Cuando Alberta termino de hablar, comencé a acercarme a la posición de Jill pero Dimitri tomo mi brazo.

- Espera– murmuro mirando a Alberta

- Solo será un segundo

Me solté de su mano y me encamine hacia donde estaba Jill

- Guardiana Hathaway – la voz de Stan me llego como una bofetada – ahora debes de ser mas cuerda. Debes respetar las reglas. Ya no eres una estudiante. Debemos dar ejemplo de seriedad.

Me gire hacia él y le di una mirada desafiante. Nuestra relación siempre había sido pesada y ahora no debía someterme a sus reglas.

- Como lo has dicho – sisee bruscamente – Ahora no soy una estudiante. No puedes darme órdenes.

- Rose– me regaño Dimitri.

Me gire y me acerque a donde Jill

- Hola

- Rose– dijo ella –nunca creí que te mandaran como tutora. Bueno… tu eres una gran guardiana, pero…

- Esta bien– dije sonriendo –ya entendí.

Jill sonrió y miro hacia donde estaba parado Dimitri. Él asintió a modo de saludo cuando se encontró con la mirada de Jill y ella se sonrojo.

- Escuche que había sido salvado – me susurro – pero nunca creí que se viera igual. Parece ser igual que antes – ella lo miro de reojo –sigue siendo muy guapo – reí ante su comentario –Dime…- ella se coloco roja –¿verdad… ahora son novios?

- Pero los comentarios vuelan– murmure

- ¿Ah no es así?

Sus ojos se llenaron de desilusión

- Estamos en eso– susurre

- Rose– llamo Alberta. Ella se acerco a donde estábamos –Srta – murmuro para Jill –lamento interrumpir pero debemos hablar

- Adiós Rose– dijo Jill

- Hasta luego– murmure

Jill se giro hacia el campus de primaria.

Seguí a Alberta hasta una sala. Estaba vacía cuando llegue y Alberta lo aprovecho para interrogarme y tener detalles de lo que había pasado con Dimitri. Chismosa

- ¿Y bien? Cuéntamelo todo – empezó ella – lo único que sé es que estuviste en Las Vegas antes de salvar a Belikov.

- Si. Estuvimos allá– dije secamente

- Tuya fue la idea de salvarlo– adivino ella - ¿Cuándo lo pensaste?

- Desde que supe que estaba buscándome– respondí. Mire a la nada y me devolví a la casa de Oksana – Era un cuento de hadas para quien me lo dijo– gire mi cara para mirarla fijamente – Pero algunos cuentos se hacen realidad. Cuando quieres algo crees hasta en lo imposible para tener una esperanza de lograrlo.

Ella lo pensó y por un momento y al final asintió

- Si, tienes razón – murmuro – pero ¿Dónde lo salvaste?

- Lissa – respondí – Dimitri la había secuestrado para atraerme. Pensé por un momento en ir sola pero luego decidí avisar a los demás. Muchos murieron– dije recordando los nombres dichos en la fiesta – Muchos – repetí –pero Lissa logro estacarlo con ayuda de Christian

Ella se estremeció al igual que yo al recordar los gritos de agonía de Dimitri. Yo quería parar eso, aunque yo hubiera ido a matarlo, no quería que él sufriera.

- Debemos contar esta historia a los estudiantes– ella dijo. Cuando abrí mi boca para intervenir, ella alzo una mano con el fin de retenerme – Se lo preguntaremos a Belikov. Esta historia ha sido muy modificada. Necesitan la verdad.

Asentí a regañadientes

Unos momentos más tarde entraron todos los demás guardianes a la sala. Alberta saco unas carpetas que había en una especie de cajón y las coloco encima de la mesa. Ella fue entregándolas uno por uno. Solo quedaban tres en la mesa. Alberta alzo la cabeza y me miro fijamente, después se volvió hacia las carpetas

- ¿Qué pasa? – pregunto Emil

- Nada – respondió ella mirándome –el estudiante para Rose es el Sr Armstrong.

Una risotada resonó en la sala. Era la de Stan. Él me miraba fijamente cuando dijo

- Un poco de su propia medicina

- ¿Quién es? – exigí

- Tú remplazo: Johnny– contesto Stan

Alberta sonrió y me entrego mi carpeta y dijo

- Lean el historial de sus vidas– ella me dirigió una mirada –No estoy segura si Johnny deba estar contigo.

- ¿Por qué? – casi le gruñí.

¿Acaso creía que no estaba capacitada para esto? Yo había matado muchos más Strigoi que ella.

- Por esa razón – intervino Stan. Me gire bruscamente y le fulmine con la mirada – tú no te controlas. No podrás enseñarlo a él a auto controlarse.

- Te olvidas de algo – dije tratando de utilizar mi poco autocontrol –yo no estoy aquí para enseñar eso. Ese es tu trabajo– le di una mirada triunfante – el mío es hacerlo un gran guardián en pelea.

Stan sonrío claramente divertido porque yo trataba de mantenerme controlada.

- Claro– respondió

- Muy bien – dijo Alberta – vayan a descansar. Dentro de una hora los espero en el gimnasio.

Me levante y salí rápidamente de la sala. Luchaba por mantener el autocontrol, porque si lo perdía, sabía que golpearía a Stan.

"Por esa razón. Tú no te controlas. No podrás enseñarle a él a auto controlarse"

Él no me conocía. No tenía derecho a juzgarme.

- ¿Pero qué es lo que se cree?– murmure en voz alta

Sin darme cuenta me dirigí a los dormitorios de los dhampir.

- Rose – Dimitri me llamo - ¿A dónde vas?

Al girarme me di cuenta que él trataba de contener una sonrisa. Ahora yo dormiría en el edificio para los profesores. Suspire profundamente y me gire. Eran las primeras horas de toda una vida en la academia y ya estaba frustrada.

Me uní a Dimitri y los seguí al edificio. Quería tomar una ducha, después del vuelo me sentía pegajosa. Un guardián – no recordaba su nombre – me enseño mi habitación. Estaba al lado de la de Dimitri y las duchas quedaban cerca a esta.

Entre en esta y me deje caer en la cama. Después de unos minutos de estar perdida en la negrura de mi mente, corrí hacia los baños. El agua era caliente, relajaba mi cuerpo. Me deje ir a la cabeza de Lissa cuando supe que ella estaba utilizando la magia.

Lissa toco una flor muerta y a los segundos, la vida se tiño en esta. Robert sonrió. Él se giro hacia una gran planta que había a su lado. No estaba muerta del todo, pero algunas hojas se estaban marchitando. Cuando acerco su mano y la puso en esta, la vida surgió instantáneamente.

Christian los observaba en silencio.

- Whoa– dijo Lissa

Se sentía un poco decepcionada, ya que ella creía que era la que mejor sabia utilizar la magia de la curación, pero al ver a Robert se dio cuenta que no era así.

- Se maneja con el paso del tiempo – él respondió

- ¿Qué mas sabes hacer? – Pregunto ella - ¿También puedes caminar en sueños?

- ¿Caminar en sueños? – pregunto alzando una ceja

- Si. Adrian lo hace– explico Lissa

- No – respondió Robert – no puedo hacer eso, pero puedo hacer otra cosa. Salgamos.

Se sentaron en el jardín, cerca a una fuente.

- ¿Qué vas a hacer?– pregunto Lissa emocionada

- Puedes– él miro a Christian –puedes hacer un poco de fuego.

- ¿Aquí?

- Si– respondió Robert

Christian se encogió de hombros y prendió fuego al pasto. Y alli fue que Robert hizo algo maravilloso