¡Feliz año 2017 a todos! Ya estamos de vuelta después de breve (si, como no) periodo de vacaciones. Pero regresamos con muchas ganas y energías renovadas, por lo que trataré de subir los capitulos, sino bien cada semana, si en menos tiempo pues ya estamos entrando a la recta final. Espero sus comentarios. Saludos y nos leemos pronto.
Capítulo 37. La espada de un guerrero
La noche había caído majestuosamente envolviendo la ciudad en una oscuridad total. Las nubes impedían a la Luna asomarse, como si intentarán disuadirla de ver lo que estaba por ocurrir. Al igual que las tortugas, el Clan del Pie se preparaba para la batalla por venir y ya tenían un plan elaborado. Su líder se encontraba en solitario en sus aposentos, ajustando el amarre de uno de sus guantes con las navajas retractiles, concentrado en hacerlo correctamente para evitar perderlo durante la batalla; al terminar probó un par de ocasiones el mecanismo que permitía a las cuchillas salir y volver a retraerse.
Estaba entusiasmado. El caos y la destrucción que sobrevenían después de cada batalla solían ser motivo más que suficiente para que su sangre hirviera de ansiedad, ahora tenía una motivación aún más fuerte, pues sabía que esa noche por fin podría terminar su anhelado deseo de venganza en contra de su mayor enemigo, al cual ya tenía prisionero. Durante el día, se vio tentado en repetidas ocasiones a terminar con la vida de Splinter, pero logró contenerse al imaginar la mirada de impotencia y angustia cuando sus cuchillas atravesarán uno a uno a sus discípulos. Ese momento, sólo ese único momento, lo había hecho tener la paciencia suficiente para no cortar la vida de su prisionero.
Pese a estar concentrado en terminar de ajustar su arma, no pudo pasar por alto la sensación de ser observado.
En un segundo, giró golpeando con sus cuchillas la pared a sus espaldas, la cual se encontraba cubierta por las sombras, el filo rasgo la gruesa piedra provocando un clamor metálico que hizo eco en la habitación; por un instante pareció dudar de su presentimiento pero de inmediato se recompuso alargando el brazo un poco a su derecha, con lo cual logró sujetar un tozo de tela que parecía estar desapareciendo dentro del muro.
— ¡No sé por quién me tomas, pero no creas que escaparas tan fácil! — le dijo halando el trozo de tela para atraer al espía que había atrapado mientras levantaba las cuchillas de su otro brazo dispuesto a matarlo.
— Creo que debo estar perdiendo práctica — le respondió una voz femenina con tranquilidad, la cual reconoció de inmediato deteniendo su ataque —, eres la segunda persona que me encuentra. Hola Saki — le saludó Kitsune saliendo de las sombras para dejarse ver.
Después de la sorpresa inicial que le causó la presencia de la mujer, Destructor soltó la manga del kimono que sostenía para darse vuelta, caminando con calma hacia la mesa ante la mirada vigilante de su visitante.
— No sé qué haces aquí, sabes que no me interesa tu oferta y ahora estoy ocupado— le dijo con descaro, ignorándola por completo, inmerso en su labor para preparar el otro de sus guantes.
— ¿Así saludas a tus viejos amigos? Creí que al menos te alegraría verme de nuevo — exclamó la mujer acercándose sigilosamente como si se deslizará por el suelo de la habitación.
— No somos amigos — le respondió con frialdad Destructor terminando de probar sus cuchillas como lo había hecho antes —, así que puedes irte antes de que me impaciente.
— No tienes por qué ser tan grosero — le dijo Kitsune mientras se retiraba la máscara que portaba, permitiéndole a Destructor ver su rostro —, sabes que a nosotros nos une algo más que un simple acuerdo — el líder del Pie se estremeció al verla, en ese momento parecía hipnotizado por el rostro de la mujer quien sin dudarlo lo tomó de la mano —. Nuestro pasado nos une más que cualquier otra cosa, tú y yo podríamos tener un futuro mejor de lo que te espera después de esta noche, si así lo quisieras.
— ¡No! — le respondió Destructor retirando con violencia la mano y sacando las cuchillas, a pesar de lo amenazador e imponente que parecía, su rostro reflejaba cierta angustia y desazón, lo cual le pareció divertido a Kitsune —. ¡Tú no eres ella, no hay nada entre nosotros y no tengo nada que ver contigo! Así que te lo vuelvo a repetir, ¡lárgate de una vez antes de que acabes con mi paciencia!
— Cómo quieras — Kitsune tomó su máscara colocándosela nuevamente con lo cual el ninja volvió a recuperar el aplomo —. En realidad solo he venido a despedirme, sabes que de continuar en este camino tu destino ya está determinado — le dijo dando la media vuelta y encaminándose hacia la sombra de donde había salido —, además te interesará saber que hemos encontrado a alguien mejor que tú.
— ¡Espera! — La detuvo de improviso mientras tomaba su casco, mirando el reflejo de su rostro zanjeado por las quemaduras — ¿Cómo está?
— ¿De verdad te interesa? ¿Después de tantos años? — le cuestionó Kitsune en forma inquisidora, girando para verlo.
— No, en realidad no — le respondió con apatía mientras se colocaba el kuro kabuto para cubrir su rostro.
— Está bien, aunque hace mucho que dejó de preguntar por ti — le dijo con despecho mientras volvía a girar para introducirse en las sombras —, aun así le daré saludos de tu parte — finalizó antes de desaparecer por completo dentro del muro.
Destructor volvió a quedar solo, las últimas palabras de la mujer parecían haber llegado a él como un murmullo lejano al que apenas y le prestó atención, en ese momento sólo un acosa ocupaba su mente: venganza.
