¡Hola, mis cielos! Ay, por Dios. Ay, por Dios... Ya está, todo termina y no lo puedo creer. Si fuera por mí, alargaría el fanfic hasta no menos de cien capítulos, pero bueno... No es posible, el fic perdería la calidad (que ya perdió bastante, de hecho :P)... Y bueno, nada... Toca decirles adiós.
Ante todo, si bien dije que el próximo (osea éste) era el último, mentí. Era demasiado largo y no podía hacer un capítulo de nueve mil palabras y algo, por eso lo dividí en tres. Osea, quedan tres capítulos más, pero básicamente es el mismo capítulo dividido. Espero haberme explicado bien, Simplemente lo dividí por la longitud. Si bien dije que el último iba a ser largo, tampoco puedo presentarles un capítulo de nueve mil palabras cuando los demás apenas llegaban a las dos mil quinientas.
De todas formas es un adiós, es el último capítulo que escribí y me siento realmente triste. Voy a extrañarlos con locura, contarles mi vida, mis problemas, ver sus reviews de apoyo... ¿Qué hago yo sin todo eso? No quiero ni pensarlo, así que ojalá sigan leyendo mis drabbles, algún nuevo fanfic... en definitiva, ojalá sigan ahí para mí, porque yo prometo seguir ahí para ustedes. Me encantaría que me mandasen mensajes, lo que sea, yo los respondería con gusto. Porque a muchas de ustedes les tomé realmente cariño y quisiera seguir hablándoles, sabiendo de sus vidas y ustedes de la mía... No sé, no quiero que ésto se corte.
En fin, no me quiero poner sentimental antes de tiempo, aún los veré otras dos veces más y agradezco eso, así que basta de cháchara y vamos a las divinas formalidades.
Disclaimer: Los personajes & Lugares no son míos. No lucro con ésto. El fic, sin embargo, sí es de mi autoría.
Summary (del capítulo treinta y seis): Ir a buscar agua jamás había sido más incómodo. ¿Hasta cuando seguiría la indiferencia? No por mucho, esperaba Beth.
Dedicatoria: a Nat-Marie, Karo, Denisse, Yayi, Nathiiita, Lucybre, Bloomer, Tania, Luisa, Emily, MaggieDixon, Alisa, DeathLulu, Wraig, Angy, Placeba, Floh & a todas en general.
Se los dediqué especialmente a ellas porque son las que me dejan reviews muy bonitos y tiernos siempre que pueden, pero soy conciente de que muchos me leen y no dejan review pero, de todas formas, para ellos también va la dedicatoria. Porque me gustan los reviews, pero lo más importante es que disfruten del fic y espero que así sea.
Los amo incondicionalmente, porque gracias a ustedes encuentro un poco de distracción en mi acalorada vida y me doy un tiempo para mí misma (y para ustedes, por qué no). Los adoro, espero, verdaderamente, que no se corte y que sigamos así, compartiendo la vida juntos. Escribir, leer, el arte en sí une a la gente y agradezco al cielo que mi desastroso fic haya tenido tal repercusión.
Y a mi bebé, que me deja tiempo para escribir. Es un ángel y no la cambiaría por nada. Te amo, vida.
Y a mi adorado hermano mayor, quien se quitó la vida hace ya dos años y algo. Te extraño tanto, aún no te perdono ese acto, no puedo creer que me dejaras así a mí, a mi hermana y a tu hijo. Te amamos tanto, tanto, hermano, que no te darás una idea. Siempre en mi corazón, hermanito, siempre juntos.
Y, sin más, al fic, mis amores.
Querido diario.
By: Belencitah.
~Capítulo treinta y seis: Indiferencia.~
Llevaban caminando alrededor de una hora sin demasiada suerte en conseguir su objetivo: Agua, algo que antes era tan accesible, tan sencillo como abrir el grifo, hoy les costaría, si seguían así, todo el maldito día. Y Beth estaba al borde del colapso mental, sentía deseos de gritar, romper el silencio de alguna forma, pero se contenía… Tenía una misión importante: Hallar líquidos.
Así que la chica desechó el malestar que sentía al haber recorrido tantos kilómetros con Daryl sin que éste dijera una palabra y se concentró en su trabajo. Tomó con fuerza su puñal, el que Rick le había dado para compensar la ausencia del propio, y entrecerró los ojos, buscando con la mirada, a través del bosque, algún que otro caminante que quisiera perturbar la paz de ambos.
