Hola, yo aquí de nuevo. Saben ahora siendo 30 de diciembre, quiero compartir la felicidad con ustedes pues ya hace un año que publique el primer capítulo de esta historia, abriendo camino a una parte de mí que mantenía escondida entre las hojas de viejos cuadernos, historias que se fueron perdiendo con el tiempo, hasta que hace un año me arme de valor y decidí publicar esta historia basada en mi saga favorita escrita por la maravillosa Suzanne Collins, y verdaderamente no me arrepiento ni un segundo, ustedes me han sacado sonrisas con sus comentarios, otras veces hasta pequeñas carcajadas o gritillos de felicidad, ustedes son una parte muy grata de mí y quería agradecerles y desearles lo mejor, que todo lo que desean se cumpla, y siempre hagan lo que crean mejor, pero sobre todo lo que los haga felices.
Gracias a los que me leen y me dejan comentarios, a los que me leen y no lo hacen, porque soy feliz con saber que escribo y alguien ahí afuera lo lee.
Ahora les dejare esto por aquí, y si como algunos piensan ya se acerca el final, aunque aún no sé muy bien si debo de ser cruel o dejarme llevar por mi sentimentalismo XD, si no lo subo hoy, es porque sucedió algo, principalmente porque se me cayó el modem ayer cuando movía unas cosas en mi cuarto (ups D: ) y mi ma me regaño porque no hay internet y escribo desde Word. Así que cuando consigan arreglarlo subiré esto, pero bueno lean mientras yo huyo como la cobarde que soy. J
Su pálido cuerpo tiembla ante los sollozos que poco a poco salen de aquella garganta. ¿Cómo se lo iba a decir?, ¿Cómo se iba a atrever a mirar el cielo en los ojos de aquel pandero para contarle de su estado para después decirle que lo perdería? Lo destrozaría, lo sabía muy bien. Aquello era lo que él tanto anhelaba, una familia, una propia, a la cual proteger, cuidar y atesorar por el resto de sus días. Él siempre intento persuadirla sobre la decisión de tener un hijo, al menos uno, que sea parte suya y parte de él. En aquel entonces, ella prefirió hacer como si nada ocurriese pensando que algún día él se resignaría y ambos terminarían su vida solos pero juntos. Pero ahora, con saber que lo que crece dentro de ella morirá, la hacía sentir como la peor persona del mundo, ella nunca quiso un hijo y ahora cuando lo quería se le sería arrebatado, sin poder sostenerlo en brazos, sin poder ver la radiante sonrisa de Peeta iluminando todo a su alrededor al cargarle y besarle. Eso también le dolía, tener una parte de Peeta dentro de ella y no ser capaz de mantenerla con vida y a salvo. Las lágrimas habían dejado de salir hace mucho, estaba seca, y aun así sollozaba y gemía del dolor producido, los ojos le picaban y la cabeza le dolía. Eso era tan injusto, nadie merecía morir sin antes haber vivido, justo ahora nadie sería capaz de reconocerla, sin su frialdad o su indiferencia, sin la manera en que trataba de evitar la muerte de alguien hasta que la realidad la golpeaba a la cara, todo lo que pasó no la hizo más fuerte, la fue haciendo más débil, más frágil. Han pasado, unas horas, nadie ha entrado a verla y en el fondo lo agradece, el doctor salió alegando que necesita un tiempo a solas hasta que el medicamento, que nunca se le había suministrado, hiciera efecto, concediéndole un momento a solas.
Afuera de aquella habitación todos eran un manojo de nervios, o al menos el rubio que pasaba de aquí a allá una y otra vez como un prisionero esperando la oportunidad de escapar, envolvía sus manos una y otra vez entre sus sedosos cabellos deseando entrar a estar con su esposa, ¿por qué no le dejaban verle?, ¿acaso no comprendían que no quería separarse de ella?, lo habían alejado cruelmente de su lado, ese canalla de Gale, dios sabe que nunca había tenido ganas de matar a nadie, pero ahora quería apretar su sucio cuello hasta que diera un último suspiro, pero no podía, él fue amigo de Katniss, el mejor le recuerda su conciencia, y por el tiempo que Gale la había acompañado, intercambiando lo que cazaban para no dejar que la familia de Katniss padeciera hambre no lo haría, el no ensuciaría sus manos, no más de lo que ya están, volvió a molestarle su conciencia. Estiro sus brazos una vez más mientras daba otro gran suspiro.
