-¿Quién llama? ¿Qué quieres? -preguntó Glossaryck en respuesta a alguien que aporreaba la cubierta de su libro.
-Soy yo, Comet.
-Ah, hola. -intentó abrir el libro, pero algo se lo impidió- Vaya, siempre me olvido de la cadenita esta.
Volvió a cerrar para retirar la cadena interior. Luego el libro se abrió y las páginas se pasaron solas hasta que la pequeña mujer azul salió flotando de entre ellas.
-Comet Dragonfly, futuro Rey de Mewni. -dijo en tono solemne mientras hacía una reverencia antes de preguntar de una forma algo más desganada- ¿Qué es lo que quieres?
-Mira.
Comet señaló a un rincón de su habitación en el que yacían unos horrorosos narvales mutantes. Algunos con varios ojos repartidos por todo el cuerpo, otros con brazos, otros sin huesos o con el cuerno retorcido... Pero todos tenían algo en común, parecía que su mera existencia era un infierno para ellos. Una visión francamente espantosa que provocó que Glossaryck gritara horrorizada:
-¡AAAH! ¡Vale, tranquilo! ¡Yo quitaré las manchas, tú ve a encender el coche!
Glossaryck se metió entre las páginas y casi al instante salió con unas llaves y un bote más grande que ella con una etiqueta que decía "Lejía Mágica". Le dio las llaves a Comet y empezó a verter lejía sobre uno de los narvales.
-No están muertos.
-¿Ah, no?
-Algo raro les pasa a mis hechizos, no salen bien. Mira. Explosión de narvales. Explosión de narvales. Explosión de narvales.
A cada vez que Comet lanzaba ese hechizo, un nuevo narval mutante surgía de la varita. Asqueada y con ganas de vomitar, Glossaryck le dijo:
-Vale, para. El problema no son los hechizos, es la varita. Está contaminada.
-¿Contaminada? ¿Cómo es posible?
-La única forma de averiguar eso es metiéndose dentro de la varita. -respondió mientras descendía y se metía dentro del bote de lejía.
-Espera, ¡¿puedo meterme dentro de la varita?! -preguntó emocionado a la vez que sorprendido.
-Por supuesto, pero no lo haremos. -dijo mientras salía del bote de lejía y su piel se volvía blanca.
-¿Por qué no?
-Porque por decreto de Sun el Impávido, Rey de Mewni, debes ser así de alto para montar ahí. -dijo flotando hasta poner su mano por encima de la cabeza de Comet.
Comet echó una mirada de fastidio al espejo de su habitación. De nuevo, una de las normas de su padre le estaba fastidiando la diversión. Pero esta vez era algo más que eso. Si no arreglaba la varita, no podría volver a lanzar un hechizo correctamente. Corrió las cortinas para tapar el espejo y luego le dijo a Glossaryck:
-Pues yo, Comet el Subestimado, futuro Rey de Mewni, por la presente decreto que me metas en la varita.
-Vale.
En otras circunstancias, a Comet le habría sorprendido lo fácil que era convencerla. Pero estaba demasiado entusiasmado con la idea de meterse dentro de la varita como para pensar en otra cosa. Glossaryck se sentó en uno de los bordes del libro y le hizo un gesto para que él se sentara también.
-Bueno, antes de entrar en la varita hay unas cosas que debes saber. La varita es una prolongación de tu... Comet, ¿me estás haciendo caso?
-Ah, sí, perdona. -dijo antes de prestarle atención de verdad.
-Como iba diciendo, la varita es una prolongación de tus recuerdos. Así que para arreglarla, hay que encontrar lo que no es de ahí.
-Buscar lo que no es de ahí, lo cojo.
-¿Estás listo?
-Puede.
Glossaryck dio un par de palmadas y luego anunció:
-Bien, ya estamos dentro.
-¿Pero qué dices? Seguimos en mi habitación.
-No, estamos en el recuerdo de tu habitación que está dentro de tu varita.
Comet miró la mano que sostenía su varita y se dio cuenta de que ya no estaba. Glossaryck decía la verdad, ya estaban dentro de ella.
-A partir de ahora es muy pero que muy importante que me escuches únicamente a mi y a nada más.
Nada más terminar esas palabras, se oyó el sonido de la puerta abriéndose.
-Comet, ¿has visto mi sudadera?
-Lo siento, Marci, ahora no puedo ayudarte. Estoy haciendo algo con Glossaryck.
