N/A: Para quienes me preguntáis cuantos capítulos tiene ésta historia, os diré que son 50. Siento no actualizarla a diario, pero realmente ando escasa de tiempo para corregir. De todas formas, ya quedan pocos. Gracias por seguir leyendo mi historia mas especial.
CAPITULO 36
¿BAILAMOS?
Sábado 12 de Julio 19:23 pm West Hollywood , California.
—Chicas, os recuerdo que la reserva en el restaurante es a las 9...así que no tardéis en ducharos y vestiros para la ocasión. No acepto demoras—Informó Ashley tras dar por finalizada la fiesta en el jardín y comenzando la segunda parte de la celebración. Solo Rachel, Quinn, Santana y Brittany permanecía en la mansión con ellas, mientras el resto de amigos de la pareja ya habian abandonado la misma dispuestos a prepararse también para la fiesta en el restaurante, aunque ellos acudirían directamente hacia el mismo.
—San, ¿¡Por qué no te has duchado conmigo!?— Exclamó la rubia tras ver como Quinn abandonaba el baño y su turno llegaba.—Estoy convencida de que ésta me ha dejado sin agua caliente.
—Estamos en la mansión de Ashley, Britt. Hay agua caliente para todas—replicó Santana desde el interior de la habitación.
—Pero es más divertido si nos duchamos juntas.
—¿Puedes dejar de quejarte?—masculló Quinn junto a la puerta de su habitación—Dúchate de una vez, no tenemos todo el día.
—Uhh, ¿Estaba en mal estado la comida de gato?
—¿Qué dices Britt?—replicó Quinn confusa—¿De qué hablas?
—Estás de un humor insoportable—respondió cuando ya pasaba junto a ella para dirigirse hacia el baño—A Lord Tubbi le sucede lo mismo cuando su comida no está buena.
—Oh dios—se lamentó al escucharla, y lo hizo porque sabía que era mejor callar y permitir que se quedara con el valor de haber tenido la última palabra.
—Vamos, dúchate… y no tardes. Ash no es de las que espera— volvió a recriminarle mientras accedía a la habitación y se encontraba con una escena que esperaba, pero que como casi todo en aquella época, le sorprendía. No obstante, ver a Rachel con un divertido vestido muy diferente a los que ella solía utilizar, mirándose en el espejo y retocándose el pelo, era una escena difícil de asimilar para ella.
—Ash quiere que nos demos prisa.—Dijo la morena tras verla entrar.
—Lo sé… va gritando por toda la casa. Creo que se ha enterado hasta el jardinero del vecino.
—Quinn—susurró ignorando el comentario de la rubia, desviando una tímida mirada a través del espejo hasta llegar a ella. La rubia ya procedía a vestirse sin desprenderse de la toalla.
—Dime—respondió, y Rachel dudó. No habia dejado de pensar en lo que Brittany le había dejado escapar durante la fiesta, acerca de aquella supuesta sorpresa que Quinn le tenía preparada en Nueva York, y estuvo buscando un momento como aquél, completamente a solas para lograr entablar conversación con ella, y cuestionarla acerca del asunto. Sin embargo, viendo la situación entre ellas, como todo parecía volver a una relativa normalidad en la que no se limitaban a discutir, sino que simplemente se dejaban llevar, la hizo recapacitar y evitar cualquier mínimo motivo de enfrentamiento.—¿Qué?—añadió ante el silencio de la morena.—¿Te pasa algo?
—Eh… no, no…quiero decir que sí, que… estoy bien—Balbuceó y Quinn volvía a extrañarse.
—Pero ¿Qué querías?. Me has hablado y te has callado.
—Eh… si, eh…Nada, solo quería saber que te vas a poner, si te vas a arreglar mucho o poco—Reaccionó a tiempo, aunque para Quinn ya era tarde. Se había percatado de que no era precisamente aquello lo que quería preguntarle, no obstante, prefirió seguirle la corriente.
