Cap 37
Entrada la noche, los jóvenes lograron escapar de la mansión Ivanova o mejor dicho, del patriarca de la familia que se había mantenido animado durante toda la velada hablando de un sin fin de temas aunque al final todo era referente al juego. Tuvo la delicadeza de no preguntarles nada respecto a su último juego aunque se notaba que deseaba comentarlo al igual que su hijo pero por suerte ambos resistieron la tentación.
Samantha, Elena y James comenzaron a andar por los jardines dirigiéndose a los límites de la propiedad para desaparecer. La pareja caminaba unida por el agarre de sus manos y con cierto alivio sonreían por el fin de la cena y disfrutaban en silencio del sonido del ambiente a su alrededor así como de sus mismos pasos, la rubia se sintió algo entrometida así que acelero su paso.
-Siri me iré adelantando ¿te veo en mi casa?
-Claro –. James le sonrió.
Samantha le dio un abrazo con familiaridad a la castaña –Gracias por todo, estuvo genial.
-No es nada, esta es tu casa y disculpa por el acoso –. Susurro Elena con visible vergüenza, a lo que la rubia solo dejo escapar una carcajada a la vez que le palmeo el hombro.
-No pasa nada, estoy acostumbrada así que ni lo pienses demasiado... bueno me voy, bye.
Y sin más, la pareja observo a la rubia mientras esta con el paso más velos del que era capaz cruzo el límite de la propiedad que se hallaba a solo un par de metros de distancia. Continuaron su andar con calma, al fin el castaño aun no podía exigirse demasiado.
-¿Ya quieres volver a la escuela? –. Le cuestiono Elena mirando atentamente su semblante.
-No realmente... será algo molesto con las nuevas miradas curiosas o hasta las preguntas pero ya no quiero estar en casa –. Susurro con cierto pesimismo que fue evidente para su novia.
-¿Porque?
James al notar el interés puso su mejor sonrisa forzosa –Estoy agotado de que me traten como si fuera de cristal.
Elena dejo escapar una risilla mientras asentía –Me lo imagine... pero no puedes culparlos.
-No lo hago pero es molesto que hasta me quieran bañar –. James hizo una leve mueca seguida por una risa a la que se unió la castaña.
Anduvieron un par de pasos más hasta llegar al final de la propiedad y se voltearon a ver con una sonrisa casi tímida pero con cierta complicidad oculta.
Suavemente James paso su mano por la mejilla de Elena mientras la observaba detenidamente, desde que había llegado sintió que algo no estaba bien pero no sabía que era ni tampoco como debía abordar el tema, no quería presionarla o forzarla de alguna forma pero realmente sentía que era algo en lo que tenía que ver en especial cuando los ojos zafiros de ella rehuían un poco de los suyos.
Elena sintió su mirada y con velocidad oculto lo mejor que pudo la tensión que su rostro mostraba –Dime ¿volverás a entrenar al volver?
-Si, todo lo que mi cuerpo permita hasta volver a estar al 100... tendremos un juego pronto –. Pudo sentir como ella tenso cuerpo de inmediato y la rodeo con sus brazos –Todo estará bien.
-Tengo miedo –. Susurro escondiendo su rostro en el pecho del joven que suspiro.
-Lo sé... yo también pero no quiero dejar lo que amo...
-Lo sé... por eso no te pido que lo hagas –. James sonrió al sentirse comprendido.
Se apartaron un poco uniendo sus miradas de manera inmediata –Pero promete que tendrás cuidado.
-Lo hare...
-Promételo.
El castaño sonrió levemente y asintió –Lo prometo... pero solo si me dices que es lo que te está molestando y no se vale decir que nada.
Elena suspiro y sonrió colocando sus manos a ambos lados del rostro de su novio mirándolo fijamente a los ojos –A ti no te puedo ocultar nada, eres muy observador.
-Años de práctica tratando de entender a Lilly –. Ambos sonrieron por un instante pero luego la castaña bajo la mirada.
-Son dos cosas fundamentalmente –. Guardo silencio mientras en su mente no dejaba de repetir el rostro de Albus y todo lo que su interior había sentido con sus besos. Paso saliva sonoramente y volvió a mirar a su novio a la cara –Son las fechas, a mi madre le encantaba la navidad y... la extraño.
