Disclaimer: nada me pertenece, los personajes son de J.K Rowling y la historia es de Caeria, que me autorizó para traducirla.
Capítulo 37 – Ashes, Ashes, We All Fall Down*
(Cenizas, Cenizas, Todos Nos Caemos)
Hermione terminó la melodía, las palabras de la canción de cuna se desvanecieron en el silencio antes dejarse caer sobre la sábana en su regazo. Con los ojos cerrados, se concentró en tomar varias respiraciones temblorosas. Cuando volvió a recobrar el control completo sobre sí misma, se enderezó lentamente de su posición encorvada, haciendo una mueca cuando los músculos en su espalda baja protestaron con el movimiento.
"Auch." Rezongó para sí misma, mientras se torcía ligeramente hacia un lado para ayudar a bajar la presión. Usando su mano izquierda separó gentilmente los dedos de su mano derecha de la aguja de plata. Frotándose la palma con fuerza, finalmente consiguió que sus músculos acalambrados se relajaran. Haciendo un rápido inventario de sí misma, estuvo complacida de ver que aunque estaba cansada, no estaba completamente hecha polvo y que el palpitar de su magia aún latía constantemente bajo su esternón. Reparar el rasgón no había tomado tanta energía como crear las sábanas.
Supongo que ya está hecho. Soltando su magia, usó su mano aún adolorida para reunir sus materiales, guardando todo con cuidado antes de extender la sábana frente a ella. Estuvo satisfecha de ver que ahora el material estaba entero y el feo rasgón en el medio estaba cerrado con puntadas prolijas y precisas. Sonriendo con cansancio, recorrió los dedos a través del remiendo. Las puntadas eran suaves y lisas, apenas perceptibles. El sigilo permanecía – la leona y la serpiente – sólo que ahora la leona descansaba su cabeza sobre sus patas. La serpiente estaba enrollada bajo la barbilla de la leona, apenas visible entre las sombras.
Hermione pasó suavemente un nudillo por las figuras, casi acariciando los hilos dorados del pelaje de la leona. "Yo también," dijo con suavidad. "También estoy cansada." deslizándose dentro de la cama, se envolvió con la sábana y cayó en sueños que no recordaría por la mañana.
Hermione reunió lentamente los ingredientes dispersos sobre su escritorio. Se estaba concentrando en sus manos, manteniendo su atención hacia abajo mientras los estudiantes que quedaban en su clase de repaso de Pociones salían de la sala. En algún momento, había tenido diez estudiantes en su clase. Ahora, había bajado a cinco. A decir verdad, había bajado a tres, ya que sólo Collin, Neville y Agnes iban regularmente. Otras dos personas entraban y salían de sus sesiones, dependiendo de los problemas que tuvieran en la clase de Slughorn, e incluso cuando venían los dos Ravenclaw, observaban a los demás con ojos cautelosos. Si ella ya no odiara a Voldemort, lo odiaría por la paranoia y desconfianza que había sembrado entre los estudiantes de Hogwarts. Era todo un desperdicio.
Escuchando que la puerta se cerraba, dejó escapar un suspiro y sintió que un poco de la tensión en sus hombros se disipaba.
"No estás vestida hoy día."
Creyendo que se había quedado sola, Hermione saltó, dejando escapar un corto grito de sorpresa, pero su varita estaba afuera y apuntando hacia Agnes antes de que su mente alcanzara a sus instintos. "Maldición, Agnes." gruñó Hermione, con voz dura y estridente por el susto.
Agnes no hizo nada, sólo observó a Hermione hasta que apartó su varita. "No estás vestida hoy día." Repitió.
Era una afirmación, pero Hermione podía escuchar la pregunta contenida en la voz de Agnes. Volviendo a bajar la vista al escritorio, e ignorando deliberadamente a la niña, Hermione se encogió tímidamente de hombros, esperando que Agnes lo aceptara y se fuera.
"Tampoco te vestiste la última sesión. Creí que Longbottom o Creevey dirían algo. Al parecer no es así."
Hasta aquí con tratar de dejarlo ir. Hermione detuvo sus manos y subió la vista hacia Agnes a través de los mechones de pelo rizado que habían caído sobre su rostro. La otra chica estaba sentada al borde de uno de mesones de trabajo, con las piernas cruzadas bajo ella, mientras que observaba a Hermione con solemnes ojos azules que parecían demasiado viejos para su edad, evaluando aguda y calculadoramente. Malditos Slytherin y su necesidad innata de unir las redes e hilos que conectan a la gente y eventos. Astutos, en efecto. "Simplemente no me dio la gana. Eso es todo."
Esos ojos azules se afilaron aún más. "Eres mejor que la mayoría, pero los Gryffindor son terribles mentirosos."
"Agnes." Gimió Hermione, con algo entre molestia y exasperación.
"El profesor Snape fue una completa fiera hoy día en Defensa."
Hermione parpadeó con la repentina incongruencia.
"De hecho, el profesor Snape fue una fiera en la clase de Defensa de ayer." Continuó Agnes. "Y la que hubo antes de esa, y la que hubo antes de esa. Hay quienes en Slytherin que han llegado a la conclusión de que el profesor Snape está... enojado." Agnes dijo la palabra como si fuera algo especial, y después agitó una mano para indicar a Hermione. "Oh, ya sé," continuó, "ustedes los Gryffindor siempre creen que el profesor Snape está enojado. Pero esto es diferente."
Hermione sintió el calor ruborizando su rostro bajo la mirada aguda de Agnes y maldijo a todos los Slytherin en voz baja. "Estoy... estoy segura de que solo está preocupado por los reportes en el diario El Profeta."
Agnes inclinó su cabeza a un lado y Hermione luchó contra la necesidad de mover nerviosamente los pies. "Le quitó veinte puntos a Slytherin en la clase de ayer."
"Él sí le quita puntos a su propia Casa, especialmente si están haciendo algo estúpido. No es tan raro." Protestó Hermione.
"¿Has visto el total de puntos?" De nuevo, la pregunta de Agnes parecía no tener nada que ver con el tema de la conversación.
"No." Admitió finalmente Hermione. "La Copa de las Casas... no es mi prioridad en este momento."
"Hufflepuff está a la cabeza."
"¿Lo está?" Preguntó, e inmediatamente se sintió culpable por estar tan sorprendida. Hufflepuff no podía perder siempre.
Agnes asintió. "Lo está." La niña quedó en silencio entonces, obviamente esperando algo.
Al final, Hermione soltó un bufido. "Agnes, ¿tienes un punto con todo esto?" Preguntó finalmente, aunque temía que sabía exactamente hacia dónde se dirigía Agnes.
Ahora fue el momento de Agnes para encogerse de hombros. "Ningún punto. Sólo observo."
"¿Observas qué?"
"El mundo mágico se está viniendo abajo. Hufflepuff está a la cabeza de la Copa de las Casas. El profesor Snape le está quitando puntos a Slytherin. Hermione Granger no sonríe más y ya no se disfraza como su profesor favorito."
"Él no es mi-" Hermione se cortó a sí misma cuando las dos cejas de Agnes se levantaron hasta su cabello. "Oh, bueno, él es mi profesor favorito," espetó al final.
Agnes sonrió pero no dijo nada más, por lo que Hermione estuvo agradecida. Los pensamientos sobre Snape aún dolían demasiado. "¿Ya dejaste de observar, Agnes?" Preguntó en cambio.
Agnes le dio una sonrisa pausada, teñida por algo que se parecía, en opinión de Hermione, mucho a la simpatía. "Sí." Dijo ella, saltando de su mesón. "Ya tengo todo lo que quería saber."
