AMIG S! Se acerca el final de este fic y debo deciros que... HABRÁ SEGUNDA PARTE! =D Así que, prestad mucha atención porque lo mejor está por llegar...

Después de aquella conversación, Link decidió que era hora de que avisara a Talon para que fuese a recogerla al instituto. Zelda coincidió con él y, tras conseguir el permiso de la enfermera, ambos se encaminaron hacia la puerta principal del recinto del instituto en silencio. Link ardía en deseos de cogerle la mano y andar de esa manera junto a ella, pero pensó que Zelda estaría de acuerdo, por lo que cerró ambas manos en puños y obligó a sus brazos a moverse lo más mínimo. Era tal la tensión que había en su cuerpo que Zelda se mordió el labio inferior y desvió la mirada, al tiempo que se apartaba un poco para darle espacio.

-¿Qué pasa?-preguntó Link al darse cuenta de que ella se alejaba un tanto de él.

Zelda negó con la cabeza en silencio y atravesó la puerta del edificio a paso rápido. Link frunció el ceño y aligeró las pisadas para colocarse frente a ella. Zelda ahogó un grito al encontrárselo frente por frente y dejó de andar de inmediato, aunque no le miró a los ojos en ningún momento.

-Vale. ¿Se puede saber qué demonios te pasa?-inquirió Link un tanto molesto- ¿Por qué te apartas de mí?

Zelda se encogió de hombros.

-Zelda-Link agarró con suavidad la barbilla de la princesa y le obligó a mirarle a los ojos-, ¿por qué?

-No quiero molestarte-respondió en un susurro, sintiendo que el color llegaba a sus mejillas-. Pareces incómodo, no quiero molestarte.

Link echó el cuello un poco hacia atrás y esbozó una media sonrisa sorprendida.

-¿Solo era eso?-Zelda asintió con la cabeza y Link suspiró, negando con la cabeza.

-¿Qué pensabas que era?

-Eso no, te lo aseguro.

Zelda no supo qué más decir, por lo que se deshizo del agarre de Link con sutileza y siguió andando hacia la puerta. Aquel trayecto nunca se le había hecho tan largo. Y pensar que todavía tenía que llamar a Talon y esperar a que llegara… ¿Link se quedaría con ella todo el rato? Por un lado, esperaba que sí. Pero otro…

En ello estaba pensando cuando por fin llegaron a la entrada. Zelda sacó su móvil de la mochila que Link le había llevado y buscó el número de Talon sin fijarse mucho en lo que hacía. Estaba tan metida en su mundo que no se percataba de las dos figuras que caminaban a paso rápido hacia ellos, hasta que escuchó una voz que la sacó de su ensimismamiento e hizo que Link girara sobre sus pies.

-¿Se puede saber qué demonios haces fuera de la enfermería?-exclamó Midna cuando estaba a pocos pasos de Zelda, quien dio uno hacia atrás de la impresión- Y tú. ¿Qué haces aquí fuera con ella?

Zelda se había quedado muda, sobre todo al ver que Shad acompañaba a Zelda y no le quitaba los ojos de encima a ella y a Link, que se había puesto por delante de ella a modo de protección.

-¿Quieres relajarte, Midna?-intervino Link, molesto- Está llamando a Talon para irse a casa. Tenemos el permiso de la enfermera-le enseñó el papel y lo sacudió ante los ojos de la pelirroja, ignorando por completo la presencia de Shad.

Midna pareció calmarse, pero se cruzó de brazos y apoyó el peso de su cuerpo en una pierna.

-¿Por qué no me has avisado de que te ibas?-preguntó, dirigiéndose a Zelda.

-Lo siento, yo…

-Le he insistido para que no se entretuviera en eso-respondió Link en su lugar sin dejar de "proteger" a Zelda con su cuerpo-. Me dijo que te avisaría cuando estuviera en el coche.

Zelda frunció el ceño y miró a Link, interrogante. ¿Ella había dicho eso? Pero un gesto en los hombros de Link le hizo entender que estaba cubriéndola para que Midna no siguiera echándole la bronca de aquella forma tan absurda.

Midna no respondió, pero alzó una ceja, dudando.

-Y ahora-prosiguió Link, intentando mantener a raya el tono cabreado en su voz-, ¿te importaría dejar de gritarle? No tiene la cabeza para eso.

Shad rio por lo bajo.

-Tenía entendido que ella no te interesaba en absoluto-dijo mientras avanzaba hasta ponerse frente a Link, a tan solo unos centímetros de él-. De hecho, me sorprende que deje que estés aquí con ella.

-Eso es algo que tendrías que preguntarle a ella, no a mí-contestó Link sin perder la compostura-. Y está aquí mismo-se hizo un poco a un lado y movió la cabeza para señalar a Zelda, que presenciaba aquel duelo de miradas en silencio, sin saber bien qué decir-, así que no hagas como si no estuviera presente.

-Link…-musitó Zelda, poniéndole una mano en el brazo izquierdo a modo disuasorio; no le gustaba el cariz que estaba tomando la situación.

-Te aseguro que lo haré-dijo Shad sin dejar de mirar a Link-. Ella no quiere saber nada de ti, ya le has hecho bastante daño. ¿Por qué no dejas que alguien de su estatus la trate como realmente se merece?

-¿Estás hablando de ti?-rio Link- Me parece que no eres nadie para decidir por ella. Con solo una palabra, Zelda puede hacerme desaparecer. Solo tiene que pedirlo. Mientras tanto, seguiré aquí por ella, te guste o no.