-Princesa... –. James la abrazo con mayor firmeza haciéndola que se recostara de nuevo en su pecho –No puedo ni imaginarme como la has de extrañar... –. Beso dulcemente su coronilla –Me hubiera encantado conocerla.
Elena sonreía con ternura pero en sus ojos podía notarse la culpa que comenzaba a carcomer su interior –Le hubieras caído bien.
-¿Tú crees? Yo diría que me tendría cierta desconfianza por lo lindo que soy –. Volvieron a reír un momento tratando de romper la nostalgia que se arremolino a su alrededor.
Permanecieron un largo rato unidos en el abrazo sintiendo como sus cuerpos se amoldaban cómodamente al otro pero el frescor de la noche se intensifico y con eso recordaron lo tarde que era.
-¿Y lo segundo? –. Elena miro a su novio confundida –Dijiste que eran dos cosas.
La castaña asintió –Lo cierto es, que me preocupa que mi padre te haya invitado... no me malentiendas, no es que me moleste que vinieras es solo que... que siento como si esto volviera lo nuestro más serio y yo...
James puso su dedo índice contra los labios de Elena y le sonrió –Sé a lo que te refieres. Yo también lo he pensado desde que me invitaste pero al final solo llegue a una conclusión.
-¿Cuál?
-Que por más que la gente quiera o espere algo de nosotros, al final de cuentas es nuestra relación y solo tú y yo podemos decidir qué es lo que va a pasar en ella.
Elena sonrió asintiendo –Tienes razón.
El castaño se acercó y con suavidad rozo sus labios contra los de su novia que se dejó hacer –Así que solo sigamos como hasta ahora... solo escuchando lo que nosotros queremos... a nuestro ritmo...
-A nuestro ritmo –. Susurro la morocha con los ojos cerrados dejando que la presencia y el afecto de James la llenaran, y viceversa.
-Pero hay que prometer que siempre nos diremos todo... lo bueno y lo malo... todo ¿te parece? –. Susurro el castaño.
Espero a que ella le respondiera pero en lugar de palabras esta se aferró con firmeza a su cuello halándolo para unirse en un beso. Lento y suave, con cierta urgencia oculta entre los labios y un sabor de confusión que se impregno profundamente en cada uno. El aire se terminó y se alejaron lentamente, sonriéndose con cierta duda y sin palabras que se atrevieran a escapar de sus mentes, se dijeron adiós.
James retrocedió unos pasos y en un instante desapareció dejando un espacio vacío al que Elena miro por varios minutos mientras sus dedos acariciaban sus labios y con terror en su mirar se sintió absorbida por un torbellino interior.
A la vez, el castaño apareció en el vestíbulo de la casa Krum y dejo escapar un suspiro negando silenciosamente mientras sus labios se apretaban un poco...
oooooooooo
La madriguera se encontraba en calma aun cuando la mayoría de la familia se hallaba en el sitio. Hace muchos años que la afición de Arthur por los aparatos muggles había dado un gran descubrimiento, un proyector; así que en algunas ocasiones Molly con ayuda de sus nueras preparaban cargamentos de palomitas en todos los sabores posibles como queso y caramelo para que cada uno de sus hijos y nietos hallara el de su gusto mientras tanto, los demás ayudaban a colocar una carpa o solo una gran manta del tamaño de la casa entera para que todos pudieran ver una película sin problemas.
Un gran día familiar con Nemo nadando por uno de los costados de la carpa que los guarecía del frio invierno mientras mullidos regados por los suelos los acogían con amabilidad permitiéndoles cómodamente concentrarse en el mundo azul.
-Ya es tarde –. Susurro Harry a su mujer que cómodamente se encontraba recargado en su hombro, algo que lo sorprendió pero a lo que se lo aferro desde que se robaron a Nemo.
-Si… –. Respondió está tratando de que su voz sonara más despierta de lo que realmente se encontraba –Debe haberse quedado…
-¿En casa de Elena? –. Los ojos sorprendidos de Harry giraron hacia su mujer que rio por lo bajo para luego golpearlo en el pecho.
-No, mal pensado… debe haberse quedado con Sammy –. Ginny suspiro clavando sus ojos en la pantalla sintiendo como su sonrisa se desapareció en un milisegundo –Han pasado por mucho juntos… siempre ha sido así, se necesitan para seguir.
