CAPÍTULO 036
Richard miró inquieto hacia Kate. Pálida. Completamente superada por los acontecimientos. Así pudo comprobar su estado. Intentó hacerle ver que no estaba sola. Agarró su mano. La apretó. Volvió a buscar su mirada, pero no consiguió respuesta alguna.
El Doctor Lewis suspiró antes de sentarse. Plantó el expediente de Alexis en la mesa y guardó varios segundos de silencio.
- Antes de comenzar a resolver todas sus dudas deben saber que me he visto en la obligación de avisar a asuntos sociales. Visto su expediente, es el protocolo a seguir.
- Somos sus padres. - reaccionó Richard algo incrédulo.
- Lo sé. Me han puesto al tanto de la nueva situación pero le repito que es el protocolo a seguir.
- Está bien. - asintió el escritor.
- No recuerdo muy bien el nombre de la mujer que se va a acercar pero estará por aquí en una media hora. – Doctor Lewis.
Kate asintió sin mucha más fuerza.
- Sé que no es una situación fácil. Muchos menos cuando su hija se ha negado a informarles de una situación que le lleva acompañando desde los 6 años.
- ¿6 años? - se sorprendió Richard.
- Hay algunos detalles que les relatarán en un rato. Hubo una pequeña negligencia por parte de sus padres de acogida. Creemos que una posible infección viral es el detonante.
- ¿Cuál es la solución? - susurró Kate.
- Ha pasado por muchos tratamientos. Tratamientos que en los primeros meses han dado resultados esperanzadores pero que han terminado fracasando. Su hija es fuerte. Muy fuerte. Y eso es lo mejor. Lo que nos da esperanzas. Cualquier otro paciente no hubiese podido aguantar todo este tiempo. Hay muchos que terminan rindiéndose por el camino. Porque la lucha termina agotando.
- ¿Qué tenemos que hacer? - Kate miró fijamente al doctor.
- Ahora mismo y analizando su última recaída, podemos mantener estable a Alexis hasta encontrar una médula compatible.
- ¿Por qué no se hizo eso antes? - inquirió Richard.
- Cuando un paciente pertenece al sistema, es el sistema quien elige cómo atenderlos.
- Quiere decir que el sistema eligió no hacer ese trasplante por el coste.
- Los números se miran mucho.
- Deje de mirarlos entonces. Y díganos qué es lo que tenemos que hacer para que nuestra hija sobreviva.
- Con el trasplante de médula ósea la probabilidad de curación oscila entre el 70-95% cuando el trasplante llega de un hermano compatible y del 50-70% con donantes no emparentados. - les lanzó sin argumentar grandes esperanzas, sino con datos objetivos.
- ¿Cuánto tiempo tenemos?
- No es tan sencillo. Puede ser un año, dos... Según lo que viene en su expediente médico, que siga entre nosotros es un milagro.
- ¿Cómo está ahora?
- Le hemos hecho una transfusión de glóbulos rojos y de plaquetas. Podrán ir a verla en cuanto terminemos aquí.
- ¿Qué prioridad tiene en la lista de trasplantes?
- La que el sistema estipula. Si no hay pronóstico de muerte inmediata irá bajando posiciones.
- Me encanta el sistema. - susurró Richard apretando su mandíbula.
- Muchos de mis compañeros se echarán encima ante mi propuesta, así que negaré haberlo dicho, pero la mejor alternativa es que tengan otro hijo. Un hermano histocompatible. - rasgó un trozo de folio y tras escribir en él, se lo tendió - Instituto de Reproducción Genética de Chicago. Son los mejores.
- ¿Hablamos de un hijo hecho a medida? - Kate.
- Sí. PGD. Diagnóstico Genético Preimplantatorio. - Dr. Lewis.
- Si me disculpan... - Kate soltó la mano de Richard y salió de la consulta.
- No se preocupe, es normal que reaccione así. - valoró el doctor.
- Dígame la verdad. Lo que usted haría. - Richard.
- Vaya a hablar con ella y vuelen hasta Chicago. Alexis aguantará perfectamente los nueve meses del embarazo y después podrán tenerla con ustedes sabiendo que se recuperará.
- Entendido. - Richard se incorporó y tras agradecer al doctor, fue en busca de Kate.
Clive indicó al escritor que Kate se había escondido en una pequeña salita con salida a una terraza. La encontró apoyada, mirando al horizonte.
- Así que cuando huyes te gusta el poco silencio que esta ciudad nos puede ofrecer.