—Pues no mucho. No he traído mucha ropa, así que iré sencilla.
—¿Quieres que te deje algo? He traído ropa para varios días y algunos vestidos de más. Estoy segura de que pueden sentarte de maravilla…quiero decir, que seguro que te quedan bien—se ruborizó al tiempo que volvía a desviar la mirada a través del espejo.
—No es necesario, Rachel—respondió Quinn conteniendo la sonrisa—Unos jeans y una blusa será suficiente. Al fin y al cabo, dudo que Ashley nos lleve a algún lugar demasiado elegante—Añadió, y Rachel no tardó en lanzarse una mirada sobre ella misma. El vestido azul eléctrico que vestía sí era elegante, de hecho, era demasiado elegante, pensó.
—Debería ponerme otra cosa, ¿Verdad?—Musitó buscando de nuevo la mirada de Quinn, y ésta la miró incrédula.
—¿Por qué? Estás impresionante, Rachel.
—Sí, pero tú has dicho que seguro que Ashley nos lleva a algún…
—No importa dónde nos lleve Ashley. Estamos en Los Ángeles, Rachel. Y en ésta ciudad tú debes brillar. Quedate cómo estás, ellos tienen que saber quién es Rachel Berry—susurró mientras dejaba caer la toalla que la protegía, quedándose en ropa interior , y provocando que el rubor en Rachel ocupase casi la totalidad de su rostro.
—Es un poco injusto ¿No crees?—Dijo Rachel tras llenar sus pulmones con una bocanada de aire y templar sus nervios.
Quinn la cuestionó con la mirada.
—A ti no se te cae la toalla como a mí cuando más interesa que se caiga. No es equitativo.—Bromeó y Quinn no pudo evitar dejar escapar una traviesa sonrisa.
—Rachel, no busques excusas. Sé que lo haces para provocarme.—Replicó sin perder el humor— Noes la primera vez que apareces en toalla delante de mi y se cae sin que puedas evitarlo.
—¿Qué? No seas mentirosa, solo me has visto una vez en toalla.
—¿Mentirosa? ¿Ya no recuerdas del día que fui a recogerte para quedar con Spencer y Ash, y tus padres me hicieron subir a tu habitación?
—¡Oh! Es verdad—Susurró recordando el momento— Estaba en la ducha y de pronto apareciste en mi habitación.
—Ajam…
—¿Cómo te acuerdas de eso? A mí me da la sensación de que han pasado años en vez de semanas.
—¿Cómo pretendes que olvide algo así?, ¡Es imposible!— Añadió tras colocarse la blusa.
—No pudiste ver mucho esa vez. No recuerdo que se me cayera la toalla.
—¿Y qué tiene eso que ver?– sonrió— ¿Crees que sólo recuerdo cuando te veo desnuda?— se acercó al espejo para comenzar a peinarse.
—¿Y qué más recuerdas de aquél día?.
—Tú olor, ese mismo olor que desprende ahora tu pelo y que me deja completamente paralizada—Respondió sin pensar, y Rachel no tardó en jugar sus cartas. Aunque lo hizo a modo de broma.
La morena aprovechó la cercanía entre ambas, para colocar su cabeza sobre el hombro derecho de Quinn, y ésta no pudo evitar dejar escapar una carcajada.
—¿De qué te ríes?—cuestionó sin apartar la cabeza.
—¿Estás tratando de provocarme?— Respondió Quinn.— Porque si es así, te diré que lo dejes para otro momento.
—Solo pretendía que olieses mi pelo—musitó Rachel divertida al tiempo que se separaba de ella.
—Ya veo—replicó Quinn— Pero como sigas así, no sé si voy a poder resistirme y seguro que alguien va a volver a interrumpirnos… como siempre.
De nuevo las sonrisas entre ambas y una mirada de complicidad. Rachel se colocó el par de zapatos y volviendo a pasar cerca de la rubia, abandonó la habitación sonriente, y sin dejar de mirarla
—Es una lástima que siempre nos interrumpan—susurró justo en la puerta mientras Quinn seguía hipnotizada en ella—Empiezo a desesperarme— Añadió y sin más, abandonó la habitación dejándola a solas. A solas y completamente loca.