-¡No, Comet! Esa no es Marcia. No prestes atención a nada más que a mí. Si no lo haces, nos separaremos.
De nuevo, la puerta se abrió y Marcia entró por ella.
-Comet, ¿has visto mi sudadera?
-Marci, ya te he dicho que estoy haciendo algo con Glossaryyyy...
Cuando Comet se dio la vuelta, Glossaryck ya no estaba. El resto de su habitación también había desaparecido. Lo que ahora tenía delante de él era el Instituto de Echo Creek. Comet gruñó disgustado, dio media vuelta, comenzó a caminar y dijo:
-Vale, Glossaryck, no pienso ir a clase en... en mi memoria de la varita.
Como miraba hacia arriba y a los lados buscándola, no pudo ver lo que tenía delante antes de chocarse. Cuando por fin dirigió la vista al frente, no lo podía creer. Era el instituto. Había subido los escalones de la entrada y estaba a solo unos centímetros de la puerta principal. Miró hacia atrás y el instituto también estaba ahí, con él junto a la puerta. Era como verse reflejado en un espejo.
-Vale, vale, vale, esto es una de esas "paranoias mentales". Ahí está el instituto, el instituto, el instituto... -empezó a caminar señalando a cada entrada que veía hasta que se chocó con otra- El instituto. Parece que sí voy a clase.
Sintiéndose derrotado y fastidiado, Comet entró por la puerta. Esperaba que el interior de la varita fuese mucho más divertido. Al fin y al cabo, era una extensión de sí mismo. Empezó a caminar por los pasillos hasta que una taquilla se abrió sola ante él. Le sorprendió, pero le alegró ver lo que había dentro de ella.
-¡La sudadera de Marci! Eso no es mio, así que no es de aquí. -se puso la capucha sobre la cabeza y ató las mangas alrededor de su cuello- Arriba, abajo, alrededor y a través. Pasa el dragoleón y un nudo es. ¡Glossaryck, he encontrado lo que no es de aquí! Teletranspórtame. -no pasó nada- O radiotranspórtame. -tampoco hubo respuesta- ¿Glossaryck?
Antes de que dijera nada más, un balido llamó su atención. Se preguntó qué hacía una cabra en su recuerdo del instituto, así que fue a comprobarlo. Siguiendo el sonido, llegó hasta el comedor. Estaba vacío salvo por algunas máquinas expendedoras y una cinta transportadora donde circulaba una hilera de hamburguesas. Cogió una, le dio un mordisco y entró en la cocina. Ahí se encontraba el inicio de la cinta, una máquina un tanto extraña con una entrada y una salida. Por la salida era por donde llegaban las hamburguesas y en la entrada tenía otra cinta transportadora mucho más corta en la que había un cerdocabra de Mewni corriendo para salvar la vida. Sin pensárselo dos veces, Comet corrió y se abalanzó para salvar al animal. Cuando estuvo a salvo, pudo fijarse en que llevaba una silla de montar, unas riendas, un collar y un par de flechas clavadas. El cerdocabra volvió a balir y Comet le dijo:
-De nada. A ver quien eres. -miró la placa del collar- "Pequeña Charmy". Alto, ¿Charmy, Charmy? ¿La Pequeña Charmy de mi padre? Estoy completamente seguro de que tú moriste en batalla, amiguita.
Comet salió de la cocina junto a Charmy. Ahora sí que estaba convencido de que había encontrado lo que buscaba. La Pequeña Charmy era una mascota que había tenido su padre muchos años atrás. Murió antes de que Comet naciera, así que no tenía sentido que ella estuviese dentro de la varita.
-¡Glossaryck, he encontrado lo que no es de aquí, la cerdocabra de mi madre!
Sin previo aviso, Charmy empezó a morder uno de los zapatos de Comet. Tiró con tanta fuerza que consiguió tirarlo al suelo y quitárselo. Luego se fue dando saltitos. Por supuesto, Comet la persiguió hasta el despacho de la directora. Al entrar la encontró subida a una mecedora de madera con los bordes tallados con la forma de mazorcas de maíz y el respaldo acolchado.
-Eh, tú, devuélveme el zapato y bájate de ahí. -Charmy le obedeció y se bajó- Mira que sentarte como una persona. Mi madre se pondría furiosa si te encuentra sentada en su mecedora.