Hermione observó a Agnes dirigiéndose hacia la puerta con un rebote autosatisfecho en su paso. Ella sacudió su cabeza. Que Dios ayude al mundo mágico.
La próxima vez que Hermione vio a Agnes fue en la clase de Defensa de Harry. A diferencia de la de Hermione, la clase de Harry había aumentado a medida de que la atmósfera de Hogwarts se había vuelto más tensa. Cada estudiante de Hogwarts que era hijo de muggles o que tenía un padre muggle o hijo de muggle ahora era parte de la clase. Otros estudiantes también se habían unido, cada uno por sus propias razones. Y aunque nunca fue conversado abiertamente, todos ahí sabían que estaban presentando una resistencia contra Voldemort, y todos ahí estaban asustados. Entrar a la Sala de los Menesteres cada sesión llenaba a Hermione de una sensación de orgullo por sus compañeros estudiantes, casi tanto como la asqueaba. No podía evitar preguntarse cuáles estarían muertos antes de que todo terminara.
Con la espalda hacia la puerta y actualmente ocupada en un ejercicio de blindaje con Padma, Hermione supo el momento en el que Agnes llegó a la clase de repaso de Defensa. Nada excepto la llegada de su único miembro Slytherin podía hacer que la atmósfera de la habitación fuera aún más pesada.
"Hey Creevey," llamó Agnes con fuerza detrás de ella, "¿me dejarás patear tu trasero hoy día?"
Hermione desvió uno de los hechizos de Padma y respondió con un piernas de gelatina mientras mantenía un oído en la conversación detrás de ella. Va a conseguir que la maten algún día.
Colin, a quién había sido dirigido el comentario, se rió. "Me gustaría verte intentarlo." Hermione sabía que a Colin le gustaba Agnes. En realidad, Hermione estaba bastante segura de que Colin tenía un pequeño flechazo por la chica.
"Eso fue lo que dijiste la última vez," canturreó. "Y aún así pateé tu flaco trasero."
Hermione esquivó el ataque de Padma y se congeló con las próximas palabras de Agnes. "Potter, tengo algunos amigos que quieren unirse a tu clase."
El Petrificus Totalus de Padma le golpeó de lleno en el pecho, enviándola casi de inmediato al suelo. Cuando golpeó el suelo y giró, Hermione tuvo una perfecta, si bien algo baja, vista de tres estudiantes más entrando a la habitación. Los tres estaban usando túnicas de Slytherin y se veían muy nerviosos.
Ron observó a Hermione deambular de ida y vuelta entre los estantes desde su sitio en el sofá de la biblioteca. Había encontrado este pequeño rincón acogedor en la biblioteca mientras buscaba uno de los libros más antiguos sobre estrategia militar. No era estrategia de ajedrez en sí, pero el ajedrez era una guerra en miniatura y en su búsqueda para superar a Snape, se había diversificado con libros que habrían hecho que las cejas de Hermione se levantaran con incredulidad.
No era que él no pudiera leer, es sólo que nunca había encontrado nada tan interesante antes. Lo que había descubierto, o más precisamente, lo que no había encontrado, lo había sorprendido y le había explicado un montón de cosas sobre el mundo mágico que nunca antes había considerado.
Los magos, como sociedad, no iban a la guerra. Tenían conflictos internos. Tenían peleas. Tenían facciones que más de una vez habían terminado en un derramamiento de sangre, pero como un historiador antiguo había señalado en un libro que contrastaba los conflictos muggle y mágicos, los muggles luchaban como grupo, los hechiceros luchaban de uno a uno. Un mago, una varita, un hechizo. En realidad no había nada en el mundo mágico que igualara la capacidad muggle de destrucción masiva. Había una parte muy grande de Ron que consideraba eso muy bueno. Los magos y brujas eran muy pocos en número para ser capaces de sobrevivir la clase de guerras que luchaban los muggles.
Pero ahora conocía el juego de Snape y hacia dónde lo había estado empujando el mago. Simplemente no estaba seguro de estar listo para ir por ese camino en particular.
"Hermione." Susurró suavemente Ron, cuando ella deambuló cerca de él.
Cuando ella se detuvo con un tropiezo al oír su nombre, Ron levantó su varita, un rápido Lumos encendió la punta de su varita e iluminó su oscuro rincón.
Al ver la luz y a Ron, Hermione tomó rápidamente el refugio que él le ofrecía y se sentó en el pequeño sofá con un suspiro.
"Te ves perdida Hermione." Dijo él, tomando su aspecto cansado.
"Estoy bien." Insistió ella.
"No, no lo estás." Por su expresión sorprendida, agregó. "No soy estúpido, Hermione." Ron se encogió de hombros desconfiadamente. Ella podría haber creído que de verdad estaba despreocupado, si no fuera por el agarre con los nudillos blancos con el cual sostenía la caja que contenía el juego de ajedrez mágico. "¿Qué está pasando, Hermione?"
"Yo no..."
"¿Vas a mentirme?" La incredulidad y dolor coloreó su voz. "Después de todo... después de todo lo que tú y yo y Harry y... y todo, ¿vas a mentirme?"
"Ron-"
"No. Quiero saber lo que está pasando. Pasaste de ser tú y luego sólo te estrellaste y andas deprimida, aunque incluso yo puedo decir que te estás esforzando para no estarlo. Neville dice que ya no te vistes, lo que sea que signifique eso. Estás pasando mucho más tiempo conmigo y Harry del que solías. Tu mascota Slytherin aparece con tres Slytherins más-"
"¡Ella no es mi mascota!"
"Ese no es el punto." Ron espetó de vuelta con frustración. "¡Quiero saber lo que está pasando!"
Hermione se mordió el labio con fuerza, mientras Ron la observaba con enojo. Él vio como la mirada de ella se deslizó hasta el juego de ajedrez mágico en sus manos y que los ojos de la chica se encendieron en reconocimiento. En ese momento, fue como su alguien le hubiera dicho Lumos en una habitación oscura.
"¡Snape!" Cantó Ron, como si el pequeño movimiento fuera algo que hubiera estado observando – y esperando. "Él tiene algo que ver con todo esto." Escupió, con su inflexión atrapada entre una afirmación y una pregunta.
"Ron-" ella volvió a detenerse, su nombre parecía ser la única palabra que era capaz de decir.
"Sé que no soy el tipo más listo por aquí, Hermione, pero tampoco soy estúpido." Ron levantó la caja de madera que contenía las piezas de ajedrez y la agitó para que las piezas sonaran en su interior. "Éstas," dijo enfáticamente, "no son las únicas cosas que Snape ha estado manipulando."
Abruptamente, Hermione rió, el sonido áspero y amargo obviamente era tan sorprendente para ella como para Ron, si el sonrojo carmesí en su expresión tenía algo que ver. Hermione agarró su brazo cuando él se puso de pie de un sobresalto, con la intención de alejarse de ella. Él se detuvo con su toque pero los músculos bajo su mano se sacudieron y flexionaron con la tensión que lo atravesaba.
"No me estaba riendo de ti. De verdad que no. Es sólo..." Ella tiró suavemente de su brazo, hasta que cedió, girándose hacia ella y sentándose. "No se trataba de reírse de ti," volvió a decir. "Se trata sobre reírse de mí. Bueno, de mí y el profesor Snape."
Ella volvió a tirar su brazo cuando él frunció el ceño con la mención de Snape. "Todos estamos atrapados en patrones de Gryffindor y Slytherin y Hufflepuff y Ravenclaw. Creo que acabo de darme cuenta de por qué las Casas están en tanto desacuerdo con las demás." Ella le dio una sonrisa que parecía que quería ser tranquilizadora y graciosa pero que ni siquiera se acercaba. "¿No lo ves? Nos estropeamos los planes entre nosotros."
