Capítulo 37
"Descubiertos"
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Al despertar, Aioros se despatarró sobre el suelo produciendo un sonido seco y hueco cuando sus romanas se estrellaron con las tablas de madera bajo la cubierta del barco. El chico se frotó la cabeza, se sentía atontado y con la sensación de haber estado flotando en formol por horas, semejante a cuando las mariposas pierden la brillante pigmentación tornasol de sus alas. Se sentó y procuró sacudirse todo el polvo que se le había metido por debajo de la ropa, percatándose que en realidad era arena lo que inundaba todo el suelo en una capa fina, suficiente para descubrir lo que había debajo.
-"Al fin despiertas"- la voz de Saga se oyó flotando desde un rincón oscuro –"Temí que tuviera que cantarte arrullos al oído para que recobraras el conocimiento"-
-"Los arrullos son para dormir tonto"- Aioros gateó a su lado, a pesar de que aquel lugar se veía grande el niño no atinaba a entender donde se hallaban –"¿Dónde estamos?"-
-"¿Son para dormir? ¿Y qué se usa para despertar? Y ¡Habla más bajo! ¿quieres?"- rezongó Saga –"Bastante trabajo me ha costado traerte aquí para que lo eches todo al caño"- el niño alargó el brazo a su izquierda y abrió una escotilla, al ver a su alrededor abundantes costales y alimentos colgando de gruesos ganchos clavados al techo combinado con la brisa salina que entraba a sus pulmones y las frescas gotas de agua marina que salpicaban los bordes enlamados y húmedos de la escotilla, a Aioros no le quedó duda alguna de que se hallaban en alta mar.
-"¿Qué estamos haciendo aquí?"- susurró –"¿Por qué me duele tanto la cabeza? Y-"- atisbó un pequeño bulto hecho un ovillo junto a la pierna de Saga –"¿POR QUÉ ESTÁ AQUÍ SHURA?"- su última exclamación había sido lo más fuerte que la escala de susurros permitía, Saga le dirigió una mirada de suficiencia propinando unos cariñosos golpecitos a la pancita de Shura, a quien la droga todavía le tenía sumido en un profundo letargo.
-"Había intentado traerte por las buenas"- aclaró –"Pero te negaste. Y la cabeza tal vez te duela por el bollo que te dí en la cocina de Sagitario… al que tal vez le puse somnífero, que tal vez saqué de la enfermería…."- el niño agitaba la cabeza moviendo sus cabellos púrpura cada que decía "tal vez" pero no parecía en absoluto arrepentido.
Aioros estaba tan sorprendido que abrió y cerró varias veces la boca buscando las palabras adecuadas, sus intensos ojos azules se habían transformado en dos rendijas por las que se colaba su furia -"Esto es un secuestro"- soltó iracundo, hablaba tan rápido que las palabras se le atropellaban al pronunciarlas como si se tratase de un huracán en la playa –"Esto es el colmo, Saga; me has arrastrado aquí contra mi voluntad y te has traído a un niño… Se acabó, de ahora en adelante no me hables"- Aioros se cruzó de brazos y mirando para otro lado, se limitó a lanzar a su amigo miradas llenas de desprecio. La roja cinta de satín en su frente refulgía tenuemente con los últimos rayos del sol.
-"Ah ¿así que ahora será así?"- le replicó Saga
-"Así es como será"-
-"Y entonces ¿cómo haremos para explicar cuando Talina nos atrape?"-
-"¿Talina?"- Aioros palideció –"¡Bah! Cómo harás para explicar TÚ, porque YO diré que me drogaste y desperté en éste lugar… y ¡ya cállate! Dije que no me hablaras"-
-"¿No me dejas contarte la mejor parte?"- dijo Saga, Aioros resopló… como le había dicho que no le hablaría, se dispuso a utilizar el suelo lleno de arena a modo de pizarra para contestarle a Saga, quien se acercó a él arrastrando a Shura para observar lo que su amigo escribiese.
"Vete a molestar a tu ropa interior" Saga abrió los ojos sorprendido, Aioros en verdad parecía enfadado.
-"Bueno, bueno. En éste momento vamos camino a Turquía para recuperar a ¿adivina q quién?"- por toda respuesta Aioros arrojó más arena sobre su oración anterior para poder volver a escribir
"No me interesa"
-"¿Estás loco? ¡Tal vez sea lo mejor que nos ha pasado nunca!"-
"Eso dijiste cuando nos metimos en el viñedo de la familia de Nereo sin permiso" Aioros continuó su respuesta debajo del primer renglón "Lo único que nos ganaste fueron un par de azotes"
-"Eso fue sin querer ¡Aioros! ¡concéntrate! Vamos a ir a Estambul a recuperar al Santo de Tauro y a otro bebé desconocido ¿no te pica la curiosidad?"-
"Prefería arreglar mi Cámara y ver a los bebés cuando hubiesen llegado al Santuario"
-"Eres un aguafiestas"-
"Y tú tienes aguado el cerebro"
-"¡Bah!"- Saga se cansó de querer contagiar a su amigo sus propias ansias aventureras, aunque sabía que debía acostumbrarse… siempre era así. El temperamento de Aioros era tranquilo y firme, el de Saga era inquieto e inconstante, bamboleándose como las hojas que flotaban en el lago de Acuario, de vuelta en casa.