Fue después de decir eso cuando se dio cuenta. La mecedora de su madre tampoco debía estar dentro de la varita. Le dio un abrazo al asiento, se puso el zapato en el pie y pulsó el botón para encender el micrófono de la megafonía que estaba sobre la mesa del despacho.
-Glossaryck, ahora sí que lo he encontrado. ¿Puedes venir al instituto?
Se acercó demasiado al micrófono y un chirrido le taladró los oídos. Pero cuando retrocedió para tapárselos con las manos, algo le llamó la atención al otro lado del ventanal del despacho. Desde ahí siempre se había podido ver el campo de football. Pero aunque le parecía imposible, ahora estaba viendo el Castillo Dragonfly en medio del campo de juego.
-Eso sí que no debería estar ahí. Vamos allá.
Para llegar rápidamente, Comet usó lo que había encontrado, además de una caña de pescar que cogió del despacho de la directora para improvisar un carro. Ató las riendas de Charmy a la mecedora de su madre y enganchó una hamburguesa al anzuelo de la caña.
-¡En marcha, Pequeña Charmy! ¡Arre!
Charmy empezó a correr persiguiendo a la hamburguesa colgante por los pasillos del instituto. Pero cuando pasaron junto al pasillo donde Comet había encontrado la sudadera de Marcia, le hizo parar y dar marcha atrás. Por si lo que había visto hasta ahora no hubiese sido lo bastante raro, ahora se estaba viendo a sí mismo en el pasillo.
-Hola. -saludó el otro Comet.
-Eeeeem... hola. -respondió con una mezcla de confusión, curiosidad y repelús.
-¿Adónde vas?
-Pues... iba al... castillo que está en... el... campo de... footbal. ¿Quién eres tú?
-Soy Comet Dragonfly. -respondió con una gran sonrisa.
-No, de eso nada. Yo soy Comet Dragonfly.
-Sí, pero yo también. ¿Has encontrado lo que no es de aquí?
-No estoy seguro. He encontrado la sudadera de Marci, la mecedora de mi madre y a la Pequeña Charmy. Eh, un momento. ¿Por que hay dos yo aquí?
-¿Glossaryck no te lo ha dicho? Con el tiempo tus recuerdos nuevos acaban convirtiéndose en antiguos. Si te quedas mucho tiempo dentro de la varita, tu línea temporal acabará siendo sustituida por una versión futura de ti mismo. Como yo, Comet Dragonfly.
-Espera, ¿quieres decir que tú vas a sustituirme?
-Sí, pero no te preocupes, nadie notará la diferencia.
¿Eso significaba que él iba a quedarse dentro de la varita para siempre y que esa "versión futura" de sí mismo iba a vivir su vida? Si había algo que le aterrara más que esa idea era que su otro yo lo decía con la misma sonrisa con la que le había saludado. Horrorizado, susurró:
-Tengo que irme.
Volvió a hacer correr a Charmy. Pero antes de irse del todo, miró atrás y dijo con tono amenazante:
-Por cierto, mantente lejos de mi línea temporal. -luego, con su tono risueño de siempre, dijo- Y gracias por avisarme.
Comet avanzó montado en su carro improvisado hasta llegar al campo de football. Era mucho más grande que como se suponía que debía ser. Le recordaba a ese anime que tanto le gustaba a Marcia. Cuando miró hacia atrás vio otra vez a su doble montado en otra mecedora tirada por otra Charmy.
-¡Hola!
-¡Lárgate!
Luego vio algo aún más espeluznante. Detrás de su copia había una fila entera de dobles suyos.
-¡Hola!
-¡Hola!
-¡Hola!
-¡Hola!
-¡Hola!
Comet agitó la caña para meterle más prisa a Charmy. Nadie iba a sustituirle. En menos de un minuto, pasó por el portón del castillo que se abrió solo. Pero no entró en los jardines exteriores ni en el hall de entrada. Era una habitación circular con el techo muy alto y con tapices adornando la pared. No había ninguna fuente de luz, pero aún así Comet la reconoció.
-Vaya, es la habitación del abuelo. No entraba aquí desde que era un bebé.
Como Comet se había distraído y bajado de la mecedora, Charmy aprovechó para coger la hamburguesa. Pero eso puso en alerta al príncipe otra vez:
-¡¿Estás loca?! -gritó mientras le sacaba la comida de la boca y la lanzaba lejos de ella- ¡No se come en la habitación del abuelo! ¡Lo llenarás todo de migas!