"No te estoy comprendiendo, Hermione."
"El profesor Snape estropeó mis planes. Agnes estropea – bueno, creo que simplemente disfruta al molestar a Harry. Yo estropeé..." Ella sacudió su cabeza, deteniéndose mientras reunía sus ideas. "Snape no me ha estado manipulando. Yo lo he estado manipulando a él, o al menos lo ve de ese modo."
Ron le frunció el ceño, manteniéndose tieso. "¿Cómo lo ves tú? Le preguntó directamente.
Ella hizo una mueca. "Estaba tratando de ayudar." Incluso él pudo oír el tono quejumbroso en la voz de ella. "Estaba tratando de – Estaba siendo Gryffindor." Terminó con un suspiro.
"¿Ayudar con qué? ¿Y qué hizo el bastardo cuando se enteró? No has tenido ninguna detención, al menos ninguna que haya visto, de todos modos."
"No importa con qué estaba tratando de ayudar, y no es un bastardo, Ron. Él no ha hecho nada." Volvió a fruncir el ceño, como si las palabras significaran algo más para ella. "No ha hecho nada." Repitió, en un tono suave y algo sorprendido. "Al menos no como podría; no como esperarías que lo hiciera."
Ron la observó, preguntándose si todos sus amigos habían enloquecido completamente. "Entonces, ¿qué es lo que hizo? Y no me digas nada. Has estado melancólica y triste y simplemente fuera de ti. No me regañaste ni una vez para que estudiara para nuestro examen de transformaciones la semana pasada."
Ella le dio la sombra de una sonrisa. "Snape dejó de hablarme; dejó de verme."
Con eso, Ron rodó los ojos, incapaz de evitarlo. "Hermione..."
"No lo digas. Sé que hay un montón de estudiantes que disfrutarían de no ser vistos por el profesor Snape. Yo solo..." Recargándose más en el sofá, inclinó la cabeza hacia atrás y miró el techo. "El profesor Snape y yo... teníamos una especie de conexión."
Entonces, un montón de cosas pasaron por su mente, ninguna buena y cada una peor que la anterior. "Hermione," comenzó con cuidado, pero dejó escapar un "Uuf," sorprendido cuando el dorso de la mano de ella se conectó sólidamente con su cintura.
"No así." Dijo con firmeza. "Lo que sea que estés pensando, sácalo de tu cabeza."
Ron se quedó mirando a su amiga, ella aún estaba reclinada, con la cabeza inclinada hacia arriba. Había una quietud en ella que en realidad nunca antes había notado y una tristeza que era nueva. Él vio como varias lágrimas se escapaban por sus párpados cerrados. "Oh, Hermione. Quiero decir, había supuesto que te gustaba Snape, pero pensé que era... quiero decir, pero... Hermione, tú..." La cabeza de Ron se llenó con un revoltijo de palabras, cada una peleando por ser la primera en salir de su boca. Se sintió como un completo asno cuando lo que salió fue, "Por las bolas de Merlín, Hermione, ¿en qué estabas pensando?"
Fuertes golpes en su puerta causaron que Severus frunciera el ceño. Por un momento pensó Granger pero rápidamente aplastó los sentimientos tumultuosos que el nombre de la chica evocaba a en él. No sería Granger. No en la puerta de sus aposentos personales. Tampoco Albus o Minerva ya que ellos habrían usado la conexión por la red flú. Gruñendo en voz baja, se dirigió a la puerta y la abrió. Miranda Vector estaba frente a él, con una mano aún en alto.
"Te tomaste tu tiempo," dijo ella, pasando junto a él e irrumpiendo en sus aposentos.
Controlando su temperamento, la miró con furia. "Son," lanzó una mirada al reloj que colgaba en el muro, "casi las dos de la maldita mañana y no te invité a pasar."
Ella respondió con un sonido grosero que era más apropiado para un Gryffindor de tercer año mientras se sentaba cómodamente en el sofá de la habitación. "Como si hubieras estado durmiendo. No creo que hayas dormido más que un par de horas cada noche desde que comencé a enseñar aquí."
Solía dormir, llegó el pensamiento, pero lo desechó. "Disfrutaba más de tu compañía cuando eras tan cautelosa conmigo como el resto de la facultad." Le frunció el ceño cuando ella pareció complacida con el comentario. "¿Por qué estás aquí?"
"Porque tú, gran maldito pretencioso, tú vas a morir."
Él se quedó mirándola, ni divertido ni impresionado con su declaración. "Ravenclaws – siempre tan dramáticos al revelar sus grandes verdades." Irguiéndose en toda su altura, trató de levantarla y conducirla hacia la puerta. "Ya entregaste tu gran conocimiento. El drama ha sido satisfecho. Si me disculpas-"
"¿Drama?" balbuceó ella. "¿No me escuchaste? Vas a morir."
Levantando la mano, clavó sus dedos en el puente de su nariz. "¿Cómo se diferencia esto a lo que ya sabía?"
"¿Qué?" Preguntó ella con asombro.
Él le dio una mirada que mezclaba cantidades iguales de lástima y disgusto. Instalando su control a su alrededor de él como una capa, forzó una nota de calma en su voz. "Has sabido por meses que la probabilidad de mi existencia está en flujo constante y que es mínima en el mejor de los casos. Es un hecho que ha irritado mucho al director. Pero esto no es nada nuevo, así que no entiendo tu angustia."
"¿Angustia?" Repitió vector, mirándolo con lo que parecía ser perplejidad. "¿Angustia? Por las bolas de Merlín, no me extraña que no tengas amigos. Tienes hielo corriendo por tus venas. Y no me levantes esa ceja. Me considero tu amiga."
Ambas cejas se elevaron en sorpresa por esa declaración y luego se estrellaron hacia abajo.
Sin parecer notar la sorpresa rápidamente oculta que habían causado sus palabras, Vector continuó. "Eres mi amigo," dijo con lentitud, como si le estuviera hablando a un niño de primer año, "lo quieras o no. Y si crees que simplemente voy a sentarme y dejar que esto pase, perdiste tu pequeña cabeza de Slytherin."
Como parecía que ella finalmente había perdido el ímpetu, Severus se debatió sobre si debía atarla y sacarla por la puerta, pero su propia curiosidad ganó al final. "¿Tienes un punto con todo este parloteo?"
Ella le esbozó una amplia sonrisa, a la que él respondió fulminándola con la mirada. ¿Acaso nadie me sigue temiendo?
"El punto es que creo que reduje la inestabilidad." Ella sacó su varita. "Aquí, déjame mostrarte."
Él estudió su matriz por un largo momento antes de encogerse de hombros. "No parece tan diferente para mí."
Vector asintió. "Exactamente. Pero compárala con esta." La nueva matriz que se materializó junto a la que ya estaba danzando en su pequeña sala de estar parecía algo más cruda y a medio terminar para su ojo sin entrenamiento. "¿Qué es lo que estoy mirando?"
"Un punto en el tiempo. Tuve la idea hace algunos días. Éste es de principios del año pasado." Ella volvió a agitar su varita. La imagen cambio sutilmente. "Esto es después de un encuentro que tuve con la señorita Granger más tarde en el año. Nota la posición de la línea rebelde." Ella movió su varita varías veces más en una sucesión rápida, el duplicado de la matriz cambió cada vez.
"Todos son puntos en el tiempo que se relacionan con la señorita Granger," dijo él, comenzando a ver y trazar los saltos en la matriz.
Vector sacudió su cabeza con una sonrisa socarrona. "No sólo la señorita Granger, Severus, sino que la señorita Granger y tú."