00:45 a.m. Club Grey , Los Ángeles, California.
—Glen, he pensado que para redimirte de todas las burlas que me hacías en el pasado, puedes invitarme a una copa ¿No crees?— Quinn se acercó al hermano de Spencer que permanecía apoyado en la barra del club.
Habían cenado todos juntos en el Palm Restaurant, uno de los mejores restaurantes de la ciudad y todo por cuenta de Ashley. Tras la agradable velada, decidieron partir hacia el Club Grey, un local al que los chicos acudían asiduamente. Allí, una vez reunidos de nuevo, exceptuando a Chelsea y Sean que se marcharon tras la cena, comenzaron a divertirse ocupando la totalidad de la pista de baile.
Santana por fin tenía la atención de Brittany, que durante todo el día había estado más pendiente en divertir a los demás que en mirarla a ella. La latina permanecía un poco ajena, aun no terminaba por acomodarse entre aquel grupo de chicos, de ahí que necesitase la atención de su chica, que en la pista de baile no la abandonó en ningún momento.
Rachel, Spencer, Ashley, Kyla y Madison disfrutaban de la música como si no existiera nada más. Quinn bailaba por momentos, pero el largo viaje y luego todo el día en la piscina le empezaban a pasar factura.
—Yo te invito a lo que me pidas— Respondió el chico sonriendo.
—Sorpréndeme.
—Ok. Te voy a invitar a algo que en Lima ni siquiera conocen. Pero luego no me culpes. No creo que una chica sea capaz de tomar ese trago y no morir. Solo los hombres como yo lo tomamos como si nada.
—Imagino. También los hombres como tú son los únicos que no bailan en una discoteca plagada de chicas, ¿No?—se burló.
—No bailo con cualquiera—replicó con orgullo— Aunque tal vez tú si podrías interesarme para bailar.
—Ni lo sueñes. Llevo toda la noche esquivando a Ashley y a Santana para no bailar, y evidentemente no lo voy a hacer contigo.
—Tú te lo pierdes—añadió Glen dando un nuevo sorbo a su bebida—Tal vez con él si quieras.
Quinn no supo de quien hablaba hasta que decidió seguir con la mirada la indicación del chico, y descubrir ya junto a ellos a Aiden, con esa sonrisa que ya había empezado a detestar. Aunque tenía motivos para ello.
—¿Qué hace una chica como tú hablando con un perdedor como éste?—dijo burlándose de Glen—¿No te apetece bailar un poco?
Lo tenía todo, pensó Quinn. No solo era engreído, sino que además tenía poca gracia con las bromas. Y eso sin contar con la intensidad que parecía arrastrar a la hora de coquetear con chicas. Quinn perdió la cuenta de las veces que Aiden se había acercado a Rachel con doble intención. Para dejarle algún halago o un simple guiño de ojos que llegaba a ella como una patada en el estómago. Tal vez no era oficial, y ninguno de los allí presentes, excepto sus amigas, no sabían que Rachel era su chica. Aunque Rachel tampoco fuese consciente de ello.
—Estoy algo cansada.—Respondió tratando de no dejar muestras del malestar que le provocaba aquel chico.
—Vaya. Bueno, tal vez podrías jugar con nosotros—dijo mostrando de nuevo aquella soberbia sonrisa que gastaba.
—Jugar, ¿Estabais jugando? ¿A qué?— preguntó curiosa.
—Aiden y yo estábamos haciendo apuestas antes de que aparecieses tú. Es un idiota perdedor que aún no ha entendido que nadie puede conmigo.—Respondió Glen.
—¿Qué tipo de apuestas?
—Cosas de chicos…
—Ah ya, claro. Apuestas del tipo a ver quién es el que bebe más rápido o se da más golpes contra la pared ¿No?— fue sarcástica.