Pero nada… El mundo parecía conspirar contra la rubia una vez más. Siquiera había algún caminante cercano, nada que la sacase de su ensimismamiento. Lo único que podía hacer era caminar en silencio por el espeso bosque y evitar tropezar con alguna raíz saliente de un árbol. ¿Hasta cuándo seguiría aquello? Ella se sentía confusamente enamorada de Dixon; sí, enamorada. Lo quería en verdad, más que un amigo y había tenido claro que aquél sentimiento no era recíproco, pero aquella noche… Aquella noche, en la que casi pasaba aquello que más deseaba, todo lo que creía saber sobre los sentimientos de Daryl se habían ido al tacho.
¿Podría él haber fingido aquellas caricias, aquellos suspiros, todo, simplemente para no hacerle daño? Aún no estaba convencida de aquello. Beth lo conocía bien, pues había tenido la oportunidad de convivir a solas con él, y una de las características más llamativas de su compañero era la sinceridad, en ocasiones demasiada sinceridad. No tenía filtro en lo que respectaba a las palabras. Él no tenía problema en decir la verdad, tampoco lo que pensaba, en cualquier circunstancia. Él no fingiría por nada del mundo estar de acuerdo con algo simplemente porque alguien más lo decía. Él era el único que discutía con Rick sobre sus planes de acción y casi siempre tenía alguna que otra queja respecto a ellos. Entonces, sabiendo todo eso, ¿por qué fingiría con ella, precisamente? De hecho, Beth se jactaba del hecho de que Daryl fue más sincero con ella, en sólo unas semanas de convivencia, que con cualquiera que hubiese conocido antaño.
Pero si aquello era verdad, y vaya que ella creía que sí, ¿por qué él la dejó así aquella noche? No lo sabía. Todo lo que creía saber del hombre que caminaba a su lado, ajeno a sus pensamientos y con la vista fija al frente, era basura. Quizá jamás lo conoció realmente, después de todo, habían sido un par de semanas y nada más, anteriormente hablaban poco y nada. O, quizá, él en verdad creía lo que decía… Quizá aquello de ser "demasiado grande" o "demasiado maldito" era realmente lo que él creía y no una vil excusa. Tal vez en verdad quería protegerla de sí mismo, aunque de una manera que la lastimaba más que mil cuchillas.
De todas formas ya no importaba. Había pasado ya un día y medio, y no habían hablado ni de esa noche ni de nada, pues Daryl parecía ignorarla. Sólo un comentario, antes de salir: "¿Tienes un arma?". Ella había asentido en respuesta y había sido el final de la conversación y, por lo que parecía, así seguiría. Serían dos extraños nuevamente, como en la prisión. Dos extraños con un pasado en común y nada más. Pero en verdad lo extrañaba porque, a pesar de tenerlo a su lado, aquél hombre no era Daryl Dixon ni por asomo. Porque ella lo observó, giró su cabeza hacia la derecha y lo vio. Pequeñas arrugas se formaban en los ojos de él producto de apretarlos demasiado para poder ver sin el molesto sol. Y tomaba su ballesta con mucha fuerza, preparado para atacar, mirando al frente con el rostro decidido y frío.
En otra época, una no muy lejana, ellos hubieran charlado y reído durante todo el trayecto. Hubieran hecho bromas y hubieran hablado seriamente de la misma manera. Pero esos días, así de rápido como habían llegado, se habían ido, dejándole a Beth el corazón completamente destrozado y humillado. ¿Él era conciente de aquello? No sabía, pues esos fríos ojos nada decían y adivinar lo que pensaba en esos momentos le hubiera sido completamente imposible.
Decidió dejar de torturarse a sí misma por algo que no podía cambiar. Ya le había quedado claro que aquél hombre del que se había enamorado no sentía lo que ella y poco sentido tenía buscar alguna tonta excusa para intentar sanar su corazón. Dejó de observarlo y comenzó a caminar un poco más rápido, intentando hallar agua y acabar con esa tortura de una vez. Sus ojos, fijos al frente y a su objetivo.
Daryl paró en seco su caminata y Beth hizo lo propio al escuchar un sonoro y agónico grito en medio del bosque, no muy lejos de ellos. Los árboles abundaban en demasía, pues era un bosque, por lo que poco podían ver desde sus lugares. Daryl apenas captó los movimientos torpes de un grupo de personas… ¿Caminantes, vivos? No lo sabía con exactitud. Si querían averiguar de quiénes provenían esos quejidos, debían avanzar hacia ellos. Algo sumamente peligroso pero necesario.