— ¡No, espera, no sabes lo que estás haciendo! — gritaba con desesperación Baxter cuando Yami se acercó a la palanca que liberaba a los mutantes salvajes, intentó detenerlo pero se vio rápidamente atrapado por los gusanos de Arkkan quien enseguida lo atrajo hacia él —. ¡Son incontrolables, nos destrozaran! — exclamó con temor cuando la tortuga colocó su mano en la palanca.
— No tienes de que preocuparte, nosotros te cuidaremos — le dijo Arkkan en tono meloso mientras restregaba uno de sus traggdarons en el rostro de la mosca, quien no pudo evitar sentir repulsión al contacto.
Ignorando por completo las suplicas de Baxter, la tortuga de máscara negra accionó la palanca con lo cual se dejó escuchar el mecanismo de apertura. Las puertas de las jaulas comenzaron a levantarse con lentitud, rechinando de forma escandalosa como quejándose del extenso periodo de inactividad al que se les había sometida. Los mutantes se aproximaron a la salida observando con ansiedad la puerta hacia su libertad, apenas tuvieron el espacio suficiente para lograr pasar, escaparon de su encierro y se dirigieron a toda velocidad hacia Yami, como perros tras su presa.
Baxter comenzó a forcejear intentando escapar del cruel abrazo del extraterrestre, pero entre más batallaba, los traggdarons parecían enredarse con más fuerza a su cuerpo, hasta que por fin se dio cuenta que no podía hacer nada salvo maldecir a su captor.
Justo cuando los mutantes salvajes parecían estar a punto de saltar sobre su víctima, Yami levantó su brazo con la palma de la mano extendida con lo cual los mutantes se detuvieron en el acto, inclinándose ligeramente mientras gruñían entre sí, mostrándose impacientes y recelosos por obedecer, pero aun así ninguno parecía dispuesto a continuar su embestida.
— Parece que no están muy convencidos — dijo Yami mirando de reojo al extraterrestre que continuaba sosteniendo a Baxter entre sus gusanos.
— Son animales, bestias salvajes que solo se basan en su instinto, deberías agradecernos que se detuvieron, al menos obedecerán mientras no los hagas enojar — le advirtió con una sonrisa burlona.
— Llévatelos y prepáralos para la siguiente fase — le ordenó la tortuga haciéndose a un lado para permitir a los mutantes salvajes pasar.
Arkkan soltó a su presa que enseguida voló lo más alto posible, lejos de los monstruos que él mismo había creado y que parecían recordar los maltratos a los que fueron sometidos por su parte, pues así lo indicaba la mirada asesina que cada uno posaba sobre Baxter.
— Vengan pequeños, síganos — les hablaba como si se tratase de pequeños cachorros, a lo cual los mutantes parecían obedecer y sentirse a gusto con el extraterrestre.
Stockman no bajo hasta que el último de los mutantes hubo desaparecido por el umbral de la puerta.
— ¡Están locos! — exclamó la mosca con horror —. Esos mutantes no tienen conciencia, ¿cuánto tiempo crees que puedan controlarlos antes de que decidan devorarlos?
— Deja que Arkkan se ocupe de eso — le respondió Yami con indiferencia mientras se paseaba por el laboratorio, observando con aparente curiosidad los experimentos de Baxter.
— No sé lo que planean, pero lo informaré de inmediato al maestro Destructor — dijo en un zumbido mientras se alejaba en dirección a la salida.
— Y supongo que también le dirás sobre tus experimentos fallidos — soltó repentinamente Yami, provocando que la mosca detuviera su vuelo —. Siempre he creído que eres un genio subvalorado, Baxter Stockman — continuó poniendo énfasis en su nombre, con lo cual intentaba abogar a su vanidad.
— Bueno, la verdad es que si lo soy, aunque casi nadie lo admita — le dijo en tono presuntuoso mientras olvidaba por completo su premura por avisar a su líder —, aunque el maestro Destructor ha sido muy generoso por darme lo que necesito.
— Pero lo ha hecho solamente porque le has sido de utilidad — le encaró la tortuga acercándose sigilosamente hacia él, manteniendo la mirada fija en sus ojos de manera casi hipnótica; intentando no alterarlo —. Tú eres un genio al servicio de un psicópata que solo se ha beneficiado de tus experimentos y ¿qué bien has conseguido a cambio? Nada. Sólo pesares e insultos, al grado que te ha convertido en el insecto repugnante que ahora eres.
— ¡No! — le respondió Baxter dudoso — El maestro Destructor me aprecia, yo le he sido un fiel sirviente y él lo tiene en cuenta, cuando triunfe yo estaré a su lado…, si lo estaré — le dijo meneando la cabeza intentando desviar la mirada de Yami; tan temeroso y confuso se encontraba que no se dio cuenta que la tortuga se había aproximado a menos de un metro y de un rápido movimiento, lo tomó del brazo impidiéndole que pudiera volar fuera de su alcance.
— Si, Baxter, eres todo un genio — le susurró Yami en un tono malicioso, acercando su rostro al de la mosca —; pero creo que le has jurado fidelidad al tipo equivocado, eso te convierte en un tonto — continuó extendiendo sus cuchillas y apuntándolas al cuello de Baxter para evitar que continuara intentando escapar —. A partir de mañana, Destructor y el Clan del Pie dejarán de existir, y sólo yo permaneceré; ¿qué harás entonces? Podrías serme muy útil, lamentablemente parece que ya has escogido tu bando.
— N-no, no… espera — alcanzó a balbucear Baxter en forma entrecortada mientras veía las filosas cuchillas de acero acercarse sin piedad hacia su rostro.