-Vamos chico, déjala descansar un momento.
-Haymitch…- advirtió, no estaba para sermones de su mentor.
-Muy bien, sólo no te presiones, ella está en esa habitación.- le decía mientras la señalaba con un gesto de su cabeza.- segura y cansada, tal vez sólo necesita un tiempo a solas, ya sabes no despiertas de una riesgosa operación todos los días…- le recordaba el mentor mientras observaba como Peeta suspiraba de nuevo dándole la razón, por ahora, y sentarse junto a él, en la pequeña sala de espera.- Por cierto, que tu no deberías de estar en tu habitación.- La mirada fría de Peeta, le hizo sonreír un poco.- tú también recibiste un disparó… - le recordó mientras sacaba su famosa botella oculta entre la chaqueta, para darle un trago sin despegar la vista del aquel chico
-Estoy bien…- contestaba, quedándose callado un momento- yo solo quiero ver a Katniss- decía más para el mismo que para el mentor.
El chico no sabía muy bien lo que pasaría ahora, es decir, era claro que se llevaría a Katniss a casa y la cuidaría sin despegarse un momento de ella, le daría una considerable suma de dinero a Daniel pues ahora parecía que la panadería le pertenecía al chico puesto que trabajaba más que el mismo, le comunicaría a la madre de Katniss que ahora todo está en orden y que Katniss estaba a salvo, pero Gale era lo que le incomodaba, pensaban encerrarle de por vida pero ellos tendrían que ir al juicio para declarar en su contra, y eso le incomodaba aún más, imaginarle cerca de Katniss hacia que su respiración se volviera acelerada y su cuerpo se tensara rápidamente, pero mejor decidió calmarse y en otro suspiro dejo ir la tensión acumulada y se acomodó mejor en la silla esperando el momento de estar con ella, Gale estaba lejos y ya no podría hacerles daño. Y entre pensamientos de rencor y confusión hacia Gale, y de amor, anhelo y felicidad hacia Katniss el chico del pan se quedó dormido.
Los círculos debajo de sus ojos, delataban que Katniss no había dormido nada, solo miraba por la ventana dejando que los rayos de luz la bañaran con la calidez que desprendían y que tanto necesitaba, todo el tiempo acariciaba su vientre, preguntándose cuanto tiempo pasaría antes de que ya no hubiera vida ahí, no lo tenía muy claro pero había decidido disfrutar cada minuto que tuviera a su bebe dentro de ella, haría lo posible para defenderlo y amarlo tanto como fuese posible.
-Peeta…
¿Qué le diría a Peeta? Sabía muy bien que no podría ocultarle su embarazo, si alguna vez sería notorio, ni cuando…cuando…él bebe..., en fin él se daría cuenta. Pero es que, no, le diría en algún momento, pero ahora no contaba con el suficiente valor para hacerlo. Y por un momento se permitió imaginar cómo hubiera sido si se hubiera embarazado antes, o si su bebe no estuviera a punto de desparecer, imaginándose contándole a Peeta, sonriendo al deducir que él hubiera expresado la más hermosa de las sonrisas, abrazándola y besándola. Una sonrisa se expresó en su rostro al casi sentir los besos de su amado panadero.
Pasaron unos segundos antes de sentir un beso real, Peeta entraba casi corriendo dejando atrás al impresionado doctor.
-¿Cómo te sientes? ¿Estás bien? ¿Te duele algo?- Hablaba tan rápido que apenas se le entendía, Katniss le sonrió y le paso la mano en una caricia que borrara la línea que se formaba en su frente cada que se preocupaba
-Estoy bien.- le contestaba despacio para que el no estuviera tan preocupado.- sólo un poco cansada, es todo.
