El Infierno de Sasuke
Pareja: Sasuhina Sasuke x Hinata
Adaptación de la trilogía: El Infierno de Gabriel
—Esa reunión ha sido una auténtica conjura de necios —dijo Konan, reclinándose en su asiento en el bar del hotel Windsor Arms.
Hinata asintió, preguntándose si eso la convertía en Ignatius Reilly, el protagonista del libro, o si Ignatius era Sasuke y ella era Myrna Minkoff.
El barman les sirvió unos Martins acompañados de unas tapas —por cuenta de la casa— y una sonrisa. Tras guiñarle un ojo a Konan, que era clienta habitual, regresó a la barra.
Tras beber un buen trago, ésta se acomodó en el asiento.
—Mi consejo es que presentes una demanda contra Karin Uzumaki por intento malicioso y que lo hagas cuanto antes. Las leyes universitarias contemplan la protección de los estudiantes ante este tipo de acusaciones fraudulentas.
—No estoy segura de querer ganarme su enemistad.
Konan se echó a reír con ironía.
—¿Qué más puede hacerte? ¿Hervir a tu mascota, como la protagonista de Atracción fatal?
Hinata se encogió.
—Mira, si presentas una demanda contra ella, le estarás cortando las alas. No hace falta que la llevemos hasta el final, pero hará que tanto la señorita Uzumaki como el doctor Shimura lo piensen dos veces. Me contaste que había acusado a Sasuke de acoso sexual. ¿No te apetece devolverle el golpe?
—Lo único que quiero es que todo esto acabe de una vez. No entiendo por qué me denuncia, si yo no tengo nada que ver con ella.
—Por lo que hemos oído hoy, creo que sus motivaciones están muy claras. Te ha acusado de acostarte con tu profesor para lograr tus objetivos académicos y, al mismo tiempo, ha acusado a tu novio de tratar de hacer lo mismo con ella. Es una maniobra muy inteligente, porque no necesita que las dos demandas prosperen, basta con la tuya para atacaros a los dos.
Hinata palideció.
—¿Qué quieres decir?
—Te está forzando a admitir que mantuviste una relación con tu profesor. Entonces, la universidad puede castigaros a los dos por confraternización. O es maquiavélicamente brillante o alguien la ha asesorado.
Hinata acarició la copa con un dedo y respiró hondo para no marearse.
Konan bebió un nuevo trago.
—Necesito una lista de todas las personas a las que el doctor Shimura puede llamar y de todas las cosas que pueden decir en tu contra. Las pruebas que tiene son de poca entidad, pero todas juntas podrían convencer a un jurado de que Sasuke te hizo favores a causa de su relación.
Hinata se mordió el labio inferior.
—No te preocupes todavía —continuó Konan—. Centrémonos en defendernos de esta demanda y ya nos preocuparemos más adelante si hace falta. A causa de los sindicatos, la administración es muy cautelosa a la hora de juzgar a personal a sueldo de la universidad. De momento, seguirán investigando. Sólo atacarán si lo ven muy claro.
Mientras tanto, deja que presente una demanda contra esta tal Karin Uzumaki. De ahora en adelante, Sasuke y tú deban ser muy prudentes. Nadie debe verlos juntos en público. Danzo los vigilará de cerca y, presumiblemente, interrogará a todas las personas que hayan estado en contacto con ustedes.
Hinata negó con la cabeza. Al pensar en sus compañeros siendo llamados a testificar sintió náuseas.
—De acuerdo, pon la demanda. No creo que sirva para nada más que para enfurecerla, pero tú eres la abogada.
—Excelente. —Con una amplia sonrisa, Konan se acabó el resto de su martini.
Esa misma tarde, al salir del ascensor de casa de Sasuke, Hinata se cruzó con su vecino francocanadiense e intercambiaron una breve pero educada inclinación de cabeza antes de que ella abriera con su llave y entrara en el apartamento.
—Hinata, ¿eres tú? —preguntó Sasuke.
—Sí, ¿cómo ha ido tu reunión con el catedrático?
Se quitó rápidamente el abrigo y las botas y estaba a punto de ir hacia el salón, cuando Sasuke se reunió con ella en el recibidor.
—Primero quiero saber cómo ha ido tu reunión. —Le puso las manos en los hombros y la besó en la frente—. ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?
—Me han hecho unas cuantas preguntas y han dejado que me marchara.
Soltando un improperio, él la abrazó con fuerza.
—Si te pasara algo, yo no sé...
Ella le devolvió el abrazo, apoyando la cara en su camisa.
—Es Karin Uzumaki.
—¿Cómo? —Sasuke se echó hacia atrás para verle la cara.
—Karin me ha acusado de mantener relaciones sexuales contigo a cambio de favores académicos.
—¿Qué? —exclamó él, atónito.
Mientras Hinata le relataba los detalles de la demanda y la conversación entre el doctor Shimura y Konan, la cara de Sasuke iba adquiriendo una expresión amenazadora. Al oír las palabras finales de Danzo, dio un paso atrás.
Acto seguido, dio un puñetazo a la pared. Y no satisfecho con ello, repitió el gesto dos veces más.
Hinata contempló boquiabierta como golpeaba la pared y apartaba el puño cubierto de polvo y escayola. Él estaba temblando, con los ojos cerrados, y respiraba entrecortadamente. Ella quería salir huyendo de tanta violencia, pero se encontró clavada al suelo. Y se olvidó totalmente de sus ganas de irse de allí en cuanto vio unas cuantas gotas de sangre que caían en el suelo de madera oscura.
—¿Qué te has hecho? —Mirando a Sasuke a los ojos, que ardían de furia, tiró de él hasta el cuarto de baño de invitados—. Siéntate. —Al examinarle los nudillos, vio que se los había despellejado en varios sitios.
—Puede que necesites puntos —comentó—. ¿Te duele? ¿Te has roto algo?
Él abrió y cerró los dedos varias veces para demostrarle que no se había roto nada.
—De todos modos deberían hacerte una radiografía, por si acaso.
Como respuesta, Sasuke se frotó los ojos con el otro puño, suspirando entrecortadamente.
Hinata rebuscó en el botiquín y cogió unas cuantas cosas de primeros auxilios.
—Trataré de curarte, pero creo que deberías ir al hospital.
—No es nada —respondió él, aún muy tenso.
Usando las pinzas, le quitó pedacitos de escayola de las heridas y se las limpió luego con yodo. Aunque no parecía que le estuviera haciendo daño, notó que Sasuke estaba temblando, probablemente de furia contenida.
—Siento haberte disgustado.
—¿Casi echo una pared abajo y me pides disculpas?
—No debería habértelo contado hasta que te hubieras sentado. O hasta después de que te hubieras tomado una copa.
Él negó con la cabeza.
—Entonces sí que hubiera echado la pared abajo. Estoy demasiado enfadado para beber.
Hinata continuó hasta que él tuvo los nudillos limpios, desinfectados y vendados. Al acabar, le rozó la venda con los labios.
—Lo siento mucho.
Sasuke le tomo la mano.
—Deja de disculparte. Recuerdo otra ocasión parecida, en este mismo baño; aunque entonces era yo el que jugaba a médicos y tú eras la paciente.
Qué vergüenza pasé ese día. Quería causarte buena impresión y no se me ocurrió otra cosa que romper la copa y manchar con Chianti tu preciosa camisa.
—Fue un accidente. Me costó mucho limpiarte las heridas. Tenía miedo de hacerte daño. Y eso fue antes de que... —se interrumpió y volvió a frotarse los ojos antes de seguir hablando—: Lo que ha pasado hoy ha sido por mi culpa. No he sabido protegerte.
—Sasuke —dijo ella en tono de advertencia. Se inclinó y le tomó la cara entre las manos para obligarlo a mirarla a los ojos—. No digas eso. Conocíamos los riesgos. Sabíamos dónde nos metíamos. No me importa lo que puedan hacerme. —Se le quebró la voz, pero siguió hablando—: Me da igual si no voy a Harvard o si no acabo el doctorado. Pero no quiero perderte. Un extraño fuego iluminó la mirada de él.
—Ni siquiera el infierno podría apartarme de ti —susurró.
Y ambos se abrazaron desesperadamente, obteniendo consuelo del contacto con la piel del otro.
—¿Vas a contarme de qué has hablado con el profesor Ebisu?
Sasuke la llevó al baño principal y empezó a llenar la bañera.
—Relájate mientras lo hago.
—No estoy de humor para un baño de espuma. Me apetece más romper algo con una barra de hierro.
—Precisamente por eso necesitas un baño de espuma. Tengo que proteger las paredes que quedan en pie.
Hinata se desnudó, se metió en la bañera y se cubrió con la espuma. Sasuke la contempló sin perder detalle. Se fijó en su cabello, recogido en lo alto de la cabeza de cualquier modo, en las delicadas curvas de sus pechos flotando en el agua como dos lirios blancos de puntas rosadas y en cómo se mordía el labio inferior hasta que se dio cuenta de que él la estaba mirando.
—¿Te acuerdas de la primera vez que nos bañamos juntos? —le preguntó ella, mientras Sasuke se sentaba en un taburete.
—No creo que pueda olvidarlo nunca.
—Estabas preocupado por mí y me llevaste en brazos hasta la bañera. —Hinata sonrió tímidamente—. Ha sido de las cosas más amables que has hecho por mí.
—Gracias —dijo él, dándole un beso en la mejilla—, pero no estoy de humor para pensar en cosas agradables. Estoy demasiado furioso. Me gustaría arrancarle la lengua a Danzo Shimura y estrangularlo con ella.
—¿Y qué me dices del profesor Ebisu?
Sasuke carraspeó.
—Si Karin sólo me hubiera demandado a mí, Ebisu me habría entrevistado en privado y probablemente habría descartado el asunto. Pero la demanda contra ti lo complica todo.
—¿Qué dice tu abogado?
—He decidido que sería mejor reunirme con Ebisu a solas.
Hinata se sentó de un brinco, derramando agua.
—¿Qué? Pensaba que ibas a ir con tu abogado.
Sasuke se echó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas.
— Ebisu me contrató. Lo considero un amigo. He pensado que sería más probable que resolviéramos el asunto si hablábamos a solas.
Ella abrió mucho los ojos.
—¿Y qué te ha dicho?
—Karin afirma que traté de iniciar una relación sexual con ella en varias ocasiones, incluidas las veces que me reuní con ella, tanto en el campus como fuera de él. Por lo visto, menciona la reunión en el Starbucks y la de Lobby.
También me acusa de castigarla rechazando su proyecto de tesis y de amenazarla con expulsarla del programa. Afirma que, después de que me rechazara, le hice la vida imposible.
—Pero todo eso es mentira. Era ella la que te acosaba a ti.
—Exactamente eso es lo que le he dicho a Ebisu. Se ha enfadado bastante. Me ha dicho que tenía que haber denunciado la situación inmediatamente. A estas alturas, mis afirmaciones ya no son tan creíbles, aunque hay un par de cosas que Karin no ha tenido en cuenta.
—¿Cuáles?