En su mente seguía la imagen de la mujer que lo había visitado minutos antes, una imagen que lo llenaba de pesar y amargura, pero eso solo lo motivaba aún más en su deseo de venganza, al grado que estaba pensando en dejar de lado el plan de su subordinado e ir directamente al calabozo a matar a su enemigo. Sin duda lo hubiera hecho sino fuera por una inesperada intervención del destino, repentinamente, sintió como la guarida se estremecía desde lo más profundo. Alertado por lo que podría ser un ataque adelantado de las tortugas, se apresuró a llegar al sitio de donde había provenido la explosión.
El laboratorio de Baxter se encontraba envuelto en llamas las cuales amenazaban por salir del lugar, sino fuera porque los muros de los pasillos eran de roca sólida y no tenían ningún elemento ornamental que fuera inflamable, seguramente ya se habrían propagado a los niveles superiores. Rahzar y Cara de Pez ya estaban conteniendo el fuego con ayuda de extintores, mientras Garra de Tigre utilizaba su arma congeladora que resultaba ser bastante eficiente en esos casos. Pasaron varios minutos antes de que el fuego comenzará a menguar permitiéndoles acceder al fondo de lo que quedaba del laboratorio de la mosca.
Fue el felino quien descubrió un cuerpo calcinado y deforme muy cerca de un contenedor con equipo electrónico, se aproximó solo para constatar lo que a simple vista era evidente: Baxter había muerto abrazado por las llamas.
— ¿Qué sucedió aquí? — preguntó con ira el líder del Pie buscando una explicación.
— Parece ser que uno de los experimentos de la mosca le explotó en la cara — respondió con cierta mofa Rahzar sin mayor decoro por su aliado recién fallecido.
— Podría haber sido causado por las tortugas — exclamó Cara de Pez poniendo en alerta al resto sobre una posible distracción para rescatar a Splinter.
Destructor se preocupó por un instante por la factibilidad en la teoría de su subordinado, por lo que de inmediato olvido el incendio y la pérdida de Baxter para dirigirse de inmediato a los calabozos, topándose de frente con Yami que lo miraba con despreocupación.
— No tienes de que preocuparte — le dijo mostrándole a la anciana rata inconsciente, siendo apresada por una gruesa cadena que era arrastrada por Arkkan —, nos imaginamos lo mismo y fuimos directo al calabozo, como puedes ver no hubo ningún intento de rescate, debió ser un accidente como lo dijo Xever — Destructor lo miro con cierta desconfianza, pero enseguida su atención se centró en su odiado enemigo y en lo que tenía pensado antes del accidente —. Sé que quieres destruirlo de inmediato Maestro, pero debes contener tus deseos. Te prometo que en poco tiempo tendrás a todos tus enemigos a tus pies y podrás causar el mayor dolor a esta rata — exclamó Yami adivinando sus intenciones en la mirada.
— Entonces preparémonos para recibir a nuestros invitados. Garra de Tigre, trae a Yoshi — ordenó el líder del Pie a lo cual el felino obedeció de inmediato arrebatando la cadena de manos del extraterrestre, para seguir posteriormente a su amo, acompañado del resto de lo que quedaba del Clan del Pie.
Arkkan y Yami quedaron atrás. El extraterrestre obstruyó el paso de la tortuga de manera intencionada con la finalidad de retrasarlo lo suficiente para que quedarán solos.
— ¡Ese fuego no fue accidental! — Le reclamó repentinamente volviéndose a Yami con furia en su rostro — ¡Te quedaste con una de nuestras esferas de fuego para provocarlo!
— Tenía que borrar las evidencias, la mosca era un testigo que podría arruinar nuestros planes — le respondió con su característica indiferencia.
— Pensamos que lo invitarías a unirse a nosotros.
— No quiso escuchar razones, no me dejó otra opción — le dijo mientras lo apartaba de su camino ante su mirada de reproche y desconfianza —. ¿Qué pasa? ¿No me digas que ya lo estimabas?
— Al menos más que a ti — le respondió clavándole una mirada de profundo odio —, más vale que tu plan valga la pena.
Todavía molesto se dio la vuelta para seguir al resto del Clan del Pie, Yami no pudo evitar sonreír son cierta condescendencia a su espalda.
— En verdad comencé a creer que no llegarías — le dijo Rafael apenas notó la presencia de la kunoichi, quien se limitó a reprocharle su comentario con la mirada.
— Siento la tardanza, pero necesitaba algo que creo nos será de utilidad — les dijo a todos a manera de disculpa mientras mostraba con orgullo la espada recién conseguida.
— ¿Una vieja espada? ¿Crees que eso ayudará en algo? — le cuestionó la tortuga de bandana roja sin entender la relevancia que le daba a tal objeto.
— Eso no tiene la menor importancia — interrumpió repentinamente Donatello tratando de evitar un nuevo conflicto entre su hermano y la chica —, lo verdaderamente importante ahora es seguir con el plan para rescatar a Splinter y traer de vuelta a Leonardo.
— Eso es verdad — intervino Bishop acercándose al grupo —, mis hombres ya están listos, llévenos a la guarida de ese tal Destructor y acabemos con esto.
Todos estuvieron de acuerdo en partir enseguida al encuentro de sus enemigos y así lo hicieron, sin perder un instante más. Bishop se separó de ellos para seguirlos a la distancia con el resto de sus tropas.
Karai iba con una determinación y confianza recientemente avivada, estaba completamente segura en que lograrían triunfar y rescatar no sólo a su padre, sino también recuperar a Leonardo como era antes de su desaparición. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro al pensar que había la posibilidad de que esa noche terminara la guerra que tanto daño le había hecho a ella y su familia.
En poco tiempo tenían enfrente la antigua iglesia que servía de fachada para el Clan del Pie. Se detuvieron para estudiar su objetivo, sabían que los estarían esperando, de hecho contaban con ello; pero no detectaban ni un movimiento o vigilancia de algún tipo, lo cual solo acrecentaba su ansiedad y los hacía estar más alertas.
