontraban.
-Princesa- dijo uno de ellos -¿Está usted bien?- preguntó otro.
-Sí, tranquilos, Regina me ha salvado.
-Gracias- dijo uno que parecía ser el capitán de aquel escuadrón. -Volvamos a casa princesa, vuestro padre estará preocupado. Llevaremos a su caballo con nosotros, pero vos montar detrás de mí.
-Vale- contestó Blanca haciendo lo que le decían –Regina, prométeme que volveré a verte- dijo con una sonrisa en la cara.
-Así será pequeña- se acercó a ella y la abrazó.
La cuadrilla de hombres se fue y Regina subió a Simba. Cabalgó unos minutos más hasta que fue alcanzada por su rubia.
-¿Qué me perdí?- Regina comenzó a contarle todo lo que había pasado. -Esa es mi chica-comentó orgullosa -eres toda una heroína.
Después de dar un pequeño paseo, volvieron a las caballerizas. Cuidaron juntas de sus respectivos caballos entre risas y besos. Cuando finalizaron Regina se encaminó al interior del castillo.
*Vaya, parece que tenemos visita* pensó cuando vio los carruajes aparcados en la entrada de la puerta.
Regina entró con timidez. Vio que había guardias, así que se dirigió al salón donde estaba su madre con una gran sonrisa.
-Hija- dijo nada más verla -por fin has llegado. Ven aquí pequeña heroína- Regina se quedó extrañada de las palabras de su madre. –Te presento al Rey Leopoldo- esta al verlo hizo una reverencia -es el padre de la princesa Blanca, la princesa que tú salvaste esta mañana.
-Oh, ¿y dónde está Blanca?- preguntó, pues no veía a la niña.
-Ella está con vuestro padre, quería ver el castillo- el Rey tenía una voz agradable, parecía un buen hombre. Se preguntaba si la madre de Blanca sería tan amable. -Venía a agradecer personalmente el que haya salvado a mi hija, ella es lo único que me queda- se puso nostálgico -su madre murió hace unos meses y todavía no lo ha superado.
-Oh vaya… lo siento mucho- le dio mucha pena Blanca.
-Vuestra madre me dijo que todavía no os habéis casado.
-Así es- contestó Regina. Sabía las ansias de poder de su madre al querer casarla con cualquier noble.
-Blanca no dejó de hablar de ti todo el día, por eso vine aquí personalmente Regina- hizo una pausa -vine a pedir vuestra mano en matrimonio.
Regina se quedó en shock, no se esperaba eso, ahora no, ella no quería casarse con nadie que no fuera su rubia, no lo iba a permitir.
-Regina acepta encantada- comentó su madre sin dejarle hablar. *Perfecto, por fin alcanzaré el poder que merezco*
Blanca apareció -¡Regina! Te vas a casar con mi padre. Serás mi madrasta, ya verás lo bien que lo pasamos juntas… jugaremos y haremos mil cosas.
Blanca abrazó a su padre –Regina, en mi castillo estarás bien, no te faltará de nada y Blanca se nota que te adora- miró a Blanca –Hija, debemos irnos antes de que se haga más tarde. Estaré en contacto para los preparativos. Henry- dijo dándole la mano -Cora- cogió su mano y la besó -Regina- repitió el movimiento que hizo con su madre.
Cuando se hubieron ido, Cora casi explota de felicidad. -Muy bien hija, por fin hiciste algo bueno en esta vida. Ahora márchate a dormir para estar bella para mañana, vendrán a probarte un vestido para la boda.
Regina se fue impotente a su dormitorio. ¿Cómo había ocurrido esto? ¿Y cómo se lo diría a la rubia…? Lo tenía claro, huirían, no iba a casarse con nadie que no fuera ella.
La rubia volvió a tener esos sueños. Intentó hablar con la muchacha que la buscaba, pero era imposible. Podía verla, pero no nítidamente, su cara estaba borrosa. Se despertó con una sensación en el cuerpo de que algo malo iba a ocurrir.
Al día siguiente Regina bajó al establo, pues debía hablar con Emma.
