Declaimer: Los nombres de los siguientes personajes son propiedad de JK Rowling y la W•B. Nombres que no aparecieron en Harry Potter, son propiedad MIA (EmmaPotter15) y de nadie más, si alguno se parece a la realidad es pura coincidencia.
ººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº
35
Tentaciones
Ya una semana había trascurrido desde la última vez en que se vieron Harry y Hermione.
El moreno había regresado a los campos de entrenamiento con los Chudley Cannons, pues todo se había mejorado y Ronald se tuvo que tragar su orgullo ofreciendo disculpas en público a todo el equipo. Pero como la actitud del viejo capitán no le había agradado para nada a la Liga Internacional de Quidditch, decidieron que lo mejor sería destituir a Ronald de su cargo y remplazarlo por…
- ¡Harry, pero tenemos que hacer un brindis! – Le decía Kevin Darwich al nuevo capitán – Sé que es el primer día y las semifinales están próximas arribar pero…no todos los días se tiene a Harry Potter como capitán.
- Kevin tiene razón – concordó Catherine con aquellos ojos tan expectantes que solo ella tenía – Un brindis chiquito no le hará daño a nadie.
- Pero muchachos…
- Harry –le suplicó Nathalie haciéndole ojitos de cordero –Solo un brindis…chiquito… ¿sí?
- ¿Y quién trae el trago? – preguntó con indiferencia sintiendo que la pregunta sobraba.
- ¡Yo lo traje! – le comentó David sacando varias botellas de whisky de fuego – Y también los vasos.
- De acuerdo – accedió por fin derrotado – Pero soplo una copa, no quiero ebrios volando por el campo.
- ¡Como mande, capitán! – exclamó Kelly haciendo la pantomima del saludo a un general.
Harry se río por lo ridícula que podía ser esa chica, y tomando la copa que su amigo Kevin le ofrecía, se unió al brindis.
OoOoOo
Hermione había por fin terminado el reporte sobre el nuevo equipo de los Cannons, aunque le fue algo difícil ya que tuvo que entrevistar a Harry cuatro días después de su pequeña charla.
- ¿Segura que ya no quieres el seguimiento? – Le preguntaba Phil, a la hora del almuerzo –Mira que sería una gran oportunidad para que sobresalieras entre los medios internacionales.
- Lo sé – admitió la castaña con un poco de tristeza – Pero…tengo razones personales para no seguir con el seguimiento. Igual, ya hice el informe mayor y pues lo demás solo son entrevistas.
- ¡Que te llevaran a la fama!
- La fama no me interesa Phil – le aseguró la castaña con una medio sonrisa – Me interesa es mi tranquilidad.
- De acuerdo, si eso te hace feliz – y agarrando el reporte que la castaña le había traído, sonrió.
- Le diré a Erika que se encargue del seguimiento, fue la que quedo en segundo lugar en las elecciones.
- Seguramente se va a poner muy contenta – comentó la castaña con la voz apagada. Phil asintió, y despidiéndose de la ojimarron, se perdió de vista.
ººººººººººººº
No se sabía quien estaba más nervioso, si Dean o Lavender, pues los dos se encontraban en el cuarto del hospital esperando a que la mujer rompiera fuente.
- ¿Por qué mejor no sales, amor? – Le propuso su esposa al ver la palidez en la que se encontraba el joven – Así tomas algo y charlas con Ron.
Pero Dean negó con terquedad – No, quiero quedarme aquí.
- ¿Estás seguro? – le preguntó con el ceño fruncido – Mira que luego te desmayas cuando rompa fuente. Dicen que eso es muy escandaloso.
- ¿En serio? – Su mujer asintió – Ah bueno, entonces…yo…no te molesta si te espero afuera, ¿verdad?
- No, cariño, puedes irte si quieres – el joven sonrió, y dándole un beso en los labios, toco el protuberante vientre de la chica – Suerte, te amo.
- Y yo a ti.
- ¡Sabía que no resistirías! – Le espetó el pelirrojo cuando vio salir a su viejo compañero de escuela de la sala de partos – Me debes 10 galeones Fred.
El gemelo, el cual se encontraba junto a Parvati, refunfuño a lo bajo y sacó diez monedas de oro y se las entregó de mala gana a su hermano.
- Parece que has perdido tu táctica, Freddy – le bromeó su novia cruzada de brazos.
- ¡Cállate! – le espetó el gemelo guardando su billetera.
- ¿Y cómo esta Lavender? – le preguntó Luna llegando con una taza de tila para los nervios.
- Bien…- contestó el joven agarrando la taza temblorosamente – Aunque me siento mal por no acompañarla.
- No te preocupes, si quiera tú tuviste la delicadeza de entrar con ella a la sala, no como otros maridos que conozco pero no quiero decir el nombre… – y miro de reojo al pecoso, el cual contaba las monedas que le había entregado su hermano – Que cuando le dijeron que su esposa iba a dar a luz, se perdió de vista y no lo volvieron a ver hasta después de varias horas de sufrimiento.