—¡Qué graciosa!— Replicó Glen adueñándose del sarcasmo— Pues no, estamos haciendo apuestas verdaderamente importantes como la que le acabo de ganar hace unos minutos.Aiden se ha apostado 20 pavos a que la camarera del fondo le invitaba a una copa— sonrió— Mira que cara se le ha quedado, ni siquiera se ha dado cuenta de que existe—añadió burlándose del chico.
—¿Sabes qué? Voy a recuperar esos 20 pavos y encima los voy a duplicar. Déjame que piense algo.
—¿Apuestas de chicos?—intervino Quinn—Realmente parecéis dos escolares en el recreo. Sois unos críos.
—Me da igual lo que digas—volvió a responder Glen—Seré un crío, pero me estoy divirtiendo de lo lindo viendo como a éste idiota le dan calabazas, y encima gano 20 pavos sin hacer nada. Y si encima quiere doblar la apuesta, mucho mejor, aunque si me dejas elegir a mí el reto, la triplico. 60 pavos a 20.
—Hecho—Aiden se frotó las manos con el orgullo rebosando por cada poro de su piel.—Vamos, ¿Qué tengo que hacer?
—Es sencilla… tienes que hacer que la chica que yo elija, te bese esta noche.
—¿Tengo toda la noche para conseguirlo?
—Así es…
—Una de las chicas que esté aquí, ¿No?
—Una de las que está bailando—concretó Glen y Aiden no pudo evitar lanzar una mirada hacia la pista de baile, ampliando su sonrisa y aceptando la apuesta sin dudarlo un solo segundo.
Quinn no soportaba ver esa actitud y trató de ignorarlo mientras cogía la copa a la que Glen le había invitado.
—¿Y bien? ¿Quién será la afortunada que hoy me besará?
—Aquella que ahora mismo está bailando sola. Rachel Berry.—Apuntilló y el estallido en la garganta de Quinn provocó que el sorbo del licor que acababa de tomar, saliese disparado hacia el suelo.
—Hey… ¿Estás bien Quinn?— preguntó al ver a la chica tosiendo y tapándose la boca— Está fuerte, ¿Verdad?— hizo referencia a la copa.
—Si… si – pudo responder con dificultad.
—Chica tenías que ser. Te lo dije, esto es bebida de hombres—Añadió y Quinn se lamentó. Pero evidentemente no lo hizo por el licor, de hecho, ni siquiera le resultó tan fuerte como decía Glen. Lo que la llevó a toser de aquella manera, no fue más que el escuchar el nombre de Rachel en la apuesta, y ver como Aiden ni siquiera se había detenido a averiguar que le había pasado. Cuando quiso darse cuenta, ya caminaba directo hacia ella. Hacia su chica.
Se quedó bloqueada, petrificada, sin apartar la mirada de aquél estúpido musculitos que iba a intentar besar a Rachel. Y lo hizo porque no tenía ni idea de qué hacer para evitarlo. Tenía que relajarse, tenía que confiar en Rachel, a la que buscó con la mirada mientras la morena permanecía bailando, completamente ajena a lo que allí estaban tramando.
Sin embargo, los planes de Rachel parecían ser completamente opuestos. La morena ni siquiera se percató de la presencia de Aiden cuando se acercaba a ella. Sus ojos fueron a posarse directamente sobre Quinn, después de dejar claras muestras de que andaba buscándola con la mirada por toda la discoteca. Quinn se limitó a mantenerle el duelo y fue cuando supo que habría ganado la apuesta si hubiese sido ella quien participase, sobre todo después de ver como sus labios quedaron débilmente mordidos con un sensual y casi hipnótico gesto de su boca.
La música, el baile, la gente bailando a su alrededor y su mirada. Quinn no necesitó más para sentir como su piel quemaba, y el calor traspasaba todo su cuerpo. La deseaba, estaba complete e irremediablemente enamorada de ella, y solo besarla podría calmar esa sensación de desesperación que tenía al ver a Aiden merodeando a su alrededor.