-Regina- dijo esta cuando la vio aparecer por la puerta -¿qué te ocurre?
-Danielle, tenemos problemas, ¿recuerdas la niña que salvé?- la rubia estaba dentro de la caballeriza de Nala cepillándola. Dejó de hacerlo y se acercó a Regina.
-Sí, lo recuerdo- Emma no sabía que estaba pasando.
-Su padre es Rey y como agradecimiento pidió mi mano- A Emma se le detuvo el corazón -mi madre aceptó por mí- unas lágrimas cayeron por sus mejillas- Danielle… me van a casar con él- Emma la abrazó.
-Mi amor, ¿no puede haber otra forma?- Regina negó.
-Mi madre es lo que estaba deseando, solo busca poder- dijo notablemente cabreada -Danielle, por favor, huyamos de aquí, juntas, busquemos una casa y un trabajo, y vivamos tranquilas.
-Eso haremos mi amor- contestó la rubia quitándole una lagrima de la mejilla -al anochecer huiremos- dicho esto la besó.
Blanca había llegado justo en el momento en el que vio a Regina besándose con alguien. Se echó hacia atrás, tirando uno de los cubos del establo. Esto alertó a las amantes y Regina se giró para ver quién era. Emma, por el contrario, se escondió en la pared de la caballeriza.
Vio a Blanca salir corriendo -Blanca espera- decidió seguirla, no podía permitir que la niña lo contase. La alcanzó- Espera Blanca, por favor.
-No- gritó ella- has mentido a mi padre, ibas a casarte con él e íbamos a ser muy felices, pero tú lo has estropeado todo- la niña no paraba de llorar -besándote con ese hombre.
-Por favor, Blanca, tranquilízate- decidió no decirle que era una mujer, no un hombre, así Danielle estaría más segura.- La persona con quien me viste besarme realmente era a quien yo amo- Blanca esperó a que siguiera -llevo mucho tiempo con esa persona y, bueno, mi madre aceptó ese matrimonio sin mi consentimiento, pero que no vaya a carme con tu padre no significa que yo no te quiera. Blanca, podemos seguir siendo amigas- vio como por fin se había tranquilizado.
-Pero, ¿por qué no se lo decimos a tu madre? Seguro que lo entenderá, ella siempre ha sido muy buena conmigo- contestó alegre la niña.
-¡NO! Mi madre no debe saberlo. Promete que no le dirás nada, si se enterase, no me dejaría ser feliz.
-Está bien, lo prometo- la niña abrazó a Regina y ambas se encaminaron al castillo. -¿Cuál es el nombre del muchacho?- preguntó.
-Su nombre es Danielle- contestó Regina. En el fondo no le mentía, Danielle podía ser masculino o femenino.
-Oh- me gusta el nombre de Daniel- comentó la pequeña inocente.
Unas horas después, Blanca caminaba por el castillo sola, cuando se topó con la habitación de Cora. -Perdón- dijo al verla- me perdí por el castillo.
-No pasa nada cariño- se acercó a ella -¿estás feliz por la boda de mi hija con tu padre?- preguntó.
-EMM…SI…- contestó dudosa Blanca.
-¿Qué ocurre pequeña?- Cora sabía que algo pasaba. No iba a permitir que el matrimonio se echara a perder por la mocosa, así que intentó sonsacárselo -vamos confía en mí.
-Es Regina, ella no ama a mi padre, no deberías obligarla a casarse. Ella ama a otra persona- contestó Blanca. Supo que si se lo contaba, su madre lo entendería y Regina sería feliz, su madre lo hubiera hecho.
-Oh ¿sí?- Cora echaba humo, su hija iba a estropearlo todo. -¿Y quién es el muchacho?
-Su nombre es Daniel- dijo alegre Blanca -Los dejaras ser felices, ¿verdad?
-Claro que sí cariño- contestó falsamente Cora. Debía ir a hacerse cargo. *Así que la asquerosa de Danielle había conseguido salirse con la suya*
Al anochecer Regina se dirigió silenciosa a las caballerizas. Cuando llegó vio a Emma preparándolo todo. Corrió hacia ella y se besaron apasionadamente -Vámonos ya- dijo impaciente Regina.