Tal vez por eso eran tan amigos, eran diferentes pero no exageradamente y esa disparidad era lo que les complementaba de manera que entre ellos pudiera forjarse amistad suficiente para estar dispuestos a dar su vida por el otro.
De cualquier manera, Aioros se le quedó viendo echando chispas por los ojos mientras Shura se despertaba con gesto amodorrado y se sobaba la cabeza, debido al porrazo que Saga le había propinado al precipitarle dentro del saco sin cuidado alguno cuando salieron del Santuario. El niño abrió los ojos, de un verde tan oscuro que parecían negros y se arrojó sobre Aioros… Saga rodó la mirada
-"Las cosas que uno se gana por querer ayudar a los demás"-
De pronto se oyeron pasos en la escalera que bajaba desde la cubierta y la suave oscilación del barco dificultó al trío de niños ocultarse tras unos barriles en un rincón. Aioros cubrió la boca de Shura con su palma.
Quienes bajaban eran un par de amazonas y un soldado, Saga sólo vió a Mirtha y Eudoxia…
-"¿No creen que quedaremos muy vulnerables?"- la grave voz del soldado reveló la identidad del tercer guerrero, al que Saga reconoció como Oláy
-"Es normal que Talina haya pensado que esa la mejor manera de actuar si íbamos de incógnito"- respondió la dulce voz de Mirtha, de hecho Saga siempre había pensado que de no ser amazona, la guerrera debería haberse dedicado al mundo de la música.
-"Sí, pero eso de no avisar al cuartel del adoratorio de Atena en Estambul e insistir en que las amazonas permanezcamos escondidas en una posada, la verdad es que no me encanta la idea"- disintió Eudoxia.
-"Yo creo que es natural"- Oláy defendía su punto de vista y trataba de hacer ver a sus compañeras la lógica del plan –"Si se trata de traficantes de niños, debemos tener mucho cuidado y discreción, la presencia de mujeres enmascaradas en las calles a plena luz del día levantaría demasiadas sospechas, ergo, los guerreros turcos en el cuartel de Atena se darían cuenta de que estamos aquí y no podrían evitar hacer pública nuestra presencia, que en éstos momentos es lo que menos nos conviene. De modo que reunir información durante el día y dar el golpe final entre todos es lo más acertado que se ocurre"-
-"Lo sé, lo sé"- concedió Eudoxia –"Es solo que no me entusiasma la idea de permanecer quien sabe cuánto tiempo encerrada y oculta en una posada"-
-"No será mucho"- Oláy le palmeó el hombro –"procuraremos tardarnos poco tiempo para que ustedes no sufran claustrofobia"- Mirtha y Eudoxia suspiraron y tomaron unos cuantos saquillos de comida y luego subieron a cubierta.
Saga suspiró aliviado, no dándose cuenta de que solo habían ascendido por la escalerilla de madera las dos amazonas.
El chico se incorporó y miró a Aioros triunfante -"¿Lo ves? Esto se pone más y más divertido…"-
-"Tan divertido como el buen par de golpes que les voy a dar"- la gruesa y cavernosa voz de Oláy se coló por detrás de unos barriles, a la retaguardia de los niños. El guerrero salió y pescó a los dos niños más grandes por el cuello con la suficiente presión para evitar que se escabullesen –"¿Qué hacen aquí?"- luego el soldado se percató de la presencia del tercer niño –"¿EN QUE ESTABAN PENSANDO? ¡AHORA MISMO LOS LLEVARÉ CON TALINA!"- Y arrastrando a los niños consigo hizo un movimiento de cabeza a Shura para que les siguiese, ni tarde ni pronto el pequeño iba tras Oláy señalando a Saga mientras gritaba:
-"¡É fué-! ¡É fue-!"-
Los niños atrapados se echaron a temblar, Talina era alguien muy agradable y sosegado cuando todo iba de acuerdo al plan. Pero igual que Mirra, la amazona podía ser increíblemente fúrica cuando algo no resultaba como ella esperaba
-"¡TALINA!"- Oláy subió a la cubierta con el trío de chiquillos ante las atónitas miradas de sus compañeros. Saga miró al suelo tratando de ignorar las miradas cargadas de reproche de Aioros… habían sido trágicamente descubiertos
Talina miraba a lo lejos la imponente mole de Santa Sofía, alzándose poderosa entre un remolino de arbóreas jardineras y plazas blancas como las nubes al mediodía. La noche era fresca y perfecta para navegar, el mar se veía tan tranquilo como una charca azulada; pero aquella quietud desapareció cuando puso la mirada sobre aquel par de diablillos que al parecer ya habían corrompido a Shura….
-"Lo que me faltaba"-
Su voz profunda y resonante por detrás de la máscara iluminada por la luna, hizo que Aioros se encogiera y Saga mirara a todos lados menos a la amazona.
-"No crean que han venido para grandes aventuras…"- Talina decidió usar psicología inversa en aquellos traviesos Santos que estaban demostrando ser más difíciles de educar que combatir un ejército. En realidad, hasta que se retiraran con sus maestros, todos los miembros de la Orden eran educadores de los pequeños Santos –"Vinieron a buscar emoción ¿no? Pues la tendrán. Y tú no creas que te vas a librar"- añadió señalando con la punta de su dedo índice la pequeña humanidad de Shura que hasta cierto punto entendía que gracias a Saga, se había armado la gorda.