—¿Por qué estás tan seguro de que Aiden no lo va a conseguir?—susurró sin perder de vista a la morena.
—Porque Rachel siempre ha estado loca por mí… y es evidente que le estoy recordando aquellos sentimientos. Jamás besaría a Aiden estando yo aquí.—Sentenció y la confusión llegó a la rubia.
—Eres un fantasma ¿Rachel loca por ti?, ¿De dónde sacas eso?.
—No soy un fantasma. Es la verdad. Tú no te enterabas de nada, ni siquiera mi hermana lo sabía… pero Rachel no podía resistirse a mis encantos. Una vez me pidió que le acompañase a casa desde el colegio, Spencer estaba enferma y no fue a clases, y cuando estábamos llegando, Rachel se abalanzó sobre mí y me besó. Yo traté de esquivarla pero me era imposible y entonces apareció su padre… No recuerdo su nombre, pero comenzó a gritarle y a correr detrás de mí. Por suerte pude escapar pero durante los siguientes días, Rachel no paraba de mandarme cartas románticas, hasta que un día tuve que enfrentarla y decirle que me dejase en paz. Lo cierto es que fue muy duro, y más viéndola ahora. Fui un idiota al no darme cuenta de que se convertiría en ese bombón.—Añadió dejando a Quinn completamente atónita con la historia. Una historia que evidentemente ella desconocía, y que ni siquiera se atrevía a creer. Glen no era como Spencer. Había sido un fanfarrón durante toda su vida, y por lo que mostraba, seguía siéndolo.—Es curioso… ahora mismo creo que sería yo quien le atacase.
—¿Sabes qué?— Intervino Quinn— creo que voy a participar en vuestra apuesta.
—¿Tú?… no puedes, yo he dicho que no y Aiden dice que sí la besa. No hay más opciones.
—Sí, sí que las hay…
—¿Cuáles?— preguntó extrañado
—Apuesto 20 dólares más los 20 de Aiden y los 60 tuyos, que Rachel hoy termina queriendo besarme.
—¿Cómo?... ¿A ti?... ¿Te vas a besar con ella?.
—He dicho queriendo besarme, no que yo la deje…— Repitió siendo consciente de como aquella respuesta le servía para apartar a Aiden, quitarle la estúpida idea a Glen de que la morena seguía loca por él y no obligar a Rachel a hacer algo en público que no sabía si quería. Era el plan perfecto.
—¿Por qué iba Rachel a querer besarte a ti antes que a Aiden o a mí?
—Es una apuesta, ¿No? Hay que jugar fuerte. ¿Aceptas o no?
—Trato hecho… nunca antes me resultó tan sencillo ganar 100 pavos.—Se burló segundos antes de que Quinn volviese a buscar con la mirada a Rachel, aunque la espalda de Aiden no se lo permitió.
Lo había logrado. Aiden había logrado retener la atención de Rachel y ya bailaba junto a ella, comenzando aquel cortejo en el que no debería salir vencedor.
—Presta atención.— Murmuró Quinn al tiempo que se apartaba de la barra y terminaba perdiéndose entre el barullo de la pista de baile.
El chico no supo lo que pretendía hasta que a los pocos minutos, la música dejó de sonar y la voz de Quinn se dejó escuchar subida en un pequeño escenario y con un micro en la mano.
—Por favor… un momento de silencio— pidió al improvisado público que buscaba la procedencia de la interrupción— Sé que os lo estáis pasando muy bien y sé que me estaréis odiando por interrumpir en vuestros bailes— sonrió— pero la ocasión lo merece…— Hizo una pausa— Yo y mis amigas, hemos cruzado el país para venir a la fiesta de cumpleaños de mi amiga Spencer y me he encontrado con la terrible noticia de que ella no tuvo una fiesta de 16 años como la gran mayoría de los que aquí estamos tuvimos, o eso espero… De cualquier manera, la pequeña Spencer no disfruto de su primer baile oficial en una fiesta de cumpleaños y hoy, que recién cumplió 19 quiero que tenga su fiesta. Ashley por favor… saca a bailar a tu chica. ¿Dj?... dale al play.