- ¡Ya te pedí disculpas por ello! – Comentó el pelirrojo un poco indignado – No me mortifiques más.
- ¿Y quien dijo que eras tú? – Preguntó cruzada de brazos mirándolo fijamente - ¿Acaso sientes remordimiento? – y se río al ver como las orejas de su esposo se ponían coloradas.
- Todo va a salir bien, Dean – le aseguró la señora Weasley con una sonrisa – Verás que esa nena va a nacer perfecta.
- ¡Merlín la oiga, señora Weasley! ¡Merlín la oiga!
- Es una pena que ni Harry ni Hermione hayan podido venir – comentó Tonks agarrando la mano de su novio – Hubiera sido tan lindo.
- Dudo mucho que ellos quieran estar juntos después de lo acontecido hace una semana – dijo Luna con expresión seria – Lo último que ellos quieren es verse.
- También hubiera sido lindo que asistieran Ginny y Neville – dijo Remus palmeteando la mano de la metamorfomaga – Es una lástima que ya no estén juntos.
- Bueno, yo creo que fue lo mejor – comentó la señora Weasley con supremacía – Ginny se merece a alguien que le de la talla, no como Neville.
- Neville le daba la talla, mamá – intervino Ron un poco ofuscado – Y lo sabes.
- Tal vez – admitió la pelirroja con bochorno – Pero mi Ginny se merece a alguien con más clase…a alguien que sepa de la vida, a alguien como…
- ¿Draco Malfoy? – preguntó su hijo un poco alterado.
La rechoncha señora abrió los ojos como platos y se cruzo de brazos.
- Ronald…
- ¡Molly, recuerda que estamos en un hospital! – Intervino su marido tocándole el hombro – Cálmate.
- Pero Ronald…
- Tú sabes muy bien, mamá, que lo último que Ginny haría es estar con una alimaña como Malfoy – le espetó su hijo con rudeza.
- ¡Eso lo sé!- admitió la pelirroja con la cara colorada como su cabello – Y se también que Ginny nunca haría algo que dañase la reputación de la familia.
- ¡Por fin le crees a tu hija!
- ¡Siempre le he creído! – Exclamó la mujer algo indignada – Solo que estaba un poco ofuscada cuando lo comento.
- ¡Pues que extraño! Tu siempre estas ofuscada.
Pero antes de que Molly pudiese responderle a Ronald, Luna se levantó y ofreció traer pastelillos para todos.
- ¿Me puede ayudar, señora Weasley?
oOoOoO
La casa ya no era la misma desde que Ginevra se había marchado. La soledad era el único ambiente que se respiraba dentro, y la limpieza brillaba por su ausencia.
Habían calcetines sucios hasta en la mesa de centro, y en la cocina no se podían conseguir si quiera un tenedor limpio; y no era porque Neville no supiera lavar, solo que le dolía un poco las costillas después de aquel enfrentamiento que había tenido con Malfoy en ese bar.
No era que el joven Logbottom fuera mal peleador, solo que, bueno…Malfoy lo doblegaba en fuerza y el no tuvo más remedio que arremeterlo a patazos y empujarlo con todas sus fuerzas hacia una mesa llena de botellas y vasos.
Aunque claro, aquello causo que el Slytherin se enfureciera tanto por haberle manchado su traje de channel, que lo azoto a golpes en el estomago y no se canso hasta que el dueño del lugar llamo a la policía y los sacaron por formar alboroto en un establecimiento público.
"- Esta me las vas a pagar, Logbottom" le había amenazado el blondo cuando pudo salir gracias a una buena suma de dinero sacada de su cuenta bancaria.
"-La próxima vez ten más cuidado, ¿quieres?" le había aconsejado su compañero de escuela Harry, una vez que este no tuvo más remedio que llamarlo e interrumpirle los entrenamientos y pedirle que lo sacara de la cárcel.
"– Cuando desees pelar con Malfoy, llámame, así tendrás respaldo"
Y una vez que el joven Potter lo había dejado a la entrada de su casa, el carirredondo se sumergió en una agonía total que vio muy difícil salir de ahí.
- Ginny – dijo con amargura bebiendo un largo sorbo de su coñac - ¿Por qué Ginny, porque?
oOoOO
Aunque claro que la joven pelirroja no lo estaba pasando tan bien como Neville. Pues luego de aquella visitan tan "peculiar" la pelirroja no hacía nada más que llorar desconsolada en la soledad de su habitación, ignorando a su madre parada en la puerta cada vez que sus quehaceres le permitían:
- ¡Ginevra Molly Weasley, abres en estos momentos la puerta o te juro que la lanzo con un bombarda! – la amenazaba su madre con la varita en ristre y mirando con furia la fachada de la puerta.
Pero Ginny no dijo nada, como siempre, solo se escucho el silencio.
