Cuando Ethan abrió los ojos a la mañana siguiente, creyó por unos instantes que todo había sido un sueño. Pero entonces se percató de que no estaba solo en aquella cama y se dio cuenta de que había pasado de verdad. Se giró un poco y pudo ver a Audrey durmiendo bocabajo, echa una pequeña bolita y con el pelo esparcido por su espalda desnuda. Sonrió sin poder evitarlo. Había sido una noche maravillosa y sabía que jamás olvidaría los suspiros de la chica, el matiz distinto que había tenido su risa y la sensación de hacer el amor con ella. Acarició su mejilla con delicadeza y ella sonrió levemente y, poco a poco, abrió los ojos.
- Hola. – Murmuró él.
- Hola. – Contestó ella, sonrojándose levemente.
Ethan amplió su sonrisa. Audrey no se sonrojaba casi nunca y a él, en aquellos escasos momentos, siempre le había parecido adorable. Ella se encogió un poco más y se cubrió con la sábana y él acarició su nuca, sin dejar de mirarla con dulzura.
- Lo de anoche fue…
No terminó la frase y suspiró. Ethan había sido muy delicado y dulce la noche anterior. Le había preguntado varias veces al oído si todo iba bien y estaba cómoda, se había tomado su tiempo y, al darse cuenta de que a ella le dolía un poco, había hecho todo lo que había podido para que se relajara y disfrutara de aquello. Y lo había conseguido.
- Lo sé. – Contestó él, asintiendo. – Fue genial, pero…
- No funcionaría. – Terminó ella, bajando la mirada. No sabía qué sentía por Ethan, pero sí que estaba segura de que no quería jugárselo todo a una única carta. – Acabaría por hacerte daño y no te lo mereces.
- No digas eso, Dri. – Él suspiró. Sabía que la quería, pero le daba demasiado miedo perderla. Audrey en ese momento no quería atarse a nadie y él podía llegar a entenderla, aunque no compartiera su postura. Era demasiado pronto, eran demasiado jóvenes. – Somos demasiado distintos y nuestra amistad es lo más importante.
- Sí, además, yo estaba triste y tú lo único que hiciste fue consolarme. – Se mordió el labio al decir aquello. – Bastante bien, por cierto.
- Gracias. – Él sonrió y suspiró. – Esto no puede repetirse, Audrey.
- Ya lo sé. Sería un error.
- Un terrible error. – Acarició su cuello y ella cerró los ojos. – Y nadie puede enterarse de esto.
- Absolutamente nadie. Mucho menos los chicos.
- Estoy completamente de acuerdo. No quiero tener que escuchar a Natalie y Thomas diciendo tonterías.
- Y lo mejor será no volver a hablar de esto nunca.
- Será solo un recuerdo.
- Pero… - Guardó silencio unos instantes y lo miró fijamente a los ojos. – Hasta que no salgamos de aquí no tenemos por qué fingir que esto no ha pasado, ¿no?
Él, que en seguida entendió por qué ella decía aquello, sonrió de medio lado y bajó para acariciar su hombro y su clavícula.
- Sí, claro, el trato solo tendrá validez cuando salgamos de la cama. – Contestó. – Además, por un día que faltemos al desayuno y a primera hora no pasará nada.
- Exacto. Y no puedo salir de aquí con tus compañeros dando vueltas por la habitación.
- Por supuesto.
Ambos rieron y se besaron con dulzura. Estaban dispuestos a pasar una buena mañana y, si para ello tenían que faltar a todas las clases, estaban más que decididos a hacerlo.
- Voy a por un libro.
- Te acompaño, no me quedo aquí sola con la parejita feliz ni en broma.
Gwen se levantó y Natalie asintió, un poco sorprendida y nerviosa. Las dos se alejaron de la mesa –en la que Cyrill y Lucy estaban haciéndose carantoñas el uno al otro– y se dirigieron hacia la sección de Pociones.
- Son insoportables. – Comentó la rubia, negando con la cabeza. – ¿Cómo pueden ser tan empalagosos?
- Es la primera vez que salen con alguien y están emocionados. – Contestó la otra, encogiéndose de hombros. – Supongo que ya se les pasará.
- Eso mismo dice Tessa, pero yo creo que van a peor. – Puso los ojos en blanco. – Yo no era así la primera vez que salí con un chico. ¿Tú sí?
- Nunca he salido con ningún chico.
- ¿En serio?
Natalie sonrió de medio lado. Nunca había estado con ningún chico y, además de a Audrey, solo había besado a otra chica con la que las cosas no habían ido muy bien.
- No soy muy de chicos.
- Oh, vaya, no lo sabía. – Gwen enarcó una ceja con curiosidad.
- No es algo que haga falta ir pregonando por ahí. – Respondió. – Creo que solo lo saben mis amigos más cercanos.
- ¿Por qué? ¿No quieres que la gente lo sepa?