Toda la gente que había en el local, se fue apartando dejando en el centro de la pista a una Spencer sonrojada con Ashley a su lado ,dispuesta a bailar. Los primeros acordes de Jar of Hearts comenzaron a sonar y Rachel no pudo evitar sorprenderse al escuchar la melodía.
Fue Aiden el primero en dirigirse a ella y pedirle ese baile, tras ver como casi todos los que estaban en la pista de baile, habían acompañaban a Spencer y Ashley en su baile. Pero Quinn fue más rápida y no tardó en llegar junto a ellos, justo cuando Rachel ya estaba a punto de aceptar la petición del chico.
—Me disculpas…— Interrumpió apartando a Aiden y dirigiéndose a Rachel— ¿Me permites éste baile?— Cuestionó con dulzura y Rachel volvió a sorprenderse. Al igual que hizo Aiden. El chico se quedó un tanto perplejo ante la propuesta de la rubia hacia Rachel y sintiéndose desplazado, terminó por apartarse de ellas.
—¿Quieres que bailemos delante de todo el mundo?— preguntó Rachel curiosa.
—Yo tampoco tuve fiesta de 16. Es una buena oportunidad para hacerlo ¿No crees?.
—¿Y quieres bailar conmigo en tu baile oficial?— sonrió al tiempo que rodeaba el cuello de la rubia con sus brazos.
—Tampoco tuve baile de promoción… Creo es el mejor momento para unir los dos bailes y que mejor que hacerlo con una estrella— Musitó tras abrazarla y comenzar a dejarse llevar por la música.
—Por un momento pensé que ibas a bailar con Glen. Llevas mucho tiempo allí, con él.
—Solo estaba burlándome de él—respondió— Glen jamás intentaría nada conmigo. Recuerda que para él seguiré siendo Lucy Caboosey. Sin embargo veo que Aiden no pierde ocasión para acercarse a ti.
—Absurdo—respondió.—No tiene nada que hacer conmigo. Prefiero a alguien con los ojos verdes y el pelo rubio—susurró y Quinn no pudo evitar regalarle una sonrisa de complicidad.— Quinn…Esta canción…
—¿Qué ocurre?.
—La primera vez que desee bailar contigo, estaba cantando ésta canción.
—La he elegido por ti… Me recuerda al baile de promoción. Yo también deseaba estar bailando contigo en vez de con…
—Shhh.— La silenció.— ¿Has pedido la canción por mí?
Quinn asintió con una sonrisa
—La letra es muy triste… pero bailarla contigo la hace distinta.—Respondió Quinn sin apartar la mirada de sus ojos.
—Nadie había hecho algo así por mí. Nunca me dedicaron una canción.
—No creo que sea la última que te dedique una canción si te hace tanta ilusión y me miras así – sonrió, pero el gesto de Rachel se torció por un segundo y la sonrisa que portaba se esfumó, dejando paso a una extraña mueca de preocupación.—¿Estás bien?
—Sí, es solo que… ¿Puedo pedirte un favor?.
—Claro. Dime, ¿Qué ocurre?.
—Si te pregunto algo… ¿Prometes no enfadarte y contarme la verdad?
—¿No enfadarme?—repitió desconfiada—¿Qué has hecho, Rachel?
—Yo… nada, es solo que quiero saber algo y no sé si tú vas a querer contármelo y no, no quiero que te enfades o que cambies de humor.
—Ok, ok. Adelante, pregunta. Prometo ser sensata.
—Ok. Eh…—tragó saliva—Cuando fuimos a Nueva York¿Tú…tú me tenías una sorpresa preparada?
Quinn sonrió al ver la cara de miedo que ponía Rachel al terminar la pregunta...