- ¡Ginevra abre ya esa maldita puerta! No puede ser que te pongas así por un escuincle que no vale la pena – le decía su madre de grito en cuello, con el rostro tan rojo como su cabello – ¡No te comportes como una chicuela, sal de la habitación ahora mismo, ya llevas una semana en lo mismo, por dios! ¡Abre la maldita puerta Ginevra!
- Creo que no lo hará, cariño – comentó su esposo al final de las escaleras. Su rostro era sereno y demostraba quietud, muy al contrario del de la rechoncha señora que tenía el rostro muy lívido.
- Pero tiene que hacerlo, Arthur – dijo su esposa con los labios apretados – Ya lleva una semana de aislamiento, no puede seguir así, le puede hacer daño.
- Pero si ella quiere hacerlo – le dijo su esposo dedicándole una sonrisa – Déjala Molly, en cualquier momento va a salir.
Pero la pelirroja le dedico una severa mirada y negó con terquedad.
- A ti no te importa nuestra hija, ¿verdad? Está sufriendo, no ha comido nada en una semana y…y temo que tampoco ha dormido. Lo único que se la pasa haciendo es llorar, como si ese escuincle valiera alguna lagrima de ella.
- A mi si me importa nuestra hija, Molly, - le aseguro Arthur con tono ofendido – Pero yo no la voy a obligar hacer algo que no quiere. Si ella se encerró es porque quiere, y va a salir en cualquier momento.
- ¿Y si no lo hace?
- Yo sé que lo hará, cariño – le aseguro su esposo con una sonrisa – Ahora ven a prepararme uno de esos deliciosos biscochos de calabaza que te quedan tan bien.
oOoOoOoO
A la mañana del sábado el teléfono sonó en la residencia Granger muy temprano, y una adormilada castaña bajó por las escaleras con cansancio.
El día de ayer había sido el peor día de oficina, pues lo único que estuvo haciendo fue recordar la noche que paso con Harry, sus caricias y aquellos besos candentes que solo él le había dado.
Había recordado aquellas vibraciones que le hizo sentir cuando se unió a su ser, y tuvo que tomar agua cuando las palabras "Te amo" entraron por sus oídos y llenaron toda su alma.
- ¿Bueno? – preguntó con voz cansina cuando el auricular iba por su cuarta timbrada.
- ¿Hermione? – la voz de Lavender resonó mucho más emocionada que la de la aludida. La castaña asintió.
- ¿Qué ocurre Lav? ¿Por qué llamas tan temprano?
- Hermione, te llamo para hacerte una invitación, pero no puedes negarte – le advirtió su ex compañera con un tono de complicidad.
La castaña suspiro, y preguntó:
- De acuerdo ¿Qué ocurre?
- Pues tú ya sabes que Nicole nació el lunes, y hoy voy hacer una cena para todos mis compañeros, y me encantaría que asistieras.
Hermione suspiro. Sabía que aquellas palabras que embarcaban "todos sus compañeros" hacían referencia a Harry, y aquello no le agrado demasiado.
- Lavender, es que hoy no puedo, tengo muchas cosas pendientes en el trabajo y…
- Te dije que no podías negarte – le recordó su amiga con severidad - Lo prometiste.
- Si Lavender, pero…
- ¿Es por Harry? – preguntó de inmediato cuando el auricular se quedo en silencio. Hermione no respondió, solo se limitó a dispersar los gemidos que se aglomeraban en su cabeza producto de una noche de pasión.
- Pues…- balbuceó si ella ya lo sabía, ¿había necesidad de confirmarlo?
- Tú no te preocupes por eso, Herms. El va a estar en su cuento con los muchachos, y nosotras en el nuestro.
- Pero lo voy a ver – balbuceó la castaña y un leve estremecimiento recorrió su cuerpo.
Sí, volvería a ver aquellos ojos verde esmeralda que por todos esos días la habían desvelado.
Lavender bufó con exasperación, y en tono cortante, dijo:
- Te veo en mi casa esta noche a las ocho, no faltes – y despidiéndose con una risita, colgó.
La castaña quedo con el auricular en mano, y suspirando se dirigió hasta la cocina para tomar un vaso con agua.
oOooOOoOoO
No fue fácil convencer al moreno de asistir aquella noche a la cena, pero después de que Dean le dijo lo mal amigo que sería al no hacerlo, Harry desistió por fin, obligándose a ver aquella mujer que tanto daño le había hecho.
Al colgar el auricular trató de verle un lado bueno: Se despejaría un poco de una semana de arduo entrenamiento y estaría con todo el equipo de los Cannons, ya que Dean le había dicho que los podía invitar. Así que si veía a Hermione solo tendría que ignorarla y conversar con sus amigos sobre cosas de Quidditch, aunque se preguntó si podría apartar la vista de aquellos profundos ojos marrones.
Luego de bañarse y ponerse una ropa ligera, se dirigió hacia la sala con una copa grande de palomitas, pues hoy se dedicaría a vivir la vida como un muggle.
Vería en ESPN algún partido de soccer, o cualquier deporte muggle que lo obligara a tener su mente masculina alejada del recuerdo de Hermione.