De pronto, escuchó el sonido de un mecanismo que se accionaba. Una trampilla se abrió en el techo, dejando entrar la luz en la habitación. Ahora se podían apreciar las imágenes de los tapices. Incluso aquel al que había ido a parar la hamburguesa.
-Oh, no, no. Hemos manchado el tapiz, Charmy. -fue a recogerla y un fuerte viento empezó a soplar- ¡Ah, vamos a morir!
Delante de cada tapiz, se elevó una placa de piedra del suelo. Todas ellas formaban un circulo de atriles. Comet estaba encima de uno de ellos y se bajó. Justo después, esa misma piedra empezó a brillar y pudo leer algo escrito en ella.
-¿"Celendor el Tímido"?
Comet alzó la vista para mirar el tapiz. En él se mostraba a un hombre vestido con una túnica negra con capucha. Sujetaba una parte de la tela con una mano para cubrir la mitad inferior de su cara. La otra quedaba oculta tras la misma tela, pero algo brillaba. Algo cuya silueta tenía la forma de una vara con una esfera en la parte de arriba y una pequeña luna en la parte de abajo.
-¡El tatarabuelo Celendor!
Si ese era su antepasado, lo que brillaba debajo de su túnica debía ser la varita. En el tapiz, Celendor estaba dentro de una habitación con Glossaryck a su lado. Y a las puertas de esta, había una larga cola de pretendientas que le traían regalos. Comet volvió a dirigir su mirada al atril de piedra y siguió leyendo:
-"Tras la túnica que su mano con amabilidad sujeta, secretos esconde que a nadie jamás revela." No seas tímido, puedes contármelos. ¿Verdad, Charmy?
Pero Charmy ya no estaba a su lado. Se había acercado a otro atril y estaba levantando una de sus patas traseras.
-¡No, no, no, no, no! ¡Compórtate, Charmy!
Cuando llegó justo a tiempo para detenerla, el atril empezó a brillar igual que el anterior.
-"Lunario el Trincha-monstruos."
La escena de era totalmente distinta a la de Celendor. El Lunario del tapiz era un joven con el pelo rapado y con marcas en forma de rayo en sus mejillas vestido únicamente con una armadura que protegía su torso y parte de sus piernas. La varita en sus manos tenía la forma de la empuñadura de una espada y había un filo que parecía hecho de electricidad saliendo de ella. Estaba en una cruenta batalla contra gigantescos monstruos. Glossaryck también estaba con él, pero no parecía participar en la batalla.
-"En medio del asalto, un héroe nació con una fuerza demoledora. Su poder es tan grande que hasta el vacío ante él se postra."
Charmy volvió a alejarse de Comet. Él iba a perseguirla, pero otro atril reaccionó. Éste lo hizo de una forma diferente a los otros dos. Además de iluminarse, soltó algo de humo. Comet decidió ignorar a Charmy y leer lo que decía.
-"Eclipso el Rey de la Oscuridad. Eclipso, Rey de Mewni, con una reina mewmana se casó. Pero de un monstruo se quedó prendado y lejos de su reino escapó."
Echó un vistazo al tapiz. Eclipso era un hombre con una expresión amable en su cara y las marcas de sus mejillas tenían la misma forma que las picas de las barajas de cartas en la Tierra. Llevaba un frac morado, del mismo color que sus pantalones, sobre una camisa negra, además de un sombrero de copa sobre la cabeza. La varita en sus manos era mucho más larga que con cualquiera de sus otros usuarios y tenía un diseño notablemente siniestro. Él estaba sentado sobre el antebrazo de una enorme mujer monstruo de piel roja y cuatro ojos. Al igual que en los anteriores tapices, Glossaryck estaba al lado del rey al que representaba.
-Oh, un chico malo, ¿eh?
Un gruñido de Charmy llamó la atención de Comet. Se había subido a uno de los atriles y miraba atentamente al tapiz que estaba dertás.
-¿Qué pasa? ¿Qué has encontrado?
Miró en la dirección a la que ella señalaba con el morro y vio que Charmy estaba dibujada en el tapiz.
-Anda, si eres tú antes de morir. Espera, entonces este es el tapiz de mi padre. Aparta. -quitó a Charmy de encima de la piedra para leer lo que decía- "Sun el Impávido. La enemiga inmortal recibirá un destino desgraciado por el hechizo más oscuro de Sun el Impávido."