—Quédate aquí —habló por fin el hombre, dirigiéndose a Beth. Ella abrió un poco la boca, asombrada. Dos palabras dichas de manera tosca, pero le habló al fin. El hombre la observó a los ojos unos momentos, los más largos de su vida, a decir verdad. Pronto, y de manera brusca, como si le tuviera miedo a aquella intimidad, desvió su mirada y comenzó a caminar lentamente y sin hacer ruido.
—¿Dónde vas? —susurró Beth, algo asustada por los actos de su compañero. Él no le contestó, nuevamente volvían a lo mismo, por lo que la chica lo imitó y comenzó a caminar agachada, evitando así que alguien la viese, detrás de él.
Daryl notó los torpes pasos de la chica atrás suyo. Se giró lentamente y la observó, parecía molesto. Beth paró en seco y lo observó expectante.
—Tú te quedas aquí —susurró de manera autoritaria.
—¿Qué? ¡No! Debemos ir juntos y… —comenzó Beth a reprochar, intentando no elevar demasiado la voz para no llamar la atención, aunque le era imposible teniendo en cuenta el nivel de enojo que tenía. La dejó tendida en una cama aquella noche, no le dirigía la palabra y, cómo si fuera poco, la obligaba a quedarse allí sola, a riesgo de perderlo nuevamente.
—Beth, es peligroso, volveré por ti cuando sepa que es seguro —le dijo el hombre, interrumpiéndola. Intentó sonar más amigable esa vez, para lograr que ella se quedase en su sitio, para preservar la valiosa vida de aquella rubia. Y es que no tenía deseos de discutir, tampoco quería lastimarla con su indiferencia. Era por su bien, algún día, cuando ella comprendiese mejor las cosas, se lo agradecería.
—¿Recuerdas lo que sucedió la última vez que prometiste volver? —susurró ella sin dejar de mirarlo a los ojos y con una mirada particularmente triste. Recordar aquello no le hacía bien a Beth, tampoco a Daryl. Él no podía mantenerle la mirada más de dos segundos seguidos, como si algo lo avergonzara.
Y cómo olvidar esa fatídica noche. Dixon, por su parte, no podía. Todas las noches, antes de dormir, cuando cerraba los ojos para intentar conciliar el sueño al menos cuatro horas, aquella imagen del jodido auto huyendo a toda velocidad aparecía en su mente y carcomía su alma. Porque él sabía que aquello había sido su culpa, porque estaba demasiado ocupado contando las pestañas de Beth Greene como para notar la horda de caminantes que tocaron a su puerta aquella noche. Por eso mismo huía de la chica una y otra vez, la esquivaba y le costaba muchísimo, le dolía, pero lo hacía por su bien. Porque nada bueno pasaba cuando estaban juntos. Él, sin quererlo, arruinaba su vida día a día, la ponía en peligro constantemente y, cómo si fuera poco, la lastimaba dolorosamente.
Y Daryl pensó mejor las cosas. La rubia tenía razón, la última vez que se habían separado en el bosque las cosas habían salido terriblemente mal. No se arriesgaría nuevamente, Beth era lo primordial y debía mantenerla a salvo a como diera lugar.
Dixon bufó, rendido. ¿Ella siempre tenía que tener la razón? La observó fijamente y no pudo evitar dejar escapar una sonrisa; ella era la voz de la razón y aquello le daba cierta gracia. No lo quiso, él quería mantener las distancias con ella, por el bien de la chica, pero no pudo retener aquella gesticulación, lo hizo por simple inercia.
—De acuerdo, sígueme muy lentamente, no hagas ruido y quédate siempre detrás de mí, ¿sí? —pronunció el hombre, borrando la sonrisa tonta que había dejado escapar. Beth, por su parte, lo observaba atónita y con los ojos levemente más abiertos de lo normal. ¿Daryl acababa de sonreír?
—Entendido —logró decir por fin la joven, y es que jamás entendería las actitudes de aquél hombre. Primero, total indiferencia hacia ella. De pronto, le sonreía… ¿Qué sucedía con él?
El hombre se dio la vuelta y encaminó nuevamente hacia los sonidos, aquellos quejidos que cada vez eran más escasos.