Midna abrió al máximo los ojos, impresionada por el valor que Link estaba demostrando, alucinada por cómo Shad intentaba quedar por encima de su antiguo amigo y paralizada igual que estaba Zelda, quien ni siquiera había sido capaz de darle al botón de llamada para hablar con Talon. En resumidas palabras, ninguna de las chicas se atrevía a decir nada.

-Link…-volvió a murmurar Zelda, tanto como terapia para comprobar que no se le había esfumado la voz como para tratar de hacerle volver a la realidad.

Por suerte, aquella vez sí la escuchó y los dos pares de ojos azules masculinos que estaban allí se volvieron hacia ella como salidos de un trance. Link le dio la espalda a Shad y le tomó el rostro con ambas manos.

-¡Eh!-escuchó que Shad protestaba, pero Link pasó olímpicamente de él.

-Lo siento-se disculpó Link al instante-. ¿Has llamado a Talon? ¿Estás bien?

Zelda asintió débilmente.

-Solo quiero irme a casa-respondió Zelda, sintiendo que de nuevo se le venía el mundo encima.

-Vamos-con suavidad, Link le quitó el móvil de las manos a Zelda y marcó el número de Talon. Al instante, escuchó la amable voz del chófer al otro lado de la línea-. ¿Talon? Soy Link… No, Zelda está bien… Bueno, necesita que la lleves a casa, no se encuentra… Sí, exacto… Sí… De acuerdo, te esperamos aquí. Muchas gracias, Talon.

Zelda cogió su móvil y miró a Link.

-Llegará en cinco minutos-le informó Link.

-Gracias-murmuró Zelda, apoyándose en el muro que rodeaba el recinto del instituto.

Midna se acercó a ella y le puso una mano sobre la frente, preocupada.

-Tienes fiebre-dijo la pelirroja, frunciendo aún más el ceño-. Deberías ir al médico.

-Tal vez estés resfriada…-intervino Shad, algo más relajado- Te mojaste el sábado, puede que sea por eso.

-¿Te mojaste?-inquirió Link, ansioso.

Zelda asintió un poco, pero no quiso dar más detalles. No estaba en condiciones de aguantar otro enfrentamiento entre él y Shad, y menos aún de mediar entre ellos. Lo cierto era que no se encontraba demasiado bien. Estaba mareada, tenía sed y mucho frío. Comenzó a tiritar. Cerró los ojos. El aire se le estaba volviendo cada vez más pesado. Sintió que las piernas le fallaban y dejó que el cuerpo se apoyase en el muro por completo para rodar hacia el suelo.

-¡Zelda!-gritó Midna, tratando de cogerla en brazos, pero la princesa pesaba demasiado para ella.

Shad y Link se apresuraron a cogerla, cada uno por un brazo. Ambos chicos se miraron y se estudiaron con la mirada. No era momento para pelear. Link notó el temblor de Zelda y le pasó un brazo por la cintura para apretarla contra él. Shad reaccionó tarde y no pudo hacer precisamente lo que su contrario estaba haciendo: calentarla con su propio cuerpo y su aliento. Link se abstrajo de todo al notar la cabeza de Zelda sobre su pecho, como hacía cada vez que montaban sobre Epona. El dolor en el corazón desapareció y, mientras le calentaba la coronilla y el rostro con el aliento, cerró los ojos. Disfrutó por completo de su contacto sin pensar en que había otras dos personas observándoles.

Sin embargo, el momento duró poco. Talon llegó a los dos minutos a la puerta del instituto. Al ver el estado en el que se encontraba Zelda, se echó las manos a la cabeza y se apresuró a abrir la puerta del asiento trasero para colocar allí a la princesa.

-Mi señora…-murmuró Talon para sorpresa de Shad y Link; Midna se mordió el labio inferior y rogó para sí misma que al chófer no se le escapara de nuevo aquellas palabras- ¿Qué ha pasado?-preguntó Talon, mirando a Link, Midna y Shad, alternativamente.

Midna le explicó en pocas palabras lo que había sucedido. Conforme iba avanzando la historia, Link añadía detalles y el gesto de Talon se ensombrecía cada vez más. En cuanto terminó, miró el cuerpo de Zelda, tendido a lo largo del asiento trasero del vehículo y negó con la cabeza.

-Se suponía que esto no debería estar pasando ahora…-murmuró el chófer para sí mismo, llamando la atención de los presentes, incluida la de Midna.

-¿Qué está pasando?-quiso saber Link, ladeando la cabeza.

Talon le miró con tristeza y volvió a negar con la cabeza.

-No soy yo quien debe daros esa información, señor Link. Solo puedo deciros-miró a los demás-, que la señorita Zelda se pondrá bien, pero necesitará el apoyo de todos sus amigos. Si ella quiere contaros más adelante todo, que lo haga. No es decisión mía. Pero, hasta entonces…, por favor. Ayudadla.

Midna miró a Zelda con pena y temor. Shad no dijo nada. Y Link sintió que algo en su interior pugnaba por salir y trataba de romper todas las barreras. La ansiedad se estaba apoderando de él y lo único que quería era recostarse junto a Zelda y cuidarla todo el tiempo que fuese necesario. Sin embargo, solo asintió con la cabeza.

-Juro que no le pasará nada-murmuró Link sin dejar de mirar a Zelda con la preocupación pintada en su mirada azul.

Talon esbozó una sonrisa triste y, sin decir nada más, se metió de nuevo en el coche y salió escopeteado hacia la casa, dejando a Midna, Shad y Link con la sensación de que lo que tenía Zelda no era un simple resfriado. Lo que ellos no sabían era que estaban más en lo cierto de lo que pensaban.

Y la diosa Hylia se alzó contra sus enemigos y protegió a su pueblo, sacrificando una vida mortal junto al único ser que podría entenderla nunca.