- A mí me da igual, pero si no surge el tema, yo no suelo sacarlo.
- Claro… - Asintió. – Pues me parece muy bien. Te ahorras muchas complicaciones. Los tíos son un asco, no tienen ni idea de nada y se complican demasiado. Entre chicas debe ser todo mucho más sencillo.
- Depende.
- ¿No sales con ninguna ahora?
- No.
- Bueno, seguro que pronto encontrarás a alguien. – Se apoyó contra la estantería y sonrió. – Eres guapa y muy interesante y…
No la dejó terminar. Sacó valor de un lugar desconocido y se acercó a ella, uniendo sus labios con dulzura durante unos instantes.
- Vaya… - Cuando se separaron, la rubia la miró sorprendida unos instantes y se sonrojó sin poder evitarlo.
- Yo… Lo siento. Creo que me he precipitado un poco y…
- No. Espera. – La cortó. Apretó los labios unos instantes y frunció levemente el ceño. – ¿Puedes repetirlo? No ha estado mal.
Natalie rió y la besó de nuevo. Al parecer aquel año estaba empezando bastante bien.
Eve estaba sentada en los jardines con la vista fija en el lago. Había ido allí tratando de despejarse y averiguar qué debía hacer. Estaba hecha un auténtico lío desde el baile. ¿Por qué no podía pasar de Chris sin más? ¿Por qué tenía que seguir enamorada de él? Bailar con él había sido una pésima idea, pero salir luego a los jardines, una todavía peor.
- ¿En qué piensas?
Se sobresaltó sin poder evitarlo al escuchar aquella voz. Se giró y suspiró al ver a Chris frente a ella.
- En cosas. – Se limitó a contestar.
- ¿En nosotros?
- Quizás.
- ¿Te importa si me siento? – Ella se encogió de hombros y él se dejó caer en el helado césped a su lado. – ¿Te arrepientes de lo que pasó después del baile?
- No lo sé. – Lo miró unos instantes, aunque en seguida apartó la mirada. – No voy a mentir y decir que no te echo de menos, pero no estoy segura de que besarnos fuera la decisión correcta. Nos iba muy bien, parecía que ya lo estábamos superando y de repente…
- Sé que ya no me crees, pero te quiero.
- Pero me engañaste.
- Fue un terrible error. – Murmuró. – Lo acepto y entiendo que no quieras volver conmigo, pero tienes que intentar ponerte en mi lugar. Esa chica se me tiró encima y yo intenté apartarme, pero no me dio tiempo.
- Y decidiste seguirle el beso. – Añadió ella. – Le seguiste el juego, no eres ninguna víctima.
- No fue la decisión más acertada desde luego y no quiero parecer una víctima, Eve. Solo quiero que me perdones.
- No sé si puedo… Me hiciste mucho daño.
- Déjame compensarte por ello. – Acarició su mejilla con dulzura y ella cerró los ojos. – Por favor, Eve. Quiero demostrarte que eres y siempre serás la única para mí. No volverá a pasar.
- Chris…
Unió sus labios con dulzura. La rubia suspiró y dejó que él la pegara un poco más a él. El chico enterró una mano en su pelo y acarició su cintura de forma delicada. Pronto la intensidad del beso aumentó y ellos se dejaron llevar por lo que sentían. Eve empujó al chico que cayó de espaldas y se sentó a horcajadas sobre él. Intercambiaron una sonrisa y lo besó de nuevo mientras él acariciaba su espalda.
- ¿Quieres ir a otro sitio? – Le preguntó él cuando se separaron para poder tomar aire.
- ¿Dónde? – Contestó ella, jadeando.
- A mi… A mi cuarto, ¿quizás?
Ella lo miró unos instantes, sin saber muy bien qué hacer y se mordió el labio. Chris le acarició la mejilla y se incorporó un poco para poder besarla otra vez.
- No sé. – Murmuró finalmente. – Es muy precipitado.
- Lo entiendo y creo que tienes razón. Quiero hacer esto bien, Eve. – Contestó. – Quiero que sea bonito, no un momento de pasión como la otra vez. Quiero que sea como lo habíamos estado planeando.
- Eso sería genial.
- Podríamos hacerlo. – Sonrió levemente. – Siempre que tú quieras, claro está. Sin presiones.
- Creo que me gustaría.
- ¿En serio? – La miró esperanzado. Si le hubieran dicho aquello un mes antes jamás lo habría creído, pero el baile parecía haberlo cambiado todo.
- Podríamos intentarlo una vez más. – Suspiró. – Pero, Chris, necesito que me demuestres que te importo y que no estás simplemente jugando conmigo.
- Lo haré, Eve. Te lo prometo.
- No me lo prometas; demuéstramelo.
El rubio sonrió y volvió a besarla y ambos rieron sin poder evitarlo.
- Te quiero.
- Y yo, Chris. Y yo.