Su esposo la aferro entre sus brazos y recargo su mentón en la cabeza rojiza de su mujer –Dale tiempo… sino hablaremos con él y le conseguiremos ayuda.
De inmediato, su mujer volteo a mirarlo llena de convicción –No… sé que puede superarlo, él puede…
Harry la miro unos momentos asintió creyendo completamente en las esperanzas de su mujer y la fortaleza de su hijo.
oooooooooo
Entre las penumbras de una gran y vieja mansión una reunión se llevaba a cabo. El comedor principal lucia roído por el tiempo pero sus sillas aun eran lo suficientemente fuertes para sostener el peso de los hombres, o al menos tres de ellas lo hacían sin dificultad. Sobre la mesa varios documentos se hallaban desperdigados apenas alumbrados por la luz de un par de bolas de fuego que bailaban casi inmóviles por los aires, los rostros apenas se vislumbraban pero era visibles los ceños fruncidos que todos mantenían. En especial, el que se encontraba en el sitio central.
-Crucio –. Exclamo apuntando a uno de sus compañeros que sin esperar el ataque lo recibió cayendo al suelo mientras se retorcía.
-¡Suficiente! –. Exclamo el hombre de mayor tamaño que golpeo la mesa con su palma a la vez que se ponía de pie.
La figura central detuvo su ataque y volteo a verlo con frialdad –Suficiente ¿dices?... lo mismo digo yo sobre sus idioteces pero aun así no paran ¡Crucio! –. Esta vez el rayo le dio de lleno en el pecho al hombretón que trato de resistirlo hasta que sus piernas flaquearon haciéndolo caer provocando un gran estruendo que retumbo por todo el lugar vacío –Los han puesto sobre aviso y ahora, es imposible tocarlo.
-¿Eso te molesta o es solo el hecho de que salió bien y no fue tu idea? –. Refuto el larguirucho poniéndose de pie con una mirada valerosa que desapareció en el instante en que el líder poso su mirada en su ser.
La tortura sobre el hombretón se detuvo y aunque el larguirucho temió ser de nuevo el blanco con alivio vio cómo su líder de ropas mucho más elegantes que las propias volvía a enfundar su varita. Los hombres volvieron a tomar sus asientos mientras el central tomaba de la mesa la fotografía recortada de un joven castaño y sonrisa pícara, la miro fijamente y suspiro apretando los ojos un instante.
-Ya no podemos tocarlo... lo van a proteger en todo momento y los juegos estarán con el doble y triple de aurores –. Gruño el líder.
-¿Realmente lo dices por ello o porque ahora estas casi en una posición más que favorecedora frente a los Potter? –. Dijo sin tapujos el hombretón.
Fue el turno del líder de golpear la mesa con su palma dejando la fotografía girada hacia la madera –¡¿Cómo te atreves a poner en duda mi lealtad?! –. Susurro apretando los dientes a la vez que su mano volvía a sujetar el mango de su varita.
-Es entendible dada la situación... –. Dijo una cuarta voz desde las penumbras, sus pasos casi no resonaban por los suelos y al escucharlo todos voltearon a verlo.
-¿Tu también? –. Le dijo el líder mirándolo a la cara ya que se había puesto de pie.
El recién llegado le sonrió de lado levemente y levanto las manos con fingida inocencia –Yo solo digo, que la situación en la que estas y lo que acabas de decir deja una... como decirlo... sospecha –. El líder apretó la mandíbula pero de pronto la mano del recién llegado le dio un par de golpes amistosos en el hombro –Pero tienes toda la razón... el ataque fue estúpido y ni siquiera le quito la vida, ahora por nada hemos perdido la posibilidad de tocar al primogénito de Potter pero...
Se acercó a la mesa y tomo otra de las fotografías de los hijos de Harry, la levanto para mirarla mejor y sonrió con crudeza para luego lanzarla al centro donde se hallaba el área mas alumbrada.
-Por suerte, podemos llevarnos otra joya querida...
oooooooooo
"El viento golpeaba su rostro y todo a su alrededor daba vueltas sin cesar desdibujando lo que parecían ser personas. El cielo oscuro desde donde caen gotas heladas la golpeaban pero todo dio un súbito giro y ahora el verde césped era su cielo o al menos lo fue un momento, ya que no dejaban de intercalarse pero eso no era lo que importaba.