Pero antes de que pudiera si quiera buscar la canal, el sonido del timbre resonó en la casa como fuertes martillazos.
Harry bufó con exasperación, y se preguntó quién demonios interrumpía sus horas de descanso.
- ¡Ya voy! – exclamó el moreno algo irritado cuando tocaron por segunda vez.
- Sí di…- pero se quedo de piedra al ver que la figura de una esbelta mujer lo saludaba con una coqueta sonrisa.
ººººººººººº
Draco Malfoy podría estar maldiciendo por el dolor de su pierna, pero era tanta la dicha que le había provocado aquella noticia que se olvido por un momento de la venganza hacia Neville.
"Una vez la joven Chang pisó su apartamento (pues las sombras de aquella mansión lo embriagaban de una soledad absoluta) con una enorme sonrisa marcada en su rostro, supo que alguna novedad había ocurrido.
- Harry ya no está con esa mosquita muerta, al parecer se odian o algo así desde hace más de una semana –le había dicho la oriental una vez estuvo dentro – Al parecer esa cita que me comentaste que iban a tener resulto ser todo un fiasco
Malfoy sonrió por la magnificencia de la causa.
- ¿Pero cómo lo sabes? – le había preguntado una vez sirvió una copa de whisky en dos vasos.
- El lunes, cuando fui a felicitar a Harry por su ascenso, Sabes que es el capitán de los Cannons, ¿verdad? – el blondo asintió para su pesar – Bueno, pues escuche sin querer una pequeña conversación que tenía con ese joven Darwich acerca de una cita mal terminada y algo sobre que se quedaba con él, o algo así.
- ¿Que se quedaba con él? – preguntó el Slytherin sin entender muy bien.
- Sí, lo único que alcance a escuchar fue algo así como: Me dejo por él.
Tras aquellas palabras la sonrisa del blondo se intensifico aún más. Por fin tenía a Granger en sus manos.
- Lo del Talismán funciono – dijo a la bajo sorprendido por el artefacto que le había vendido el viejo Terrys – A parte de borrarle todos los recuerdos a Hermione que involucraran a San Potter, también enredo ciertas cosas que pasaron entre nosotros antes del accidente.
Chang levanto el entrecejo, un poco confusa. Malfoy suspiro, ¿acaso le tenía que explicar todo? La próxima vez se conseguiría una aliada más inteligente.
- ¿Y te dices ser una Ravenclaw? – Comentó con ironía – En fin. El talismán, aparte de borrar los recuerdos de Hermione que inmiscuían a Potter, al parecer logro cierta…confusión en los sentimientos de ella. Pues una vez San Potter desapareció de sus memorias, todo amor que ella sentía por el se esfumo, pero de una manera precaria, ya que ella volvería a verlo y comenzarían a renacer aquellos ridículos sentimientos para con él; pues el artefacto controlo sus memorias, pero no su corazón – y torció la boca al pensar en aquello – Pero si altero lo que yo quería que sintiera por mí. En pocas palabras los pocos recuerdos que tenía conmigo, es decir, aquel beso ese diciembre y otras cosas, se transformaron en un pretexto para que ella sintiera algo – se quedo pensativo, mientras tomaba un largo sorbo de licor - Lo que puedo deducir es que ella dejo a Potter porque de alguna manera se sentía, ¿Cómo decirlo? Obligada a corresponder con los sentimientos que el talismán le formo, provocando una ligera confusión con lo que sentía por Potter desde antes del accidente, y con lo que sentía por mí.
- Que bajo – comentó la oriental sorprendida por las artimañas de su compañero – No me imagino aún lo lejos que puedes llegar por Granger.
- ¿Tu quieres a Potter para ti sola, o no? – Chang asintió – Entonces calla y no comentes.
La pelinegra guardo silencio y suspiro.
- Lo que…lo que coloque en el anterior hotel Hilton, ¿era…una representación de la lujuria y la obsesión que sietes por Granger, envuelto con el odio que le tienes a Harry? – Malfoy abrió los ojos, sorprendido porque su compañera usara su cabeza.
- Así es – admitió – Se podría decir que la mejor forma de representarlo fue el fuego, tan fuerte y que destruye todo a su paso.
Cho no comentó nada, solo se limitó a sentir y desviar su vista al suelo.
- Mejor me voy – dijo con inquietud dejando a un lado la copa de whisky – Nos vemos después, Draco.
Y sin decir nada más, se había marchado"
Hermione había dejado a Potter por él, esa seguramente había sido una de las mejores noticias que su inepta ayudante le pudo dar. Sonrió al pensar en las maravillas que haría con ella, y le agradeció al viejo Terrys.
ºººººººººº
- ¿Pero que haces aquí, Cho? – la inesperada visita de la oriental causo en Harry un dejo de sorpresa, pues a todo el mundo se imaginaba excepto ella.