-Espera un segundo- Emma hurgó en sus bolsillos, sacando algo y guardándoselo en su mano. Regina miró interrogante -solo me iré contigo con una condición- se arrodilló ante Regina - ¿Quieres ser mi esposa?- abrió la mano dejando ver un anillo tallado a mano de madera. A Regina se le saltaron las lágrimas de la emoción. -Lo hice yo misma esta tarde- dejó ver sus manos llenas de cortes.
-Claro que sí- Emma se levantó, cogiendo a la morena en brazos y dándole vueltas.
-Que escena más bonita- una voz salió de la nada -peor no paréis por mí, podéis continuar.
-¡Madre!- gritó Regina -puedo explicarlo, por favor.
-No hace falta explicar nada hija, Blanca me contó todo, que estabas enamorada de otra persona- se acercó a su hija -no entiendo por qué no me lo dijiste a mí- Cora fingió inocencia.
-Tenía miedo madre, de que no lo aceptaras, la amo.
Cora se acercó a Danielle -Tendré que dar la enhorabuena a mi futura nuera- cuando estuvo al lado, lanzó un hechizo que paralizó a Regina.
-El amor nos hace débiles hija, cuantas veces debo decírtelo- Danielle intentó ir hacia Regina, quien se había quedado paralizada y solo podía observar lo que estaba ocurriendo. Paralizó también a esta. –Vaya, vaya, así que al final te saliste con la tuya ¿no Emma?- continuó -Sí, se quién eres. Es una pena que tú todavía no, pero tranquila, no morirás lentamente, acabaré contigo pronto- metió su mano en el pecho de Emma para arrancarle el corazón, pero cuando fue a tirar de él, una luz salió de su interior. Emma comenzó a recordar todo. Sus padres, su hijo, sus amigos y a Regina. Recordó por qué había ido al pasado.
-Cora, parece que nos volvemos a encontrar- dijo mientras intentaba sacarle el corazón -me parece que nunca podrás acabar con nuestro amor. Sí, ya recuerdo quien soy, parece que tú me has ayudado- Emma en ese momento se sintió desvanecer, la llamaban desde otro lado. -Parece que tu hija ha encontrado la manera de devolverme a mi tiempo- sonrió, desapareciendo ante los ojos de ambas, dejando un resto de cenizas.
Regina que solo había visto lo que pasaba de espaldas, pensó que su madre había matado a su amor y se desmayó.
-¡Noooooo! Maldita seas- dijo al ver que la rubia había conseguido huir. -En el futuro seré más rápida Emma, no dejaré que te salgas con la tuya. Crearé una maldición de la que no podrás escapar maldita niña y esta vez yo ganaré- descongeló a su hija, que cayó al suelo.
-Con respecto a ti, olvidarás todo lo ocurrido. Me encargaré de eso, seré buena y mantendré algunos recuerdos, pero solo de odio Regina. Recordarás que por culpa de Blancanieves perdiste a tu amor verdadero, a Daniel, un joven muchacho que trabajaba en los establos. Yo lo maté porque ella contó vuestro secreto. Pasarás la vida odiando a Blanca y te casarás con su padre, así te convertirás en la nueva reina- dicho esto, pasó la mano por encima de la cabeza de la morena. El humo rojo comenzó a manar de su mano adentrándose en Regina. Cora desapareció y segundos después esta se despertó.
Cuando lo hizo comenzó a llorar, al ver un montón de cenizas en el suelo. -Daniel, tú no- apretó su mano, que contenía el anillo que él le había regalado instantes antes. -Juro que te vengaré amor, mataré a Blancanieves y a toda su familia. Me encargaré de que jamás tenga un final feliz. Regina ya no existe, murió contigo. A partir de ahora conocerán y temerán mi nombre, Evil Queen- una sonrisa sádica brotó de los labios de Regina.
Continuará...