—Su expediente académico. Ebisu y yo hemos tenido al menos dos conversaciones a lo largo del curso sobre su falta de progreso. Él sabe que le estaba costando mantenerse al nivel de los demás alumnos. En su expediente hay notas sobre esas reuniones y copias de sus trabajos. Además, Naruto estuvo presente durante alguna de nuestras reuniones. Le he sugerido a Ebisu que hablara con él, además de con la señora Shizune.
—Naruto estaba conmigo en el Starbucks el día que te reuniste con Karin. Ella nos dijo que después planeaba llevarte a Lobby. Que esa noche tenía previsto intercambiar contigo algo más que nombres.
Sasuke frunció mucho el cejo.
—¿Qué?
—Me había olvidado de esa conversación o, si no, te lo habría mencionado antes. Naruto y yo estábamos tomándonos un café. Karin entró antes de que tú llegaras y empezó a presumir de cómo pensaba seducirte.
Él se acarició la barbilla.
—¿Y Naruto la oyó decir eso?
—Sí —respondió Hinata, reprimiendo una sonrisa—. Me parece que el follaángeles se ha convertido en un ángel de la guarda.
Sasuke hizo una mueca.
—No nos entusiasmemos. ¿Qué más dijo?
—No mucho. Vimos que hablaban, pero estábamos muy lejos para oír lo que decían. Aunque el lenguaje corporal era bastante obvio. Ella trataba de coquetear contigo y tú la reprendías. Podría decirle eso al profesor Ebisu, si quieres.
—Imposible. Estás demasiado involucrada en todo esto. —Volvió a rascarse la barbilla—. Ebisu me ha pedido que no hable con Naruto sobre Karin. La situación es delicada, porque Naruto es mi ayudante, pero Ebisu ha accedido a ir a verlo. Creo que sería mejor que tú tampoco le dijeras nada a Naruto. Cuanto menos liemos las cosas, mejor.
—Él no soporta a Karin. Una de las primeras cosas que me dijo de ella era que quería convertirse en la señora Uchiha. Sabía que te acosaba.
Sasuke hizo una mueca de disgusto.
—Le he recordado a Ebisu que aprobé el proyecto de Karin en diciembre, tras darle numerosas oportunidades de arreglarlo. Espero que, después de hablar con Naruto, se haga una idea clara de lo que pasó en realidad.
Hinata echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Sabía que podían confiar en que Naruto contara la verdad. A pesar de su antipatía por el profesor Uchiha, desmontaría las falsas acusaciones de Karin.
Sasuke se levantó.
—Tengo que contarte otra cosa.
—¿De qué se trata? —preguntó ella sin abrir los ojos.
— Ebisu me ha preguntado si estábamos juntos y le he dicho que sí.
Hinata abrió los ojos y lo miró fijamente.
—¿Cómo?
—Le he contado que esperamos a que acabara el semestre para iniciar nuestra relación.
—¿Y te ha creído?
—Creo que sí, pero igualmente está enfadado. Dice que debería haber hablado con él inmediatamente y que está obligado a denunciarme ante el comité por vulnerar las normas de la universidad.
—¡Oh, no! —Ella le dio la mano—. ¿Qué vamos a hacer?
—Me ha dicho que no va a echar más leña al fuego, que ya tenemos bastantes problemas, pero que tampoco piensa encubrirnos. —Inclinándose hacia ella, le dio un beso en la frente—. No te preocupes por Ebisu; yo me ocuparé de él. Mientras acabas de bañarte, llamaré a mi abogado para preparar el siguiente paso. —Y con una sonrisa, se levantó para irse. —Sasuke, una cosa más. Dos, de hecho. Konan quiere presentar una demanda contra Karin en mi nombre, alegando intención maliciosa.
—Me parece bien. A ver si así aprende a calibrar las consecuencias de sus actos.
—Y durante mi reunión de ayer con Hotaru, ésta me comentó que hace tiempo que no vas a terapia.
Al ver la expresión de irritación de Hinata, mezclada con tristeza, los hombros de Sasuke se hundieron.
+.+.+.+
Visto en perspectiva, que Sasuke se olvidara de mencionar que no iba a terapia no tenía importancia. O eso pensó Hinata. Discutieron un poco al respecto, pero estaban demasiado preocupados por los problemas con la universidad como para prestarle más atención.
Un día de la semana siguiente, Sasuke recibió una fría nota de Ebisu comunicándole que se había entrevistado con la señora Shizune y con Naruto. Aparte de esa nota, no tuvieron ninguna otra comunicación de la universidad.
Danzo Shimura pasó la noche del viernes solo en el despacho de su casa, con una botella de whisky Jameson. No era algo tan excepcional. Como responsable de Estudios de Posgrado, a menudo se llevaba trabajo a casa. Pero esa noche se encontraba metido en una situación tan compleja como delicada.
La demanda por acoso sexual de la señorita Uzumaki había sido puesta en duda por más de un testigo. Sin embargo, la demanda por fraude académico contra la señorita Hyuga lo había alertado sobre un posible caso de confraternización entre Hinata y el profesor Uchiha. El problema era que las pruebas eran contradictorias.
Según la información que le había proporcionado el profesor Ebisu, Naruto Namikaze había pintado un retrato inmaculado de la señorita Hyuga. Mientras el whisky le quemaba la garganta, Danzo se preguntaba si el señor Namikaze vería alas en la espalda de todas las mujeres con las que se relacionaba o si sólo tenía debilidad por las jóvenes de Selinsgrove, Pensilvania.
Según el señor Namikaze y la señora Shizune, la señorita Hyuga era una joven tímida, a la que el profesor Uchiha tenía manía. Naruto Namikaze afirmó que el profesor había discutido públicamente con ella en uno de sus seminarios.
Después de la discusión, Uchiha le había pedido a la profesora Senju que supervisara el proyecto de la señorita Hyuga, dado que la joven era una amiga de la familia y podía haber conflicto.
Eso había sido una sorpresa.
El profesor Uchiha no se había opuesto a la admisión de la señorita Hyuga al programa y eso que sabía que él era el único especialista en Dante. Si el conflicto de intereses era tan evidente, ¿por qué no se había manifestado antes en contra? ¿O por qué no se lo había comentado al profesor Ebisu al inicio del semestre?
Los expedientes del profesor Uchiha y de la señorita Hyuga no tenían sentido. Y a Danzo no le gustaban las cosas que no tenían sentido. (En su universo, las cosas eran siempre lógicas y sensatas.)
Mientras le daba vueltas a las pruebas, insertó un dispositivo USB en el ordenador. Abrió la única carpeta que contenía y empezó a revisar el listado de correos electrónicos del profesor Uchiha, que el Departamento de Información y Tecnología le había facilitado. Ajustó los parámetros para que se mostraran solamente los mensajes enviados o recibidos a o por la señorita Hyuga, la señorita Uzumaki, el señor Namikaze y la profesora Senju.
La búsqueda pronto dio frutos. El primer correo enviado por el profesor Uchiha a la señorita Hyuga tenía fecha de octubre de 2009.
Querida señorita Hyuga:
Necesito hablar con usted sobre un tema bastante urgente.
Por favor, contácteme lo antes posible.
Puede llamarme al siguiente número de móvil: 416-555-0739.
Saludos,
Prof. Sasuke Uchiha
Profesor
Departamento de Estudios Italianos / Centro de Estudios Medievales
Universidad de Toronto
El segundo mail era la respuesta de la señorita Hyuga a ese mensaje:
Sr. Uchiha:
Deje de acosarme.
Ya no quiero nada con usted.
No quiero conocerlo.
Si no me deja en paz,
me veré obligada a presentar una demanda por acoso.
Y eso es lo que haré si se pone en contacto con mi padre. Inmediatamente.
Si cree que voy a permitir que algo tan insignificante me aparte de mis estudios,
está muy equivocado.
Necesito otro director de proyecto, no un billete de vuelta.
Saludos,
Señorita Hinata Hyuga
Humilde estudiante de máster,
que pasa de rodillas más tiempo que cualquier puta.
Posdata: Devolveré la beca S.U. la semana que viene.
Felicidades, profesor Abelardo.
Nadie me ha humillado tanto como usted el domingo pasado.
El doctor Shimura enderezó la espalda y releyó los dos correos, examinando cada palabra.
Aunque tenía una vaga idea de quién era Pedro Abelardo, lo buscó en Google para refrescarse la memoria. Eligió una biografía que le pareció fiable y empezó a leer.
«Quod erat demonstrandum», pensó.
+.+.+.+
En su casa del centro de la ciudad, Nobuo Ebisu estaba tumbado en su sofá de piel, escuchando a Beethoven con los ojos cerrados, mientras su esposa se preparaba para acostarse. Como catedrático de Estudios Italianos, era responsable de mucha gente, incluido el personal docente y los alumnos. Saber que Sasuke había salido con una antigua alumna le preocupaba mucho.
Sabía que la demanda de Karin Uzumaki era maliciosa, pero debía ser tomada en consideración, como todas las demandas. El hecho de que tuviera razón en que Sasuke y Hinata estaban saliendo daba credibilidad al resto de sus acusaciones. Sasuke era su amigo y colega, pero al mantener su relación en secreto lo había puesto en una situación muy incómoda ante Danzo.
A lo largo de su carrera, tanto en Estados Unidos como en Toronto, había visto a muchas jóvenes y prometedoras alumnas convertirse en juguetes sexuales de sus profesores. Su esposa, sin ir más lejos, había visto arruinados sus estudios de lingüística por un profesor/amante cuando se había hartado de soportar su alcoholismo. Las heridas de Ayame habían tardado años en cicatrizar. Aún en esos momentos se negaba a tener nada que ver con la universidad.
A Ebisu le dolería que la carrera de Hinata tuviera el mismo final.
Pero por otro lado no podía permitir que el profesor estrella de su facultad fuera acusado y vilipendiado por una infracción que no había cometido. Si Danzo Shimura llevaba adelante la investigación, Ebisu haría todo lo que estuviera en sus manos para asegurarse de que se hiciera justicia. Y si no lo lograba, al menos se aseguraría de proteger su departamento.
Por esa razón se horrorizó tanto al encontrar copias de cartas dirigidas al profesor Uchiha y a la señorita Hyuga entre su correo, el primer jueves de marzo.
Maldiciendo entre dientes, leyó el contenido de las cartas antes de hacer una discreta llamada a uno de sus contactos en la oficina de Danzo Shimura. Media hora más tarde, llamaba al profesor Uchiha.
—¿Has mirado el buzón de tu casa esta mañana?
Sasuke frunció el cejo.
—No. ¿Por qué?
—Porque he recibido copia de la carta en la que te anuncian que la señorita Hyuga y tú están siendo investigados por mantener una relación inadecuada mientras ella era tu alumna.
—Joder.
—Exacto. ¿Estás sentado?
—No.
—Pues siéntate. Acabo de hablar con un contacto en la oficina de Danzo Shimura. Hinata ha presentado una demanda contra Karin Uzumaki y ésta ha respondido amenazando con demandar a la universidad por permitir que Hinata haya recibido trato de favor por acostarse contigo. La acusación de Karin forma parte del proceso que se ha abierto sobre tu relación con Hinata.