-Sam...
Escucho a lo lejos, su voz la llamaba y sus ojos desesperados lo buscaron mientras sus manos se aferraban al palo de su escoba.
-Sam...
Volteo a todos lados y entonces lo vio, casi como una bola de fuego que potencia se dirigía al suelo. Instintivamente acelero y todo comenzó a girar con más prisa a su alrededor confundiéndola, mareándola como jamás lo había estado pero se concentró en él y solo en él.
-Vamos... Sam...
Acelero todo lo que pudo pero era como si fuera a una velocidad mínima; un fuerte dolor en su cadera seguido por un estruendo y de golpe se encontró en el suelo..."
James coloco su mano en el hombro de su amiga y sintió como si una ola lo golpeara de frente...
"... ahí estaba su mejor amigo. Tumbado en el suelo con sangre saliendo de su boca y un semblante pálido casi blanquizco que la hizo estremecer pero lo peor fue cuando se fijó en sus ojos avellanas que lucían opacos sin vida alguna.
Medimagos se acercaron a ellos con paso calmado y solo basto que le pasaran por encima la varita al cuerpo inerte de su amigo para que uno de los sanadores chasqueara la boca –Se ha ido...
-Petrificus totalus.
El rayo le dio antes de que pudiera levantar y correr hacia él o al menos llamarlo, gritarles que estaban equivocados y que lo atendieran. Lo que fuera pero su cuerpo simplemente no se movía ni sus ojos se alejaban del rostro de su amigo.
James se encontraba de pie mirando la escena desde el otro lado de donde su amiga veía, podía ver su semblante de dolor y sentir su angustia y desesperación pero por un momento solo se concentró en verse a sí mismo. Un extraño reflejo de lo que no fue pero pudo ser.
Cerro los ojos de golpe y apretó los puños –¡Sam, despierta!..."
Samantha abrió los ojos de golpe sintiendo una presión inmensa en su pecho que le impedía respirar con normalidad, lo hacía de forma agitada y ruidosa a la vez que desesperada como si se hubiera encontrado retenida bajo el agua escapando para hallarse envuelta en una especie de sabana que la aprisionaba por más que intentaba huir.
La intensidad de la sensación le hizo casi saltar de su sitio sentándose de golpe y mirando a todos lados sin ver realmente a su alrededor, solo quería escapar y la angustia aprisionaba de tal forma su pecho que lagrimas se deslizaban casi imperceptiblemente por sus mejillas. Con suavidad, unos brazos la rodearon con cierta firmeza dejándole ver que estaba ahí a su lado entre las penumbras y solo el aroma bastante conocido basto para que su cuerpo reaccionara a aferrarse con toda la fuerza de la que era capaz.
-Tranquila, Sam… estoy aquí… estoy contigo… –. Susurro James dejándose hacer sin quejarse aunque su pecho subía y bajaba con cierta agitación, su mente aun aturdida por el golpe mágico le provocaba un dolor parecido a caer de cabeza pero lo dejo de lado –No me iré…
-No puedes… ir… a ningún lado sin mí –. Dijo Sam en apenas un susurro fantasmal aunque poco a poco la calma la rodeaba mientras su cabeza se encontraba acomodada en el pecho de su amigo.
El castaño sonrió con esfuerzo –Lo se… me podría perder –. Ambos rieron un poco sin energía pero se aferraron un poco más al abrazo sintiendo su potente conexión vibrar.
La joven Krum cerró los ojos respirando profundamente para terminar de relajarse pero entonces noto el pulso acelerado de su amigo y al concentrarse sintió como su magia se hallaba desestabilizada, preocupada se alejó para mirarlo a la cara observando la palidez de esta. Su amigo sonrió como si nada pasara aunque sabía que ya había sido descubierto.
-¿Estabas ahí?
James suspiro y asintió –Te quejabas mientras dormías, quise sacudirte para que despertaras pero…
-Oh, Siri –. La rubia volvió a aferrarlo –Lo siento tanto… estoy tan acostumbrada a que nuestras magias se combinen que no lo note…
-No pasa nada.
Samantha suspiro y con desanimo se quedó casi sobre el castaño –Tú has mejorado ¿cierto?