— Es extraño, parece como si no hubiera nadie — exclamó Donatello mientras volvía a recorrer el edificio con ayuda de sus binoculares.
— Es porque no hay nadie — les dijo de pronto Abril mientras colocaba una mano en su cabeza, utilizando sus poderes para intentar detectar la presencia de alguno de sus enemigos —, todos los miembros del Pie están… allá — de inmediato señalo un edificio un par de manzanas al norte.
Donatello utilizó sus binoculares para verificar lo que la pelirroja les había dicho con tanta seguridad y se encontró con que era verdad. Destructor y todos sus subordinados, incluyendo a Yami, se encontraban en la azotea del edifico señalado, completamente al descubierto.
— Debe ser una trampa — respingó Rafael cuando su hermano les comunicó lo que había visto.
— No lo creo — le respondió Karai mientras se ponía de pie en la cornisa —, es un reto, nos están esperando.
Sin esperar respuesta, se dirigió de inmediato al lugar, seguida por el resto de sus amigos que no tuvieron oportunidad de contradecirla. Llegaron a la azotea del edificio sin ningún ataque sorpresa, lo cual no hubiera tenido mayor efecto pues sus enemigos ya los habían descubierto. Encararon de frente al Clan del Pie, sacando de inmediato sus respectivas armas apenas tocaron la superficie de la azotea.
— Vaya, parece que vinieron después de todo — les saludo Destructor levantando la cadena que tenía en la mano, en cuyo extremo se encontraba el maestro Splinter.
— ¡Maldito, devuélvenos a mi padre! — le exigió Karai mirándolo con furia, intentando contener su deseo de abalanzarse directamente hacia él.
— No, Karai. Si tanto desean recuperar a Hamato Yoshi tendrán que pelear por él. ¡Captúrenlos y tráiganlos ante mí! — ordenó a sus secuaces mientras su imagen desaparecía en el aire, llevándose consigo a Splinter y dejando en su lugar a un par de movers que proyectaban los hologramas.
— ¡Cobarde! — le gritó Karai como signo de frustración al notar que Destructor ni siquiera estaba ahí pero al parecer el resto de sus lacayos sí.
— No tienen por qué sentirse mal, en poco tiempo se reunirán con su maestro, una vez que los hayamos capturado — les dijo Yami desenvainando sus espadas y poniéndose en posición de combate seguido por Arkkan y el resto de los miembros del Clan del Pie.
Ambos bandos retrasaron su ataque, moviéndose de manera lenta y precavida, esperando que el otro hiciera el primer movimiento. Parecía que Garra de Tigre iniciaría la batalla, apuntando su arma laser directamente a una de las tortugas, pero justo en el momento en que pensaba apretar el gatillo, una intensa luz lo golpeo de frente cegándolo brevemente, en breve ya no era solo una luz; varias linternas se encendieron iluminando la azotea teniendo como objetivo principal a los miembros del Pie. Detrás de las luces pudieron reconocer a los miembros de la Fuerza que les apuntaban con sus armas desde los edificios aledaños, pronto un contingente liderado por bishop se presentó en la azotea por la retaguardia e inclusive un par de helicópteros comenzaron a sobrevolar iluminando más el lugar para que no pudieran escapar.
— Les sugiero que no se muevan, están bajo arresto — les indicó Bishop.
— Se acabó, somos más que ustedes mejor ríndanse — les recomendó Rafael en tono amenazante.
Por un momento el desconcierto reinó entre Yami y sus compañeros, mirando alrededor como se encontraban rodeados y en completa desventaja numérica, sin atinar cuál debería ser su proceder. Sólo Arkkan encontró divertida la situación, comenzando a reír sin reparo.
— Veo que han decidido dejar de lado todo eso del honor y las peleas justas — dijo repentinamente Yami mirándolos de forma condescendiente con una sonrisa burlona —, al parecer la falta de un verdadero líder moral los ha hecho caer en este tipo de tretas.
— No importa lo que digas, lo único que queremos es terminar con esta guerra y que tú regreses con nosotros, sigues siendo nuestro amigo— le respondió Abril intentando hacerlo entrar en razón.
— ¡Son unos necios! — Exclamó exasperado Yami —. Por suerte veníamos preparados.
Dirigió una mirada de complicidad a Arkkan que se encontraba a un par de metros de él, el extraterrestre paró su risa al reconocer lo que su compañero le quería decir, de inmediato presionó un botón en su muñequera.
— Estamos llenos de sorpresas — les dijo a sus enemigos con una sonrisa maquiavélica.
Antes de que cualquiera pudiera siquiera adivinar lo que tenían planeado, decenas de portales triangulares comenzaron a aparecer en varios lugares de los alrededores iluminando con un tono rosa los edificios. No tenían que ser muy listos para saber lo que a continuación sucedería: cientos de kraang-droides comenzaron a cruzar dichos portales comenzando a disparar a los soldados de la Fuerza.
El desconcierto que antes había prevalecido en el Clan del Pie, ahora se había trasladado al Clan Hamato y sus aliados de la Fuerza. Las tropas del kraang tomaron por sorpresa a los soldados, quienes comenzaron a romper formaciones para poder defenderse. El helicóptero más cercano al edifico fue alcanzado en varias ocasiones por disparos de las armas extraterrestres, provocando que se precipitara, estrellándose con violencia contra la azotea, separando a Bishop y sus hombres de Yami y los demás mutantes. Esta parecía ser la señal esperada por los miembros del Pie que enseguida comenzaron el ataque contra las tortugas y sus amigos, quienes ya se encontraban enfrentando a los androides que habían salido de los portales cercanos a ellos.
Mikey fue el primero de percatarse del inminente ataque de sus enemigos, previniendo a sus hermanos de esto. Pronto aquello se convirtió en una batalla campal donde el caos reinaba no solo en esa azotea sino en los edificios cercanos, extendiéndose en varias calles a la redonda.