—¡Es ridículo!
—¿Lo es?
—Por supuesto que lo es. Es totalmente absurdo.
—Me alegra oírlo, Sasuke, porque la universidad se toma estos asuntos muy en serio. La oficina del rector le ha encargado a Danzo y a otras dos personas que formen un comité que investigue las acusaciones. Los citarán a Hinata y a ti para que presentén ante ellos, juntos.
Sasuke soltó una maldición.
—¿Quiénes están en el comité?
—Mi contacto no me lo ha dicho. Lo bueno es que se trata sólo de una vista de investigación. Según lo que recomienden los miembros del comité, la oficina del rector decidirá si se presentan cargos o no. En caso afirmativo, Hinata y tú deberan comparecer frente a un tribunal disciplinario. No hace falta que te explique las consecuencias, si las cosas llegan hasta ese punto.
—¿Por qué no me ha llamado Danzo? Todo esto podría resolverse en diez minutos.
—Lo dudo. No paran de llegar quejas y acusaciones y tú estás en el centro de todas.
Sasuke sintió que el corazón le dejaba de latir.
—¿Crees que seguirán llegando?
—Tengo mis sospechas, pero no hay nada confirmado.
—¡Maldición! —Sasuke se frotó los ojos bruscamente—. ¿Crees que estamos en apuros?
—Te recomendaría que dejaras de hablar en plural y te centraras en tus problemas. Ese plural es lo que te ha metido en esto.
—Responde a mi pregunta, por favor.
Ebisu echó un vistazo a las cartas que tenía delante.
—Danzo tiene dudas sobre la legitimidad de las calificaciones de Hinata, por lo que ha dejado su nota temporalmente en el aire. Eso implica que su expediente estará incompleto hasta que se resuelva el asunto.
—No podrá graduarse —susurró Sasuke.
—Las normas de la universidad obligan a suspender la nota definitiva hasta que las infracciones estén resueltas.
—Así que, dependiendo de lo que se tarde en llegar a una conclusión, no podrá ir a Harvard.
—Si el asunto se resuelve a su favor, se le mantendrá la nota con efectos retroactivos, aunque mucho me temo que para entonces ya habrá perdido la plaza en Harvard. A menos que pueda convencerlos de que esperen a la resolución del caso.
—Su admisión está condicionada a que acabe los cursos aquí de manera satisfactoria. Puede intentarlo, pero no creo que esté en situación de pedir nada. Si Harvard se entera de esto, retirarán su oferta.
—En ese caso, lo mejor será que empiece a rezar para que el asunto se resuelva cuanto antes. Y, francamente, yo que tú haría lo mismo. Si te declaran culpable de fraude académico, lo más probable es que pierdas la plaza.
—Joder. —Sasuke dio un golpe en la mesa—. ¿Cuándo hemos de presentarnos frente al comité?
—El veinticinco de marzo, jueves.
—Eso nos deja menos de un mes para resolverlo todo antes de que Hinata tenga que graduarse.
—Ya sabes que los procedimientos universitarios van a paso de tortuga. — Ebisu carraspeó—. ¿No estás preocupado por ti? ¿Ni un poquito?
—No especialmente —contestó Sasuke.
—Pues deberías estarlo. Te confieso que tú eres mi principal preocupación, aunque lamentaría ver el futuro académico de Hinata amenazado.
—No permitiré que eso pase.
—Y yo no permitiré que sacrifiquen a uno de mis mejores profesores. — Ebisu respiró hondo—. Según la normativa que se les acusa de violar, tu responsabilidad es mayor que la de ella. Se dice que la has evaluado siguiendo criterios que no son los de sus méritos académicos.
—Eso es ridículo y tienes la documentación que lo demuestra.
—No, no la tengo —replicó Ebisu, dando unos golpecitos a los papeles que tenía delante—. Tengo documentación, pero es incompleta. No me notificaste su relación hasta hace muy poco y ahora mi jefe no para de hacerme preguntas. ¿Te haces una idea de la posición en la que me has puesto? Cada vez que el rector me pregunta algo, parece que acabe de caerme del guindo y que no tenga ni idea de lo que pasa en mi propio departamento.
Sasuke hizo una profunda inspiración antes de preguntar:
—¿Qué tratas de decirme?
—Que la has jodido bien jodida, Sasuke, no hay otra manera de decirlo. No pienso poner en peligro mi trabajo de tantos años sólo para cubrirte las espaldas.
Él no supo qué decir.
—¿Por qué no me dijiste que estabas saliendo con ella? —Continuó Ebisu —. Fui yo quien te contrató, por el amor de Dios.
—No pensé que fuera asunto tuyo ni de nadie con quién me acostaba.
—No puedes estar hablando en serio. — Ebisu maldijo entre dientes—. Conoces las normas que regulan las relaciones con los estudiantes. Mantener tu relación con Hinata en secreto te hace parecer culpable.
— Ebisu, ¿puedo contar con tu apoyo o no? —preguntó Sasuke, apretando los dientes.
—Haré lo que pueda, pero es posible que no pueda hacer mucho. En tu lugar, yo iría a hablar con la Asociación de Profesores y haría que un representante del sindicato me acompañara a la reunión.
—Todo esto no es más que una caza de brujas iniciada por una alumna contrariada. Lo único que quiere Karin Uzumaki es que me despidan.
—Es muy posible, pero no te pierdas en las anécdotas de este culebrón, porque lo que es innegable es que has violado la normativa universitaria. Y eso hace que la administración esté mucho más receptiva a aceptar que también eres culpable de los demás cargos. Por cierto, he recibido un correo del decano. Me pregunta por la beca S.U. Por tu bien, espero que no tengas nada que ver con esa beca.
Sasuke soltó una retahíla de improperios, pero Ebisu lo interrumpió.
—Si no tienes abogado, amigo mío, éste sería un buen momento para contratar uno.
Mascullando entre dientes, Sasuke colgó el teléfono, se dirigió al comedor y se sirvió una copa.
Aunque Sasuke notificó su situación a la Asociación de Profesores, rechazó que lo acompañaran a la vista. Suigetsu opinaba que su propia presencia resultaría más intimidadora que la de un representante sindical, aunque dejó claro que si la reunión acababa en cargos, sería recomendable incluirlos en las negociaciones.
Le aconsejó también usar la táctica del bloqueo y lo animó a instruir a Hinata en lo que no debía decir. En caso de que ella no colaborara, Suigetsu pretendía argumentar que la joven era una estudiante impresionable y psíquicamente inestable que se había obsesionado con Sasuke siendo aún una adolescente y que no había parado hasta seducirlo.
Confiando en que su cliente le seguiría la corriente, Suigetsu no se molestó en hablarlo con él.
Los consejos de Konan tenían mucho en común con los de Suigetsu. Le dijo a Hinata que no dijera nada y, en caso de que la presionaran, que culpara a Sasuke de todo. Konan estaba encantada con la idea de echarle la culpa a él. Lo pintaría como un profesor mucho mayor que ella, con un pasado de desenfreno, que había seducido a una alumna inocente con promesas de un futuro en común duradero y feliz. Cuando Hinata replicó que quería decir la verdad, ella le dijo que era muy mala idea.
Planeaba sacar a relucir la reputación de hombre promiscuo de Sasuke, así como sus roces con las fuerzas del orden.
Al igual que Suigetsu, confiaba en la colaboración de su cliente y, por lo tanto, no se molestó en especificarle a Hinata los detalles de su estrategia.
La noche antes de la vista, Hinata se despertó al oír que algo golpeaba la ventana de su apartamento. Al principio pensó que estaba soñando, pero cuando el sonido se repitió, saltó de la cama y descorrió la cortina. Sasuke estaba allí, con la nariz pegada al cristal. Con el abrigo y hundido en la nieve hasta la rodilla, tenía un aspecto desesperado, casi frenético.
Abrió la ventana y se hizo a un lado. Una bocanada de aire helado entró con él en el apartamento. Una vez dentro, cerró la ventana de golpe, corrió el seguro y devolvió las cortinas a su posición original.
—Sasuke, ¿qué estás haciend...?
Pero no pudo acabar la pregunta, porque él la estrechó entre sus brazos. Notó el olor del whisky cuando él la besó. Aunque sus labios estaban helados, su boca y su lengua eran cálidos y acogedores. El ardor de sus besos, profundos y sensuales, se extendió por la piel de Hinata.
—¿Estás borracho? ¿Qué ha pasado?
Él se apartó un momento, pero sólo para quitarse el abrigo. Luego, en seguida volvió a abrazarla, acariciándole los brazos con sus dedos helados; desabrochándole la chaqueta del pijama y deslizando una mano en su interior para acariciarle los pechos.
Mientras se despojaba de la camisa, la empujó hacia atrás. Hinata se quitó el pijama mientras él se libraba del resto de la ropa. En pocos segundos estaban desnudos. Tirando de ella, Sasuke la atrajo hacia sí y la abrazó, rodeándose las caderas con sus piernas. Nunca se habían desnudado y amado con tanta urgencia.
Después caminó con ella en brazos hasta la puerta. Le acarició el sexo con los dedos helados mientras le atrapaba un pezón con la boca y succionaba.
Hinata gritó, sorprendida por su inesperado fervor. La diferencia de temperatura de sus cuerpos se fue igualando poco a poco. El firme torso de Sasuke se calentó al entrar en contacto con sus suaves y cálidas curvas. Cuando notó que ya estaba preparada, la embistió, clavándose en ella y gruñendo contra su cuello. Al notarla tan cerca, se relajó un poco. No quedaba espacio entre ellos. No había nada que los separara.
Su cópula fue rápida y escandalosa; probablemente la conexión física más intensa que habían tenido nunca, superando incluso al polvo contra la pared en Florencia. No tardaron mucho en estallar de placer, con el corazón desbocado y la sangre corriéndoles acelerada por las venas. Agarrándose con fuerza el uno al otro, gritaron de éxtasis antes de derrumbarse, saciados, sobre la estrecha cama de Hinata.
Sasuke la estaba aplastando, pero ella no dejaba que se moviera. Él trató de apoyar el peso en uno de los brazos, pero no quería romper el contacto total, piel contra piel.
Hinata le acarició el pelo y le dijo lo mucho que lo amaba, mientras él enterraba la nariz en su cuello, inhalando su aroma. También le dijo que no necesitaba beber si tenía problemas, que podía hablar con ella.
Sasuke suspiró.
—Estoy hablando contigo —susurró, besándole los hombros—, pero no me escuchas.
Antes de que Hinata pudiera protestar, la besó. La discusión murió antes de empezar, ya que Sasuke la excitó de nuevo hasta que unieron sus cuerpos una vez más.
Al despertarse a la mañana siguiente, el apartamento estaba en silencio. Aparte del cerrojo de la ventana sin correr y del aroma a sexo que permanecía pegado a su cuerpo y a las sábanas, no había ni rastro de ningún visitante nocturno.