- Vine a visitarte – dijo un poco abochornada ocultando un mechón de su cabellera - ¿Puedo entrar? Es que hace mucho frío.
El moreno asintió, y dejando abierta la puerta para que la joven pasara, se acordó de que se encontraba en pantaloneta y camisilla. Sus mejillas se tornaron rojas.
- ¿Estabas descansando? – le preguntó su ex novia mirándolo de arriba abajo. Aquello lo intimido un poco y negó con torpeza.
- No, es que…he…iba hacer unos arreglos a la casa y por eso me vestí así – mintió – Yo…espérame en la sala, ya vengo.
-No tardes – le gritó la ex Ravenclaw guiñándole un ojo. Potter asintió.
Sentándose en el sofá se cruzó de piernas y comenzó a subirse un poco la altura de su falda. Pues sin Hermione alrededor podría volver a conquistar a Harry como lo había hecho ya tantos años atrás.
Comenzó a buscar con desesperación algo decente para usar, pues no podía salir con cualquier trapo a donde Cho, sería inaudito.
No podía negar que Cho estaba divina, aquella falda le hacía ver las espectaculares piernas que poseía y esa blusa…meneó la cabeza para dispersar ciertos pensamientos.
Eligiendo un pantalón caqui y una camisa blanca de mangas largas, sé colocó los zapatos y bajo por las escaleras.
- Discúlpame por la tardanza – comento entrando en la sala y tratando de evitar que sus ojos giraran hacia el muslo derecho de la muchacha.
- No te preocupes – dijo la joven con un tono muy sensual – Me entretuve viendo tus fotografías.
Harry vislumbro la única foto que no había tirado al cesto de la basura: era del trío de oro, una de aquellas fotos mágicas que Hermione le había regalado una vez recordó quien era.
- Sí – dijo con melancolía tratando de no ver el plácido rostro de su compañera.
- ¿Y cómo vas con ella? – le preguntó Chang, el hombre sabía a quién se refería.
- Mal – contestó a lo bajo con una amarga sonrisa – Terminamos hace poco.
- ¿En serio? – la voz de la oriental sonó muy apenada, y Harry le sonrió.
- Cuanto lo siento, ustedes hacían una pareja tan linda – el moreno asintió muy a su pesar.
- Sí, bueno, seguramente no éramos el uno para el otro – Cho asintió.
- Sí, seguramente tú necesitas a alguien más de tu talla – y dejando la foto sobre la mesa, se acercó más a Harry.
-¿Y cómo va el entrenamiento? El próximo mes se enfrentan contra Los Ballycastle Bats ¿verdad? – Potter sonrió, satisfecho por cambiar de tema.
- Sí, y bueno, nos ha ido muy bien gracias a dios – Cho asintió.
- Supe que eres el nuevo capitán – comentó con una sonrisa muy coqueta – Felicidades.
- Sí, gracias – y la miro a los ojos, agradeciéndole. Cho asintió.
- ¿Y ya el equipo está completo? – Harry asintió, un poco abochornado.
- Sí, Catherine regreso y Ronald lo despidieron del cargo por lo que ocurrió y ya lo remplazamos – Cho asintió.
- Me alegra – y se quedaron mirando fijamente, con la vista perdida.
- Harry, ¿te acuerdas cuando nos hicimos novios? –El muchacho asintió - ¿Qué loco, no?
¿Y nuestra primera cita?
- Sí, como olvidarla, si hiciste un alboroto cuando te comente que me vería con Hermione en unas horas – la muchacha se encogió de hombros abochornada.
- Bueno, es que entiéndeme, tú me gustabas mucho y me daban celos que estuvieras con ella. Porque como entre amigos, pues…
- Hermione solo era mi amiga – le recordó el moreno con un poco de dolor al pronunciar su nombre.
- Pero se convirtieron en algo – el moreno asintió para su pesar.
- Sí, pero ya no somos nada.
- Y eso me alegra mucho – la amplia sonrisa de la mujer se extendió hasta sus ojos, y Harry también sonrió, satisfecho de poder hacerlo.
- Me alegro mucho de que estés aquí, Cho.
La oriental asintió, y acercándose con parsimonia, lo miro a los ojos.
- Tus ojos no han cambiado nada – le comentó acariciándole el rostro – Me preguntó si…- y acercando su rostro al de Harry poso sus labios en los del moreno.
El ojiverde se quedo estático por unos segundos, y después vio el rostro enrojecido de la pelinegra.
- Lo siento – se disculpo en un susurro rozando su labios con lo de el – Solo que…quería saber…si no han cambiado tus besos – Harry se pasó la lengua por sus labios, y acariciando su rostro, sonrió.
- Claro que no – y acercando con delicadeza el hermoso rostro de su compañera, rozo sus labios.
Primero fue el leve roce, después, los labios de la oriental se abrieron con lentitud, para dejar cabida a una cálida lengua ajena.
Harry se adentro en aquella cavidad que no había recorrido en años, y con un poco de temor comenzó a saborear el sabor a pera que la chica emanaba.