En medio de tanta confusión, Karai terminaba de despachar a un par de kraangdroides, cortándoles sus cabezas robóticas, consiguiendo con esto un pequeño respiro. Miró a su alrededor para corroborar las condiciones en que se encontraban sus amigos, como se había imaginado casi todos se habían separado al calor de la batalla, incluso no lograba ver a Donatello ni a Abril, el más cercano a ella era Rafael que se encontraba concentrado en su pelea contra Cara de Pez, mientras Mikey y Casey se habían movido hacia la azotea de otro edifico luchando contra Garra de Tigre y Destructor Shiva. A lo lejos reconoció a Yami que no se había movido de su lugar y parecía estar contemplando con satisfacción la lucha que se desarrollaba a su alrededor; sin pensarlo demasiado, la kunoichi corrió hacia él con determinación. Al acercarse los movers se interpusieron en su camino, pero se deshizo de ellos con facilidad, por lo que logró alcanzar su objetivo. Utilizó su espada para dibujar un arco perfecto en el aire el cual se detuvo súbitamente al chocar contra la katana de la tortuga de mascara negra.
— Karai, eres una chica muy molesta — le dijo Yami en tono sarcástico —, ya no me apetece luchar contigo, sobre todo cuando Destructor no me permite matarte.
Pese a sus palabras, la kunoichi lo enfrentó con firmeza, atacándolo en varias ocasiones, intentando captar por completo su atención. Pronto Yami se dio cuenta que debería tomarla en serio sino quería ser derrotada por ella.
— Vaya, al parecer estas decidida a vencerme — le dijo con complacencia —, parece que por fin te has dado cuenta que nunca volveré con ustedes.
— Te equivocas, estoy decidida a pelear con todas mis fuerzas por respeto al verdadero Leonardo, porque si no puedo llegar a él por las buenas lo haré por las malas — respingó iniciando una nueva ofensiva desenvainando para esto la katana de Miyamoto Musashi que había llevado.
A lo lejos Rafael miraba de reojo la pelea entre la kunoichi y su hermano, quería ir a ayudarla pero Cara de Pez lo mantenía lo suficientemente ocupado para que eso no fuera tan fácil. En un momento de desatención, el pez mutante logró golpearlo en el pecho con una de sus piernas robóticas haciéndolo retroceder.
— No deberías distraerte, Rafael — le dijo en son de burla mientras hacía girar con una mano la lanza que traía como arma —, si no terminaras empalado antes de que comience a divertirme.
Reconociendo que tenía razón, Rafael no tuvo otra opción que poner atención a su propia pelea, esperanzado que Karai soportara lo suficiente hasta que logrará ir en su ayuda.
Karai esquivó el más reciente ataque de Yami girando sobre su costado derecho, permitiendo que el filo de sus dos katanas siguiera de largo contra el piso de la azotea. De inmediato se incorporó para realizar un ataque con su nueva katana, el cual fue bloqueado por un rápido movimiento de Yami quien parecía ser más diestro que ella al usar dos espadas.
— Eres una tonta, pierdes velocidad y agilidad usando ambas espadas sino estás acostumbrada — le recriminó al sentirse decepcionado por ese enfrentamiento con la kunoichi —; eras más peligrosa usando solo tu shikomizue. No entiendo por qué me atacas con esa otra katana.
— ¿Acaso no la reconoces? — le preguntó alzando su mano con la espada para permitirle verla con claridad.
Por un instante Yami no logró comprender lo que la chica intentaba mostrarle. Observó la katana con atención sin saber que era lo extraordinario en ella, de pronto algo le vino de golpe, un recuerdo que lo hizo petrificarse por un instante. Meneo la cabeza intentando salir de ese estado y evitar que su contrincante tomará alguna ventaja.
— Entonces finalmente la robaste — le dijo con seriedad —, no necesitaste de mi después de todo. Creo que ahora ya no somos tan diferentes.
— Te equivocas — le dijo la kunoichi apuntándole con la katana —, pensaba robarla, es verdad, pero no hubo necesidad de eso, la tengo como un préstamo para probar algo.
— ¿Probar qué?
— Que eres digno de tenerla — respondió con determinación girando la espada para que la empuñadura quedará ahora en dirección de Yami como si estuviera ofreciéndosela, la tortuga se estremeció ante este acto y dudoso dio un paso atrás en lugar de aprovechar el regalo que le ofrecían —. Sé que Leonardo conoce el verdadero valor de esta espada, que sólo un guerrero noble y valiente es digno de poseerla y, por tú reacción, estoy segura que él puede escucharme.
— ¿De qué estás hablando? Aquí sólo estoy yo — le respondió empuñando sus katanas con furia.
— Te equivocas — le dijo con seguridad y firmeza sin moverse de su posición —. Donatello me dijo que mi padre había utilizado una técnica para curarte, pero había fracasado. Entonces recordé lo que Arkkan nos dijo: aunque te liberemos del insecto tendrías que desear volver a ser Leonardo para que su personalidad volviera a ser la dominante — Yami la veía con odio pero, por alguna razón, no se atrevía a atacarla directamente —. Hace un momento dudaste en tomar la espada porqué sabes que no eres digno de ella, al menos tú no lo eres, pero Leonardo sí.
— ¡Eso no prueba nada! — exclamó Yami lanzando un ataque el cual la kunoichi sorteó haciéndose a un lado, pues ahora no llevaba la misma velocidad que antes, por el contrario parecía torpe e inseguro.
— Entonces, ¿por qué no tomaste simplemente la katana y acabaste conmigo cuando te la ofrecí? — le preguntó de manera retadora dando un paso al frente mientras seguía sosteniendo la empuñadura hacia su rival — Siendo tú un ser tan desalmado, malvado y cobarde, podrías haberla tomado sin ningún remordimiento aunque no te supieras digno, pero en su lugar dudaste. Porque no fuiste tú quien dudo, ¡fue Leonardo!