Audrey y Ethan no salieron de la cama hasta que llegó la hora de comer y se obligaron a separarse el uno del otro. Si no iban, los demás sospecharían. Se despidieron con –el que prometieron– sería su último beso y se ducharon y prepararon para bajar al Gran Comedor con los demás.
Cuando llegaron, Cyrill, Natalie y Thomas ya estaban allí y los miraron interrogantes, aunque conteniendo una sonrisa a duras penas.
- Vaya, ¡a buenas horas! – El menor de los Potter se cruzó de brazos. – ¿Dónde habéis pasado la mañana?
- Yo me sentía un poco indispuesto. – Mintió Ethan. – Debió sentarme mal la cena.
- Y yo he pasado una muy mala noche y me he quedado dormida. – Audrey se encogió de hombros. – No es para tanto, dudo haberme perdido algo importante.
- La verdad es que ha sido una mañana bastante entretenida. – Natalie sonrió a su amiga. Quería contarle lo de Gwen cuanto antes. – Pero, tranquila, las clases han ido como siempre.
La morena se encogió de hombros y se sentó junto a ella mientras el chico hacía lo mismo justo enfrente.
- Por cierto, Ethan, te llegó esta carta esta mañana. – Thomas la sacó de dentro de un libro y se la dio, con una pequeña sonrisa. – Es de Francia.
- Oh, debe ser de Angélique. – Sonrió y la abrió. Sacó una pequeña foto y la dejó sobre la mesa antes de desdoblar el papel y comenzar a leer.
- ¿Es esta? – Thomas enarcó una ceja. – Es muy guapa.
- Lo sé.
- A ver, yo quiero verla. – Pidió Natalie. Thomas se la pasó y ella asintió antes de enseñársela a Cyrill.
- No está nada mal la chica.
Audrey se mordió la lengua y miró la foto de refilón. La francesa salía riendo y lanzándole un beso al chico y ella sintió deseos de triturar aquella foto y quemarla hasta que no quedaran más que cenizas.
- También es muy agradable. – Añadió Ethan, todavía leyendo. – Me lo pasé genial en vacaciones con ella y me está diciendo que ella también conmigo y que ojalá pueda ir a Francia en Pascua.
- Espera, ¿vas a ir a Francia? – La morena frunció el ceño y lo miró sorprendida. – No me habías dicho nada.
- Todavía no es seguro, Dri. – Dejó, por fin, de leer y la miró a los ojos. – Me invitaron sus padres y los míos creen que sería una falta de respeto no ir.
- Oh, sí, claro. Cómo no iba a decir eso tu madre. – Negó con la cabeza. – Lo raro es que no haya comenzado a planear la boda aún.
- Venga, Dri. Es la hija de su mejor amiga del colegio, es normal que quiera quedar bien.
- Quedar bien, por supuesto. Eso será. – Suspiró y se encogió de hombros. Sabía que mamá Mosby quería que Ethan y Angélique acabaran juntos y, así, que él se alejara de ella y le dolía ver como el chico no se daba cuenta de nada y entraba en su juego. Era solo eso, estaba convencida. Solo quería proteger a su mejor amigo.
Él suspiró y volvió a su lectura y ella empezó a servirse la comida mientras Natalie, a su lado, le contaba algo que ella no estaba escuchando. No entendía qué le pasaba, por qué se sentía así de mal. Cuando Ethan empezó con Riley ya temió que las cosas entre ellos empeoraran, pero no fue así así que suponía que con Angélique pasaría igual –por mucho que sus padres intentaran usarla para separarlos– y, sin embargo… No sabía si lo que había pasado la noche anterior y se había repetido cuatro veces aquella mañana tenía algo que ver, pero no le gustaba nada esa sensación de angustia que se había instalado en su pecho nada más ver la carta.
- Audrey, no me estás escuchando. – Protestó su amiga, cruzándose de brazos.
- Claro que sí, Natalie. – Mintió. La verdad es que no había escuchado ni una sola palabra.
- No. Si lo estuvieras haciendo, ya habrías gritado.
- ¿Qué? ¿Por qué? – Se giró y frunció el ceño.
- Porque he besado a Gwen.
Audrey lanzó un grito tan fuerte que todo el Gran Comedor se volvió para mirarla y Natalie no pudo evitar estallar en carcajadas mientras la otra aplaudía.
- Quiero saberlo todo.
- ¿Me vas a escuchar de verdad o vas a seguir rayándote por la francesita?
- Te voy a escuchar. – Se sonrojó sin poder evitarlo. No le gustaba ser tan evidente.
La castaña sonrió levemente y comenzó a relatarle su encuentro en voz baja mientras la otra decidía tratar de olvidar durante unos instantes a Ethan, aunque no iba a ser tarea fácil. Cuando sus ojos volvieron a cruzarse recordó, sin poder evitarlo, lo que había pasado entre ellos y tuvo que morderse el labio al sentir una punzada en su bajo vientre. Aquello iba a ser más difícil de lo que había imaginado.