El médico por un segundo se mostró confundido pero se recompuso al siguiente respetando la decisión de su paciente, aunque ese gesto no pasó desapercibido por Haymitch y Johanna, que al verlo intercambiaron una mirada.
-¿Tu como estas? - le preguntaba Katniss mientras Peeta tomaba la mano que ella posaba ahora en su mejilla y la besaba.
-Bien, solo estaba preocupado
Se miraron a los ojos, en un silencio cómodo y relajante, al menos para ellos, hasta que el sonido de una tos muy falsa los interrumpió.
-Bueno, señora Mellark, sus estudios muestran que se encuentra mejor.- le dedico una mirada un poco más profunda a Katniss que ella entendió al instante, afortunadamente Peeta no lo notaba a pesar del interés que le mostraba a las palabras que estaban siendo dichas.- Aunque le sugerimos que se quede este día aquí, por si acaso. En cuanto a usted.- se dirigía a Peeta quien se sentía aliviado al saber que Katniss estaba estable y a salvo.- es más que obvio que se encuentra en las mejores condiciones para ser dado de alta, puede irse a casa señor Mellark…- Katniss apretó la mano de Peeta temiendo que la dejara en ese preciso momento.-…o no, bueno puede quedarse con su esposa si lo desea.
Como si no fuera así, pensaba Haymitch mientras rodaba los ojos. Johanna hacia una mueca pensando que en cualquier momento vomitaría por la escena tan empalagosa como aquella.
Katniss suspiro aliviada, aferrándose más a su diente de león. El doctor se despidió cordialmente de todos los presentes, dirigiendo una última mirada a Katniss…Lo siento… Ella también lo sentía.
Haymitch y Johanna se fueron alegando que tenían cosas que hacer para dejarlos solos. Katniss se hizo a un lado de la cama para cederle un lugar a Peeta para que igual pudiera recostarse, y así lo hizo, Katniss se apegó a él inhalando su aroma favorito, mientras era rodea por los brazos de Peeta, que de vez en cuando la besaba en el cabello. Comió sin ganas el almuerzo junto a Peeta, tocaron la puerta de su habitación anunciando una visita, pensaba dejar a quien fuera en la puerta, ella tenía todo lo que quería en ese momento, pero sus piernas se movieron tan rápido que había dejado a Peeta sorprendido mientras iba al baño y cerraba la puerta a sus espaldas. A "salvo" vomito todo lo que había consumido hace poco, ahora sabía que era por su embarazo, pero eso no dejo de preocuparla ¿y si él bebe no quería comer porque sabía que iba a morir?, negó fuertemente con la cabeza, en que pensaba, todas la embrazadas vomitaban… ¿o no?, un nerviosismo se apodero de ella, y si buscaba un doctor para que la revisase y comprobara que su bebe seguía con ella, comenzó a sentir como sudaban sus palmas, debatiéndose entre ir o no por ayuda, ella no sabía que era normal o no en un embarazo, en sus días del colegio estaba más ocupada en llevar algo al estómago de su familia que en la clase de anatomía. Bajo la palanca del inodoro y decidió que era mejor no ir, se lavó los dientes y se refresco un poco el rostro. Fue cuando escucho una risa, y no cualquier risa, la risa de una mujer, la visita…se recordó, tal vez Peeta no tenía el mismo plan que ella y abrió dejando entra al intruso…intrusa.
Lentamente abrió la puerta dejándose ver y se hizo el silencio, azul contra gris, lejos del azul que amaba ese azul le provocaba rabia y enojo, ¿Qué hacía aquí? Rápidamente se acercó colocándose a un lado de Peeta brindándole una mirada osada a quien se atrevió a molestar su tranquilo día.
-eh Katniss…- Peeta decía, pues estaba plenamente consciente de la "relación" que llevaban esas dos- Delly ha venido a ver cómo estamos.