Toco con la punta de la lengua su paladar, y después se unió a aquella lengua inquieta que estaba deseosa por volver a probar su sabor. Primero fue un beso tranquilo, pues estaban navegando en un mundo que habían olvidado, pero después la mano de Harry se enredo en el cuello de Cho, y la atrajo más a su cuerpo.
Por su parte Cho acariciaba los rebeldes cabellos del morenos, aferrándolo aún más a su rostro.
Sus pulmones se estaban quedando sin aire, pero aquello no impidió que aquel beso se tornara pasional, deseoso a experimentar otra índole, otro camino.
Cuando los pulmones de la oriental le pidieron a gritos una bocanada de aire, se separaron con brusquedad, mirándose fijamente.
- Al...al parecer no…no han cambiado…n-nada – comentó la pelinegra entre jadeos. Harry asintió, y acariciando su rostro, sonrió.
Sabía que lo había hecho estaba mal, pues sus sentimientos no pertenecían a aquella hermosa mujer, pero es que había sido tan irresistible, y aquel sabor a pera era…
- Increíble – dijo a lo bajo mirando sus ojos extasiados – No has cambiado en nada.
ººººººººººº
Todo estaba listo en la residencia Thomas Brown, y a las ocho y cuarto comenzaron a llegar los invitados.
Los primeros en arribar fueron el señor y la señora Weasley, junto Ginny, la cual se encontraba un poco demacrada a causa de su encierro.
- ¡Bienvenidos! – Exclamó la mujer un poco esbelta por su embarazo – Me alegro que asistieran.
- Gracias por sacar a Ginny de su encierro – le agradeció la pelirroja con una sonrisa. Lavender asintió.
- No hay problema.
Luego de la familia Weasley llegó Ron, con Luna y su hija Dulce.
- ¡Estas hermosísima, Luna! – Exclamó Lavender al admirar el hermoso vestido azul turquí que vestía la mujer para la ocasión – Te combina con tus ojos – la ex Ravenclaw asintió abochornada, y seguida de su marido, entraron a la casa.
El timbre volvió a sonar media hora después de que los gemelos Weasley hicieran su arribo a la casa.
En esa ocasión fue Dean quien abrió la puerta, pues su esposa se encontraba sirviendo el champagne a los recién llegados.
- ¡Neville! Que gusto verte – dijo abrazando a su viejo compañero. El carirredondo asistió.
- Sí, a mí también me alegra verte – su rostro estaba cansado y ojeroso, se veía a simple vista que no había dormido en días.
- Uff, Neville, ¿desde cuándo estas tomando? – le preguntó Dean tapándose la nariz por el hedor que emanaba su compañero. El muchacho negó.
- No sé, hace como…dos semanas, quizás – admitió sin vergüenza. Dean negó con la cabeza, y conduciéndolo hasta la sala, le murmuró:
- Voy a darte una caja de chicles, porque así no puedes hablar.
Parqueó el carro a las afueras de esa espectacular vivienda, y bajando de su lugar se dirigió hacia la puerta del copiloto para que su pareja bajara.
- Gracias – le agradeció la mujer de profundos ojos negros. Se inclino un poco para darle un fugaz beso en los labios. Harry sonrió.
- ¡Yo abro! – se ofreció la joven Brown entregándole a su esposo la caja de chicles que le había pedido.
- ¡Harry! – exclamó la mujer feliz de ver a su amigo en la puerta – Pero que bueno que viniste – dijo sonriendo. Al parecer no se había percatado de la joven que estaba a su lado.
- Dean se pondrá muy contento de que hayas venido – le comentó, luego giro sus ojos hacia Cho – Ah…y viniste acompañado – al ver el estúpido rostro de la oriental, la ancha sonrisa que se había marcado en su rostro, desapareció.
- Espero que no sea molestia – dijo el moreno a lo bajo un poco apenado.
Lavender sonrió con fuerza – No, claro que no, siempre nos sobra el veneno, digo, el champagne para los invitados.
Los jóvenes pasaron por alto la insinuación de Lavender, y sonrieron.
En aquellos momentos el convertible de Hermione se estaciono justo detrás del carro de Harry. Bajando del auto y subiendo los vidrios y la capota, dejo al descubierto un tentador vestido rojo, que terminaba en puntas y dejaba la espalda al descubierto con una caía en forma de cascada que se deslizaba hasta su derrier.
Su maquillaje era suave, y sus ojos poseían un brillo un poco menor que los de antes.
Aquella vez su cabello caía en forma de V sobre sus hombros, y le causaba una expresión más serena.
- Her…Hermione – balbuceó la mujer cuando la castaña estuvo al lado de Cho.
Hermione trato de no mirar a Harry ni mucho menos a su compañera, y suspirando, sonrió.
- Hola Lav, estas hermosa.
- Tu también – le dijo Lavender devolviéndole el gesto – Ven vamos, que Luna esta dentro – y agarrándola de la mano la entro a la casa con apuro, pues quería que su dolor fuera menor.