La chica hizo lo mismo, siguiéndolo de la manera más sutil de la que era capas.
Pudieron ver, por fin, una horda de caminantes. Eran seis, si a Dixon no le fallaba la vista, y se agrupaban alrededor de algo, comiendo lentamente. ¿Una persona, tal vez? ¿Un animal? Ambos caminaron un poco más hasta divisar unos arbustos, a unos tres metros de los caminantes y su banquete. Se escondieron detrás y abrieron un poco las hojas de la vegetación para poder apreciar mejor la escena ante sus ojos.
Lograron ver, por fin, que aquellos seis caminantes estaban devorando el cadáver de una mujer de edad algo avanzada, vestía una especie de bata que, alguna vez, fue blanca.
—Esa mujer pertenecía a la secta —comentó Beth, aún agachada detrás del arbusto junto con Daryl.
—¿La conocías? —contestó el hombre, observándola con lástima. Beth no debería estar viendo aquello.
—No, pero tiene la típica ropa de allí. Yo usé algo igual, todos visten de blanco —continuó ella sin dejar de ver la escena ante sus ojos— Quizá ya era demasiado vieja o estaba enferma. Así funcionan las cosas en ese lugar.
Daryl seguía observando a la chica, quien a su vez, observaba el destrozo que los caminantes hacían con los restos de la mujer. Beth no debería estar viendo aquello, esa mujer podría haber sido ella si no lograba escapar a tiempo.
Y una punzada de dolor llegó al corazón de Dixon. Efectivamente, podría haber terminado muerta o, peor, convertida en un caminante. ¿Y él qué había hecho para ayudarla? Nada. No había ayudado en nada, ella se había salvado a sí misma y, si bien sentía un inmenso orgullo por su chica, no podía evitar pensar en que debió haber hecho algo mejor. Debió dejar su corazón enamorado y concentrarse en cosas importantes, como no abrir una maldita puerta llena de caminantes, por ejemplo.
Al no saber cómo consolarla, pues las palabras nunca fueron el fuerte del menor de los Dixon, simplemente dejó que su corazón dictara sus acciones.
Tomó la mano de la chica, quien lo observó confundida, y tiró de ella con suma delicadeza para que se pusiera de pie, muy sigilosamente.
—Los rodearemos, ¿de acuerdo? —habló por fin Daryl, en un susurro lastimoso, mientras observaba los brillantes y algo vidriosos ojos de la joven.
Ella simplemente asintió, no quería ver más. La maldad de Gabriel llegaba a límites increíbles. Ella sabía lo que sucedía allí con los niños, ancianos y enfermos, pues Frank se lo había dicho, pero verlo con sus propios ojos era mucho peor de lo que imaginó.
Comenzaron a caminar sigilosamente otra vez, rodeando a los caminantes y su festín, siempre manteniendo la prudencial distancia. No eran demasiados pero Daryl no quería arriesgarse, además, Beth no se encontraba con ánimos como para aquello y él respetaría eso. Si no era estrictamente necesario, no asesinaría a ningún caminante.
Siguieron así su camino alrededor de una hora. No volvieron a hablar, Beth simplemente caminaba con la vista perdida en el horizonte, aún con la imagen de aquellos caminantes devorando a lo que fue, alguna vez, una mujer de la comunidad de Gabriel.
Daryl, por su parte, caminaba a paso algo lento, para acompañar el caminar de la chica, y cada ciertos minutos, giraba su cabeza y la observaba, intentando descifrar qué sentía o qué pasaba por su cabeza. Realmente la rubia siempre había sido un libro abierto para él, con sólo observarla podía deducir fácilmente lo que sentía, al menos hasta hace unos días, cuando lo arruinó todo él solo y sin ayuda. Se repetía una y otra vez en su mente que ignorarla era lo mejor para ella, pero cada vez tenía menos sentido. Beth estaba apagada, triste, inerte, y no era gracias a la escena que acababa de ver, era por culpa de él. Su indiferencia la lastimaba, Daryl lo sabía pero lo creía necesario… Aunque ya no estaba seguro.
Mientras Dixon la observaba, vio como ella paró en seco y abrió los ojos de par en par, observando hacia delante.
Él, al ver esto, hizo lo mismo y desvió su mirada al frente, encontrándose con el reflejo del sol en lo que, a simple vista, era un pequeño lago.