Buscó por el estudio, esperando encontrar una nota, un mensaje, algo. Pero no encontró nada, ni siquiera un correo electrónico. Y una sensación de pánico la invadió.
Al día siguiente, siguiendo las instrucciones de Konan, Hinata se dejó el pelo suelto, lo que la hacía parecer más joven e inocente. A las once en punto de la mañana se reunió con la abogada en el pasillo, frente a la sala de juntas.
Sasuke y Suigetsu ya estaban allí, con las cabezas muy juntas y hablando apresuradamente en voz baja. Los dos iban vestidos con traje oscuro y camisa blanca. Pero Sasuke llevaba también una corbata azul.
Sus miradas se cruzaron sólo un instante, pero bastó para que Hinata se diera cuenta de que estaba preocupado. No sonrió ni la saludó con la mano. Parecía que quisiera mantener las distancias.
Ella se le habría acercado, pero Konan la sujetó y la hizo sentar en un banco, al lado de la puerta. De repente, ésta se abrió y un joven muy corpulento y enfadado salió al pasillo.
—¿Naruto? —Hinata se levantó.
Él se detuvo y la miró sorprendido.
—¿Hinata? ¿Estás bien? Dime que no...
Se interrumpió bruscamente al ver a la abogada, que se había levantado y se había acercado a su cliente. Se quedó mirando boquiabierto a ambas mujeres hasta que, entornando los ojos y maldiciendo entre dientes, se dirigió a la escalera.
—¡Naruto! —lo llamó Hinata, mientras él desaparecía escaleras abajo.
—¿Lo conoces?
—Es un amigo.
—¿De verdad? —Konan parecía sorprendida.
—¿Por qué? ¿Lo conoces?
—El año pasado demandó a una de mis clientas. Durante ese caso fue cuando me gané el odio del doctor Shimura.
Hinata tardó unos instantes en procesar la información. Al comprenderla, se sentó con cuidado.
«¿Konan fue la abogada de la profesora Terumi? ¿Dónde me he metido?»
La ayudante del doctor Shimura, Mabui, interrumpió sus pensamientos al abrir la puerta y anunciar que los miembros del comité preferían entrevistar al profesor Uchiha y a la señorita Hyuga juntos.
Tras una breve consulta con los respectivos abogados, Sasuke y Hinata entraron en la sala seguidos de Suigetsu y de Konan. En cuanto se hubieron sentado, en lados opuestos del pasillo, Danzo Shimura empezó a hablar. Según su costumbre, comenzó por presentarse él y presentar luego a los otros miembros del comité, los profesores Koharu Utatane y Homura Mitokado.
147
—La doctora Utatane, vicepresidenta de Diversidad.
Ésta era una mujer mayor pelo color gris. Llevaba un traje negro y un gran pañuelo blanco rodeándole el torso como si fuera un sari. Le dirigió a Hinata una sonrisa tranquilizadora, entre miradas agresivas en dirección a Danzo Shimura.
—El doctor Mitokado, vicepresidente de Asuntos Estudiantiles.
El profesor Mitokado tenía un aspecto más amigable.
Cuando le sonrió a Hinata, ella le devolvió la sonrisa.
El doctor Shimura prosiguió con unos cuantos comentarios introductorios.
—Señorita Hyuga, profesor Uchiha, se les ha notificado por carta el motivo por el que se ha requerido su presencia. Con motivo de la investigación sobre la demanda de conducta inadecuada, señorita Hyuga, hemos hablado con la profesora Senju, la señorita Uzumaki, la señora Shizune, el profesor Nobuo Ebisu y el señor Naruto Namikaze.
Durante la misma, han salido a la luz varios hechos, que han sido corroborados por más de un testigo. —Miró a Sasuke, apretando los labios—. Por esa razón, la oficina del rector ha ordenado la formación de este comité.
Los hechos que han salido a la luz son los siguientes: primero, que una discusión de carácter personal tuvo lugar entre la señorita Hyuga y el profesor Uchiha durante el seminario del día veintiocho de octubre del 2009.
En segundo lugar, que el treinta y uno de octubre, la profesora Senju accedió a supervisar el proyecto de tesis de la señorita Hyuga a petición del profesor Uchiha, quien posteriormente informó al profesor Ebisu sobre el cambio. Argumentó que el cambio era necesario a causa de un conflicto de intereses, concretamente que la señorita Hyuga era una amiga de la familia. Los trámites burocráticos necesarios para llevar a cabo el cambio se realizaron en noviembre.
En tercer lugar, el diez de diciembre, el profesor Uchiha dio una conferencia pública en Florencia, Italia, a la que acudió acompañado por la señorita Hyuga. A lo largo de la velada, él la presentó a los asistentes como su prometida. Estos hechos están documentados con textos y fotografías y han sido corroborados por el profesor Kabuto Yakushi, presente en la conferencia. —Sostuvo en alto una hoja de papel que parecía ser una copia de un correo electrónico.
Sasuke fulminó el papel con la mirada, refunfuñando entre dientes al oír el nombre de Yakushi.
El doctor Shimura miró entonces a Sasuke.
—¿Fue acosado por la señorita Hyuga para que mantuviese una relación amorosa con ella?
Hinata casi se cayó de la silla.
Todos los ojos de la sala se clavaron en Sasuke, que se sulfuró. Su abogado empezó a susurrarle furiosamente al oído, pero él lo apartó con un gesto de la mano.
—Rotundamente no.
—Muy bien. ¿Mantiene actualmente una relación con la señorita Hyuga?
—Doctor Shimura —protestó Suigetsu—, no nos ha presentado ninguna prueba de que se haya infringido ninguna norma académica. Lo único que nos ha ofrecido ha sido una cronología superficial, abierta a interpretaciones, y un artículo de un periódico sensacionalista italiano. No permitiré que presione a mi cliente.
—Si su cliente no tiene nada que ocultar, debería responder a nuestras preguntas. ¿Cuándo empezó su relación con su alumna, la señorita Hyuga?
Antes de que Suigetsu pudiera volver a protestar, la profesora Utatane lo interrumpió.
—Me opongo a este tipo de preguntas. Las relaciones entre profesores y alumnos del mismo departamento no pueden ser admitidas. Me gustaría que mi objeción constara en acta. El doctor Shimura asintió en dirección a su ayudante, Mabui, que estaba tomando notas a toda velocidad en un ordenador portátil.
—Anotado —dijo él, tras resoplar irritado—. En seguida volveremos al tema. Pero antes, ¿profesor Uchiha?
—Con el debido respeto, doctor Shimura, mi cliente no está obligado a responder a suposiciones y especulaciones. Pero tal vez la señorita Hyuga quiera contestar a la pregunta. —Tras mirar de reojo a Konan, Suigetsu sonrió inocentemente.
—Muy bien. ¿Señorita Hyuga?
Konan le dirigió a Suigetsu una mirada asesina antes de volverse hacia el comité.
—Mi cliente ya fue sometida a una experiencia de hostigamiento en la oficina del doctor Shimura cuando se la obligó a defenderse de una demanda muy seria, pero absolutamente maliciosa, interpuesta por otra estudiante. En vista del estrés y del trauma emocional causado, solicito que dirijan sus preguntas directamente al profesor Uchiha. Fue él quien propuso que la profesora Senju fuera la supervisora, es su firma la que está en los documentos. Nosotras no tenemos nada que decir.
Hinata se acercó a la abogada para protestar, pero Konan no la escuchó.
Ella apretó los dientes.
—Ah, el clásico dilema del prisionero. Me pregunto si son conscientes de hacia dónde nos lleva todo esto si persisten en su actitud. —El doctor Shimura carraspeó antes de añadir—: Si quieren, puedo ofrecerles unos minutos para que hablen con sus abogados, pero espero que respondan a las preguntas del comité rápidamente y con sinceridad.
Si no obtenemos testimonios, nos reservamos el derecho a decidir basándonos en las pruebas que hemos podido reunir. Y a transferir el asunto a la oficina del rector para que presente cargos. Disponen de cinco minutos. —Su voz era fría y sin expresión.
—Dado que las relaciones entre profesores y alumnos del mismo departamento no pueden ser admitidas, propongo que el profesor Uchiha salga de la sala para que podamos entrevistar a la señorita Hyuga. —La profesora Utatane le dirigió a Hinata una mirada comprensiva—. Está en un entorno seguro. No se tomarán represalias contra usted por nada de lo que diga ante este comité. Si ha sido víctima de acoso sexual, podemos ayudarla.
La actitud amable de la mujer se transformó en repugnancia al mirar a Sasuke.
Hinata se puso en pie de un salto.
—El profesor Uchiha no me acosó.
Konan la agarró del brazo, pero ella se soltó bruscamente. Así que la abogada se puso en pie a su lado, esperando el momento adecuado para protestar.
Sasuke negó con la cabeza, nervioso, pero Hinata no lo vio.
—Mientras fui su alumna, no estuvimos juntos y nuestra relación actual es consentida.
La sala entera contuvo el aliento unos instantes, antes de que el silencio se rompiera por el sonido de los bolígrafos de los miembros del comité al tomar notas.
El doctor Shimura se echó hacia atrás en la silla. No parecía sorprendido en absoluto.
Ése fue el primer indicio de que algo había salido muy, muy mal.
Hinata se sentó lentamente, sin escuchar lo que Konan le estaba susurrando al oído y se volvió hacia Sasuke. Aunque éste estaba mirando fijamente al frente, ella sabía que notaba su mirada. Apretaba los dientes con fuerza y tenía los brazos cruzados ante el pecho, con los ojos clavados en Danzo Shimura, como una cobra esperando el momento de atacar.
—Gracias, señorita Hyuga, así que la relación es de carácter amoroso. —El hombre desvió la vista hacia Sasuke antes de volver a fijarla en Hinata—. Ya que ha sido tan comunicativa, permítame que le haga otra pregunta. ¿Cuándo compraron los billetes de avión para Italia?
Ella lo miró sin comprender.
—Sin duda, los reservaron antes del día ocho, es decir, antes de que finalizara el semestre. Lo que implica que aceptó ir con él de viaje antes de que el profesor le entregara su nota. Y eso puede plantear dilemas en una relación profesor-alumna, ¿no le parece?
Hinata abrió la boca para responder, pero Konan se le adelantó.
—Con el debido respeto, doctor Shimura, está especulando.
—En realidad, señorita Tenshi, estoy haciendo una inferencia razonable de un quid pro quo —replicó él apretando los labios—. Es más, estoy sugiriendo que su clienta ha cometido perjurio al afirmar que no tenía ninguna relación con el profesor durante el semestre pasado. ¿Nos tenemos que creer que su relación empezó milagrosamente en el mismo instante en que acabó el semestre?
Hinata inspiró hondo y el sonido se oyó en toda la sala. Al otro lado del pasillo, Sasuke revelaba su ansiedad apretando mucho los puños, que trataba de esconder a ambos lados del cuerpo.