- No entiendo porque Harry invitó a esa mujerzuela – bufaba Luna desde la cocina. Veía por entre la puerta como Cho se reía y de cuanto en cuanto agarraba la mano de Harry o le daba un beso en la mejilla – Sí sabía que Hermione iba a estar presente.
- Seguramente fue por eso – opinó Lavender vertiendo más champagne en varias copas – Porque quería hacerla sufrir.
- ¿Pero de esa manera? ¡Es injusto! – protestó la rubia cruzada de brazos.
Lavender asintió.
- Harry está loco – comentó Parvati también un poco enojada Que hubiera traído a cualquier otra chica, pero no a ella.
- Es que es la chica el problema – comentó Luna bebiendo un sorbo de su champagne y mirando con rabia como Cho le daba un beso en los labios al moreno – Harry no debería haber traído a nadie, pues sabe que Hermione está muy dolida por lo que paso.
Sus compañeras asintieron.
En aquellos momentos Ginny entro a la cocina junto a Hermione, y las dos tenían muy mal semblante.
- Al parecer…Neville la está pasando muy bien con Kelly Sullivan – dijo la pelirroja posándose al lado de su compañera. Su mirada era triste, no parecía en nada a la Ginevra que había existido en Hogwarts.
- Harry se la está pasando muy bien, ¿verdad? – Comentó la castaña con una sonrisa fingida - Bueno, supongo que se lo merece, después de todo lo que ha pasado.
- ¿Se lo merece? – Repitió Luna incrédula – ¡Tú fuiste la que estuviste detrás de él cuando se entero de que habías sido mortífaga! ¡Tú has sufrido mucho por su amor, es injusto que él la pase bien mientras tú lloras!
- ¿Mortífaga? – repitió la intelectual un poco consternada. Lavender le dio un codazo a la rubia y esta asintió.
-Nada, olvídalo – y dijo algo entre dientes que Hermione no pudo descifrar.
- Digo que no te debes poner así por él, si el trajo su pareja, ¿Por qué no consigues la tuya? – Hermione la miro un poco incrédula.
- ¿Conseguir pareja en una cena donde todos están emparejados? ¡Sí, claro!
- Ese jovencito, ¿Cómo se llama? – Comentó Parvati yendo hacia la puerta – Así, Edward Cullen, el nuevo bateador de los Cannons, viene de Estados Unidos, ¿verdad? – Hermione asintió - ¿Por qué no te lo ligas a él? Mira que ese cabello cobrizo y esos ojos dorados lo hacen ver irresistible. Además se ve que es muy formal.
La castaña enarcó una ceja, sin poder dar crédito a las palabras de la hindú.
- ¿Estás loca? ¿Quieres que me ligue a un completo desconocido? – Parvati asintió – A penas se su nombre, y escuche a medias que proviene de un pueblo del estado de Washington, llamado Forks. ¿Y quieres que me lo ligue?
- ¿Y porque no? – Intervino Luna con una sonrisa cómplice en los labios – Ese tal Cullen es muy bien parecido, y además tiene un cuerpo.
- ¡Luna!
- Pero si es verdad – admitió la rubia – Yo amo a Ronald, pero si él tuviera el físico de ese muchacho, ¡Dios!, Haría maravillas en la cama.
Hermione negó, no podía creer lo descabelladas que se habían vuelto sus amigas.
- Sí claro, ¿Cómo quieren que le diga? – preguntó incrédula. Luego se aclaro la garganta para imitar a una típica mujerzuela a la hora de hacer una conquista – "Hola Edward, es que te vi tan solo y yo también estoy sola, me preguntaba si podríamos ser pareja esta noche, para que mis amigas estén satisfechas. ¿Aceptas mi propuesta?" ¿Así? – Luna, Parvati y Lavender se mordieron la lengua para no reírse, pero fue Luna quien hablo.
-En primer lugar, te quedo perfecta la imitación de esa Chuchanga, y en segundo lugar, comienzas con el "Hola Edward", después veremos. Hermione suspiro. ¿Es que acaso no había remedio con esta mujer?
- Y tu Ginny – hablo la ojiazul yendo hacia su cuñada – Vas a dedicarte hacer cualquier cosa, no sé, habla con David Klarson que al parecer está soltero. Pero no quiero verte sufrir porque Neville este coqueteando con otra, ¿entendido? – Ginny asintió, un poco nerviosa por la severa mirada de su amiga.
- Y tu Hermione, vas y hablas con Edward, si quiera para hacer algo – le ordenó con severidad. Hermione abrió la boca para protestar, pero en aquellos momentos entró la señora Weasley a la cocina.
- Mujeres, ¿pero porque están aquí? Lavender, Dean está preguntando por ti hace rato, y Luna, Ron esta un manojo de nervios – Las aludidas asintieron, y mirando severas a la castaña y a la pelirroja, salieron de la cocina.
