Hermione debe decidirse. Es como si...lo amaras pero recientemente y no supieras si debes casarte o no. Si haces bien en hacerlo.
Severus admiraba la decoración en el hogar de su madre, con un gesto de sorpresa. Los utensilios viejos, ya ni parecían haber sido usados una vez. Todo había cambiado tanto. Y nuevamente, Hermione era el centro de atención del espectáculo. Con una sonrisa suave, estaba sentada en el centro del salón familiar y alrededor de ella, estaban los presentes. Tonks estaba sentada a su lado, mostrándole un pequeño overol rojo con líneas negras. Hermione estaba sentimental, algunas lágrimas se escaparon de sus ojos, al ver los diversos muñecos de felpa que reposaban en una pequeña mesa de té frente a ella.
Remus sostenía lo que parecía ser una pequeña manta. Tenía osos marrones, tejidos en ella. Hermione la sostenía y hablaba de que resultaba ser la cosa más adorable que jamás había visto antes. Remus sonreía y le explicaba que había estado tratando de decidirse entre osos o gatos. Pero que estaba seguro de que ellos iban a preferir a los osos.
No entendía ni la mitad de lo que ocurría, pero Hermione parecía estar feliz. Además de que eso cooperaba a que ella olvidara lo que le aquejaba. El miedo y la desesperación de morir. De perder a los bebés que pese a ser concebidos a la fuerza, ahora amaba y resultaba imposible pensar en dejar.
Se mantuvo de pie a un lado, casi ausente. Aunque su madre esperaba que se uniera a la celebración. No era aquello lo que quería hacer.Aún su mente estaba en proceso de entender el trasfondo de las palabras de Sirius. ¿Podía él hacer lo mismo que había hecho Lily? Pensaba que solo un alma pura podía amar con tanta devoción.
Y otra vez estaba hablando de almas y no entendía nada al respecto. No sabía a qué se refería Albus con el tema. Las almas seguramente no existían. No eran algo tangible. Incluso "leer la mente". Eso era absurdo. Cosas de muggles.
¿O se podía leer los pensamientos? Algunas veces, había experimentado ese sentir con Hermione. Como si con solo ver sus ojos, pudiera entender lo que estaba por decir o lo que estaba pensando.
Teóricamente eso sería bajo un hechizo, pero ni siquiera necesitaba hacer uso de su magia, para presentirlo.
Presentimientos, almas y lecturas de mentes. Eso resultaba tan confuso para él. Suspiró cuando una mano se posó sobre uno de sus brazos. Su madre sostenía una copa con ponche y se la extendía. La tomó con un suave gracias y su madre sonriendo, palmeó su rostro suavemente con una de sus manos.
— Si sigues frunciendo el ceño de esa forma, te acalambrarás luego y no va gustarte. A tu padre solía ocurrirle.
Su madre era una de las personas, al igual que Hermione, capaz de decir algo prosaico que lo sacara de concentración. En cuanto focalizó la vista de regreso, Sirius estaba bailando con su "pareja" y Hermione reposaba su cabeza sobre su hombro. Muy contenta.
Ellos eran su familia, sus mejores amigos. ¿Qué tenía él que darle que pudiera suplantarlos a ellos? Nada. Resultaba que nada.
Estaba comenzando a sentir que su ofrecimiento carecía de realidad alguna. Suspiró cuando su madre se acercaba a él, pidiéndole su mano. ¿Qué quería? Bailar con él seguramente.
En otra época, eso habría sido bochornoso. En ese momento, solo esperaba que eso le distrajera de creer que Hermione debía salir de su vida. De la mejor manera posible. En ese momento, solo buscaba distraerse.
Olvidarse de todo. Asintió, cuando su madre sin hablar le pedía que bailara con ella. De todas formas...
Era su madre.
— No me gusta verte tan distraído, Severus. ¿Qué sucede? ¿Tienes algún problema, querido? ¿Te sientes bien?
— Al final de cuentas, debería decirle a Hermione Granger, que no quiero casarme con ella.
Eileen se mostró confundida y Snape continuó.
— Quiero decir que...¿qué podría darle yo que no tengan todos ellos? ¿Por qué voy a arrancarle la felicidad de las manos, para sumirla en tristezas y problemas?
— Con haberla escogido como pareja potencial para la misión, cariño, me temo que ya hiciste eso. Ahora solo queda afrontarlo.
Sí, vivía con esa estúpida culpa. No lo dejaba dormir.
Mientras bailaban, se preguntó cómo resultaba ese famoso sacrificio del que Sirius estaba hablando. Tenía que morir para que los bebés y ella no sufrieran ningún tipo de herida o percance.
Así había hecho Lily. Ella había muerto por Potter.