El doctor Shimura empezó a hablar, pero el profesor Mitokado lo interrumpió:
—Señorita Hyuga, me parece oportuno recordarle las penas por perjurio y por violar las normas de no confraternización de esta universidad. —Su voz tranquila y amable contrastaba con la impaciencia de su colega en el comité—. El perjurio puede suponer la expulsión o sanciones severas. Y la violación de la política de no confraternización puede poner en peligro su situación académica.
Hasta principios de noviembre, estuvo preparando su proyecto de tesis bajo la supervisión del profesor Uchiha; sólo un mes antes de su viaje a Italia. Estuvo matriculada en su seminario hasta el final del semestre y obtuvo un sobresaliente.
La política de no confraternización tiene como objetivo proteger a los estudiantes para que no sean víctimas del acoso de los profesores y evitar así posibles tratos de favor. Si se hubiera dado de baja del seminario del profesor Uchiha, no estaríamos aquí, pero como siguió siendo su alumna, tenemos un problema.
Y dicho esto, le entregó unos papeles a Mabui, que les dio una copia a Hinata y otra a Konan. Mientras esta última leía los documentos, Hinata los contemplaba horrorizada. Volvió a mirar a Sasuke, pero él no le devolvió la mirada.
—El profesor Ebisu ha declarado ante este comité que no recuerda haber hablado con el profesor Uchiha sobre la conveniencia de que fuera la profesora Senju la que calificara su trabajo. La oficina del registro afirma que fue el profesor Uchiha quien puso la nota, mediante el sistema de calificación por Internet. Como pueden ver, tenemos copias impresas de esos documentos electrónicos.
—Doctor Mitokado, dado que acabamos de recibir estos documentos, solicito un receso para poder comentarlos con mi clienta. —La voz de Konan interrumpió los pensamientos de Hinata.
—Su clienta ha cometido perjurio, así que ya no vamos a concederle ningún receso —replicó el doctor Shimura con severidad.
—No estoy de acuerdo —lo interrumpió la profesora Utatane—. La señorita Hyuga no está en disposición de juzgar si fue o no víctima de coerción. Ciertamente, cualquier perjurio por su parte podría ser excusado si hubiera sido víctima de acoso sexual.
—La profesora Senju calificó mi trabajo. Ella podría aclarar este malentendido. —El tono de Hinata sonó extrañamente decidido, lo que contrastaba con el temblor de su voz.
—Doctor Shimura, disculpe que lo interrumpa, pero acabo de recibir un correo electrónico de la profesora Senju —dijo Mabui en voz baja.
Acercándose a su jefe, le mostró la pantalla del ordenador portátil.
Él leyó el texto rápidamente antes de indicarle que se apartara con un gesto de la mano.
—Parece que la profesora Senju confirma su historia, señorita Hyuga.
Konan se echó hacia adelante en la silla.
—En ese caso, todo aclarado. Respetuosamente, solicito que este comité concluya su investigación y ponga fin a este asunto.
—No tenga tanta prisa, señorita Tenshi. —El profesor Mitokado miró alternativamente a Sasuke y Hinata, sin molestarse en ocultar su curiosidad—. Si la relación es consentida, ¿por qué el profesor Uchiha se esconde detrás de su abogado?
—No han hecho más que presentarnos especulaciones y fantasías. ¿Por qué iba a molestarse mi cliente en responder? —El tono de Suigetsu era despectivo.
—Tenemos derecho a llegar a nuestras propias conclusiones respecto a las pruebas. No puedo hablar por mis ilustres colegas, pero en mi opinión, su cliente y la señorita Hyuga tuvieron una relación el semestre pasado, lo que implica que violaron la ley de no confraternización, y que la señorita Hyuga ha cometido perjurio.
Suigetsu se puso en pie.
—Si ésa es la postura de este comité, solicitamos la asistencia de un representante de la Asociación de Profesores y de otro de la Asociación Canadiense de Profesores Universitarios y les avisamos de que tomaremos todas las medidas legales necesarias en caso de que se difame a mi cliente.
El doctor Shimura sacudió la mano.
—Siéntese. No respondemos a las amenazas.
Esperó a que Suigetsu tomara asiento antes de lanzar el bolígrafo sobre la mesa.
—Dado que, al parecer, hemos topado con un iceberg, propongo suspender esta sesión hasta recabar más información.
Sasuke apretó los dientes. Cualquier retraso era una amenaza para la entrada de Hinata en Harvard.
—Creo que, antes de concluir la sesión, deberíamos darle a la señorita Hyuga la oportunidad de contar su historia sin la presencia en la sala del profesor Uchiha — insistió la profesora Utatane—. El profesor Uchiha es un hombre poderoso, señorita Hyuga. Tal vez estaba preocupada por su situación académica y él se aprovechó de su ansiedad. Puede que ahora piense que la relación es consentida, pero ¿siempre lo creyó así? Varios testigos han afirmado que fue muy duro con usted en varias ocasiones.
—¡Esto es una vergüenza! Doctor Shimura, ¿va a permanecer de brazos cruzados mientras mi cliente es difamado por uno de los miembros de su comité? Quiero que mi objeción conste en acta, así como que pienso presentar una demanda contra la profesora Utatane por conducta poco profesional. —Suigetsu parecía estar a punto de sufrir una apoplejía.
—Quiero que el profesor se quede —dijo Hinata en voz baja.
—Bien. —La voz de la profesora Utatane se suavizó—. Estoy segura de que esta situación es estresante y compleja, pero quiero que sepa que este comité tiene en su poder el correo electrónico que usted le envió al profesor Uchiha, en el que le rogaba que dejara de acosarla. Repito que estamos aquí para averiguar la verdad.
Hinata parpadeó, pero siguió viéndolo todo borroso. Los sonidos también le llegaban como con sordina, como si estuviera dentro del agua. Todo se ralentizó, y en especial su mente, ante la enormidad de la revelación de la profesora Utatane y sintió que un frío intenso se apoderaba de su cuerpo.
Mabui alargó unos papeles a Suigetsu y a Konan.
Suigetsu les echó un vistazo rápido antes de dejarlos a un lado.
—Está absolutamente fuera de lugar sorprendernos con documentación nueva a estas alturas.
—No estamos en un juicio; esto es sólo una vista de investigación. No estamos sujetos a las mismas normas que rigen en los juicios, señor Hozuki. Profesora Utatane, puede continuar. —Y el doctor Shimura se reclinó en la silla, mirando a la profesora con interés.
—Sé que no interpuso una demanda por acoso contra el profesor Uchiha, pero aún está a tiempo. Si lo desea, podemos quedarnos a solas y discutirlo.
Suigetsu negó con la cabeza.
—Mi cliente niega taxativamente cualquier acusación de acoso, ni sexual ni de otro tipo. Si alguien debería estar siendo investigada por acoso, ésa es la señorita Karin Uzumaki, instigadora de todo este enredo.
—La señorita Uzumaki será investigada y se le pedirán explicaciones de sus actos, no se preocupe. —El tono del profesor Mitokado era directo y sereno—. Señorita Hyuga, yo también estoy muy interesado en este correo electrónico. Le dice al profesor Uchiha que deje de acosarla. ¿Podría explicarnos en qué contexto hizo esa petición?
—Fue un error. —Aunque Hinata contestó en voz baja, su respuesta llegó a todos los rincones de la sala.
—¿Un error? —repitió la profesora Utatane.
—Tuvimos un malentendido. No debí usar la palabra «acoso». Estaba enfadada, no lo decía en serio.
Konan le habló al oído, pero ella se apartó y empezó a retorcerse las manos.
—No hubo acoso, por eso no presenté ninguna demanda.
La profesora Utatane la miró con escepticismo antes de volverse hacia el doctor Shimura.
—Creo que sería conveniente aplazar la vista. Tengo un montón de preguntas que me gustaría que respondieran los demás testigos. Y también me gustaría interrogar a la señorita Hyuga en un entorno menos hostil —añadió, fulminando al profesor Uchiha con la mirada.
—La señorita Hyuga ha negado la alegación y no presentó ninguna demanda contra mi cliente. Según el párrafo diez de la normativa universitaria sobre acoso sexual, no se la puede obligar a presentarla. ¿Podemos pasar a otro tema? —protestó Suigetsu.
—No necesito que me diga cómo llevar esta reunión, señor Hozuki —le espetó el doctor Shimura—. Le dedicaremos el tiempo que consideremos necesario.
A continuación, les hizo un gesto al resto de los miembros del comité para que se acercaran. Hablaron en susurros durante unos instantes. La sola mención de un retraso hizo que el
Poco después, el doctor Shimura miró a su alrededor.
—Siguiendo la sugerencia de la profesora Utatane, se suspende esta vista. Le doy las gracias por su colaboración, señorita Hyuga. Usted, profesor Uchiha, no nos ha dicho nada. Su falta de cooperación no nos deja otra opción que volver a interrogar a todos los testigos. Particularmente, tengo mucho interés en hablar con el catedrático de su departamento, el profesor Ebisu.
Si la relación entre la señorita Hyuga y usted es consentida, ambos pueden haber violado la ley de no confraternización. Y en cuanto a usted, señorita Hyuga, puede haber cometido perjurio respecto a la fecha de inicio de la relación. Por otro lado, el correo electrónico que le envió al profesor se contradice con el resto de sus afirmaciones. Y no me olvido de la mención de la beca S.U. que cita en ese mismo correo.
No voy a permitir presiones para resolver este asunto antes de tenerlo todo muy claro, así que se suspende momentáneamente la vista hasta haber recabado nueva información. Este retraso puede ser de varias semanas, dependerá de la colaboración que recibamos de su parte. Por supuesto, si prefieren que no haya retraso, pueden responder a nuestras preguntas —concluyó, mirando con severidad a Suigetsu y a Sasuke.
Hinata vio como Sasuke cerraba los ojos y murmuraba algo antes de ponerse en pie.
—Ya basta.
Seis pares de ojos se volvieron hacia el profesor de aspecto enfadado que estaba fulminando a los miembros del comité con la mirada.
—No hay necesidad de retrasar nada. Colaboraré —declaró, con la mandíbula apretada y los ojos brillantes.
A Hinata se le cayó el alma a los pies.
—Parece que por fin hemos captado su atención, profesor Uchiha, y hemos logrado que salga de detrás de su abogado —comentó el profesor Mitokado con sarcasmo.
—Ese comentario no es digno de usted —replicó Sasuke con gesto despectivo.
—¿Está dispuesto a responder a las preguntas de este comité? —el doctor Shimura interrumpió el duelo de miradas de ambos profesores.
—Sí.
Cuando Suigetsu se hubo recuperado de la sorpresa, se colocó al lado de Sasuke.
—Doctor Shimura, mi cliente no ha venido solo. ¿Me concede un momento para hablar con él?
Cuando él asintió, Suigetsu empezó a susurrarle rápidamente algo a Sasuke al oído.
Hinata se dio cuenta en seguida de que a él no le gustaba lo que estaba oyendo, por lo que no le extrañó cuando éste le dijo que no a su abogado con la cabeza.
Con una mirada severa, hizo callar a Suigetsu.
—Estoy dispuesto a responder a sus preguntas, pero no delante de la señorita Hyuga. Algunas de las respuestas son de carácter personal y por... bueno... por varias razones, prefiero que sean confidenciales.