Por supuesto que hablar con aquel joven Edward había sido tarea fácil, pues a pesar de que era tan serio y reservado, se mostró muy amable cuando Luna los presento mutuamente.
Primero no sabían de que conversar, pero cuando Edward sacó a colación el tema de la literatura, Hermione se sintió en su salsa.
- ¿Y has leído el Código Da vinci? – le preguntó el joven de profundos ojos dorados con una voz aterciopelada.
Hermione asintió, un poco embobada por su belleza - ¿Y entrevista con Drácula?
- Es mi favorita – admitió la mujer un poco abochornada – Y también me encanta Frankenstein, de Mary Shelley – el joven Cullen asintió.
- Me pareces una mujer muy interesante – le comentó, provocando el leve sonrojo de la castaña.
Al otro lado de la mesa Harry fruncía el ceño cada vez que veía como Hermione sonría como una tonta a la mirada de Cullen, y comenzó a dudar si era buen bateador.
- ¿Qué ocurre, Harry? – la pregunta de la oriental lo sacó de su ensimismamiento, provocando que este regara un poco de su champagne sobre su pantalón.
Cho se mordió el labio – Traeré un trapo – y levantándose de su asiento, se dirigió a la cocina.
En aquellos momentos Harry noto que Hermione se disculpaba con Edward y se dirigía escaleras arriba. El moreno frunció el ceño, y sin pensarlo dos veces atravesó la mesa y la siguió.
No sabía porque demonios hacia eso, parecía un adolescente que espiaba a la chica que le gustaba, pero le importo un bledo.
Al aparecer en el último rellano vio justo a tiempo que Hermione entraba al baño y cerraba la puerta. Con sigilo empezó caminar despacio y se poso a un lado de la pared para escuchar a Hermione, pero lo único que se escuchaba en aquellos momentos eran las risas provenientes de la estancia de abajo, y las copas chocando cada vez que hacían un brindis.
Se mordió el labio, tenía que verla, así fuera al escondido, pero tenía que hacerlo. Abriendo un poco la puerta vislumbro como Hermione se encontraba doblada en el lava-manos, con la cabeza hundida y un poco curvada.
En aquella posición, la caída de su espalda en forma de cascada, se bajaba a un más, provocando que se viera mucho más sexy.
Harry se mordió el labio ante tal espectáculo, y recordó cuando acarició aquella espalda. Tan suave, tan fina, tan…en ese momento Hermione levantó la cabeza y miro con los ojos entornados por el espejo.
- ¿Harry? – indagó un poco asustada. Su corazón le latió con violencia cuando se encontró con sus profundos ojos verdes.
El moreno se mordió el labio, y entrando al baño, cerró la puerta.
- ¿Qué…qué haces aquí? – le preguntó la castaña con voz temblorosa. Harry entrecerró los ojos y su mirada se poso en sus labios.
- Nada…vine a ver si estabas bien – la intelectual levantó el ceño.
- Estoy bien, ahora me voy – pero antes de que pudiera posar una mano en el pomo de la puerta, Harry la detuvo por los hombros.
- ¿A dónde vas?
- Deje una charla pendiente – le comentó la castaña tratando de evitar sus ojos.
- ¿Estas coqueteando con Cullen? – la pregunta del moreno causo que la castaña lo mirara con severidad.
- ¡Claro que no! – Le espetó indignada – Yo si tengo decencia, no como otros – y en vano forcejeo con su cuerpo, pero fue inútil - ¿Me dejas pasar?
- Me dieron celos – admitió el moreno haciendo caso omiso a la petición de la ex Gryffindor – Quise ser…yo el que estuviera riendo contigo.
- ¡Pero no lo eres, así que aléjate!
- Estás muy linda hoy – aquella adulación se la dijo muy cerca a su oído, provocando que un leve estremecimiento recorriera el cuerpo de la mujer.
- Gra-gracias – balbuceó, mordiéndose el labio.
En esos momentos Harry la agarró por el mentón y la miro fijamente.
- Hermione – la llamó con dulzura - ¿En serio no me amas?
La castaña se mordió el labio – Harry, no…
- ¿No me amas, en serio? – y tras concluir la pregunta sus labios fueron acercándose a los de ella con lentitud.
- Harry, no – era imposible resistirse a esa mirada, a esos labios, a ese rostro.
- Hermione…
- Harry, yo…- pero antes de que pudiera concluir su respuesta, sus brazos comenzaron a perder fuerza, y sus piernas empezaron a flaquear.
- ¿Hermione? – la voz preocupada del moreno sonó distante entre una mezcla de colores, y poco a poco fue cayendo lentamente en una oscuridad absoluta…
ººººººººººººººº
LUMOS!!
Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas
Hola, hola!
buen paso por aquí de refilón. Voy a coocar si puedo 3 capitulos más...
R/ Rews:
zoe love potter
Hola!
buee ps muy buena desición la tuya jeje...si, si poqyue potterfics cada rato se esta muriendo:S
ok, besitos bye!
Ok, eso era todo...
saludos,
emma!