Con su mente acelerada, él se instaló en su propia silla. "De nuevo, no es tan extraordinario," dijo, con voz calmada y uniforme. "Hemos sabido que la señorita Granger se movía en mi dirección, a falta de un término mejor." Le hizo un gesto a la matriz. "Su línea de probabilidad ha estado ensombreciendo la mía en este curso por algún tiempo." Él no dijo que sabía y entendía cómo la línea de Granger había llegado a ir en paralelo a la suya. Pero ya estaba terminado ahora, y esperaba totalmente que la próxima vez que Vector pusiera sus ecuaciones en marcha, la línea de Granger en la matriz mostraría que se alejaba de él.
"Sí, Albus y yo hablamos sobre eso. Albus siempre supuso que fue para que Harry se acercara a ti. Que la señorita Granger sería el catalizador que te uniría a Potter en la lucha. Ahora, sin embargo, no creo que ese sea el caso. Creo que, en todo esto, la señorita Granger es independiente de Potter y la profecía.
Él entrecerró sus ojos hacia las lineas de color. Estaba cansado, y entre los colores y el giro, le estaba comenzando a doler la cabeza. "Granger es irrelevante. Su probabilidad se ha" – torció sus labios – "encontrado con la mía y Potter no está más entusiasmado conmigo de lo que siempre ha estado. Cualquier potencial que se supone que tenía Granger se perdió y a menos que me equivoque, la rebelde aún va en camino a intersectar conmigo en algún momento cercano. Tal vez deberías estar más preocupada por eso."
"Hombre testarudo." dijo Vector. "Eso es de lo que estoy preocupada. Creo que la rebelde está ligada de alguna manera a la señorita Granger. ¡Demonios! Por todo lo que sé, la rebelde es la señorita Granger, o al menos una parte de la señorita Granger que no estamos viendo o calculando pero que aún así es una influencia.
Severus sintió que su estómago se apretaba y que una corriente fría bajaba por su espalda. Él sabía lo que era esa influencia, pero no se animaba a explicar. Era personal. Sus próximas palabras fueron duras y tenían la intención de desviar la atención. "Así que tu crees ¿qué? ¿Que ella es un agente del Señor Tenebroso y que va a matarme?"
"Oh, por supuesto que no. Pero sí sé que pasó algo hace algunos días que dejó las probabilidades y posibilidades dando tumbos. Vector lo miró con una expresión especulativa. "Pasó algo hace algunos días que dejó a la señorita Granger dando tumbos."
Severus se tensó en su puesto. "No tengo idea de lo que estás hablando." Dijo rotundamente.
Ella resopló de esa manera molesta que tenían las mujeres – esa que te deja saber que no se está creyendo ni una palabra que estás diciendo. "¿No la tienes? La luz de la joven se apagó, Severus."
Una ira repentina se retorció dentro de él, disparándolo a sus pies y al otro lado de la habitación. "¿Por qué todos están tan interesados en mi relación con Granger?" Dijo entre sus dientes apretados, incluso sabiendo mientras decía las palabras que simplemente debió haber mantenido su boca cerrada.
La mandíbula de Vector se cayó con asombro pero enderezó su expresión antes de que él pudiera hacer un comentario sobre su parecido a una carpa. Con sus ojos encendidos con curiosidad, ella se inclinó en el sofá. "¿Quién más lo comentó?"
Por un largo minuto, Severus se debatió si debía responder y finalmente escupió, "Minerva."
"¿Minerva?" Eso pareció sorprenderla. "No lo habría creído... pero supongo que ella estaría en una posición para darse cuenta." La expresión de Vector quedó pensativa. "Y no ha dicho nada hasta ahora. ¿Eh? Minerva."
"Sí, Minerva – la bruja escocesa que viste de tartán, con lengua de avispa y pelo gris. Ella quería saber lo que hice para alterar a Granger, lo cual es una acusación absurda, porque no le he hablado a la chica en más de una semana."
Vector volvió a resoplar hacia él. "Severus Snape, tú no eres tan denso." Por su expresión obstinada, ella agregó, "Le gustas a esa joven."
"Es una niña." Espetó, sus propios sentimientos eran un alboroto tumultuoso.
"¿Niña? Oh, buen Merlín, protégeme de los hombres. Ella es una mujer, joven, sí, pero no es una niña."
"No quiero escuchar esto." Dijo él, girándose hasta que apartó parcialmente su vista de Vector y las dos matrices que aún giraban en el espacio entre ellos. Era demasiado paranoico para darle completamente su espalda desprotegida a la mujer, pero su postura daba la ilusión de que la estaba ignorando.
"Tienes que hacerlo." Le hizo un gesto furioso a la matriz. "Severus, ella ha estado cayendo por ti desde el verano, es posible que antes de eso, incluso. Ella se preocupa por ti y su preocupación... Te lo juro, Severus, por todo lo que he aprendido sobre la Aritmancia, su preocupación es parte de esa rebelde."
Él se mofó, pero Vector no estaba haciendo ningún caso.
"¿Qué pasó?" Demandó. "Severus, cortaste toda comunicación con la chica, incluso yo me di cuenta de eso. Ella está devastada. Con el corazón roto."
Con el corazón roto. Las palabras resonaron dentro de él, tocando viejos recuerdos y heridas a medio sanar. "Ella no tiene tal cosa y es hora de que te vayas. Puedes encontrar la salida tú misma."
Él giró en sus talones y se dirigió hacia su dormitorio dejando a una desconcertada Vector sola en su sala de estar. Incluso mientras cerraba su habitación tras él con un portazo, sabía que estaba escapando pero no pareció poder detenerse a sí mismo. Su corazón estaba latiendo demasiado rápido, su respiración salía en jadeos entrecortados. Vector estaba equivocada. No estaba enamorada. No había una relación. No había preocupación.
La preocupación conseguirá matarte. No me importa, insistió para sí mismo. Granger lo había traicionado a él. No tenía derecho a tener el corazón roto.
"Hermione, ¿en qué estabas pensando?"
La voz de Ron aún resonaba en su cabeza dos días después. Lo curioso era que no podía explicarlo. Por supuesto que no podía explicárselo a él, ni siquiera estaba segura de poder explicárselo a sí misma. Mirando hacia el comienzo, donde todo había empezado, no podía ver el salto desde allí hasta aquí, pero si seguía el recorrido, cada paso adelante y atrás, descubrió que nunca llegaría a otro lugar que este. ¿Y ese no es justo el pensamiento que produce el gran suspiro melodramático? Criticó la voz interna en su cabeza que sonaba sospechosamente como Snape.
Molesta o no, la voz mordaz tenía razón. Se había prometido a sí misma que no caería en la trampa de ser la heroína sufrida y prendada a la espera de su caballero en brillante armadura, aunque, si iba a caer en las analogías tontas, Severus era más parecido al dragón negro que al caballero andante.
Hermione resopló con burla a sí misma. Supongo que eso me convierte en la valiente muchacha de la cocina y no la delicada dama en la torre.
Moviendo el bulto en sus brazos, ella respiró profundo. "Deja las tonterías y enfrenta a tu dragón, Hermione." Dijo con firmeza, en un esfuerzo sólo parcialmente exitoso para levantar su coraje. Tomando una respiración más, abrió la puerta de la oficina del profesor Snape. Snape estaba sentado detrás de su escritorio, con la cabeza inclinada mientras leía. Por la expresión de dolor en su rostro, Hermione supuso que estaba calificando ensayos de Defensa.
Ella sabía que debió haberla escuchado entrar, pero como aún no había levantado su cabeza, tomó la oportunidad presentada para estudiarlo en este momento de silencio, creyó que se veía pálido y estresado, y a pesar de todo el dolor entre ellos, esperaba fervientemente no ser la razón de las manchas tenues que ensombrecían la pálida piel bajo sus ojos. Cuando él finalmente levantó la cabeza, ella vio que algo pasó fugazmente por su expresión, aunque demasiado rápido para darle un nombre o categoría. Cuando se desvaneció, lo que quedó fue una máscara de piedra por la que ella no podía ver a través.