El chico asintió –Claro que lo hice… ¿dejaste las pociones?
-Papá me las quito para que no me hiciera dependiente…
-Tiene sentido.
-¿Cuándo mejoro?
James suspiro mirando hacia la nada –Cuando mi movilidad regreso… al menos ahora ya no tengo que quedarme mirando el techo y puedo merodear.
Sam rio un poco –Debí de suponerlo.
Su mano comenzó a juguetear con el cabello rubio de su amiga que se dejó hacer –Solo es cuestión de tiempo, veras como pronto volvemos a dormir.
La joven asintió y cerró los ojos con enojo pero visible tristeza –¿Y cuándo dejare de temerle a mi escoba?
El castaño negó en silencio –Cuando te enfrentes a ella… como yo tendré que hacerlo…
-¿Juntos? –. Susurro la rubia con un dejo de voz.
El castaño sonrió y la miro directamente –Juntos.
Permanecieron recostados juntos un largo rato, conversando de tonterías sin importancia alejándose de sus miedos y dolores hasta que notaron la salida del sol que se filtraba por entre las cortinas de la habitación de la joven.
-Por cierto… –. Samantha se puso de pie con cierta lentitud pero mayor agilidad mientras era observada atentamente por su amigo –… desde hace días que llego.
-Oh –. El castaño se acercó al tocador de la joven de donde ella sacaba una caja de madera tallada de su cajón especial hechizado para que solo ella pudiera tocarlo o verlo.
Coloco la caja sobre el tocador y la abrió sin hacer esperar a su amigo que se encontraba a su espalda, hubo un leve resplandor que ilumino sus rostros y un poco la habitación pero sus ojos no se apartaron. Maravillados; observaron el dije central formado con un hermosa esmeralda que centellaba con potencia resguardado por un par de alas de oro blanco finamente talladas que parecían abrazar protectoramente a la piedra, el collar que lo sujetaría al cuello era un hilo de un metal tal fuerte como el acero pero que lucía tan delicado en un tono platinado casi azulado que se entrecruzaba casi como si formara una cadena muy justa y delicada. A su lado, un anillo con un hermoso rubí descansaba rodeado por el mismo hilo que parecía atacarlo para atraparlo y arrastrarlo a las profundidades, como una enredadera que rodea una piedra.
-Wow…
Samantha sonrió asintiendo –¿Que esperabas? Lo encargaste con el mejor duende de las montañas, solo lo mejor de Bulgaria.
-No esperaba tanto –. Susurro James acariciando la esmeralda –¿Es de lo mejor de tierras altas?
La rubia asintió mirando fijamente la joya pero sin tocarla, examinándola en silencio –Si, hay magia muy potente en las piedra y los hilos…
James asintió y camino hasta la puerta de donde su saco colgaba, del bolsillo de este extrajo su varita a la que miro con cierto nerviosismo antes de darse la vuelta para regresar al tocador. Su amiga ya se encontraba sentada frente a este con su varita lista en caso de ser necesario.
-Este hechizo es demasiado para que lo hagas ahora… aun no estás bien –. Susurro mirándolo pero noto en su semblante decidido que ya no importaba lo que dijera.
James asintió –Justamente porque me encuentro así es que debo hacerlo… no pienso arriesgarme… no con ellas.
Samantha sabía perfectamente que esa sería su respuesta y simplemente se preparó en caso de que algo fuera mal. El castaño se concentró un momento cerrando sus ojos, aferrándose a su varita con firmeza aunque sentía como temblaba su mano y antes de pensarlo demasiado la elevo apuntándola a las joyas a la vez que susurraba un viejo hechizo.
Un rayo dorado se reunió en su pecho y de golpe salió disparado hacia las joyas que lo absorbieron centellando hasta cegar a Samantha que tuvo que bajar la vista a la vez que escuchaba el golpe sordo del cuerpo de su amigo contra el suelo.
Hola.
Una disculpa por la falta de actualización pero me desconecte por completo. Lo siento y espero que no quieran golpearme.
No se como esta historia a durado tanto pero sin duda a llegado el momento de apretar el paso, no prometo que sea mucho para no quedarles peor de lo que ya pero sí voy a trabajar mas en ella. Lo prometo.
Felices fiestas! Que se la pasen genial... no olviden dejarme sus tomatazos o lo que sea xD