El doctor Shimura lo observó atentamente antes de asentir.
—Muy bien. Señorita Hyuga, puede retirarse por el momento, pero no abandone el edificio. Podemos necesitarla más adelante.
—Si el profesor Uchiha piensa difamar a mi clienta, puede hacerlo delante de ella —protestó Konan.
—Las normas de la universidad y del sindicato de profesores aseguran la confidencialidad en todos los procesos judiciales. —La voz de Shimura era fría como el hielo.
Tras consultar un instante con sus colegas, asintió en dirección a Hinata.
—Si el profesor Uchiha ofrece algún testimonio que implique a su clienta, se le dará la posibilidad de defenderse. Las cuestiones que no la afecten se mantendrán en la confidencialidad. Señorita Tenshi, señorita Hyuga, pueden retirarse de momento. Mi ayudante les avisará si se requiere su presencia más adelante.
Negando con la cabeza, Konan tomó a Hinata del brazo y trató de sacarla de la sala.
Pero ella plantó los pies en el suelo con firmeza.
—Nuestra relación fue consentida. Sabía lo que estaba haciendo y no me arrepiento de nada. ¡De nada! No ha habido nada sucio en todo esto. Nunca existió acoso.
El doctor Shimura se fijó en que el profesor Uchiha se frotaba los ojos y maldecía entre dientes.
—Señorita Hyuga, tendrá oportunidad de defenderse si es necesario. Si nos disculpa...
Tirando de su clienta con más fuerza, Konan la sacó de la sala.
Hinata trató en vano de intercambiar una mirada con Sasuke antes de irse, pero éste tenía la cabeza baja y los ojos cerrados.
+.+.+.+
—¿Qué? —casi gritó el profesor Ebisu al auricular del teléfono de su oficina.
En el otro extremo del campus, Mabui, la ayudante del doctor Shimura, se volvió hacia la pared para repetir el mensaje en voz más alta.
—Le he dicho que al doctor Shimura le gustaría hacerle unas preguntas sobre el profesor Uchiha y Hinata Hyuga. El profesor Uchiha acaba de reconocer haber quebrantado varias normas universitarias. Puede mantenerse al habla mientras pongo la llamada en modo altavoz.
—Madre de Dios —susurró Ebisu, abriendo y cerrando la boca como un pez fuera del agua.
—¿Profesor Ebisu? A los miembros del comité les gustaría hablar con usted. — Mabui se volvió y miró a su jefe.
—Voy ahora mismo para allá. ¡Dígale a su jefe que no mueva un dedo hasta que yo llegue!
Colgando el teléfono de golpe, Ebisu salió de su oficina a la carrera, olvidándose de cerrar la puerta. Cruzó el Queen's Park, deteniéndose sólo para evitar ser atropellado por el tráfico y llegó a la sala de conferencias del decanato despeinado, jadeante y muy enfadado por estar en tan baja forma física.
—¡Deténganse! —exclamó, abriendo las puertas con dramatismo, antes de apoyar las manos en las rodillas para recuperar el aliento.
—Gracias por unirse a nosotros, profesor Ebisu —lo saludó el doctor Shimura, con ironía.
—He venido... tan rápido... como he podido... ¿Qué... está pasando?
Danzo Shimura le hizo un gesto a su ayudante para que le sirviera un vaso de agua al profesor Ebisu, que éste aceptó agradecido. Mientras bebía, buscó con la mirada a Sasuke, que estaba sentado estoicamente junto a su abogado.
El doctor Shimura frunció el cejo.
—Parece que las cosas no funcionan como deberían en su departamento. El profesor Uchiha acaba de confesar que acosó a la señorita Hyuga y que inició una relación sentimental con ella mientras era todavía su alumna. Nos gustaría saber desde cuándo está al corriente de esta situación.
—¿Perdón? —Ebisu se dejó caer pesadamente en una silla.
—Nos dijo que el profesor Uchiha le había informado de su relación con la señorita Hyuga en algún momento de este semestre, pero que no recordaba cuándo. Me pregunto si sabía que su relación se inició el semestre pasado.
Ebisu frunció mucho el cejo.
—¿Que yo... qué?
—El profesor Uchiha trató de ocultar su relación trasladando la supervisión del proyecto y de los trabajos de la señorita Hyuga a la profesora Tsunade Senju — explicó el profesor Mitokado—. ¿Estaba usted al corriente de todo esto? ¿Desde cuándo?
La expresión de Ebisu se volvió muy seria.
—Con el debido respeto, ¿me están juzgando a mí o a Sasuke? Me han dicho que querían hacerme preguntas relacionadas con él y la señorita Hyuga. En ningún momento se me ha comunicado que estuviese bajo sospecha. De otro modo, habría informado a la Asociación de Profesores y habría venido acompañado por un representante del sindicato.
El profesor Mitokado se dio cuenta de que se había quedado con la boca abierta y la cerró de golpe.
—Profesor Ebisu, no hace falta que se ponga a la defensiva —dijo el doctor Shimura, fulminando al profesor Mitokado con la mirada—. Sólo queremos saber si puede aportar algo de luz a la declaración del profesor Uchiha. Eso es todo.
Luego volveremos al tema de las fechas. Ahora mismo, lo que me interesa es este correo electrónico que la señorita Hyuga envió al profesor Uchiha, en el que lo acusa de acoso y le anuncia que devolverá la beca S.U. ¿Qué puede contarnos al respecto?
Ebisu miró a Sasuke de reojo. No tenía ni idea de qué lo había empujado a confesar. No tenía sentido. Si no hubiera abierto la boca, el comité lo habría tenido muy difícil para demostrar nada. Pero al haber hablado, había puesto su carrera a disposición de quienes lo estaban juzgando, en un acto que sólo podía describirse como un haraquiri académico. Y, además, lo había comprometido a él con su confesión, lo que no le hacía ninguna gracia.
—No tenía conocimiento de ningún acoso. Como catedrático de Estudios Italianos, me ocupo de que las normas universitarias se cumplan escrupulosamente. — Con una mirada en dirección a Mabui, añadió—: Y me gustaría que mi expediente administrativo constara en acta.
Con un gesto, el doctor Shimura le indicó a su ayudante que accedía a su demanda.
—¿La señorita Hyuga ha interpuesto una demanda por acoso? —preguntó Ebisu a los miembros del comité.
Éstos negaron con la cabeza.
—¿Puedo ver ese correo?
Cuando el doctor Shimura asintió, Mabui le alargó una copia.
Mientras leía, Ebisu trató de obtener alguna información del lenguaje corporal de Sasuke, mirándolo de reojo de vez en cuando. Pero él permanecía inmóvil, mirando al frente, abriendo y cerrando los puños. Imposible deducir qué mosca le había picado.
—Dado que la señorita Hyuga no lo denunció, supongo que es que cambió de idea. Tal vez escribió el correo en un momento de enfado y luego, al reflexionar con calma, se dio cuenta de que se había equivocado. No parece que se lo haya tenido en cuenta más adelante. —Ebisu le devolvió la copia a Mabui.
—¿Qué sabe de la beca? —preguntó la profesora Utatane.
Él se volvió hacia Danzo Shimura para responder.
—En su momento, informé al decano de que una organización filantrópica estadounidense, cuyo nombre no recuerdo, se había puesto en contacto con nosotros, ofreciendo una beca a una de nuestras alumnas. La fundación quería que la tuviera el alumno con mejores calificaciones de nuestro departamento. Es todo lo que recuerdo.
—¿Qué conexión hay entre el profesor Uchiha y la beca?
—Ninguna, que yo sepa —respondió Ebisu, encogiéndose de hombros.
El profesor Mitokado unió las manos y las apoyó encima de la mesa.
—Me cuesta creerlo. Hay coincidencia de nombre, departamento y alumna. Son muchas coincidencias. Además, la señorita Hyuga parece haber llegado a la misma conclusión. ¿Por qué, si no, amenazaría al profesor con rechazarla?
Ebisu le dedicó una sonrisa melancólica.
—¿Recuerda cómo era su vida de estudiante? ¿Vivir a base de fideos y café por la falta de sueño? Los estudiantes tienen todo tipo de conductas extrañas bajo esas circunstancias. Estoy seguro de que todos nosotros hemos visto a los estudiantes hacer cosas incluso más raras.
Les aseguro —continuó, señalando a Sasuke con la cabeza— que el profesor Uchiha no tiene ninguna relación con la beca. Yo fui quien se la asignó a la señorita Hyuga y lo hice basándome en su expediente, ya que es la alumna matriculada en el programa de cursos de doctorado con mejores calificaciones. Si quieren saber más detalles sobre la fundación que patrocina la beca, pueden hablar con Matsuri, la encargada de las donaciones.
Sasuke hizo un esfuerzo para disimular la sorpresa. No había esperado que su jefe lo defendiera. Se removió en la silla y se pasó una mano por el pelo, esperando la respuesta de Shimura.
—No será necesario —dijo éste, quitándose las gafas y mordisqueando una de las varillas, pensativo—. Como ya sabe, el profesor Uchiha ha asumido toda la responsabilidad de su relación con la señorita Hyuga. Ha admitido que se aprovechó de su vulnerabilidad, prometiéndole que se ocuparía de todo. La aparición en escena de la profesora Senju, así como el nerviosismo de la señorita Hyuga, parecen confirmar sus afirmaciones.
Dado que el profesor Uchiha detentaba una posición de poder sobre ella y dado que varios testigos han afirmado que el profesor fue muy duro con la joven a principios de curso, ponemos en duda que su relación fuera consentida. —Al decir esto, se volvió hacia la profesora Utatane, que asintió triunfalmente—. Por consiguiente, nos inclinamos a perdonar su perjurio, ya que se cometió bajo presión y desestimamos la demanda contra ella. A menos que usted tenga alguna razón para que no lo hagamos.
Sasuke dirigió una mirada tan amenazadora a Ebisu que éste casi se encogió.
—No, no veo ninguna razón para sancionar a la señorita Hyuga. —Incómodo, se tiró del cuello de la camisa.
—Le propondremos a la señorita Hyuga que considere presentar una demanda por acoso. Aparte de eso, teniendo en cuenta que el profesor se ha mostrado muy colaborador, no veo motivo para seguir alargando este asunto. Sin embargo, me pregunto si no debería sugerirle al rector una investigación de oficio del Departamento de Estudios Italianos. Hemos recibido una demanda de acoso de otra estudiante, la señorita Uzumaki. Y la señorita Hyuga ha interpuesto a su vez una demanda contra ella. Son muchos acontecimientos desafortunados para un solo semestre, profesor Ebisu. ¿Qué está pasando en su departamento?
Ebisu enderezó la espalda.
—Estoy tan sorprendido y disgustado como usted. Pero no puedo entrometerme en la vida privada de los miembros de mi departamento.
—No, pero esperamos que garantice un entorno seguro para sus estudiantes, especialmente para las mujeres. —El tono de la profesora Utatane era severo y reprobatorio.