"Señorita Granger."
Hermione se estremeció con la frialdad llana en la voz de Severus, pero se negó a dar marcha atrás. Él tenía la habilidad de herirla, pero hace mucho tiempo había perdido la habilidad para asustarla.
"Me doy cuenta que usted no quiere hablar conmigo." Comenzó, antes de él pudiera echarla. "Pero tengo que decir algunas cosas y disculparme." Se detuvo, con la esperanza de ver que se rompía la máscara que llevaba él, pero al ver que su rostro permanecía sin expresión, se apresuró en continuar. "Podría contarle cómo empezó todo. Podría darle excusas y razones pero usted no está interesado en eso y yo lo sé. Podría decirle que mis intenciones eran buenas y que nunca esperaría hacer nada que le cause algún daño."
Ella se detuvo de nuevo y le envió una pequeña sonrisa triste que se desvaneció rápidamente por su continua falta de respuesta. "Sospecho, sin embargo, que usted no está más interesado en mis intenciones que en mis razones." Respiró profundo, dejándolo salir lentamente. "Así que no hablaré sobre nada de eso. Lo que sí diré es que siento haberlo herido, que no le conté... expliqué todo antes. Supongo que sólo creía, esperaba en realidad, que nunca saliera a la luz."
"No necesito ninguna disculpa de su parte." Dijo él al final, con voz fría y distante todavía. "Una disculpa significaría que usted tiene el poder de herirme. Le puedo asegurar, que no lo tiene." Se detuvo. "¿Si eso es todo?"
Aunque fue enunciado como una pregunta, reconocía una despedida cuando la escuchaba. Apretando sus brazos alrededor del bulto que llevaba, dijo, "Una cosa más."
Él no habló, sólo observó y esperó. Frío, distante e intocable. Cómo quería romper esa fachada de calma implacable.
"Rink." Ella pudo ver que la mención del elfo doméstico lo sorprendió. "Todo lo que hizo Rink," dijo, "lo hizo porque yo se lo pedí. Usted está justificadamente enojado conmigo. Pero, por favor, no lo tome con él."
Él se levantó entonces, con los brazos cruzados sobre su pecho. "¿Por qué no debería hacerlo?" Preguntó.
Ella se atrevió a dar algunos pasos hacia él, acortando la distancia entre ellos. "Porque él lo adora. Porque servirle, ser su elfo doméstico le trae una gran alegría. No merece pagar por mis acciones."
"¿Y si la condición para que acepte tener al elfo de vuelta es que usted corte todos los lazos?"
Ella tragó duro. Ya había considerado que cortar todos los lazos con Rink podía ser una de sus condiciones. Pero ahora que tenía que enfrentarse a la elección, hería incluso más de lo que creyó. "Si eso es lo que usted quiere." Dijo al final, con voz tenue.
Él inclinó su cabeza para estudiarla, con sus ojos repentinamente brillantes. "¿Esta ruptura en su amistad no podría ser vista como una... traición?"
Ella se estremeció cuando él dijo la palabra, pero levantó alto la cabeza y la sacudió. "Rink le sirve. En esto, yo también sirvo. Él entiende eso."
Él la estudió y ella se mantuvo erguida y quieta bajo su mirada, sin dejarle saber lo mucho que quería lanzarse a sí misma sobre él, argumentar y alegar como la Gryffindor que era. Quería enfadarse y gritarle y escucharlo gritarle de vuelta. Quería que esta escena fuera iracunda y llena de emociones desbordadas. Pero no dejo que pasara nada de eso porque sabía que no cambiaría nada. Así que lo hizo de esta manera y mantuvo todo atado con fuerza dentro de ella.
"Muy bien." Dijo él al final.
Sus ojos se cerraron cuando el alivio la atravesó. Ahora, sólo tenía la última tarea difícil que realizar antes de poder ir a algún lugar y llorar una última vez. Abrazando el bulto una vez más, se obligó a sí misma a tenderlo hacia él. "Esto es suyo y creo que debería tenerlo de vuelta."
Cuando él no se extendió para alcanzar los objetos, dio otro paso pausado hacia él para dejar los objetos ordenadamente sobre el escritorio.
"Gracias, profesor." Dijo ella con voz baja y se giró para irse.
En cada película romántica que Hermione había visto, esta era la parte donde el reacio héroe tenía un cambio de corazón y llamaba de vuelta a la heroína que salía. Hermione no pudo evitar retener el aliento cuando se acercaba a la puerta de la oficina y la atravesaba.
La cerró detrás suyo con firmeza sólida. Las lágrimas llenaron sus ojos pero ella parpadeó para prevenir que cayeran. Dos respiraciones profundas y volvió a retomar el control. Supongo, que no tendré el final cliché de Hollywood.
La curiosidad lo atacó, incluso mientras luchaba por mantenerse indiferente. Al final, incapaz de resistir, rodeó su escritorio para acercarse al bulto en el borde. Encima de todo, lavado y doblado con pulcritud, estaba uno de sus pañuelos. Lo reconoció como el que le había dado cuando se aferró a él por consuelo cuando recibió las noticias de la muerte de Lupin y la captura de los Weasley.
Extrayendo el pañuelo, encontró una de sus túnicas de profesor. De nuevo, había sido lavada y doblada con cuidado. Frunció el ceño y luego recordó – la noche en que había quedado atrapado en el bucle de oclumancia. Rink la había traído a él. Había llegado en su ropa de dormir y él le había pasado su túnica para que se abrigara. Hasta había olvidado que aún la tenía.
Deslizando sus dedos bajo la pesada tela, levantó la túnica y la apartó, dejándola junto al pañuelo en el escritorio.
Algo muy parecido al pesar hizo que jadeara con el último objeto. Ahí, cuidadosamente dobladas, estaban las sábanas. Alcanzándolas, trazó un dedo por las puntadas prolijas que reparaban el rasgón. Cada puntada era pulcra y precisa, ninguna tiraba o reunía la tela con demasiada fuerza. Sabía que cada pequeña reparación había sido hecha a mano para no interferir con la magia original, imbuida en la tela.
La voz de Vector desde la noche anterior resonó en sus oídos: Se preocupa por ti. Corazón roto.
Severus tragó duro y luego volvió a ordenar el bulto con movimientos precisos. Luego, dándose la vuelta, salió de la habitación, dejando todo atrás.
Thorfinn Rowle cambió ligeramente su peso para que los nítidos pliegues de su túnica azul medianoche fueran en líneas rectas. Dejó que una leve sonrisa tocara sus labios cuando el Auror novato que supuestamente lo custodiaba apartó la mirada. Rowle saboreó la inquietud del otro.
"¿Auror Gruene?" Rowle dejó que sólo la cantidad justa de impaciencia y molestia coloreara sus palabras."
Gruene se sonrojó por su tono. "Lo siento señor Rowle." Tartamudeó. "N-no puedo imaginar lo que se está tardando tanto. La Auror Davison debería estar de vuelta en cualquier minuto. Si usted sólo-" El muchacho cortó sus balbuceos cuando la puerta interior a la antecámara en la que se encontraban se abrió. No escucho nada, pero Rowle apostaría unos buenos galeones que el novato suspiró de alivio.
"Señor Rowle, el Alcaide lo verá ahora. ¿Si pudiera seguirme por favor?"