Una redondeada Delly miraba con un poco de desprecio a Katniss, si bien ya no la odiaba tampoco era de su agrado, aún la culpaba de interrumpir el rumbo que iba teniendo su vida sabiendo que en el fondo no había tenido nada que ver, o al menos no directamente.
-En realidad… eh venido a verte a ti.- exclamaba elevando un poco su rostro mirando a Peeta, Katniss apretó los puños al igual que sus dientes, deseando clavarle una flecha en el ojo a aquella rubia; Peeta mostraba una sonrisa incomoda y un poco falsa agradeciendo el gesto de su amiga.- ¿Cómo te sientes? Peeta…- sonrió mientras estiraba el brazo para tomar uno de Peeta envolviéndolo entre su mano.- Katniss miro la mano y frunció el ceño, apunto de lanzarse sobre ella para apartarle de Peeta; aunque no fue necesario pues el chico del pan cordialmente retiro su mano brindándole un apretón para no hacer evidente su rechazo.
-Estamos bien.- respondió resaltando el "estamos", sabía que Delly lo hacía a propósito, tal vez para divertirse o como pequeña venganza hacia Katniss pero fuera lo que fuese no debería seguirle la corriente.- Katniss y yo, seremos dados de alta mañana.- mintió, lo último que quería era ser arrastrado fuera del hospital por Delly.
Una mueca se formó en su rostro ante las respuestas, mientras que Katniss seguía teniendo una amarga mirada sobre ella y una sonrisa de satisfacción dentro de ella por la manera en que Peeta la rechazaba.
-Oh bien, solo vine a eso, y… a despedirme.- Ni Katniss ni Peeta pudieron esconder su sorpresa ante lo dicho.- iré al 2, sé que no les agrada Gale pero, sigue siendo el padre de mi…hija, y no tengo el derecho de negarle que la conozca.- Peeta frunció el ceño, mientras que Katniss colocaba sus manos en su vientre de nuevo, ambos no creían que lo que Delly pensaba fuera correcto pero era su decisión después de todo.
-En fin, creo que es el adiós, Peeta…gracias por todo.- soltó unas lágrimas mientras abrazaba por sorpresa al panadero, quien le devolvió el abrazo con menor intensidad pero deseándole lo mejor a su vieja amiga. Katniss, en cambio, exclamo lo más parecido a un gruñido con el cual al escuchar dieron por terminado el abrazo. Delly se limpió las lágrimas y le dedico una última sonrisa a su amigo, miro a Katniss aún con orgullo, mientras ella le miraba con el ceño fruncido y los ojos entrecerrados.
-Katniss.- exclamó a modo de despedida.
-Delly.- le respondió Katniss de igual forma, viendo como la figura de Delly se abría paso con el vientre abultado por delante mientras atravesaba la puerta alejándose cada vez más, preguntándose si algún día el suyo podría verse así.
-¿Katniss?- pregunto Peeta sacándola de su ensoñación, lo miro un poco resentida por haber dado un abrazo a alguien que no fuera ella. Peeta sonrió nervioso adivinando sus pensamientos, haciendo que ella se diera cuenta de lo patético que era todo eso, ya estaba casada con él, y él la amaba solo a ella. Camino a unos pasos tomándolo de la mano, recostándose juntos de nuevo en aquella cama.
-Sólo cállate y abrázame.- le dijo acurrucándose, buscando la calidez de su alma, sonriendo al ser correspondida por los brazos de los que nunca se cansaría.
-Por supuesto preciosa.- Le dijo Peeta plantando otro beso en el inicio de su frente.
Una vez escucho que en el embarazo las emociones se alteran, pues embarazo o no, Peeta era suyo, como aquel angelito dentro de ella, y los protegería de todo y de todos, aún si de ella misma se tratará.
Listo, les ha gustado. Amm creo que ya, espero actualizar pronto y no romper nada, aunque no lo se, soy demasiado torpe para mi gusto. :C
Por cierto, me recomendarían unos libros, yo quería comprar el de "Trece razones" pero no lo venden en México (de esos momento en que la vida es injusta, al igual que la geografía).
Cuidense mucho y los amo.
.lll.