La escena del tapiz era sin duda la de una batalla. En él aparecía un Sun de más o menos la edad de Comet montado sobre Charmy. De joven se parecía mucho a su hijo. Salvo por el pelo plateado y las marcas en forma de diamante, eran dos gotas de agua. Apuntaba con la varita para canalizar un potente hechizo que le había cortado un dedo a un monstruo. Y Comet también reconoció a la mujer lagarto que estaba perdiendo su dedo en el tapiz.
-¡¿Toffee?! ¿Mi padre luchó contra Toffee?
Se quedó unos segundos en silencio. Nunca le había contado tal cosa. Ahora que lo pensaba, su padre nunca le había hablado de sus años de juventud. Pero esos pensamientos quedaron interrumpidos por un ruido. Se volvió para ver lo que era y vio un telar que tejía solo. Estaba confeccionando un nuevo tapiz, pero lo hacía tan despacio que tardaría años en estar terminado. Sólo había terminado una esquina en la que se podía ver a Glossaryck. La imagen de la mujer azul se volvió tridimensional y se desenganchó del tapiz con mucho esfuerzo.
-¡Glossaryck, has vuelto!
-¡No tienes la más mínima idea de lo difícil que ha sido! -dijo jadeando.
-Vale, perdona. -respondió en tono de queja- Borde.
-No, no, no pasa nada. ¿Has encontrado lo que no es de aquí?
-Pues he encontrado la sudadera de Marci, la mecedora de mi madre y a Pequeña Charmy. Pero... todo eso es parte de mis recuerdos, ¿verdad?
-Bueno, ahora una pregunta más importante: ¿Te has visto a ti mismo?
-Sí.
-Vale, eso sí que no es bueno. -dijo apurada- Hay que sacarte de aquí. -metió los dedos debajo de uno de sus párpados y lo estiró- Entra en mi ojo. Sí, eso es lo que he dicho. Entra, deprisa.
-Pero si todavía no he arreglado la varita.
Un sonido de una tela rompiéndose llamó su atención. Miró hacia atrás y vio que había un roto en el tapiz de su padre justo donde antes estaba el dibujo del dedo de Toffee. Eso quizás era debido a que ahora había un auténtico dedo cortado en el suelo.
-¡Eso es lo que no es de aquí!
Y enseguida se hizo eco de esas palabras. De pronto había más de diez copias suyas. Un círculo de "Comets" que señalaba y rodeaba el dedo.
-¡Comet, tenemos que irnos ya! ¡Entra en mi ojo!
Comet ignoró las palabras de Glossaryck y se lanzó a coger el dedo. Pero menos de un segundo después, sus dobles hicieron lo mismo. Glossaryck flotó hasta quedar encima de Comet y estiró los párpados mientras bajaba para asegurarse de atrapar al original con su ojo.
Comet se vio flotando en un líquido negro y transparente. Fue impulsado hacia una luz y salió a presión por la pupila de un ojo gigantesco. Cuando él estaba fuera, se hizo más pequeño y el resto de Glossaryck apareció a su alrededor, solo que ahora tenía un ojo colgando.
-Ay, qué dolor. -dijo con tono de estar más cansada que dolorida.
-Puaj, líquido de pupila. -dijo Comet mientras se daba cuenta de que estaba en su habitación y de que algo había salido de la varita con ellos- Glossaryck.
-¿Qué?
-Creo que lo hemos logrado. -dijo enseñándole el dedo.
-Ya. Eso es asqueroso, deshazte de él.
Comet lo llevó a su armario y lo tiró dentro sin más. Luego fue hacia el libro y se sentó encima igual que antes.
-Eso no es lo que quería decir.
-Creo que mi padre tenía razón. -dijo con un tono algo deprimido- No soy lo bastante alto para montarme.
Glossaryc flotó hasta sentarse al lado de Comet y le dijo:
-Mírame a mí. Yo no tengo altura para montarme en nada, pero me he montado en todo.
-Eeem... se te está cayendo el ojo.
-Ah, gracias. Espera que me lo coloque. -con un dedo, volvió a meter el ojo en su cuenca- ¿No vas a probar la varita?
-No, creo que ya he tenido suficiente magia por hoy.
La puerta se abrió en ese momento.
-Comet, ¿has visto mi sudadera?
-¡Explosión de narvales!
Comet lanzó el hechizo instintivamente y un narval derribó a Marcia.
-¡Funciona! Espera, ¿esa Marci era la auténtica?
-Sí.
-Uy.