— ¡No, no es cierto! — exclamó Yami evidentemente enfurecido —. Estás equivocada, sólo intentas confundirme, pero no funcionará, yo sé quién soy. ¡Soy Yami! ¡Leonardo ya no existe! — a pesar del tono de voz que había utilizado, no podía ocultar el temblor en sus manos como si no estuviera tan seguro de lo que decía, Karai veía que sus ojos no mostraban la misma ansía asesina de las primeras peleas, ahora mostraban confusión e incertidumbre, por lo que decidió jugarse el todo por el todo, un último movimiento que la pondría en riesgo pero de funcionar lograría traer a Leonardo de vuelta.
— Leonardo — dijo llamando a la tortuga de banadana azul que estaba segura le escuchaba —, sé que estás ahí evitando que sea Yami quien se quede con esta espada, pero eso no es suficiente, debes salir, liberarte, y sé que eres lo suficientemente fuerte para hacerlo…
—¡Ya cállate o te arrancaré la lengua! — la interrumpió Yami amenazando con desobedecer la orden de Destructor de no lastimarla.
— Ya no esperaré más — dijo Karai soltando su shikomizue y extendiendo los brazos con la katana de Miyamoto Musashi en sus palmas, ofreciéndola completamente a su rival —. Ven, Leonardo, vence a quien te tiene atrapado y toma lo que te corresponde. Hazlo antes de que cumpla su amenaza — sin más se puso de rodillas otorgándole toda la ventaja.
Rafael no podía creer lo que veía, parecía que Karai se rendía ante su contrincante, el cual parecía estar consumido por la ira y dispuesto a atacarla.
— ¡¿Qué estás haciendo?! — Le gritó intentando hacerla reaccionar — ¡Déjate de tonterías y defiéndete, Karai! — insistió pero la chica parecía que no lo escuchaba o que ignoraba sus suplicas.
Le dio la espalda a Cara de Pez para dirigirse a ayudar a al kunoichi, aunque la distancia parecía insalvable. Xever aprovechó el desconcierto de Rafa para golpear sus piernas con la lanza, haciéndole tropezar. La tortuga de bandana roja levantó la vista lleno de impotencia observando como Yami realizaba el mortal ataque dirigiendo ambas katanas al cuello de la kunoichi que parecía estar dispuesta a aceptar las consecuencias de su decisión. Le gritó más veces en un intento desesperado para que evitará el golpe, pero fue en vano.
Karai cerró los ojos esperando que todo terminará. En un interminable segundo su mente quería seguir creyendo que Leonardo reaccionaría y detendría el golpe, pero conforma el filo de las espadas se aproximaba, esa esperanza parecía diluirse y, ahora, era demasiado tarde. Sintió el filo de ambas espadas en la delicada piel de su cuello, pensaba que el corte había sido tan perfecto que apenas lo había percibido, pero no. Dejo salir el aire contenido, percatándose que seguía respirando. Abrió los ojos con temor y alzó la vista encontrándose con la mirada que tanto anhelaba en los ojos azules de Leonardo, quien aún sostenía ambas katanas a escasos milímetros de su cuello.
— ¿Qué estoy… haciendo?— le preguntó con voz temblorosa mientras retiraba sus armas del cuerpo de la chica y las dejaba caer al suelo —. No, no puedes… — balbuceaba para sí mismo, luchando con sus demonios internos.
Parecía perdido y confundido, como si aún le costará reconocer a quienes tenía alrededor o, incluso, en qué lugar se encontraba. Cayó de rodillas llevándose ambas manos a su cabeza, soportando un terrible dolor, intentando contener algo que amenazaba con salir de repente haciéndola estallar, y así sucedió; dio un desgarrador grito que se perdió en el tumulto de la batalla y posteriormente se desvaneció por completo.
Karai se levantó de inmediato, dejando caer la katana en sus manos, se acercó con cautela hacia la tortuga que parecía inconsciente, pero su instinto de kunoichi le obligaba a permanecer alerta, lo cual la salvo en esa ocasión. En medio del caos, Mini Destructor irrumpió en la escena con violencia, atacando a Karai, quien logró esquivar sus primeros ataques, pero se encontraba desarmada, no podía atacarlo y sólo le quedaba moverse para evitar ser golpeada por el clon mutante. Enseguida buscó con la mirada la ubicación de la espada más cercana, precisamente la katana de Miyamoto Musashi fue la que encontró en primera instancia, por lo que decidió ir por ella. Tomó una de sus metsubushi arrojándola directamente a Mini Destructor como medida de distracción. Inmediatamente después del estallido del proyectil, se arrojó sobre el arma que le esperaba a unos cuantos metros de donde se encontraba, sin embargo su táctica no fue tan efectiva como hubiese querido y su contrincante logró reponerse casi al instante dándole alcance y golpeándola en el estómago. La kunoichi rodó por el suelo, perdiendo por completo de vista el arma; al detenerse el dolor del golpe le impidió levantarse de inmediato, quedando de cuclillas mientras intentaba reponerse. Alzó la vista sólo para reconocer el clon de Destructor frente a ella iniciando una nueva ofensiva contra la indefensa chica que no veía posibilidad de esquivarlo.
Antes de que Mini Destructor logrará su objetivo, el largo filo de una espada lo atravesó por el pecho obligándolo a detenerse. La miserable criatura ni siquiera pudo identificar a su verdugo, lanzó un chillido de dolor antes de dejar de moverse por completo para que su cuerpo se deslizará por la hoja de la espada hasta quedar libre de ella, cayendo a plomo y sin vida. Detrás de él, Leonardo sostenía la espada del legendario guerrero, con los ojos enormes llenos de asombro sin creer lo que había hecho.