La Auror era lo suficientemente amable, pero Rowle casi podía ver su desagrado por él. Una lástima, ya que Davison obviamente estaba hecha de un material más duro que el novato, ella podía encontrarse con la mirada de Rowle sin apartar la vista. Rowle la congració con una pequeña sonrisa suave, la que generalmente reservaba para los funcionarios e inferiores sociales. Quedó complacido cuando los ojos de Davison se encendieron con ira mal disimulada. "Por supuesto, Auror Davison." Hizo un gesto detrás de la mujer hacia el pasillo abierto. "Por favor, guíe el camino."
Riéndose internamente, siguió la espalda tensa que avanzaba por varios pasadizos serpenteantes que habían sido tallados en la misma roca que eran los cimientos de la isla que componía la prisión de Azkaban. Deteniéndose finalmente frente a una puerta de madera revestida en hierro, la Auror tocó una vez antes de empujar la puerta para abrirla.
"El señor Rowle del Ministerio de Magia viene a verlo, Alcaide Morrison."
Rowle escuchó un murmullo bajo desde adentro y entonces Davison dio un paso atrás y le hizo un gesto para que entrara a la habitación. "Señor." Dijo ella con rigidez, con desagrado rodeando la palabra.
Él asintió, despidiendo completamente su presencia, y entró a la habitación. Al igual que los corredores, había sido excavada mágicamente en la roca de la isla. A diferencia de los pasillos, la habitación había sido alterada mágicamente para dar al menos la apariencia mínima de comodidad. Una alfombra gruesa adornaba el suelo y amortiguaba sus pasos. Habían tapices colgando en dos de los muros, mientras que una gran pintura de un valle pintoresco adornaba una de las otras paredes. A Rowle le daba la misma sensación de tratar de ponerle un vestido de seda a una puta del callejón Knockturn. Vístela como quieras, seguirá siendo sólo una puta.
Tomando asiento, esperó hasta que el Alcaide realizara una serie de hechizos y finalmente se reclinara en su propia silla.
"¿Todo está preparado y listo?" Preguntó sin preámbulos.
Morrison asintió, lamiéndose los labios con nerviosismo. Rowle notó el gesto y lo archivó. El conocimiento siempre era poder y el conocimiento sobre potencial competencia efectivamente era poderoso. Morrison no era un Mortífago, sino que uno de esos que rodeaban eternamente la élite del Señor Tenebroso, esperando la oportunidad de tomar su lugar al lado del Señor Oscuro.
Rowle se acomodó a sí mismo en su silla, observando al Alcaide de Azkaban removerse en su pretenciosa silla de cuero. Rowle tuvo cuidado de que su desagrado por el hombre pequeño y redondo no se mostrara en sus facciones, aunque era difícil. Rowle era un hombre pragmático, él entendía las complejidades y el toque a veces delicado que a menudo se necesitaba para fomentar y garantizar la lealtad entre los seguidores del Señor Tenebroso. Él no era un Lestrange que se basaba en la fuerza bruta, o incluso un Malfoy que creía que el dinero motivaba a la gente. Rowle sabía lo que realmente motivaba a la gente. Conocía y entendía la intrincada red de esperanzas, sueños y el deseo final de estar en el lado ganador – de ser querido, respetado y admirado, no sólo por sus pares, sino que por las masas de la plebe que se apiñaba a sus pies.
Eso es lo que motivaba a Morrison y a otros como él. Él quería crecer hasta ser un Mortífago. Como si al entrar en el círculo de élite de seguidores del Señor Tenebroso, de alguna manera pudiera dejar de ser el pequeño mago con sobrepeso, poco impresionante y con inteligencia promedio que era. El Alcaide Eli Morrison haría lo que fuera para convertirse en el gran y poderoso hechicero que sabía que era en sus delirios de grandeza.
Rowle le dio una sonrisa llena de ánimo cordial. Como si el mago pudiera estar a la mano derecha del Señor Tenebroso alguna vez.
Thorfinn Rowle podría tener esa posición. El favor de Malfoy había decaído recientemente. Bellatrix y los Carrows estaban demasiado dementes para ser confiados con ese poder. Goyle, Crabbe y Antonin, a todos les faltaba el ingenio y visión. Sólo Snape se interponía entre Rowle y lo que quería, y Snape podía – y sería – tratado. Con esta victoria, el Señor Tenebroso vería la utilidad de Rowle y la promesa de que traería un nuevo orden al mundo mágico. Pronto. Muy pronto.
"¿Todo está en orden, Alcaide?" Volvió a preguntar.
"Oh, sí. Sí. Hice todos los arreglos con sus especificaciones. Todo... y todos están en lugar."
"Bien. Bien. Puedo decirte, Eli – puedo llamarte Eli, ¿o no? – que el Señor Tenebroso estará complacido con esta operación. No tengo dudas de que con este éxito él hablará favorablemente contigo sobre tus ambiciones futuras."
El Alcaide sonrió, su cuerpo casi vibraba de la emoción. "¡Oh! Sí, bueno, por supuesto. Quiero decir... bueno, tenemos mucho que discutir."
Rowle sonrió. "Mucho, en efecto."
ooo
"Soy patética."
Decir las palabras en voz alta no era tan reconfortante como creyó que sería. Le había devuelto sus cosas a Snape – devuelto las sábanas – hace tres días. Había esperado que con su disculpa él se descongelara un poco con ella. No sucedió. Nada había cambiado, excepto que Ron fulminaba aún más con la mirada a Snape y continuaba mandándole esta pequeña mirada que contenía partes iguales de confusión y lastima.
"Patética y triste."
Se encontró a sí misma de vuelta en su cama con dosel, con pensamientos sobre S.N.O.R.T. causando una sonrisa agridulce en su rostro. No podía ayudarlo... no podía... no si él no quería su ayuda. No si él ni quería reconocer su presencia.
Encorvándose en una bola suelta bajo las mantas, cerró sus ojos tratando de dormir, pero una inquietud sin nombre la picaba. Dándose vueltas de un lado a otro en un intento vano para encontrar una posición cómoda, finalmente se rindió después de una hora. Girándose a su espalda, se quedó mirando el dosel y luchó contra la sensación de déjà vu. Al final, con un gemido amortiguado, se sentó y frotó sus manos por su cabello hasta que estuvo segura de que se veía como la Novia de Frankestein.
Cediendo a la inquietud, deslizó un brazo entre las cortinas que colgaban de su cama y hurgó en el cajón de su velador hasta que encontró los dos objetos que buscaba: la Capa de Invisibilidad de Harry, cuidadosamente doblada a un pequeño paquete cuadrado, y su cuaderno de S.N.O.R.T. Había tenido la capa de Harry por un tiempo y pretendía devolverla, pero las cosas parecían seguir pasando y aún la tenía. El cuaderno era su propia indulgencia y contenía una versión modificada y menos intrincada del Mapa del Merodeador. Había hecho el mapa a comienzos del año escolar con el fin de que la ayudara a realizar un seguimiento de Snape. Se había acostumbrado tanto a saber dónde estaba el año pasado, que se había hecho su propia versión más simple para saber cómo estaba. No lo veía tanto como acoso, sino que más bien como controles ocasionales de la posición de Snape. Sin embargo, no había usado el cuaderno en el mes, como atestiguaba la fina capa de polvo en su tapa.
Frotando sus cubiertas, lo limpió y lo abrió desde el fondo, donde había un simple acordeón de papel doblado y unido a la contraportada. Tomando su varita desde debajo de su almohada, golpeó el papel tres veces. "Ábrete Sésamo." No tenía el brillo del mapa original con su 'juro solemnemente que mis intenciones no son buenas' pero no lo había creado por los puntos de estilo.
El mapa se desplegó sobre sus rodillas, los colores y líneas se extendieron sobre su superficie. Ella volvió a golpear el papel con la varita. "Muéstrame a Severus Snape."