—¿Es eso?... ¿Pensabas que me iba a enfadar porque me preguntases eso?.
—No lo sé… eres tan impredecible. Tal vez podrías pensar que sigo desconfiando o no sé, lo que sea. Pero no desconfío, Quinn. Solo que Brittany me dejo caer algo y pasaron tantas cosas en ese viaje, que no tengo ni idea de qué pretendías y de si ahora querrías contármelo.
—A ver—La interrumpió — ¿Recuerdas la noche que te escapaste con Finn?
—No me escapé...solo fui a cenar—Apuntilló Rachel.
—Lo que sea. Aquella noche yo… bueno tenía dos entradas para ver a Barbra Streisand en el teatro y quería sorprenderte llevándote…— hizo una pausa— Pero Finn se adelantó. Ni siquiera me di cuenta cuando te marchaste de la habitación y luego estuve llamándote pero no… no cogías el teléfono—explicó recordando la pena que aquel momento llegó a provocarle la situación.
Rachel permanecía en silencio escuchándola, siguiendo por inercia los movimientos del baile y sin perder detalle de sus ojos.
—Solo quería regalarte una noche especial, en una ciudad especial y viendo a alguien especial.
—¿Compraste entradas para ver a Barbra?—Cuestionó sin terminar de asimilarlo.
—Las compre casi una semana antes. Ni siquiera sabía si íbamos a poder ir y ya las tenía...— Confesó recuperando la sonrisa, aunque estaba eclipsada por la pena que seguía recordando.
—¿Hiciste eso por mí?
Haría cualquier cosa por ti, Rachel.—Respondió y el escalofrío no tardó en llegar a la morena.
—Oh Dios—susurró aferrándose aún más a su cuello y dejando que sus labios casi se rozasen— No sé si voy a poder resistirme a besarte como nunca te han besado.
—No es para tanto, aunque me agrada oírte decir eso— sonrió Quinn— Además, sé que tú también has hecho cosas por mi… en la clandestinidad.
—¿A si?, ¿Y qué es lo que he hecho yo por ti?—Cuestionó sin ser consciente de cómo estaban inmersas la una con la otra, tan cercas que no se percataron de que la canción había terminado y la música volvió con más movimiento, haciendo que las parejas se dispersasen y bailasen más libremente.
—¿Crees que no sé qué mis ojos iban a juego con el lazo del ramillete que me regaló Finn? ¿Crees que no sé qué le has preguntado una y otra vez que se siente al besarme?¿Crees que no sé que la idea de tener una sola cama no ha sido tuya en vez de Ashley?..
Rachel se mordía el labio al escuchar como en susurros Quinn iba delatándole todas aquellas anécdotas que ella no se había atrevido a confesarle.
—Lo de la cama no es por lo que piensas— respondió ruborizada— Pensaba obligarte a dormir a mi lado para que nos perdonásemos y hablásemos… pero no ha hecho falta.
—¿Entonces? ¿Quieres que le pida a Ash que me busque otro lugar dónde dormir?—Replicó divertida y Rachel no tardó en reaccionar.
—Solo te voy a decir una cosa – prolongó un silencio sin dejar de mirarla a los ojos— Si quieres dormir en otra habitación, tú allá, pero si duermes conmigo… Te aseguro que vas a descubrir todos y cada uno de los secretos que Rachel Berry guarda.
—Hay poco secretos que se me escapen. Te conozco, Rachel. Tendrás que sorprenderme si quieres que me quede a dormir contigo—Respondió divertida.
Pero Rachel no iba a ceder. Y tras perderse en su mirada, optó por vagar hacia sus labios y acercarse a ellos hasta quedar a escasos centímetros, casi milímetros y susurrarle sin contemplaciones. A consciencia.
—Ese tatuaje que vistes en la ducha—dijo y Quinn no pudo evitar que la saliva bajase por su garganta en plena ebullición, sabiendo que tan solo recordar esa ducha, ya le hacía perder la cabeza— Pues no es el único que tengo.