— Ka…rai — le dijo con voz entrecortada a la kunoichi que le observaba con incertidumbre, temeroso de lo que había hecho, soltó la espada cayendo nuevamente de rodillas sin moverse más.
La kunoichi se apresuró en ponerse de pie para acercarse a su salvador, con la confianza de que había vuelto a ser el mismo de antes. Sin ningún reparo, se arrodilló ante él tomando con suavidad su cabeza para recargarla en el hombro.
— No quería matarlo — le dijo con pesadumbre —, pero estabas en peligro, no supe que más hacer.
— Está bien, Leonardo, hiciste lo que tenías que hacer — le dijo Karai en tono condescendiente intentando calmarlo —. Me alegra que estes de vuelta — finalizó presionando levemente el rostro contra el cuello de la tortuga.
Leonardo correspondió al abrazo de la chica y alzando sus propias manos para sostenerla por la espalda. Por un instante las explosiones, los disparos y toda la batalla a su alrededor les fueron ajenas; por un instante sólo existieron ellos dos.
Rafael y Cara de Pez habían dejado su propia pelea para observar la escena, ambos incrédulos por lo que veían pero por motivos diferentes. Por su parte Xever no podía creer que Leonardo hubiera sido capaz de escapar del control que Yami ejercía sobre él, temía ahora porque era el único miembro del Pie que se encontraba en esa zona de batalla. Rafael en cambio se encontraba en un estado de shock con emociones encontradas; por un lado agradecía que su hermano estuviera de vuelta, pero la escena del abrazo que presenciaba lo llenaba de nostalgia y cierta frustración al saber que toda posibilidad por ganarse el amor de la kunoichi moría con el renacimiento de Leonardo.
Cara de Pez amagó con atacar a su antiguo camarada, pero Rafael reaccionó a tiempo, dejando de lado sus sentimientos e interponiéndose en su camino para reanudar la lucha. A pesar de esto, la pareja que se encontraba fundida en un abrazo se vería en la necesidad de separarse pronto, pues varios kraang-droides se percataron de lo sucedido y comenzaron a dispararles.
— El conocido como Yami ha dejado de ser un aliado. Kraang debe destruirlo como al resto de sus enemigos — dijo uno de los extraterrestres ordenando al resto que comenzarán a disparar.
Leonardo reaccionó rápidamente haciendo a un lado a la kunoichi, para tomar la katana en el suelo y con ella desviar los disparos. Recobrando la confianza en sí mismo, realizó una embestida contra los droides más cercanos, protegiendo a Karai para darle el tiempo de que llegará a su shikomizue y pudiera pelear. Gracias a la protección de la tortuga de bandana azul, la kunoichi no sólo pudo recuperar su arma sino también una de las katanas del quelonio, la cual arrojó de inmediato a su dueño quien la recibió en el aire. Tras derrotar a alguno kraang-droides, quedaron espalda con espalda, rodeados por un nuevo contingente de extraterrestres, pero en lugar de sentirse atemorizados por el número de enemigos, un sentimiento más fuerte los llenaba a ambos, una excitación que había estado escondida durante mucho tiempo, esperando el momento oportuno por salir: el gozo de volver a pelear juntos.
A Donatello le preocupaba la situación en la que pudieran estar sus hermanos, pero él mismo no se encontraba en un mejor escenario. No estaba seguro de cómo se habían alejado del resto y terminado peleando en una calle poco transitada, de la cual la mayoría de los vecinos habían huido de sus hogares ante la presencia del kraang y los pocos que quedaban se ocultaban en sus casa, temiendo una nueva invasión que parecía inminente.
Arkkan había concentrado sus ataques en Abril, quien había evitado ser golpeada por los gusanos que salían de su mano gracias a su telequinesis con la cual había logrado desviarlos en repetidas ocasiones. Aunque el genio, que se encontraba a escasos metros de ella, quería ir en su ayuda, Rahzar evitaba que pudiera concretar esta idea; sólo le quedaba derrotar a su rival para poder ir en ayuda de su amiga.
El extraterrestre parecía divertirse atacando a la chica, si bien sus golpes eran violentos, parecía ir incrementando poco a poco la fuerza y velocidad de los mismos, como si estuviera midiendo sus capacidades.
— ¿Es todo lo que puedes hacer? — le preguntó con cierto aire bufonesco al notar que abril apenas y lograba esquivar sus ataques sin lograr realizar ninguna ofensiva —. Parece que el kraang te ha sobrevalorado, eres patética.
El comentario hiriente logró calar en el orgullo de la chica. Se concentró para detener nuevamente el ataque de los traggdarons, los cuales parecían chocar con un especie de campo invisible a su alrededor, y con mucho esfuerzo logró mover al mismo tiempo un auto compacto que estaba a su lado arrojándolo a su contrincante. Arkkan no se intimidó ante esto y esperó a que el proyectil estuviera cerca de él para sostenerlo con sus gusanos lanzándolo por encima de su cabeza.
— Niña boba, necesitas más que eso para lastimarnos — exclamó riendo sin descaro ante el intento infructuoso de la chica por atacarlo.
Mientras el extraterrestre reía no se percató que Abril había extendido sus brazos en forma de cruz, en un rápido movimiento los cerró dando una palmada frente a ella; al instante dos autos más pesados, que se encontraban a cada lado del extraterrestre, se movieron aplastándolo antes de que pudiera reaccionar.
— ¿Qué tal eso? — le preguntó al extraterrestre con ironía, orgullosa de lo que había hecho.