Las líneas cambiaron y se redibujaron a sí mismas hasta que pudo ver una representación plana de las mazmorras, donde aún se alojaban los aposentos de Snape. Él se estaba paseando de un lado a otro si las huellas en el pergamino indicaban algo. Ella observó las pisadas por algunos minutos y sintió el dolor dentro suyo. Ésta es una mala idea. ¿Qué estoy haciendo?
"Idiota." Se susurró a sí misma. "Sin heroínas sufridas ¿recuerdas?" Con ese recordatorio, alcanzó su varita de nuevo para cerrar el mapa cuando las pisadas detuvieron su movimiento en medio de la habitación. Por largos momentos se quedaron donde estaban y luego salió corriendo. Confundida, observó como los pasos del profesor Snape dejaban las mazmorras. Sólo le tomó un segundo después de ver aparecer un nuevo pasadizo secreto en el Mapa para darse cuenta que el profesor Snape estaba dejando el castillo. Ver esas huellas incorpóreas caminar a paso rápido y medido a través del mapa causó algo en Hermione. Para el momento en que la representación en tinta del profesor Snape caminó hasta el borde del mapa, el corazón de Hermione retumbaba sin una razón que pudiera nombrar.
Hermione sabía con certeza que el profesor Snape se dirigía a reunirse con Voldemort. Nada más podía explicar su salida a través de uno los pasadizos secretos que llenaban el castillo. Si fuera un asunto legítimo se habría ido por la puerta principal. Ella sabía que él iba a ver a su Amo oscuro periódicamente. Hace no mucho tiempo, había visto las secuelas de una de estas reuniones. Pero saber algo después del hecho no era lo mismo que ver a la persona caminar hacia lo que fácilmente podría ser su muerte, y a pesar de todo lo que había observado hasta ahora, nunca había visto a Snape saliendo.
Una necesidad sofocante surgió dentro de ella entonces, haciendo que jadeara por aliento. No importaba si él no le estaba dirigiendo la palabra. No importaba que probablemente la odiara. Casi en pánico, tomó un par de jeans y los metió sus pies en un par de zapatillas. Ignorando la necesidad de una camisa, tomó la Capa de Invisibilidad de Harry y el cuaderno con el mapa de su cama y propulsada por la necesidad de ver a Snape antes de que se fuera, corrió hacia las escaleras. Bajando la escalera con paso pesado, su mente luchaba por encontrar el mejor punto de mira para poder alcanzarlo – la Torre de Astronomía... la Torre del Reloj... algo alto con vista... donde... donde... el rosetón en el cuarto piso en desuso. Lo había descubierto durante uno de sus paseos sin rumbo causados por las escaleras del castillo.
Ignorando a algunos de sus compañeros despiertos hasta tarde en la Sala Común, saltó sobre un chico tendido en una almohada en su huída a través del cuarto.
"Hey, Granger, a dónde-"
Ella ya se había ido, el sonido de las voces detrás de ella se cortaron abruptamente cuando la puerta se cerró detrás de ella.
Sin siquiera molestarse con la Capa de Invisibilidad bajo su brazo, comenzó a correr, con sus pies golpeando el suelo a un ritmo constante, y el sonido haciendo eco en el cántico de su cabeza – no se ha ido, no se ha ido, no se ha ido.
Deslizándose alrededor de una esquina que guiaba a la escalera, Hermione dio una palmada fuerte en el muro de piedra. "Escaleras." Le imploró al castillo, incluso mientras seguía corriendo. "Por favor, necesito llegar a la gran ventana en el cuarto piso."
Ya fuera por suerte, o que el castillo estaba con ella, cuando llegó al rellano, un conjunto de escaleras que se dirigía hacia arriba se detuvo frente a ella. Inclinándose para subir a la escala, avanzó por los escalones de dos en dos hasta que llegó al rellano indicado, tuvo un nuevo estallido de velocidad mientras entraba a un pasillo largo y polvoriento. Sin aliento y presionando con fuerza la puntada en su costado. Hermione patinó hasta detenerse frente a un enorme rosetón en el cuarto piso. Presionando su rostro contra el frío cristal, gruñó con frustración cuando su aliento empañó el vidrio. Fregándolo a toda prisa con el borde de su manga, miró por todo el recinto hacia el Bosque Prohibido, aún con el cántico en su cabeza – no se ha ido, no se ha ido.
El alivio la inundó cuando vislumbró a Snape, una sombra entre las sombras, moviéndose de manera constante a través de la hierba. Ella observó como pasaba los límites que marcaban los terrenos de Hogwarts; observó como sacaba algo plateado que brilló con la luz de la luna desde su capa oscura; y observó como se desaparecía.
Había ido con Voldemort.
Desplomándose en el suelo, se puso cómoda, finalmente arrojando la arrugada capa de invisibilidad sobre sí misma, tanto por calor como para protegerse de Filch mientras hacía sus rondas. Alternándose entre mirar por la ventana y el mapa desplegado, Hermione se sentó en su vigilia para esperar el regreso del profesor Snape.
Cuatro largas horas después, horas en las que se había imaginado toda clase de cosas horribles, Hermione se puso de pie cuando algo en la oscuridad del Bosque Prohibido se movió. Asegurándose de que la Capa la cubriera completamente, usó el mapa para guiar sus pasos, asegurándose de estar cerca cuando el profesor Snape pasara de los jardines hasta el castillo.
Dumbledore supo el instante en el que Severus volvió, las antiguas barreras que habían protegido la escuela desde su fundación ondularon a través de sus sentidos mágicos, como lo habían hecho por cada director que había hecho los juramentos de proteger la escuela y a los que habitaban en su interior.
Bajando su pluma, dejó escapar un pequeño suspiro de alivio. Albus era muy consciente de las dificultades y sacrificios de la guerra, conocía los riesgos que corría su maestro de Pociones cada vez que respondía el llamado de Tom. Sin embargo, a pesar de lo mucho que le gustaría mantener seguro al hombre, no podía. Albus necesitaba la información que sólo Severus podía traerle. Así que, con una impiedad que pocos habían visto, enviaba al joven, sabiendo que cada vez podía ser la última. Y cada vez, esperaba aquí en su oficina a que el otro regresara a él. No que Severus, por sí mismo, toleraría la clase de mimos que serían necesarios para que Albus lo mantuviera seguro dentro de los confines del castillo.
Con un poco de concentración y un gesto de su mano, apago las llamas que saltaban en la chimenea. Echando una capa sobre su bata, Albus invocó una de las velas flotantes para que iluminara su camino. Tomando uno de los atajos ocultos del castillo, Dumbledore descendió entre los mismos muros del castillo hasta salir por las mazmorras. Aquí, abandonó los caminos ocultos y entró a un pasillo iluminado por antorchas. Él podría haber seguido directamente por el pasadizo hasta los aposentos de Severus, pero no deseaba sorprender a Severus, especialmente ahora que acababa de volver de un encuentro con Tom y cuando su propia relación con el joven estaba tan tensa.
Alcanzando la puerta del maestro de Pociones, Albus la empujó, esperando a que cediera con su toque. Estuvo sorprendido cuando la puerta permaneció firmemente cerrada. Extendiendo sus sentidos mágicos, Albus frunció el ceño con inquietud cuando se dio cuenta de que las barreras personales que Severus mantenía normalmente sobre sus cuartos seguían activas.
Comenzando a sentir los primeros indicios de preocupación, Albus extendió más sus sentidos, uniendo su consciencia a las barreras que rodeaban el castillo y notó que tintineaban con algo que se sentía como advertencia. La preocupación se convirtió en alarma, cuando se dio cuenta de que Severus había traspasado las barreras exteriores, pero las barreras interiores del castillo, no habían anunciado su presencia. Cerrando sus ojos para concentrarse mejor, Albus recorrió las barreras con sus sentidos para poder señalar exactamente dónde Severus había entrado al castillo. Unos pocos momentos después, lo encontró.