El doctor Shimura la interrumpió.
—A pesar de todo, profesor Ebisu, soy consciente de su reputación intachable y de la buena imagen de su departamento. Por eso me gustaría conocer su opinión sobre las consecuencias que deberían tener estas infracciones de la normativa universitaria. Le invito a que se reúna con nosotros mientras lo discutimos —añadió, haciendo un gesto con la mano para que se acercase a la mesa.
Ebisu carraspeó.
—Gracias. Pero me gustaría hablar un momento con el profesor Uchiha primero.
—Su testimonio consta en acta. Mabui le proporcionará una copia de la transcripción.
—Dado que soy su superior directo, me gustaría hacerle mis propias preguntas. Espero que, como su catedrático que soy, no me niegue ese derecho.
El doctor Shimura frunció el cejo.
—De acuerdo, tiene cinco minutos.
Agradeciéndoselo con una inclinación de cabeza, Ebisu se dirigió a la puerta, esperando a que Sasuke se reuniera con él.
Sasuke rechazó el intento de Suigetsu de acompañarlo y se dirigió lentamente hasta su viejo amigo, con los hombros hundidos.
—¿Qué coño has hecho? —le preguntó Ebisu entre dientes, dando la espalda a la mesa.
—Iban a aplazar la reunión para seguir investigando en profundidad. Hinata habría perdido la plaza en Harvard. Iban a sancionarla por fraude académico y perjurio.
—¿Y qué demonios crees que va a pasar ahora? ¡Pueden despedirte!
—Antes de declarar, mi abogado ha pedido indulgencia. Shimura ha accedido, siempre y cuando no haya incurrido en ninguna actividad delictiva.
Ebisu se frotó la cara con las manos.
—Así que has ido y lo has soltado todo. ¿Estás mal de la cabeza? Deberías haberte quedado calladito.
—¿Y arruinar la vida de Hinata? ¡Nunca!
Ebisu lo miró muy serio.
—Podrían quitarte la plaza. Si te expulsan, ninguna universidad te contratará. Ya puedes despedirte de tu carrera.
Sasuke se mantuvo firme.
—No me importa.
—¿Ah, no? Pues a mí, sí. No pienso perder a uno de mis mejores profesores por culpa de una alumna. Con los recortes que están haciendo, no podré sustituirte. Ya es bastante grave que sólo podamos tener a un especialista en Dante. ¿Cómo iba a ofrecer un programa decente sin ninguno?
—Eso no es problema mío.
—Por supuesto que lo es —replicó Ebisu—. Hinata, tú y esa... esa... Karin me están desmontando el departamento. Incluso si me dieran permiso para buscar a alguien que ocupara tu plaza, ¿quién va a querer venir a trabajar aquí cuando se corra la voz de estas demandas?
—El doctor Shimura me ha prometido absoluta confidencialidad —susurró Sasuke, testarudo—. Por eso he accedido a declarar.
Ebisu negó con la cabeza.
—No lo entiendes, ¿verdad? Soy tu amigo y me has hecho quedar como un idiota. Lo más probable es que me investiguen para asegurarse de qué sabía y desde cuándo. Voy a tener que presentarme ante Dios sabe cuántos comités y tribunales.
—Lo siento —se disculpó Sasuke secamente.
—Es lo menos que puedes hacer. Me has hecho quedar como un débil que permite que un profesor depredador campe a sus anchas acosando a sus alumnas. Tienes suerte de que sea Koharu la que está en el comité y no la catedrática de Estudios Femeninos. Ésa te habría hecho colgar por las pelotas en medio del campus.
Sasuke enderezó la espalda.
—Les aseguraré que tú no sabías nada y asumiré las consecuencias.
Ebisu dio un paso hacia él y lo miró fijamente.
—No me vengas con esos aires de mártir. Estás perjudicando a mucha gente con esa cruzada de protección de tu conquista. No es sólo tu culo el que está en riesgo de recibir una patada. El mío también. Y si nos echan a los dos, ¿quién crees que protegerá a Hinata?
—Si tratan de despedirme, los demandaré.
Ebisu cruzo los brazos.
—Será demasiado tarde. En cuanto te despidan, las noticias llegarán a Harvard y la reputación de Hinata quedará manchada. Habrás destrozado su reputación, la mía y la del resto de los profesores y alumnos del departamento. El escándalo nos salpicará a todos. —Negó con la cabeza—. ¿Cómo has podido hacernos algo así? E
n silencio, Sasuke apretó los puños varias veces.
Tras maldecir en voz alta, Ebisu se volvió, pero antes de que se alejara, él lo agarró del brazo.
—Lo siento.
—Es demasiado tarde para disculpas.
—No había pensado en las implicaciones que tendría para ti ni para los otros. No he pensado. —Con expresión atormentada, añadió—: Por favor, Ebisu. Ayúdanos.
Su amigo lo miró sin dar crédito. El seguro profesor Uchiha parecía desesperado y asustado. Nunca lo había visto así.
—Has causado mucho daño tratando de protegerla. Deberías haberlo negado todo.
—Pero entonces la habrían sancionado a ella, o habrían alargado la investigación.
—Podría haberse vuelto a presentar el año que viene.
—Pero la habrían rechazado. Cuanto más se alargue la investigación, más posibilidades hay de que la información se filtre y se difunda. La comunidad universitaria es pequeña. Todo se acaba sabiendo.
—Por supuesto. —Ebisu negó con la cabeza—. ¿Cómo se te ocurre tirarte a una alumna?
Sasuke se sulfuró y dio un amenazador paso hacia adelante.
—No me la tiré.
—No, claro. Estamos todos jodidos sólo por un capricho de Danzo Shimura.
Con las aletas de la nariz dilatadas, Sasuke se mordió la lengua para no responder.
Ebisu lo miró con decisión.
—Mi prioridad es el departamento, pero no quiero que nadie los perjudique ni a ti ni a Hinata. Demasiadas mujeres han pagado ya las consecuencias de los apetitos de sus profesores, ¿no crees?
Apretando los labios, Sasuke permaneció en silencio.
—Te ayudaré, pero a partir de ahora haremos las cosas a mi manera, ¿está claro? No voy a arriesgarlo todo sólo para que vuelvas a cagarla en cuanto me dé la vuelta.
Él pensó unos instantes antes de asentir.
—Pues ahora ya únicamente tengo que convencer al doctor Shimura para que se conforme con sólo un trozo de tu cabellera y no exija arrancártela entera.
Sin despedirse, se dirigió hacia la mesa, donde se unió al resto del comité en sus deliberaciones.
Suspirando, Sasuke dejó caer la cabeza.
Cuando Mabui fue a buscarlas para que regresaran a la sala, a Hinata no le quedaban uñas y la adrenalina de Konan había alcanzado niveles altísimos.
Inmediatamente, Hinata buscó a Sasuke con la mirada y lo que vio la alarmó. Tenía los hombros hundidos y la espalda encorvada. La cabeza inclinada sobre el pecho y las manos muy apretadas.
Lo miró fijamente, esperando que él le devolviera la mirada, pero no lo hizo.
El profesor Ebisu estaba sentado a su lado, con los brazos cruzados sobre el pecho. No parecía nada contento.
—Señorita Hyuga —dijo el doctor Shimura—, permítame que vaya al grano. En vista de lo declarado por el profesor Uchiha, puede retirarse. Informaremos a la oficina de registro de que su calificación es correcta y no debe modificarse.
Hinata abrió la boca, sorprendida.
—Haremos todo lo que esté en nuestra mano para asegurarnos de que nadie vuelva a acosarla. —Mirando hacia Sasuke, añadió—: Si el profesor Uchiha la molesta de alguna manera o si tiene dudas sobre las consecuencias de su relación con él, por favor, póngase en contacto con el profesor Ebisu inmediatamente.
Está en su derecho de presentar una demanda contra el profesor Uchiha si lo desea, pero deberá hacerlo antes de sesenta días desde el momento en que entregue el trabajo de final de programa. —Señalando a Konan con la cabeza, añadió—: Estoy seguro de que su abogada le detallará los particulares de la normativa sobre demandas por acoso. Sé que usted ha presentado una demanda contra la señorita Uzumaki, pero esperamos que ambas las retiren, teniendo en cuenta el resultado de esta vista. Es libre de marcharse cuando quiera.
—Gracias, doctor Shimura —dijo Konan, sonriéndole ampliamente a la profesora Utatane, mientras aquél recogía sus papeles.
—No soy ninguna víctima —dijo Hinata, testaruda.
—¿Perdón? —El doctor Shimura la miró por encima de las gafas.
—He dicho que no soy ninguna víctima; que nuestra relación es consentida. — Se volvió hacia Sasuke—. ¿Qué está pasando?
Él mantuvo la mirada fija en el suelo.
—Señorita Hyuga, este comité se ha asegurado de que el profesor Uchiha tuviera la oportunidad de declarar —le dijo el profesor Mitokado amablemente—. Basándonos en sus palabras, lo consideramos responsable de sus actos. Y nos comprometemos a ocuparnos de su bienestar.
—Mi bienestar va directamente ligado al suyo. Si van a castigarlo, castíguenme a mí también —replicó ella, dando un paso hacia la mesa.
Levantando la cabeza de golpe, Sasuke le dirigió una mirada furiosa.
—Señorita Hyuga, la universidad tiene el deber de proteger a sus estudiantes de ser acosados por sus superiores. Por favor, déjenos hacer nuestro trabajo. —El tono de la profesora Utatane era comprensivo.
—Estamos en esto juntos. Si él es culpable, yo también.
—No necesariamente.
—Entonces, díganme lo que ha dicho. Denme la oportunidad de responder.
Hinata miró con desesperación a los miembros del comité, con la esperanza de que alguno de ellos se ablandara.
—El profesor Uchiha ha admitido haber mantenido una relación inadecuada con usted mientras era su alumna. La profesora Senju ha confirmado que calificó su trabajo y que supervisó su proyecto de tesis. Así que estamos dispuestos a ser indulgentes con usted. A menos que insista en lo contrario.
—¡Por supuesto que insisto! Quiero que lo dejen en paz.
Los miembros del comité negaron con la cabeza.
—¿Por qué creen lo que dice él y no me creen a mí? Yo soy la alumna. Mi testimonio debería tener más peso. Él no hizo nada malo. Tienen que creerme. —Hinata estaba al borde de las lágrimas.
—Señorita Tenshi, controle a su clienta —dijo el doctor Shimura elevando la voz, irritado.
—¡Por favor! —suplicó Hinata, acercándose aún más a ellos—. Tienen que creerme. Déjenlo en paz.
—Les presentaremos un acuerdo de confidencialidad para que lo firmen todas las partes implicadas, tanto para su protección como para respetar la integridad de este procedimiento. Repito, para cualquier otro problema, diríjase al profesor Ebisu. —Y le hizo un gesto a Konan con la cabeza.
—Vamos, Hinata. —La abogada le tiró del brazo, pero fue en vano—. Vámonos antes de que cambien de idea.
—Sasuke, ¿qué ha pasado? —Hinata dio un paso hacia él, pero la punta de la bota se le enganchó en la alfombra y se cayó de rodillas.