—¡Al fin! —gritó Beth y apresuró el paso hacia las orillas del gran charco de agua. El hombre la imitó y trotó hasta encontrarse con ella y el, tan esperado, agua.
—Muy bien… —susurró Daryl mientras dejaba su mochila en el piso y se acuclillaba ante la misma. Abrió el cierre y sacó cuatro grandes botellas grandes de plástico. Estaban vacías, especialmente, para llenarlas con el líquido.
Beth hizo lo propio con su pequeño bolso y sacó tres botellas más. Realmente no contaban con muchos recipientes y probablemente deberían volver por más agua en unos días, pero se alegraban de saber que el lago, en verdad, no estaba demasiado lejos. Hubieran tardado menos si iban a paso veloz y si no hubieran perdido tiempo con la horda.
Ambos tomaron las botellas, de a una por vez, y, agachados frente al lago, comenzaron a llenarlas hasta el tope. Una vez hecho, ambos guardaron sus recipientes llenos en sus respectivas mochilas y se pusieron de pie de manera rápida.
—Muy bien, volveremos en unos días por más… —concluyó Daryl, acomodándose la mochila en la espalda y recogiendo la ballesta que había apoyado contra un árbol.
—De acu- —Beth no pudo terminar de hablar. Observó detenidamente el panorama del pequeño lago y pensó cómo es que recién se daba cuenta de dónde estaban en verdad… La chica siempre había sido despistada.
Daryl la observó con confusión, pues la chica estaba casi petrificada en la orilla, observando de lado a lado el lago y alrededor del mismo.
—¿Beth? —preguntó el hombre mientras pasaba su mano derecha frente a la chica, para así sacarla de su trance.
—Y… Yo estuve aquí, ¡recuerdo este lago, de aquí sacaba agua cuando…! —gritó de pronto la rubia. No terminó de hablar, ya que comenzó a dar vueltas por el lugar y señalar cosas aleatorias y decir por qué le resultaban conocidas. Pronto, se detuvo y señaló un camino de tierra que se abría paso a través de los tupidos árboles— Ese camino lleva a mi antiguo refugio… ¿Recuerdas el trailer del que te hablé?
Daryl asintió algo confuso.
—Bueno, ese camino lleva a él… —dijo por fin la joven y, dándose media vuelta, encaminando hacia la fábrica, continuó— Bueno, vámonos.
—¡Espera! —gritó Daryl y extendió su mano, haciéndole entender que parara su marcha. Luego, en un susurro casi ineludible, continuó— ¿Podemos ir a ver?
Él no sabía por qué había dicho aquello. ¿Qué sentido tenía ir a ver un viejo trailer vacío? No lo sabía, simplemente algo en su interior le hizo decir eso. Quería ver, con sus propios ojos, lo que su querida Beth había tenido que sufrir por su culpa y así, de una jodida vez, dejarla tranquila.
Había dejado de hablarle desde aquella noche por el simple hecho de que quería que ella se olvidara de él. Él era conciente de que no le convenía, ella merecía algo sumamente mejor, una persona honorable, joven y buena, y él era todo lo contrario, era un jodido demonio. Pero, poco a poco, su coraza de indiferencia iba cayendo y cada vez sentía más deseos de abrazarla y besarla y jamás, jamás dejarla ir.
Pero, por el bien de la chica, debía seguir con aquello, aquella fría capa.
La joven, por su parte, abrió los ojos de par en par y lo observó fijamente sin entender el por qué de sus actos. ¿Para qué quería ver un trailer?
—Daryl, te aseguro que no olvidé nada útil allí, no hace falta volver —pronunció la joven, creyendo torpemente que el hombre intentaba obtener algún recurso de aquella camioneta.
—Sólo quiero ir a verlo —volvió a decir el hombre de la manera más fría que encontró. A Beth le sonó a orden, por lo que, para darle el gusto y poder marcharse de una vez, se giró nuevamente y comenzó a seguir el camino que los llevaría a su pasado.
Espero lo hayan disfrutado y sepan comprender por qué no es el final. Como habrán notado, es más largo que los demás, ¿Imaginan todo lo que tuve que quitar para que se viera así? En verdad el capítulo tenía nueve mil palabras y algo más, por eso lo dividí. Espero no decepcionarlos, los adoro, chicos.
En los próximos días tendrán las otras dos partes y, por consecuencia, el final. Espero sea lo que esperaban y nos vemos en otro.
Los amo.
Bel~