- Tenemos que ir a Chicago. - se volvió hacia él.
- Creí que tendría que convencerte. - titubeó - Al verte salir...
- Tener un hijo así no era mi idea de futuro. Y no sé cuántos códigos éticos nos estaremos saltando, en la mente de miles de personas, pero no la podemos perder. No la puedo volver a perder. - susurró abrazándose a él.
- No lo haremos. - la estrechó fuerte - No lo permitiremos.
Clive agachó su mirada cuando Kate se sentó a su lado.
- Trae, deja que la tenga en brazos. - cogió a Anne.
- Lo siento, Kate. Te aseguro que iba a decírtelo.
- Tranquilo, Clive.
- Ahora lo importante es que entre todos vamos a ayudarle. - Richard.
- Ya es hora que las cosas comiencen a salirle bien. - Clive.
- A todos. Es hora para todos. - Kate.
- ¿Lex está bien? - Anne abrió sus ojitos mirando a Kate.
- Se va a poner bien. Te lo prometo. - la agente besó su frente.
- Tenemos que traerle a Lin. - Anne.
- Claro. - Kate sonrió, acomodándola contra su cuerpo, ofreciéndole tranquilidad - Creo que podemos ir a verla un poquito, ¿quieres?
- Sí, sí. - Anne.
Clive le indicó con la mano cuál era la puerta correcta y Kate caminó hasta ella. Entró a la habitación de su hija.
Dio cada uno de aquellos pasos como una losa, cargados de tanta culpabilidad que se sintió incapaz de mirar a Alexis a los ojos. Pero dormía. Sus ojos estaban cerrados. Respirando con cierta lentitud.
Se concedió un último paso. Completamente a su lado. Pegada a uno de los laterales de aquella cama. Agarró su mano con cierta dificultad y nerviosismo.
- Mamá... - escuchó decir tan suave que creyó soñar.
- Sí, mi vida. Estoy aquí. - pronunció con un nudo en su estómago.
- Gracias... – exhaló Alexi con dificultad, antes de dejarse llevar por el efecto de la medicación.
Anne se aferró más fuerte a Kate.
- Mamá... - susurró la agente - Soy vuestra mamá. - sentenció besando el hombro de Anne y acariciando la mano de su hija.
- Ey... Mamá…- Richard susurró cerca de su oído y sonriendo a Anne - Cleo acaba de llegar. ¿Hablamos con ella?
- ¿Puedo quedarme con Lex? - Anne.
- Anne creo que mejor... - Richard.
- Mejor, sí. - Kate detuvo a Richard acariciando su mejilla - Pero no te muevas. Pegadita a su lado.
- Sí, no me muevo. - Anne.
Kate y Richard ayudaron a colocar a Anne en el lateral izquierdo de Alexis. La pequeña se quedó completamente quieta, abrazándola.
Cleo sonrió, con cierta carga extra de amabilidad, cuando los vio ante ella.
- ¿Cuándo pensaba informarnos de este pequeño detalle? - Richard alzó la voz indicando la puerta de la habitación de su hija.
- Era decisión de Alexis.
- ¿Decisión de Alexis? ¿Está segura? Porque lo dudo.
- Rick... - intentó interceder Kate.
- No, Kate. Era su obligación advertirnos. Podríamos haber esperado a que Alexis se hubiese sincerado pero ella estaba en la obligación. - Richard.
- ¿Qué decisiones van a tomar? - Cleo.
- ¿En serio? ¿De verdad cree que le vamos a consultar? ¡No me haga reír!
- Debo estar al tanto para su expediente.
- Expedientes, expedientes y más expedientes. Lo único que deseo es que pase este tiempo lo más rápido posible y podamos olvidarnos de usted.
- Si no le molesta preferimos tomar las decisiones por nuestra cuenta pero le mantendremos informada. - Kate.
- Está bien. Yo me voy. No quiero causar más molestia. – Cleo.
- Adelante. - Richard le dejó paso.
Kate se abrazó a Richard y Clive los dejó solos, entrando en la habitación de Alexis.
- Preguntaremos al doctor el tiempo que tiene que estar ingresada y en cuanto pueda salir de aquí, viajaremos hasta Chicago. - Richard besó su cabeza.
- ¿Tú también estás convencido con la decisión, verdad?
- Por supuesto.
- ¿Saldrá bien?
- Sí. Es toda una campeona. Si ha sido capaz de aguantar todo lo que la vida le ha puesto por el camino, podrá aguantar unos meses más.