Como respuesta, Arkkan se liberó bruscamente, arrojando ambos autos por los aires al momento de extender sus traggdarons. Pese a que ninguno tomó dirección para hacerle daño, Abril se asustó al ver el rostro llenó de ira de la criatura, que había clavado la mirada en ella, aunque sólo fuera por un instante, pues enseguida volvió a sonreír con beneplácito, como si hubiera conseguido lo que quería.
— Esto está mucho mejor — le dijo con malicia comenzando a caminar lentamente hacia ella, extendiendo sus gusanos que daban latigazos a su alrededor golpeando y destrozando lo que estuviera en su camino; Abril sintió temor por lo que comenzó a caminar hacia atrás intentando poner distancia de por medio pero sin perderlo de vista —, pero aún te falta mucho para liberar todo tu potencial, ahora lo verás.
Arkkan dio un salto hacia la chica amenazando en caer sobre ella, lanzó sus gusanos en picada como si fueran flechas. Abril levantó sus manos por instinto logrando parar el ataque del extraterrestre nuevamente con sus poderes, pero esta vez los traggdarons presionaban con más fuerza intentando perforar el escudo invisible de la chica quien trataba de concentrarse para contenerlos.
— ¡Acabemos con esto! — exclamó Arkkan en tono amenazante.
En el acto, uno de los traggdarons que mantenía su boca cerrada la abrió arrojando un insecto con un aguijón como si se tratará de una bala. El insecto salió con tanta velocidad que abril no logró desviarlo con su telequinesis, apenas y pudo mover su cabeza para esquivar un golpe directo recibiendo únicamente un rasguño en su mejilla.
— Bien, ya está hecho — le dijo Arkkan complacido retirando a sus traggdarons.
— ¿De qué hablas? Esto es sólo un rasguño — respingó la pelirroja limpiándose con una mano el hilillo de sangre que corría por su mejilla, aparentando no darle importancia.
— Si, pero solo eso necesitamos para que el potenciador entre en tu cuerpo.
Abril retrocedió con temor sin comprender lo que le decía, pero no tardó demasiado en averiguarlo. Comenzó a sentir un ardor recorriéndole el cuerpo que poco a poco comenzó a ser placentero, como un golpe de adrenalina que le daba energías renovadas para seguir peleando, pronto se dio cuenta que no sólo su cuerpo parecía reforzarse, también sus poderes comenzaban a incrementarse. En vez de asustarse, se sintió segura de sí misma, con sólo pensarlo su cuerpo comenzó a levitar sin ningún esfuerzo; en el aire buscó a Rahzar quien seguía peleando con Donatello varios metros de donde se encontraba y casi al instante pudo conectarse con su mente a pesar de llevar el dispositivo que anteriormente la bloqueaba.
El mutante no tuvo tiempo de darse cuenta de lo que pasaba, en un instante la diadema que llevaba en la cabeza se despedazó y sintió al mismo tiempo un dolor insoportable que llegaba directo a su cerebro, obligándolo a postrarse sin poder evitarlo.
Donatello volvió el rostro hacia Abril entendiendo que ella era la causante, estaba agradecido pero a la vez frustrado por haber sido salvado por la chica en vez de que el fuera el héroe, dejando esto de lado se acercó a ella para ayudarla contra el extraterrestre.
Arkkan inició un nuevo ataque con sus gusanos, pero ahora se detuvieron mucho antes de que pudieran resultar una amenaza para la chica, quien sin mayor problema arrojó al extraterrestre contra un muro. Acto seguido se concentró para intentar conectarse con la mente del extraterrestre e intentar realizar su golpe psíquico, nuevamente sintió algo extraño al hacerlo, de nuevo miles de voces rondaban por su cabeza pero esta vez pudo soportarlo y llevar a cabo el ataque. Arkkan se retorció de dolor en el suelo.
— Lo que hiciste fue una tontería, sólo me ayudaste a aumentar mis poderes — le dijo Abril sin detener el castigo —, ahora podré derrotarte.
— Sí… — le respondió Arkkan intentando soportar el ataque de la chica, en verdad parecía vencido sino fuera porque estaba sonriendo satisfactoriamente pese al dolor—, podrías hacerlo, si supieras controlarlo.
Abril no entendía a qué se refería hasta que se presentaron sucesos que ella no controlaba. Los autos de toda la calle comenzaron a levitar y también Donatello se veía atrapado por la fuerza que los levantaba, pronto no sólo los autos sino también buzones, postes, hidrantes y todo lo que estuviera en la calle sin importar que estuvieran anclados al suelo.
"¿Qué sucede? ¿Por qué me ataca a mí también?", escuchó la voz de Donatello en su cabeza aunque no tenía la intención, en poco tiempo no solo era la de Donatello sino las personas que se encontraban en los edificios alrededor, un tumulto de voces que comenzaban a llegar directamente a su cerebro. Hombres, mujeres, niños y ancianos por igual, podía escucharlos a todos, así como percibir la ira y el temor que sentían en ese momento.
— No… ¿qué me pasa? — se preguntó con terror mirando al extraterrestre como suplicando una respuesta, pero él sólo se limitaba a carcajearse mientras se revolcaba en el piso.
Comenzó a sentir miedo y desesperación por no lograr deshacerse de las voces en su cabeza y, pronto, el ataque psíquico que estaba lanzando sobre Arkkan comenzó a transmitirse a todos los que estaba en su mente, incluyendo a la tortuga de bandana morada.
Donatello se llevó las manos a la cabeza intentando apaciguar un dolor que no se detenía, sentía su cerebro hervir y a punto de reventar.
— ¡Donnie! — exclamó la chica con horror al ver el daño involuntario que le hacía a su amigo, pero no podía detenerse, por más que lo intentaba, sus poderes estaba creciendo con una velocidad incontrolable causando cada más más daño en los alrededores.
El terror se apoderó por completo de Abril quien se limitaba a ver como su amigo sufría a causa suya sin poder evitarlo.