Cuando él levantó la cabeza, sus miradas por fin se cruzaron. Hinata ahogó una exclamación al ver sus ojos tan fríos y carentes de expresión.
Sasuke volvió a agachar la cabeza.
En un instante, el fuego que corría por las venas de ella se transformó en hielo.
Konan se apoyó en el lavabo del servicio de señoras mientras su clienta lloraba sentada en una silla. Sacó su celular de la cartera y revisó los correos recibidos antes de volver a guardar el aparato.
—Conozco a Suigetsu. Si de él hubiera dependido, Sasuke no habría abierto la boca. Le habría puesto una demanda a la universidad y habría tratado de demostrar que todo había sido culpa tuya. Nunca habría aceptado este resultado. —Miró a su clienta con severidad—. ¿Sabes si hay algo? ¿Algún secreto que Sasuke no quiere que salga a la luz? ¿Algo extremadamente dañino para su imagen?
Hinata negó con vehemencia. Había consumido drogas, pero eso quedaba en el pasado, igual que su promiscuidad y su experiencia con la profesora Terumi. Por supuesto, estaba la insignificante cuestión de los grabados de Botticelli comprados en el mercado negro, pero a ella no se le ocurriría contarle esa información a nadie y menos aún a Konan.
—¿Estás segura? —insistió la abogada, con los ojos entornados.
—No hay ningún secreto. —Hinata sorbió por la nariz y se sonó con un pañuelo de papel.
—En ese caso, debe de ocultarte algo a ti también. No puedo imaginar qué podría ser más negativo para su imagen que una relación inadecuada con una alumna. Pensaba que no se habían acostado hasta el final del semestre.
—Y así es.
—Entonces, ¿por qué les ha dicho que estaban juntos mientras aún eras su alumna?
—¿Crees que lo despedirán?
—No. —Konan soltó el aire con fuerza—. Uchiha tiene plaza fija y el catedrático lo apoya. Se notaba en su lenguaje corporal. Aunque Danzo Shimura es un cabrón pretencioso. ¿Quién sabe lo que pasa por su cabeza?
—¿No crees que Sasuke haya mentido para protegerme?
La abogada reprimió una sonrisa condescendiente. No hubiera sido adecuado sonreír en ese momento.
—Los seres humanos somos egoístas. Se estaba protegiendo a sí mismo. O bien trataba de ocultar algún secreto que no quería que saliera a la luz o bien ha intercambiado la confesión por clemencia. Sasuke se ha rebelado contra Suigetsu y se ha negado a que éste lo defendiera de los cargos. De no ser así, aún estaríamos sentadas en esa sala.
Hinata se acercó al lavabo y se lavó las manos y la cara, tratando de ponerse un poco presentable.
Konan la miró negando con la cabeza.
—No quiero ser cruel pero, francamente, no creo que se merezca tus lágrimas.
—¿A qué te refieres?
—Estoy segura de que has sido una distracción excitante, un contraste interesante con sus otras mujeres. Supongo que te habrá dicho cosas bonitas para que te acostaras con él y mantuvieras la boca cerrada. Pero no puedes fiarte de hombres como ése. Nunca cambian. —Al ver la expresión horrorizada de Hinata, siguió hablando—: No pensaba decírtelo, pero una amiga mía se enrolló con él un par de veces. Se conocieron en una discoteca hará un año y acabaron follando en el lavabo.
Un día, el otoño pasado, la llamó por teléfono y volvieron a enrollarse, pero después no volvió a llamarla nunca más. Fue como si hubiera desaparecido del mapa. — Konan la miró fijamente—. ¿Por qué ibas a querer estar con alguien así? Probablemente se haya estado tirando a otras mujeres a tus espaldas mientras estaba contigo.
—No lo conoces. No lo juzgues —lo defendió ella, en voz baja pero agresiva.
La abogada se encogió de hombros y buscó el pintalabios en el bolso.
Hinata cerró los ojos y respiró hondo, tratando de procesar la nueva información.
«Sasuke y yo empezamos a vernos en otoño. ¿Se estaba acostando con otras mujeres mientras me enviaba flores y correos electrónicos? ¿Me mintió sobre Sakura?»
No sabía qué creer. El corazón le decía que le creyera a él, pero no podía negar que Konan había plantado la semilla de la duda en su mente.
Salieron al pasillo y, al acercarse a la escalera, se encontraron con Suigetsu y Sasuke. Ninguno de los dos parecía contento.
—¡Sasuke! —llamó Hinata.
Suigetsu le dirigió una mirada hostil.
—Larguémonos de aquí, Sasuke. No pueden verte con ella.
Hinata lo miró. Los ojos de él ya no reflejaban disgusto ni rechazo, pero sí ansiedad.
—¿No has causado ya bastante daño? —le espetó Suigetsu, cuando ella dio un paso inseguro en dirección a ellos.
—No le hables así. —Sasuke se interpuso entre los dos, protegiéndola con su cuerpo, aunque sin mirarla a la cara.
—Danzo y sus secuaces están a punto de salir por esa puerta —los interrumpió Konan—. Y yo preferiría estar lejos de aquí cuando lo hagan. Así que si tienen que decirse algo, que sea rápido.
—Por encima de mi cadáver —protestó Suigetsu—. Las cosas ya se han complicado bastante. Larguémonos.
Con una mirada de advertencia a su abogado, Sasuke se volvió hacia Hinata.
—¿Qué pasa? ¿Por qué les has dicho que nuestra relación fue inadecuada? — preguntó ella, mirando sus ojos oscuros y atormentados.
—«No eras consciente de tu aflicción» —le susurró Sasuke al oído, inclinándose hacia ella.
—¿Qué se supone que quiere decir eso?
—Se supone que acaba de salvarte el culo, ¡eso quiere decir! —Los interrumpió Suigetsu, señalándola con un dedo y mirándola con desprecio—. ¿Y se puede saber qué tratabas de hacer vomitando sentimientos durante toda la vista? Sabía que eras inocente, pero no me imaginaba que además fueras estúpida.
—Suigetsu, aparta ese dedo de la cara de la señorita Hyuga o te lo arrancaré de la mano. —La voz de Sasuke, apenas un susurro, era tan amenazadora que provocaba escalofríos—. Nunca te dirijas a ella en ese tono. ¿Está claro?
El abogado cerró la boca.
Konan aprovechó la oportunidad para atacarlo.
—Mi clienta está mejor lejos de cualquiera de los dos. No finjas que no pensabas acusarla de todo para salvar a tu cliente, maldito cobarde.
Suigetsu maldijo entre dientes, pero no se defendió.
Hinata miró a Sasuke a los ojos, pero él había vuelto a colocarse la máscara de indiferencia.
—¿Por qué ha dicho el doctor Shimura que iban a protegerme de ti?
—Tenemos que irnos. Ya. —Suigetsu trató de llevarse de allí a Sasuke al oír ruido cerca de la puerta de la sala.
—¿Te han despedido? —preguntó Hinata con voz temblorosa.
Dirigiéndole una mirada afligida, él negó con la cabeza.
—Buen trabajo, Suigetsu. Seguro que estás muy orgulloso de ti mismo —se burló la abogada—. ¿Has tenido que venderle tu alma a Danzo? ¿O sólo tu cuerpo?
—Chúpamela, Konan.
—Entonces, ¿conservas el trabajo pero no puedes hablar conmigo? ¿Y qué me dices de anoche, Sasuke? —Hinata alargó una mano temblorosa para acariciarlo, pero él se apartó de su alcance, negando con la cabeza y mirando de reojo a Suigetsu y Konan.
Me prometiste que nunca me follarías, pero ¿qué fue lo de anoche? Ni una palabra, ni un «te quiero», ni una nota antes de marcharte. ¿Era eso? ¿Un polvo de despedida? —El susurro de ella se convirtió en un sollozo—. ¿Quién es el follaángeles ahora?
Sasuke hizo una mueca de dolor.
Fue algo más que una mueca. Fue como si acabara de recibir un puñetazo. Cerró los ojos y gimió débilmente, mientras se apoyaba en los talones y apretaba mucho los puños.
Todos vieron como palidecía de golpe.
—Eso me ha dolido, Hinata —murmuró.
—¿Conservas el trabajo a cambio de no hablar conmigo? ¿Cómo has podido acceder a eso? —gritó ella.
Él abrió los ojos. —¿Me crees capaz de presentarme en tu casa, echarte un polvo y dejarte sin decirte adiós?
Sasuke estaba apretando los puños con tanta fuerza que le temblaban.
—¿Me estabas dejando? —Hinata volvió a sollozar.
Él le dirigió una mirada intensa como un rayo láser, como si estuviera tratando de comunicarse con ella sin palabras. Inclinándose hacia adelante hasta que sus narices estuvieron casi juntas, susurró:
—No te follé. Nunca te he follado. —Y apartándose un poco, continuó—: Estabas a punto de tirar tu futuro por la borda. Tantos años de duro trabajo, tantos sacrificios... Iban a arrebatártelo todo y no habrías podido recuperarlo. No iba a quedarme de brazos cruzados viendo cómo te suicidabas académicamente. Te dije que bajaría a los infiernos a rescatarte si hacía falta y eso es lo que acabo de hacer. — Alzando la barbilla, añadió—: Y volvería a hacerlo.
Hinata dio un paso hacia él y le clavó un dedo en el pecho.
—¿Quién te da derecho a decidir por mí? Es mi vida y son mis sueños. Si yo quiero renunciar a ellos, ¿quién demonios eres tú para impedírmelo? Se suponía que me amabas, Sasuke. Se suponía que tenías que ayudarme a caminar por mí misma. Y en vez de eso, llegas a un acuerdo con ellos. Tu trabajo a cambio de nuestra relación.
—¿Querés acabar de una vez? —Los interrumpió Konan—. El doctor Shimura está a punto de salir. Vámonos, Hinata. Ahora mismo.
Mientras tiraba del codo de su clienta, Suigetsu se interponía entre los amantes.
—¿Eso es todo? ¿Te dicen que tienes que dejarme y me dejas? ¿Desde cuándo sigues las normas establecidas, Sasuke? —le echó en cara Hinata, furiosa.
La expresión de la cara de él cambió inmediatamente.
—No he tenido elección, Eloísa. Las circunstancias nos han superado.
—Pensaba que mi nombre era Beatriz. Pero claro, Abelardo abandonó a Eloísa para no perder su trabajo, así que supongo que el nuevo apodo es más adecuado —le espetó ella, mientras se apartaba un poco.
En ese momento, el profesor Ebisu salió al pasillo. Frunciendo el cejo, se acercó a ellos.
Bajando aún más la voz, Sasuke dijo:
—Lee mi sexta carta. Párrafo cuarto.
Hinata negó con la cabeza.
—Ya no soy tu alumna, profesor. Ya no puedes ponerme deberes.
Konan se la llevó casi a rastras. Y luego, ambas mujeres bajaron la escalera a la carrera, mientras los miembros del comité salían al pasillo.
Continuara…