Exhalando un suspiro de alivio, Albus se dirigió fuera de las mazmorras. Albus encontró a Severus en un pequeño patio ahogado de maleza y árboles esqueléticos que agitaban sus ramas como garras en el aire de la noche, y donde la fría luz plateada de la luna lanzaba sombras afiladas sobre de las lozas. Sin embargo, había una clase dura de belleza entre la desolación, si es que tenías ojos para verla. Si podías ver más allá de la apariencia exterior y veías el esplendor indómito en las plantas que se negaban obstinadamente a renunciar a sus puestos en sus lechos de maleza, en el contraste de la sombra más oscura iluminada con la plateada luz de la luna, y en la fría escarcha que brillaba con un fuego oculto cuando la luna la tocaba. Severus se mezclaba en este lugar, como si el entorno no fuera más que una representación externa de lo que había dentro del hombre, una sombra más entre docenas, dura, afilada y fría.
Albus salió, cada paso resonaba contra las lozas con un sonido como el del vidrio rompiéndose. Cerrándose más la bata por los vientos de finales de Noviembre que se arremolinaban a su alrededor, Albus se sentó junto al otro hombre en la última banca sin romper. No le ofreció caramelos de limón, ni breves palabras de sabiduría, solo se sentó junto a él, esperando.
Leves temblores recorrían periódicamente el cuerpo de Severus, aunque Albus no podía decir si era por el frío glacial o si había otras causas. Causas en las que no quería detenerse a pensar particularmente. Aún así, estaba más preocupado por los cortos jadeos que quedaban retenidos por largos momentos antes de soltarlos con exhalaciones temblorosas. Esas exhalaciones ásperas hablaban de otros hechizos que no eran la maldición Cruciatus. A Tom le gustaba usar la Cruciatus para probar la fortaleza de su Círculo Interno, pero prefería usar otros hechizos como castigo. La Cruciatus, después de todo, si era utilizada por demasiado tiempo podía causar un daño mental permanente. Existían otros hechizos oscuros que podían ser usados para causar tanto dolor como la Cruciatus sin dejar el daño permanente. Y si Tom está usando hechizos para castigar, ¿qué hizo, o no hizo, Severus para provocarlo?
Así que se quedaron sentados, mientras Albus observaba a su espía con el rabillo del ojo, sabiendo que el otro no apreciaría que se quedara mirándolo y preocupándose. Estaba tan concentrado en Severus, que casi se perdió el parche de desenfoque poco natural oculto detrás de los restos caídos de una estatua de un centauro. Entrecerrando sus ojos en concentración, se enfocó en ese punto borroso hasta que vio una pierna ensombrecida vestida con vaqueros muggle que se asomaba detrás de la cola del centauro, superpuesta por la sombra nebulosa que identificaba a alguien bajo una capa de invisibilidad.
Harry.
Por un momento, Albus sintió un choque de ira mezclada con tristeza hacia Harry por esta intrusión. Severus no estaría feliz de saber que el hijo de James Potter estaba presenciando este momento que Severus sin duda percibiría como de debilidad. Debatiéndose sobre si desenmascarar o no al muchacho, Albus decidió no hacerlo. Tal vez, ver lo que Severus soportaba a manos de Tom aliviaría algo de la desconfianza que el muchacho sentía por el maestro de Pociones. Deliberadamente, se desvió de la estatua. No haría ningún bien si Severus notaba su preocupación por los restos de la escultura. Su espía no era tonto, después de todo, y era más sensible que la mayoría a la presencia de cosas tanto visibles como invisibles.
Largos minutos después, Severus se sacudió cuando un estremecimiento duro y prolongado lo atravesó. Eso era lo que Albus había estado esperando.
Apretando aún más su capa alrededor de su cuerpo, Albus evitó cuidadosamente mirar a Severus, en cambio, dirigió sus palabras hacia los restos marchitos de un arbusto de arándano. "No soy tan joven como solía, Severus. ¿Podríamos ir adentro, donde hace más calor? Tengo un buen fuego y una taza de té esperando en mi oficina. Creo que incluso tengo esas galletas de almendra que te gustan."
Pasó otro minuto más antes de que Severus finalmente respondiera. "Todos están muertos." Dijo, su tono normalmente profundo y fluido sonaba ronco e irregular. Era el sonido de una voz que había quedado ronca de tanto gritar.
Albus cerró los ojos remecido por las palabras, con sabor a cenizas en su boca. Pero no preguntó. Severus se lo diría pronto, y Albus se había sentado en este escenario junto a Severus suficientes veces para saber que cualquier información que estuviera a punto de contarle, no debía ser apresurada. Volvió a pensar en Harry, agachado al otro lado del patio pero decidió que este podía ser el impulso definitivo para poner a Harry en su camino. Sólo esperaba que Harry pudiera controlarse a sí mismo.
Y así se sentaron, Severus sin hacer un movimiento para irse mientras las sombras se arrastraban sobre las lozas. Albus espero con la paciencia que había adquirido a lo largo de los años, hasta que al final Severus se levantó con un pequeño suspiro, con su mirada plana. "Fue un montaje. El Señor Tenebroso hizo que los Mortífagos atacaran Azkaban esta noche. Sólo que no fue orquestado como un ataque, sino que como un esfuerzo de rescate."
Las palabras eran desgarradas como la voz de Severus, como si se hubiera separado del sonido de estas. Él pintó un panorama sombrío y horrible. Mortífagos deslizándose en escobas sobre el agua oscura. Una explosión que sacudió la fortaleza de la prisión, partiendo el muro orientado al sur. Gritos y plegarias. Los Aurores apareciendo y disparando contra los detenidos que habían sido atrapados por el Ministerio, seguros de saber que los mortífagos habían llegado a rescatar a los suyos.
Albus luchó contra el frío que se cerró en torno a él. "¿Sobrevivientes?"
Severus asintió. "Algunos. Los importantes. Los que quiere el Señor Tenebroso." Se detuvo, y luego continuó más bajo. "Vi caer a Molly Weasley. No puedo decir sobre los demás. El caos..." Severus sacudió su cabeza. "Me va a tomar algún tiempo ordenar mis pensamientos y necesitaré un pensadero." Severus finalmente se giró y miró a Albus. "Prepárate. El Señor Tenebroso... mañana será..." Su voz volvió a desvanecerse y luego pareció sacudirse a sí mismo.
Girándose, sostuvo una mano hacia Albus, quién la tomó con gratitud. Dejando que la fuerza del otro brazo lo subiera a sus pies, se tambaleó por un momento para equilibrarse en los pies que ya no podía sentir. Sólo cuando recuperó su balance, Severus retiró su mano y dio un paso hacia atrás, restableciendo la distancia habitual entre ellos.
Severus no lo esperó, en cambio giró y entró al castillo, mientras Albus lo observaba alejarse, permitiéndose un sólo vistazo detrás de él, hacia dónde Harry continuaba agachado, con la cubierta protectora de la Capa de Invisibilidad envuelta con fuerza a su alrededor.
Agachada detrás de los restos destrozados de una estatua de mármol de un centauro, Hermione se sacudió con un torbellino emociones mezclándose mientras las lágrimas corrían por su rostro.
Nota de la Traductora:
*Ashes, ashes, we all fall down: Es una frase de una ronda infantil, obviamente el significado es muy distinto aquí, pero sonaba raro si sólo lo dejaba en español.
¡Muchas gracias a todos! Discúlpenme si no respondo sus comentarios, he estado algo ocupada estos días. Hasta el viernes :)
